Pilar Ugidos, cofundadora del Grupo Autonómico Leonés: “Que Martín Villa fuera de León fue lo peor que nos pudo pasar”

Christian Fernández Chapman

1 de noviembre de 2026 10:42 h

Han pasado casi 50 años desde que unos jóvenes desencantados con la deriva en política territorial del PCE fundaran el Grupo Autonómico Leonés, una asociación surgida de la negativa de la estructura nacional del partido a respaldar las aspiraciones de los leonesistas durante el debate autonómico de la Transición. Ahora, dos de sus fundadoras vuelven para hablar de aquella experiencia.

Pilar Ugidos, residente en Cataluña desde hace varias décadas, asesora del Departament d’Educació de la Generalitat de 2005 a 2010 y autora de un libro en catalán sobre pedagogía e interculturalidad (“Diversitat cultural y exclusió escolar”, Fundació Jaume Bofill 2011), es una de las pioneras de la lucha moderna por la autonomía leonesa. Junto a ella, Isabel Huerga, maestra jubilada como ella, cofundadora de la asociación como su amiga y emigrada en Asturias desde hace décadas, desempeñó un papel crucial para que la asociación fuera legalizada.

Miembros del colectivo desde los primeros momentos, fueron testigos de primera mano de los acontecimientos que rodearon los primeros años de la reclamación por el autogobierno y han aceptado amablemente esta invitación para arrojar algo más de luz sobre este periodo efervescente. La entrevista transcurrió en una terraza del barrio de San Martín una tórrida tarde de verano.

Pilar, naces en León en 1956 y Franco muere cuando apenas has pasado la mayoría de edad. Cuéntame cómo fue tu infancia, háblame del paisaje de tu niñez, del ambiente en que creciste.

Mi padre ya murió, murió con 93 años, pero era un hombre culto para aquella época, lo cual no era frecuente viniendo de una extracción muy humilde. Con quince años se fue del pueblo donde nació, dio unas vueltas por Asturias, Palencia... Y acabó en León, en la RENFE. Empieza poquito a poquito y va escalando hasta que se hace funcionario de RENFE. Éramos una familia humilde, con un padre trabajador y una madre que se queda en casa arreglando ropa, tejiendo y cocinando para que el dinero diera de sí. En mi casa la única que estudié fui yo porque no había dinero para estudiar. Como yo era la pequeña y la mayor ya trabajaba, pudieron darme unos estudios en León. Yo quería haberme ido fuera, pero no pudimos. Estudié Magisterio porque en aquel momento no había universidad en León y lo que había era lo que más cuadraba con lo que a mí me gustaba. Mientras estudiaba daba clases particulares y trabajaba de dependienta en una boutique de ropa. Antes había trabajado en Barros, que era una tienda que estaba en Ordoño II, en las Navidades. Vaya, que yo era una currante nata. Y en ese contexto es en el que crecí.

Las primeras elecciones democráticas se celebraron el 15 de junio de 1977 y el 6 de agosto del mismo año, durante la Fiesta del Pastor de Barrios de Luna, disteis el paso y presentasteis el proyecto en sociedad. ¿Cuál fue el motivo para elegir este lugar y este evento en particular?

El motivo fue que nosotros no queríamos reproducir un centralismo al uso como luego ocurrió con Castilla y León y Valladolid. Queríamos que fuera una manera de gestionar esta autonomía mucho más democrática, más igualitaria. Hablábamos de comarcas porque de esa manera se respetaban las características de cada territorio leonés. Una manera de visibilizarlo fue ir allí a celebrar la fiesta.

Ese mismo año, en el 77, estuviste presente en una celebración en Zamora leyendo un discurso y estableciendo lazos con leonesistas duerinos. ¿Cómo recuerdas aquel viaje?

Esto fue después del verano, lo sé porque se había muerto mi hermana. Mi hermana murió en el 77 y fue en junio. Te puedes imaginar, yo estaba pasando un duelo terrible. De hecho, si te fijas, la ropa que llevo es gris, negra y blanca, o sea, yo iba de luto. Como yo había hecho teatro desde los quince años, se decidió que leyera el discurso. Recuerdo que preparamos el discurso, que lo preparamos mucho, aquel mitin con Ciudadanos Zamoranos, que eran encantadores, los recuerdo como unos señores para nosotros muy mayores en aquella época.

¿Qué evento era concretamente?

