La pirámide de Maslow

De forma resumida, la idea central del estudio de Abraham Maslow es que solo cuando se van satisfaciendo las necesidades más básicas, las que ocuparían la base de la pirámide, el ser humano puede empezar a desarrollar anhelos más elevados. Así, la primera y más urgente prioridad vital de cualquier persona tiene que ver, evidentemente, con la fisiología. Después de tener solucionado el problema de la alimentación o el descanso, algo de lo que gran parte del planeta no puede presumir, en el siguiente nivel nos encontraríamos con la seguridad. Luego vendrían necesidades emocionales como la amistad, el afecto o el amor. Y en los últimos escalones nos encontraríamos con el reconocimiento y la autorrealización. 

Probablemente la psicología ya habrá encontrado y desarrollado a estas alturas estudios más sofisticados o certeros sobre las necesidades humanas. Pero la sencillez del planteamiento de Maslow hace que sus derivaciones filosóficas o antropológicas sean fáciles de extraer para cualquiera que no tenga grandes competencias en esas áreas. Sin ir más lejos así sucede con este diletante columnista que abunda en esa idea de que el periodista tiene un mar de conocimientos de casi todo pero con un centímetro de profundidad.

Preventivamente aclarado este asunto, a este todólogo profesional le gustaría detenerse en el nivel de la seguridad. En este primer mundo nuestro lo damos por hecho, pero el poder caminar por las calles de nuestra ciudad con tranquilidad es un privilegio que solo disfrutan las sociedades más avanzadas y que se parece mucho a la palabra libertad. Aunque Maslow va más allá de esa paz social que nos permite movernos por nuestro país con despreocupación. Cuando incide en la necesidad de sentirse seguro y protegido habla de seguridad física (asegurar la integridad del propio cuerpo), de salud (asegurar el buen funcionamiento del cuerpo), de recursos (casa, dinero, automóvil…) y de protección (tener una vivienda). Y es que, además de ser un derecho que recoge la Constitución, tener la posibilidad de acceder a una vivienda digna es un paso ineludible para poder disfrutar de todas esas necesidades emocionales que tanto enriquecen al ser humano, de la amistad o del amor, del reconocimiento social o laboral, de la posibilidad de perseguir tus sueños.

Ya ven, el hecho de que los sucesivos gobiernos que hemos sufrido en este país en las últimas décadas no hayan sido capaces de solucionar el problema de la vivienda, tiene a una generación pendiente de poder desarrollarse como seres humanos libres.

Y esto son sólo problemas del primer mundo.