León en la antesala del ridículo

Corríjanme los doctores de la prensa leonesa, pero creo que en este mismo medio donde está leyendo el amable lector, ha publicado la noticia de que, si nadie lo impide, se va a celebrar en la capital leonesa otra edición de la Semana Internacional de la Trucha en León que, debido a su escasa repercusión –tan sólo lleva cincuenta y ocho ediciones celebrándose sin necesidad de intromisiones ajenas– entonará el canto del cisne y pasará a ser un vulgar apéndice incardinado en un magno proyecto pergeñado por Castilla y León, con la rumbosa catalogación marca Destino Pesca Castilla y León.

Ni que decir tiene que esta pirueta con doble salto mortal carpado hacia atrás, necesita una poderosa cobertura semántica que minimice el rechazo que, presumiblemente, debería causar entre la ciudadanía en general y pescadores y organizadores de ediciones anteriores en particular. Con tal motivo se utiliza terminología grandilocuente, vano intento de confundir a criaturas poco avisadas, y así se aluden a la Fundación Patrimonio Natural, la marca Castilla y León, actuaciones de promoción turística relacionadas con la biodiversidad y ecosistemas naturales, caza, pesca y naturaleza.

El previsible manoseo del evento pasa por una nauseabunda puesta en escena con numerosos actos protocolarios y divulgativos que perseguirán difuminar el pasado y pergeñar un presente con vocación de futuro, a poco que la ciudadanía leonesa se descuide. Según las previsiones hasta se instalarán unas grandes balsas donde el respetable público podrá ejercer la afición a la pesca en medio de la Plaza Mayor. Es previsible que el cupo de pedantes, que siempre fue nutrido en León, acuda con sus vástagos a regocijarse pescando, sin muerte dicen, en un lugar público donde sólo corre el agua cuando llueve.

Personalmente me parece que acudir a tal llamamiento es de un ridículo espantoso, y todo ello por varias razones. La primera es que, en la ciudad de León, todavía en las aguas del Bernesga, evolucionan barbos de notables dimensiones y hace un par de años, cuando el señor Quiñones posaba con rostro angelical con familiares y pacientes de ELA (esclerosis lateral amiotrófica) para contraprogramar a la mayoritaria manifestación a favor de la autonomía leonesa, una trucha, que pasaba con creces del kilo de peso, nadaba al arrimo de una pilastra del puente de San Marcos. Ésta era de verdad, las que se verán en la plaza, de piscifactoría.

En otro orden de cosas, UPL se interesa por el presupuesto que se destinará a minar, otra vez más, toda celebración que tenga tufillo a leonés. Esta formación no ha interiorizado aún que la Junta de Castilla y León obra con eficacia probada en desmenuzar toda evocación leonesa y así se va por los cerros de Úbeda. No le parece importar el origen de los fondos destinados a este ‘cambio de nomenclatura’. Pacma, con mejor visión, se opone al evento y rechaza el maltrato animal a manos de pescadores circunstanciales que sortearán la tradicional suspicacia de la trucha acuciada por el hambre. Es sencillamente repulsivo ver pescar en una granja acuícola.

Aquelarre de ridículos encadenados

Por si no fuera suficiente todo este aquelarre de ridículos encadenados, siempre con el patrocinio de la Junta y el aplauso continuado del primer partido de la oposición como del que pretende sustituirlo, nos desayunamos con que los fondos Miner serán los que soporten el dispendio de esta maloliente maniobra, siempre pergeñada para que León se disuelva en el magma amorfo de una regionalidad impuesta que, como el cadáver de Lázaro en el Nuevo Testamento, hiede. No se puede caer más bajo ni ser más ruin. Intentar comprar el aplauso de León con los recursos destinados a minorizar los daños en zonas mineras debería ser objeto del repudio público y la nula asistencia a los actos así programados.

De todos modos, hay que felicitar a la Junta de Castilla y León por su impudicia y por asestar otra puñalada a la condición leonesa. No les defraudarán nuestros palmeros habituales que aplauden toda iniciativa de esta índole, argumentando que oponerse a ella es oponerse al progreso y a las actividades que tanto necesitan las ciudades de medio pelo para visibilizarse. Lo dicho, el ridículo se avecina a velocidad de crucero. Entiendo que los estómagos agradecidos de la Junta, PP, PSOE o Vox asistan alborozados a este esperpento, pero si asiste la ciudadanía a hacer el caldo gordo a semejante despropósito será de una miseria antológica. ¿Qué dirán los niños llevados por sus mayores el día de mañana? Puede ser un trauma infantil.

Para terminar, y por querer ilustrar la demencial tesitura con que se nos amenaza, déjenme que les cuente un detalle que viví personalmente. Siendo yo más joven, fui comisionado por una asociación ecologista, de la que era miembro, para intervenir en un programa de radio en la que participaba un caballerete, debidamente financiado por la administración, que buscaba el aplauso público por su participación en un certamen ferial en el que pretendía –y llevó a término– pasear a los niños en vehículos todoterreno por el monte con el pretendido fin de mostrarles como se debía ser respetuoso con la floresta.

El interfecto, dotado de buena facundia, trató de justificar tamaña incongruencia con peregrinos argumentos, y un servidor que sentía el vértigo de un local cerrado e insonorizado donde había que hablar, por primera y única vez, ante un micrófono sabiendo que había una nutrida audiencia, sólo alcanzó a rebatir sus tesis alegando que llevar a los niños por el monte destrozándolo para ilustrarlos de como ha de ser su conservación era como pasearlos en un carro de combate para enseñarles como ha de conseguirse la paz.

Fuera porque la respuesta desagradara o por alguna otra causa que desconozco, nunca más fui invitado a un programa radiofónico, por cierto, de una cadena muy proclive a las tesis de la política imperante. Algo similar está ocurriendo en León con domésticos y adocenados paisanos nuestros, y no sólo en el tema de la pesca de la trucha. Esta nueva manipulación no es más que otra vuelta de tuerca en el metódico desmenuzamiento de León. Cueste lo que cueste. Reto a quien defienda lo contrario a confrontar argumentos, pero dormiré tranquilo sabiendo que no alzará la voz ningún brioso discrepante.

Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata