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    <title><![CDATA[iLeón - Luis Artigue]]></title>
    <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/autores/luis-artigue/]]></link>
    <description><![CDATA[iLeón - Luis Artigue]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['Labia', de Eloy Tizón]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/labia-eloy-tizon_1_13639622.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa0fcf98-bf24-40dd-8dbd-c2f4f071a19d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Labia&#039;, de Eloy Tizón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue reseña "esta obra preciosa" poniendo en valor "la dedicación a la hora de componer en cada intensa y depurada del autor la música secreta de lo narrado" y por la "facultad de contar con una inteligencia verbal capaz de transformar una experiencia trivial en un acontecimiento imaginario"</p></div><p class="article-text">
        Eloy Tiz&oacute;n (Madrid, 1964) ocupa una posici&oacute;n singular entre los narradores espa&ntilde;oles de su generaci&oacute;n, alejado tanto del realismo urbano asociado a la Generaci&oacute;n X como de las f&oacute;rmulas convencionales de la novela de intriga. Su obra, que encontr&oacute; en <a href="https://paginasdeespuma.com/libro/velocidad-de-los-jardines/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Velocidad de los jardines</em></a> un t&iacute;tulo decisivo para la renovaci&oacute;n del cuento espa&ntilde;ol, entiende la prosa como una forma de conocimiento y exploraci&oacute;n de la conciencia. En afinidad con escritores como Andr&eacute;s Ib&aacute;&ntilde;ez, Andr&eacute;s Neuman y la primera Bel&eacute;n Gopegui, aunque con una voz propia, Tiz&oacute;n privilegia la intensidad l&iacute;rica, la autonom&iacute;a musical del lenguaje, la elipsis y el extra&ntilde;amiento. Su narrativa no renuncia a contar historias, pero somete el argumento a las exigencias de una escritura que busca revelar la dimensi&oacute;n secreta de lo cotidiano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese proyecto, <a href="https://www.galaxiagutenberg.com/producto/labia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Labia</em></a> (Editorial Galaxia Gutemberg) representa una temprana y significativa incursi&oacute;n en la novela l&iacute;rica: una reivindicaci&oacute;n de la imaginaci&oacute;n como principio constructivo y de la palabra como instrumento para devolver al mundo su misterio.
    </p><p class="article-text">
        En efecto en <em>Labia</em>, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Eloy_Tiz%C3%B3n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eloy Tiz&oacute;n </a>construye una novela l&iacute;rica (por decirlo con un t&eacute;rmino del viejo maestro de nuestra cr&iacute;tica literaria <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Gull%C3%B3n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Ricardo Gull&oacute;n</strong></a>) en la que el aprendizaje art&iacute;stico de un muchacho se convierte en una exploraci&oacute;n de los poderes de la imaginaci&oacute;n. Organizada en cuatro movimientos &mdash;'Ejercicios de l&iacute;nea, 'Naturaleza muerta', 'Apuntes del natural' y 'Artes gr&aacute;ficas'&mdash;, la obra sustituye la progresi&oacute;n argumental convencional por una constelaci&oacute;n de episodios, personajes y motivos que se reclaman entre s&iacute; seg&uacute;n una l&oacute;gica m&aacute;s musical que narrativa. La papeler&iacute;a de las tres hermanas, la leyenda medieval de Carlomagno y la princesa M&aacute;rmara, las extravagantes lecciones del profesor Linaza y las peripecias parisinas del escultor Montesinos configuran un universo donde lo cotidiano se impregna de extra&ntilde;eza y la an&eacute;cdota parece esconder siempre una segunda vida. El Madrid de los a&ntilde;os setenta no funciona &uacute;nicamente como escenario hist&oacute;rico, sino como territorio de iniciaci&oacute;n sentimental, poblado de figuras exc&eacute;ntricas y situaciones que desestabilizan las fronteras entre realidad y fantas&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Novela l&iacute;rica con intensidad verbal</strong>
    </p><p class="article-text">
        La novela se inscribe as&iacute; en la tradici&oacute;n de la novela l&iacute;rica que ya decimos que Ricardo Gull&oacute;n estudi&oacute; como una modalidad narrativa en la que la subjetividad, la atm&oacute;sfera y la intensidad verbal adquieren mayor importancia que la causalidad de los acontecimientos. As&iacute;, en <em>Labia</em>, las historias no avanzan necesariamente hacia una resoluci&oacute;n: se expanden, se interrumpen, se reflejan unas en otras, como si cada personaje fuese una puerta abierta a otra dimensi&oacute;n de la experiencia. El aprendizaje del protagonista consiste, sobre todo, en descubrir que mirar es una forma de interpretar y que detr&aacute;s de los objetos m&aacute;s humildes puede latir una mitolog&iacute;a privada. La papeler&iacute;a, el aula de dibujo o el taller del escultor dejan de ser simples espacios reconocibles para convertirse en escenarios de una educaci&oacute;n de la sensibilidad.
    </p><p class="article-text">
        El parentesco de Eloy Tiz&oacute;n con <strong>Proust</strong> se advierte en esa capacidad de transfigurar la experiencia mediante la memoria y de conceder a los detalles una potencia reveladora que excede su funci&oacute;n anecd&oacute;tica. La afinidad con <strong>Djuna Barnes</strong>, por su parte, reside en la inclinaci&oacute;n hacia los personajes exc&eacute;ntricos, las atm&oacute;sferas oblicuas y una percepci&oacute;n del mundo en la que lo grotesco y lo po&eacute;tico conviven sin contradicci&oacute;n. Pero Tiz&oacute;n no se limita a reproducir esas genealog&iacute;as: las reactualiza mediante el humor absurdo, la discontinuidad narrativa y una imaginaci&oacute;n de ra&iacute;z simbolista que convierte la digresi&oacute;n en principio constructivo. Su prosa, trabajada hasta alcanzar una deliberada autonom&iacute;a musical, no se limita a embellecer lo contado; establece asociaciones, produce significados y genera la propia materia de la narraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dimensi&oacute;n program&aacute;tica</strong>
    </p><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo adquiere pues una dimensi&oacute;n program&aacute;tica. <em>Labia </em>remite a la facultad de contar, a la seducci&oacute;n de la palabra y a esa inteligencia verbal capaz de transformar una experiencia trivial en un acontecimiento imaginario. La literatura aparece como una forma de conocimiento que no explica el mundo mediante conceptos, sino que lo ilumina por aproximaciones, correspondencias y hallazgos expresivos. En una &eacute;poca que suele exigir a la novela velocidad argumental y transparencia comunicativa, Tiz&oacute;n reivindica el rodeo, la digresi&oacute;n y el placer de una escritura que encuentra su sentido en el propio acto de narrar.
    </p><p class="article-text">
        El m&eacute;rito primordial de <em>Labia</em> reside en haber convertido esa apuesta formal en una experiencia narrativa reconocible; no en un mero ejercicio de estilo. La recurrencia de los motivos art&iacute;sticos &ndash;el dibujo, la pintura, la escultura y la escritura&ndash; dota de cohesi&oacute;n a una estructura deliberadamente dispersa, mientras que el humor evita que la exuberancia imaginativa desemboque siempre en solemnidad. Sin embargo, esa misma libertad entra&ntilde;a un riesgo: algunos episodios parecen agotarse en su ingenio verbal y no todas las digresiones alcanzan id&eacute;ntica intensidad; por momentos, la seducci&oacute;n de la frase amenaza con desplazar la consistencia emocional de los personajes. Es la tensi&oacute;n caracter&iacute;stica de la novela l&iacute;rica: cuando la palabra lo absorbe todo, la narraci&oacute;n puede perder parte de su resistencia dram&aacute;tica. Pero <a href="https://x.com/eloytizon" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tiz&oacute;n </a>demuestra ser un maestro de narradores en la medida en que encuentra en esa frontera su terreno m&aacute;s f&eacute;rtil. <em>Labia</em> no es pues tanto una novela de acontecimientos como una novela de percepciones, y su verdadera unidad no procede de la intriga, sino de una sensibilidad capaz de descubrir correspondencias entre lo dispar. Su gran logro consiste en recordarnos que la ficci&oacute;n tambi&eacute;n puede avanzar por iluminaci&oacute;n, ritmo y extra&ntilde;amiento; que contar no siempre significa ordenar el mundo, sino devolverle el misterio que la costumbre le ha arrebatado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/labia-eloy-tizon_1_13639622.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Nov 2026 17:30:43 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gente que infunde fe]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/gente-infunde-fe_129_13631126.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02e87da1-116a-4f96-85f0-4acf01cefe53_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x562y241.jpg" width="1200" height="675" alt="Gente que infunde fe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue describe con dolor cómo se siente ante el terrible accidente de la alta velocidad en Urda. Recuerda la frase de Cernuda de ser "español, a menudo sin ganas", pero responde que "hay veces que es justo al revés" al comentar la siempre dispuesta solidaridad de los ciudadanos ante los desastres de tal magnitud</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Soy espa&ntilde;ol, a menudo sin ganas&rdquo;, escribi&oacute; <strong>Luis Cernuda</strong> en el exilio pero &eacute;sta es otra Espa&ntilde;a y hay veces en que es justo al rev&eacute;s&hellip;
    </p><p class="article-text">
        En verdad hay golpes en la vida tan duros, yo no s&eacute;, dice un poema de <strong>C&eacute;sar Vallejo</strong> digno de ser grabado en piedra; hay tragedias que desgarran la carne y otras que, adem&aacute;s, nos desgarran el alma. Por ejemplo el accidente de los trenes en <strong>Urda</strong> que ha dejado muerte, desolaci&oacute;n y ese silencio espantoso que queda cuando la vida se rompe de golpe como una vidriera de <strong>Luis Garc&iacute;a Zurdo</strong> tras una mala pedrada. Detr&aacute;s de cada v&iacute;ctima hay un universo extinguido, una silla vac&iacute;a, un poema roto, un abrazo que ya no llegar&aacute; y un <strong>&Oacute;scar Puente</strong> que no dimitir&aacute;. Y uno recuerda inevotablemente a <strong>Unamuno </strong>(s&iacute;, he escrito a prop&oacute;sito inevotablemente), cuando escribi&oacute;: &ldquo;Me duele Espa&ntilde;a&rdquo;. Porque hay d&iacute;as en que Espa&ntilde;a no se piensa: se padece.
    </p><p class="article-text">
        Pero en mitad de tanta oscuridad ha sucedido algo hermoso: ha aparecido la gente. La gente corriente. Los espa&ntilde;oles de a pie, esos h&eacute;roes sin biograf&iacute;a ni monumento ni cargo p&uacute;blico vistoso y lustroso que, cuando alguien sufre, abandonan lo suyo y acuden a socorrernos. Con sus manos, sus coches, sus mantas, sus alimentos, su casa parroquial y su coraz&oacute;n. Sin preguntar qui&eacute;n eres, de d&oacute;nde vienes ni qu&eacute; piensas. Como si hubieran comprendido mejor que cualquier enciclopedia aquella ense&ntilde;anza del primer nombre de la Historia de la Filosof&iacute;a Espa&ntilde;ola, el estoico <strong>S&eacute;neca</strong>: &ldquo;El hombre es algo sagrado para el hombre&rdquo;.
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                Imagen de los pasajeros del accidente de alta velocidad en Urda ayudando a otros.                            </span>
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        Y uno siente entonces que todav&iacute;a hay esperanza. Que Espa&ntilde;a no est&aacute; perdida mientras haya personas capaces de abrir su casa y compartir el sufrimiento de un desconocido. Mientras haya gente que corra hacia la desgracia en lugar de apartar la mirada, no habremos perdido el tren de la &eacute;tica y la humanidad. Es en efecto esto la fraternidad de la que habl&oacute; <strong>Antonio Machado</strong>, ese hombre bueno que sab&iacute;a que &ldquo;en cuestiones de cultura y de saber, s&oacute;lo se pierde lo que se guarda; s&oacute;lo se gana lo que se da&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estos espa&ntilde;oles an&oacute;nimos, valientes y solidarios, visto aqueda una vez m&aacute;s, est&aacute;n muy por encima de sus pol&iacute;ticos. No necesitan tribunas, esl&oacute;ganes ni disputas para demostrar su grandeza en la adversidad. La llevan dentro. All&iacute; donde otros levantan trincheras, ellos tienden puentes; donde otros administran palabras, ellos entregan sus manos. Quiz&aacute; porque conocen, sin haber le&iacute;do a <strong>Santo Tom&aacute;s de Aquino</strong>, que la caridad es mucho m&aacute;s que una virtud: es poner el amor en movimiento.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Lecci&oacute;n de dignidad</strong></h2><p class="article-text">
        Qu&eacute; lecci&oacute;n de dignidad. Qu&eacute; manera tan conmovedora de ser espa&ntilde;oles. Qu&eacute; verdad tan luminosa la de qye en los momentos cruciales se act&uacute;a sin ning&uacute;n condicionamiento y sale entonces lo que hay de verdad dentro de las personas. &iexcl;Y s&iacute;, en Espa&ntilde;a abunda el buen aunque el mal sea m&aacute;s vistoso!
    </p><p class="article-text">
        A las v&iacute;ctimas (<a href="https://ileon.eldiario.es/actualidad/buscan-desaparecida-accidente-ferroviario-urda-joven-cientifica-leonesa-marta-shahbazi_1_13628132.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entre ellas dos leonesas insignes</a>), nuestro dolor. A sus familias, nuestro abrazo m&aacute;s hondo. Y a quienes acudieron a ayudar, nuestra gratitud infinita.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando el hierro se retuerce, cuando la muerte oscurece el d&iacute;a y parece que ya no queda nada en lo que creer, siempre aparece alguien que se acerca, te tiende la mano en la que porta su coraz&oacute;n como si fuera un garbanzo que late, y te ayuda con un amor que casi vale tanto como la pericia, y te devuelve la fe en el ser humano.
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                    alt="Las científicas Marta Shahbazi (izda) y Tamara González Costa (dcha), fallecidas en el accidente ferroviario de Urda."
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            <span class="title">
                Las científicas Marta Shahbazi (izda) y Tamara González Costa (dcha), fallecidas en el accidente ferroviario de Urda.                            </span>
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        Es entonces cuando comprendemos que la patria m&aacute;s hermosa no es la que se pronuncia en los discursos de atril electoral, sino la que se ejerce en los momentos dif&iacute;ciles.
    </p><p class="article-text">
        Esa gente que se da cuando hace falta son la mejor Espa&ntilde;a; son la sal de la tierra. La Espa&ntilde;a que no decepciona. La que no tiene partido ni precio ni quiere tener raz&oacute;n sino remar en comunidad y con verdad. La Espa&ntilde;a de la fraternidad y la decencia. La Espa&ntilde;a que, incluso en medio de la tragedia, nos reconcilia con la vida como una luna menguante que, en medio de la tormenta, bien parece una sonrisa que ilumina, aunque sea un poco, otra vez nuestra vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/gente-infunde-fe_129_13631126.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Nov 2026 10:30:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gente que infunde fe]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sucesos,Ferrocarriles,Trenes,Sociología,Psicología,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Frenesí', de J.C. Oates]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/frenesi-de-joyce-carol-oates-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13627147.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/597af51c-a488-4615-988a-2fa2dbc23d7f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1456y378.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Frenesí&#039;, de J.C. Oates"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue reseña lo último de la gran dama norteamericana del realismo inquietante, "una colección de largos relatos de suspense psicológico donde el espanto no llega de la oscuridad: nace a plena luz, en la familia, el deseo, los celos o la memoria"</p></div><p class="article-text">
        &iquest;<strong>Joyce Carol Oates </strong>pone<strong> </strong>la realidad bajo sospecha? 
    </p><p class="article-text">
        Hay escritores que necesitan convocar fantasmas para inquietarnos; a la gran dama norteamericana del realismo inquietante <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Joyce_Carol_Oates" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">J.C. Oates</a> (Lockport, Nueva York, 1938) le basta con abrir la puerta de una casa. En <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/634623-libro-frenesi-9791388364235" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Frenes&iacute;</em></a> (Alfaguara), colecci&oacute;n de largos relatos de suspense psicol&oacute;gico (alguno es casi una <em>nouvelle</em> como por ejemplo el titulado <em>Las secuoyas </em>o el titulado <em>Pesca nocturna en Antibes</em>), la escritora estadounidense explora ese instante, a menudo imperceptible, en que una existencia se desv&iacute;a y ya no encuentra el camino de regreso. Una mala elecci&oacute;n, un encuentro desafortunado o un accidente aparentemente trivial pueden inaugurar una pesadilla de larga duraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los argumentos de estos cuentos dibujan una cartograf&iacute;a de la vulnerabilidad humana. Una joven decide vengarse de un amante muchos a&ntilde;os mayor, en una relaci&oacute;n marcada por la desigualdad afectiva; un accidente de bicicleta proyecta su sombra sobre una familia durante d&eacute;cadas, prolongando sus consecuencias mucho m&aacute;s all&aacute; del suceso inicial; una ni&ntilde;a, celosa de su prima aparentemente perfecta, descubre que las apariencias pueden ocultar una realidad muy distinta; una viuda aguarda en su casa rural el regreso de su marido fallecido. Son situaciones de partida que Oates transforma en exploraciones de la envidia, el resentimiento, la culpa y la persistencia del duelo. El horror no necesita manifestarse como una irrupci&oacute;n extraordinaria: le basta con que la vida cotidiana revele, de pronto, su reverso.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es donde cabe proponer una lectura que va m&aacute;s all&aacute; de la habitual consideraci&oacute;n de Oates como maestra del suspense psicol&oacute;gico. <strong>Oates es una especie de Alfred Hitchcock de la literatura, pero con una diferencia decisiva: mientras el cineasta convierte la amenaza en una maquinaria narrativa que atrapa al espectador, ella hace de esa amenaza un instrumento de conocimiento de la conciencia.</strong> No se limita a preguntarnos qu&eacute; va a suceder, sino que nos obliga a examinar el tejido de decisiones, deseos y autoenga&ntilde;os que vuelve posible lo sucedido. El suspense deja de ser un simple mecanismo de expectaci&oacute;n y se convierte en una forma de indagaci&oacute;n moral.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n podr&iacute;a decirse que Oates es la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Mariana_Enriquez" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Mariana Enr&iacute;quez</strong></a> realista de nuestro tiempo, siempre que no se entienda la f&oacute;rmula como una equiparaci&oacute;n entre dos po&eacute;ticas. Enr&iacute;quez suele hacer que los fantasmas, las deformaciones corporales y las presencias sobrenaturales expresen las heridas hist&oacute;ricas y sociales de nuestro mundo; Oates prescinde de esa mediaci&oacute;n y busca la perturbaci&oacute;n en los comportamientos ordinarios, en la intimidad familiar y en los v&iacute;nculos donde el afecto puede confundirse con la dominaci&oacute;n. <strong>Si Enr&iacute;quez necesita a veces que la realidad se vuelva espectral para mostrar su violencia, Oates demuestra que esa transformaci&oacute;n quiz&aacute; sea innecesaria: la realidad ya contiene todo el espanto que necesitamos.</strong> Sus fantasmas son los vivos; sus casas encantadas, las conciencias; sus maldiciones, las consecuencias de actos que nadie supo medir.
    </p><p class="article-text">
        Esta es, a mi juicio, la aportaci&oacute;n m&aacute;s inquietante de <em>Frenes&iacute;: </em>la sospecha de que lo monstruoso no constituye una excepci&oacute;n que podamos aislar, sino una posibilidad inscrita en la propia normalidad. Los personajes no llegan al desastre desde un territorio ajeno a la experiencia com&uacute;n; avanzan hacia &eacute;l a trav&eacute;s de sentimientos reconocibles, agravios comprensibles y decisiones que, consideradas por separado, podr&iacute;an parecer insignificantes. Oates trabaja precisamente en ese intervalo entre lo comprensible y lo imperdonable, all&iacute; donde entender las motivaciones de alguien no significa absolverlo. La literatura se convierte as&iacute; en un laboratorio de la ambig&uuml;edad moral, sin jueces omniscientes ni explicaciones que restituyan la tranquilidad.
    </p><p class="article-text">
        Cabe se&ntilde;alar, no obstante, que la extraordinaria fecundidad de Oates tiene un reverso: su insistencia en determinados mecanismos de perturbaci&oacute;n puede producir cierta reiteraci&oacute;n, y no todos sus relatos alcanzan la misma densidad psicol&oacute;gica. Pero incluso esa reserva permite precisar d&oacute;nde reside su verdadera importancia. No en la acumulaci&oacute;n de desenlaces truculentos ni en la facilidad para provocar inquietud, sino en su capacidad para hacer que desconfiemos de las explicaciones demasiado c&oacute;modas con las que ordenamos la conducta humana.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Frenes&iacute;</em>, el espanto no llega de la oscuridad: nace a plena luz, en la familia, el deseo, los celos o la memoria. Y esa es la paradoja que hace de Oates una escritora tan perturbadora: cuanto m&aacute;s reconocibles resultan sus historias, menos podemos considerarlas ajenas. <strong>Hitchcock</strong> nos ense&ntilde;&oacute; a temer lo que acecha detr&aacute;s de una puerta; Oates nos invita a preguntarnos qui&eacute;n podr&iacute;a abrirla desde dentro. Y, frente a los fantasmas de <strong>Mariana Enr&iacute;quez</strong>, nos deja una sospecha quiz&aacute; m&aacute;s dif&iacute;cil de conjurar: que no hace falta que los muertos regresen para que el mundo de los vivos se convierta en una casa encantada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/frenesi-de-joyce-carol-oates-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13627147.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Oct 2026 17:30:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Frenesí', de J.C. Oates]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Internacional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Platón, o lo que he aprendido esta semana en mis clases de Filosofía (gracias profesor Juan Rosales)]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/lo-que-he-aprendido-de-platon-esta-semana-clases-filosofia-gracias-al-profesor-juan-rosales-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13614853.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1e79d13-9cc6-4438-a88d-98bb7472482c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1550y284.jpg" width="1200" height="675" alt="Platón, o lo que he aprendido esta semana en mis clases de Filosofía (gracias profesor Juan Rosales)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue, el Bibliópata, describe desde León el mundo con tono culto, desenfadado y fantástico, y esta vez trata de hacer pasar un buen rato a los lectores con este inclasificable artículo sobre el arte de pensar</p></div><p class="article-text">
        La Filosof&iacute;a no es una disciplina que se ejerza desde la distancia, sino una tecnolog&iacute;a de intervenci&oacute;n en el conocimiento desde el conocimiento. De hecho es una pr&aacute;ctica de insurrecci&oacute;n contra las ficciones que organizan nuestra percepci&oacute;n de lo real... 
    </p><p class="article-text">
        Me refiero a que estaba esta semana yo disfrutando como un gorrino en un patatal con las clases de Historia de la Filosof&iacute;a Antigua (las cuales imparte un profesor que bien parece el caballero de la triste figura en versi&oacute;n venezolano exiliado), cuando, f&iacute;jate t&uacute;, de pronto me di cuenta de que se hab&iacute;a acabado hace rato la clase del venezolano de rostro graso, rigor pedag&oacute;gico, erudici&oacute;n avezada y sofisticados modos de quien en el aula desentierra los pensadores con una pala de pescado en la mano&hellip; S&iacute;, se hab&iacute;a acabado esa clase y hab&iacute;a y empezado una clase de lat&iacute;n cl&aacute;sico m&aacute;s aburrida que la m&uacute;sica del telediario.&nbsp;&iexcl;Y por eso entonces me dio por pensar!&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Concretamente me dio por pensar en <strong>Plat&oacute;n</strong> (mi fil&oacute;sofo favorito debido a que, cuando yo era ni&ntilde;o, en mi pueblito de <strong>Villalobar</strong> hab&iacute;a un molinero de buen vino y barriga desbordacintos; un hombre que siempre parec&iacute;a llevar tatuado en las mejillas el mapa de <strong>Logro&ntilde;o</strong>; pero que era muy salado y tambi&eacute;n se llama as&iacute;, <strong>Plat&oacute;n</strong>).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En especial me dio por pensar en que, para Plat&oacute;n &ndash;el fil&oacute;sofo griego, no el molinero de mi pueblo&mdash;, lo que tomamos por realidad no es sino una copia imperfecta de la verdadera realidad, que es la realidad sita en el Mundo de las Ideas.
    </p><p class="article-text">
        De hecho seg&uacute;n Plat&oacute;n cuando algo nos conmueve en el arte, en la gastronom&iacute;a, en la vida, es porque nos evoca a otro algo de aquel mundo, el Mundo de las Ideas, donde hemos vivido anteriormente y del que hemos sido deportados como en su b&iacute;blico d&iacute;a fuimos expulsados del Para&iacute;so Terrenal (nos echan de todas partes), y tenemos por eso que conformarnos con su evocaci&oacute;n&hellip; Es decir, con el recuerdo vago, vaporoso (todo porque nuestra percepci&oacute;n solo puede aproximarse a la realidad y a las cosas de modo imperfecto, as&iacute;, sin poder aprehender la perfecci&oacute;n que todo tiene all&aacute;, en el id&iacute;lico Mundo de las Ideas).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tomando por cierto lo que dice Plat&oacute;n &ndash;el fil&oacute;sofo griego, no el molinero de mi pueblo&mdash;, yo, cuando me aburro en clase de lat&iacute;n, y entro en trance&nbsp;interno disimulado, y dejo volar mi pensamiento arborescente como dando la raz&oacute;n a mi familia, que ya dice mi hija <strong>Lorca</strong> que a pap&aacute; se le va la olla, lo que pasa es que mi alma insatisfecha se pira a darse un garbeo por el Mundo de las Ideas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Desprenderse uno de su cuerpo</strong>
    </p><p class="article-text">
        En pleno viaje astral disimulado en clase de lat&iacute;n el otro d&iacute;a record&eacute; de pronto que en las clases de Historia de la Filosof&iacute;a Antigua hemos empezado por Plat&oacute;n (que cree que tenemos alma y cuerpo, y que aprender es recordar, y que tarde o temprano el alma&nbsp;va por su lado y el cuerpo por el suyo).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo estoy aburrido en clase de lat&iacute;n ser&aacute; que el alma se me est&aacute; desprendiendo un rato del cuerpo? &iexcl;Menudo sin vivir!
    </p><p class="article-text">
        En efecto, a veces, cuando se me va la olla, siento que estoy embarcado en una suerte de viaje astral epist&eacute;mico. De hecho creo que vivo en el Mundo de las Ideas, y el resto de compa&ntilde;eros de mi clase en el mundo de la realidad <em>'real'</em> y tangible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto si las clases de lat&iacute;n en realidad ser&aacute;n como son, o, en su defecto, como yo las veo entre ecos y sombras de caverna (en mis enso&ntilde;aciones esas clases a veces las da <strong>Cicer&oacute;n</strong> y en otras ocasiones <strong>San Jer&oacute;nimo</strong> ayud&aacute;ndome a traducir <strong>La Vulgata </strong>sin diccionario)...
    </p><p class="article-text">
        Oh, en cuanto salga de clase de Lat&iacute;n o de Historia de la Filosof&iacute;a Antigua (no s&eacute; en cual estoy ahora mismo) pienso llamar a mi psicoanalista para que me programe una sesi&oacute;n de emergencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En fin.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/lo-que-he-aprendido-de-platon-esta-semana-clases-filosofia-gracias-al-profesor-juan-rosales-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13614853.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Oct 2026 10:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Platón, o lo que he aprendido esta semana en mis clases de Filosofía (gracias profesor Juan Rosales)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Psicología,Formación,León]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El anillo de Eloísa', de Marta Robles]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/el-anillo-eloisa-de-marta-robles-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13605782.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d8fd8c4-ce02-45c9-b1b5-a04c9d256bc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x888y219.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El anillo de Eloísa&#039;, de Marta Robles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue se centra en lo último de una de las grandes damas (tan apegada a León) de la narrativa contemporánea, Marta Robles, con la obra que acaba de ganar el Premio Ateneo de Sevilla "en la fértil encrucijada donde convergen la saga genealógica de matriz hispanoamericana y la novela de memoria sociohistórica española del siglo XX"</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Esta novela trata sobre un anillo que es una reliquia laica &uacute;til para medir el tiempo de verdad?
    </p><p class="article-text">
        Es de justicia reconocer la versatilidad narrativa de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Marta_Robles" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Marta Robles</strong></a>. Acostumbrados a su solvencia en las lides de la novela negra &ndash;donde ha demostrado con creces un dominio notable del pulso dram&aacute;tico y de los mecanismos del thriller contempor&aacute;neo&ndash;, y a sus oportunas incursiones ensay&iacute;sticas sobre la fenomenolog&iacute;a del amor en la historia o la psicolog&iacute;a afectiva, la autora madrile&ntilde;a vuelve a descolgarse de los moldes gen&eacute;ricos para adentrarse en los dominios de la ficci&oacute;n de amplio aliento. Lo hace con <a href="https://editorialalmuzara.com/libro/el-anillo-de-eloisa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El anillo de Elo&iacute;sa</em></a>, una propuesta de hondo calado que la sit&uacute;a, sin complejos ni artificios, en la estela de esa estirpe narrativa hispanoamericana que conecta directamente con la <strong>Isabel Allende</strong> de <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/35403-libro-la-casa-de-los-espiritus-9788483462034" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La casa de los esp&iacute;ritus</em></a>, el universo arom&aacute;tico de <strong>Laura Esquivel</strong> en <em>Como agua para chocolate</em> o el retablo m&iacute;tico de <strong>Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez</strong> en <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/35974-libro-cien-anos-de-soledad-9788497592208" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Cien a&ntilde;os de soledad</em></a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La arquitectura de la novela sostiene su compleja trama geneal&oacute;gica a trav&eacute;s de un recurso tan cl&aacute;sico como eficaz: un objeto vertebrador que funciona como una aut&eacute;ntica reliquia laica (el uso de un objeto f&iacute;sico con carga simb&oacute;lica y afectiva que funciona como una reliquia laica &ndash;un fetiche narrativo que sustituye lo sagrado por la memoria, la identidad o el trauma&ndash; es un recurso estil&iacute;stico brillante para estructurar el tiempo y conectar a distintas generaciones, como bien nos demostraron los objetos cargados de memoria frente al horror de la Sho&aacute; en <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-comprador-de-aniversarios/13251" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El comprador de aniversarios</em></a><em> </em>de <strong>Adolfo Garc&iacute;a Ortega</strong>, y el diario personal que vehicula la rteama de <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/compactos/el-diario-de-edith/9788433935618/CM_660" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El diario de Edith</em></a>, de <strong>Patricia Highsmith</strong>).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este anillo, lejos de constituir un mero pretexto argumental, opera como un amuleto terrenal que atraviesa las d&eacute;cadas cargado de secretos, pasiones soterradas y memorias heredadas, logrando engarzar los avatares de varias generaciones mientras act&uacute;a como espejo del irremediable paso del tiempo. Sin embargo, lo m&aacute;s estimable del libro no estriba &uacute;nicamente en su ambientaci&oacute;n o en la solidez de su &aacute;rbol geneal&oacute;gico, sino en la acertada modulaci&oacute;n del tono. Robles esquiva con maestr&iacute;a la gravedad grandilocuente que suele aquejar a este tipo de sagas mediante un sabio y equilibrado contrapunto entre el humor y la sensibilidad. La hondura emocional con la que est&aacute;n trazados los personajes femeninos se ve constantemente oxigenada por un soterrado e inteligente sentido de la iron&iacute;a, evitando el peligro del melodrama costumbrista y dotando al relato de una frescura y un ritmo envidiables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho <strong>Marta Robles</strong> teje con maestr&iacute;a una trama intergeneracional que recorre m&aacute;s de un siglo de la historia de Espa&ntilde;a &ndash;transitando h&aacute;bilmente desde la antesala de la Guerra Civil, pasando por las estrecheces del franquismo, los vertiginosos cambios de la Transici&oacute;n y el 23-F, hasta los a&ntilde;os noventa y los albores de la &eacute;poca contempor&aacute;nea&ndash; a trav&eacute;s del espacio geogr&aacute;fico y emocional en el que se cruzan cuatro generaciones de mujeres de una misma estirpe que comparten no solo las mismas cargas, sino un id&eacute;ntico nombre de pila: Elo&iacute;sa. El argumento gravita en torno al secreto familiar y al destino tr&aacute;gico o silenciado de estas matriarcas e hijas, cuyos dilemas morales, renuncias y pasiones son desvelados paulatinamente a medida que el objeto titular &ndash;esa joya convertida en aut&eacute;ntica reliquia laica y veh&iacute;culo de la memoria compartida&ndash; pasa de mano en mano advirtiendo que determinadas verdades solo pueden revelarse cuando el tiempo madura. El trazado de las cuatro Elo&iacute;sas conforma un deslumbrante retrato social sobre la identidad, las convicciones impuestas y los abusos de poder, donde la voz narrativa demuestra haber aprehendido las constantes de la gran saga familiar para proyectar sobre un tiempo hist&oacute;rico complejo la peripecia &iacute;ntima de unas figuras inolvidables, combinando la precisi&oacute;n anal&iacute;tica de la intriga con una calidez humana de hondo calado dram&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que el deslumbrante elenco de personajes de esta novela tiene su verdadero coraz&oacute;n en la formidable estirpe de sus personajes femeninos, articulada a trav&eacute;s de cuatro generaciones de mujeres que comparten no solo el mismo nombre de pila, sino una compleja herencia de pasiones, renuncias y resiliencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde la matriarca primigenia &ndash;garante del secreto y custodia de las estrictas convicciones del honor tradicional&ndash; hasta las Elo&iacute;sas intermedias y la m&aacute;s joven de la saga, la trama ofrece una radiograf&iacute;a fascinante de la evoluci&oacute;n sociol&oacute;gica de la mujer en la Espa&ntilde;a del &uacute;ltimo siglo, donde cada una de ellas debe batirse entre la dictadura de las apariencias y la b&uacute;squeda de su propia identidad. Destacan de forma soberbia figuras como la ind&oacute;mita Carolina, encarnaci&oacute;n de la rebeld&iacute;a visceral frente a los mandatos patriarcales, cuya voz y destino desaf&iacute;an las ataduras de clase y conveniencia; mientras que los personajes masculinos &ndash;desde el patriarca autoritario hasta los amantes que suscitan la discordia&ndash; act&uacute;an como el contrapunto perfecto sobre el que se proyectan los abusos de poder y los dilemas morales de cada &eacute;poca. En este tejido humano de hondura psicol&oacute;gica y sutil matiz ir&oacute;nico, Marta Robles demuestra que el verdadero valor de la joya transmitida no reside en su materia, sino en la memoria compartida y en la dignidad inquebrantable con la que sus hero&iacute;nas logran tomar las riendas de su propia historia.
    </p><p class="article-text">
        Desde el rigor del an&aacute;lisis cr&iacute;tico y la teor&iacute;a de la literatura contempor&aacute;nea, <em>El anillo de Elo&iacute;sa </em>se sit&uacute;a exactamente en la f&eacute;rtil encrucijada donde convergen la saga geneal&oacute;gica de matriz hispanoamericana y la novela de memoria sociohist&oacute;rica espa&ntilde;ola del siglo XX (donde se inscribe junto a <a href="https://www.catedra.com/libro/letras-hispanicas/la-forja-de-un-rebelde-arturo-barea-9788437640518/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La forja de un rebelde</em></a> de <strong>Arturo Barea</strong>,&nbsp;<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-requiem-por-un-campesino-espanol/1125" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>R&eacute;quiem por un campesino</em></a><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-requiem-por-un-campesino-espanol/1125" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-requiem-por-un-campesino-espanol/1125" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>espa&ntilde;ol </em></a>de <strong>Ram&oacute;n J. Sender</strong>, Cielos de barro de Dulce Chac&oacute;n y <a href="https://www.casadellibro.com/libro-el-tiempo-de-las-lluvias/9788493005825/674195" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El tiempo de las lluvias</em></a><em> </em>de <strong>Mar&iacute;a Fernanda Santiago Bola&ntilde;os</strong>, etc). En el esquema general de las corrientes narrativas actuales, la obra se incardina dentro del renovado panorama de la ficci&oacute;n familiar del siglo XXI, dialogando de manera expl&iacute;cita, como ya hemos dicho, con el realismo m&aacute;gico y la estirpe torrencial de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez en <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, la frondosidad g&oacute;tica y repleta de sensibilidad de Isabel Allende en <em>La casa de los esp&iacute;ritus</em>, y el universo de pasiones sensoriales cotidianas acu&ntilde;ado por Laura Esquivel en <em>Como agua para chocolate</em>. Asimismo, la novela se nutre del aliento sat&iacute;rico y la libertad expresiva de <strong>Alfredo Bryce Echenique</strong> en <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/la-vida-exagerada-de-martin-romana/9788433909947/NH_184" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La vida exagerada de Mart&iacute;n Roma&ntilde;a</em></a>, de donde Robles extrae un sentido del humor impregnado de ternura e iron&iacute;a para desmitificar la gravedad tr&aacute;gica del melodrama tradicional.
    </p><p class="article-text">
        Pero formalmente, la obra opera mediante la t&eacute;cnica de la focalizaci&oacute;n m&uacute;ltiple e intergeneracional sostenida por un motivo estructurante &ndash;el anillo como fetiche&ndash;, un recurso de filiaci&oacute;n simenoniana y emparentado con la tradici&oacute;n del <em>objet trouv&eacute;</em> que cohesiona el tiempo hist&oacute;rico transcurrido desde la Guerra Civil hasta la democracia contempor&aacute;nea. En el marco de la trayectoria de Marta Robles, el libro marca una s&iacute;ntesis madura y singular: la autora asimila de forma transversal los mecanismos procedimentales y el pulso del suspense labrados en su narrativa negra &ndash;<a href="https://escaparateliterario.com/serie-detective-roures-marta-robles/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en la saga del detective </a><a href="https://escaparateliterario.com/serie-detective-roures-marta-robles/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Tony Roures</strong></a> (<em>A menos de cinco cent&iacute;metros</em>, <em>La mala suerte</em>, <em>Amada Carlota</em>)&ndash; y la lucidez sociol&oacute;gica de sus ensayos sobre la fenomenolog&iacute;a del amor y la historia (<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-pasiones-carnales/318618" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Pasiones carnales</em></a> y tambi&eacute;n <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-lo-que-la-primavera-hace-con-los-cerezos/357137" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Lo que la primavera hace con los cerezos</em></a><em>).</em> De este modo, <em>El anillo de Elo&iacute;sa</em> queda cr&iacute;ticamente posicionada en el canon reciente como una pieza fundamental de <strong>la Saga de la Memoria Femenina</strong>, capaz de hermanar el rigor del testimonio hist&oacute;rico con la calidez y la ligereza del mejor contrapunto c&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, estamos ante una obra equilibrada y madura que confirma la capacidad de Marta Robles para mudar de piel literaria sin perder un &aacute;pice de rigor ni de encanto narrativo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/el-anillo-eloisa-de-marta-robles-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13605782.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Oct 2026 16:30:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['El anillo de Eloísa', de Marta Robles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,España,Mujeres Sobresalientes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Puerta del Sol o la vivienda con sol y con vistas]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/puerta-vivienda-sol-vistas-la-acampada-en-la-puerta-del-sol-2026-jovenes-alquiler-vivienda-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13597204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2056dbbe-20ce-49c4-bb68-4d3031a42fca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Puerta del Sol o la vivienda con sol y con vistas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue comenta las estampas que está dando la acampada de Sol en Madrid por la vivienda como intento de repetir de nuevo el 15M; y también ironiza lo difícil que está alquilar un piso en la Puerta del Sol... si le da el sol</p></div><p class="article-text">
        Ha vuelto la acampada de Sol, ese camping metaf&iacute;sico donde la juventud descubre, entre una pancarta y un bocadillo de tortilla francesa, que la Historia sigue teniendo plazas libres aunque los pisos est&eacute;n completos (sobre todo los soleados). Se pide vivienda digna, naturalmente, y si puede ser con sol, mejor; si no, al menos, con vistas a los sue&ntilde;os. Hay que reconocer que la reivindicaci&oacute;n tiene su poes&iacute;a: una buhardilla para <strong>Rimbaud</strong>, un estudio para <strong>Baudelaire</strong>, un apartamento luminoso donde <strong>Marx</strong> pueda explicar la plusval&iacute;a sin que el casero le pase el recibo.
    </p><p class="article-text">
        En Sol se ha instalado de nuevo el esp&iacute;ritu del 68, convenientemente actualizado con tel&eacute;fonos m&oacute;viles y una cierta nostalgia de las revoluciones disimuladamente fallidas que otros hicieron. Los universitarios, herederos sentimentales de <strong>Sartre</strong>, <strong>Marcuse</strong> y <strong>Herbert Read</strong>, parecen convencidos de que la sociedad les debe una casa por el solo hecho de haber le&iacute;do a <strong>Foucault</strong> o haber aprobado una asignatura optativa sobre <strong>Walter Benjamin</strong>. Trabajar, entretanto, es una costumbre burguesa que ya denunciaron los situacionistas, aunque <strong>Guy Debord</strong>, de haber conocido el precio del alquiler en Madrid, quiz&aacute; habr&iacute;a dedicado <a href="https://www.observacionesfilosoficas.net/download/sociedadDebord.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La sociedad del espect&aacute;culo</em></a> a las inmobiliarias.
    </p><p class="article-text">
        Uno imagina a los acampados leyendo a <strong>Nietzsche</strong> bajo las estrellas, con la esperanza de que el Superhombre aparezca por la ma&ntilde;ana y les consiga una hipoteca a tipo fijo. O a un joven hegeliano explicando que el problema de la vivienda es una contradicci&oacute;n dial&eacute;ctica entre el deseo de emancipaci&oacute;n y la ausencia de n&oacute;mina. Todo muy profundo, muy universitario, muy de seminario con calefacci&oacute;n central. Porque el sue&ntilde;o, cuando se comparte en una plaza, adquiere inmediatamente categor&iacute;a de programa pol&iacute;tico; cuando se convierte en una factura, empieza a parecerse sospechosamente a la realidad.
    </p><p class="article-text">
        No ser&eacute; yo quien niegue la tragedia del acceso a la vivienda, ni la obscenidad de ciertos precios indignos, ni el derecho de los j&oacute;venes a construir una vida sin hipotecar hasta los recuerdos de su infancia. Pero hay algo enternecedor en esa vieja fe espa&ntilde;ola seg&uacute;n la cual las cosas deber&iacute;an llegar por justicia po&eacute;tica, como en una novela de <strong>Carmen Laforet</strong>, sin necesidad de atravesar la prosa administrativa de la n&oacute;mina, el sacrificio, el ahorro y el esfuerzo. Un pa&iacute;s de poetas de plaza p&uacute;blica que desconf&iacute;a del trabajo, pero exige que alguien construya los edificios donde alojar sus met&aacute;foras.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la soluci&oacute;n consista en convocar a <strong>Camus</strong>, que sab&iacute;a que la rebeli&oacute;n empieza por reconocer el absurdo; a <strong>Ortega</strong>, que habr&iacute;a reclamado una circunstancia menos cara, y a <strong>Unamuno</strong>, que habr&iacute;a convertido la falta de piso en una agon&iacute;a nacional. Despu&eacute;s podr&iacute;a hablar <strong>Engels</strong>, aunque esta vez convendr&iacute;a preguntarle qui&eacute;n paga la comunidad. Y, al final, que tomara la palabra <strong>Di&oacute;genes</strong>, aquel fil&oacute;sofo que viv&iacute;a en un tonel no hipotecado y al que <strong>Alejandro Magno</strong> ofreci&oacute; concederle cualquier deseo (Di&oacute;genes solo le pidi&oacute; que se apartara, porque le tapaba el sol).
    </p><p class="article-text">
        Los acampados de Sol piden algo m&aacute;s complicado: que el sol venga incluido en el alquiler. Y, a ser posible, que tambi&eacute;n haya terraza, vistas y un peque&ntilde;o trastero donde guardar intacta la juventud revolucionaria. Porque hacerse mayor es descubrir que el mundo no siempre nos da lo que merecemos; hacerse adulto, adem&aacute;s, es aprender que hasta los sue&ntilde;os necesitan una direcci&oacute;n postal&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        En fin.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/puerta-vivienda-sol-vistas-la-acampada-en-la-puerta-del-sol-2026-jovenes-alquiler-vivienda-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13597204.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Oct 2026 09:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Puerta del Sol o la vivienda con sol y con vistas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Protestas,Jóvenes,Vivienda,Madrid,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Nigredo', de Marta del Pozo]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/nigredo-de-marta-del-pozo-libro-de-poesia-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13588741.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a325628-a540-471b-904f-baa17227c02c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x585y332.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Nigredo&#039;, de Marta del Pozo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La filóloga y doctora de literatura española por la Universidad de Massachusetts-Amherst con su tesis 'Hacia un reencantamiento posthumanista: ciencia, poesía y nuevas tecnologías' se inscribe con esta obra en la tradición de poesía hermética </p></div><p class="article-text">
        Hay libros que se leen y libros que se atraviesan. <a href="https://www.casadellibro.com/libro-nigredo/9788412885385/17909901" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Nigredo</em></a>, de <strong>Marta del Pozo</strong> (Avil&eacute;s, 1980), pertenece a esta segunda especie, menos frecuentada y m&aacute;s exigente: aquella en la que la palabra deja de ser un instrumento de comunicaci&oacute;n para convertirse en una sustancia peligrosa, una materia sometida a las operaciones de la oscuridad. El t&iacute;tulo, que remite a la fase inicial de la alquimia, cuando la materia se ennegrece antes de transformarse, proporciona una clave de lectura para esta escritura que parece avanzar por las galer&iacute;as de una conciencia en combusti&oacute;n. No se trata de iluminar las tinieblas, sino de descubrir qu&eacute; clase de luz permanece encerrada en ellas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Marta del Pozo</strong> se inscribe as&iacute; en una tradici&oacute;n de poes&iacute;a herm&eacute;tica que tiene uno de sus or&iacute;genes modernos en el infierno verbal de <strong>Arthur Rimbaud</strong>. Desde <a href="https://www.hiperion.com/tienda/poesia-hiperion/una-temporada-en-el-infierno/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Una temporada en el infierno</em></a><em>, </em>la poes&iacute;a occidental sabe que la experiencia de la destrucci&oacute;n puede convertirse en conocimiento y que el extrav&iacute;o, lejos de ser una mera patolog&iacute;a del esp&iacute;ritu, constituye a veces una forma extrema de lucidez. La lecci&oacute;n rimbaudiana consiste precisamente en esto: en aceptar que el lenguaje debe atravesar sus propias ruinas si aspira a decir algo que todav&iacute;a no haya sido domesticado por la costumbre. Del Pozo recoge esa herencia sin limitarse a reproducir sus procedimientos. Lo que en el poeta franc&eacute;s fue incendio y videncia se convierte aqu&iacute; en una materia verbal concentrada, en la que cada imagen parece haber sido extra&iacute;da de una regi&oacute;n donde la conciencia y la pesadilla todav&iacute;a no han terminado de separarse.
    </p><p class="article-text">
        La forma elegida contribuye decisivamente a esta impresi&oacute;n. Los poemas en prosa, con su resistencia a las convenciones m&eacute;tricas y su capacidad para organizar el pensamiento mediante asociaciones de im&aacute;genes, permiten a la autora construir espacios de indeterminaci&oacute;n donde la palabra conserva algo de su energ&iacute;a primitiva. Pero ser&iacute;a inexacto reducir esta escritura al surrealismo, etiqueta que suele aplicarse con excesiva generosidad a cualquier exploraci&oacute;n de lo ins&oacute;lito. En <em>Nigredo</em> importa menos la irrupci&oacute;n arbitraria de lo maravilloso que la percepci&oacute;n de una realidad cuya profundidad excede los l&iacute;mites de la experiencia ordinaria. Estamos ante un realismo visionario: no una evasi&oacute;n de lo real, sino una forma de penetrarlo hasta descubrir en su interior aquello que la mirada habitual no alcanza a reconocer.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Realismo visionario</strong>
    </p><p class="article-text">
        La diferencia no es peque&ntilde;a. El surrealismo hist&oacute;rico aspir&oacute; a liberar las asociaciones inconscientes y a quebrar la vigilancia de la raz&oacute;n; el realismo visionario, en cambio, puede conservar la conciencia de la herida, la gravedad de la experiencia y hasta una rigurosa disciplina expresiva. Lo ins&oacute;lito no comparece como adorno ni como extravagancia, sino como revelaci&oacute;n de una realidad que, por debajo de su apariencia estable, contiene una zona de amenaza. De ah&iacute; que la oscuridad de estos poemas no sea meramente ornamental. Hay en ella una exigencia de conocimiento, una voluntad de mirar aquello que el lenguaje convencional suele ocultar bajo las f&oacute;rmulas tranquilizadoras de la experiencia.
    </p><p class="article-text">
        Esta genealog&iacute;a tiene en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea dos nombres insoslayables: Antonio Gamoneda y Ra&uacute;l Zurita. En el primero, la palabra parece proceder de una memoria corporal y colectiva donde la muerte, la pobreza, la enfermedad y la devastaci&oacute;n hist&oacute;rica adquieren una dimensi&oacute;n casi mineral. En el segundo, la herida se extiende hasta abarcar el paisaje, la historia y el destino de una comunidad, como si la escritura tuviera que levantar acta de un mundo sometido a la violencia. Ambos han demostrado que la oscuridad puede ser una forma de precisi&oacute;n y que la imagen visionaria alcanza su m&aacute;xima intensidad cuando no renuncia a la resistencia de lo real. Marta del Pozo encuentra en esa tradici&oacute;n un horizonte de exigencia: el de una poes&iacute;a que no necesita explicar sus visiones porque las somete a la prueba de su propia intensidad verbal.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Poes&iacute;a espa&ntilde;ola de mujeres</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero esta herencia no se transmite &uacute;nicamente por una l&iacute;nea de maestros masculinos. La poes&iacute;a espa&ntilde;ola escrita por mujeres ha construido, durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, un territorio de extraordinaria riqueza en el que la exploraci&oacute;n del cuerpo, la identidad, el lenguaje y sus zonas de conflicto ha producido registros muy diversos. Ana Isabel Conejo (<a href="https://www.casadellibro.com/libro-atlas-xx-premio-de-poesia-hiperion/9788475178349/1026792" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Atlas</em></a>), Yolanda Casta&ntilde;o (<a href="https://www.visor-libros.com/products/profundidad-de-campo-prufundidade-de-campo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Profundidad de campo</em></a>), Miriam Reyes (<a href="https://www.librerialuces.com/es/libro/espejo-negro-y-otros-poemas_581527" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Espejo negro</em></a>) y Berta Garc&iacute;a Faet (<a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/la-bella-varsovia/los-salmos-fosforitos/9788494500732/LBV_72" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los salmos fosforitos</em></a>) representan, desde po&eacute;ticas distintas, algunas de las posibilidades m&aacute;s f&eacute;rtiles de esa renovaci&oacute;n. No forman una escuela homog&eacute;nea ni obedecen a un programa com&uacute;n; las separan sus procedimientos, sus registros y sus concepciones del poema. Las re&uacute;ne, m&aacute;s bien, la capacidad para someter la experiencia a una transformaci&oacute;n verbal que desborda la confesi&oacute;n inmediata y convierte la escritura en un espacio de indagaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En esa n&oacute;mina, Marta del Pozo ocupa ya un lugar propio. Su apuesta por una escritura oscura y luminosa al mismo tiempo, en la que el poema en prosa puede funcionar como una c&aacute;mara de revelado de la conciencia, prolonga una de las l&iacute;neas m&aacute;s exigentes de la poes&iacute;a actual. La oscuridad no implica aqu&iacute; ausencia de sentido, sino resistencia a su consumo inmediato. El lector debe detenerse, regresar sobre las im&aacute;genes, aceptar que algunas relaciones no se resolver&aacute;n mediante una par&aacute;frasis y que el poema conserva siempre un resto irreductible. La dificultad, cuando es aut&eacute;ntica, no constituye un obst&aacute;culo a&ntilde;adido a la lectura: es parte de aquello que el libro tiene que decir.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n por eso conviene desconfiar de la identificaci&oacute;n autom&aacute;tica entre claridad y transparencia. Hay textos perfectamente comprensibles que apenas modifican nuestra percepci&oacute;n del mundo, mientras que otros, m&aacute;s resistentes, consiguen alterar la disposici&oacute;n de los objetos, las palabras y los recuerdos en nuestra conciencia. La poes&iacute;a herm&eacute;tica no merece cr&eacute;dito por ser herm&eacute;tica, del mismo modo que la poes&iacute;a accesible no pierde valor por serlo. Su legitimidad depende de la necesidad de sus procedimientos, de la correspondencia entre la forma elegida y la experiencia que pretende comunicar. En Nigredo, la oscuridad encuentra su raz&oacute;n de ser en esa voluntad de llevar el lenguaje hasta una frontera donde la imagen deja de ilustrar una idea y empieza a producir conocimiento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Herencia de Rimbaud, Gamoneda y Zurita</strong>
    </p><p class="article-text">
        El m&eacute;rito de Marta del Pozo reside, en definitiva, en asumir una tradici&oacute;n sin convertirla en repertorio, en acercarse a la herencia de Rimbaud, Gamoneda y Zurita sin que la filiaci&oacute;n anule la singularidad de su voz, y en situar su escritura en un di&aacute;logo contempor&aacute;neo con po&eacute;ticas que han hecho de la exploraci&oacute;n verbal una forma de riesgo. Nigredo propone una experiencia de lectura que exige atenci&oacute;n y paciencia, pero cuya recompensa no consiste en descifrar un enigma como quien resuelve un pasatiempo, sino en experimentar una modificaci&oacute;n de la mirada.
    </p><p class="article-text">
        La alquimia promet&iacute;a la transformaci&oacute;n de la materia vil en sustancia preciosa. La poes&iacute;a, menos ambiciosa en sus promesas y acaso m&aacute;s certera en sus resultados, transforma la experiencia oscura en una forma que podemos contemplar sin reducirla a explicaci&oacute;n. De ese trabajo nace la luz peculiar de este libro: una luz que no borra las sombras, sino que las vuelve visibles. Y en esa paradoja &mdash;la de una escritura que ilumina precisamente aquello que no puede disipar&mdash; se encuentra una de las razones de ser de <em>Nigredo</em>.
    </p><p class="article-text">
        No todo es poes&iacute;a en prosa en este libro, pero la poes&iacute;a en prosa es aqu&iacute; lo mejor en un libro en conjunto de gran intensidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/nigredo-de-marta-del-pozo-libro-de-poesia-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13588741.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Oct 2026 16:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Nigredo', de Marta del Pozo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Poesía,Literatura,España,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Istal, don Nicanor Martínez García y el otoño electoral que se nos viene]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/istal-don-nicanor-martinez-garcia-y-el-otono-electoral-que-se-nos-viene-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13574649.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3736b4cf-23fb-4d8a-b6c8-8adced1b1daa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x849y161.jpg" width="1200" height="675" alt="El Istal, don Nicanor Martínez García y el otoño electoral que se nos viene"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue, el 'Bibliópata' que cada lunes comenta la actualidad paraa ILEÓN, ha asistido a una conferencia sobre Filosofía en el Instituto Superior de Teología de las diócesis de Astorga y León (Istal) y, una vez más, desde León ha visto el país entero</p></div><p class="article-text">
        '&iquest;La filosof&iacute;a, para qu&eacute; sirve?', se titul&oacute; la conferencia did&aacute;ctica, nostalgiosa, humildemente brillante y saturada de latinajos de don <a href="https://www.youtube.com/watch?v=codr3tqjFfM" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Nicanor Mart&iacute;nez Garc&iacute;a</strong></a> que, introducida por el obispo, este bibli&oacute;pata que escribe para ustedes ha escuchado as&iacute;, con cara de ahorcado a media salve, esta semana en el <a href="https://istalteologia.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Istal</a>, el Instituto Superior de Teolog&iacute;a de las di&oacute;cesis de Astorga y Le&oacute;n. Una conferencia de un sabio de Valdevimbre en la cual, en un momento en el que se nos explicaban casi a la vez la epistemolog&iacute;a y la ontolog&iacute;a para pasar a concluir con apabullante sencillez que ya no quedan pol&iacute;ticos que busquen la verdad, a uno le dio por pensar que, ciertamente, se nos viene un oto&ntilde;o electoral que bien parece un invierno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En efecto ya se siente en el aire esa humedad de las urnas; ese olor a caf&eacute; de madrugada y a peri&oacute;dico reci&eacute;n abierto, como si Espa&ntilde;a fuese otra vez una novela de <strong>Gald&oacute;s</strong> escrita con tinta m&aacute;s fr&iacute;a que la de <a href="https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/marianela--0/html/ff4975e0-82b1-11df-acc7-002185ce6064_3.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Marianela</em></a>. Los partidos preparan sus discursos publicitarios, los tertulianos sus trincheras y los ciudadanos esa resignaci&oacute;n antigua que, en este pa&iacute;s suspenso en filosof&iacute;a, suele confundirse con sabidur&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo hay algo profundamente literario en toda campa&ntilde;a electoral. La pol&iacute;tica necesita siempre un relato porque el hombre, desde <strong>Homero</strong>, no ha sabido vivir sin convertir sus derrotas en epopeyas. <strong>Maquiavelo</strong> lo entendi&oacute; antes que nadie: el poder no s&oacute;lo administra la realidad, tambi&eacute;n fabrica su representaci&oacute;n. Y<strong> Plat&oacute;n</strong>, que desconfiaba de los poetas, quiz&aacute; no sospechaba que acabar&iacute;amos viviendo en una rep&uacute;blica gobernada a golpe de eslogan.
    </p><p class="article-text">
        Pero el oto&ntilde;o bajo este cielo de incre&iacute;ble belleza de Le&oacute;n trae adem&aacute;s otra cosa: la memoria. Las hojas caen sobre los barrios como peque&ntilde;as p&aacute;ginas perdidas. En ellas podr&iacute;a leerse, si a&uacute;n se leyeran libros de filosof&iacute;a o de teolog&iacute;a, a <strong>Unamuno</strong>, aquel hombre que convirti&oacute; Espa&ntilde;a en una interminable agon&iacute;a del alma; a <strong>Ortega</strong>, que quiso europeizar nuestra circunstancia; a <strong>Mar&iacute;a Zambrano</strong>, que busc&oacute; una raz&oacute;n capaz de iluminar sin destruir el misterio. Y, detr&aacute;s de todos ellos, como una sombra teol&oacute;gica, a <strong>San Agust&iacute;n</strong> pregunt&aacute;ndose qu&eacute; hacemos con el tiempo cuando el futuro todav&iacute;a no existe y el pasado ya no est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Porque quiz&aacute; eso sea una votaci&oacute;n electoral: una ceremonia colectiva para decidir qu&eacute; futuro imaginamos mientras todav&iacute;a vivimos rodeados de ruinas del pasado.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n los te&oacute;logos tienen algo que decirnos en estos oto&ntilde;os civiles. <strong>Hans Urs von Balthasar</strong> hablaba de la belleza como una puerta de entrada a la verdad; <strong>Guardini</strong> sab&iacute;a que las &eacute;pocas hist&oacute;ricas tambi&eacute;n envejecen; <strong>Simone Weil</strong> sospechaba que una sociedad empieza a enfermar cuando deja de mirar el sufrimiento del otro. Y ah&iacute;, entre tanta sociometr&iacute;a, tanta encuesta y tanta promesa, queda la vieja pregunta &eacute;tica cristiana: &iquest;Qu&eacute; hacemos con el pr&oacute;jimo cuando deja de ser una abstracci&oacute;n y se convierte en alguien que llama a nuestra puerta?
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los fil&oacute;sofos discuten y los pol&iacute;ticos maquinan</strong></h2><p class="article-text">
        Mientras tanto, los fil&oacute;sofos discuten y los pol&iacute;ticos maquinan. <strong>Hegel</strong> vuelve a pasar, ceremonioso, por el pasillo de la Historia; <strong>Nietzsche</strong> sonr&iacute;e desde alguna biblioteca; <strong>Kierkegaard</strong> se queda solo ante la angustia, que es acaso el verdadero programa electoral de nuestro tiempo&hellip; Y nosotros, ciudadanos de este oto&ntilde;o interminable, seguimos esperando.
