¿Y después del 23 de abril, qué?

A veces el destino se complace en agrupar en escaso lapso de tiempo imágenes, acontecimientos y declaraciones que mueven a la especulación y al hallazgo de respuestas cuando menos curiosas. Así se nos han agolpado las elecciones autonómicas, Semana Santa y finalmente la celebración del día de Castilla y León. Cada una de estas solemnidades cuenta con sus particulares componentes y su particular relato.

Elecciones autonómicas: el Partido Popular que ostenta la gobernanza de Castilla y León desde tiempos inmemoriales, parece inmune al paso del tiempo y no sólo sufre el desgaste del gobierno sino que, contra toda lógica, ha incrementado en dos el número de escaños en las cortes pucelanas, lo que es tanto como decir en las cortes castellanoleonesas. El PSOE logra subir otros dos y Vox tan sólo uno. Dos partidos de ámbito estatal acabaron por extinguirse, era la crónica de una muerte anunciada (Podemos y Ciudadanos). Soria YA, pierde el 66% de su representación merced a la condición soriana del candidato socialista. Por Ávila conserva su único representante y UPL mantiene sus tres parlamentarios, quizá su techo electoral.

En León, los cuatro partidos con representación parlamentaria se quedan como estaban. PSOE crece en 1.400 votos, PP algo más de 8.000 votos, Vox aumenta cerca de 4.000 papeletas y UPL se queda clavado con un incremento de unos 600 votantes más (consigue aumentar 100 más en Zamora y 1.000 más en Salamanca, en total 53.805). Todas las expectativas creadas eran infundadas. UPL es incapaz de motivar a un electorado que aspira a ver acciones de peso, no solamente pasos de ballet (cambiar el orden de la lista electoral del primero por la segunda y la segunda por el primero) sin renovación alguna. UPL continúa con su pecado original de acaparar puestos en unas pocas manos. En muchos pueblos de la geografía leonesa, sus candidatos son unos perfectos desconocidos y nunca han sido vistos por sus calles. 

El conservadurismo del que hace gala UPL, tampoco despierta pasiones. Circunscribirse principalmente al ámbito municipal o de la diputación es cegar toda posibilidad de crecer. UPL no pasa de ser un partido municipalista por más que hayan tenido un gesto que les honra al jurar su cargo aludiendo a la autonomía leonesa. Sus trifulcas en el Bierzo tampoco ayudan. Sin un cambio radical de orientación y acción, este partido está condenado a la irrelevancia. El PSOE tampoco ha sido ajeno a las trifulcas porque dos gallos como Cendón y Diez no caben en el mismo gallinero. El uno declaradamente estatalista, el otro aparentemente estatalista y autonomista, es decir un sincretismo que tiende asintóticamente a la cuadratura del círculo.

Semana Santa: una foto vale más que mil palabras. El periódico El Debate ha publicado una que habla por sí sola para quien preste oído a las imágenes. El alcalde de León (PSOE) aparece en primer plano con su banda de moaré, seguido de un obispo castellano. Tras ellos un encapuchado, con estética propia de verdugo medieval. Detrás, un uniformado, otra persona y Quiñones (PP), el consejero de los incendios y fotos con enfermos de ELA. Le sucede otro encapuchado y Pollán (Vox) con mirada aviesa. Diversas sensibilidades bajo un mismo paso: el del Santo Entierro de León, toda una alegoría. Huelgan más comentarios.

Día de Castilla y León: la Junta de Castilla y León, inasequible al desaliento y con su pertinaz alquimia pretende hacer aleaciones de metal con madera, sueña con la homogeneidad castellana en toda Castilla y lo que es peor, con la Región Leonesa. Con tal motivo derrocha más de un millón de euros en conciertos por las principales ciudades de la comunidad. En la provincia de León por partida doble, en un desesperado intento de congraciarse con la ciudadanía para que deponga de una vez por todas la aversión que sigue percibiendo en ella.

La Junta sabe que en León conviven dos realidades divergentes. Una es su clase política, a la que no es preciso conquistar porque ya está voluntariamente entregada a los designios y ucases castellanos en perjuicio de sus votantes, por los que no siente respeto alguno. La otra es la ciudadanía leonesa, disociada de sus políticos, de quienes sabe que no representan sus intereses, y que recibe el festejo de Villalar con la mayor de las lejanías, de hecho, los leoneses sin empleo en empresas o negocios que han de guardar día de asueto, siguen con sus quehaceres cotidianos. Esta festividad no les sugiere absolutamente nada.

Es día que algunos leonesistas aprovechan para contraprogramar estos fastos. En esta edición, el ínclito alcalde de León, que no tenía ningún acto religioso en su agenda –curioso el laicismo de este socialista– ha asistido con notable aparato. Se ha celebrado, como viene siendo habitual, una manifestación por las calles de León, al término de la cual, los representantes políticos y las fuerzas vivas asistentes se han despachado a gusto cuando les han puesto el micrófono delante. Al día siguiente, en una tertulia radiofónica, un periodista leonés con notable ironía, se mofaba de la decreciente asistencia a dicha manifestación. La misma Policía Local habló de unos 1.200 participantes. Magro seguimiento parece.

Sin ánimo de silenciar las declaraciones de sindicatos y organizadores, hay que resaltar las declaraciones del vicesecretario de UPL y del alcalde de León. El primero afirma que “…hay que decirle a los ciudadanos que de una vez por todas hay que unirse para salir de esta comunidad autónoma”. ¡Aleluya! Brillante diagnóstico, sólo falta saber quién va a aplicar el tratamiento porque no hay antecedentes de que alguien quiera hacerlo. El alcalde por su parte ha declarado. “Yo no sé si leonesista o no, yo soy evidente leonés, pero sobre todo soy constitucionalista, porque lo que estamos reclamando y reivindicando ante todo es una constitución legal y constitucional”. Abstrusas palabras dignas del diván de un psicoanalista. 

Y ahora con estos mimbres vamos a por el cesto. ¿El leonés que se siente autonomista se ve representado en el conclave de dignidades que desfila bajo las parihuelas de una figura religiosa? La doctrina de Cristo dejó sentado: “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César” ¿No le dice nada el brusco frenazo, derrape incluido, de las pasadas elecciones autonómicas de las tesis teóricamente más próximas? ¿Quién es el ungido que nos llevará a la tierra prometida desde nuestro éxodo particular, o acaso no ha nacido aún? ¿Alguien cree que con las declaraciones de UPL o del alcalde de León, ya tenemos todo resuelto? 

Me da que si todo se queda en gestos y declaraciones de nuestros portavoces, actos folklóricos, protestas en redes sociales, bienintencionadas manifestaciones de la mano de los sindicatos, incineración de castillos de cartón o ejercicios de halterofilia alzando leones de peluche al cielo, esto no prospera. Táchenme de derrotista, pero si no iniciamos pronto algún intento serio y oficial para desconectarnos de Castilla, francamente, creo que la Región Leonesa lo tiene de color hormiga. Van siete años desde el inicio de las mociones por nuestra autonomía y no se mueve nada. Por eso quiero amiga que me diga ¿Son de alguna utilidad? 

Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata