'El precio de la red': la plaza del pueblo

Fotograma de 'El Precio de la Red' de Aaron Sorkin.

Antonio Boñar

“Somos la plaza del pueblo, no somos el árbitro”, se defiende Mark Zuckerberg en un momento del filme para justificar su negativa a comprobar el impacto claramente negativo de unas plataformas que se han convertido en vertederos de odio, en espacios de radicalización para unos usuarios que se enganchan durante horas a sus contenidos. “Solo somos un tablón de anuncios, un corcho en la pared”, vuelve a a decir más adelante para seguir encubriendo bajo el paraguas de la libertad de expresión su negativa a regular todos esos mensajes políticos incendiarios y falsos que calan de forma cada vez más permeable en unos ciudadanos con poca o nula capacidad de reflexión, con una preocupante ausencia de sentido crítico en cada una de sus adocenadas opiniones. ¿Todo esto les suena, verdad?

El precio de la red nos sitúa dos décadas después de que el magnate tecnológico alumbrará Facebook, una historia ya contada en la deslumbrante cinta de David Fincher La red social (2010). De hecho ambas podrían considerarse las dos caras de un mismo díptico, el nacimiento y la posterior perversión de ese maravilloso sueño de interconexión social. Ahora Zuckerberg es el dueño de la mayor plataforma de redes sociales del mundo, contando con Facebook, Instagram y WhatsApp entre sus activos. Y el monstruo ha crecido hasta desbocarse, surgen los primeros problemas de adicción entre los más jóvenes o proliferan las fake news que se publican sin ningún control y que calan en las idiotizadas mentes de los futuros votantes con una fuerza capaz de cambiar gobiernos y radicalizar sociedades. Pero ya saben, el resumen es lamentablemente simple, 'it’s all about money', cuanta mayor regulación menores beneficios para estos próceres del dinero. 

Cuando te acercas a una obra de Aaron Sorkin ya sabes por donde van los tiros, sabes que va a estar escrita con una personalidad apabullante y una vocación siempre contestataria y didáctica. Este tipo que derrocha inteligencia en sus textos para desenmarañar peliagudos asuntos políticos o sociales es el autor de obras como Algunos hombres buenos (1992), El ala oeste de la Casa Blanca (1999), La guerra de Charlie Wilson (2007), The Newsroom (2012), El juicio de los 7 de Chicago (2020) o The Studio (2025). Sobran comentarios, estamos ante un escritor comprometido, un incordio para el poder establecido, una de esas mentes pensantes que han hecho grande a ese país ahora gobernado por un botarate que se beneficia claramente de la impunidad conque los mensajes de radicalización o las descaradas mentiras campan a sus anchas en estas plataformas sociales. 

La película que tenemos entre manos cuenta como Frances Haugen, una ingeniera de datos que trabaja en Facebook, y Jeff Horwitz, un reportero de The Wall Street Journal, consiguieron destapar los efectos nocivos en la salud mental de los adolescentes por la exposición a mensajes en Instagram o como la proliferación sin control de grupos radicales en las redes sociales contribuyeron (y siguen contribuyendo) a crear el perfecto caldo de cultivo para que se desencadenen actos de violencia. Todo fue contado en The Facebook Files, una serie de artículos que vieron la luz en 2021 y que consiguieron llevar a juicio a Mark Zuckerberg. Un proceso que por cierto acaba de condenar a Meta (matriz de Facebook e Instagram) a pagar 18.000 millones de dólares para cerrar las demandas presentadas en 29 estados de los Estados Unidos de América. Son sólo parches para parar la hemorragia, esas mismas vallas que no se pueden poner al campo. La batalla continua y continuará por mucho tiempo, pero la humanidad seguirá superando desafíos, como siempre ha sucedido desde que decidimos alejarnos de la cueva.

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