El veinte de mayo

La importancia de los días del calendario depende del significado que damos a los acontecimientos. Siguiendo tal premisa, llegamos a la conclusión de que una fecha es relevante –o deja de serlo– según veamos la vida en un momento o período determinado.

Y es que todo cambia, también los significados –¡Y cuánto!–. En consecuencia, lo que ayer representaba un acontecimiento extraordinario, mañana puede llegar a convertirse en olvido.

Ramón de Campoamor dejó escrito estos versos en su poema Las dos linternas:

‘Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / ‘todo es según el color / del cristal con que se mira’.

Así, teniendo en cuenta la naturaleza cambiante de nuestro universo de valores, suele ser la importancia que damos a los días del calendario: tornadiza, como la vida misma. 

No obstante, insisto en considerar que no es casual que esta o aquella data nos resulte intersante, lo cual me da pie para detenerme a reflexionar sobre la fecha de hoy.

Atendiendo a la relevancia personal del veinte de mayo, en él convergen dos significativas pérdidas, la de un familiar allegado y la de una amiga entrañable (esta última, por extraña coincidencia, celebraba, también, su cumpleaños este día). Luego, continuando a hurgar en la lista de mis conmemoraciones personales, por baladí que parezca, un veinte de mayo nació nuestra gata de casa, hecho insustancial para la generalidad de los seres humanos, lo sé, pero así somos de impertinentes los dueños de mascotas… 

Independencia de Cuba

Después, si hablamos de Historia, el veinte de mayo de mil novescientos dos, tras cuatro siglos de colonialismo español, tres décadas de guerra y tres años de ocupación militar norteamericana, fue instaurada la República en Cuba, asumiendo el gobierno el primer presidente, don Tomás Estrada Palma. Vale decir que, a pesar de la connotación histórica del acontecimiento, esta fecha fue declarada ‘ignominiosa’ cuando los barbudos de Fidel Castro irrumpieron en la palestra nacional empuñando el cetro de ‘paladines de la libertad’ y ‘profetas de una nueva era’. Así, en la isla caribeña, a inicios de la década de los sesenta, las conmemoraciones nacionales e internacionales –¡También ellas!– comenzaron a sufrir un proceso de depuración, razón por la que el veinte de mayo, otrora fecha gloriosa, pasó a convertirse en vergüenza y símbolo de todos los males traídos por el neocolonialismo yanqui y la ‘rancia burguesía de antaño’.

Y ahora me subo a lomos del recuerdo, caballo veloz en la pradera del tiempo que no se detiene a pastar ni siquiera un instante. Confieso que me encanta estirar ese ‘chicle mental’ que es la memoria, para regresar, cuantas veces quiera, a mi tierra de origen (Cuba) y a mi ciudad natal (Matanzas), donde (al menos en los años en los que allí viví, desde mi nacimiento hasta mis dieciocho primaveras) había una calle llamada ‘Veinte de Mayo’. Dada la poca simpatía que ‘los adalides de la nueva era’ sentían por la –por ellos mismos– desacreditada efemérides, es posible que tal nominativo, a día de hoy, haya sido sustituido por otro, si bien se cuenta que la calle matancera a la que hago referencia no había recibido tal nombre en consideración al Día de la República, sino en honor a un tal Ricardo Linares, quien era propietario de un famoso almacén de porcelana ubicado en calle Independencia. Se refiere que el famoso comerciante, en abril de mil novescientos treinta y cinco, había sido designado Cónsul de Santo Domingo en Matanzas (para más detalles, véase Ricardo Linares y la tienda el Veinte de Mayo), razón suficiente para que la calle Independencia cambiara su nombre por el del negocio del diplomático.

Y también... día de las abejas

Lo que nunca podía haber imaginado es que el veinte de mayo estaría destinado a celebrar el Día Mundial de las Abejas. Bajo el lema ‘Inspiradas por la naturaleza para nutrirnos a todos’, la ONU estableció tal celebración en homenaje a Anton Janša, pionero esloveno de la apicultura moderna, nacido un veinte de mayo de mil setecientos treinta y cuatro. ¿Qué decir, pues, de esas arquitectas naturales, fabricantes de cera y miel, elegidas por Deméter para adornar su trono y por los sacerdotes de Tutankamón para embalsamar, con sus propóleos, el cuerpo del faraón? Podríamos transitar por los panteones de las grandes mitologías y allí encontrarlas cual criaturas sagradas, mensajeras entre el mundo de los vivos y de los muertos (la simbología en torno a las abejas es muy amplia).

En resumen, el veinte de mayo es una fecha a la que tantos significados damos, hemos dado y podemos seguir dando. Sucedería igual si escogiéramos otro día cualquiera: saltaría ante nosotros un montón de razones para encerrarlo entre paréntesis y declararlo glorioso.

¿Será que necesitamos conmemorar fechas para estar en paz con la historia de la humanidad y con nosotros mismos?

Bonita pregunta esta.