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    <title><![CDATA[iLeón - Luis Artigue]]></title>
    <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/autores/luis-artigue/]]></link>
    <description><![CDATA[iLeón - Luis Artigue]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['Diminuta casa encantada', de Laura Fernández]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/diminuta-casa-encantada-de-laura-fernandez-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13332156.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2dfe31cc-8b0e-4b2a-aa78-2033034e0df8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Diminuta casa encantada&#039;, de Laura Fernández"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora y periodista se configura, según Luis Artigue, en "una autora bien distinta" que "defiende al niño friqui". Su última obra es "un homenaje a lo extraño", creando en la historia fantástica de un niño con una casa de muñecas en la que viven diminutos extraterrestes una "resistencia ante el imperio de lo útil" </p></div><p class="article-text">
        &iquest;El friqui es el sujeto pol&iacute;tico del fant&aacute;stico sin&nbsp;que se note a pesar de que se trate de un fant&aacute;stico que nunca habla de pol&iacute;tica? S&iacute;. &iquest;Qui&eacute;n defiende al ni&ntilde;o friqui que todos somos? <a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/hay-un-monstruo-lago-en-el-libro-de-laura-fernandez-critica-literaria-por-luis-artigue_1_12491019.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Laura Fern&aacute;ndez</a>&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Por un lado est&aacute;n los terr&iacute;colas, y por otro est&aacute;n los <em>miltons. </em>Los terr&iacute;colas de vez en cuando tienen que hacer mudanzas cuando cambian de casa pero los <em>miltons </em>no las tienen que hacer nunca porque viven en diminutas casas encantadas.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la historia de Bill, un ni&ntilde;o terr&iacute;cola que tiene que cambiar de ciudad y de escuela porque su madre ha aceptado un trabajo en un museo de otra ciudad, y que es un ni&ntilde;o raro porque tiene una casa de mu&ntilde;ecas con la que juega, la cual es una casa de <em>miltons </em>extraterrestres<em>, </em>y eso es algo que nadie comprende&hellip; Y en esta historia, como en la vida, todo consiste en encontrar alguien con quien compartir tus rarezas&hellip;
    </p><p class="article-text">
        La publicaci&oacute;n de <a href="https://www.penguinlibros.com/es/libros-ninos-9-anos/545313-libro-diminuta-casa-encantada-9788439745655" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Diminuta casa encantada</em></a> (editorial Random House) no constituye un hecho aislado ni el fruto del capricho azaroso; es la decantaci&oacute;n l&oacute;gica de una fant&aacute;stica trayectoria que, desde hace ya tres lustros, viene sosteniendo <a href="https://www.amazon.es/stores/Laura-Fern%C3%A1ndez/author/B00GH4NS84" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Laura Fern&aacute;ndez</a> (Tarrasa, 1981) con una dedicaci&oacute;n tan ins&oacute;lita como admirable. En un panorama literario aquejado de una alarmante monoton&iacute;a realista &ndash;donde los autores parecen competir por ver qui&eacute;n calca con mayor fidelidad la &uacute;ltima cr&oacute;nica period&iacute;stica o el en&eacute;simo drama autoficcional&ndash;, la figura de Fern&aacute;ndez se alza como una anomal&iacute;a radical y, por ello mismo, estrictamente necesaria.
    </p><p class="article-text">
        Para calibrar el peso espec&iacute;fico de su obra en la narrativa espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, conviene desandar un camino que arranc&oacute; formalmente con t&iacute;tulos como <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/37139-libro-bienvenidos-a-welcome-9788439735755" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Bienvenidos a Welcome</em></a><em> </em>(2008) o <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/324660-libro-wendolin-kramer-9788466371551" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Wendolin Kramer</em></a> (2011). Ya entonces se advert&iacute;a que aquella muchacha extra&ntilde;a para lo que nuestro panorama narrativo acostumbraba no hab&iacute;a venido a pedir permiso ni a encajar. Frente al canon de la Transici&oacute;n y sus ep&iacute;gonos, obsesionados con la memoria hist&oacute;rica o el costumbrismo de alcoba, Fern&aacute;ndez opuso un imaginario hiperb&oacute;lico nutrido de una inventiva sin igual en la que cab&iacute;an la cultura pop, el c&oacute;mic, la ciencia ficci&oacute;n de serie B y una angloman&iacute;a posmoderna militante que situaba sus tramas en ciudades ficticias de nombres imposibles. Lo que para la cr&iacute;tica pacata de la &eacute;poca fue tildado de &ldquo;frivolidad exc&eacute;ntrica&rdquo; (yo tambi&eacute;n ca&iacute; en eso; tard&eacute; en descubrir sus grandes valores), era en realidad el balbuceo de una po&eacute;tica rigurosa: la construcci&oacute;n de un no-lugar geogr&aacute;fico y ling&uuml;&iacute;stico donde la libertad creativa rompedoramente bienhumorada fuera absoluta.
    </p><p class="article-text">
        El punto de inflexi&oacute;n definitivo lleg&oacute;, sin duda, con la novela<em> </em><a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/261331-libro-la-senora-potter-no-es-exactamente-santa-claus-9788439738077" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La se&ntilde;ora Potter no es exactamente Santa Claus</em></a><em> </em>(2021), monumental artefacto que la consolid&oacute; como una de las voces m&aacute;s torrenciales y geniales de nuestras letras. Aquella novela no solo supuso su consagraci&oacute;n cr&iacute;tica, sino la demostraci&oacute;n de que su propuesta era capaz de sostener arquitecturas de largo aliento sin perder un &aacute;pice de su caracter&iacute;stico ritmo de metralleta.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una autora distinta</strong></h2><p class="article-text">
        Contextualizar a Laura Fern&aacute;ndez en su generaci&oacute;n &ndash;la de los nacidos a finales de los setenta y primeros ochenta&ndash; resulta un ejercicio de sabrosa disonancia. Comparte cronolog&iacute;a con autores de indudable val&iacute;a como Marta Sanz, Sara Mesa o Alejandro Zambra, y m&aacute;s estrechamente con coet&aacute;neos que han ensayado la ruptura formal, como el primer Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo o la desubicaci&oacute;n gen&eacute;rica de Kiko Amat. Sin embargo, mientras la mayor&iacute;a de su generaci&oacute;n ha optado por una literatura del despojamiento, la introspecci&oacute;n psicol&oacute;gica o la denuncia social directa, Fern&aacute;ndez prefiere el desborde y la saturaci&oacute;n fant&aacute;stica sin par. Su compromiso no es con el documento, sino con el lenguaje y el poder taumat&uacute;rgico de la ficci&oacute;n inventiva.
    </p><p class="article-text">
        Mientras sus contempor&aacute;neos miran hacia dentro o hacia abajo, ella mira hacia el bizarro hiperespacio de la imaginaci&oacute;n pura. Esta singularidad la emparenta, en el plano internacional, con renovadores de la narrativa norteamericana como George Saunders o el primer David Foster Wallace, con quienes comparte esa rara habilidad para hibridar la pirotecnia verbal con una ternura genuina, casi desarmante, hacia los desheredados y los inadaptados de la tierra.
    </p><p class="article-text">
        Pero las comparaciones son odiosas: Laura Fern&aacute;ndez no pertenece pues a ninguna escuela porque constituye una escuela en s&iacute; misma. Su trayectoria demuestra que no es una humorista que escribe novelas, sino una novelista que ha descubierto que el humor es la &uacute;nica herramienta lo bastante afilada como para abrir en canal la realidad y mostrarnos su reverso absurdo. A estas alturas, su literatura ya no es un experimento: es un territorio soberano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Su &uacute;ltima obra: homenaje y dinamita</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y es que conviene desconfiar, por sistema, de la literatura constre&ntilde;ida a los moldes de lo predecible. Frente a la legi&oacute;n de novelistas empe&ntilde;ados en fotocopiar la grisura de lo cotidiano bajo el sobado r&oacute;tulo del &laquo;realismo&raquo;, la comparecencia de Laura Fern&aacute;ndez vuelve a operar como un saludable vendaval de demolici&oacute;n, am&eacute;n de como una impl&iacute;cita y muy estimulante cr&iacute;tica de la norma. En su &uacute;ltima novela <em>Diminuta casa encantada</em>, la escritora de Tarrasa no se limita a urdir una f&aacute;bula; levanta, con la precisi&oacute;n de un miniaturista febril, un artefacto que es, a la vez, homenaje y dinamita.
    </p><p class="article-text">
        El argumento, despojado de sus desopilantes ramificaciones, nos presenta a una resuelta paleont&oacute;loga que, obligada por un nuevo empleo muse&iacute;stico, arrastra a su hijo Bill a un indeseado cambio de ciudad y de colegio. El muchacho, que arrastra su descontento junto a un perrito-dinosaurio de peluche llamado Harper Benjamin, esconde un secreto que teme que le condene al ostracismo escolar bajo la etiqueta de 'ni&ntilde;o raro': es el due&ntilde;o de una fastuosa casa de mu&ntilde;ecas.
