La paradoja del Órbigo: regadíos modernizados, pero sin agua para los tomates y lechugas de los pueblos

Hace más de un año que los vecinos de ocho pueblos de León no tienen agua de riego para sus huertos. La comarca leonesa del Órbigo, tradicionalmente unida a su cultura hídrica, cuenta con un entramado de presas tradicionales de las que hacen uso desde hace siglos. La centenaria estructura excavada en el suelo y que recorre las calles de las localidades del Órbigo se encuentra a finales de agosto seca, rebosante de hojas marrones y de maleza. Hace unos años el agua corría por estos tradicionales canales, pero desde la modernización del regadío se cortó el grifo, con todas las consecuencias que esto tiene a nivel social y patrimonial.

Todo comenzó en 2021, cuando la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) anunció la modernización del regadío de esta comarca leonesa por una inversión de 10.404.834 euros cofinanciados por el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER). Después de una votación aquel mismo año en una reunión de la Comunidad de Regantes de Presa de la Tierra, se aprobó el inicio de un proceso que dejaba al margen de la posibilidad de riego a las presas centenarias, el único método por el que llega el agua a los huertos de suelo urbano.

En aquella reunión, que finalizó con una votación, los pequeños agricultores se opusieron. Sin embargo, el peso de su voto depende de la cantidad de hectáreas que posean y, frente a agricultores que cuentan con unas tierras más amplias, la opinión de los dueños de los huertos ubicados en los pueblos, no sirvió para cambiar el curso de los eventos. Así ha ocurrido en las siguientes votaciones. La modernización se llevó a cabo y el agua dejó de llegar a partir de mayo de 2025 a los huertos.

Cabe destacar que, a la vez que CHD, dependiente del Gobierno, toma este tipo de decisiones, el Consejo de Ministros ha aprobado el reconocimiento de los sistemas históricos y tradicionales de regadío (SHTR) como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial. CHD no ha respondido a ILEÓN a las preguntas sobre su posición respecto a esta situación.

A pesar de la adversidad, más de 400 vecinos (en su mayoría de edades ya avanzadas) se han agrupado en la Asociación para la Defensa y Conservación de Riegos de Huerto y Patrimonio Hídrico. Desde el primer momento comenzaron a reunirse con CHD y su Comunidad de Regantes, sin lograr una solución por parte de unos y otros. Han presentado cientos de recursos contra las nuevas ordenanzas aprobadas en la Comunidad de Regantes y han llevado a cabo varias movilizaciones a lo largo de la provincia de León, muy respaldadas.

Uno de los vecinos de los pueblos afectados, Fernando Quintanilla, tiene que rellenar, garrafa a garrafa, un tanque que le sirve de almacenamiento de agua para poder cultivar su huerto: “He dejado de cultivar toda la huerta, porque no tengo agua. Tengo muy pocas plantas y los frutales que tenía se están secando. Cojo garrafas y voy en coche hasta donde hay agua, las meto en el coche y las vacío en el depósito y así voy haciéndolo”.

No es el único que tiene que recurrir a este sistema. Un paseo por Hospital de Órbigo ya da muestra de que casi todos los vecinos han tenido que reducir la superficie de sus huertos, ya que necesitan mucho trabajo para mantenerlos como antes. Los más ‘afortunados’ son los que disponen de un terreno pegado a sus casas, ya que entonces pueden usar el agua del grifo sin tener que cargar con ella.

Aquilino es otro de los vecinos afectados. En su caso, cuenta con unos pozos artesianos para regar sus árboles como su huerto. Sin embargo, este año se han enfrentado a una bajada del nivel freático, por lo que el agua disponible en este sistema también escasea: “No puedo poner la manguera y regar la huerta, tengo que ir dosificando y regar 5 minutos de reloj y al cabo de un par de horas vuelvo y continúo”, explica. “Es un sacrificio hacerlo de esta manera y la situación es dramática”.

El paisaje de los pueblos del Órbigo ya ha cambiado. Los huertos son más pequeños, los árboles están más secos, las presas que hacían de río para el pueblo son una calle más, en el caso de las más amplias, y apenas perceptibles, cubiertas por la maleza, en el caso de los canales excavados en la tierra. El entorno de las presas, que allí llaman ‘reboño’, es ahora un ecosistema en peligro de extinción.

La situación afecta también al ánimo de los vecinos: “Yo he visto a personas que se dedicaban solo al huerto cuando teníamos agua y cuando ha dejado de haber les veo y se nota que están desmotivados, que llevan una vida más sedentaria”, observa Fernando.

Sin embargo, a pesar de que la mayoría de los miembros de la Asociación están ya en edad de jubilación, su actividad es incansable: “La gente más mayor tiene menos energía, se sienten vencidos, pero nosotros queremos demostrar que se puede seguir luchando”, afirma Francisco Catalán, el presidente de la Asociación. “Lo bueno que tiene el pueblo es poder cultivar tu huerto. Ahora tendremos que comprar un piso en León para poder tenerlo”, comenta, satíricamente, Catalán.

Catalán y demás miembros de la Asociación han propuesto soluciones a CHD y la Comunidad de Regantes. A través de un informe técnico que ya han entregado a la administración dependiente del Gobierno han solicitado instalar tomas de agua (hidrantes) que alimenten los regueros urbanos por gravedad de forma medida y controlada, demostrando que es perfectamente compatible con la modernización. También solicitan un caudal de socorro para que una mínima cantidad de agua recorra las presas y, así, poder mantener su entorno.

Sin embargo, por ahora no han recibido contestación oficial ni de la Comunidad de Regantes ni de CHD: “Todo el mundo mira para otro lado, te dicen que no es su competencia. Pero cuando hablas con ellos personalmente, nadie lo entiende”, lamenta Fernando. Los siguientes pasos de la Asociación serán acudir a la vía judicial. Mientras tanto, los vecinos se resisten a normalizar una vida sin agua para sus pueblos, con la esperanza de que todo esto haya sido un mal sueño que haya durado dos años.