Los clubs de lectura como unión social en León: una ciudad de librerías, autores y lectores

Sara Lombas

22 de abril de 2026 08:37 h

Es complicado recorrer la ciudad de León sin toparse, una y otra vez, con librerías. La ciudad reconocida por sus bares y tapas es también la de las librerías y los escritores, presumiendo de autores premiados con los más altos galardones de las letras nacionales. Sin embargo, con el Día del Libro a la vuelta de la esquina, cabe preguntarse cuántas de esas personas que se ven hojeando novelas en librerías son o se convertirán realmente en lectores de las mismas. Los clubs de lectura se han convertido en una fórmula infalible para tomar el pulso literario de la capital leonesa, que cuenta con más de una veintena de estas reuniones que consiguen convertir la literatura en una actividad para crear una comunidad. 

Según el último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España del año 2025, el porcentaje de españoles que lee en su tiempo libre ascendió a un 66,2%, incrementándose 0,7 puntos respecto al año anterior. Como suele ser habitual, las mujeres formaban el 72,3% de ese total de lectores. Sin embargo, Castilla y León se encuentra por debajo de la media de lectores españoles, con un 63,9% de habitantes que dicen leer en su tiempo libre; aunque la cifra aumenta cada año. A falta de datos oficiales a nivel provincial, una de las mejores fórmulas para calcular esta cifra son los clubs de lectura leoneses activos. 

Establecer una cifra cerrada de clubs de lectura en la ciudad de León puede ser arriesgado, pero superan con facilidad la veintena, teniendo en cuenta que solo en la Biblioteca Pública se celebran hasta 13 reuniones de este tipo, además de aquellas librerías que organizan diferentes clubs como Sputnik o Literatessen, a los que se suma Asimov, Tula Varona, pero también Ateneo Varillas, la Universidad de León, ‘Adictos al crimen’ o los vinculados a la Feria de Editores Emergentes (FEE). En comparación con otras ciudades de España con una cifra similar de Población (como Cádiz o Logroño), León lideraría esta lista a nivel nacional. 

La literatura como punto de encuentro

La librería-café Sputnik organiza desde hace siete años su club de lectura feminista, al que se ha sumado este año otro sobre pensamiento crítico, tan relevante en la sociedad actual. Beatriz Fernández, propietaria del espacio, modera el de literatura feminista junto a Rafael G. Rivas. Este último modera también el club de pensamiento crítico junto a Óscar Maestro. “Los dos son un punto de encuentro para hablar de temáticas que interesan y, quizás, encontrar personas afines”, explica Fernández. Entre ambas reuniones, Sputnik ha conseguido conectar cerca de 40 personas, con plazas libres todavía en el club de pensamiento crítico. 

Sputnik es una de las librerías más veteranas de la ciudad en lo que respecta a los clubs de lectura, siempre con el objetivo de favorecer reuniones sociales en torno a la literatura y el pensamiento en común. 

Es el mismo impulso que movió a Magalí Labarta a organizar los dos clubs de lectura vinculados a la Feria de Editores Emergentes (FEE), que organiza cada año en la capital leonesa en colaboración con el Ayuntamiento de León. Su club de lecturas emergentes, ‘Lee con FEE’, se creó hace tres años para darle visibilidad a las novedades editoriales de la mano de la librería Galatea y la Fundación Sierra Pambley. En poco tiempo consiguió llenar sus 20 plazas.

Este año se ha sumado Atreides, un club en el que la ciencia ficción es protagonista y que ya ha despegado con un rotundo éxito. En total, los clubs vinculados a la FEE mueven entre 40 y 50 personas de un perfil muy diferente, pero con el interés por la literatura como punto en común. Para Magalí Labarta, el boom de los clubs de lectura se debe también al apoyo de las editoriales: “Se están dando cuenta de que son un filón. Los clubs de lectura son los que pasan un libro de boca en boca”.

Esta simbiosis es muy importante a la hora de crear clubs de lectura que puedan disponer de un material continuo, incluso con géneros tan concretos como el de la novela negra. Una de las mayores conocedoras de este género en España es Marta Marne, cuyo club de lectura, ‘Adictos al crimen’, cumple un año con la colaboración de la editorial Penguin Random House y la librería Galatea. También, como en el caso de los clubs vinculados a FEE, se celebra en Sierra Pambley. 

En tan solo un año de vida, Marne ha conseguido crear dos grupos en su club que aglutina a 60 personas amantes de la novela negra. A pesar de este respaldo actual, Marne tuvo sus dudas a la hora de lanzarse con este proyecto en la ciudad de León: “Siempre me ha despertado curiosidad saber cómo es el mecanismo de saber si vas a tener público o no antes de organizar algo de estas características. La manera de saber si tienes tejido social lector realmente es a través de los clubs de lectura”. 