    </p><p class="article-text">
        La singularidad de este objeto dom&eacute;stico &ndash;y donde la inventiva de la autora dinamita cualquier atisbo de costumbrismo&ndash; estriba en que la miniatura est&aacute; rigurosamente habitada por una familia de miltons, unos microsc&oacute;picos alien&iacute;genas procedentes del remoto planeta Milton Du Du A, que comparten estancias con Colper Tom, un fantasma insatisfecho que busca un nuevo hogar que encantar. A partir de este fabuloso planteamiento, Fern&aacute;ndez despliega una trama multidimensional donde la rigidez cient&iacute;fica de la madre y la l&oacute;gica sin prejuicios de Bill operan como los vectores necesarios para descifrar un laberinto de secretos en miniatura, descubriendo que en esa nueva escuela Bill no es el &uacute;nico que custodia un universo diminuto y que convivir con el reverso c&oacute;smico de lo cotidiano exige, antes que nada, abrazar el delirio y la maravilla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; una novela tan <em>cuerdi-loca</em> ahora mismo? Preguntarse por la pertinencia de una novela como <em>Diminuta casa encantada</em> en el preciso instante hist&oacute;rico que atravesamos no es un mero ejercicio de especulaci&oacute;n est&eacute;tica; es, antes bien, una urgencia cr&iacute;tica. &iquest;Por qu&eacute; importa e interesa este libro hoy, en un mundo asfixiado por la hiperconectividad, el pragmatismo feroz y una literalidad de corte casi funcionarial?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Resistencia ante el imperio de lo &uacute;til</strong>
    </p><p class="article-text">
        Importa, en primer lugar, como un acto de resistencia epistemol&oacute;gica frente al imperio de lo &uacute;til. Vivimos en un tiempo peligrosamente serio, obsesionado con el algoritmo, la productividad y el dato emp&iacute;rico (un mal que, no por casualidad, padece la propia madre paleont&oacute;loga de la novela). Frente a esa rigidez, el universo que Laura Fern&aacute;ndez despliega en esa casa de mu&ntilde;ecas &ndash;con sus extraterrestres liliputienses de Milton Du Du A, sus espectros desubicados y sus peluches prehist&oacute;ricos&ndash; opera como un formidable elogio de la excentricidad y el derecho a ser 'raro'. Que un ni&ntilde;o como Bill encuentre su refugio y su verdad en una miniatura c&oacute;smica es una bell&iacute;sima met&aacute;fora de la resistencia del individuo frente a la apisonadora de la uniformidad social. La novela nos recuerda, con su humor disolvente, que lo verdaderamente valioso de la experiencia humana no se puede medir en un laboratorio ni calibrar en un examen escolar.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, la importancia de esta obra radica en su capacidad para devolverle a la literatura su condici&oacute;n de espacio de juego absoluto. En una &eacute;poca en la que la narrativa parece haber dimitido de su poder creador para convertirse en un mero ap&eacute;ndice de las redes sociales &ndash;donde se exige al escritor que sea un cronista bienpensante, un soci&oacute;logo de guardia o un terapeuta complaciente&ndash;, Fern&aacute;ndez reclama el derecho al desborde imaginativo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, cuando el realismo chato y las moralejas biempensantes amenazan con agostar el panorama de nuestras letras, este artefacto dinamitero publicado por Random House se alza como una lecci&oacute;n de libertad. Nos interesa esta novela porque nos urge recordar que la ficci&oacute;n no solo sirve para retratar la grisura del suelo que pisamos, sino para abrir ventanas hacia el hiperespacio de la fantas&iacute;a pura; un lugar donde, por muy disparatado que parezca el delirio, siempre termina albergando una verdad humana mucho m&aacute;s vasta, libre y perdurable que la de nuestra propia realidad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;El friqui es el sujeto pol&iacute;tico del fant&aacute;stico sin&nbsp;que se note a pesar de que se trate de un fant&aacute;stico que nunca habla de pol&iacute;tica? S&iacute;. &iquest;Qui&eacute;n defiende al ni&ntilde;o friqui que todos somos? <a href="https://www.rtve.es/play/audios/hoy-empieza-todo/hoy-empieza-todo-barra-libre-diminuta-casa-encantada-laura-fernandez/17005157/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Laura Fern&aacute;ndez</a>&hellip;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Si quieres comprar 'Diminuta casa encantada', hazlo en la librer&iacute;a de barrio; pero si no, por internet </strong><a href="https://www.penguinlibros.com/es/libros-ninos-9-anos/545313-libro-diminuta-casa-encantada-9788439745655?srsltid=AfmBOordU_3b6fV0wgYcxooGwrJatJfxbbLEOTZq2jmFBAtbaNN18Eqr" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><strong>pinchando aqu&iacute;</strong></a></h2>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/diminuta-casa-encantada-de-laura-fernandez-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13332156.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jun 2026 16:30:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Diminuta casa encantada', de Laura Fernández]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,España,Lo Más Friki,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando los estudios universitarios de León dependían de Asturias]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/cuando-los-estudios-universitarios-de-leon-dependian-de-asturias-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13322859.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/095379d9-5cdf-41fa-b628-b0fff8a802e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando los estudios universitarios de León dependían de Asturias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Antes de crearse la Universidad de León, veterinaria y magisterio pertenecían a la de Oviedo y sabios de cátedra como Emilio Alarcos y Gustavo Bueno daban clase a nuestros catedráticos</p></div><p class="article-text">
        El tiempo es ese golfo que se sube a las farolas para ver pasar la Historia, pero hay ciudades que conservan mejor la memoria que los archivos. Le&oacute;n es una de ellas. No porque recuerde m&aacute;s, sino porque olvida m&aacute;s despacio. En sus facultades, en sus pasillos con olor a tiza antigua y caf&eacute; de m&aacute;quina, todav&iacute;a resuena una genealog&iacute;a intelectual que hoy parece improbable: cuando la Universidad de Le&oacute;n era todav&iacute;a una prolongaci&oacute;n acad&eacute;mica de la de Oviedo, y los grandes catedr&aacute;ticos asturianos proyectaban su sombra sobre las aulas leonesas.
    </p><p class="article-text">
        Uno estudi&oacute; aqu&iacute; con inolvidables profesores que hab&iacute;an estudiado con inmarchitables profesores de all&iacute;. Parece una obviedad, pero no lo es. La cultura, cuando es verdadera, no se transmite por decretos ministeriales ni por plataformas digitales, sino por filiaci&oacute;n. <strong>Salvador Guti&eacute;rrez Ord&oacute;&ntilde;ez</strong> y <strong>Jos&eacute; Enrique Mart&iacute;nez</strong> pertenecen a esa estirpe de catedr&aacute;ticos para quienes la universidad era algo m&aacute;s que una oficina de acreditaciones y sexenios. Y, detr&aacute;s de ellos, aparec&iacute;an dos nombres que hoy conservan el brillo de las monedas antiguas: <strong>Emilio Alarcos</strong> y <strong>Gustavo Bueno</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Alarcos representaba la inteligencia ling&uuml;&iacute;stica llevada a una precisi&oacute;n casi matem&aacute;tica. Bueno era otra cosa. Bueno era un sistema filos&oacute;fico caminando por los pasillos. Una m&aacute;quina de pensar. Un polemista con aspecto de patriarca castellano extraviado en Asturias. Un hombre que discut&iacute;a las ideas con la misma energ&iacute;a con la que otros discuten los resultados del f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo conversaciones con aquellos profesores en las que Gustavo Bueno aparec&iacute;a rodeado de una especie de respeto irreverente. Como esos viejos maestros que provocan admiraci&oacute;n y discusi&oacute;n a partes iguales. Nadie sal&iacute;a indemne de una clase suya. Ni intelectualmente ni sentimentalmente. Bueno ten&iacute;a esa rara virtud de obligar a pensar incluso a quienes estaban convencidos de que ya hab&iacute;an pensado suficiente.
    </p><h2 class="article-text"><strong>'El mito de la izquierda'</strong></h2><p class="article-text">
        Por eso vuelvo de vez en cuando a su libro <a href="https://www.iberlibro.com/servlet/BookDetailsPL?bi=32465478544" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El mito de la izquierda</em></a>, uno de esos libros que parecen escritos para irritar a media biblioteca nacional. Bueno sosten&iacute;a ah&iacute; que la izquierda no era una esencia moral ni una especie de superioridad &eacute;tica autom&aacute;tica, sino una categor&iacute;a hist&oacute;rica compleja, contradictoria y muchas veces utilizada como simple coartada sentimental. La izquierda, dec&iacute;a en el fondo, no era buena por ser izquierda ni la derecha mala por ser derecha. Hab&iacute;a que analizar los hechos, las instituciones, el poder real.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora me surge inevitable la pregunta. &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a escrito Gustavo Bueno si hubiera publicado <em>El mito de la izquierda</em> en la Espa&ntilde;a de 2026? No lo s&eacute;. Nadie puede hablar por los muertos, y menos por los fil&oacute;sofos. Pero sospecho que habr&iacute;a encontrado un material inagotable para sus disecciones conceptuales. Porque la Espa&ntilde;a actual tiene algo de laboratorio filos&oacute;fico y algo de sainete nacional. Una izquierda oficial que se presenta como depositaria exclusiva de la virtud p&uacute;blica mientras convive con episodios que han llenado peri&oacute;dicos y juzgados: <strong>Koldo, &Aacute;balos, Leire D&iacute;ez, Tito Berni</strong> y toda esa galer&iacute;a de personajes que parecen salidos de una novela picaresca escrita por un guionista de Netflix a las tres de la ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        Lo llamativo no son siquiera los esc&aacute;ndalos. Espa&ntilde;a siempre ha producido esc&aacute;ndalos con la misma facilidad con la que produce aceitunas o funcionarios. Lo verdaderamente interesante habr&iacute;a sido observar la reacci&oacute;n moral. O m&aacute;s exactamente, la ausencia de reacci&oacute;n moral.
    </p><p class="article-text">
        Hubo una &eacute;poca en la que la izquierda exig&iacute;a dimisiones con una rapidez casi higi&eacute;nica. Hoy parece haber descubierto las ventajas filos&oacute;ficas de la permanencia. Nadie dimite. Nadie se mueve. Nadie sab&iacute;a nada. Nadie recuerda nada. La responsabilidad pol&iacute;tica ha pasado a ser una antigualla, como las m&aacute;quinas de escribir o los discos de vinilo. Y quiz&aacute; ah&iacute; Gustavo Bueno habr&iacute;a afilado el bistur&iacute;. Porque su cr&iacute;tica nunca se dirig&iacute;a tanto contra las personas como contra los mitos. Contra las palabras convertidas en fetiches. Contra los conceptos transformados en religi&oacute;n civil.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una definici&oacute;n ideol&oacute;gica no concede bula &eacute;tica</strong></h2><p class="article-text">
        El mito contempor&aacute;neo consiste en creer que la autodefinici&oacute;n ideol&oacute;gica concede autom&aacute;ticamente una especie de bula &eacute;tica. Como si bastara proclamarse progresista para quedar exento de las miserias ordinarias del poder. Pero el poder sigue siendo el poder. Y el ser humano sigue siendo el ser humano. Da igual el color del cartel electoral. Al final, uno observa ciertos comportamientos de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola y termina recordando aquella vieja intuici&oacute;n de Bueno: las etiquetas explican mucho menos de lo que creen quienes viven de ellas. Por eso el socialismo enjoyado contempor&aacute;neo se parece a aquella novelita de <strong>Truman Capote </strong>adaptada al cine <a href="https://www.rtve.es/play/noticias/20211005/60-anos-desayuno-con-diamantes-version-light-libro-capote/2175235.shtml" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Desayuno con diamantes</em></a>... mucho brillo, mucha elegancia verbal, mucha escenograf&iacute;a moral y, detr&aacute;s de los escaparates, las mismas ambiciones, las mismas luchas internas y las mismas debilidades que han acompa&ntilde;ado siempre al poder&hellip; La distancia entre cierta izquierda institucional y cierta derecha institucional empieza a parecerse a la que existe entre la Coca-Cola y la Pepsi...