    </p><p class="article-text">
        Esperamos que vuelva el sol verdadero, que mejore la conversaci&oacute;n p&uacute;blica, que la palabra conserve todav&iacute;a alg&uacute;n prestigio. Esperamos incluso que la pol&iacute;tica vuelva a parecerse un poco a la filosof&iacute;a: menos preocupada por vencer al adversario que por comprenderlo a &eacute;l y a su mundo en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Pero en Le&oacute;n siempre cae la tarde demasiado pronto. Los &aacute;rboles empiezan a desnudarse. Los barrios encienden sus luces equidistantes. Los peri&oacute;dicos adelgazan sus titulares y engordan sus pol&eacute;micas y el oto&ntilde;o, como aquella novelita de <strong>Dickens</strong>, nos retrotrae a la vez a las navidades pasadas y al reques&oacute;n de la infancia hasta en el d&iacute;a en el que asistimos a la &uacute;ltima clase con la que se jubila un sabio de andar por casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, viene un oto&ntilde;o electoral que bien parece un invierno&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        En fin.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/istal-don-nicanor-martinez-garcia-y-el-otono-electoral-que-se-nos-viene-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13574649.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Oct 2026 09:30:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Istal, don Nicanor Martínez García y el otoño electoral que se nos viene]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Conferencias,Obispado de León,Literatura,Libros,Elecciones,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['París en femenino: treinta escritoras europeas y americanas en la ciudad sin límites', de Ángel Esteban]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/paris-en-femenino-treinta-escritoras-europeas-americanas-en-la-ciudad-sin-limites-angel-esteban-autoras-espanolas-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13570528.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a5f530d7-9650-419a-a255-e260b2310a19_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x826y211.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;París en femenino: treinta escritoras europeas y americanas en la ciudad sin límites&#039;, de Ángel Esteban"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El libro publicado por la Editorial Espasa "consigue que algunas escritoras españolas que habían permanecido en los márgenes de las habituales historias del París literario entren en el canon fascinante de aquella ciudad-mundo", apunta en esta reseña el escritor Luis Artigue</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.amazon.es/Par%C3%ADs-femenino-escritoras-europeas-americanas-ebook/dp/B0GLHGM1X5" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Par&iacute;s en femenino: treinta escritoras europeas y americanas de la ciudad sin l&iacute;mites</em></a><em>, </em>de <strong>&Aacute;ngel Esteban</strong>, parte de una premisa que conserva cierta capacidad de seducci&oacute;n editorial, pero que ya no puede presentarse como un descubrimiento. El error viene de lejos y acaso tenga uno de sus s&iacute;ntomas m&aacute;s ilustres en <strong>Ernest Hemingway.</strong> En <a href="https://www.amazon.es/Par%C3%ADs-era-una-fiesta-CONTEMPORANEA/dp/8490327238" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Par&iacute;s era una fiesta</em></a>, Hemingway contempla aquel Par&iacute;s con la mirada de quien levanta acta: parece por momentos un notario de la bohemia, un cronista y hasta un soci&oacute;logo de la revoluci&oacute;n literaria que estaba produci&eacute;ndose ante sus ojos. Pero no alcanz&oacute; a percibir del todo que all&iacute; no estaba aconteciendo &uacute;nicamente una revoluci&oacute;n est&eacute;tica y cultural. Estaba produci&eacute;ndose tambi&eacute;n una revoluci&oacute;n de los sexos, una transformaci&oacute;n de la masculinidad y de la feminidad que, impulsada en buena medida por las mujeres que habitaban aquella ciudad, habr&iacute;a de modificar para siempre la cultura y hasta la percepci&oacute;n misma de lo masculino y lo femenino.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; reside quiz&aacute; el verdadero error cognitivo y epistemol&oacute;gico al aproximarse a aquel Par&iacute;s: leer m&aacute;s <em>Par&iacute;s era una fiesta</em> que <a href="https://www.editorialegales.com/libros/el-almanaque-de-las-mujeres/9788488052896/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El</em></a><a href="https://www.editorialegales.com/libros/el-almanaque-de-las-mujeres/9788488052896/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.editorialegales.com/libros/el-almanaque-de-las-mujeres/9788488052896/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>almanaque de las mujeres</em></a>, de <strong>Djuna Barnes</strong>, o <a href="https://www.tiposinfames.com/libros/el-bosque-de-la-noche/1478/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El bosque de la noche</em></a><em>.</em> Es decir, contemplar la &eacute;poca desde quienes dejaron una cr&oacute;nica masculina de la revoluci&oacute;n y no desde quienes estaban contribuyendo a modificar las reglas mismas de esa revoluci&oacute;n. Desde esta perspectiva, incluso podr&iacute;a interpretarse como un s&iacute;ntoma de aquella limitaci&oacute;n de la mirada el hecho de que el reconocimiento institucional de aquella generaci&oacute;n terminara concentr&aacute;ndose en Hemingway, mientras figuras como Djuna Barnes quedaban fuera del gran relato can&oacute;nico. No se trata de negar la importancia literaria de Hemingway, naturalmente, sino de advertir hasta qu&eacute; punto los mecanismos de consagraci&oacute;n pueden reproducir la perspectiva dominante de una &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Por eso tampoco resulta novedosa, a estas alturas, la necesidad de recordar que el Par&iacute;s de la Belle &Eacute;poque y, sobre todo, el de los a&ntilde;os veinte y la generaci&oacute;n perdida, como tambi&eacute;n dej&oacute; claro <strong>Sylvia Beach </strong>en su bello libro<strong> </strong><a href="https://tramaeditorial.es/producto/shakespeare-and-company/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Shakespeare and Company</em></a><em>,</em> no fue un territorio exclusivamente masculino ni un escenario en el que las mujeres aguardaran, en silencio, a que alguien viniera a rescatarlas de la historia literaria. Esa operaci&oacute;n de restituci&oacute;n tiene ya una genealog&iacute;a considerable y, en algunos casos, extraordinariamente rigurosa.
    </p><p class="article-text">
        Basta recordar <a href="https://www.iberlibro.com/primera-edicion/MUJERES-RIVE-GAUCHE-Par%C3%ADs-1900-1940-SHARI/31886772013/bd" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Mujeres de la Rive Gauche</em></a>, de <strong>Shari Benstock</strong>, para advertir que la presencia femenina en aquel Par&iacute;s ha sido estudiada con una amplitud y una profundidad dif&iacute;ciles de ignorar. O la biograf&iacute;a <a href="https://www.amazon.es/formidable-Djuna-Barnes-ANDREW-FIELD/dp/B001V92K4I" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La Formidable Djuna Barnes</em></a> escrita por Andrew Field, minuciosa reconstrucci&oacute;n de una &eacute;poca y de su compleja constelaci&oacute;n literaria. No son, por tanto, territorios v&iacute;rgenes los que &Aacute;ngel Esteban se dispone a explorar. La recuperaci&oacute;n de aquellas mujeres &ndash;y, particularmente, de las vinculadas al &aacute;mbito hisp&aacute;nico&ndash; cuenta adem&aacute;s con antecedentes en los trabajos de <strong>Ana Mar&iacute;a Moix, Luis Antonio de Villena</strong> y hasta el futur&oacute;logo <strong>Octavio Aceves</strong>, que extendi&oacute; su recorrido hasta el Par&iacute;s de los a&ntilde;os cincuenta. Incluso <strong>Joaqu&iacute;n Leguina</strong>, en <a href="https://www.amazon.es/MALVADAS-VIRTUOSAS-RELATOS-MUJERES-SIN-COLECCION/dp/8423998290" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Malvadas y virtuosas</em></a><em>, </em>volvi&oacute; sobre esa galer&iacute;a de mujeres que hicieron de Par&iacute;s algo m&aacute;s que un decorado para las biograf&iacute;as de los grandes nombres masculinos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Corregir ausencias</strong>
    </p><p class="article-text">
        La novedad del libro de Esteban publicado por la <a href="https://www.planetadelibros.com/autor/angel-esteban/000004872" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Editorial Espasa</a> habr&aacute; que buscarla, pues, en otro lugar: en la composici&oacute;n de su particular galer&iacute;a y en las ausencias hispanoamericanas que viene a corregir dentro de los recorridos m&aacute;s conocidos. Ah&iacute; el libro encuentra un territorio propio. La inclusi&oacute;n de <strong>Victoria Kent</strong>, <strong>Teresa de la Parra</strong>, <strong>Lydia Cabrera</strong> o <strong>Elvira de Alvear</strong>, entre otras, ampl&iacute;a considerablemente el mapa habitual y permite contemplar aquella ciudad desde perspectivas que no siempre han encontrado sitio en las cartograf&iacute;as masculinas de la bohemia, la vanguardia y la literatura de entreguerras. La presencia de <strong>Elena Garro</strong> contribuye asimismo a prolongar esa tradici&oacute;n y a recordar que el Par&iacute;s literario no se agota en los nombres que la historiograf&iacute;a ha convertido en sus habitantes oficiales.
    </p><p class="article-text">
        Conviene, sin embargo, no presentar esta recuperaci&oacute;n como si hubiera que descubrir ahora que las mujeres estuvieron all&iacute;. Lo verdaderamente interesante es comprobar qu&eacute; ocurre cuando se incorporan nuevos nombres a un paisaje ya conocido. Porque Par&iacute;s fue, durante aquellas d&eacute;cadas, una ciudad sin l&iacute;mites precisamente por su capacidad para absorber vidas, lenguas, nacionalidades y escrituras distintas. A&ntilde;adir nombres a esa n&oacute;mina no significa necesariamente corregir una historia equivocada: significa, m&aacute;s bien, hacerla m&aacute;s compleja.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, el libro de &Aacute;ngel Esteban cumple una funci&oacute;n &uacute;til. No descubre el continente, pero ensancha el mapa. Y acaso esa sea su aportaci&oacute;n m&aacute;s estimable: conseguir que algunas escritoras que hab&iacute;an permanecido en los m&aacute;rgenes de las habituales historias del Par&iacute;s literario entren, aunque sea con cierto calzador inevitable, en el canon fascinante de aquella ciudad-mundo. Porque un canon verdaderamente vivo no es el que permanece id&eacute;ntico a s&iacute; mismo, sino el que admite nuevos nombres sin fingir que acaba de ser descubierto. Gracias a la buena prosa del autor la obra se lee con gusto, y s aprende.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/paris-en-femenino-treinta-escritoras-europeas-americanas-en-la-ciudad-sin-limites-angel-esteban-autoras-espanolas-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13570528.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Oct 2026 16:30:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['París en femenino: treinta escritoras europeas y americanas en la ciudad sin límites', de Ángel Esteban]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Internacional,Libros,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salman Rushdie o qué sabe de un Dios de amor quien asesina a un escritor]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/salman-rushdie-o-que-sabe-dios-del-amor-quien-asesina-a-un-escritor-columna-semanal-literatura-internacional-luis-artigue-el-bibliopata_129_13562268.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eba4fc5d-179e-4f75-9827-85570d1398ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x627y214.jpg" width="1200" height="675" alt="Salman Rushdie o qué sabe de un Dios de amor quien asesina a un escritor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue reflexiona mientras termina de leer "la impresionante novela con visos de obra maestra" del escritor hindú 'Victory City' en aquel fanático religioso intentando matar, a cuchilladas, y en público, haciéndole perder un ojo al autor amenazado de muerte por los ayatolás iranís </p></div><p class="article-text">
        Un olor a c&eacute;sped mojado por el semen de la noche embriaga los sentidos en el porche de esta casa de Avil&eacute;s pegada al mar, en la que, mientras termino de leer la impresionante novela con visos de obra maestra de Salman Rushdie <a href="https://www.penguinlibros.com/mx/tematicas/315667-ebook-victory-city-9788439741626" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Victory City</em></a><em> </em>(una gran novela hist&oacute;rica y fant&aacute;stica ambientada en la India medieval), pienso en aquel fan&aacute;tico religioso intentando matar, a cuchilladas y en p&uacute;blico, al escritor hind&uacute; amenazado de muerte por el l&iacute;der espiritual de Ir&aacute;n<strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La espiritualidad, adem&aacute;s del reconocimiento del ser humano de que hay algo que le supera, y que no solo existe lo que se puede medir, es la fe en ese amor sublime y total y totalizante que hace que las diferencias entre todos los seres humanos descansen en cero.
    </p><p class="article-text">
        De hecho as&iacute; lo explica por ejemplo el sabio y santo del Islam <strong>Ibn Arab&iacute;</strong> al decir, ya en 1215 en su <a href="https://www.olanetaeditor.com/titulos/el-tratado-de-la-unidad-2/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Tratado de la unidad</em></a>: &ldquo;Hubo un tiempo, en el que rechazaba a mi pr&oacute;jimo si su fe no era la m&iacute;a. Ahora mi coraz&oacute;n es capaz de adoptar todas las formas: es pasto para gacelas y convento de monjes cristianos, templo de &iacute;dolos, Kaaba de los peregrinos, tablas de la ley jud&iacute;a y el libro del Cor&aacute;n. Yo vivo en la religi&oacute;n del amor: dondequiera que se dirijan sus cabalgaduras, ah&iacute; est&aacute;n mi religi&oacute;n y mi fe. Mi coraz&oacute;n es la caravana de camellos del amor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Luis Racionero</strong>, en una novela preciosa sobre el beato <strong>Ramon Lull</strong> (acaso la figura literaria y espiritual que m&aacute;s ha tratado de acercar amorosamente el cristianismo y el islam) titulada <a href="https://www.casadellibro.com/libro-el-alquimista-trovador-una-fascinante-novela-historica-sobre-rai-mundo-lulio/9788408047742/896494" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El alquimista trovador</em></a>, va m&aacute;s all&aacute;, o dice lo mismo de otra forma, al poner en boca de Llull que &ldquo;el amor lo comprende y lo comprehende todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y el <strong>Papa Francisco</strong>, para m&iacute; un santo, en su enc&iacute;clica <a href="https://www.casadellibro.com/libro-fratelli-tutti/9788428559010/11797758?campaignid=17496927113&amp;gad_source=1&amp;gad_campaignid=17347605992" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Fratelli tutti </em></a>a&ntilde;ade algo a ese pensamiento en su frase &ldquo;el amor religioso, como el ideal democr&aacute;tico, nos hace saber que nuestras diferencias descansan en cero&rdquo;&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; saben pues del amor de Dios o de literatura o de pol&iacute;tica los que mataron a <strong>S&oacute;crates</strong>, <strong>Hypatia</strong>, <strong>Al-Hallaj</strong>, <strong>Tyndale</strong>, <strong>Servet</strong>, <strong>Federico Garc&iacute;a Lorca</strong> o a <strong>Pedro Mu&ntilde;oz Seca</strong> o a <strong>Edith Stein</strong> o a <strong>Tomas Moro</strong> o a <strong>Margueritte Porete</strong> o a <strong>Giordano Bruno </strong>o a <strong>Anna</strong> <strong>Politkovskaya</strong>?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; sabe del amor de Dios quien intenta matar a <strong>Naghib Mahfouz</strong>, a <strong>Hrant Dink,</strong> a <strong>Theo van Gohn </strong>o a <strong>Salman Rushdie</strong>?
    </p><p class="article-text">
        Quienes hemos le&iacute;do <a href="https://www.amazon.es/Los-versos-sat%C3%A1nicos-240-CONTEMPORANEA/dp/8497594312" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los versos sat&aacute;nicos</em></a><em> </em>del maestro <strong>Rushdie </strong>Hemos advertido que la prosa de este escritor sobresaliente es en todo exigente, sofisticada y preciosa, y que su intencionalidad narrativa es la de desafiar al dogmatismo y al fanatismo mediante la s&aacute;tira docta. Y quienes hemos le&iacute;do tambi&eacute;n su novela <a href="https://www.casadellibro.com/libro-hijos-de-la-medianoche/9788497934329/1016164" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Hijos de la medianoche</em></a><em> </em>sabemos que se trata de una obra maestra de la narrativa postcolonial que analiza como nadie, con los instrumentos de la ficci&oacute;n, la l&iacute;nea divisoria entre oriente y occidente, y entre el racionalismo y la tradici&oacute;n, mediante una trama genial que, en la India, confronta en un personaje el chamanismo y la medicina como met&aacute;fora aleg&oacute;rica de como se suele ver La India desde occidente.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Rushdie, un autor imprescindible</strong></h2><p class="article-text">
        Se trata de un autor imprescindible, inc&oacute;modo por su lucidez, audaz por su propuesta, y cuya obra ilumina el mundo. S&iacute;, se trata de un m&aacute;rtir m&aacute;s de la literatura genial; esa literatura que nos hace saber que hay gente maravillosa en este mundo que hace lo indecible por nuestra inteligencia y nuestra sensibilidad, y lo posible para que no nos contagiemos del c&aacute;ncer de la radicalidad y el c&aacute;ncer del fanatismo, pues, bueno es saberlo, se puede y se debe ser espiritual sin ser fan&aacute;tico, pues tener fe no es una competici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, se trata de uno de esos escritores a los cuales los amantes de la inteligencia, la dignidad y la belleza le debemos un gran tributo de gratitud y devoci&oacute;n&hellip;
    </p><p class="article-text">
        En una ocasi&oacute;n hace a&ntilde;os en la Universidad de Toronto, Canad&aacute;, tuve la oportunidad de asistir a una conferencia realmente extraordinaria impartida por &eacute;l. Levant&eacute; la mano cuando concluy&oacute; para formular una pregunta en el turno de preguntas. &Eacute;sta: &iquest;Odia usted a <strong>Jomeini</strong>? Y, como hacen los sabios que parece que te est&aacute;n respondiendo a esto pero en realidad te est&aacute;n respondiendo a esto otro, respondi&oacute;: &ldquo;En el a&ntilde;o 1920 la mujer m&aacute;s rica de su tiempo, <strong>Peggy Guggenheim</strong>, se enamor&oacute;, en Par&iacute;s, de un poeta bohemio, <strong>Samuel Beckett.</strong> Le persegu&iacute;a por las librer&iacute;as que frecuentaba, por las calles, por los caf&eacute;s, de modo tal que, en una ocasi&oacute;n, &eacute;l la abord&oacute; y le pregunt&oacute;: &iquest;Qu&eacute; quieres? Ella le respondi&oacute; que estaba enamorada de &eacute;l, pero el poeta la replic&oacute; a eso que &eacute;l no cre&iacute;a en el amor, pero que le conced&iacute;a una noche. Se la llev&oacute; a la buhardilla de <em>Montparnasse</em> de veinte metros cuadrados en la cual viv&iacute;a, e hicieron el amor. Conocemos esta an&eacute;cdota porque Peggy Guggenheim escribi&oacute; al respecto un poema titulado <em>El Palacio</em>. S&iacute;, a la mujer m&aacute;s rica de su tiempo la buhardilla de veinte metros cuadrados de Samuel Beckett le pareci&oacute; un palacio&hellip; pues mire, la vida es demasiado corta como para odiar: &iexcl;Hay que hacer palacios!&rdquo;&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Si no hubiera fan&aacute;ticos ni radicales ni extremistas (valga la redundancia) el mundo ser&iacute;a m&aacute;s vivible.
    </p><p class="article-text">
        Amamos la vida, y la literatura, y la espiritualidad, y la pol&iacute;tica porque le damos la espalda al fanatismo y a la radicalidad.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Viva la inteligencia espiritual emp&aacute;tica! &iexcl;Viva Salman Rushdie!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/salman-rushdie-o-que-sabe-dios-del-amor-quien-asesina-a-un-escritor-columna-semanal-literatura-internacional-luis-artigue-el-bibliopata_129_13562268.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Oct 2026 09:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Salman Rushdie o qué sabe de un Dios de amor quien asesina a un escritor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Libros,Política,Internacional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Johatsu y otros cuentos', de Manuel Ángel Morales Escudero]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/johatsu-y-otros-cuentos-de-manuel-angel-morales-escudero-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13554795.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/de13fcf7-20dd-4596-ac87-6181a3c65eb3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x696y189.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Johatsu y otros cuentos&#039;, de Manuel Ángel Morales Escudero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue reseña la última recopilación del escritor ponferradino. "Su relato breve no aparece como una novela disminuida, sino como una forma narrativa con sus propias exigencias: concentración, precisión, economía y, sobre todo, capacidad para sugerir más de lo que explícitamente se cuenta", asegura</p></div><p class="article-text">
        Hay escritores que conciben el cuento como una reducci&oacute;n de la novela: una narraci&oacute;n a la que se le ha quitado extensi&oacute;n. No es, desde luego, el procedimiento que sigue Manuel &Aacute;ngel Morales Escudero en <a href="https://www.editorialnazari.com/libro/johatsu-y-otros-cuentos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Johatsu y otros cuentos</em></a> (Editorial Nazar&iacute;). Aqu&iacute; el relato breve no aparece como una novela disminuida, sino como una forma narrativa con sus propias exigencias: concentraci&oacute;n, precisi&oacute;n, econom&iacute;a y, sobre todo, capacidad para sugerir m&aacute;s de lo que expl&iacute;citamente se cuenta.
    </p><p class="article-text">
        El volumen re&uacute;ne casi cincuenta textos y ofrece una considerable variedad de asuntos, escenarios y procedimientos narrativos. Como se nos dice en el pr&oacute;logo del autor, hay relatos vinculados a la experiencia personal y a la memoria, otros que se internan en episodios hist&oacute;ricos, y no faltan la fantas&iacute;a, el terror o la ciencia ficci&oacute;n. Los escenarios cambian con notable libertad: las monta&ntilde;as del Rif, las estepas nevadas de Finlandia, Nueva York, espacios bercianos o lugares imaginarios. Sin embargo, esa diversidad no acaba convirti&eacute;ndose en dispersi&oacute;n, porque existe una preocupaci&oacute;n que recorre buena parte del conjunto: el individuo aislado, enfrentado a una circunstancia que lo obliga a tomar distancia de aquello que hasta entonces consideraba su realidad. El paisaje, adem&aacute;s, no funciona como mero decorado. En estos cuentos el lugar condiciona a menudo la acci&oacute;n y contribuye a definir psicol&oacute;gicamente a los personajes.
    </p><p class="article-text">
        Conviene detenerse en los argumentos, porque es en ellos donde se comprueba mejor la amplitud del libro. El relato que da t&iacute;tulo al volumen, Johatsu, presenta a un hombre que pretende &ldquo;evaporarse&rdquo;, desaparecer de su existencia anterior. El t&eacute;rmino japon&eacute;s designa precisamente a quienes deciden romper con su vida y desaparecer, y Morales Escudero convierte esa idea en el punto de partida de un relato en el que los desplazamientos, los lugares y los peque&ntilde;os gestos del protagonista adquieren una importancia decisiva. El cuento comienza con una acci&oacute;n aparentemente sencilla, pero desde muy pronto queda claro que estamos ante alguien que prepara cuidadosamente su desaparici&oacute;n. La narraci&oacute;n evita explicarlo todo y obliga al lector a reconstruir las razones y el alcance de esa huida. Que sea el primer cuento resulta significativo: introduce una de las obsesiones que reaparecer&aacute;n despu&eacute;s, la posibilidad de abandonar una identidad y empezar, si eso fuera posible, desde otro lugar.