En su club, el perfil es principalmente femenino, aunque la edad varía de un grupo a otro. Pronto en ambos grupos se generó un sentimiento de comunidad: “En el primer grupo tuvimos la sesión inaugural, simplemente para presentarnos y conocernos, empezaron a leer el libro y ya en esa sesión organizaron un viaje a Segovia”, cuenta Marne, a modo de anécdota, pero que sirve de ejemplo para demostrar cómo este tipo de espacios han convertido la literatura en una actividad social, frente al individualismo que se asocia siempre a este hábito y que impregna a la sociedad actual. 

“Creo que los clubs de lectura son una manera de que encuentres a tu alma gemela en cuanto a hobbies, y desde ahí te vas dando cuenta de que tienes muchas más cosas en común con esa gente que solo la literatura”, comparte Marne. 

“La gente quiere compartir su afición con los demás y hacer que la lectura pase de ser un acto individual a uno colectivo”, reflexiona Fernández. “También hemos organizado ‘reading parties’ (fiestas de lectura), que son encuentros para leer libros en común y luego comentarlos. La gente necesita contacto que estamos, quizás, perdiendo un poco”. 

Magalí Labarta no creó los clubs con la intención de promover grupos sociales, pero reconoce que estos se han dado por su cuenta: “En las primeras sesiones había gente recién llegada a León, prácticamente, y al final se crea un grupo de amigos entre gente que tiene el mismo interés”.

Cuando tantas personas se unen para dialogar, sus organizadores y moderadores se sorprenden con los resultados: “Llegas con una idea de un libro y otras personas te la enriquecen porque han entendido otras cosas o llegado a otras conclusiones”, alude Fernández al respecto. “En algunos casos yo soy quien toma nota de lo que dicen ellos”, celebra Marta Marne: “Siempre me dicen ‘¡Qué suerte tenemos, cuánto aprendemos contigo!’, pero yo aprendo mucho más de ellos, porque son 60 versiones de un libro”. 

Magalí celebra que, en el caso de ‘Lee con FEE’ en los debates reine cierta anarquía: “A veces pienso que podríamos estar perfectamente en la barra de un bar”, bromea. “Hay libros con los que hemos llegado a una sesión y al principio decir ‘No me ha gustado’, pero de repente una persona o dos le da totalmente la vuelta a la lectura y sales pensando que te lo tienes que volver a leer”. 

La elección de libros y el compromiso con la igualdad

Marne lleva tiempo buscando reivindicar la literatura del género negro, a veces vinculada a peyorativos: “Me parece que la literatura de evasión está muy condenada culturalmente como literatura menor, pero, al fin y al cabo, en la pandemia a todos los salvó la evasión mediante la cultura. Es un medio súper válido para relajarte y descansar. Con eso no quiero decir que sea una literatura menor, pero sí tiene un componente de divertimento, y yo defiendo mucho que te puedas divertir con tu ocio”. 

Además, se trata de un tipo de literatura que, en el imaginario colectivo, tiende a vincularse (erróneamente) a un autor masculino. Marne es muy cuidadosa a la hora de seleccionar sus títulos, tratando de darle protagonismo a las autoras: “Para mí es importante que haya, si no igualdad, equidad. Aunque tenemos el problema de que las editoriales no publican tantas escritoras como escritores, a pesar de lo que piense la gente. Intento que haya una paridad entre el 40 y 60% de presencia de autoras”. 

Todo ello, después de haber hecho incluso ella misma un ejercicio de reflexión como lectora: “Un día miré mi estantería y dije ‘Dios mío, pero si yo soy la primera que lee género negro y no estoy leyendo a tantas autoras’. Si no lo hacemos, creo que tenemos una visión sesgada tanto de la literatura como del mundo”. 

Por supuesto, el club de lectura feminista de Sputnik ya nace con la igualdad en mente y, en el caso de los clubs de FEE, en ‘Lee con FEE’ la equidad aparece sola, según explica Labarta, quien añade que a veces es complicado encontrar un lector masculino que cumpla con los estándares del club. 

Queda todavía margen para la creación de clubs de lectura y, de hecho, Magalí Labarta ya anuncia la creación de su tercer club de lectura que, en este caso estará destinado a un público infantil, de entre 9 y 11 años aproximadamente. Se celebrará en Sierra Pambley el primer martes de cada mes desde las 17.30 horas a partir del 6 de octubre de este año. Los interesados ya pueden escribir para reservar su plaza a través del correo electrónico fee.feria.editores@gmail.com.