Miguel Cordero del Campillo, una vida intensa

La ciudad de León tiene más nombres que merecen un lugar de memoria que calles nuevas para asignarlos. Uno de los más recientes es Miguel Cordero del Campillo, merecedor indiscutible de tal distinción.

Le conocí y le entrevisté para mi tesis doctoral. Me recibió siendo ya un emérito en su despacho de la Facultad de Veterinaria. De inmediato dedicó toda su atención al tema que le propuse y se empeñó en responder con solvencia las preguntas que le formulé.

Este viejo profesor poseía un curriculum vitae espectacular. Tres especies zoológicas con denominación latina llevan su nombre, expresiones de difícil pronunciación que terminan en corderoi. No en vano empleó una vida entera a la veterinaria; también a la universidad, la política, la educación, la historia; y nada de todo ello hizo a tiempo parcial.

Un curriculum muy nutrido

Fue director del centro La Granja, técnico de laboratorios Syva, profesor, vicedecano, decano, vicerrector, rector, doctor honoris causa, fundador y presidente de la Asociación de Parasitólogos de España, miembro honorífico de varias instituciones científicas y culturales, socio honorario de otras tantas, académico, colegiado de honor… y senador en los años de la Transición.

Mi caminar –dejó escrito– ha sido lento y prudente, siempre con un 'tempo' más moroso que mi pensamiento, que siempre ha ido más lejos. Pero no me siento aventurero, ni revolucionario, y por ello no he querido practicar el juego de los pasos adelante y atrás, de que hablaba Lenin.

León le lloró

El 12 de febrero de 2020, acaso barruntando una pandemia que se venía encima, ILEÓN abría panel con una noticia triste: “Este miércoles ha trascendido el fallecimiento a los 95 años de edad, recién cumplidos el pasado mes de enero, de Miguel Cordero del Campillo, alma mater de la Universidad de León, senador constituyente por la provincia leonesa, y eminencia mundial en el ámbito de la Veterinaria. Sin duda y por unánime opinión, uno de los leoneses más reputados e influyentes del siglo XX”.

Su vida fue un salto silencioso de lo poco a lo mucho. De hijo de guardia civil a senador; de alumno de los agustinos a catedrático de universidad, investigador y veterinario; de técnico de laboratorio a doctor honoris causa; de su natal e inundada Vegamián (allí nació en 1925) al rectorado fundacional de la Universidad de León. Un camino largo, lleno de metas volantes, sin descanso, que supo guiar con independencia y valía este leonés templado, incluso cuando estuvo en su escaño de senador.

(...) Para los reaccionarios soy un rojo peligroso, mientras que los izquierdistas me consideran un hombre conservador. La razón es que soy, de verdad, independiente y apoyo cuanto me parece razonable, sin leer antes la etiqueta. Pero nadie se engañe, soy un socialdemócrata, lo que para algunos es poco y para otros demasiado”.

Las aulas y la política

En las aulas de los agustinos descubrió la literatura y se convirtió en un lector sin descanso. En su casa familiar contaba también con una buena colección de clásicos. A los catorce años descubrió su pasión por la biología y las Leyes de Mendel. Gracias a aquellos viejos planes educativos, tuvo la suerte de estudiar francés en el Bachillerato y alemán en Veterinaria. La eclosión en el laboratorio estaba a punto de producirse.

En los entresijos de la política se fue reafirmando en ideas propias, motivado siempre por los acontecimientos y las vivencias que observó y experimentó. En su biblioteca figuraban en baldas parejas las obras de Azaña, Prieto, Besteiro, la Pasionaria, José Antonio Primo de Rivera y el Mein Kampf de Hitler. Como trabajador constante, metódico y riguroso, desarrolló un trabajo de investigación puntero y una conciencia social crítica, a favor de los débiles.

Pionero profesor de Veterinaria

Él mismo aseguró que había estudiado veterinaria para no tener que alejarse de León. Aquí supo trabajar, aportar, servir y agradecer a la sociedad en la que vivió, como funcionario público, con un sentimiento leonés enraizado, aunque en sus adentros siempre fue ciudadano del mundo.

Dejó obra escrita, tanto científica como vital. Escribió sobre su experiencia biográfica, sobre la veterinaria, sobre la universidad, sobre los años de la Transición, sobre Félix Gordón Ordás, a quien tanto admiraba.

En su camino sin descanso dirigió 27 tesis doctorales y fue autor de 24 monografías. Como parasitólogo destacaron sus estudios sobre coccidiosis. Pasó por Giessen (Alemania), Weybridge (Reino Unido), Texas. El laboratorio, la bata y la paciencia contribuyeron a extender conocimientos nuevos en parasitología y zoonosis. Su formación técnica le llevó a aplicar la filogénesis a la observación social, llegando al consecuencialismo histórico, como si se tratara de un árbol taxonómico que sugiere diversidad y no un sólo punto de vista.

Talante humanista

Su perfil humanista le llevó a impartir Historia de la Medicina Preventiva y adentrarse en el campo de la historia. En cada página escrita experimentaba la sensación de convertirse en un cronista, cronista de la universidad, de la Transición, de su propia vida en Crónica de un compromiso: los años de la transición política en León. Acabó siendo el historiador local que desgranaba los hechos como si se tratara de una labor frente al microscopio.

Una reflexión final:

“En lo que nos afecta a los vecinos de León –dijo en 1988–, la situación es para llorar silenciosamente, hacia dentro, y enrojecer de vergüenza hacia el exterior. Será que nos lo merecemos. Pero ello nada tiene que ver con el proceso democrático”.