Detrás de los Gigantes y Cabezudos de León: 40 personas mantienen viva una de las tradiciones más queridas de San Juan
Cuando el reloj marcaba las seis y media de la tarde, los Gigantes y Cabezudos esperaban ya a las puertas de San Marcelo para salir en desfile y anunciar por el centro de León las fiestas de San Juan y San Pedro. A la sombra, obligados por los termómetros que marcaban a esa hora más de 35 grados, detrás de las figuras, una cuarentena de personas se preparaban para soportar sobre sus hombros el peso de la tradición leonesa y el calor. Delante, decenas de niños y mayores se agolpaban ilusionados para desfilar con ellos. El sonido de la dulzaina y el tamboril dieron inicio a la marcha, encabezada, como siempre, por la Tarasca.
La asociación 'A paso de gigante' es la encargada del cuidado, mantenimiento y puesta en marcha de los Gigantes y Cabezudos de León. Una labor que realizan de manera altruista alrededor de cuarenta personas, entre hombres, mujeres y también menores de edad, que durante la semana grande de las fiestas de San Juan y San Pedro dedican buena parte de su tiempo a mantener viva una tradición cuyo origen parece remontarse a la Edad Media, aunque no existan documentos que lo acrediten.
“Es el pasacalles tradicional, que se ha hecho toda la vida”, explica el secretario de la asociación, Álex Santos, que lleva ya más de dos décadas formando parte de la comitiva. Actualmente salen a las calles de León seis gigantes, la Tarasca y diez cabezudos. La Tarasca, la más pequeña de todas, es también la encargada de abrir siempre el desfile. Tras ella aparecen el Leonés, la Leonesa, el Moro, la Mora, la Pícara y, cerrando la comitiva, San Froilán.
Son figuras de madera y cartón piedra que llegan a pesar entre 40 y 50 kilos y cuyo manejo requiere esfuerzo y coordinación. Cada gigante necesita normalmente dos personas que se van relevando durante el recorrido. Pero el mayor enemigo no es el peso ni siquiera el calor. “El viento es peor. Al tener ropajes tan grandes hacen vela y nos complican mucho el equilibrio”, explica Santos.
La asociación conoce bien ese peligro. La Leonesa no está participando este año en los desfiles porque se encuentra en proceso de restauración después de que una fuerte racha de viento la derribara durante las últimas fiestas de San Froilán.
Algunas de las figuras superan incluso el siglo de vida. Otras, precisamente por su antigüedad y deterioro, ya no pueden salir. Es el caso de la Cleopatra y Marco Antonio, dos gigantes históricos que la asociación conserva, aunque hace muchos años que no desfilan. “Habría que buscar la forma de rehabilitarlos”, señala Santos.
Junto a los gigantes van los cabezudos, encargados de poner el punto de picardía y travesura. Corren, juegan, se acercan al público y se convierten cada año en uno de los grandes reclamos para los más pequeños.
La intención de la asociación es que la tradición llegue a toda la ciudad. Por eso, desde este pasado martes día 23 y hasta el próximo lunes día 29 de junio, los Gigantes y Cabezudos saldrán cada tarde a la misma hora desde San Marcelo para recorrer distintos barrios de León. Pasarán por el Húmedo y el Romántico, el Crucero, la Palomera, San Mamés, la Chantría, la Lastra y Puente Castro, entre otros.
Y aunque el calor apriete, la respuesta de los leoneses sigue siendo la misma año tras año. “En cuanto ven asomar las cabezas, rápidamente se animan y normalmente nos siguen por todas partes”, cuenta Santos.
Quizá ahí resida el secreto de una tradición que se ha negado a desaparecer. Porque delante de los gigantes siempre hay niños que los descubren por primera vez y adultos que vuelven a sentirse niños al escucharlos llegar. Y detrás de ellos, casi sin que nadie repare en ello, hay cuarenta personas empeñadas en que León siga reconociéndose cada verano en el sonido de una dulzaina, un tamboril y unas enormes figuras de cartón piedra que llevan generaciones anunciando que la ciudad está de fiesta.