Era un evento que montamos nosotros, nosotros montábamos eventos para ir concienciando a la gente. Por un lado, teníamos un local, preparábamos aquí pintadas. Salíamos a pintar por las noches “León solo”, Carlos (Llamazares) era el principal artífice. Teníamos un “dos caballos” y con aquel coche salían por la noche básicamente él e Isabel a pintar, porque yo estaba en el hospital y hacían pintadas con algún militante del GAL, Macario (Prieto) o algún otro. También hacíamos pegatinas, banderas... Todo lo que era el merchandising, que era de donde sacábamos dinero.

En 1977 contabas con apenas 21 años. En esos primeros momentos, ¿cuáles eran vuestras aspiraciones reales? ¿Qué objetivos a corto plazo os habíais marcado?

El objetivo era ser paritarios con Cataluña, con el País Vasco, con Andalucía... O sea, nosotros creíamos firmemente que, tanto históricamente como económicamente, podíamos ser autonomía, y que se podía sostener. O sea, que la autonomía con Salamanca y con Zamora era posible (León solo lo veíamos más difícil). Que la energía eléctrica, si nosotros conseguíamos que se negociara con unas tasas, había posibilidad de crear industria, de crear prosperidad. Porque si no León se iba a quedar como se ha quedado. Nosotros lo creíamos. A lo mejor no eran estudios muy profundos. Teníamos un colaborador que era economista. Íbamos a por todas, a crear un grupo a imagen y semejanza de los partidos nacionalistas de Cataluña y del País Vasco, pero de izquierdas.

Justo en este momento llega Isabel Huerga, amiga íntima de Pilar hasta la fecha y también cofundadora del Grupo Autonómico Leonés.

Algunas de vuestras colaboraciones con la prensa fueron bastante sonadas. En aquella época era muy conocida Pura Francisco de Radio Popular y su espacio semanal de 15 minutos La Voz de León, con la que hablasteis en más de una ocasión. ¿Qué recuerdas de aquella experiencia?

Seguimos siendo íntimas amigas. Imagínate la relación que se estaba formando, que seguimos siendo muy amigas. Pura y Gonzalo, que es su marido, Gonzalo Rodríguez luego fue director de RTVCyL en Valladolid muchos años. O sea, es gente que siguió adelante, que tenía mucho que ver con el tema cultural en León. Y bueno, pues éramos amigos. Aunque ellos, como gente de izquierdas, no acababan de ver el tema de la autonomía. Porque claro, para la gente de izquierdas antes, un nacionalista era siempre de derechas, toda la vida. Entonces, Pura y Gonzalo no estaban en el movimiento, no nos apoyaban al 100% de manera visible porque no estaban de acuerdo. Pero como éramos amigos y pensaban que éramos gente de buena fe, gente que creíamos en ello y que queríamos buscar un bien para León, pues nos apoyaban a nivel estratégico con entrevistas o con lo que hiciera falta.

En aquella época estaban en boga las tesis de Anselmo Carretero sobre el País Leonés pentaprovincial con Palencia y Valladolid.

Totalmente. Nosotros leíamos las tesis de Anselmo Carretero porque él era un historiador reconocido, que en México hizo un trabajo de investigación durante toda su vida sobre el tema. Era muy bueno. Nosotros alguna vez pensamos en ir con Palencia. Zamora y Salamanca lo veíamos claro. Alguna vez pensamos hasta en Asturias. El país asturleonés. Barajamos todo. Siempre teníamos muy en cuenta al Bierzo. Por eso hablábamos de comarcas al final. Si el País Leonés estaba integrado por comarcas, El Bierzo no tenía por qué verse subyugado por otra parte de León. Eso era lo que nos guiaba, pero se barajó todo. El Reino de León daba mucho de sí, porque el Reino de León en alguna época ha estado con Portugal, por eso históricamente podías justificar un montón de cosas. Nosotros buscábamos estratégicamente que no nos dieran calabazas, porque también era un poco ridículo plantear que viniera Palencia y que luego dijeran “que yo no...”. Por eso teníamos esas negociaciones con Zamora.

En la obra “Los caminos del Esla” de Juan Pedro Aparicio y José María Merino, los autores se marcan la meta de trazar algo así como el alma leonesa. Viajan desde el nacimiento hasta la desembocadura del río astur por excelencia para encontrar símbolos con los que los leoneses se pudieran sentir identificados. La mitología popular, la institución secular del concejo, la arquitectura tradicional... Hablan asimismo sobre la lucha de la época contra de la central nuclear de Valencia de Don Juan y, pese al pesimismo, a favor de la autonomía leonesa. ¿Con qué símbolos leoneses os identificabais los militantes del GAL en los años 70?