    </p><p class="article-text">
        La variedad aparece enseguida en otros relatos. No hay enemigo peque&ntilde;o conduce al lector hasta el norte de &Aacute;frica y a la experiencia de un soldado en un escenario de guerra. Las monta&ntilde;as del Rif no son un simple tel&oacute;n de fondo: la sequedad del paisaje, la presencia del desierto y la sensaci&oacute;n de aislamiento forman parte de la tensi&oacute;n narrativa. El soldado contempla un mundo en el que la muerte est&aacute; siempre presente, pero el relato no necesita recurrir a una acumulaci&oacute;n de escenas b&eacute;licas para transmitir esa amenaza. La guerra se introduce tambi&eacute;n a trav&eacute;s de la mirada del personaje y de su relaci&oacute;n con el paisaje.
    </p><p class="article-text">
        La historia vuelve a ocupar un lugar destacado en otros cuentos. Uno de ellos se sit&uacute;a en el entorno del Graf Spee y adopta como punto de partida los &uacute;ltimos momentos de un hombre condenado a muerte. La narraci&oacute;n se construye desde la memoria y desde la proximidad del final: quien sabe que va a morir reconstruye sus &uacute;ltimos d&iacute;as y, al hacerlo, convierte la experiencia individual en una forma de testimonio. El procedimiento resulta eficaz porque Morales Escudero no utiliza el episodio hist&oacute;rico como simple materia documental, sino como marco para una situaci&oacute;n esencialmente humana: la necesidad de ordenar los recuerdos cuando el tiempo se acaba.
    </p><p class="article-text">
        Algo diferente sucede en <em>Palabras al viento</em>, que nos sit&uacute;a en un territorio contempor&aacute;neo marcado por la guerra y la vigilancia de los drones. Desde las primeras l&iacute;neas, la amenaza se incorpora a la vida cotidiana: los personajes viven bajo una mirada tecnol&oacute;gica que convierte el espacio urbano en un territorio inseguro. La guerra ya no aparece solamente en el frente; penetra en las calles, en las casas y en los movimientos m&aacute;s elementales. Es uno de los cuentos en los que se aprecia con mayor claridad la capacidad del autor para partir de una situaci&oacute;n concreta y convertirla en una reflexi&oacute;n m&aacute;s amplia sobre la indefensi&oacute;n del individuo.
    </p><p class="article-text">
        Junto a estos relatos de ra&iacute;z hist&oacute;rica o realista aparecen otros que modifican radicalmente el registro. Una nave espacial que vaga sin rumbo con un &uacute;nico capit&aacute;n, soldados sovi&eacute;ticos perdidos entre la nieve o un siniestro hotel neoyorquino pertenecen a universos narrativos muy diferentes, pero todos ellos responden a una misma l&oacute;gica: colocar al personaje en un espacio del que no controla completamente las reglas. El aislamiento cambia de forma, pero no desaparece. Puede ser la soledad de quien ha decidido evaporarse, la del soldado separado de su mundo, la del hombre condenado que recuerda o la del individuo perdido en un espacio que parece no ofrecer salida.
    </p><p class="article-text">
        Esta reiteraci&oacute;n tem&aacute;tica es precisamente lo que proporciona unidad al libro. Morales Escudero puede cambiar de &eacute;poca, de continente e incluso de g&eacute;nero literario, pero sus personajes suelen encontrarse en alguna forma de frontera. Est&aacute;n entre un pasado y un futuro, entre la permanencia y la desaparici&oacute;n, entre la realidad y la imaginaci&oacute;n. Incluso cuando aparentemente viajan, en realidad est&aacute;n buscando una salida de s&iacute; mismos.
    </p><h2 class="article-text">La segunda piel de la realidad</h2><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo proporciona, por tanto, una clave de lectura m&aacute;s profunda de lo que podr&iacute;a parecer. Johatsu no alude &uacute;nicamente al primer relato. La idea de 'evaporarse' funciona como met&aacute;fora de una actitud ante el mundo que reaparece bajo distintas formas a lo largo del volumen. Hay personajes que huyen f&iacute;sicamente, otros que se repliegan, otros que son arrastrados por circunstancias hist&oacute;ricas y otros que terminan refugi&aacute;ndose en mundos que tienen algo de pesadilla o de sue&ntilde;o. El propio autor ha se&ntilde;alado su inter&eacute;s por esa &laquo;segunda piel&raquo; de la realidad, aquello que permanece oculto bajo la superficie visible de las cosas.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; procede tambi&eacute;n la importancia de las descripciones. Morales Escudero no describe por pura ornamentaci&oacute;n. Cuando presenta un pasillo, una calle, una monta&ntilde;a o un paisaje nevado, esos elementos suelen cumplir una funci&oacute;n dentro del relato. El espacio condiciona la conducta de los personajes y crea una atm&oacute;sfera que no podr&iacute;a obtenerse mediante una simple explicaci&oacute;n psicol&oacute;gica. En Johatsu, por ejemplo, los movimientos aparentemente insignificantes del protagonista &ndash;esperar, entrar, evitar determinados ruidos, desplazarse de un lugar a otro&ndash; contribuyen a construir la tensi&oacute;n del relato. En No hay enemigo peque&ntilde;o, por su parte, el paisaje norteafricano participa directamente en la percepci&oacute;n de la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Hay que destacar asimismo la confianza del autor en el lector. Muchos relatos no clausuran por completo su significado. Morales Escudero deja espacios vac&iacute;os, omite explicaciones y permite que sea quien lee quien establezca determinadas relaciones. Es un procedimiento particularmente apropiado para el cuento, g&eacute;nero en el que lo no dicho puede tener tanta importancia como lo narrado. La historia termina, pero no necesariamente termina la interpretaci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Borges, Cort&aacute;zar, Kafka, Poe y otras referencias</strong></h2><p class="article-text">
        No resulta dif&iacute;cil encontrar, bajo la diversidad de registros de Johatsu y otros cuentos, algunas tradiciones literarias que sirven de referencia: Borges, Cort&aacute;zar, Kafka, Poe, la tradici&oacute;n del cuento fant&aacute;stico y de ciencia ficci&oacute;n, la literatura de la guerra y la memoria, y la cultura japonesa contempor&aacute;nea... Hay especialmente algo de Kafka en esos personajes que se encuentran s&uacute;bitamente ante una realidad cuyas reglas han dejado de ser transparentes; del mismo modo que existe una afinidad con Borges en la tendencia a convertir una situaci&oacute;n narrativa en una interrogaci&oacute;n sobre la identidad, la memoria o los l&iacute;mites de lo real. En otros relatos se percibe la huella de la tradici&oacute;n fant&aacute;stica que va de Poe a Cort&aacute;zar: lo inquietante no siempre procede de la aparici&oacute;n de un elemento sobrenatural, sino de la transformaci&oacute;n casi imperceptible de una situaci&oacute;n cotidiana en otra que el lector ya no puede interpretar con las mismas certezas. A ello se suma la <strong>tradici&oacute;n de la literatura de guerra y de la ciencia ficci&oacute;n</strong>, g&eacute;neros que Morales Escudero utiliza con libertad para colocar a sus personajes ante situaciones l&iacute;mite. No se trata, sin embargo, de imitaciones reconocibles, sino de afinidades: el autor toma procedimientos y motivos de esas tradiciones para incorporarlos a una preocupaci&oacute;n que parece mucho m&aacute;s personal y persistente, la del individuo aislado, el hombre que quiere escapar de su identidad o que descubre que la realidad visible posee siempre un reverso. En ese sentido, el concepto japon&eacute;s de johatsu resulta especialmente revelador: la desaparici&oacute;n voluntaria se convierte en una imagen extrema de una inquietud que recorre buena parte del libro y que ya estaba presente en obras anteriores del autor.
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente, un conjunto de casi cincuenta relatos no puede mantener id&eacute;ntica intensidad en todas sus piezas. La libertad de registros produce diferencias de extensi&oacute;n, de tono y de alcance. Algunos cuentos alcanzan una condensaci&oacute;n especialmente lograda; otros parecen contener una materia narrativa que podr&iacute;a haber admitido un desarrollo mayor. Pero incluso esa desigualdad forma parte, hasta cierto punto, de la naturaleza del volumen: Morales Escudero no parece interesado en someter todos sus relatos a una &uacute;nica f&oacute;rmula.
    </p><p class="article-text">
        Y esa libertad constituye uno de los rasgos m&aacute;s reconocibles del libro. Hay aqu&iacute; un escritor que se mueve con comodidad entre g&eacute;neros y &eacute;pocas y que no parece necesitar justificar el desplazamiento de un territorio narrativo a otro. La guerra, la memoria, la ciencia ficci&oacute;n, la fantas&iacute;a o el misterio son instrumentos distintos para acercarse a una misma materia: la condici&oacute;n de unos personajes que no terminan de encontrar acomodo en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, Johatsu y otros cuentos contin&uacute;a algunas de las preocupaciones presentes en la trayectoria narrativa anterior de Morales Escudero. No es casual que su bibliograf&iacute;a incluya t&iacute;tulos como <a href="https://libros.cc/Hikikomori.htm?isbn=9788416799664" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Hikikomori</em></a>, adem&aacute;s de <a href="https://www.editorialnazari.com/libro/el-toque-de-las-animas-y-otros-relatos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El toque de las &aacute;nimas y otros relatos</em></a> o <a href="https://www.editorialnazari.com/libro/mi-vida-en-el-bunker/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Mi vida en el b&uacute;nker</em></a>. La soledad, el aislamiento y las distintas formas de apartamiento aparecen como preocupaciones persistentes, aunque en el nuevo libro sean sometidas a procedimientos narrativos muy diversos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Im&aacute;genes al servicio de la narraci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        La escritura, por otra parte, evita en general el exhibicionismo. Las im&aacute;genes est&aacute;n al servicio de la narraci&oacute;n y las descripciones cumplen una funci&oacute;n estructural. Es una prosa que busca antes la eficacia que el lucimiento, algo particularmente apropiado para unos relatos cuyo inter&eacute;s depende en buena medida de la atm&oacute;sfera y de la capacidad para conducir al lector hasta un desenlace que no siempre coincide con lo que esperaba.
    </p><p class="article-text">
        Al final, lo que permanece de <em>Johatsu y otros cuentos</em> no es tanto la diversidad de sus argumentos como la mirada que los re&uacute;ne. Un hombre que quiere desaparecer, un soldado enfrentado a la guerra, un condenado que recuerda sus &uacute;ltimos d&iacute;as, habitantes sometidos a la vigilancia de los drones o un viajero perdido en un espacio sin salida pertenecen a historias muy distintas. Pero todos ellos parecen vivir, de una manera u otra, al otro lado de una frontera.
    </p><p class="article-text">
        Morales Escudero escribe precisamente desde ese l&iacute;mite. Le interesa lo que ocurre cuando una persona deja de reconocerse en el lugar que ocupa, cuando la realidad se vuelve extra&ntilde;a o cuando la &uacute;nica manera de comprenderla consiste en imaginar otra. Por eso el cuento se convierte aqu&iacute; en una forma especialmente adecuada: basta un episodio, un paisaje, un recuerdo o una anomal&iacute;a para revelar esa zona que normalmente permanece oculta.
    </p><p class="article-text">
        <em>Johatsu y otros cuentos</em> es, en definitiva, un libro sobre desapariciones, pero tambi&eacute;n sobre permanencias. Sobre aquello que el individuo pretende dejar atr&aacute;s y sobre aquello que, pese a todo, lo acompa&ntilde;a. El autor cambia continuamente de escenario para volver siempre a una misma pregunta: qu&eacute; queda de nosotros cuando intentamos escapar de nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ah&iacute; reside la verdadera unidad del volumen. No en los argumentos, tan distintos entre s&iacute;, sino en esa segunda realidad que los cuentos se empe&ntilde;an en descubrir bajo la primera.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><strong>Manuel &Aacute;ngel Morales Escudero</strong></span><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"> presenta el pr&oacute;ximo </span><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><strong>mi&eacute;rcoles 7 de octubre, a las 19.30 horas</strong></span><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;">, su recopilaci&oacute;n de relatos en </span><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><strong>La Casona de San Feliz de Tor&iacute;o</strong></span><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;">. El autor estar&aacute; acompa&ntilde;ado por el escritor </span><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><strong>Luis Artigue</strong></span><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;">.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/johatsu-y-otros-cuentos-de-manuel-angel-morales-escudero-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13554795.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Oct 2026 16:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Johatsu y otros cuentos', de Manuel Ángel Morales Escudero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,España,La Biblioteca del Reino,León,Ponferrada,Bierzo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sean felices, se lo recomiendo]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/sean-felices-se-lo-recomiendo-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13542646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/46e5b416-b35c-4c24-ac97-efb8c24510c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sean felices, se lo recomiendo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una mujer vitamina es una de esas que trae consigo una luz particular y por eso, al entrar en una habitación, le sube las defensas a la vida</p></div><p class="article-text">
        As&iacute; ella&hellip; Como <strong>Juliette Gr&eacute;co</strong>, musa que fuera del existencialismo franc&eacute;s, in&eacute;dita feminidad enronquecida a la que en su d&iacute;a dedicamos una novela entera titulada <a href="https://editorialpezdeplata.com/coleccion-narrativa-pez-de-plata/53-cafe-jazz-el-destripador-9788412078411.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Caf&eacute; Jazz El Destripador</em></a><em> </em>(fue en apariencia para hablar del <strong>Par&iacute;s</strong> de <strong>Picasso</strong> y <strong>Sartre</strong> pero en realidad de nuestro matrimonio prolijo en superaciones), es una de esas personas fascinantes que saben contarlo todo desde la empat&iacute;a que le surte su sesgo de supervivencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En efecto, hay mujeres que llegan a la vida de uno como llegan a Le&oacute;n los d&iacute;as demasiado veraniegos para septiembre: sin hacer ruido, con una luz peregrinada que parece venir de lejos y con esa manera clarividente de quedarse para siempre en las cosas&hellip; As&iacute; ella&hellip; Ella que es de esas mujeres que no necesitan decir nada: basta con que est&eacute;n cerca para que a uno le circule mejor la sangre.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una eterna muchacha leonesa con alegr&iacute;a de mocita de zarzuela. Y digo muchacha porque hay rostros que se niegan al calendario, como ciertas fachadas de&nbsp;ciudad que el tiempo no consigue envejecer. Tiene una personalidad-vitamina &ndash;esa rara sustancia que alegra a su alrededor los d&iacute;as sin necesidad de explicarse&ndash; y un aura de bondad que no se anuncia, pero se nota. La bondad verdadera nunca lleva cartel, escribi&oacute; <strong>George Bernanos</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; su rostro protagonizado por unos ojos agitanados de poema de <strong>Federico Garc&iacute;a Lorca</strong>. Ojos garzos. Palabra antigua y hermosa, palabra que parece hecha para ellos: claros y oscuros a la vez, con ese misterio de los ojos que no se limitan a mirar, sino que guardan. A veces pienso que ella es el retrato inmortal de s&iacute; misma, pintado por un artista que decidi&oacute; no terminar nunca el cuadro para que la juventud pudiera quedarse ah&iacute;, suspendida, mir&aacute;ndonos.
    </p><p class="article-text">
        La conoc&iacute; hace veinticinco a&ntilde;os: casi una vida, si uno se pone matem&aacute;tico o cabal&iacute;stico; una tarde larga, si se pone poeta enamorado. Desde entonces venimos bailando juntos por la vida, y pasando juntos por todo. Y eso, a estas alturas, me parece una de las formas m&aacute;s secretas y m&aacute;s hermosas del amor: continuar la danza, pues la danza y el amor van unidos como bien nos ense&ntilde;&oacute; el poeta persa fundador de los derviches <strong>Rumi</strong>...&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, la conoc&iacute; hace 25 a&ntilde;os y hoy llega el 25 de septiembre, nuestro aniversario, nuestra coincidencia espiritual numerol&oacute;gica de la que hablan los cabalistas como <strong>Mos&eacute; ben Sem Tob de Le&oacute;n,</strong> autor de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Zohar" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El Zohar</em></a>, este art&iacute;culo m&iacute;o y de ustedes se escribe solo porque en efecto aqu&iacute; est&aacute; mi prosa para ponerle al tiempo su estribillo, su centinela de miel o vinagre a los d&iacute;as que pasan, al tiempo que no queda, a la vida.
    </p><p class="article-text">
        De hecho el veinticinco tiene mucho de n&uacute;mero cabal&iacute;stico, de cifra que viene cargada de buenos augurios. Veinticinco son a&ntilde;os que no pesan porque se han vivido en consonancia. Veinticinco es tambi&eacute;n una peque&ntilde;a contrase&ntilde;a que el destino parece habernos dejado en el bolsillo para recordarnos que hay n&uacute;meros que cuentan, y otros que celebran.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que hoy no quiero hablar de los a&ntilde;os, sino de la felicidad. De esa felicidad que no hace ruido, que no necesita fuegos artificiales ni fotograf&iacute;as, que consiste simplemente en mirar al otro y reconocer, despu&eacute;s de un cuarto de siglo, que sigue siendo la persona con la que uno quiere bailar la siguiente canci&oacute;n. Lo escribi&oacute; <strong>Djuna Barnes </strong>en nuestra novela favorita, <a href="https://www.tiposinfames.com/libros/el-bosque-de-la-noche/1478/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El bosque de la noche</em></a><em>: </em>&ldquo;esto es para ti que siempre ser&aacute;s la segunda persona del singular&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ella, la muchacha leonesa de los ojos garzos, sigue ah&iacute; embelleciendo el mundo y conmovi&eacute;ndolo con su entereza en el arte de encajar reveses como quien paga todas las facturas con sonrisas.
    </p><p class="article-text">
        Veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s he venido a este folio a decirte que si un d&iacute;a de da por poner una academia de vivir, yo me apunto.
    </p><p class="article-text">
        Sean felices; se lo recomiendo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/sean-felices-se-lo-recomiendo-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13542646.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Sep 2026 09:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sean felices, se lo recomiendo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Psicología,Vecinos,León,Poesía,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El ojo inscrito', de Lola Llatas]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/libro-el-ojo-inscrito-de-lola-llatas-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13525850.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/90b5222f-98bf-49b6-add4-241f10f9a0f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1482y374.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El ojo inscrito&#039;, de Lola Llatas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Numak Ediciones publica a una de las voces españolas importantes de las que cultivan hoy el terror y la fantasía oscura a la que esta última obra emparenta con la tradición del horror sobrenatural juvenil en una línea que puede recordar, salvando las distancias, a Stephen King, y en el cine a Darío Argento</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Lola_Llatas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Lola Llatas</strong></a> (Valencia, 1976), prestigiosa ingeniera de Caminos a la par que escritora, ha convertido su experiencia profesional de una vida errante por escenarios tan extremos como la India, Australia o Arabia en una literatura donde lo cotidiano y lo inquietante mantienen una relaci&oacute;n de permanente sospecha. 