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso vuelvo mentalmente a aquellas conversaciones universitarias sobre Gustavo Bueno. No por nostalgia. La nostalgia es una forma elegante de pereza. Vuelvo porque aquellos profesores pertenec&iacute;an a una &eacute;poca en la que las ideas importaban m&aacute;s que las consignas, y los conceptos pesaban m&aacute;s que los esl&oacute;ganes. Una &eacute;poca en la que un fil&oacute;sofo pod&iacute;a incomodar a los suyos sin pedir perd&oacute;n, y un catedr&aacute;tico pod&iacute;a defender una tesis sin calcular primero su impacto en las redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        Desde los viejos pasillos leoneses que conduc&iacute;an intelectualmente hasta Oviedo, desde las clases heredadas de Alarcos y de Bueno a trav&eacute;s de disc&iacute;pulos brillantes como Salvador Guti&eacute;rrez y Jos&eacute; Enrique Mart&iacute;nez, la pregunta sigue flotando en el aire.&nbsp;&iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a hoy Gustavo Bueno? Seguramente algo inc&oacute;modo. Y precisamente por eso merecer&iacute;a la pena escucharlo&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Gracias por existir, Audrey Hepburn.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/cuando-los-estudios-universitarios-de-leon-dependian-de-asturias-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13322859.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Jun 2026 09:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando los estudios universitarios de León dependían de Asturias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Asturias,León,Historia de León,Universidad de León,Libros,Cine,Educación,Formación,León ciudad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Luis Muñoz, novelista negro]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/jose-luis-munoz-novelista-negro-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13310330.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ff721932-dc7d-45b6-ad49-945075d8c0ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="José Luis Muñoz, novelista negro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue glosa la figura y obra del último superviviente del 'noir' de combate, un autor de referencia que este verano será homenajeado en la Semana Negra de Gijón</p></div><p class="article-text">
        Tipos duros y peligrosos, ladrones, terroristas, mafiosos, asesinos en serie, nazis, llevando sus novelas de oscuridad luminosa como un pozo repleto de diamantes&hellip; Hay escritores que pertenecen a una generaci&oacute;n y otros que pertenecen a una estirpe. <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Luis_Mu%C3%B1oz_Jimeno" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz</strong></a>&nbsp;pertenece a esta segunda categor&iacute;a. Su nombre no puede entenderse &uacute;nicamente como el de un novelista prol&iacute;fico, premiado y constante, sino como el de uno de los autores que contribuyeron decisivamente, desde la Transici&oacute;n a esta farra neoliberal postdictadura que tenemos, a consolidar la novela negra espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea como algo que ya es mucho m&aacute;s que una literatura de los m&aacute;rgenes can&oacute;nicos o una forma narrativa de resistencia frente al academicismo.
    </p><p class="article-text">
        Nacido en Salamanca en 1951 y afincado desde muy joven en Catalu&ntilde;a (actualmente co-dirige el <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Festival Black Mountain</a> en el bello Valle de Ar&aacute;n), Mu&ntilde;oz comenz&oacute; a construir una obra singular en los a&ntilde;os en que la narrativa espa&ntilde;ola buscaba nuevas v&iacute;as de expresi&oacute;n tras la transici&oacute;n democr&aacute;tica. Mientras otros escritores aspiraban a la respetabilidad literaria por los caminos m&aacute;s transitados, &eacute;l, aunque tambi&eacute;n ha publicado novela hist&oacute;rica y novela de viajes, eligi&oacute; fundamentalmente el territorio incierto de la novela negra, el relato criminal, la marginalidad urbana y los personajes derrotados. Aquella controvertida elecci&oacute;n acabar&iacute;a definiendo una trayectoria de varias d&eacute;cadas y m&aacute;s de medio centenar de libros.
    </p><p class="article-text">
        Resulta imposible hablar de sus comienzos sin evocar la legendaria colecci&oacute;n Etiqueta Negra de la desaparecida Editorial J&uacute;car. Para quienes amamos el g&eacute;nero, aquellos vol&uacute;menes constituyen una suerte de biblia <em>pulp </em>del <em>noir</em> espa&ntilde;ol. All&iacute; encontraron refugio autores que entend&iacute;an que la novela negra era mucho m&aacute;s que una investigaci&oacute;n policial: era una forma de interpretar el mundo, de explorar las fracturas sociales y de adentrarse en las zonas oscuras de la condici&oacute;n humana.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz fue uno de los nombres fundamentales de aquella aventura editorial. Su novela Barcelona negra apareci&oacute; cuando la ciudad todav&iacute;a no hab&iacute;a sido transformada por la est&eacute;tica ol&iacute;mpica y conservaba una atm&oacute;sfera &aacute;spera, nocturna y peligrosa. La Barcelona de Mu&ntilde;oz no era la postal tur&iacute;stica que llegar&iacute;a despu&eacute;s, sino una geograf&iacute;a moral poblada por perdedores, delincuentes, prostitutas y so&ntilde;adores derrotados. Era una ciudad observada desde abajo, desde los m&aacute;rgenes, y precisamente por eso resultaba tan verdadera.
    </p><p class="article-text">
        Aquella obra le proporcion&oacute; adem&aacute;s uno de los primeros grandes reconocimientos de su carrera, el Premio Azor&iacute;n, galard&oacute;n que confirm&oacute; la aparici&oacute;n de una voz distinta dentro de la narrativa espa&ntilde;ola. Sin embargo, el &eacute;xito nunca modific&oacute; el rumbo de su escritura. Mu&ntilde;oz sigui&oacute; frecuentando los territorios inc&oacute;modos, las fronteras entre g&eacute;neros y los personajes condenados a caminar por el filo de la navaja.
    </p><p class="article-text">
        Una muestra de esa voluntad de riesgo lleg&oacute; con <a href="https://www.casadellibro.com/libro-pubis-de-vello-rojo/9788472231559/215697" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Pubis de vello rojo</em></a>, obra que obtuvo el Premio La Sonrisa Vertical en 1990. Lo verdaderamente interesante de aquella novela era que no proced&iacute;a de la tradici&oacute;n er&oacute;tica pura. El propio autor reconoci&oacute; que hab&iacute;a comenzado a escribirla como una novela negra y que, durante el proceso creativo, la historia deriv&oacute; hacia el erotismo. En sus p&aacute;ginas conviv&iacute;an el deseo, la violencia, la noche barcelonesa y una mirada profundamente negra sobre las relaciones humanas. Aquella mezcla explicaba su singularidad y tambi&eacute;n su &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        Pero reducir a Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz a los premios ser&iacute;a una injusticia. Los galardones &mdash;Azor&iacute;n, La Sonrisa Vertical, Tigre Juan, Caf&eacute; Gij&oacute;n, Camilo Jos&eacute; Cela y muchos otros&mdash; constituyen apenas se&ntilde;ales en el camino de una obra mucho m&aacute;s amplia. Lo verdaderamente relevante es la coherencia de un universo narrativo que ha permanecido fiel a s&iacute; mismo durante d&eacute;cadas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Fugitivos, aventureros, buscavidas...</strong></h2><p class="article-text">
        Sus novelas est&aacute;n habitadas por fugitivos, aventureros, buscavidas, delincuentes ocasionales y seres que persiguen una redenci&oacute;n imposible. Hay en ellas una influencia evidente de la gran tradici&oacute;n norteamericana &mdash;de <strong>Jim Thompson</strong>&nbsp;a <strong>Charles Bukowski</strong>, de <strong>David Goodis</strong>&nbsp;a <strong>James M. Cain</strong>&mdash;, pero filtrada por una sensibilidad mediterr&aacute;nea y una mirada profundamente espa&ntilde;ola. Mu&ntilde;oz nunca imit&oacute; modelos extranjeros; los incorpor&oacute; a una realidad propia.
    </p><p class="article-text">
        Por eso ocupa un lugar tan singular dentro del panorama de la novela negra nacional junto a grandes pioneros como Juan Madrid, Andreu Martin, Alicia Gim&eacute;nez Barlett, Vazquez Montalb&aacute;n y dem&aacute;s. Mientras otros autores de entonces optaron por la intriga policial cl&aacute;sica o por el thriller de construcci&oacute;n m&aacute;s comercial, &eacute;l mantuvo viva una corriente m&aacute;s &aacute;spera, m&aacute;s existencial y m&aacute;s cercana al esp&iacute;ritu original del g&eacute;nero. Sus libros no buscan &uacute;nicamente resolver un crimen; pretenden explicar por qu&eacute; una sociedad produce determinados monstruos y determinadas v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Esa fidelidad a una determinada concepci&oacute;n del noir explica tambi&eacute;n su presencia constante en festivales, encuentros literarios y proyectos culturales vinculados al g&eacute;nero. Desde la primera <a href="https://www.semananegra.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Semana Negra de Gij&oacute;n</a> hasta los festivales actuales, Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz ha ejercido como escritor, cr&iacute;tico, agitador cultural y defensor de una literatura que durante mucho tiempo tuvo que luchar por su reconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Vista en perspectiva, su trayectoria adquiere una dimensi&oacute;n hist&oacute;rica. Representa el puente entre los pioneros que introdujeron la novela negra moderna en Espa&ntilde;a y las generaciones posteriores que hoy disfrutan de un g&eacute;nero plenamente consolidado. Sin autores como &eacute;l, el auge actual del noir espa&ntilde;ol ser&iacute;a dif&iacute;cil de entender.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">José Luis Muñoz es uno de los grandes arquitectos de la novela negra española contemporánea, un escritor que ha permanecido fiel a los principios del género incluso cuando las modas invitaban a abandonarlos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        As&iacute; se ve por ejemplo en su &uacute;ltima novela&hellip;. Con <a href="https://www.bohodon.es/libro/1881/una-epopeya-americana-libertad.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Una epopeya americana. Libertad</em></a><a href="https://www.bohodon.es/libro/1881/una-epopeya-americana-libertad.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;</a>(2026, Bohod&oacute;n Ediciones), Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz emprende uno de los proyectos m&aacute;s ambiciosos de su trayectoria: una trilog&iacute;a situada en las entra&ntilde;as de la Am&eacute;rica profunda que combina la intensidad de la novela negra con la amplitud narrativa del western contempor&aacute;neo. La historia arranca con el enfrentamiento entre dos hermanos, Ca&iacute;n y Abel Brother, figuras de inequ&iacute;voca resonancia b&iacute;blica atrapadas en un universo de violencia, resentimiento y b&uacute;squeda de redenci&oacute;n. A trav&eacute;s de ellos, Mu&ntilde;oz construye una visi&oacute;n sombr&iacute;a de Estados Unidos, una ant&iacute;tesis del sue&ntilde;o americano donde conviven los perdedores, los desarraigados y los marginados que han poblado siempre su literatura. La novela confirma la capacidad del autor para trascender los l&iacute;mites convencionales del noir y abordar un relato de largo aliento en el que la aventura, la &eacute;pica familiar y la cr&iacute;tica social se funden en una misma corriente narrativa (adem&aacute;s, hay un dato relevante: <em>Una epopeya americana. Libertad</em>&nbsp;parece ser una reformulaci&oacute;n o nueva edici&oacute;n dentro del proyecto de la trilog&iacute;a iniciada con <em>Brother</em>, retomando a los personajes de Ca&iacute;n y Abel Brother y ampliando el alcance &eacute;pico de la saga americana de Mu&ntilde;oz.).
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por todo esto a Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz convenga reivindicarlo dentro de nuestro noir como algo m&aacute;s que un novelista premiado. Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz es uno de los grandes arquitectos de la novela negra espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, un escritor que ha permanecido fiel a los principios del g&eacute;nero incluso cuando las modas invitaban a abandonarlos. Pertenece a esa estirpe cada vez m&aacute;s rara de autores que han construido una obra antes que una carrera.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando dentro de algunos a&ntilde;os se escriba una historia rigurosa de nuestro noir, la vieja Etiqueta Negra de J&uacute;car aparecer&aacute; como uno de sus cap&iacute;tulos fundacionales (en efecto Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz pertenece a la estirpe de autores que surgieron al calor de esa legendaria colecci&oacute;n Etiqueta Negra de J&uacute;car, aquella biblioteca <em>pulp </em>del <em>noir</em> que dirigi&oacute; <strong>Paco Ignacio Taibo II</strong>&nbsp;y que ense&ntilde;&oacute; a varias generaciones de lectores espa&ntilde;oles a leer a <strong>Thompson</strong>, <strong>Goodis</strong>,<strong>&nbsp;Himes</strong>&nbsp;o <strong>Leonard</strong>: all&iacute; public&oacute; novelas tan significativas como <a href="https://www.casadellibro.com/libro-barcelona-negra/9788433436405/20713" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Barcelona negra</em></a>&nbsp;y <a href="https://www.casadellibro.com/libro-cadaver-bajo-el-jardin-un/9788433436351/205175" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Un  cad&aacute;ver bajo el jard&iacute;n</em></a>; obras que ya conten&iacute;an buena parte de las obsesiones que recorrer&iacute;an toda su trayectoria: la violencia urbana, los personajes derrotados y una mirada descarnada sobre los m&aacute;rgenes de la sociedad, y formado en aquella cantera irrepetible, Mu&ntilde;oz acabar&iacute;a convirti&eacute;ndose en uno de los pilares de la novela negra espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea.)&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Este es Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz: uno de los &uacute;ltimos supervivientes de una generaci&oacute;n que entendi&oacute; que la literatura negra no era un g&eacute;nero menor, sino una manera avanzada de mirar la parte oscura del mundo y de entender que a veces el mal hace las cosas bien.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/jose-luis-munoz-novelista-negro-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13310330.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jun 2026 16:30:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Luis Muñoz, novelista negro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,España,Festivales,Asturias,Literatura,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Banderas y la Biblioteca del Seminario de León]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/antonio-banderas-y-la-biblioteca-del-seminario-de-leon-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13300370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c76b4e88-a1a1-4eb6-a454-cc68822a3d5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Antonio Banderas y la Biblioteca del Seminario de León"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El encuentro entre el actor español y el Papa León XIV a Luis Artigue le lleva a glosar la biblioteca más secreta y fascinante de León</p></div><p class="article-text">
        Cuando era un adolescente hambriento de saberes descubr&iacute; una joya secreta en Le&oacute;n, la <a href="https://diocesisdeleon.org/bendicion-sala-lectura-biblioteca-seminario/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Biblioteca del Seminario sita enfrente de la Catedral</a>, que es un lugar de cultura y sabidur&iacute;a si no secreto si muy discreto al que la ciudad da la espalda, pero que cuenta con tesoros bibliogr&aacute;ficos. All&iacute;, junto a un compa&ntilde;ero intelectual y maestro de entonces, iba como quien se cuela en la novela de <strong>Umberto Eco </strong><a href="https://www.penguinlibros.com/es/novela-negra-misterio-y-thriller/460136-libro-el-nombre-de-la-rosa-edicion-especial-en-tapa-dura-9788466387743" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El nombre de la rosa</em></a><em>, </em>y saludaba al bibliotecario, el <strong>padre don Juan Manuel</strong>, y me sumerg&iacute;a en la Filosof&iacute;a y la Teolog&iacute;a hasta que el bibliotecario me tom&oacute; confianza y me empez&oacute; a permitir llevarme los libros casa. Fue entonces cuando descubr&iacute;... una colecci&oacute;n de libros impresionante que es sorprendente que pr&aacute;cticamente nadie conozca en la capital leonesa.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a esa biblioteca secreta o discreta pero fascinante fui leyendo uno a uno y con delectaci&oacute;n&nbsp;la obra magna de <strong>Von Balthasar </strong>[Gloria, 7 tomos; Teodram&aacute;tica, 5 tomos; y Teol&oacute;gica, 3 tomos], m&aacute;s un breve tomo de Ep&iacute;logo sobre los trascendentales de lo 'bello', lo 'bueno' y lo 'verdadero' (algunos de los tomos nadie los hab&iacute;a le&iacute;do, pues estaban aun plastificados hasta que los desflor&eacute;, y los le&iacute; la verdad que tan despacio que hasta me permit&iacute; corregir con bol&iacute;grafo azul las pocas erratas que la traducci&oacute;n tiene).
    </p><p class="article-text">
        Y cuento esto ahora a colaci&oacute;n de que el otro d&iacute;a en Madrid <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/ultima-hora-visita-papa-leon-xiv-espana-directo_6_13281927_1123390.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antonio Banderas, que ante el Papa Le&oacute;n XIV confes&oacute; haber sucumbido al hechizo de Dios</a>, aprovech&oacute; la ocasi&oacute;n para explicar como si fuera una idea nueva que sin el cristianismo no hubiera habido arte&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto eso me ha hecho volver a revisar a von Balthasar, un escritor cult&iacute;simo, a la vez profundo y elevado, y quien mejor ha pensado las relaciones entre el cristianismo y la est&eacute;tica.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Figuras extraordinarias del catolicismo</strong></h2><p class="article-text">
        La teolog&iacute;a cat&oacute;lica del siglo XX produjo una constelaci&oacute;n de figuras extraordinarias. Cada una intent&oacute; responder, a su manera, a una pregunta decisiva: &iquest;C&oacute;mo puede el hombre moderno volver a encontrar el acceso a Dios? Algunos buscaron ese acceso en la conciencia, otros en la historia, otros en la experiencia eclesial o en la renovaci&oacute;n de las fuentes patr&iacute;sticas. <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Hans_Urs_von_Balthasar" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Hans Urs von Balthasar</strong></a>&nbsp;eligi&oacute; un camino singular: el est&eacute;tico; el de la belleza.
    </p><p class="article-text">
        Esta elecci&oacute;n ha provocado admiraci&oacute;n y sospecha a partes iguales. Admiraci&oacute;n, porque pocas obras teol&oacute;gicas poseen la amplitud, la profundidad y la fuerza literaria de la suya. Sospecha, porque para algunos la belleza parece un camino secundario, casi ornamental, respecto de la fe. Sin embargo, una lectura atenta de Balthasar revela que la cuesti&oacute;n es mucho m&aacute;s compleja. La belleza no es un adorno de la verdad; es la forma bajo la cual la verdad divina se manifiesta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>'Lo bello, lo bueno y lo verdadero' de von Balthasar</strong>
    </p><p class="article-text">
        Toda la arquitectura de su pensamiento puede entenderse como una exploraci&oacute;n sistem&aacute;tica de los trascendentales cl&aacute;sicos: lo bello, lo bueno y lo verdadero. La monumental trilog&iacute;a compuesta por <a href="https://edicionesencuentro.com/coleccion/gloria-teodramatica-teologica/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Gloria, Teodram&aacute;tica&nbsp;y Teol&oacute;gica</em></a>&nbsp;sigue precisamente ese recorrido. En <em>Gloria</em>&nbsp;estudia la manifestaci&oacute;n de la belleza divina; en <em>Teodram&aacute;tica</em>, el despliegue del bien en la historia de la salvaci&oacute;n; en <em>Teol&oacute;gica</em>, la verdad revelada que ilumina la inteligencia creyente.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de tres temas yuxtapuestos. Son tres accesos a una misma realidad. Balthasar est&aacute; convencido de que los trascendentales se reclaman mutuamente. Cuando la verdad pierde la belleza, se vuelve abstracta; cuando el bien pierde la belleza, degenera en moralismo; cuando la belleza se separa de la verdad y del bien, cae en el esteticismo. Por eso su proyecto puede leerse como un esfuerzo por restaurar la unidad originaria de los trascendentales en Dios.
    </p><p class="article-text">
        Resulta especialmente sugerente la distinci&oacute;n que establece entre 'est&eacute;tica teol&oacute;gica' y 'teolog&iacute;a est&eacute;tica'. A primera vista, la diferencia parece puramente terminol&oacute;gica. No lo es. La teolog&iacute;a est&eacute;tica, tal como &eacute;l la entiende cr&iacute;ticamente, corre el riesgo de convertir la experiencia de lo bello en criterio &uacute;ltimo de la verdad religiosa. La est&eacute;tica teol&oacute;gica, por el contrario, parte de la revelaci&oacute;n y se pregunta por la forma bella con que Dios se da a conocer.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia es decisiva. En un caso, Dios queda subordinado a una teor&iacute;a de la belleza; en el otro, la belleza queda subordinada a la autorrevelaci&oacute;n de Dios. Balthasar no pretende construir una religi&oacute;n de artistas ni una metaf&iacute;sica del gusto. Pretende mostrar que la gloria de Dios posee una forma objetiva que puede ser contemplada. La belleza cristiana no nace de la sensibilidad humana; nace del acontecimiento de Cristo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La fe reducida a una emoci&oacute;n est&eacute;tica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es precisamente aqu&iacute; donde surge una de las cr&iacute;ticas m&aacute;s frecuentes. Si la belleza conduce a Dios... &iquest;No queda la fe reducida a una especie de emoci&oacute;n est&eacute;tica? &iquest;No corre el riesgo la experiencia religiosa de convertirse en una contemplaci&oacute;n refinada de formas hermosas? Algunos lectores han sospechado que la prioridad otorgada a la est&eacute;tica introduce un elemento secundario en el centro mismo de la teolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La objeci&oacute;n merece ser tomada en serio. Sin embargo, pierde fuerza cuando se considera el conjunto de la obra balthasariana. La belleza de la que habla Balthasar no es la armon&iacute;a superficial de las cosas agradables. Es la forma parad&oacute;jica de la revelaci&oacute;n divina, cuyo centro es la cruz. La gloria de Dios se manifiesta precisamente all&iacute; donde toda est&eacute;tica mundana esperar&iacute;a encontrar fracaso, abandono y oscuridad. La belleza cristiana no es decorativa; es dram&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Adrienne von Speyr</strong>
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el pensamiento de Balthasar no puede entenderse sin la influencia decisiva de la m&iacute;stica <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Adrienne_von_Speyr" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Adrienne von Speyr</strong></a>&nbsp;a la cual conoci&oacute;, confes&oacute;, convirti&oacute; y anim&oacute; a escribir. La relaci&oacute;n intelectual y espiritual entre ambos constituye uno de los fen&oacute;menos m&aacute;s singulares de la teolog&iacute;a contempor&aacute;nea. Balthasar encontr&oacute; en ella una experiencia m&iacute;stica que consider&oacute; aut&eacute;nticamente teol&oacute;gica. Su atenci&oacute;n a los temas mariol&oacute;gicos y escatol&oacute;gicos procede en buena medida de este encuentro.
    </p><p class="article-text">
        La figura de Mar&iacute;a ocupa en su pensamiento un lugar central porque representa la respuesta perfecta de la fe a la iniciativa divina. Frente a una modernidad fascinada por la autonom&iacute;a, Mar&iacute;a aparece como la disponibilidad radical ante Dios. Y precisamente por ello la dimensi&oacute;n mariol&oacute;gica corrige cualquier tentaci&oacute;n esteticista: el acceso a Dios no se produce por la mera contemplaci&oacute;n de la belleza, sino por la obediencia creyente.
    </p><p class="article-text">
        Algo semejante ocurre con la escatolog&iacute;a. El horizonte &uacute;ltimo de la historia impide que la belleza quede encerrada en el presente. Toda forma creada remite a una plenitud futura que todav&iacute;a no poseemos. La belleza cristiana es promesa antes que posesi&oacute;n. En este sentido, la influencia de Adrienne von Speyr&nbsp;refuerza la convicci&oacute;n de que la fe constituye siempre el fundamento &uacute;ltimo del conocimiento teol&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        Por eso ser&iacute;a injusto interpretar a Balthasar como un te&oacute;logo que sustituye la fe por la est&eacute;tica. M&aacute;s bien intenta mostrar que la fe posee una dimensi&oacute;n contemplativa irreductible. El creyente no s&oacute;lo acepta proposiciones verdaderas ni cumple mandamientos morales; contempla la gloria de Dios manifestada en Cristo. La belleza aparece entonces no como alternativa a la fe, sino como una dimensi&oacute;n interna de ella.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Otros giganges de la teolog&iacute;a del siglo XX</strong>
    </p><p class="article-text">
        La comparaci&oacute;n con otros gigantes de la teolog&iacute;a del siglo XX resulta inevitable. <strong>Henri de Lubac</strong>&nbsp;destac&oacute; por su extraordinaria capacidad para releer la tradici&oacute;n cristiana en di&aacute;logo con la cultura y la historia. <strong>Karl Rahner</strong>&nbsp;desarroll&oacute; una s&iacute;ntesis original entre el tomismo y la filosof&iacute;a trascendental moderna, una s&iacute;ntesis que suscit&oacute; admiraci&oacute;n y cr&iacute;ticas por igual. Frente a ambos, Balthasar ofrece una propuesta m&aacute;s marcadamente centrada en la forma total del misterio cristiano, integrando metaf&iacute;sica, espiritualidad, ex&eacute;gesis, literatura y teolog&iacute;a dogm&aacute;tica en una visi&oacute;n de conjunto dif&iacute;cilmente comparable (y lo decimos sin desde&ntilde;ar aportaciones espiritualmente fastuosas como, citando las que a nosotros m&aacute;s nos seducen, el estudio de la importancia de los laicos en la iglesia de <strong>Yves Congar</strong>, la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n de <strong>John Sobrino</strong>&nbsp;y <strong>Gustavo Gutierrez</strong>, la teolog&iacute;a dial&eacute;ctica de <strong>Karl Bath</strong>, la teolog&iacute;a de la esperanza de <strong>J&uuml;nger Moltman</strong>&nbsp;y su insistencia en la importancia de la comunidad, la valent&iacute;a del ser de <strong>Paul Tillich</strong>&nbsp;y la teolog&iacute;a femenina de <strong>Eisabeth Jonhson</strong>).
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso muchos consideramos que, como dej&oacute; escrito <strong>Benedicto XVI</strong>, la obra de Von Balthasar representa una de las cumbres intelectuales del catolicismo contempor&aacute;neo. No porque resuelva todos los problemas ni porque est&eacute; libre de objeciones, sino porque devuelve a la teolog&iacute;a una amplitud de horizonte que parec&iacute;a perdida. En un tiempo inclinado a la especializaci&oacute;n fragmentaria, Balthasar volvi&oacute; a pensar el cristianismo como un todo, y a la iglesia como un todo en el cual el laicado tambi&eacute;n goza de gran relevancia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchos consideramos, como dejó escrito Benedicto XVI, que la obra de Von Balthasar representa una de las cumbres intelectuales del catolicismo contemporáneo. No porque resuelva todos los problemas ni porque esté libre de objeciones, sino porque devuelve a la teología una amplitud de horizonte que parecía perdida</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Al final, la grandeza de Hans Urs von Balthasar reside en haber recordado algo que la modernidad hab&iacute;a olvidado con frecuencia: que Dios no es s&oacute;lo verdad para la inteligencia ni s&oacute;lo bien para la voluntad. Es tambi&eacute;n gloria para la contemplaci&oacute;n. Y esa gloria, lejos de ser un lujo est&eacute;tico a&ntilde;adido a la fe, constituye la irradiaci&oacute;n misma del misterio divino. Su teolog&iacute;a permanece as&iacute; como una de las tentativas m&aacute;s poderosas del siglo XX para mostrar que los trascendentales convergen en Dios y que, en Cristo, la belleza, la bondad y la verdad vuelven a encontrarse.
    </p><p class="article-text">
        En efecto despu&eacute;s de todo lo le&iacute;do poco a poco en la biblioteca secreta del seminario de Le&oacute;n (todo de la mano del padre don Juan Manuel: &iexcl;Gratitud!) cada vez tenemos m&aacute;s claro, a pesar de lo que nos cuentan los especialistas, que <strong>Henri de Lubac</strong>&nbsp;era en buena medida un culturalista espiritual cuya teolog&iacute;a tiene casi m&aacute;s de erudici&oacute;n que de teolog&iacute;a, y que <strong>Karl Rahner</strong>&nbsp;desarroll&oacute; un tomismo trascendental que es de todo menos tomista, y que si hemos de escoger nos quedamos con la belleza elevada de <strong>Hans Urs von Balthasar</strong>, objetivamente el mejor te&oacute;logo del siglo XX&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Gracias Antonio Banderas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/antonio-banderas-y-la-biblioteca-del-seminario-de-leon-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13300370.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 09:30:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Antonio Banderas y la Biblioteca del Seminario de León]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Internacional,España,La Biblioteca del Reino,Obispado de León]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El Otro', de Eduardo Zamacois]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/libro-el-otro-de-eduardo-zamacois-critica-literaria-por-luis-artigue-primera-novela-de-terror-hispanica-del-siglo-xx_1_13300328.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c842491b-f621-4543-b0ce-f02f8e19ec47_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El Otro&#039;, de Eduardo Zamacois"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue recomienda con entusiasmo una obra del famoso autor del principio siglo XX rescatada por la editorial Pez de Plata y que pasa por ser la primera novela de terror moderna de todo el canon hispánico</p></div><p class="article-text">
        Espectros, satanismo, ocultismo, perversiones sexuales paranormales en sanatorios inquietantes, venganzas de ultratumba y el tenebroso Madrid decadentista&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Hay escritores que dejan una obra; otros, adem&aacute;s, dejan una &eacute;poca. <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Zamacois" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Eduardo Zamacois</strong></a><strong> </strong>pertenece a esta segunda categor&iacute;a. Nacido en Cuba en 1873 y fallecido en Buenos Aires en 1971, Zamacois desarroll&oacute; una larga y prol&iacute;fica trayectoria como novelista, periodista, editor y memorialista &ldquo;a caballo entre la madurez de la Generaci&oacute;n del 98 y la famosa y a veces infame bohemia madrile&ntilde;a&rdquo;, como lo sit&uacute;a <strong>Jes&uacute;s Palacios</strong>&nbsp;en el exhaustivo pr&oacute;logo de la novela que ahora rese&ntilde;amos y que es su obra maestra. Instalado desde joven en Espa&ntilde;a, fue una figura muy activa en la vida cultural y la nocturnidad donjuanesca de finales del siglo XIX y buena parte del XX. Su extensa carrera le permiti&oacute; tratar y coincidir con algunas de las principales figuras de las letras espa&ntilde;olas, entre ellas <strong>Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s</strong>, <strong>Emilia Pardo Baz&aacute;n</strong>, <strong>Ram&oacute;n del Valle-Incl&aacute;n</strong>, <strong>P&iacute;o Baroja</strong>, <strong>Vicente Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez</strong>&nbsp;y <strong>Azor&iacute;n</strong>, a quienes evoc&oacute; con frecuencia en sus memorias, dejando un valioso testimonio de la intensa vida literaria de su &eacute;poca. Y es que Zamacois, &ldquo;culto cosmopolita y moderno&rdquo; fue muchas&nbsp;&nbsp;cosas &ndash;prol&iacute;fico, pol&eacute;mico, fant&aacute;stico, antifascista, exiliado olvidado despu&eacute;s de la Guerra Civil&ndash;, pero no fue un perdedor ni encaja en lo que <strong>Juan Manuel de Prada</strong>, al hablar sobre los perdedores literarios de esa &eacute;poca, denominaba &ldquo;desgarrados y exc&eacute;ntricos&rdquo;. Zamacois, por el contrario, fue durante d&eacute;cadas un escritor de enorme &eacute;xito comercial, director de revistas, conferenciante y profesional de las letras perfectamente integrado en el mundo editorial de su tiempo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Zamacois, actualmente en discreta penumbra</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo su figura aparece hoy envuelta en una discreta penumbra, como si el tiempo hubiera ido retirando lentamente los focos que iluminaron su nombre durante d&eacute;cadas. Aunque basta acercarse a sus novelas, a sus memorias o a su incesante actividad period&iacute;stica, para advertir que estamos ante uno de esos autores cuya importancia no puede medirse &uacute;nicamente por el lugar que ocupan en los manuales literarios de la posteridad.