(interviene Isabel) La bandera la investigamos nosotros. Había varias, yo tengo una.

(retoma la palabra Pilar) Por supuesto, con toda la investigación que hizo Cordero del Campillo sobre la bandera. Nos vestimos en su momento con toda la simbología leonesa, íbamos con nuestra capa, nosotras con las faldas, con el carro... Íbamos a la Fiesta del Pastor. Nosotros nos identificábamos con todo lo que fuera tradicional de León. No sé si ahora me vestiría de leonesa, pero en aquel momento sí. Con ellos, con los escritores, tuvimos reuniones y no llegamos a hacernos amigos porque vivían en Madrid, pero no nos dio tiempo quizá a profundizar en ese tema tan específico porque estábamos tan liados, éramos tan pocos y teníamos tantos frentes, desde pintar a mano “Viva León solo” hasta reunirnos con Ciudadanos Zamoranos, hasta presentar 25 veces los estatutos... O sea, no podíamos hacer más, pero yo creo que, si hubiéramos seguido en el tiempo, ese tema más ligado a la literatura, hubiera sido maravilloso, lo hubiéramos hecho seguro.

Más adelante llegó la época de Luis Herrero Rubinat.

Es que Luis era nuestro alevín. Entró casi de niño con nosotros y él era la mano derecha de Carlos (Llamazares). No tenía ni 18 años. Se formó en las ubres de Carlos, pero luego, cuando empieza a tener que tomar decisiones porque se hace más mayor, creo recordar que se decanta más por el grupo de derechas. Y esto para nosotros es muy decepcionante, y a partir de ahí para nosotros el GAL tomó un camino de derechización. Como además nos fuimos de León, fue como “vale, no lo hemos conseguido”. No habíamos conseguido lo que queríamos, nos teníamos que ir, estábamos decepcionadas porque el GAL había acabado manipulado por gente con otros intereses. Estábamos dolidos y decepcionados. Lo habíamos creado nosotros, éramos gente del pueblo, teníamos muy claras las clases sociales, dolía ver que se metía gente en el grupo de familias ricas de León como Elosúa o Nogal. Nosotros pensábamos “si entran las élites, ¿quiénes van a querer que gobierne?” Eso para nosotros era muy serio, muy doloroso, pero el grupo del GAL, los 15 o 20 militantes, acabaron decantándose hacia ese lado. Encima nos teníamos que ir de León por trabajo. Dijimos: “adiós, ahí os quedáis”. Desde ese momento para nosotros UPL tiene un tufo... De hecho, no es de izquierdas.

La presentación oficial del GAL tuvo lugar el 15 de octubre de 1977. El mismo año se habían dado a conocer asociaciones leonesistas como Concejo Abierto Leonés (CAL) o Asamblea Independiente Leonesa (AIL). ¿Qué relación mantuvo el GAL con estas asociaciones dada la coetaneidad de todas ellas?

Eso respondía a que la sociedad española tenía una efervescencia tal que salían grupos de izquierda, de extrema izquierda y autonomistas por donde pisaras. O sea, todos queríamos hacer cosas. Y como el PCE en aquella época no era suficientemente de izquierdas, aparecían los maoístas, los trotskistas, el comunismo revolucionario de no sé qué... O sea, algunas facciones de esas, si creían en el derecho a la autodeterminación, pues creaban un grupo, pero era minoritario. Creo que no llegamos ni a reunirnos, porque nosotros ya teníamos una infraestructura, éramos un grupo “por su sitio”: con sus estatutos, con su dinero, su organización...

El autor de la tesis sobre el tardofranquismo y la Transición en la provincia de León, David Martínez, habla de una crisis que se produjo en diciembre de 1977 en vuestra asociación debido al intento de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) de influir ideológicamente en los procesos internos del GAL. ¿Qué pasó exactamente y cómo se procedió a la expulsión de estos miembros díscolos?

Eran Isidro, la novia y otro amigo (ríe).

(interviene Isabel) Se habló en asamblea, se acercaron posturas, se vetó y se votó la expulsión.

¿Se votaba en asamblea a mano alzada?

