El sueño de Blancanieves

¿Blancanieves despertó, realmente, del sueño ocasionado por la manzana envenenada que su pérfida madrastra le dio a comer? No está de más esta pregunta cuando hay varias versiones al respecto. La primera de ellas es la del cuento original (escrito por Jacob y Wilhelm Grimm, publicado en la colección de 1812), en la que la doncella expulsa bruscamente el fragmento de fruta que se le había quedado atascado en la garganta, librándose de la muerte.

La segunda es la que vemos en la película de Disney (estrenada el cuatro de febrero de 1938), en la que el joven príncipe besa a la chica y la rescata mientras transita ‘al más allá’.

Y la tercera (una variante algo más trágica que anda rodando por las redes sociales) es en la que Blancanieves no despierta jamás y viaja, indefectiblemente, al ‘reino de Perséfone’, donde es recibida por la muerte personificada en un apuesto mozo (el príncipe soñado).

El ‘sueño mortal’ de Blancanieves: ¿Ficción o realidad?

Refiriéndonos a la versión de los hermanos Grimm, existen interpretaciones en las que se argumenta una posible relación entre ficción y realidad histórica. Mencionamos, por ejemplo, algunas de las conclusiones a las que llegó el historiador alemán Eckhard Sander, quien considera que los célebres escritores tomaron como referente a Margaretha von Waldeck (una mujer nacida en 1533, hija del conde Waldeck-Wildungen) para construir el personaje de Blancanieves.

Para demostrarlo, Sander alude a la mala relación que hubo entre Margaretha y su madrastra, conflicto que –al parecer– fue la causa del destierro de la joven a los dieciséis años de edad. Otro elemento tomado en consideración es el relacionado con las minas de cobre que existían en Bad Wildungen (ciudad en la que Margaretha nació y creció), donde trabajaban niños (se supone que en ellos se inspiraron los autores del cuento para crear a los siete enanos).

Luego, en relación con el ‘sueño mortal’ de Blancanieves, un dato que se suma a las tesis de Sanders es la –no sabemos hasta qué punto demostrada– relación amorosa entre Margaretha y un joven Felipe II de España (cuando aún no había sido coronado). Sobre ello, se dice que el aspirante a monarca se enamoró perdidamente, pero que su unión con Margaretha von Waldeck no entraba en los cánones de un matrimonio políticamente conveniente… Y poco tiempo después la joven murió ‘misteriosamente’, quedando en pie la sospecha de que su muerte tuviera en algo –o en mucho– que ver con las desavenencias e intereses políticos existentes. 

Otro estudio similar es el del historiador Karlheinz Bartles, quien refiere que los hermanos Grimm vivieron durante un tiempo en Lohr am Main, a pocos kilómetros del castillo del barón von Erthal. Refiere, además, que este noble señor tenía una hija (Maria Sophia von Erthal) en quien se inspiraron los escritores para construir el personaje de Blancanieves. Y quizá haya otras investigaciones similares. Si hay algo de cierto es que, en cualquier historia narrada, la realidad supera siempre a la ficción.

Hasta ahora, sin embargo, no se ha encontrado un modelo histórico que haya inspirado a los hermanos Grimm a crear el personaje de La Bella Durmiente (el título del cuento es Rosita de Espino y el mismo aparece en la colección de 1812). No obstante, resulta interesante que, tanto en Blancanieves como en la Bella Durmiente, el sueño representa un paréntesis entre la trágica muerte (que no se cumple del todo) y el dulce despertar (como logro de la dicha en toda su plenitud).

Tomemos, pues, ‘el sueño de Blancanieves’ como metáfora para definir el impasse entre el drama de la vida cotidiana y el happy ending story en el que lo soñado se realiza.

El sueño de Blancanieves, la realización de nuestras esperanzas

Dice el refrán que ‘soñar no cuesta nada’. Tal vez fuera esa la teoría de Martin Luther King Jr. cuando el veintiocho de agosto de 1963, en su Discurso durante la Marcha a Washington por Trabajos y por la Libertad, pronunció su famosa frase II have a dream’: “¡Hoy yo tengo un sueño! Yo tengo un sueño que algún día cada valle será elevado, y cada colina y montaña serán hechas llanas. Los lugares más ásperos serán aplanados y los lugares torcidos serán hechos rectos, y la gloria de Dios será revelada y todo género humano se verá junto?”

Y es que todos tenemos sueños escondidos, grandes y pequeños, realistas o idílicos. Son tantos que –a veces– se nos dificulta ponerlos en una escala de valores para establecer prioridades. Tenemos, eso sí, derecho a soñar. Tenemos derecho a ese impasse (entendido como ‘compás de espera’) en el que incubamos la esperanza de llegar al final feliz de Blancanieves sin que medien manzanas envenenadas entre el presente abrumador y el futuro esperado.

Sin embargo, ¡cuánta incertidumbre! ¡Cuántas preguntas sin respuesta! Por ejemplo: ¿Tendremos trabajo dentro de un mes? O mejor aún: ¿Llegaremos a encontrar trabajo algún día?… ¿Seremos desahuciados en las próximas horas?… ¿Cuántos meses hay que esperar para acudir a nuestra cita médica por la Seguridad Social? (¿Moriremos en el intento?)…

Os propongo, pues, escribir un cuento de hadas en el que la trágica realidad en la que vivimos encuentre un final feliz. Claro, no nos bastará con cerrar los ojos y soñar. Habrá que hacer mucho más, quién sabe cuánto.