'El ojo inscrito', de Lola Llatas

La novela 'El ojo inscrito' y su autora, Lola Llatas.

Luis Artigue

Lola Llatas (Valencia, 1976), prestigiosa ingeniera de Caminos a la par que escritora, ha convertido su experiencia profesional de una vida errante por escenarios tan extremos como la India, Australia o Arabia en una literatura donde lo cotidiano y lo inquietante mantienen una relación de permanente sospecha.

Su trayectoria abarca literatura infantil, juvenil y adulta, y de hecho entre sus primeras obras están Los misterios de Sara, Min y el cazador de estrellas y Los intrusos; y en narrativa adulta publicó en su día Bosque (Obscura, 2021), que supuso su entrada en el terror y la fantasía oscura, y El lugar invisible (Obscura, 2023), con el que obtuvo el Premio Ignotus 2024 a Mejor Novela y el Premio Druida del Festival Terramur. Por todo eso Lola Llatas se ha consolidado como una de las voces españolas importantes de las que cultivan hoy el terror y la fantasía oscura, especialmente desde Bosque y El lugar invisible. Y, entre su producción narrativa, su novela El ojo inscrito la emparenta con la tradición del terror rural y sobrenatural en una línea que puede recordar, salvando las distancias, a Stephen King, Shirley Jackson o Mariana Enriquez, pero también al imaginario del horror cinematográfico de Dario Argento,Sam Raimi o Ari Aster….

Así las cosas, comencemos diciendo que hay novelas de terror que buscan ante todo producir un sobresalto y otras que aspiran a algo más difícil: instalar en el lector una inquietud que persista cuando el libro ya se ha cerrado. El ojo inscrito, de Lola Llatas, pertenece a esta segunda clase. Su procedimiento no consiste tanto en exhibir lo monstruoso como en introducirlo gradualmente en un espacio reconocible, cotidiano, hasta conseguir que aquello que parecía imposible termine adquiriendo una inquietante apariencia de normalidad.

Un muerto en una acequia y un símbolo misterioso

La historia parte de un hecho aparentemente concreto: Pascu aparece muerto en una acequia y su sobrino Marcelo se resiste a aceptar que se trate de un accidente. Desde ese momento, la investigación personal del muchacho se convierte en el hilo conductor de una trama en la que las pesadillas, las visiones y la aparición de un extraño símbolo –el ojo inscrito– van modificando progresivamente la percepción que Marcelo tiene de su propio entorno. El hallazgo del símbolo funciona así como una frontera narrativa: al otro lado comienza un mundo en el que las explicaciones racionales dejan de resultar suficientes.

Uno de los aciertos de Llatas consiste precisamente en no precipitar esa transformación. El terror se introduce mediante una acumulación de indicios. Antes de que aparezca la amenaza sobrenatural, existe la sospecha; antes que la certeza, la anomalía. El lector sabe que algo no encaja, aunque todavía desconoce qué es exactamente lo que debe temer. Esa demora constituye uno de los mecanismos más eficaces de la novela, porque permite que la imaginación complete aquello que el relato todavía no muestra.

El escenario rural desempeña, en este sentido, una función decisiva. No se trata simplemente de utilizar un pueblo como decorado pintoresco para una historia fantástica. El espacio termina convirtiéndose en una estructura cerrada, casi asfixiante, donde los vínculos entre los habitantes, los secretos y la dificultad para distinguir entre apariencia y realidad favorecen la propagación de la amenaza. Lo cotidiano deja de ser una garantía de seguridad y se convierte precisamente en aquello que resulta sospechoso.

Distintos registros, hasta zombis

La novela combina además distintos registros genéricos: misterio, aventura juvenil, terror sobrenatural y elementos próximos al relato de zombis y a las historias de sectas. La propia autora ha señalado que en El ojo inscrito confluyen precisamente zombis, sectas y experimentos médicos, dentro de una historia concebida como una aventura de terror. Esta mezcla podría haber conducido fácilmente a una acumulación arbitraria de motivos, pero Llatas consigue utilizarlos alrededor de una preocupación central: la tentación humana de vencer los límites que impone la muerte.

