Respeto más al humor que a la seriedad. Mucho más. Por razones obvias. Nunca he escuchado a nadie afirmar vamos a ser serios sin que anuncie a continuación algo siniestro PARA OTROS: recortes, despidos, esto no puede ser, la situación… es seria. Grave. Importante. Severa. La herida. La crisis. Lo serio siempre está dando por culo. El humor no hace daño, la seriedad literalmente mata. Siempre que oigo a alguien decir lo de seamos serios me echo a temblar. Así que guardo mi consideración y hasta mi afecto para la chufla, aunque no exijo que nadie siga mis pasos. No me parecería… serio. Juá. Todo humor parte de la parodia, de la excepción, del desahogo. Cuando un chimpancé se ríe de otro si le ve caerse del árbol es porque eso no ocurre así habitualmente. Lo anormal produce alarma y su comprensión, alivio. Ese es el mecanismo. Genarín, como todo acto humorístico, partió de una parodia. Una parodia violenta y larguísima que se dilató de forma orgánica y que fue enriqueciéndose, haciéndose más compleja y cómica. Un chiste resulta más gracioso cuanta más información manejen y compartan tanto el propio chiste como su público. El entierro de Genarín contaba para burla o pantomima con toda la pomposa liturgia de la Iglesia católica –franquista o no– y sus animismos nada más y nada menos que de la torva Semana Santa. Muchísimo material. Eso sí, de alto y peligrosísimo voltaje. Sus briagos creadores se reían de Dios Padre en tiempos donde uno no podía reírse del párroco. Su salvífico mesías era un basurero borracho, la Magdalena, una puta gallega del barrio de las monjas y los evangelistas y apóstoles, ellos mismos en un León absurdo y hambriento, aunque no brillante en el que constituían un copo vivo en la ciudad muerta, frase que estrangula definitivamente La fuente de la edad, ejemplar novela en la que, más o menos afantasmados, también pululan Herrero, El Gafas, Rico y Porreto. Por todo ello no les perdono que hayan convertido un tan literario, aunque ripioso, oportuno, audaz y milagroso sarcasmo en el reglamentado y asimismo ritual, monótono, analfabeto, estridente y hasta subvencionado acto de ahora. León parece haberse especializado en descoyuntamientos históricos y anacroniza lo anacrónico, desactualiza lo desactualizado y sacraliza lo desacralizado. Si la comedia es tragedia más tiempo, aquí la tragedia es que esta comedia ya ha durado muchísimo más del necesario. La parodia de la parodia que se lleva a cabo cada año es inindistinguible en su campanudo y pesadísimo desarrollo de una procesión de verdad y no hay nada peor que pueda decir de cualquier acto. ¡Respeten lo irrespetuoso! En su desdichada historia esta ciudad solo ha elaborado un chiste gracioso voluntariamente: el del espejo Genaro, su pasión y muerte; e igual que al Cristo resucitado, se lo vuelven a cargar un año detrás de otro.