Los pueblos también necesitan cultura para fijar población: el 78% considera clave su oferta para quedarse o atraer habitantes
La despoblación rural no solo se combate con empleo, vivienda, servicios o buenas comunicaciones. También hay factores menos tangibles, como tener motivos para quedarse y relacionarse con los demás, formar parte de una comunidad. Un informe elaborado por Vivaces y Legados pone el foco precisamente en esa dimensión y concluye que el 78% de las personas que viven en municipios de menos de 10.000 habitantes considera importante o muy importante disponer de una oferta cultural y de ocio adecuada para fijar o atraer población.
El estudio, titulado 'Cultura, territorio y oportunidad. Prácticas culturales que construyen comunidad en el medio rural', advierte, sin embargo, de que ese interés no siempre encuentra una oferta suficiente. Solo el 41,4% de las personas encuestadas afirma que en su municipio se desarrollan actividades culturales durante todo el año, mientras que un 28,8% señala que se concentran en determinados periodos y un 21,3% las limita principalmente a las fiestas patronales o al verano.
El dato tiene especial relevancia cuando se pregunta por los motivos para abandonar el medio rural. Entre las personas que se plantean marcharse a una ciudad, el 27,3% señala la falta de vida social o de opciones de ocio, una proporción cercana a quienes apuntan la falta de mayores oportunidades profesionales, el 30,9%, o las dificultades para acceder a servicios sanitarios especializados, el 31,1%. El informe plantea así que la cultura y el ocio no sustituyen al empleo o los servicios, pero sí forman parte de las condiciones que pueden hacer atractivo un territorio para quedarse o regresar.
Y el problema, según el estudio, no consiste necesariamente en que los pueblos carezcan de espacios donde desarrollar actividades. El 67,4% de los encuestados dispone de un polideportivo, el 66,3% de una biblioteca o sala de lectura y el 59,8% de un centro cultural o casa de cultura. La cuestión está también en mantenerlos activos y conseguir una programación estable. De hecho, el informe plantea que antes de construir nuevos equipamientos conviene preguntarse cómo poner en uso los ya existentes y convertirlos en espacios habituales de encuentro.
Casi tres de cada diez personas encuestadas señalan que en su municipio hubo un cine o sala de proyecciones que terminó cerrando. Al mismo tiempo, el bar, cafetería o punto de encuentro sigue siendo el espacio comunitario más extendido: aparece en el 72,4% de los municipios analizados.
El estudio pone ejemplos concretos de iniciativas que han intentado hacer precisamente eso, construir comunidad a través de la cultura y la participación de los propios vecinos. Analiza un proyecto de baloncesto rural en Segovia, una iniciativa de arte contemporáneo que trabaja en pueblos de Asturias, Palencia y Valladolid, una escuela vinculada a la naturaleza en un pueblo de 37 habitantes del Pirineo aragonés y un proyecto teatral que recupera la memoria colectiva de parroquias gallegas.
Los casos presentan resultados que van más allá de la actividad cultural en sí. La Escuela Bosque Abellota, por ejemplo, ha atraído a siete familias a la comarca desde su creación, tres de ellas instaladas en el propio pueblo de Ulle, que cuenta con solo 37 habitantes. En Queimadelos, una pequeña parroquia gallega, 25 de sus 111 habitantes participaron en un proyecto de teatro construido a partir de sus propios recuerdos e historias.
La investigación subraya que el elemento común de estas experiencias no es tanto el tipo de actividad como la forma de desarrollarla. Los vecinos no son únicamente espectadores o destinatarios de una programación diseñada desde fuera, sino que participan en su creación y en las decisiones sobre los proyectos. De ahí que entre las conclusiones del estudio aparezcan la participación de la comunidad, la combinación entre tradición e innovación, la creación de espacios de encuentro, el vínculo con el territorio y, especialmente, la continuidad de las iniciativas.
El informe tiene además un vínculo directo con León. Entre sus referencias bibliográficas figura el Foro Cultura y Medio Rural. Procesos para la transformación social, económica y demográfica, celebrado en junio de 2017 en la Fundación Cerezales Antonino y Cinia, en Cerezales del Condado. El encuentro leonés forma parte de las fuentes utilizadas por los autores para situar el papel de la cultura en el medio rural.
La investigación evita, en todo caso, presentar la cultura como una solución por sí sola al reto demográfico. “La cultura no sustituye a la vivienda, el empleo, los servicios o la conectividad, pero sí puede reforzar las posibilidades de participar en la vida local, relacionarse y sentirse parte de una comunidad”, resume el informe. Su principal conclusión es que los efectos más difíciles de medir —el arraigo, la confianza, la recuperación de la memoria o la integración de nuevos vecinos— también forman parte de la capacidad de un pueblo para mantener una comunidad viva.