Cuarenta Semanas Culturales para acompasar la reconversión en Olleros de Sabero: “La escucha es fundamental”
El municipio de Sabero tiene un claro año bisagra en su historia reciente: el cierre de la minería del carbón lo asomó en 1991 al abismo de la reconversión, que deja datos demoledores como el hecho de que el pueblo de Olleros de Sabero haya pasado de 300 a 16 niños escolarizados en su colegio. La propia localidad tiene otro año clave: 1984, cuando nació una Semana Cultural que en este 2026 (con apenas un par de ediciones canceladas por la pandemia del coronavirus) celebra (del 4 al 10 de mayo) su edición número 40 convertida en un elemento dinamizador de una zona que también tiene motivos para la esperanza, entre ellos la que representa este foro que pretende hacerse eco de las preocupaciones sociales del valle.
La Semana Cultural de Olleros de Sabero tiene un promotor y alma mater: su párroco, Manuel Fresno. Originario de Cabreros del Río, cambió en 1979 la Montaña Central, donde pasó una década entre Villamanín y la frontera asturiana del puerto de Pajares con un contacto incipiente con la minería, por la Montaña Oriental, donde el carbón lo llenaba todo en el valle de Sabero. La iniciativa cultural tuvo antecedentes: encuentros convocados en fechas festivas como Navidad y Semana Santa con protagonismo principal para médicos y asistentes sociales. Fue de esa corriente de la que surgió en 1984 la primera Semana Cultural de Olleros de Sabero.
La Semana Cultural empezó a celebrarse a finales de abril hasta consolidarse en el calendario a primeros de mayo, siempre en primavera. “Fue como una pequeña planta. Y la seguimos cultivando”, señala el párroco. Lo que se fue marchitando hasta su desaparición fue el sector emblemático del valle, liquidado con el cierre a finales de 1991 de Hulleras de Sabero. Los acontecimientos obligaron a reorientar la perspectiva de la actividad. “Fuimos de los primeros a los que nos tocó vivir ese momento tan duro”, reconoce Fresno para citar el paso de 300 a 16 niños escolarizados en Olleros, el dato más ilustrativo de las consecuencias de la reconversión en forma de despoblación y envejecimiento. El giro se tradujo en una mayor implicación de actores como los representantes políticos y sindicales, así como los servicios sociales.
“Nos sirvió para mirar hacia el futuro. Nos dio empuje para convencernos de que seguíamos vivos y de que no podíamos cruzarnos de brazos”, apunta Manuel Fresno sobre aquellos primeros años tras el cierre de Hulleras de Sabero en los que la Semana Cultural se asentó sobre la base de tres premisas. “La primera era constatar que el cambio iba a ser distinto al que se produjo cuando se pasó de la ganadería a la minería”, recuerda el organizador, que trataba de trasladar un mensaje: “La nostalgia no nos ayudaba a mirar lo que podíamos hacer”. La segunda cuestión era analizar los factores de la situación a la que se enfrentaba el valle y la tercera, “mirar al futuro con esperanza”.
La Semana Cultural fue tocando palos como la política ambiental, los movimientos migratorios, la alimentación y la calidad de la enseñanza al mismo tiempo que en la zona emergían alternativas que se sustanciaron en la implantación de cooperativas de mujeres, el lanzamiento de pequeños proyectos familiares o el asentamiento de empresas como Tecoi, que suma cerca de 200 empleos. También hubo cazasubvenciones, reconoce Fresno para admitir que los pasos adelante “son muy lentos” en un entorno que ha encontrado otra vía sustitutoria en la cultura y el turismo de la mano del Museo de la Siderurgia y la Minería de Sabero, un éxito hasta el punto de que sus visitas ya multiplican por cincuenta el número de habitantes del municipio.
'Mucho detrás y mucho delante' es el lema elegido para esta su edición número 40 que reunirá entre el lunes 4 y el domingo 10 de mayo en Olleros de Sabero a políticos, periodistas, escritores, profesores o médicos para abordar cuestiones como el emprendimiento, el asociacionismo, la raigambre minera o la cultura rural, entre otras.
“El aspecto cultural es cada vez más necesario para situarnos ante la realidad”, considera Fresno, que ha destacado por la capacidad de convocatoria de una cita que reúne a personalidades de referencia en varios ámbitos en la provincia de León. “Yo estoy, como sacerdote, para acompañar a la gente con la palabra, la vida y la forma de ser”, añade para a continuación responder así a la pregunta sobre si su condición de representante del clero generaba ciertas reticencias en una zona marcadamente obrera durante décadas: “Yo tengo una frase: me gusta más sumar que restar o dividir”. La filosofía conciliadora la tuvo que aplicar en aquellas mesas redondas con posturas enfrentadas: “Y yo trataba de que no derivaran en una lucha y de que no sólo se ofreciera una visión política, sino también una visión social”.
Con cuatro décadas de trayectoria, la iniciativa ha permitido extraer lecciones del pasado para aplicarlas al futuro. “Los sindicatos deben estar cada vez más preparados para decir a nuestra gente la verdad. Se habría necesitado entonces una clarividencia mayor”, sostiene Fresno, que también remarca que las empresas “necesitan una mano de obra cada vez más cualificada”. La Semana Cultural seguirá siendo una herramienta para encontrar respuestas. “La escucha es fundamental”, sentencia el párroco, que ve el futuro “complicado, pero no negativo” y remarca la necesidad de “tratar de arrimar el hombro” para concluir con un mensaje positivo: “La Montaña sigue viva; y es importante que la vitalidad se siga manifestando a través de cuestiones que incidan en el bien común”