El centeno que alimentó durante generaciones a la montaña leonesa y hoy solo pervive en la memoria

Ovidio García presenta este miércoles, a las siete de la tarde, en la Biblioteca Municipal de Villablino su libro 'El cultivo del centeno, su molido y amasado', editado en patsuezu por la Asociación de Amigos de Sierra Pambley. Un ensayo etnográfico sobre unas formas de vida y pautas sociales ya desaparecidas.

El texto en castellano de Ovidio ha sido traducido al patsuezu por Blanca Berdasco para su edición. En sus páginas cuenta el laborioso trabajo de los vecinos de la pequeña pedanía de Matalavilla, perteneciente al municipio de Palacios del Sil, para conseguir el pan indispensable para todo el año.

El autor ha utilizado para su elaboración sus recuerdos de infancia y los testimonios de varios de los vecinos de más edad del pueblo. Con la información recogida confeccionó un texto en el que detalla, paso a paso, todos los trabajos necesarios.

Incorpora fotografías y dibujos de elaboración propia, detallando cada proceso; las herramientas utilizadas, las formas de hacer las gavillas (gavietsas) y los atados posteriores: “cuatro gavietsas faían un monochu ya cinco monochos un carrietsu, cantidá qu´usaban como medida”.

Todo se detalla en el texto: la preparación de los terrenos, el abonado, el arado, la siega y recolección, el majado en las eras, la limpieza del grano y la conservación de la paja para luego usarla en los teitos de casas o pajares, el molido del grano y el amasado y cocción del pan.

Un trabajo que completaba casi por entero el ciclo anual, en el que los vecinos buscaban en cada paso la perfección de cada labor. Ovidio lo va narrando con minuciosidad, incorporando anécdotas, nombres de personas y lugares, dichos y refranes para cada acontecimiento, incluso los animales que rodeaban los molinos y los que se adueñaron de ellos cuando cesó la actividad.

Demuestra el autor ser un perfecto conocedor de su tierra, Matalavilla, y de sus gentes, recordando las tierras de labor, las eras existentes o los siete molinos de agua, de los que hoy solo pervive uno restaurado; el resto están perdidos o en ruina.

También recoge la rotación de los cultivos y los sorteaos de las parcelas o el sistema de veceras y turnos para el uso de los molinos. Un ordenamiento de la convivencia vecinal que se mantuvo hasta casi el principio de los años 60, cuando se abandonó este cultivo y el pan se empezó a elaborar ya con harina de trigo.

Como sus ancestros, Ovidio usa la marcha lenta en su narración, similar al caminar de los animales de tiro, las vacas, sin prisa y con firmeza. El libro es, sin duda, un homenaje al recuerdo de esas gentes que, a base de mucho trabajo y esfuerzo, conseguían sacar de estas tierras ásperas y duras de alta montaña el sustento necesario para mantenerse.