Hay alternativa en León
El próximo 15 de marzo de 2026, las ciudadanas y ciudadanos de León y de Castilla están llamados a las urnas para elegir a los procuradores que conformarán las Cortes autonómicas. Llegamos a esta cita electoral en un contexto de profunda frustración social. El estancamiento de los salarios, una inflación que no da tregua y el imparable crecimiento del precio de la vivienda generan un caldo de cultivo perfecto para la desesperación. En este escenario, es comprensible que amplios sectores de la población exploren canalizar su malestar y la manera de mostrar su disconformidad con la clase política actual. A menudo, la tentación de buscar soluciones fáciles, como las que ofrece la extrema derecha, se presentan como una salida ante problemas complejos. ¿Es esta la alternativa real?
Los leoneses y los castellanos no necesitamos imaginar cómo gobernaría la extrema derecha porque ya lo hemos vivido en primera persona. Entre 2022 y 2024, el Partido Popular y Vox formaron un gobierno de coalición. Lejos de mejorar la vida de las personas y los servicios públicos, el paso de Vox por la Junta se caracterizó por la confrontación y el abandono de sus responsabilidades. El punto álgido de esta gestión llegó en julio de 2024, cuando Vox decidió romper el pacto de gobierno de manera unilateral. ¿El motivo? Su negativa a acoger a 21 menores extranjeros no acompañados que llegaban desde Canarias, un acuerdo de reparto que se enmarcaba en la solidaridad entre comunidades autónomas. Antepusieron su discurso xenófobo al bienestar de los más vulnerables y a la estabilidad institucional, demostrando que su proyecto no busca gobernar para todos, sino imponer una agenda que fractura la convivencia cívica y ciudadana.
Si la gestión de Vox fue efímera y conflictiva, no podemos olvidar que el verdadero responsable de la deriva de esta comunidad autónoma lleva décadas en el poder. Desde 1987 el Partido Popular ha gobernado Castilla y León de manera ininterrumpida. Esto significa que gran parte de las desatenciones, la falta de inversiones y el abandono que sufrimos por parte de la administración autonómica tienen un claro responsable político.
¿Qué es Castilla y León?
Castilla y León es la comunidad autónoma más extensa de España, un territorio gigantesco que, lejos de vertebrarse, ha visto cómo se desmantelaban sus infraestructuras. Ejemplos paradigmáticos son el ferrocarril de la Ruta de la Plata, línea cerrada para el tráfico de pasajeros desde 1985, o el peaje de la autovía Astorga-León. Ambas infraestructuras, vitales para el desarrollo de las comarcas leonesas, apenas cuentan con la atención de la Junta de Castilla y León, condenando al País Leonés a la incomunicación y al aislamiento. Situación que es perfectamente extrapolable al Lazo del Manzanal, el peaje ilegal de la AP-66 hacia Asturias o el nulo interés por la plataforma intermodal de Torneros. Este abandono sistemático ha tenido consecuencias socioeconómicas devastadoras.
Una muestra más del abandono se plasma en el trágico deterioro de los servicios públicos. Un ejemplo de ello lo encontramos en la comarca del Bierzo, donde la plataforma ciudadana Oncobierzo ha emergido con un gran apoyo ciudadano para denunciar la situación inasumible del servicio de oncología en el hospital de Ponferrada, donde se atienda a más de 120.000 personas. El lema 'Algún día es mucho tiempo' resume a la perfección la desesperación de quienes, ante una enfermedad que no espera, comprueban cómo los servicios prometidos simplemente no llegan, mientras la administración competente –la Junta de CyL con el Partido Popular al mando– mira hacia otro lado. El caso de Oncobierzo es la punta de lanza de un problema sistémico que está provocando que el sistema público de salud se descomponga con el objetivo de llevarnos a la sanidad privada, donde se deja de ser un paciente para ser un cliente.
Balance demoledor para las provincias leonesas
Como consecuencia de toda esta situación está el balance de estas cuatro décadas de autonomía, especialmente demoledor para las provincias leonesas. Según los dtos más recientes del Instituto Nacional de Estadística, desde la creación de la comunidad autónoma en 1983, las provincias de León, Zamora y Salamanca han perdido conjuntamente 173.359 habitantes. Este dato es aún más revelador si lo comparamos con el otro lado de la comunidad: mientras el País Leonés se despuebla, el conjunto de las provincias castellanas (Ávila, Burgos, Palencia, Segovia, Soria y Valladolid) registra un saldo ligeramente positivo. Esto significa que la abrumadora mayoría de la pérdida de habitantes de Castilla y León se concentra en el territorio leonés. No es casualidad: es la consecuencia directa de un modelo autonómico pensado para y desde Castilla, que ha ignorado sistemáticamente las necesidades, la identidad y el potencial del País Leonés.
Ante este panorama, no tiene sentido caer en opciones populistas de extrema derecha que solo vienen a socavar la convivencia. En el País Leonés tenemos una alternativa propia. Frente al fracaso evidente de la autonomía de Castilla y León, el leonesismo plantea una forma distinta de entendernos con la administración, una que sea más cercana a los problemas del territorio, con especial atención a nuestras comarcas.
¿Qué es el leonesismo?
El leonesismo es un movimiento con arraigo social y respaldo institucional que, en los últimos tiempos, se viene expresando con decenas de mociones aprobadas a favor de la autonomía leonesa en diferentes ayuntamientos de la región, y en junio de 2024, en la propia Diputación de León con el apoyo de UPL yPSOE. Es la constatación de que el actual marco autonómico no funciona para los leoneses y de que se requiere un cambio estructural profundo.
Por tanto, votar leonesismo es apostar por la racionalización de la administración, por un autogobierno propio que atienda las necesidades de nuestras comarcas, que vertebre el territorio y que luche contra la despoblación con políticas específicas y no con meros parches. En definitiva, se trata de construir una comunidad autónoma leonesa, una herramienta política que sin duda sería buena para León, pero también para Castilla, que se vería liberada de gestionar un territorio que no siente como propio y podría redefinir su modelo de desarrollo.
Los leoneses tenemos la oportunidad de sacudir el tablero político, de demostrar que esta tierra no es un cortijo electoral de nadie, de apostar por un modelo hecho a medida de quienes lo habitamos, no de quienes lo administran desde la lejanía. Porque cuando la política y las instituciones nos han fallado, es momento de organizarnos, movilizarnos y, finalmente, votar el cambio. No dejemos que otros decidan por nosotros. Este 15M tienes la oportunidad de cuidar lo tuyo: León.