    </p><p class="article-text">
        Zamacois fue, ante todo, un observador. Su literatura nace de una curiosidad insaciable por los comportamientos humanos y por las transformaciones de una sociedad que avanzaba entre entusiasmos modernos y viejas inercias. No busc&oacute; refugio en los territorios de la abstracci&oacute;n ni en los juegos intelectuales que tanto sedujeron a otros escritores de su tiempo. Prefiri&oacute; la calle, el caf&eacute;, la conversaci&oacute;n, el rumor de la actualidad. De ah&iacute; que muchas de sus p&aacute;ginas conserven todav&iacute;a la vibraci&oacute;n de lo vivido.
    </p><p class="article-text">
        Su narrativa posee una cualidad que a menudo se pasa por alto: la fluidez. Zamacois escribe con la naturalidad de quien conoce perfectamente los mecanismos del relato y sabe que la claridad no es una concesi&oacute;n, sino una conquista. Sus novelas avanzan sin tropiezos, sostenidas por una prosa que reh&uacute;ye el adorno innecesario y conf&iacute;a en la eficacia de la observaci&oacute;n precisa. En ellas no encontramos el af&aacute;n de exhibir talento, sino el prop&oacute;sito m&aacute;s dif&iacute;cil de lograr: mantener despierta la atenci&oacute;n del lector.
    </p><p class="article-text">
        Resulta igualmente significativo su papel como cronista de una sensibilidad colectiva. La literatura espa&ntilde;ola de finales del siglo XIX y comienzos del XX suele contemplarse a trav&eacute;s de grandes nombres que han terminado por monopolizar la perspectiva hist&oacute;rica. Sin embargo, para comprender realmente el clima cultural de aquellos a&ntilde;os conviene acudir tambi&eacute;n a escritores como Zamacois, capaces de registrar aspectos que las figuras m&aacute;s can&oacute;nicas dejaron en segundo plano. Sus textos ofrecen un testimonio valioso de los cambios sociales, de las aspiraciones y contradicciones de una burgues&iacute;a emergente y de las tensiones morales que acompa&ntilde;aron la modernizaci&oacute;n del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un trabajo que merece reconocimiento</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay, adem&aacute;s, en su trayectoria una voluntad de trabajo que merece reconocimiento. Fue un profesional de la escritura en el sentido m&aacute;s pleno del t&eacute;rmino. Escribi&oacute; mucho y sobre asuntos muy diversos, particip&oacute; activamente en la vida period&iacute;stica y entendi&oacute; la literatura como una actividad inseparable de la realidad cotidiana. Esa dedicaci&oacute;n constante explica tanto la amplitud de su producci&oacute;n como algunas de sus inevitables irregularidades. Pero incluso cuando sus obras no alcanzan la misma altura, permanece visible una energ&iacute;a narrativa dif&iacute;cil de encontrar.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la mejor manera de leer hoy a Eduardo Zamacois consista en liberarlo de etiquetas apresuradas y devolverlo a su condici&oacute;n de escritor. No como una figura secundaria destinada a ocupar una nota al pie, sino como un autor que contribuy&oacute; decisivamente a ensanchar los l&iacute;mites de la narrativa popular y del periodismo literario espa&ntilde;ol. Su obra recuerda que la historia de la literatura no est&aacute; formada &uacute;nicamente por cimas aisladas, sino tambi&eacute;n por una extensa red de voces que dieron forma al paisaje intelectual de su tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Volver a Zamacois es, en cierto modo, volver a una tradici&oacute;n narrativa que conced&iacute;a un valor esencial al placer de contar. Y ese placer, cuando est&aacute; sostenido por la inteligencia, la experiencia y el oficio, rara vez envejece.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la cr&iacute;tica ha tendido a encuadrar a Eduardo Zamacois dentro del realismo narrativo y la novela de costumbres, sus intereses literarios fueron mucho m&aacute;s amplios. Como muchos escritores de fin de siglo, sinti&oacute; una notable atracci&oacute;n por los territorios de lo ins&oacute;lito, lo misterioso y lo sobrenatural. Fue lector atento de las corrientes decadentes y simbolistas europeas, y mostr&oacute; curiosidad por temas entonces muy en boga como el espiritismo, la sugesti&oacute;n, los fen&oacute;menos ps&iacute;quicos y las zonas oscuras de la mente humana. Esa inclinaci&oacute;n se refleja en varios relatos y novelas breves donde aparecen ambientes inquietantes, apariciones, obsesiones psicol&oacute;gicas y situaciones cercanas al relato de terror o al fant&aacute;stico. M&aacute;s que cultivar un terror expl&iacute;cito al estilo anglosaj&oacute;n, Zamacois se interes&oacute; por la perturbaci&oacute;n moral y emocional que produce lo inexplicable, situ&aacute;ndose en una tradici&oacute;n que conecta con autores como <strong>Edgar Allan Poe</strong>, <strong>Guy de Maupassant</strong>&nbsp;o <strong>E. T. A. Hoffmann</strong>. Esta faceta, menos conocida que su producci&oacute;n realista, revela a un escritor atento a las corrientes modernas de su tiempo y dispuesto a explorar los l&iacute;mites entre la realidad y la imaginaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo es el autor de una novela fant&aacute;stica moderna y influyente: <a href="https://editorialpezdeplata.com/saturnalia/135-el-otro-9791399038972.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El Otro</em></a><em>.</em> una novela que permite descubrir a un Zamacois muy distinto del narrador realista con el que suele identific&aacute;rsele: un escritor fascinado por las sombras, los l&iacute;mites de la identidad y los misterios de la mente humana... 
    </p><p class="article-text">
        Todo un bestseller en su d&iacute;a, con al menos ocho ediciones y una adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica pionera del cine de terror espa&ntilde;ol, dirigida por <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Codina</strong>&nbsp;en 1919, la cual puede considerarse la primera novela de terror moderna espa&ntilde;ola. Una obra que sorprende por su erotismo perverso, sus ideas parapsicol&oacute;gicas y su implacable modernidad.
    </p><p class="article-text">
        Publicada en 1910, <em>El otro</em>&nbsp;constituye una de las obras m&aacute;s singulares de Eduardo Zamacois y, probablemente, uno de los textos fundacionales del terror moderno espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La trama de 'El Otro'</strong>
    </p><p class="article-text">
        La acci&oacute;n de <em>El otro</em>&nbsp;transcurre en el Madrid de comienzos del siglo XX y se articula en torno a un tri&aacute;ngulo formado por Juan Enrique Halderg, bar&oacute;n de Nhorres; Adelina, esposa del doctor Riaza; y el propio Riaza, director de un sanatorio. Cuando los dos amantes provocan la muerte del m&eacute;dico creyendo haber cometido el crimen perfecto, la novela gira hacia el territorio de lo sobrenatural. La figura central pasa entonces a ser &ldquo;el Otro&rdquo;, la inquietante presencia del difunto doctor, cuyo regreso desencadena una serie de fen&oacute;menos ambiguos y perturbadores que atormentan a los culpables. Zamacois construye as&iacute; un relato en el que los personajes oscilan constantemente entre la culpa, el deseo y el miedo, sin que el lector llegue a saber con certeza si los sucesos responden a una aut&eacute;ntica manifestaci&oacute;n sobrenatural o a los efectos psicol&oacute;gicos del remordimiento (este enfoque es, de hecho, una de las grandes virtudes de la novela: el espectro de Riaza no funciona solo como un fantasma vengador, sino como una encarnaci&oacute;n de los temores, deseos reprimidos y obsesiones de los protagonistas, acercando la obra tanto al terror sobrenatural como al psicol&oacute;gico).
