El cuarto poder

Mi madre, ya en edad provecta, tiene sus manías, y una de ellas es hacer sudokus y, pudiendo ser, aquellos que vienen catalogados como difíciles. Como buena paramesa tiene un alto sentido de la economía y no malgasta sus ahorros en adquirir esas publicaciones que son cuadernillos con abundante surtido de estos, digamos ‘problemas aritméticos’. 

Con tal motivo, mi hermana, que trabaja en una institución donde la prensa se acumula –muchas veces sin ser leída– hace acopio de periódicos con sudokus para que la ‘aficionada’ tenga suficientes reservas y pase largos ratos estrujando la sesera colocando los ochenta y un números en sus correspondientes casillas. El aporte periodístico acaba siendo tan copioso que en la cocina se acumulan pilas de diarios, algunos de los cuales cuentan ya con varios años de antigüedad. Servidor, que también tiene sus debilidades, suele aliviar la carga de aquellos enrevesados sudokus que se le atragantan a mi progenitora y que deja a medio hacer.

He tardado algún tiempo en caer en la cuenta de que algunos de los ejemplares que esperan turno para ser escrutados convenientemente en su apartado de pasatiempos, cuentan con dos y hasta tres años de antigüedad. Ya sé que la curiosidad mató al gato, pero tengo que reconocer públicamente mis debilidades y, de vez en cuando, no puedo sustraerme a la tentación de revisar, siquiera someramente, los titulares de prensa de aquellos momentos. Y sí, es bien cierto que “no hay nada más viejo que el periódico de ayer”.

Por razones que a nadie se le escapan, los ejemplares que se esperan turno para la resolución de sus entretenimientos pertenecen a alguno de esos medios que pueden encontrarse en cualquier bar de la provincia de León porque acompañan a los periódicos de tirada local. Tales medios generalistas, que se entregan con la prensa patria, suelen reducirse a dos rotativos de marcado sesgo conservador. No es por tanto extraño que su línea editorial sea crítica con el gobierno vigente y los leoneses, en general, hagan suyas las tesis que leen en sus páginas.

Hasta aquí nada hay de particular. España tiene zonas industriales de inclinación ideológica por la mentalidad progresista y otras zonas rurales de clara orientación conservadora, un buen ejemplo serían los partidos agraristas que sustentaron la política de Alfonso XIII en los albores del siglo XX. Aunque la división entre zonas agrarias y zonas industriales no es exacta –ahí está Madrid para desmentirlo– se podría afirmar que, por la razón que sea, las zonas o regiones industriales propenden al desarrollo y mientras que las agrarias propenden al estancamiento o a la involución, léase la España vaciada. León se enmarca en este último apartado.

Cómo envejecen los titulares

Hechas todas estas consideraciones previas pasemos al objeto de este artículo. Invito a todo aquel que quiera comprobarlo, que revise la hemeroteca y verá que muchos de los titulares sobre política que resultaron impactantes en su momento y causaron furor hace dos, tres o más años, no soportan el paso del tiempo. El transcurso de tiempo es juez insobornable que hace aflorar la verdad y las miserias de una prensa que se entrega en cuerpo y alma, no a la verdad y la razón, sino a intereses espurios, diáfanos unas veces, oscuros, otras.

El tema resulta tan grotesco que a día de hoy ninguno de esos diarios volvería a sostener lo que publicó en 2023 o 2024, aunque ningún periodista se sonrojará por haber difundido bulos a sabiendas. Ni que decir tiene que no van a pedir perdón por haber fomentado insidias y calumnias, dudo incluso que sus autores tengan mala conciencia por ello. Como diría Ortega y Gasset de los jóvenes, esta prensa no necesita razones, sólo necesita pretextos y estos nunca faltan. Es amarga verdad, quiero echarla de mi boca y hasta del taller de impresión.

La cuestión es que la falsedad se impone, pero la caducidad con la que el tiempo tiraniza los falsos testimonios hace que lo que hoy parecía una noticia solvente y de indudable calado, acaba por convertirse en un chascarrillo de mal gusto, más propio de publicaciones humorísticas que de altivas cabeceras de prensa tenidas por serias e imparciales que acaban por demostrar que no lo son tanto. La imparcialidad no es ellas santo y seña ni divisa que presida sus titulares. Artículos y editoriales se muestran solidarios con los diversos partidos políticos que presiden la vida política española. 

No quiero pensar que haya ‘enjuagues económicos’ en la sombra, pero todo hace sospechar que si los hay. Y poderosos. Un agravante de todo ello es la vida acelerada, consumista, con poco tiempo para la reflexión y para la crítica de aquello que se lee, se escucha, o se ve y se escucha a la vez. Con estos condicionantes la ciudadanía tiende a engullir, sin digestión previa, bocados que con un mínimo sosiego, un mínimo análisis, repugnarían al paladar. Nada de eso sucede, la prensa de renombre puede propalar la mayor calumnia que no será recriminada por sus lectores, puede publicar una sospecha consciente de que es falsa, sin que por ello sufra consecuencia alguna. Goza de presunción de veracidad y la libertad de prensa la ampara.

¿Y las noticias de León?

Y como no puedo terminar mis contribuciones con ILEÓN sin referirme a León, asumo con tristeza que la opinión pública leonesa está convenientemente pastoreada por intereses de todopoderosos medios de prensa escrita y sus franquicias periféricas, muchas veces descaradamente tendenciosas. Esto no quiere decir que no existan otros medios de ideología contraria a los anteriores que hagan tan mala praxis del periodismo como los aludidos, aquí sencillamente juzgamos aquello que más se ve y mucho de lo que más se ve, no nos gusta.

Por eso, y sin afán alguno de adulación, me agrada contribuir con el presente medio de comunicación en el que no percibo adulteración de la verdad. Como toda publicación periodística tiene su línea editorial y una orientación ideológica, pero me complace no leer en él descalificaciones, hipérboles, falsedades, ni tampoco insidiosas panfletos. Yo animaría a los leoneses a cultivar un espíritu crítico, a no tragar crudo todo lo que a uno le pongan delante y, pudiendo ser, cotejar las noticias sensacionalistas de medios rumbosos con las de estos medios digitales más modestos, pero en los que acostumbran a residir la moderación y la veracidad.

Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata