Miguel Ángel Uría expone en Pamplona ‘El Valle Abstracto’, una alegoría de Laciana en nueve lienzos

Luis Álvarez

7 de octubre de 2026 17:13 h

El artista lacianiego Miguel Ángel Uría lleva hasta Pamplona una muestra de las abstracciones personales de su tierra, el valle de Laciana, plasmadas sobre nueve lienzos, que se pueden ver hasta el día 30 de este mes en la galería Ormolú Arte de la capital navarra.

Vuelve Miguel Ángel a hacer visible su obra de estos últimos dieciocho meses, en una ubicación lejana, que él mismo se encargó de buscar y contactar, en este caso desde hace ya dos años. Terminar el trabajo y encajar con los gestores de la galería las fechas fue también parte del proceso expositivo.

La exposición se titula El Valle Abstracto y, como él mismo comenta “es una serie en la que rompe con todo lo que había estado haciendo hasta ahora, es un homenaje al valle de Laciana con un marcado acento abstracto”.

Razones hay para entender ese cambio radical, superando un periodo anterior algo tenebroso, en el que tuvieron una influencia decisiva dolorosos acontecimientos personales. Ahora en estos nuevos trabajos regresa la luz y el color a sus pinceles y su espíritu creativo. “No busco replicar el entorno con precisión fotográfica, sino capturar la esencia viva, el alma, el color y la luz de un paisaje íntimamente ligado a mí memoria e identidad”, comenta.

En la conversación con Miguel Ángel Uría, nos va desgranando algunas de las claves del proceso de creación. Tenía lo que él llama “una necesidad imperiosa” de representar algo completamente nuevo, porque “la experimentación es necesaria y la inquietud vital”. Lo que le lleva y le permite “provocar un auténtico cambio de paradigma en la pintura que venía desarrollando hasta el momento, rompiendo con mi propia línea temporal para desarrollar una libertad creativa absoluta”.

En esta evolución, “iconos indiscutibles del valle, como los narcisos silvestres (gritsandanas) se despojan de su forma física para transformarse en puras vibraciones emocionales”; pintando lo cotidiano, lo que nos rodea, tratando de convertirlo en arte.

“Intento (en esta exposición) transformar, deconstruir paisajes e iconos y llevarlos a un terreno abstracto y sentimental, donde el paisaje natural deja de ser un escenario estático para convertirse en un estado de ánimo”, apunta.

Y concluye su argumentación con este pensamiento sobre El Valle Abstracto, como una exposición en la que se invita al visitante “a desconectar la mirada analítica”. Y que se acerque a los lienzos para observar, “no solo con los ojos, también con el alma”, esa parte emocional con la que el pintor trata de hablar y establecer una conversación con el observador.

En la galería Ormolú, con independencia física y temática de esta serie de El Valle Abstracto, tiene colgados también otros cinco cuadros anteriores.