    </p><p class="article-text">
        Su trayectoria abarca <a href="https://www.lolallatas.com/libros" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">literatura infantil</a>, juvenil y adulta, y de hecho entre sus primeras obras est&aacute;n <em>Los misterios de Sara</em>,<em> Min y el cazador de estrellas </em>y <em>Los intrusos</em>; y en <a href="https://www.lolallatas.com/libros-juvenil-y-adulto" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">narrativa adulta</a> public&oacute; en su d&iacute;a <a href="https://www.amazon.es/Bosque-Lola-Llatas-ebook/dp/B098KK5MK4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Bosque</em></a><a href="https://www.amazon.es/Bosque-Lola-Llatas-ebook/dp/B098KK5MK4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>(Obscura, 2021), que supuso su entrada en el terror y la fantas&iacute;a oscura, <em>y </em><a href="https://obscura.es/products/el-lugar-invisible" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El lugar invisible</em></a> (Obscura, 2023), con el que obtuvo el Premio Ignotus 2024 a Mejor Novela y el Premio Druida del Festival Terramur. Por todo eso Lola Llatas se ha consolidado como una de las voces espa&ntilde;olas importantes de las que cultivan hoy el terror y la fantas&iacute;a oscura, especialmente desde <em>Bosque</em> y <em>El lugar invisible</em>. Y, entre su producci&oacute;n narrativa, su novela <em>El ojo inscrito</em> la emparenta con la tradici&oacute;n del terror rural y sobrenatural en una l&iacute;nea que puede recordar, salvando las distancias, a <strong>Stephen King</strong>, <strong>Shirley Jackson</strong> o <strong>Mariana Enriquez</strong>, pero tambi&eacute;n al imaginario del horror cinematogr&aacute;fico de <strong>Dario Argento,Sam Raimi</strong> o <strong>Ari Aster</strong>&hellip;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, comencemos diciendo que hay novelas de terror que buscan ante todo producir un sobresalto y otras que aspiran a algo m&aacute;s dif&iacute;cil: instalar en el lector una inquietud que persista cuando el libro ya se ha cerrado. <a href="//www.casadellibro.com/libro-el-ojo-inscrito/9788412958423/17730120" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El ojo inscrito</em></a><em>,</em> de Lola Llatas, pertenece a esta segunda clase. Su procedimiento no consiste tanto en exhibir lo monstruoso como en introducirlo gradualmente en un espacio reconocible, cotidiano, hasta conseguir que aquello que parec&iacute;a imposible termine adquiriendo una inquietante apariencia de normalidad.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un muerto en una acequia y un s&iacute;mbolo misterioso</strong></h2><p class="article-text">
        La historia parte de un hecho aparentemente concreto: Pascu aparece muerto en una acequia y su sobrino Marcelo se resiste a aceptar que se trate de un accidente. Desde ese momento, la investigaci&oacute;n personal del muchacho se convierte en el hilo conductor de una trama en la que las pesadillas, las visiones y la aparici&oacute;n de un extra&ntilde;o s&iacute;mbolo &ndash;el ojo inscrito&ndash; van modificando progresivamente la percepci&oacute;n que Marcelo tiene de su propio entorno. El hallazgo del s&iacute;mbolo funciona as&iacute; como una frontera narrativa: al otro lado comienza un mundo en el que las explicaciones racionales dejan de resultar suficientes.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los aciertos de Llatas consiste precisamente en no precipitar esa transformaci&oacute;n. El terror se introduce mediante una acumulaci&oacute;n de indicios. Antes de que aparezca la amenaza sobrenatural, existe la sospecha; antes que la certeza, la anomal&iacute;a. El lector sabe que algo no encaja, aunque todav&iacute;a desconoce qu&eacute; es exactamente lo que debe temer. Esa demora constituye uno de los mecanismos m&aacute;s eficaces de la novela, porque permite que la imaginaci&oacute;n complete aquello que el relato todav&iacute;a no muestra.
    </p><p class="article-text">
        El escenario rural desempe&ntilde;a, en este sentido, una funci&oacute;n decisiva. No se trata simplemente de utilizar un pueblo como decorado pintoresco para una historia fant&aacute;stica. El espacio termina convirti&eacute;ndose en una estructura cerrada, casi asfixiante, donde los v&iacute;nculos entre los habitantes, los secretos y la dificultad para distinguir entre apariencia y realidad favorecen la propagaci&oacute;n de la amenaza. Lo cotidiano deja de ser una garant&iacute;a de seguridad y se convierte precisamente en aquello que resulta sospechoso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Distintos registros, hasta zombis</strong>
    </p><p class="article-text">
        La novela combina adem&aacute;s distintos registros gen&eacute;ricos: misterio, aventura juvenil, terror sobrenatural y elementos pr&oacute;ximos al relato de zombis y a las historias de sectas. La propia autora ha se&ntilde;alado que en <em>El ojo inscrito</em> confluyen precisamente zombis, sectas y experimentos m&eacute;dicos, dentro de una historia concebida como una aventura de terror. Esta mezcla podr&iacute;a haber conducido f&aacute;cilmente a una acumulaci&oacute;n arbitraria de motivos, pero Llatas consigue utilizarlos alrededor de una preocupaci&oacute;n central: la tentaci&oacute;n humana de vencer los l&iacute;mites que impone la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Y es ah&iacute; donde la novela adquiere una dimensi&oacute;n que rebasa el mecanismo de suspense. El verdadero asunto no es &uacute;nicamente qu&eacute; ha sucedido con Pascu ni qu&eacute; significa el s&iacute;mbolo que encuentra Marcelo. Bajo la trama fant&aacute;stica aparece una pregunta mucho m&aacute;s antigua: qu&eacute; estar&iacute;a dispuesto a hacer el ser humano para escapar de aquello que considera definitivo. La b&uacute;squeda de una forma de permanencia, de una supervivencia que desaf&iacute;e las leyes naturales, abre inevitablemente la puerta a la corrupci&oacute;n de aquello mismo que se pretend&iacute;a conservar.
    </p><p class="article-text">
        Marcelo cumple adecuadamente la funci&oacute;n de mediador entre el lector y ese universo. Su condici&oacute;n adolescente permite que la novela mantenga una mirada de descubrimiento y que el misterio conserve su capacidad de fascinaci&oacute;n. Pero el personaje no se limita a contemplar los acontecimientos: la muerte de su t&iacute;o convierte la investigaci&oacute;n en una necesidad afectiva. Quiere saber porque necesita comprender, y necesita comprender porque no acepta la explicaci&oacute;n que los dem&aacute;s parecen dispuestos a dar por buena.
    </p><p class="article-text">
        Esta oposici&oacute;n entre quien pregunta y quienes prefieren olvidar sostiene buena parte de la tensi&oacute;n narrativa. Frente a Marcelo se levanta, de manera m&aacute;s o menos expl&iacute;cita, una comunidad que parece haber aprendido a convivir con determinadas anomal&iacute;as. Y quiz&aacute; sea &eacute;sta una de las ideas m&aacute;s perturbadoras del libro: el mal no necesita presentarse siempre con una apariencia monstruosa. Puede integrarse en las costumbres, en los silencios y en la voluntad colectiva de no mirar demasiado.
    </p><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo adquiere entonces un valor especialmente significativo. Un ojo inscrito es, antes que un simple emblema fant&aacute;stico, una imagen de la mirada. Ver significa aqu&iacute; exponerse al conocimiento, y conocer puede resultar peligroso. El s&iacute;mbolo no abre solamente una puerta hacia lo sobrenatural: obliga a mirar aquello que los dem&aacute;s preferir&iacute;an mantener oculto.
    </p><p class="article-text">
        La reedici&oacute;n de 2025 por Numak Ediciones subraya, adem&aacute;s, la voluntad de recuperar la novela desde una perspectiva m&aacute;s adulta y oscura. La editorial se&ntilde;ala expresamente que se trata de una nueva edici&oacute;n de la obra publicada originalmente en 2019, revisada para darle &ldquo;una nueva vida y un nuevo enfoque m&aacute;s adulto y oscuro&rdquo;. No es, por tanto, un lanzamiento completamente nuevo, sino la recuperaci&oacute;n de una obra que ahora encuentra un marco editorial acorde con la vertiente de terror que caracteriza la trayectoria de Llatas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;D&oacute;nde est&aacute; la oscuridad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En <em>El ojo inscrito,</em> el miedo no procede exclusivamente de aquello que acecha en la oscuridad. Procede tambi&eacute;n de la posibilidad de que la oscuridad est&eacute; ya dentro de nosotros y de que, para descubrirla, baste con mirar demasiado atentamente.
    </p><p class="article-text">
        Llatas construye as&iacute; una novela de lectura &aacute;gil, apoyada en el misterio y en la progresiva revelaci&oacute;n de sus secretos, pero cuya eficacia depende de algo m&aacute;s elemental: la capacidad de convertir un espacio familiar en un lugar amenazador. Y cuando una novela consigue que el lector empiece a desconfiar de aquello que hasta entonces consideraba normal, el terror ha cumplido su cometido m&aacute;s profundo.
    </p><p class="article-text">
        Porque quiz&aacute; el verdadero peligro de ese ojo no sea que nos observe. Quiz&aacute; sea que, una vez que hemos aprendido a mirar a trav&eacute;s de &eacute;l, ya no podamos dejar de ver.
    </p><p class="article-text">
        Para terminar situando la obra desde el punto de vista de la teor&iacute;a de la literatura fant&aacute;stica hemos de se&ntilde;alar que el llamado <em>folk horror</em>, uno de los subg&eacute;neros del terror, sit&uacute;a el horror en comunidades rurales y en sus tradiciones, mitos, rituales y creencias ancestrales. Pero el agrohorror, en cambio, desplaza el foco hacia la propia realidad rural contempor&aacute;nea, sus espacios, conflictos y formas de vida como fuente de inquietud.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, <em>El ojo inscrito</em> se incardina mejor en el agrohorror, seg&uacute;n la terminolog&iacute;a de <strong>David Roas, Ra&uacute;l Molina Gil </strong>y<strong> Ana Mart&iacute;nez Castillo</strong>: no utiliza el campo como mero dep&oacute;sito de folklore, sino que convierte el mundo rural reconocible y cotidiano en el &aacute;mbito donde irrumpe y se desarrolla lo monstruoso&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Pasen y lean. Si se atreven.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/libro-el-ojo-inscrito-de-lola-llatas-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13525850.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Sep 2026 16:30:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['El ojo inscrito', de Lola Llatas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Campo,Literatura,Jóvenes,España,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Anatomía de un caballo, de Amancio González]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/anatomia-caballo-amancio-gonzalez-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13504389.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5cb293c5-bc1b-4462-8be5-af71250e023f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Anatomía de un caballo, de Amancio González"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En arte uno hace lo que hace pero de pronto un día cambia, hace otra cosa, porque no lo hace él sino que alguien lo hace a través de él lo sepa uno o no… ¡Es entonces cuando la obra del artista, a menudo sin él saberlo, da un giro no calculado e inmarchitable!</p></div><p class="article-text">
        El punto de giro espiritual en la obra reciente del escultor Amancio Gonz&aacute;lez vino con la pieza sobre la pandemia del COVID que hizo para la glorieta del Hospital de Le&oacute;n, y en la cual nuestro escultor abandon&oacute; lo materialista, materico y antropomorfo para hablarnos emocionadamente y as&iacute;, mediante el prodigioso idioma del arte, de los que se superan, los que se elevan: en ese caso todos los sanitarios que volaron, por nosotros, por encima de su sueldo y de si mismos con el objetivo de salvar a su modo el mundo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Y es que en efecto hay un determinado momento en el que el artista siente el peso de la est&eacute;tica, siente la vuelta al origen, ese momento epist&eacute;mico en que te das cuenta de que existe algo por encima de nosotros que nos supera. Los idealistas neoplat&oacute;nicos dicen que es la evidencia repentina del mundo de las ideas (en Plat&oacute;n nace no solo las religiones trascendentes sino tambi&eacute;n la est&eacute;tica en su rama de arte trascendente). Los espiritualistas por su parte desdicen a los idealistas y se&ntilde;alan que lo que le pasa al artista en ese punto es que roza lo divino&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sea como sea, en cualquier caso el arte, adem&aacute;s de camino interior continuo, es una cuesta en ascensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y el escultor Amancio Gonz&aacute;lez en este sentido se ha dado cuenta de que lleva toda una vida dedicado a la forma, lo antropomorfo (vean como ejemplo El Gigante de Santo Domingo conocido por 'La Negrilla', que viene a ser esa renatom&iacute;a de lativizaci&oacute;n de la grandeza humana que tambi&eacute;n hizo Jonathan Swift en <a href="https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/viajes-de-gulliver--0/html/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los viajes de Gulliver</em></a><em> </em>cuando el protagonista llega a la isla de los gigantes), la figura humana redimensionada, otro volumen, otra textura y en com&uacute;n el alma... la escultura antropom&oacute;rfica de Amancio Gonz&aacute;lez ha sido hasta ahora estudio de del hombre; el conocimiento de uno mismo, y, a trav&eacute;s de uno mismo y de la forma del cuerpo, v&iacute;a de acceso al todo,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero de repente en el escultor Amancio Gonz&aacute;lez se han desatado est&eacute;ticamente los caminos de elevaci&oacute;n espiritual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso en esta nueva exposici&oacute;n reci&eacute;n inaugurada en <a href="https://armaga.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Galer&iacute;a &Aacute;rmaga</a> y titulada <em>Anatom&iacute;a de un caballo </em>ha utilizado el s&iacute;mbolo del caballo para elevarse de lo antropomorfo, elevarse est&eacute;tica y espiritualmente, como lo har&iacute;a un caballo que tiene algo de &aacute;ngel (eso en el fondo es el artista verdadero). Esa anatom&iacute;a del caballo creemos pujes que es la anatom&iacute;a de lo est&eacute;tico, el viaje desde la materia hacia lo espiritual y ese viaje que se hace por elevaci&oacute;n, como as&iacute; nos ense&ntilde;aron los m&iacute;sticos tales como Ramon Llull en el <a href="https://bipadi.ub.edu/digital/collection/p21046coll2/id/4525" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Libro del ascenso y descenso del entendimiento</em></a> o Ibn&nbsp;Arab&iacute; en <a href="https://archive.org/details/ibn-arabi.-las-iluminaciones-de-la-meca-ocr-2005" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Iluminaciones de la Meca</em></a><em>, </em>dos de los libros favoritos del gran espiritualista, gran artista y maestro de artistas Alejandro Vargas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, nos atrevemos a huir en esta ocasi&oacute;n de la cr&iacute;tica de arte y a situar en el v&eacute;rtice de esclarecimiento escrito de esta exposici&oacute;n la muerte reciente de nuestro maestro inolvidable Alejandro Vargas pues todos queremos analizar el caballo, y entenderlo, y hermanarnos con &eacute;l hasta domarlo y montarlo y que nos lleve arriba, nos eleve y nos conduzca al cielo donde est&aacute;n los nuestros convertidos en estrellas que en lo oscuro nos dan la luz mejor.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El monumento a la lucha contra el coronavirus de Amancio en el Hospital de León.                            </span>
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        No tengo duda de que &eacute;sta es la exposici&oacute;n m&aacute;s m&iacute;stica de todas aquellas que ha realizado Amancio Gonz&aacute;lez. De hecho se ve tambi&eacute;n esto en los materiales, en c&oacute;mo ha querido solidificar lo espiritual, hacer lo que s&oacute;lo un escultor puede hacer, que lo espiritual sea de pronto s&oacute;lido: por eso utiliza con tanta pericia ahora los bronces para caminar entre lo figurativo, cuando trata el tema del caballo, y lo geom&eacute;trico con los cuadrados y cibos que bien parecen un homenaje a escultores abstractos de nuestro siglo XX como Chillida, Ibarrola y Oteiza. Pero en esta exposici&oacute;n tambi&eacute;n hay un trabajo de reelaboraci&oacute;n art&iacute;stica del duelo y lo aprendido y lo rezado para que lo espiritual no sea s&oacute;lo religioso, no sea s&oacute;lo est&eacute;tico, sino que sea tambi&eacute;n heterodoxo o, en su caso, cosmol&oacute;gico, casi con algo de hor&oacute;scopo. De hecho tambi&eacute;n aqu&iacute; hay simbolog&iacute;a c&oacute;smica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En suma tenemos que decir que esta exposici&oacute;n es el momento de madurez plena donde el caballo parece que vuela, acaso, porque no hay nada m&aacute;s dif&iacute;cil que eso. Si Vel&aacute;zquez fue capaz de revolucionar la pintura pintando la luz, el gran escultor que es Amancio Gonz&aacute;lez est&aacute; tratando de hacer ese mismo prodigio casi alqu&iacute;mico, el de esculpir el vuelo y esculpir el aire.
    </p><p class="article-text">
        La forma que parece aqu&iacute; a veces que no se sostiene en nada, pero es porque se sostiene en lo divino. Las manos invisibles de Dios sujetan la materia y a nosotros cuando nos quedamos solos, ya sin nuestros maestros y nuestros padres, navegando por nuestros propios medios por el mar de la vida como una nave al pairo... 
    </p><p class="article-text">
        Esa es la clave para entender la &uacute;ltima exposici&oacute;n de Amancio Gonz&aacute;lez.
    </p><p class="article-text">
        La pieza m&aacute;s importante de esta exposici&oacute;n es por eso precisamente <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Pegaso" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pegasus</a>, porque es donde se funden las dos tradiciones de las que estamos hablando, el idealismo griego cargado de simbolog&iacute;a y el espiritualismo cristiano: todo en la figura de un caballo que en realidad es un &aacute;ngel. Y todo para decirnos, para hacernos ver, que se puede hacer escultura y que esta escultura no sea, como ha sido en la obra de Amancio Gonz&aacute;lez hasta ahora, un prodigio de lo mat&eacute;rico antropom&oacute;rfico, la escultura convertida en la canci&oacute;n de las cosas, sino una escultura que es algo que art&iacute;tica y espiritualmente est&aacute; m&aacute;s all&aacute;, que es el m&aacute;s all&aacute; de la materia, la forma informe, lo ang&eacute;lico, o, como dec&iacute;a San Juan Evangelista, la palabra hecha carne.
    </p><p class="article-text">
        Amancio Gonz&aacute;lez, domador de tempestades y de bestias, nos invita a subirnos al caballo, a elevarnos, y, por ende, a estar m&aacute;s cerca del cielo&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Esa es la raz&oacute;n por la que existe el verdadero arte! &iexcl;Por eso lo amamos tanto! &iexcl;Gracias!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/anatomia-caballo-amancio-gonzalez-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13504389.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Sep 2026 09:30:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Anatomía de un caballo, de Amancio González]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Exposiciones,Arte Contemporáneo,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vaya cuánto tiene que aprender el pendón de San Isidoro de Moncloa de José Antonio Diez]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/cuanto-tiene-que-aprender-el-pendon-de-san-isidoro-de-moncloa-de-jose-antonio-diez-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13488703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d53aa1fa-7333-4d46-8c87-1d995626de4f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x613y396.jpg" width="1200" height="675" alt="Vaya cuánto tiene que aprender el pendón de San Isidoro de Moncloa de José Antonio Diez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">José Antonio Diez, alcalde, versus el Pendón de San Isidoro de Moncloa, más que una guerra civil palaciega, parece un tebeo… Sí, hay políticos que tienen despacho. Y hay políticos que tienen jefe</p></div><p class="article-text">
        Viene esto a cuento de que Jos&eacute; Antonio Diez, alcalde, decidi&oacute; ir a la concentraci&oacute;n en defensa de Ceuta, de los ceut&iacute;es, de la ley y de la integridad territorial de Espa&ntilde;a. Parece poca cosa, tan solo un gesto, pero, en estos tiempos de obediencia con auricular, argumentario fotocopiado y disciplina de hormiguero, empieza a parecer una haza&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; palabra tan antigua, el verbo ir, la va a pronunciar y poner en pr&aacute;ctica porque lo suyo no es un socialismo de joyero sino uno de periferia y pueblo llano, digno y legal. Ir donde uno cree que debe estar. Sin consultar el mapa de la cartograf&iacute;a de intereses y sofismas de Ferraz. Sin esperar el permiso de Moncloa. Ir porque Ceuta es Espa&ntilde;a y porque hay asuntos que no deber&iacute;an caber en la peque&ntilde;a mercer&iacute;a de las siglas. Ol&eacute; tus huevos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, El Pend&oacute;n de San Isidoro de Moncloa, &eacute;se al que venir a Le&oacute;n &Aacute;balos y  Koldo no le increpaban ni amenazaban, difunde doctrina. En efecto el Pend&oacute;n de San Isidoro de Moncloa es un hombre aplicado. Recibe el argumentario, lo lee, lo subraya y lo entrega. Ahora toca hablar de serenidad, cooperaci&oacute;n, responsabilidad. La pol&iacute;tica ha perfeccionado el eufemismo: ya no se dice obedecer, sino coordinarse; ya no se dice callar, sino ser prudente; ya no se dice mentir sino cambiar de opini&oacute;n; ya no se dice invasi&oacute;n sino percance migratorio... 
    </p><p class="article-text">
        Baltasar Graci&aacute;n habr&iacute;a disfrutado de estos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Diez, en cambio, ha hecho algo mucho m&aacute;s antiguo: ejercer de verdad de alcalde. Y un alcalde no es un delegado provincial de Madrid ni de Valladolid. Es el hombre que representa a su ciudad. A Le&oacute;n. Una ciudad que, por cierto, tiene la vieja costumbre de preferir que sus pol&iacute;ticos sean antes leales a su palabra que cualquier otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Los partidos pasan. Los secretarios provinciales pasan. Los ministros pasan. Hasta los presidentes pasan, aunque alguno haya desarrollado una cierta vocaci&oacute;n de eternidad&hellip;. Pero Ceuta queda. Y Le&oacute;n queda. Espa&ntilde;a queda, co&ntilde;o&hellip; Ah&iacute; est&aacute; la diferencia entre la pol&iacute;tica y el poder: la primera deber&iacute;a servir a lo que permanece; el segundo suele servir a quien manda.
    </p><p class="article-text">
        Por eso cu&aacute;nto tiene que aprender El Pend&oacute;n de San Isidoro de Moncloa de Jos&eacute; Antonio Diez. No de socialismo. Ni siquiera de patriotismo. M&aacute;s bien de esa rara dignidad que consiste en tener un cargo y no convertirse en propiedad de  quien puede renovarte el cargo. En recordar que el partido tiene sus jefes, pero la representaci&oacute;n tiene otro: el ciudadano.