Y es ahí donde la novela adquiere una dimensión que rebasa el mecanismo de suspense. El verdadero asunto no es únicamente qué ha sucedido con Pascu ni qué significa el símbolo que encuentra Marcelo. Bajo la trama fantástica aparece una pregunta mucho más antigua: qué estaría dispuesto a hacer el ser humano para escapar de aquello que considera definitivo. La búsqueda de una forma de permanencia, de una supervivencia que desafíe las leyes naturales, abre inevitablemente la puerta a la corrupción de aquello mismo que se pretendía conservar.

Marcelo cumple adecuadamente la función de mediador entre el lector y ese universo. Su condición adolescente permite que la novela mantenga una mirada de descubrimiento y que el misterio conserve su capacidad de fascinación. Pero el personaje no se limita a contemplar los acontecimientos: la muerte de su tío convierte la investigación en una necesidad afectiva. Quiere saber porque necesita comprender, y necesita comprender porque no acepta la explicación que los demás parecen dispuestos a dar por buena.

Esta oposición entre quien pregunta y quienes prefieren olvidar sostiene buena parte de la tensión narrativa. Frente a Marcelo se levanta, de manera más o menos explícita, una comunidad que parece haber aprendido a convivir con determinadas anomalías. Y quizá sea ésta una de las ideas más perturbadoras del libro: el mal no necesita presentarse siempre con una apariencia monstruosa. Puede integrarse en las costumbres, en los silencios y en la voluntad colectiva de no mirar demasiado.

El título adquiere entonces un valor especialmente significativo. Un ojo inscrito es, antes que un simple emblema fantástico, una imagen de la mirada. Ver significa aquí exponerse al conocimiento, y conocer puede resultar peligroso. El símbolo no abre solamente una puerta hacia lo sobrenatural: obliga a mirar aquello que los demás preferirían mantener oculto.

La reedición de 2025 por Numak Ediciones subraya, además, la voluntad de recuperar la novela desde una perspectiva más adulta y oscura. La editorial señala expresamente que se trata de una nueva edición de la obra publicada originalmente en 2019, revisada para darle “una nueva vida y un nuevo enfoque más adulto y oscuro”. No es, por tanto, un lanzamiento completamente nuevo, sino la recuperación de una obra que ahora encuentra un marco editorial acorde con la vertiente de terror que caracteriza la trayectoria de Llatas.

¿Dónde está la oscuridad?

En El ojo inscrito, el miedo no procede exclusivamente de aquello que acecha en la oscuridad. Procede también de la posibilidad de que la oscuridad esté ya dentro de nosotros y de que, para descubrirla, baste con mirar demasiado atentamente.

Llatas construye así una novela de lectura ágil, apoyada en el misterio y en la progresiva revelación de sus secretos, pero cuya eficacia depende de algo más elemental: la capacidad de convertir un espacio familiar en un lugar amenazador. Y cuando una novela consigue que el lector empiece a desconfiar de aquello que hasta entonces consideraba normal, el terror ha cumplido su cometido más profundo.

Porque quizá el verdadero peligro de ese ojo no sea que nos observe. Quizá sea que, una vez que hemos aprendido a mirar a través de él, ya no podamos dejar de ver.

Para terminar situando la obra desde el punto de vista de la teoría de la literatura fantástica hemos de señalar que el llamado folk horror, uno de los subgéneros del terror, sitúa el horror en comunidades rurales y en sus tradiciones, mitos, rituales y creencias ancestrales. Pero el agrohorror, en cambio, desplaza el foco hacia la propia realidad rural contemporánea, sus espacios, conflictos y formas de vida como fuente de inquietud.

En este sentido, El ojo inscrito se incardina mejor en el agrohorror, según la terminología de David Roas, Raúl Molina Gil y Ana Martínez Castillo: no utiliza el campo como mero depósito de folklore, sino que convierte el mundo rural reconocible y cotidiano en el ámbito donde irrumpe y se desarrolla lo monstruoso…

Pasen y lean. Si se atreven.

Etiquetas
stats