Sí, éramos asamblearios 100%. Es que Carlos (Llamazares) e Isidro (Delgado) eran terribles, no casaban, no podían estar cerca. Era: o tú o yo. Eran muy líderes. Mientras que los de la pequeña facción de derechas eran más sibilinos, parecía que te daban la razón, pero luego... No les podías echar, ¿por qué razón les ibas a echar? Pero nosotros estábamos preocupados, pensábamos “como tomen estos el poder...”.

Esta crisis del GAL dio lugar a su vez a la aparición de la ARL (Asamblea Regionalista Leonesa), que estaba formada por antiguos miembros de LCR, CAL y AIL. ¿Qué ocurrió durante esa reconfiguración del espacio leonesista? ¿Hubo algo así como una competencia virtuosa entre ambas?

No remábamos mucho en la misma dirección por tema de egos y personalismos. Ellos eran gente que se reuniría en El Húmedo y dirían “nos hemos constituido”, pero no había nada que dijera que se habían constituido. No había unos estatutos, no tenían un lugar, no había nada. Yo nunca vi un local o una manifestación convocada por ellos, en cambio, nosotros éramos un grupo constituido. Lo cual costó mucho tiempo, muchísima energía. Por eso era una competitividad no tan formal. León es como un pueblo, todos hablábamos de los nuevos grupos, pero a la hora de la verdad, ¿dónde estaban? Para mí no llegó a cuajar lo de ellos, lo nuestro sí.

Las exigencias del movimiento obrero, la denuncia de la emigración, el no rotundo a la central nuclear de Valencia de Don Juan, la exigencia de una universidad pública en León... ¿Qué otras reclamaciones sostuvo el GAL durante este periodo?

Creación de industria. Eso lo teníamos clarísimo.

(interviene Isabel) Porque veíamos clarísimamente que todo eso se lo iba a llevar Valladolid, como al final se ha demostrado. Entonces, era un poco tratar de reclamar que quedara en León, que en León hubiera una industria.

(retoma la palabra Pilar) Nuestra máxima aspiración era que en León se creara industria porque además pensábamos que estaba muy bien situada en el cruce de caminos de España, como había ocurrido ya con los maragatos, que fueron el Amazon de la época. Entonces pensábamos, si ya León tiene una tradición de cruce de culturas, de cruce de caminos, ¿por qué no puede ser un lugar de referencia industrial? A nivel logístico, por ejemplo. Eso, y luego también reivindicábamos el tema de la energía eléctrica. La energía eléctrica que se produce en León provincia, los saltos que había y la energía hidráulica que se producía. Creíamos que era uno de los activos que teníamos económicamente. Universidad, todo lo que se suponía que vendría si conseguíamos la autonomía. Pero teníamos claro que si no entrábamos en ese momento estábamos perdidos.

La primera manifestación leonesista propiamente dicha tuvo lugar un mes después, el 18 de marzo de 1978, y tuvo como participantes a escritores como Luis Mateo Díez, Juan Pedro Aparicio o José María Merino y actuaciones musicales de bandas reivindicativas como Hierba del Campo y Panacea. ¿Qué recordáis de ese día?

Que fue maravilloso ese día.

(Isabel) ¡Un subidón! (ríe) Estábamos felices. Pensábamos que con toda esa cantidad de gente que había ido, que a lo mejor, si hubiera algún interlocutor que se hiciera cargo de la cosa, pero ya se vio que no.

¿Y estuvisteis hablando con los escritores, con las bandas?

Sí, formaban parte, digamos, del núcleo. No eran del GAL, pero ellos nos apoyaban mucho. Recuerdo que ellos presentando un libro aprovechaban para hablar del GAL. O sea, ellos estaban muy involucrados, aunque luego no militaban.

(Isabel) La pata cultural del GAL eran ellos.

A medida que la asociación fue creciendo también se fue enfrentando a críticas, cada vez más airadas en algunos casos, provenientes paradójicamente de la izquierda en la que militabais. A menudo se decía que el leonesismo era un movimiento de derechas dominado por elementos burgueses. Esto conllevó dificultades y provocó la salida de Marcelino Elosúa del grupo en junio de 1978, quien había propuesto una reorganización del equipo dirigente. ¿Cuál era la relación con Marcelino Elosúa y qué fue lo que provocó su salida exactamente?