    </p><p class="article-text">
        Los lacayos, en cambio, nunca est&aacute;n solos. Tienen grupo de WhatsApp, eso s&iacute;. Tienen argumentario. Tienen llamada. Y tienen siempre a alguien que les indica d&oacute;nde ponerse para la fotograf&iacute;a de prensa.
    </p><p class="article-text">
        Diez, esta vez, ha elegido otra cosa. Ha elegido estar donde hay que estar: con la mejor Espa&ntilde;a que, para los socialistas de verdad, es la de abajo, llana, trabajadora, legal, digna y en pie.
    </p><p class="article-text">
        Son dos palabras que deber&iacute;an ser triviales y que hoy suenan casi revolucionarias: yo voy. Esas palabras recuerdan muy mucho lo que escribi&oacute; la mejor pensadora que ha tenido Espa&ntilde;a, Mar&iacute;z Zambrano, en <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/bibliotecas-de-autor/hacia-un-saber-sobre-el-alma-maria-zambrano-9788491813897/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Hacia un saber sobre el alma</em></a><em>: </em>la fundaci&oacute;n del Partido Socialista Obrero Espa&ntilde;ol por Pablo Iglesias supuso dotar de dignidad y disciplina a la ideolog&iacute;a&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        En efecto primero est&aacute; la dignidad, y luego la disciplina&hellip; Jos&eacute; Antonio Diez demuestra que lo sabe&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        El Pend&oacute;n de San Isidoro lo ignora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/cuanto-tiene-que-aprender-el-pendon-de-san-isidoro-de-moncloa-de-jose-antonio-diez-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13488703.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Sep 2026 09:30:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vaya cuánto tiene que aprender el pendón de San Isidoro de Moncloa de José Antonio Diez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sociología,España,José Antonio Diez,Ayuntamiento de León,PSOE]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La iglesia de San Marcelo]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/iglesia-san-marcelo-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13488054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d902bcfc-a043-4589-b897-a66b58907c7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La iglesia de San Marcelo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahora que regresa del verano y del turismo Luis Artigue en su último artículo propone aprender a quedarse</p></div><p class="article-text">
        Escribi&oacute; <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Pem&aacute;n</strong> que el verano es una aver&iacute;a del invierno, y yo estoy convencido de que es verdad, que el electr&oacute;dom&eacute;stico que funciona es el invierno: por eso a m&iacute; el verano que me gusta es el de Le&oacute;n, con mis escapadas a las fiestas de pueblo y a Asturias, y mis peri&oacute;dicos adelgazados de p&aacute;ginas y mis novelas-tocho. En verano, que es el tiempo en que est&aacute; de moda no viajar sino turistear, es un momento del a&ntilde;o en el que acostumbro a aprender a quedarme&hellip; &iexcl;Por eso <strong>San Marcelo</strong>!
    </p><p class="article-text">
        San Marcelo es el patr&oacute;n de Le&oacute;n, pero, desde que las fiestas de la ciudad son en San Juan como conmemorando el solsticio, esto ya no lo sabe casi nadie. Uno pregunta por San Marcelo y le miran como si hubiese preguntado por un t&iacute;o abuelo que emigr&oacute; a Am&eacute;rica. Patr&oacute;n de Le&oacute;n, s&iacute;, se&ntilde;or. Pero Le&oacute;n tiene hoy otros patronos: el turismo, las terrazas, las obras de la Calle Ancha que duran m&aacute;s que un traje de pana, el tapeo epic&uacute;reo y democr&aacute;tico, el AVE y esa voluntad administrativa de convertir cualquier memoria en una placa.
    </p><p class="article-text">
        San Marcelo, mientras tanto, sigue ah&iacute;. Uno pasa por delante y ve la iglesia, que es una de esas cosas que est&aacute;n tan acostumbradas a estar con humildad, que hemos dejado de verlas. Como las farolas. Como nuestras madres. Como el idioma&hellip; Porque tampoco nos acordamos del lat&iacute;n&hellip; Y ah&iacute; San Marcelo empieza a decirnos algo importante.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Iglesia de San Marcelo en los años 60.                            </span>
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        Como me ense&ntilde;&oacute; siendo un muchacho mi insigne catedr&aacute;tico de lat&iacute;n coloquial don <strong>&Oacute;scar Ramos Ribera</strong>, Le&oacute;n no viene del selv&aacute;tico le&oacute;n. Esto convendr&iacute;a recordarlo alguna vez, sobre todo cuando paseamos con tanto orgullo ese animal rampante que parece haber fundado la ciudad personalmente a tenor de las esculturas urbanas de los puentes y las alcantarillas abiertas de la que sale el rey Le&oacute;n. <a href="https://ileon.eldiario.es/sociedad-y-vida/descubre-origen-nombre-ciudad-leon_1_10288422.htmlhttps://ileon.eldiario.es/sociedad-y-vida/descubre-origen-nombre-ciudad-leon_1_10288422.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Le&oacute;n viene de Legio</a>. De la legi&oacute;n. De Roma. De aquellos soldados que plantaron aqu&iacute; sus piedras, sus tiendas, sus armas y, sobre todo, sus palabras.
    </p><p class="article-text">
        Antes del le&oacute;n rey de la selva estuvo la legi&oacute;n. Y antes de que Le&oacute;n fuese Le&oacute;n, fue una palabra latina. San Marcelo es, de alg&uacute;n modo, uno de los &uacute;ltimos romanos de la ciudad. No porque ande por ah&iacute; con sandalias y coraza, que ser&iacute;a inc&oacute;modo, sino porque en su iglesia todav&iacute;a queda esa memoria profunda de un mundo que nosotros hemos aprendido a llamar antiguo para no tener que llamarlo nuestro.
    </p><p class="article-text">
        Entrar en San Marcelo es entrar en una palabra que lleva dos mil a&ntilde;os pronunci&aacute;ndose y por eso sabe a pan compartido.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un retablo barroco y el cristo de Gregorio Fern&aacute;ndez</strong></h2><p class="article-text">
        Dentro est&aacute; el retablo barroco, que es como una familia venida de muy lejos y vestida para una ceremonia interminable. <strong>San Marcelo y Santa Nonia</strong> est&aacute;n all&iacute; con todos sus hijos. Todos juntos. Una familia numerosa de santos, m&aacute;rtires y criaturas del cielo, como si fueran a salir de viaje y supieran que el viaje ser&aacute; largo y lento como un bolero&hellip; Qu&eacute; cosas hac&iacute;a antes la familia. Ten&iacute;a hijos. Ten&iacute;a muertos. Ten&iacute;a santos. Y ten&iacute;a una misi&oacute;n&hellip; Ahora tenemos los grupos de Whatsapp.
    </p><p class="article-text">
        Pero uno mira ese retablo y comprende que aquella gente se tomaba en serio lo de la familia. San Marcelo, Santa Nonia y sus hijos parecen una peque&ntilde;a compa&ntilde;&iacute;a de infanter&iacute;a celestial. Una familia en misi&oacute;n. Todos mirando hacia alguna parte que nosotros ya no sabemos se&ntilde;alar; hacia alguna parte que nos constituye invisible e indefectiblemente.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; el Cristo de <strong>Gregorio Fern&aacute;ndez</strong>. Ese Cristo no viene a decorar nada. Ese Cristo viene de la muerte. P&aacute;lido, exhausto, ensangrentado, con esa crudeza que hoy llamar&iacute;amos gore porque hemos inventado palabras nuevas para cosas viej&iacute;simas. Gregorio Fern&aacute;ndez sab&iacute;a que para hablar del cielo hab&iacute;a que empezar por la carne, y no hizo un Cristo bonito sino un Cristo sufriente que da lo m&aacute;s grande que se tiene, la vida, para que tenga sentido la vida. El barroco espa&ntilde;ol no ten&iacute;a miedo a la sangre. Nosotros s&iacute;. Nosotros preferimos que todo parezca limpio, nuevo y sin usar, incluso la muerte. 
    </p><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute; lo m&aacute;s hermoso de San Marcelo no est&eacute; en el retablo ni en el Cristo, sino entre una cosa y otra: en el silencio (<em>silentium encarnatum</em> dec&iacute;a uno de los grandes nombres de la patr&iacute;stica, <strong>M&aacute;ximo el Confesor</strong>). Porque el silencio de San Marcelo no est&aacute; vac&iacute;o. Est&aacute; poblado. Hay de hecho silencios que son simplemente ausencia de ruido. Pero luego est&aacute; este. Este tiene moradas como el castillo interior de <strong>Santa Teresa de Jes&uacute;s</strong>. Tiene romanos. Tiene soldados. Tiene madres. Tiene viudas. Tiene ni&ntilde;os. Tiene muertos que laten como corazones. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Cristo de los Balderas en San Marcelo de León, talla de Gregorio Fernández.                            </span>
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        Los forasteros lo entienden mejor que nosotros. Entra un extranjero, mira hacia arriba, contempla el retablo, se queda un momento quieto y comprende que aqu&iacute; hay algo. El leon&eacute;s, en cambio, pasa deprisa porque tiene una cita, porque llueve, porque va a comprar tabaco o porque ha quedado en <strong>Ordo&ntilde;o</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Lo he comprobado: <strong>el forastero viene a Le&oacute;n a mirar. El leon&eacute;s viene a llegar.</strong> Quiz&aacute; por eso deber&iacute;amos entrar alguna vez en San Marcelo como extranjeros. Sin saber. Sin prejuicios. Sin esa terrible familiaridad que nos hace ciegos a lo que tenemos delante. Y mirar el retablo. Mirar a la familia de San Marcelo. Al Cristo p&aacute;lido de Gregorio Fern&aacute;ndez. Y despu&eacute;s quedarse callado como se callan las monta&ntilde;as o los veleros. A lo mejor entonces escuchamos algo&hellip; No s&eacute; si ser&aacute; Dios. No s&eacute; si ser&aacute; Roma. No s&eacute; si ser&aacute; simplemente el eco de tantos hombres y mujeres que dejaron su huella sencilla de verdad.
    </p><p class="article-text">
        Porque las lenguas, como las madres, no mueren del todo. Quedan debajo como sabemos que quedan las ciudades desde que el arque&oacute;logo <strong>Heinrich Schliemann</strong> nos redescubriera materialmente &Iacute;taca. Como queda Roma debajo de Le&oacute;n. Como queda la legi&oacute;n debajo del le&oacute;n, y queda San Marcelo debajo de todos nosotros.
    </p><p class="article-text">
        El patr&oacute;n de una ciudad que ya no se acuerda de su patr&oacute;n. Y, sin embargo, sigue ah&iacute;. Esper&aacute;ndonos como nos espera la familia (la familia, bueno es recordarlo aqu&iacute;, es saber que formas partes del sue&ntilde;o de alguien; es tu equipo de alta fidelidad)&hellip;
    </p><p class="article-text">
        En efecto, a <strong>Lita</strong> la enterramos en San Marcelo (que es como guard&aacute;rnosla en el bolso, como llevarla puesta) un d&iacute;a luminoso y con un cielo de incre&iacute;ble belleza como el de hoy&hellip; &iexcl;A veces se te echa mucho de menos, vieja!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/iglesia-san-marcelo-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13488054.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Sep 2026 09:30:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La iglesia de San Marcelo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Patrimonio,Obispado de León,Vecinos,León ciudad,Historia de León]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué no debí ir a ver 'La Odisea' de Nolan]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/historia/por-que-no-debi-ver-la-odisea-de-nolan-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13475631.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/42e668ad-0b58-470e-9ed4-97e3bc9b816a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x565y257.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué no debí ir a ver &#039;La Odisea&#039; de Nolan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue regresa de su periplo vacacional no sólo con una crítica en sí misma de la nueva y polémica película del afamado cineasta británico sino con una de nuestra época</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;H&aacute;blame, musa, de aquel hombre de multiforme ingenio&rdquo;&hellip; as&iacute; comienza <a href="https://blackiebooks.org/producto/odisea/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La Odisea</em></a><em>, </em>describiendo a <strong>Ulises</strong> como un h&eacute;roe intemporal que trasciende la &eacute;pica precisamente porque representa no solo al guerrero, sino tambi&eacute;n y sobre todo al aventurero que trata e ir m&aacute;s all&aacute; en la aventura como el poeta trata de ir m&aacute;s all&aacute; en belleza y el fil&oacute;sofo m&aacute;s all&aacute; en sabidur&iacute;a&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Uno va al <strong>cine Van Gogh</strong> a lo de siempre, que es a buscar la inmortalidad por un par de horas o a ver si le entra una pulmon&iacute;a con el aire acondicionado, pero esta vez sal&iacute; del cine con la sensaci&oacute;n amarga de que me hab&iacute;an cambiado la Ili&oacute;n de <strong>Homero</strong> por una de esas ferias mec&aacute;nicas que montan los norteamericanos cuando quieren ponerse estupendos. Decid&iacute;a yo meterme en el patio de butacas a contemplar esa Odisea que ha filmado <strong>Christopher Nolan</strong> con sus relojes, sus truenos, sus hombres de hierro y sus trompetas atronadoras, y me di cuenta enseguida, entre el crujido de las palomitas y el estruendo de los efectos digitales, de que uno no debe ir a ver estas cosas cuando lleva la verdadera Grecia cl&aacute;sica metida en el tu&eacute;tano desde que nos diera clase <strong>do&ntilde;a Tere </strong>en el <strong>Instituto Juan del Enzina</strong>.
    </p><p class="article-text">
        A la ficci&oacute;n, se&ntilde;ores, no se viene a que lo aturdan a uno con truenos de altavoz. El esp&iacute;ritu cl&aacute;sico griego, ese que Homero destil&oacute; entre la sal y la bruma del Egeo, entend&iacute;a la ficci&oacute;n no como un pasatiempo de feria ni como un entretenimiento espectacular para adormecer el seso, sino como una b&uacute;squeda encarnizada, bell&iacute;sima y brutal de la verdad, de la belleza y del sentido. Los antiguos griegos &ndash;nos lo dej&oacute; dicho muy claramente <strong>Carlos Garc&iacute;a Gual</strong> en ese librito imprescindible que es <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-grecia-para-todos/288143" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Grecia para todos</em></a>&ndash;, aunque clasistas y mis&oacute;ginos, eran unos t&iacute;os formidables, inquietos, indomables, grandes amantes de la libertad y del saber. No eran monigotes de ordenador con armaduras relucientes dignas de <strong>Star Wars</strong><em> </em>o cualquier otra <em>space opera</em> f&iacute;lmica; eran hombres que miraban al horizonte y le ped&iacute;an cuentas a los dioses sin arrodillarse del todo.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a<strong> Shelley</strong>, con ese ardor rom&aacute;ntico que a uno todav&iacute;a le conmueve en la penumbra de las cafeter&iacute;as, que somos Grecia. Nuestras leyes, nuestras dudas, nuestros poemas, la forma en que nos enamoramos o nos desesperamos en la barra de un bar, todo nace all&iacute; en efecto. Por eso mismo, este empe&ntilde;o tan diletante y tan de nuestro siglo de querer <em>modernizar</em> el mundo antiguo no es m&aacute;s que la prueba palmaria de no haber entendido nada de su modernidad. Porque la modernidad griega no consiste en estar al d&iacute;a, ni en ponerse el traje de hoy, ni en la modernidad puntual y ramplona de la &uacute;ltima moda. La de Grecia era &ndash;y es&ndash; una modernidad eterna. El olivo centenario, el mar que no se cansa, el vino denso, el teatro bajo el sol y la ciudad abierta a la palabra eran y son el signo distintivo de la Grecia cl&aacute;sica. Eso era lo moderno. Eso era el universo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando el cine de hoy pretende ponerse docto e imponerle al mito cl&aacute;sico los complejos de la ideolog&iacute;a de turno &ndash;que si el postcolonialismo de sal&oacute;n, que si un sesgo de &eacute;poca para no herir susceptibilidades, hasta llegar al desprop&oacute;sito de plantarnos una <strong>Helena de Troya </strong>afro por imperativo de despacho&ndash;, uno solo puede llevarse la mano a la cabeza. Alterar el mito no es democratizarlo; es arruinar su lenguaje original y su esencia intemporal. Homero no necesitaba de nuestros folletos de correcci&oacute;n pol&iacute;tica, porque la suya era una libertad absoluta, tr&aacute;gica, inalcanzable para la mentalidad de un productor de Los &Aacute;ngeles.
    </p><p class="article-text">
        Nolan ha montado un engranaje perfecto, s&iacute;, una pirotecnia para deslumbrar a las masas, pero se le ha olvidado lo fundamental: el aliento de los dioses en la vela del barco, la mirada de Ulises hacia las costas de &Iacute;taca, el olor a salvia y la dignidad tremenda de un pueblo que invent&oacute; la luz, y que era tan idealista que hasta lleg&oacute; a ir a la guerra por una mujer: &ldquo;Contemplad el rostro de la mujer que hizo zarpar mil barcos&rdquo;... 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, a uno le da hasta un poco de pena que Nolan no se haya enterado de que los griegos de la H&eacute;lade nos ense&ntilde;aron que la b&uacute;squeda de la verdad va en serio, y por tanto ser desleal a Homero es como llevar los vaqueros rotos y que se te vea el culo: es dejar vergonzosamente patente nuestra decadencia.
    </p><p class="article-text">
        Volv&iacute; a casa, me serv&iacute; un vaso de vino de <strong>Tridente</strong> (joya del Prieto Picudo de Pajares de los Oteros), y abr&iacute; el libro de Garc&iacute;a Gual para desintoxicarme de tanto artefacto, repas&eacute; el cap&iacute;tulo en el que nos habla del pasado heroico con sentido &eacute;pico, &eacute;tico y est&eacute;tico. A Grecia no se la moderniza, co&ntilde;o. Grecia ya nos estaba esperando al final del camino mucho antes de que nosotros naci&eacute;ramos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/historia/por-que-no-debi-ver-la-odisea-de-nolan-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13475631.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Aug 2026 09:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué no debí ir a ver 'La Odisea' de Nolan]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pueblo de Villabalter ama el teatro, la UPL de San Andrés odia la cultura y los discrimina]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/pueblo-villabalter-ama-teatro-upl-san-andres-odia-cultura-discrimina-setic-columna-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13446273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd02911e-6753-4f1f-ae2a-38cff8a767f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x574y398.jpg" width="1200" height="675" alt="El pueblo de Villabalter ama el teatro, la UPL de San Andrés odia la cultura y los discrimina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue regresa con un artículo duro y emocionante en el que realiza un homenaje a Villabalter, el pueblo del teatro, al tiempo que hace balance del mandato municipal en San Andrés del Rabanedo señalando que la Unión del Pueblo Leonés ha fracasado en ese municipio: ¡Que pase el siguiente! </p><p class="subtitle">LA TRISTE NOTICIA - Cancelada la 28.ª edición de la Semana Internacional de Teatro en La Calle por falta de apoyo económico municipal</p></div><p class="article-text">
        <strong>Villabalter</strong>, que tiene nombre de arcilla noble, de sol de mediod&iacute;a y de memoria limpia, sabe perfectamente lo que es la far&aacute;ndula. Lo sabe porque la lleva metida en la piel, en los adoquines y en ese polvo lejano del camino por donde antes pasaban los c&oacute;micos de la legua con sus ba&uacute;les desvencijados y sus versos al aire (como bien nos cont&oacute; en su d&iacute;a <strong>Fernando Fern&aacute;n G&oacute;mez</strong> en su inolvidable novela <a href="https://www.amazon.es/viaje-ninguna-parte-Fernando-Fernan/dp/848130302X" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El viaje a ninguna parte</em></a>).
    </p><p class="article-text">
        La <strong>SETIC</strong> &ndash;la <a href="https://ileon.eldiario.es/san-andres/cancelada-28-edicion-semana-teatro-calle-falta-apoyo-economico-ayuntamiento-san-andres_1_13358746.html?utm_id=97757_v0_s00_e0_tv2_a1demonkl56kfj&amp;fbclid=IwY2xjawTrxIdwZG9mBWV4dG4DYWVtAjExAHNydGMGYXBwX2lkEDIyMjAzOTE3ODgyMDA4OTIAAR6lzII6f4qbkSjCJYJ3Vs_MMME2ONVe0C17sGkjsF1opo_-zU2jQjAU6ePdQw_aem_gV7CdB1c9T93TJLIhMPksg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Semana de Teatro Intergeneracional en la Calle</a>&ndash; no la invent&oacute; un despacho con moqueta ni la pari&oacute; una burocracia municipal de expediente gris y corbata torcida. La SETIC naci&oacute; donde tienen que nacer las cosas sagradas por verdaderas: del pueblo, por el pueblo y en la mism&iacute;sima calle. Por eso es el teatro en su estado m&aacute;s puro y salvaje, ese que hunde sus ra&iacute;ces en la <strong>Comedia del Arte</strong> y en los viejos <strong>Autosacramentales</strong> de cuando la dramaturgia no era un capricho de sal&oacute;n para diletantes, sino un milagro al aire libre donde la carne, la m&aacute;scara, el dolor y la risa se daban la mano a la vista de todos y as&iacute;, sin m&aacute;s tramoya que la noche, ni m&aacute;s cielo que el de la plaza&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        La SETIC, como <strong>Joan Baez</strong> con su silueta de india que acaricia el crep&uacute;sculo, es teatro folk. Y lo es bajo un cielo, el de Villabalter, en el cual se puede leer el n&uacute;mero y el nombre de todas sus estrellas, como dice <strong>Pablo Neruda </strong>en su poema.
