La Semana Santa de León dispara el ruido con valores que duplican los habituales y picos de más de 100 decibelios
La Semana Santa de León, declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, no solo llena las calles de procesiones y visitantes —unos 350.000 según las estimaciones municipales— sino que también transforma de manera notable el ambiente sonoro de la ciudad.
Así lo revela un estudio del Laboratorio de Acústica Aplicada de la Universidad de León (ULE), que ha analizado por primera vez el impacto acústico completo de estos diez días de celebraciones.
El informe al que ha tenido acceso EFE, elaborado a partir de mediciones continuas entre el 9 de abril y el 12 de junio en la plaza del Grano, uno de los puntos neurálgicos de la Semana Santa leonesa, confirma que los niveles de ruido registrados durante estos días superan ampliamente los habituales.
Las procesiones, la actividad hostelera, la afluencia masiva de turistas y actos singulares como el Entierro de Genarín generan incrementos sonoros que, en algunos casos, duplican los valores habituales.
Picos superiores a 100 decibelios y diferencias de hasta 40
El sonómetro utilizado captó picos superiores a los 100 decibelios durante el paso de varias agrupaciones musicales, especialmente en procesiones como La Dolorosa, La Redención, La Bienaventuranza o Los Pasos, esta última la más multitudinaria de la ciudad.
Según el estudio, las diferencias respecto a los días de control —es decir, jornadas normales sin actos religiosos— alcanzaron incrementos de hasta 40 dBA, especialmente en las noches del Domingo de Ramos y el Jueves Santo.
Los días con mayor impacto acústico fueron Jueves Santo, con fuertes incrementos nocturnos asociados tanto a procesiones como al multitudinario Entierro de Genarín; Viernes Santo, debido al paso de Los Pasos por la plaza del Grano; Y Domingo de Ramos, marcado por las procesiones del Dainos y La Redención.
En todos ellos, los valores nocturnos superaron ampliamente los niveles medios registrados en semanas posteriores.
El Entierro de Genarín, un fenómeno sonoro propio
Aunque no es un acto religioso, el tradicional y pagano Entierro de Genarín genera uno de los impactos más prolongados. Con una participación estimada de entre 20.000 y 30.000 personas, el ruido asociado a esta celebración —que incluye cánticos, música improvisada y elevada actividad social— se mantiene durante más de diez horas, con exposiciones sonoras similares a las de las procesiones religiosas más potentes.
El estudio destaca que, pese a no registrar los picos musicales de otras procesiones, este evento es el que más tiempo sostiene niveles muy superiores a lo habitual.
La tradición leonesa de tomar tapas y limonada, junto con la presencia masiva de turistas, provoca que los niveles sonoros nocturnos sean especialmente altos incluso en días sin procesiones en la plaza del Grano.
El informe señala que, en varios días de Semana Santa, los niveles nocturnos se mantuvieron tan elevados como en la franja vespertina, un comportamiento poco habitual en el resto del año.
Además, las precipitaciones puntuales de algunos días condicionaron el desarrollo de procesiones pero también generaron aumentos de ruido asociados a refugio de personas o labores de montaje y desmontaje de infraestructura.
Impacto perceptible incluso en los niveles sonoros anuales
Los investigadores concluyen que la celebración incrementa los niveles sonoros estimados del año en más de 6,7 dBA en horario nocturno, más de 3,8 dBA en el periodo diurno y más de 4,9 dBA en el indicador global. Es decir, la energía acústica generada en solo diez días es suficiente para elevar apreciablemente el nivel sonoro teórico de todo un año.
El informe subraya que los resultados no tienen como objetivo evaluar el cumplimiento de normativas de ruido, al tratarse de un evento excepcional y profundamente arraigado en la ciudad. Sin embargo, sí permite constatar —con datos precisos— el peso real que tienen la tradición, la religiosidad, el turismo y la vida social en el paisaje sonoro urbano de León.
La Semana Santa leonesa, concluye el estudio, es “un fenómeno único por su dimensión religiosa, social y turística”, capaz de modificar de forma significativa el ambiente acústico del casco histórico, especialmente en la plaza del Grano, durante los días centrales de la celebración.