Bueno, porque intentó dar un golpe. O sea, intentó tomar el poder. Esa reunión fue muy tensa y nos apoyó gente joven como Luis (Herrero Rubinat), que estaba muy unido a Carlos (Llamazares) y entonces votamos y ganamos nosotros. Pero esa reunión fue la hostia, te puedes imaginar, haciendo pactos... Pero quedaron otros. La gente por aquel entonces no tenía tanta formación política, veníamos de una dictadura, tú ahora a cualquier muchacho le hablas de izquierda, derecha, o sea, puede colocar a los partidos políticos... Entonces, o estabas muy involucrado cultural y políticamente, como era nuestro caso -políticamente del PCE, leíamos a Simone de Beauvoir y filosofía...- o te movías un poco por bandazos. El Grupo Autonómico Leonés en principio no se había definido políticamente, no tenía una declaración ideológica explícita. Entonces, Elosúa intentó hacer eso, intentó dar una visión ideológica al GAL y la visión ideológica que intentaba dar era evidentemente de derechas porque él venía de una clase social y querría aprovechar aquello para que León prosperara y las empresas de su padre prosperaran también.

En una entrevista publicada en el Diario de León hace unos años, Carlos Llamazares hizo referencia explícita a las amenazas de cárcel que recibió por parte de Rodolfo Martín Villa y a las trabas que sufrió el GAL para proceder con su legalización. ¿Qué ocurrió para que el proceso de normalización fuese tan dificultoso?

Es evidente, no interesaba económicamente ni políticamente que León se separara de Castilla. Eso lo entiende cualquiera. O sea, era una amenaza.

Entonces, ¿por qué se crearon La Rioja, Cantabria, la Comunidad de Madrid, etc.?

(Isabel) Porque a Martín Villa no le interesaba.

(Pilar) Yo creo que tanto La Rioja como Cantabria lucharon diez veces más que nosotros, así de claro. Y aparte de la lucha había partidos políticos, que esto es muy importante, este detalle para mí es esencial, implicados en esa lucha. Nosotros queríamos conseguir que alguno, el que fuera, se manifestara a favor.

Revilla era el presidente de ADIC, que fue como el GAL de Santander.

Sí, pero la gente de Santander luchó. Y aquí la lucha más grande que hubo fue la manifestación.

La manifestación del 78, la manifestación del 80 y la manifestación del 84, cuando ya estaba todo hecho.

Sí, pero ten en cuenta que Botín es de Santander. Estoy segura de que el gran capital que había en Santander probablemente se movió. Yo creo que hubo intereses, pero todas las que consiguieron ir solas tuvieron una lucha importante y hubo partidos políticos que apoyaron esa lucha, fuera socialista o fuera el PP. Alguien dijo: “te apoyamos”. Pero aquí no, otro gallo hubiera cantado si el Partido Socialista dice: “vamos a apoyar esta tesis del GAL y cuando haya elecciones nosotros defendemos esta postura”.

El GAL apareció en verano de 1977 y, sin embargo, no fue legalizado hasta diciembre de 1980, cuando el Ministerio de Interior por fin la inscribió en el Registro de Asociaciones. Otras asociaciones similares, como ADIC (Cantabria) o Ciudadanos Zamoranos, fueron legalizadas mucho tiempo antes. ¿Cuál crees que fue el motivo para que este proceso se alargara tanto?

(Isabel) No sabes tú la cantidad de estatutos que yo presenté en el gobierno civil, que me recibía un impresentable que cada vez que iba me faltaba algo, me sobraba algo, estaba mal esta palabra... Escribí aquellos estatutos 5000 veces. Nos vieron con cierta fuerza, con cierta raigambre entre la población.

(Pilar) Asustaba políticamente. Ciudadanos Zamoranos eran cuatro. Nosotros teníamos mucha fuerza. Y Martín Villa era de León, él lo sabía. Si no coincide que Martín Villa es de León a lo mejor los otros piensan “¿qué está pasando en León?” o “No me entero”, pero él lo controlaba. Él venía a León.

O sea, el hecho de que Martín Villa fuera de León tuvo consecuencias negativas.

Fue lo peor que nos pudo pasar. Fue lo peor.

En 1979 hubo conversaciones para la creación de un Frente Amplio Autonomista que incluyera a agrupaciones como el Partido Socialista Popular (PSP), el Bloque Radical o el propio GAL. ¿Cuál fue el motivo del escaso éxito de esta iniciativa?

