La escritora leonesa María Lorenzo Valero y el compromiso social de los autores de la Generación Z

Sara Lombas

11 de julio de 2026 10:34 h

La joven escritora María Lorenzo Valero se ha convertido en una de las mayores referencias de la literatura leonesa entre la generación Z. Valero debutó con tan solo 16 años en el año 2024 como autora de ‘El muñeco del maestro’, que recibió el XIX Premio Jordi Sierra i Fabra a jóvenes escritores. Dos años después, Valero reflexiona desde Salamanca, donde ha comenzado su educación universitaria, sobre su futuro como autora y el papel de las generaciones más jóvenes en la literatura actual.

María Lorenzo se inspiró para su debut como escritora en la historia de una anciana a la que conoció trabajando como voluntaria en una residencia de ancianos. A pesar de su longevidad, la mujer le relató sus experiencias cuando, de niña, un maestro del colegio rural al que asistía despertó en ella la semilla del interés por el conocimiento y de el reconocimiento académico en una España rural en la que la educación se antojaba como un privilegio, especialmente para las mujeres.

Aquella historia resonó con las propias experiencias de la joven escritora y hoy recuerda cómo trató de volcar en aquella novela su juvenil experiencia vital: “La novela no deja de ser un producto estético de mi juventud, casi de mi niñez, en el sentido de que yo reflejé toda mi experiencia hasta la edad que tenía, y lo hice de forma muy automática guiándome por mi instinto”, recuerda Lorenzo. “Es una obra muy honesta y, en ese aspecto, le guardo mucho cariño”.

El tiempo ha pasado y, para una persona de la edad de María Lorenzo, dos años son un abismo. Hoy en día se encuentra cursando el primer curso del grado de Filología Hispánica en la Universidad de Salamanca y, reconoce, aún está aterrizando como universitaria, pero ya tiene una nueva historia en mente de la que,por ahora, no quiere adelantar mucho más. “De momento estoy centrada en la carrera, en una fase de absorción porque la Universidad es un mundo nuevo y se abren muchas posibilidades, pero nunca dejo de pensar en escribir”.

De hecho, durante este primer curso de Filología Hispánica, a María Lorenzo le ha llamado la atención la escritura automática, que vincula con la libertad de la escritura, la honestidad y autenticidad. Adjetivos tan necesarios para reflejar la sociedad actual y los retos a los que se enfrenta, especialmente las generaciones más jóvenes, a las que representan voces como Lorenzo.

Concretamente, a la escritora leonesa le preocupa la velocidad que ha alcanzado la sociedad actual, y defiende que la literatura puede servir de antídoto contra la sensación de aceleración: “Muchas veces me planteo cuál es el propósito o las razones por las que escribo. Siento que la literatura actualmente tiene mucha importancia para denunciar lo que está ocurriendo o, precisamente, para replantearnos nuestro papel en la sociedad. Es importante volver al origen y no dejarnos llevar por la velocidad del mundo. Creo que la literatura es un espacio que te obliga a detenerte”.

Precisamente, en este tiempo de cambios, las voces más jóvenes se convierten en altavoces de los retos de la sociedad actual, aunque Lorenzo defiende la importancia de no hacerlo exclusivamente desde una perspectiva negativa: “Es importante tener esa visión de una utopía que, aunque sea algo que no podremos conseguir, tenemos que aspirar a tratar de acercarnos a ella más y más. Pensar en que las cosas no pueden cambiar solo nos lleva al estancamiento”.

La reflexión de María Lorenzo conecta con una generación de autores que está transformando el panorama literario español. Los escritores nacidos a partir de mediados de los años noventa han irrumpido en el mundo editorial con una mirada propia sobre cuestiones como la salud mental, la identidad, la igualdad, la precariedad o la necesidad de desconectar de una realidad marcada por la hiperconectividad y el consumo constante de información.

Narraciones como ‘Panza de burro’ de Andrea Abreu, convertida en un fenómeno editorial, o ‘Por qué lloran las ciudades’ de Elisa Levi, se han convertido ya en novelas generacionales con un estilo inseparable de los tiempos que vive esta remesa de escritores que, en Castilla y León, tienen a sus representantes, entre otros, en la burgalesa Clara Nuño y su reciente debut ‘Las niñas bonitas no pagan dinero’, un reflejo de los estándares a los que se somete a las mujeres siguiendo los actuales (y naturalmente inalcanzables) cánones de belleza.

También es el caso de la berciana Ainhoa Prieto, nacida en 1997, autora de ‘Estar sin ser’ y ‘Contra intangibles’, obras en las que narra su experiencia personal tras ser diagnosticada con doce enfermedades raras y reflexiona sobre la vulnerabilidad, la identidad y la resiliencia. También destaca el poeta leonés Juan Álvarez Iglesias, de 25 años, que ya ha publicado los poemarios ‘El diccionario apócrifo’ y ‘Kosmoagonía’, en los que convierte sus propias vivencias, sufrimientos, obsesiones y aprendizajes en materia literaria.

Aunque sus trayectorias y estilos son muy diferentes, todos ellos comparten una característica común: la voluntad de abordar cuestiones cercanas a su generación desde la honestidad y la experiencia personal.