    </p><p class="article-text">
        Lo que hoy sigue sorprendiendo de <em>El otro </em>es su <strong>extraordinaria modernidad</strong>. Zamacois abandona los moldes del realismo tradicional para adentrarse en un territorio ambiguo donde convergen la ciencia, la parapsicolog&iacute;a, el deseo y el horror psicol&oacute;gico. La novela explora la idea del doble, una de las grandes obsesiones de la literatura fant&aacute;stica europea, pero lo hace desde una sensibilidad plenamente contempor&aacute;nea, vinculada a las inquietudes de la psicolog&iacute;a experimental y a los debates sobre la identidad que recorr&iacute;an la cultura de comienzos del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        El autor construye una atm&oacute;sfera inquietante y enfermiza, en la que la frontera entre realidad y alucinaci&oacute;n se vuelve cada vez m&aacute;s difusa. A ello contribuye un erotismo perturbador, alejado de cualquier convencionalismo moral, que impregna la narraci&oacute;n de una tensi&oacute;n constante. El deseo aparece asociado a impulsos oscuros, a fuerzas desconocidas que escapan al control de la raz&oacute;n y empujan a los personajes hacia una progresiva degradaci&oacute;n psicol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que una novela de terror en el sentido can&oacute;nico, <em>El otro</em>&nbsp;es una exploraci&oacute;n de los abismos de la conciencia. En sus p&aacute;ginas resuenan ecos de <strong>Poe</strong>, <strong>Maupassant</strong>&nbsp;o <strong>Stevenson</strong>, pero Zamacois consigue dotar al relato de una personalidad propia, profundamente ligada al clima intelectual de la Edad de Plata espa&ntilde;ola. El resultado es una obra audaz, inquietante y sorprendentemente vigente. Una de gran influencia por ejemplo para <strong>Emilio Carrere </strong>(sin esta novela no existir&iacute;a <a href="https://www.valdemar.com/libro/la-torre-de-los-siete-jorobados/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La torre de los siete jorobados</em></a><em>), </em>para <a href="https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/jarrapellejos--1/html/fef4e1f6-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html#I_1_" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Jarrapellejos</em></a><em> </em>y las obras del llamado erotismo sical&iacute;ptico de <strong>Felipe Trigo</strong>, para <strong>Carmen de Burgos </strong>en sus novelas cortas como <a href="https://www.bibliotecadigitaldeandalucia.es/catalogo/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=1002878" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los amores de Faustino</em></a><em> </em>o <a href="https://www.cervantesvirtual.com/obra/confidencias--0/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Las confidencias</em></a>, en el novelista er&oacute;tico-burlesco y cupletista <strong>&Aacute;lvaro Retana</strong>&nbsp;y, desde ah&iacute;, luego tambi&ntilde;en de gran influencia hasta para los autores del Fantaterror espa&ntilde;ol de los 70 y en el cine loco de <strong>Alex de la Iglesia</strong>&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        De hecho <em>El Otro </em>(ya lo dice el propio Emilio Carrere en el tambi&eacute;n interesante segundo pr&oacute;logo de este libro) tiene aire de libre, inventivo y dinamitero gui&oacute;n de cine de serie B, luce en la prosa un deje modernista entre culto y arcaizante en las descripciones que le da por momentos como un aire de novela g&oacute;tica, y merece ser recuperada no solo como una rareza bibliogr&aacute;fica pionera, sino como una pieza fundamental para comprender los or&iacute;genes de la literatura fant&aacute;stica y de terror en Espa&ntilde;a&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Esto somos, rediosla!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/libro-el-otro-de-eduardo-zamacois-critica-literaria-por-luis-artigue-primera-novela-de-terror-hispanica-del-siglo-xx_1_13300328.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jun 2026 15:00:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['El Otro', de Eduardo Zamacois]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,España,Lo Más Friki,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El sueño del Emperador' y 'Zafadola': las últimas novelas históricas de Juan Pedro Aparicio]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/sueno-emperador-zafadola-ultimas-novelas-historicas-juan-pedro-aparicio_1_13289352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66c17d9e-1cfb-4123-9f04-9a654f4a400d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El sueño del Emperador&#039; y &#039;Zafadola&#039;: las últimas novelas históricas de Juan Pedro Aparicio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue reseña estas dos novelas publicadas por Eolas Ediciones del autor leonés. "Episodios Nacionales que desde la ficción y el rigor dan una nítida idea de España", defendiendo la necesidad de dar conocer las ocultadas aportaciones del 'Regnum Legionense' a su Historia</p><p class="subtitle">HEMEROTECA LITERARIA - El autor sobre 'El sueño del Emperador': “A León le han robado su historia, tapada por la preponderancia de Castilla”</p></div><p class="article-text">
        Las dos &uacute;ltimas novelas hist&oacute;ricas de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Pedro_Aparicio" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Juan Pedro Aparicio</strong></a> (Le&oacute;n 1941, Premio Nadal, Premio Setenil y Premio Castilla y Le&oacute;n de las Letras) son dos&nbsp;Episodios Nacionales del siglo XII para el siglo XXI&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a ocurrido si el mayor sue&ntilde;o pol&iacute;tico de la Espa&ntilde;a medieval hubiera dependido tanto de las pasiones humanas como de las batallas y los tratados? Esa es la fascinante pregunta que recorre <a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/juan-pedro-aparicio-presenta-lunes-sueno-emperador-instituto-leones-cultura_1_11377779.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El sue&ntilde;o del emperador</em></a><em> </em>(Eloas Ediciones, 2025), una novela que nos traslada al siglo XII para seguir la peripecia de Alfonso VII, el monarca que aspir&oacute; a convertirse en emperador de toda Hispania. Pero Juan Pedro Aparicio no se limita a reconstruir una &eacute;poca remota: convierte la historia en una aventura llena de intrigas cortesanas, alianzas inciertas, ambiciones desmedidas, amores, traiciones y personajes que parecen debatirse entre el destino y la voluntad. El lector avanza por castillos, campamentos y ciudades medievales con la sensaci&oacute;n de asistir al nacimiento de una idea que todav&iacute;a nos interpela: la de una Espa&ntilde;a plural y dif&iacute;cil de gobernar. Narrada con agilidad, inteligencia y un extraordinario pulso novelesco, <em>El sue&ntilde;o del emperador</em> consigue que un episodio decisivo de nuestra historia se lea con la emoci&oacute;n de una gran novela de aventuras&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Asimismo pocas figuras de la Edad Media espa&ntilde;ola resultan tan novelescas como <a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/juan-pedro-aparicio-presenta-viernes-leon-zafadola-continuacion-sueno-emperador_1_12905997.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Zafadola</em></a>, el rey musulm&aacute;n que so&ntilde;&oacute; con recuperar un trono perdido y acab&oacute; convertido en pieza decisiva de un complejo tablero pol&iacute;tico donde nada era exactamente lo que parec&iacute;a. En esta otra apasionante novela, Juan Pedro Aparicio rescata a un personaje hist&oacute;rico tan real como extraordinario y lo sit&uacute;a en el centro de una trama de pactos, guerras, lealtades cambiantes y estrategias de supervivencia que atraviesan la Pen&iacute;nsula del siglo XII. Lo que comienza como la peripecia de un pr&iacute;ncipe destronado se transforma poco a poco en una reflexi&oacute;n sobre el poder, la identidad y la convivencia entre culturas enfrentadas y, a la vez, inevitablemente unidas. Con ritmo de aventura, una s&oacute;lida base hist&oacute;rica y una galer&iacute;a de personajes memorables, <em>Zafadola </em>invita al lector a descubrir uno de esos episodios olvidados de la historia que, gracias a la literatura, recuperan toda su emoci&oacute;n y su significado.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Uno de los proyectos narrativos m&aacute;s ambiciosos de la novela Espa&ntilde;ola</strong></h2><p class="article-text">
        Efectivamente con <em>El sue&ntilde;o del emperador</em> y <em>Zafadola</em>, el celebrado novelista Juan Pedro Aparicio prosigue uno de los proyectos narrativos m&aacute;s ambiciosos de la novela espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea: la reconstrucci&oacute;n literaria de momentos decisivos de nuestra historia desde una perspectiva que trasciende los l&iacute;mites convencionales de la llamada novela hist&oacute;rica. Ambas obras, publicadas por Eolas, se adentran como decimos en el siglo XII peninsular para recrear las complejas relaciones entre los distintos reinos cristianos y musulmanes, las tensiones din&aacute;sticas, las alianzas cambiantes y los conflictos que contribuyeron a configurar la realidad pol&iacute;tica de Espa&ntilde;a. Sin embargo, reducir estas novelas a una simple evocaci&oacute;n del pasado equivaldr&iacute;a a desconocer su verdadera naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        La <a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/juan-pedro-aparicio-reino-leon-pago-olvido-enfrentarse-papa-imperio-religiones_1_12914267.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">novela hist&oacute;rica</a> ha gozado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas de una notable fortuna editorial, pero no toda ella responde a id&eacute;nticas exigencias. Existe una modalidad orientada principalmente al entretenimiento, heredera en buena medida de <strong>Walter Scott</strong> y continuada, con distintos registros, por autores tan populares como <strong>Juan Eslava Gal&aacute;n</strong> o <strong>Arturo P&eacute;rez-Reverte</strong>. En ella predominan la peripecia, el color local, la reconstrucci&oacute;n ambiental y el dinamismo argumental. Aparicio, sin renunciar en absoluto a esas virtudes narrativas, se sit&uacute;a en una tradici&oacute;n distinta y m&aacute;s exigente: la inaugurada por <strong>Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s</strong> en los <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Episodios_nacionales" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Episodios Nacionales</em></a>.
    </p><p class="article-text">
        Como ocurr&iacute;a en la gran empresa galdosiana, la historia no constituye aqu&iacute; un decorado sobre el que se proyectan aventuras m&aacute;s o menos veros&iacute;miles, sino el espacio donde se examinan los procesos que explican la formaci&oacute;n de una comunidad hist&oacute;rica. <em>El sue&ntilde;o del emperador</em> y <em>Zafadola</em> son novelas de acci&oacute;n, de intriga pol&iacute;tica y de personajes memorables, pero tambi&eacute;n son instrumentos de conocimiento. Bajo la superficie narrativa discurre una <a href="https://ileon.eldiario.es/region-leonesa/entrevista-juan-pedro-aparicio-leon-tiene-que-tener-poder-politico-en-espana-para-decidir-autonomia-sin-castilla_128_10693989.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reflexi&oacute;n constante acerca de la construcci&oacute;n de Espa&ntilde;a</a>, de la convivencia entre culturas y de las dificultades inherentes a todo proyecto pol&iacute;tico que aspire a integrar realidades diversas.