Yo creo que el GAL ya estaba medio desmontado.

(Isabel) Estaba en las últimas. Fue el momento en que empezamos a emigrar nosotros, a dispersarnos. Carlos (Llamazares) se fue a Valencia de Don Juan, ella a Barcelona, yo unos años después fui a Barcelona también...

(retoma Pilar) Ya habíamos tenido que dejar el local. Tú imagínate cómo te tienes que sentir emocionalmente, haber ido poquito a poco consiguiendo y de repente ves que pierdes otra vez lo poco que has conseguido y ves que estás en un momento vital que no puedes seguir dedicando tanta energía... Pues acabas desencantado. Y eso fue lo que pasó. Por eso esas negociaciones yo ya ni las recuerdo. Las personas tienen sus trayectorias vitales, personales, y se acaban cruzando. Si eso hubiera prosperado a lo mejor nos hubiéramos dedicado a la política, a lo mejor hubiéramos seguido en el GAL y de ahí hubiéramos pasado a otra cosa, pero si aquello se vuelve a hundir, ves que lo tienes que volver a reflotar, ves que la gente tampoco se mueve tanto y tú tienes que comer, porque no vienes de una familia pudiente, ¿pues qué haces?

¿Qué cabida tiene León en el debate plurinacional que ha tenido lugar en España durante la última década? No parece que vaya a desvanecerse en años venideros.

Si te digo la verdad, como persona exiliada, la gente no tiene ni idea de que existió el GAL, o sea, de que existió una aspiración de León en algún momento ser independiente de Castilla. Nos ven como castellanos, no saben que tenemos identidad propia y cuando hablan conmigo nos ven como una comunidad derechizada. Yo a veces les digo “oye, ¿qué os creéis?, ¿que allí todos somos fachas?”, pero en el imaginario, en el debate, la gente no sabe que León no tenía que estar donde está. Creo que no lo sabe.

Me habéis hablado antes de agrupaciones feministas en aquella época, de que leíais a Simone de Beauvoir... Es recurrente en el leonesismo actual el debate sobre la ausencia de figura femeninas o al menos sobre su falta de visibilidad. ¿Qué podría hacer la militancia para feminizar el movimiento?

Yo creo que investigar un poco qué mujeres ha habido en la cultura leonesa haciendo cosas interesantes, que las habrá, miles, desde artesanas hasta escritoras... Y hacerlas visibles, poniéndoles nombre... Lo que se hace en cualquier movimiento con las mujeres. Cuando la gente que se ha preocupado por ver qué paso, empiezan a salir de debajo de las piedras científicas, escritoras, artistas… No es que no estuvieran, es que se las ignoraba. Se debería dar más importancia al trabajo que han hecho las mujeres, que está ahí.

Es todo. Muchas gracias a las dos.

Hay un detalle importante, que si no lo has oído ya lo vas a oír, yo creo que es un detalle del que no tenemos por qué avergonzarnos, pero dio mucho qué hablar en su momento. A nosotros nos dio un dinero importante para la época un señor que era de derechas (se refiere al presidente de la Diputación entre 1971 y 1979, Emiliano Alonso Sánchez-Lombas).

Carlos Llamazares había llamado a Pedro García Trapiello para que fuera testigo de esa transacción y era presidente de la Diputación de León, ¿verdad?

Yo estaba en la reunión con Carlos (Llamazares) y con Pedro (García Trapiello). Ese señor era presidente de la Diputación, era de derechas... Pero él reconoció verbalmente que no nos pedía nada a cambio de ese dinero, que hiciéramos lo que quisiéramos con el dinero, pero que lo único que quería es que siguiera el movimiento, que él que quería a León y que quería reconocer la labor que hacíamos. Éramos tan inocentes que se corrió la voz, se supo, y la gente no razonaba... La gente pensaba que nos habíamos vendido y fue otro factor que influyó para que nos consideraran de derechas. Ese fue un factor decisivo. Nos lo dio a nivel personal y sin pedir absolutamente nada a cambio. Nada. Y llevamos a Pedro Trapiello, que fue el que corrió la noticia de que nos lo había dado. No recuerdo cuánto era porque era en pesetas, pero en aquella época era mucho dinero, y nos supuso una inyección económica con la que cogimos el local. Fue después de la primera manifestación y él vio que íbamos en serio. Fue así, como no nos pidió nunca nada a cambio, yo nunca me avergoncé.