Polonia y la Ley de Nietos

3 de noviembre de 2026 19:41 h

A veces nos cuentan cosas aquí de Alemania que no nos podemos creer, pero también pasa al revés de vez en cuando porque hay cosas, que por más que se las expliques, no les caben en la cabeza. Una de ellas es lo de la ley de nietos, que ven desde la óptica de su propia historia y les pone los pelos de punta.

Según Wikipedia y otras fuentes, entre 12 y 14 millones de alemanes fueron expulsados, principalmente de Polonia y Checoslovaquia, además de lo que hoy es el enclave ruso de Kaliningrado, antes Könisberg, en lo que fue la mayor limpieza étnica de la historia de Europa.

¿Sería normal que los descendientes de toda esa gente tuviesen derecho de voto en República Checa y Polonia? Lo de Rusia ya ni lo mencionamos para que no nos dé la risa.

Una reclamación de ese tipo no puede tener encaje en ninguna legislación seria, ni europea ni de ninguna parte. Cuando los alemanes preguntan qué puñetas estamos haciendo aquí con la ley de nietos tienen muy buenos motivos por pensar que el revisionismo histórico es una locura de proporciones colosales y que, por supuesto, los checos y los polacos estarían como cencerros si le ofrecieran el voto a veinte millones de alemanes, aproximadamente, porque tal es la cifra que se maneja de descendientes de los expulsados. ¿Qué pintan esos alemanes votando en Polonia o en Chequia? ¿Qué tienen ellos allí salvo las tumbas de sus antepasados, si es que queda alguna? ¿Qué derecho les asiste a decidir sobre un país que no es el suyo ni nunca lo fue?

No es serio. No es normal. No se le puede dar el voto a los descendientes de los expulsados, cualquiera que haya sido la razón de esa expulsión, incluida la derrota en una guerra. La limpieza étnica es y ha sido siempre un delito, pero no se puede solucionar un atropello con otro. Y menos con una estupidez rampante.

Porque se hace por estupidez o por maldad. No quedan más opciones.