    </p><p class="article-text">
        Por eso ah&iacute; lleva el <a href="https://www.facebook.com/Balterius98/posts/pfbid07aJmncPz9jdzddiRZmFXhKbRhuXBs22mqzipSSnWwFmFZArXbRXYSFoFYUDeceGDl?locale=es_ES" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Grupo Balterius</strong></a><strong> </strong>m&aacute;s de dos d&eacute;cadas alentando y regalando su festival de teatro de calle. M&aacute;s de veinte a&ntilde;os de hero&iacute;smo cotidiano, amasando cultura con las manos desnudas, levantando bastidores donde solo hab&iacute;a silencio y ense&ntilde;ando a todo un pueblo a mirarse en el espejo real y noble del escenario. Balterius ha gestionado, implementado y animado esta fiesta de la palabra representada con la fe ciega de los artesanos y la pasi&oacute;n l&iacute;rica de los poetas... 
    </p><p class="article-text">
        Dos d&eacute;cadas picando piedra esc&eacute;nica para que la cultura no fuera un lujo de capital, sino el pan diario de las aceras holladas de Villabalter.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay pol&iacute;ticos que confunden el <strong>Templo de Dioniso</strong> con un chiringuito de fiesta electoral y la catarsis tr&aacute;gica con la resaca, esto es, pol&iacute;ticos que creen que cultura es una feria de la cerveza, y confunden a <strong>Mar&iacute;a Zambrano</strong> con <strong>Yola Berrocal</strong>.
    </p><p class="article-text">
        De hecho es muy espa&ntilde;ol y mucho espa&ntilde;ol esto de que siempre llegue el pol&iacute;tico de turno, el concejal de brocha gorda y seso entrecallao en cerveza de feria en jarras de pl&aacute;stico, y confunda la cultura con el entretenimiento y con la juerga que pa juerga s&iacute; hay dinero p&uacute;blico pero pa cultura no alcanza y viva la ignorancia. Duele en verdad comprobar que para esta estirpe de administradores de la nada, la poes&iacute;a molesta, la comedia asusta y el teatro popular tan heredero de <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/malasana/cuando-lorca-y-la-barraca-se-presentaron-en-san-bernardo_1_6413067.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La Barraca</em></a> de <strong>Federico Garc&iacute;a Lorca</strong> estorba&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Acostumbrados al consumo r&aacute;pido y a la espuma ef&iacute;mera, no entienden que el teatro de calle es la dignidad de un pueblo que se junta a pensar, a sentir y a celebrar la vida de la tierra, pues, s&eacute;panlo ya, la palabra cultura viene de cultivar y hay que cultivar la tierra y a la gente para que seamos algo m&aacute;s que adobes cerveceros.
    </p><p class="article-text">
        No es de recibo. No se puede permitir que venga cualquier advenedizo de la gesti&oacute;n municipal, cualquier filisteo con aspiraciones de botell&oacute;n oficial, a cargarse de un plumazo veintitantos a&ntilde;azos de arte, de sudor vecinal y de historia viva. &iexcl;Viva la SETIC, rediosla!
    </p><p class="article-text">
        Villabalter ama el teatro porque el teatro le devuelve la voz, el verso y la memoria. Si a sus pol&iacute;ticos les queda grande la belleza, que se beban su cerveza en pajar privado y dimitan con el rabo entre las piernas de lo p&uacute;blico&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Ea, que dejen en paz la calle, que es donde el pueblo &ndash;y solo el pueblo&ndash; sigue siendo el due&ntilde;o de la funci&oacute;n&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Chis pum.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/pueblo-villabalter-ama-teatro-upl-san-andres-odia-cultura-discrimina-setic-columna-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13446273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Aug 2026 09:30:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El pueblo de Villabalter ama el teatro, la UPL de San Andrés odia la cultura y los discrimina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vecinos,Alfoz de León,Asociaciones,Teatro,León]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los incendios según Marian Peyró]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/incendios-marian-peyro_1_13420178.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/79188867-cd13-40d9-8f77-890cf2f1485b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x434y330.jpg" width="1200" height="675" alt="Los incendios según Marian Peyró"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El verano hace arder los montes y los cuerpos, o así lo muestra la primeriza novela que Luis Artigue glosa hoy al tiempo que manda irónico recado a un concejal real o imaginario que podría ser todos o ninguno</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s que se quema por las esquinas y por el centro, como una carta de amor de novia antigua, de novia de cuando se escrib&iacute;an cartas y se ten&iacute;an novias, a la que le hemos prendido fuego en un cenicero de bar. 
    </p><p class="article-text">
        Este verano sin ir m&aacute;s lejos no es un verano: es una pira (qu&eacute; demonios significar&aacute; la palabra pira se estar&aacute; preguntando un concejal de r&eacute;gimen interior con el que me top&eacute; hace no mucho y que en cuanto abri&oacute; la boca revel&oacute; que odia m&aacute;s la cultura que <strong>Ana Obreg&oacute;n</strong> a <strong>Mar&iacute;a Zambrano</strong>, y por eso no sabe leer las sentencias judiciales y mucho menos cumplirlas; <em>La Cruz de San Andr&eacute;s </em>se titulaba, ahora que me acuerdo, la peor novela de <strong>Camilo Jos&eacute; Cela</strong>)&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        En verdad este verano empez&oacute; la muesca de la llamarada campestre por Madrid, por Guadalajara, por los cigarrales y las parameras de Toledo que cantara <strong>Garcilaso de la Vega</strong>, donde el Tajo ya no pasa con su linfa dorada sino con una costra de ceniza teologal. Y ahora, cuando pens&aacute;bamos que la can&iacute;cula nos dar&iacute;a tregua, la pavorosa combusti&oacute;n prosigue su marcha triunfal y negra por Zamora y por Le&oacute;n, mordiendo el roble, devorando la encina, dejando la meseta hecha un cisco sideral y carg&aacute;ndose la belleza incontestable de los Arribes del Duero como quien quema para siempre el poema de <strong>Gerardo Diego</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El calor nos ha metido a todos en una met&aacute;fora calcinada. Madrid huele a resina frita, a pinardo de rastrojo, a tragedia r&uacute;stica tra&iacute;da por el viento del sur. La gente en los terrazos bebe horchata con cara de estar esperando el Apocalipsis, y en los telediarios salen los ministros y los alcaldes con su camisa de manga corta y su tristeza de poli&eacute;ster a contarnos las hect&aacute;reas devoradas.
    </p><p class="article-text">
        Pero yo, que profeso la religi&oacute;n del re&iacute;rse por no llorar, he venido aqu&iacute; a hablar de mi libro &ndash;o del libro de los dem&aacute;s, que al cabo viene a ser lo mismo cuando la literatura es buena&ndash;, y me acuerdo por eso  de <strong>Marian Peyr&oacute;</strong> y de su novela soberbia, <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-voces/los-incendios-marian-peyro-9791370091989/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los incendios</em></a>, reci&eacute;n parida en la biblioteca sabia de <strong>Alianza Editorial</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Peyr&oacute; ha escrito la novela de este aire que no nos deja respirar. Porque los incendios de Peyr&oacute; no son solo los de la sierra zamorana ni los del pinar alcarre&ntilde;o, sino los incendios interiores, la combusti&oacute;n lenta del lenguaje, las brasas de la memoria y esa forma que tiene la existencia humana de arder sin hacer ruido. La narrativa de Peyr&oacute; tiene una elegancia seca, de inteligencia depurada, que analiza la cat&aacute;strofe no con el grito del bombero ni con la proclama del pol&iacute;tico, sino con el bistur&iacute; fino de quien sabe que toda vida es, en el fondo, un terreno calcinado sobre el que intentamos plantar margaritas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo incendio empieza con una chispa rid&iacute;cula, un descuido, un deseo no formulado que termina por abrasar el paisaje entero de los d&iacute;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a <strong>C&eacute;sar Gonz&aacute;lez Ruano</strong> que como ascensor social hay quien utiliza su cuerpo y hay quien usa a su sastre, pero ella, que la conoc&iacute; hace poco en la <strong>Semana Negra de Gij&oacute;n</strong> y celebr&eacute; su &eacute;xito, no utiliza como ascensor social ni su cuerpo ni su sastre ni su apellido, sino una primera novela tan meritoria que no parece la primera ni ha de ser la &uacute;ltima. Se la recomiendo al respetable. &iquest;Qu&eacute; de qu&eacute; va? 
    </p><h2 class="article-text">El argumento de una buena novela</h2><p class="article-text">
        Pues el argumento de una buena novela nunca es lo que pasa, sino lo que arde mientras no pasa nada. Marian Peyr&oacute; en este <em>country noir</em> nos sit&uacute;a en un agosto asfixiante de finales de los ochenta, ese tiempo en que Espa&ntilde;a ten&iacute;a fiebre de modernidad pero ol&iacute;a todav&iacute;a a rastrojo, a cobijo de pueblo y a tortilla de patatas en la mesa camilla de la abuela. La novela transcurre en Las Gargantillas, un pueblo imaginario pero aut&eacute;ntico de la sierra abulense, que es como decir la Espa&ntilde;a profunda, con sus moscas, sus siestas pesadas y sus odios antiguos guardados en la alacena. Y la intriga arranca con Cristina, una muchacha de diecis&eacute;is a&ntilde;os que llega al pueblo con el cuerpo reci&eacute;n cambiado, con el deseo intacto y ese v&eacute;rtigo de la adolescencia que es como llevar un f&oacute;sforo encendido en la mano tonta. Cristina quiere enamorarse, quiere quemarse la vida por primera vez&hellip; Y entonces aparece Joaqu&iacute;n, un chico valenciano, oscuro, herido y enigm&aacute;tico, que lleva la marca de la violencia en el lomo y la sombra en la mirada. La atracci&oacute;n entre los dos chavales estalla enseguida como un fogonazo de matorral seco.  Pero el verdadero genio de Peyr&oacute; no est&aacute; solo en los muchachos, sino en las madres, en la simetr&iacute;a fatal de los espejos. Resulta que Joaqu&iacute;n no es un desconocido: es el hijo de Sole, la mujer a la que Ana Mar&iacute;a &ndash;la madre de Cristina&ndash; am&oacute; en secreto y de forma imposible en su propia juventud.  
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, la novela se convierte en una polifon&iacute;a de voces donde el pasado de las madres viene a cruzarse con el presente de los hijos. Mientras en el horizonte arde el monte real &ndash;esos incendios de pino y tomillo que rodean al pueblo&ndash;, en el interior de las casas arde la memoria, la culpa heredada, el deseo reprimido y los secretos familiares que nadie se atreve a nombrar.  En cuatro d&iacute;as sofocantes de agosto todo se precipita. Es el relato coral de una iniciaci&oacute;n y un fantasma: la ni&ntilde;a que deja de ser ni&ntilde;a mientras la madre vuelve a ser la adolescente truncada que fue. Una tragedia sobria, bell&iacute;sima y castellana sobre c&oacute;mo el fuego no solo destruye el paisaje, sino que sirve para iluminar lo que fuimos.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a arde en Le&oacute;n, arde en Zamora, arde en los mapas de las noticias y arde en las p&aacute;ginas amarillentas de los peri&oacute;dicos que hojeamos en las cafeter&iacute;as al mediod&iacute;a. El verano mortal se nos mete por las narices como un holl&iacute;n metaf&iacute;sico. Y mientras el fuego real avanza trag&aacute;ndose la geograf&iacute;a de la patria, el libro de Peyr&oacute; en Alianza Editorial se levanta como un testimonio literario primerizo e impecable: la constataci&oacute;n de que cuando todo arde &ndash;las encinas, la infancia, la calvicie ideol&oacute;gica de los concejales, la tierra madre verde y verdadera&ndash; solo nos queda la palabra exacta para recontar las cenizas... 
    </p><p class="article-text">
        En fin.
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><strong>Puedes comprar la novela en tu librer&iacute;a de cabecera o por internet </strong></span><a href="https://www.casadellibro.com/libro-los-incendios/9791370091989/17775633" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><strong>pinchando aqu&iacute;</strong></span></a></h2>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/incendios-marian-peyro_1_13420178.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2026 09:30:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los incendios según Marian Peyró]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Gerda Taro', de Fernando Olmeda]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/gerda-taro-fernando-olmeda-de-critica-literaria-por-luis-artigue-destacado-en-la-semana-negra-de-gijon-2026_1_13369759.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70d316f0-64b1-4a67-b0aa-31b4b4bf000b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x636y351.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Gerda Taro&#039;, de Fernando Olmeda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue reseña la obra del presentador de Telecinco sobre la primera fotógrafa de guerra que murió en combate. "Conocida como compañera sentimental de Robert Capa, era mucho más que sólo eso", afirma. El escritor leonés, comenta además el gran nivel literario de la Semana Negra de Gijón</p></div><p class="article-text">
        Fernando Olmeda, presentador de Telecinco, escritor, compa&ntilde;ero periodista, ha publicado en Libros del K.O., un libro fascinante sobre un personaje hist&oacute;rico de la Guerra Civil que es la maestra del fotoperiodismo <a href="https://www.librosdelko.com/collections/fernando-olmeda/products/gerda-taro" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Gerda Taro</em></a>.
    </p><p class="article-text">
        Ya se hab&iacute;a dedicado en otro libro a esa figura, pero en esta ocasi&oacute;n naci&oacute; un libro fascinante que ha llamado especialmente la atenci&oacute;n a los espectadores de la <a href="https://www.semananegra.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Semana Negra de Gij&oacute;n</a>. Es un libro especial porque con mucha minuciosidad, con mucha pasi&oacute;n y con mucha documentaci&oacute;n, se centra en los doce meses que Gerda Taro estuvo en la Guerra de Espa&ntilde;a como fotoperiodista. Ella era la compa&ntilde;era sentimental de Robert Capa, pero este autor se esfuerza mucho en hacer ver que era mucho m&aacute;s que s&oacute;lo eso.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, ella se esforz&oacute; en ser por s&iacute; misma y lleg&oacute; a ser no solamente tan grande como Robert Capa, sino que lleg&oacute; a ser la primera fotoperiodista muerta en acto de servicio, muerta en combate. Ella es la guerra hecha mujer, es buscar la verdad de una forma apasionada y es una gloria para el periodismo. Este libro no es una biograf&iacute;a, es m&aacute;s bien un perfil.
    </p><p class="article-text">
        Ella fue la primera mujer periodista que falleci&oacute; en el frente, como decimos, pero all&iacute; estuvo buscando la verdad period&iacute;stica, luchando por ella con su Leika y convirtiendo su c&aacute;mara de fotos en un arma pol&iacute;tica. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una preciosa historia con mucha finura moral</strong></h2><p class="article-text">
        Esta es una preciosa historia en la que no se hace hace un juicio de moralidad, sino que est&aacute; escrita con una mirada llena de realidad emp&aacute;tica. Trata este libro de llenar los huecos de la historia y lo hace con mucha finura moral, apostando por la memoria democr&aacute;tica y desde luego trata de hacer un libro con gran compromiso con la realidad de esta mujer plenamente profesional.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, lo que destaca no es su ideolog&iacute;a, sino su profesionalidad. Gerda nos demuestra que va por delante de Capa. De hecho, ella es la protagonista de este libro y es la protagonista de esta historia. Es un libro homenaje a los fotoperiodistas que luchan cada d&iacute;a contra la censura y contra la carencia de material, pero que no son objetivo de guerra.
    </p><p class="article-text">
        Ella es la primera que estaba all&iacute;, no era objetivo de guerra, sino que formaba parte del trabajo para que todos supi&eacute;ramos la verdad.
    </p><p class="article-text">
        La labor de de este  periodista durante tantos a&ntilde;os en Telecinco eha servido para componer un libro como este, porque en la Semana Negra de Gij&oacute;n cont&oacute; que le marc&oacute; mucho la muerte de su compa&ntilde;ero Jos&eacute; Couso tambi&eacute;n en guerra, y eso le inspir&oacute; volver a este libro, volver a esta figura (Gerda Taro) haciendo un paralelismo sin nombrarlo entre Jos&eacute; Couso y Gerda Taro.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Homenaje a los periodistas gr&aacute;ficos de guerra</strong></h2><p class="article-text">
        Esto es hacer un gran homenaje a la gente que va a la guerra a tratar de sin partidismos contar la verdad. He aqu&iacute; un libro sobre la la mirada humana emp&aacute;tica del fotoperiodista. De hecho, es un libro que actualiza todo lo que se sabe de Gerda Taro a partir del descubrimiento de la llamada '<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Valija_mexicana" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">maleta americana</a>'.
    </p><p class="article-text">
        Gerda Taro se sirvi&oacute; de de de su trabajo, de su talento como fotoperiodista y ella fue muy miliciana, muy espa&ntilde;ola, muy independiente y muy querida en Espa&ntilde;a. De hecho, se hizo una con el paisaje humano, con el paisaje pol&iacute;tico, con la historia que estaba contando y por eso, desde luego, el mundo del periodismo no puede dejar de emocionarse ante esta figura y rendirle pleites&iacute;a, porque realmente fue una digna gran dama del periodismo espa&ntilde;ol y universal.
    </p><p class="article-text">
        Fernando Olmeda adem&aacute;s en este libro nos explica que dentro del periodismo Gerda Taro bien puede considerarse la primera feminista, la primera mujer profesional trabajadora que trat&oacute; de ser por s&iacute; misma y no por Robert Capa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La fotoperiodista Gerda Taro.                            </span>
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        Casi condescendientemente a ella se le llamaba en la Guerra Civil Espa&ntilde;ola <em>La peque&ntilde;a rubia</em>, pero ella luch&oacute; por ser mucho m&aacute;s que eso. Mucho m&aacute;s que un ap&eacute;ndice de Robert Capa y as&iacute; se lo ha ganado y este libro nos lo explica. Fernando Olmeda hace su biograf&iacute;a historiogr&aacute;fica y tambi&eacute;n hace su brillante vindicaci&oacute;n de c&oacute;mo ella se gan&oacute; un espacio en un mundo de hombres.
    </p><p class="article-text">
        Era una brigadista sin armas Gerda Taro, y adem&aacute;s Olmeda nos explica c&oacute;mo hubo un movimiento fascinante en ese momento de j&oacute;venes en la Guerra Civil que apostaba por el 'No a la Guerra'. Era lo que dec&iacute;an tambi&eacute;n las j&oacute;venes del 36. Por eso vemos que es un libro tambi&eacute;n con una lectura actual muy pertinente y muy interesante.
    </p><p class="article-text">
        Hay muchas Gerda Taros actuales y as&iacute; nos lo ha dicho para todos los que hemos estado presentes en las ruedas de prensa, en su rueda de prensa y en su presentaci&oacute;n del libro en Gij&oacute;n a los asistentes a la Semana Negra. Libros del K.O. ha dado de verdad una gran campanada publicando este libro.
    </p><h2 class="article-text">Una Semana Negra de Gij&oacute;n repleta de grandes autores</h2><p class="article-text">
        Y as&iacute;, Fernando Olmeda, con su libro escrito para el sello Libros del K.O., lo deja patente. Una de las grandes obras presentadas en esta Semana Negra 2026, que est&aacute; siendo una Semana Negra maravillosa, llena de gente. Adem&aacute;s hay otros periodistas tambi&eacute;n como Carlos Qu&iacute;lez hablando de la actualidad en negro. Tambi&eacute;n grandes escritores del panorama nacional como Lorenzo Silva, al que se entrega un premio de honor. Y escritores leoneses como Juan Pedro Aparicio, que presenta sus novelas hist&oacute;ricas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Luis Artigue, presentando libros de varios autores en la Semana Negra de Gijón 2026.                            </span>
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        Sin olvidar la presencia de escritores internacionales como Claudia Pi&ntilde;eiro y y muchos otros, 200 20 autores, una Semana Negra vibrante en una nueva localiza localizaci&oacute;n, la playa del Arbeyal, con todas las carpas llenas mirando hacia el mar. Eh, llenos de libros, de fritanga, de habladur&iacute;as, de brillantez y de literatura sin solemnidad.
    </p><p class="article-text">
        Viva la Semana Negra de Gij&oacute;n 2026. Esto es la Semana Negra y seguimos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/gerda-taro-fernando-olmeda-de-critica-literaria-por-luis-artigue-destacado-en-la-semana-negra-de-gijon-2026_1_13369759.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jul 2026 17:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Gerda Taro', de Fernando Olmeda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Eventos,Asturias,España]]></media:keywords>
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