    </p><p class="article-text">
        El rigor documental que sostiene ambas obras resulta admirable. Aparicio conoce a fondo el periodo que recrea y evita tanto la erudici&oacute;n ostentosa como las simplificaciones habituales del g&eacute;nero. Los personajes hist&oacute;ricos aparecen insertos en una trama viva y compleja donde la fidelidad a las fuentes nunca sacrifica la eficacia literaria. Esa capacidad para armonizar documentaci&oacute;n e imaginaci&oacute;n constituye una de las principales virtudes de estas novelas.
    </p><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute; su rasgo m&aacute;s distintivo resida en la presencia de una <a href="https://ileon.eldiario.es/region-leonesa/juan-pedro-aparicio-leon-le-han-robado-historia-tapada-preponderancia-castilla_1_11696146.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">idea de Espa&ntilde;a</a> que, lejos de cualquier formulaci&oacute;n ret&oacute;rica o doctrinaria, emerge de la propia materia narrativa. Se trata de una visi&oacute;n ilustrada, integradora y racional, atenta a los matices de la historia y refractaria a los t&oacute;picos identitarios. Quienes hayan le&iacute;do <a href="https://www.tiposinfames.com/libros/nuestros-hijos-volaran-con-el-siglo/21514/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Nuestros hijos volar&aacute;n con el siglo</em></a>, aquella otra espl&eacute;ndida novela dedicada a Jovellanos y en la que conviv&iacute;an y dialogaban ya las dos Espa&ntilde;as del <strong>Quijote </strong>y de <strong>Antonio Machado</strong>, reconocer&aacute;n inmediatamente la continuidad de un mismo pensamiento. Tambi&eacute;n encontrar&aacute;n resonancias de las tesis desarrolladas por el autor en<em> Nuestro desamor a Espa&ntilde;a. </em><a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/juan-pedro-aparicio-republica-ensayo-contra-expolio-leones-cincuenta-anos-despues-siendo-sigue-necesario-reino-de-leon_1_10689283.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Cuchillos cachicuernos contra pu&ntilde;ales dorados</em></a>, ensayo donde la reflexi&oacute;n hist&oacute;rica se convierte en una indagaci&oacute;n sobre los fundamentos culturales y pol&iacute;ticos de la naci&oacute;n espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Novela hist&oacute;rica para comprender el presente</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde esta perspectiva, <em>El sue&ntilde;o del emperador</em> y <em>Zafadola</em> no son &uacute;nicamente novelas sobre el siglo XII; son novelas escritas desde el presente para interrogar el largo proceso hist&oacute;rico que ha conducido hasta nosotros. En ellas la Edad Media deja de ser un escenario ex&oacute;tico para convertirse en un laboratorio donde se ensayan las posibilidades y contradicciones de la convivencia peninsular.
    </p><p class="article-text">
        La ambici&oacute;n intelectual del proyecto explica que la obra de Aparicio deba situarse junto a la de los grandes cultivadores de la novela hist&oacute;rica. En Espa&ntilde;a, su empe&ntilde;o guarda afinidades con el de <strong>Lourdes Ortiz</strong>, cuya narrativa ha demostrado igualmente que el pasado puede ser un instrumento privilegiado para comprender el presente. Y, en una perspectiva m&aacute;s amplia, recuerda la lecci&oacute;n de <strong>Marguerite Yourcenar</strong>, capaz de transformar la reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica en una exploraci&oacute;n de las grandes cuestiones humanas y pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, con estas dos novelas, Juan Pedro Aparicio confirma la singularidad de una trayectoria literaria que ha sabido combinar imaginaci&oacute;n narrativa, rigor historiogr&aacute;fico y reflexi&oacute;n c&iacute;vica. 
    </p><p class="article-text">
        En tiempos en que la novela hist&oacute;rica corre con frecuencia el riesgo de convertirse en un producto de consumo r&aacute;pido, <em>El sue&ntilde;o del emperador</em><strong> </strong>y <em>Zafadola </em>reivindican una tradici&oacute;n m&aacute;s alta: la de aquellas obras que entretienen, instruyen y hacen pensar al mismo tiempo. Tal fue la aspiraci&oacute;n de Gald&oacute;s; tal parece ser tambi&eacute;n la de Aparicio: el resultado, en ambos casos, justifica sobradamente la empresa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto somos&hellip; Y seguimos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/sueno-emperador-zafadola-ultimas-novelas-historicas-juan-pedro-aparicio_1_13289352.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 16:30:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['El sueño del Emperador' y 'Zafadola': las últimas novelas históricas de Juan Pedro Aparicio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La Biblioteca del Reino,Historia de León,Libros,Reino de León,Literatura,León,Cuna del Parlamentarismo,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Revólver]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/revolver-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13279548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f3b27020-7f50-4e34-86e1-d1113c4eeb8c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144671.jpg" width="652" height="367" alt="Revólver"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue rememora, justo cuando llega el Papa de visita a España, un encuentro en las calles de León que le recordó a su 'salvaje' infancia rural en Villalobar, y que tanto le ha influido para su literatura</p></div><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o en que me toc&oacute; formar parte del jurado, gan&oacute; el Premio Gonz&aacute;lez de Lama de poes&iacute;a Berta Garc&iacute;a Faet con un libro deslumbrante titulado <a href="https://www.enclavedelibros.com/libro/fresa-y-herida_21314" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Fresa y herida</em></a><em> </em>en el que explicaba que la primavera es una polla dura&hellip; &iexcl;Y ahora viene el Papa a Espa&ntilde;a!
    </p><p class="article-text">
        Viene el Papa a Espa&ntilde;a justo cuando conmemoramos el centenario del nacimiento de Marilyn Monroe, el cual coincide con que acabo de encontrarme por las calles de la ciudad de Le&oacute;n con una gran dama de la cultura de alterne del Villalobar, el primer mundo, de cuando yo era un ni&ntilde;o salvajemente educado en ese alegato contra la brevedad de la vida que es hablar sin pausas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me he encontrado a Rev&oacute;lver la de Fili el Pataloca y nos hemos reconocido; ambos ya atropellados por la vida pero en pie igual que dos veleros.
    </p><p class="article-text">
        Y tanto Rev&oacute;lver como la visita del Papa me han hecho pensar como quien sale del armario en Mar&iacute;a Magdalena y en todas las Mar&iacute;as Magdalenas, pues, en efecto, si en los peri&oacute;dicos yo ahora escribo art&iacute;culos po&eacute;ticos ebrios de trasposici&oacute;n biogr&aacute;fica es por culpa de ellas, o gracias a ellas, las trotamundos de alterne de mi infancia (s&eacute; de la rareza de tal afirmaci&oacute;n, pero as&iacute; es como es)&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo nac&iacute; en verdad frente a un <em>night club</em>&nbsp;de carretera misteriosa en una noche enrarecida igual que un &aacute;ngel preocupado y asimismo como rota&nbsp;por letreros parpadeantes que parec&iacute;an el&eacute;ctricas magnolias.
    </p><p class="article-text">
        Esta p&aacute;gina por eso jam&aacute;s ha estado en blanco (la poes&iacute;a es mi ruta de la seda que lleva del caos al arte).
    </p><p class="article-text">
        Era dulce el cobijo de todas mis madres doctoradas en fuego amigo y en ardor remunerado, y su aliento de existencia sostenida por las p&iacute;ldoras entonces me ense&ntilde;&oacute; el modo deliberado, primerizo, de hacerle la guerra a la muerte, de llamar a las servidumbres pactos, de rentabilizar tesoros y naufragios, y, s&iacute;, de repoblarme de vez en cuando mediante la soledad elegida y un buen whisky; de coleccionar integrados fracasos con los que amar la vida, de colegir mis fuerzas al menos un paso antes de la cadena monta&ntilde;osa de los logros, de maldecir a la suerte igual que los alojados en la barraca de insumisos, y asimismo de salvaguardar los sue&ntilde;os que son rocas en el barro para entender como aleatorios los tachones de la vida...
    </p><p class="article-text">
        Conoc&iacute; pues en verdad a las curanderas de alterne que viv&iacute;an al lado de casa de mis padres, y ahora entiendo como nunca que su nobleza infausta es mi espejo privado&hellip; Muchas veces cuando escribo en los peri&oacute;dicos art&iacute;culos absurdos pero rentables como &eacute;ste, las recuerdo de forma tan secreta como en secreto se odia el encanto del rival.
    </p><p class="article-text">
        Berta Garc&iacute;a Faet dice que la primavera es una polla dura, el Papa viene a Espa&ntilde;a, y todo coincide con que voy a publicar en breve una novela que es la segunda parte de <a href="https://www.casadellibro.com/libro-club-la-sorbona/9788420675275/2095628" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Club La Sorbona</em></a>&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Rediosla. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/revolver-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13279548.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jun 2026 09:30:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Revólver]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vecinos,Sociología,Literatura,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Entre cerdos y amapolas', de Jon Arretxe]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/cerdos-y-amapolas-jon-arretxe-novela-txapela-noir-resena-escritor-luis-artigue_1_13277123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/644d1ecd-02c3-4838-b24c-e77be6659888_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Entre cerdos y amapolas&#039;, de Jon Arretxe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta obra publicada por Ediciones Erein Argitaletxea sobre un robo en una fábrica de txistorras que se complica "confirma que una parte de la novela negra vasca más incómoda, heterodoxa y socialmente corrosiva sigue gozando de una salud excelente", apunta en su reseña literaria Luis Artigue</p></div><p class="article-text">
        He aqu&iacute; la eficaz construcci&oacute;n de una red de tramas disparatadas que terminan confluyendo en un mismo n&uacute;cleo de corrupci&oacute;n, codicia y absurdo&hellip; La novela arranca con un detonante deliberadamente exc&eacute;ntrico: el robo de unas chistorras en una f&aacute;brica de embutidos de Arbizu&hellip; Lo que parece una an&eacute;cdota rural casi costumbrista acaba revel&aacute;ndose como la punta de un entramado criminal mucho m&aacute;s amplio. Arretxe juega precisamente con esa desproporci&oacute;n entre causa y efecto: un asunto aparentemente menor desencadena una sucesi&oacute;n de negocios turbios, alianzas inesperadas y episodios de violencia grotesca que desembocan en una resoluci&oacute;n con tintes gore.
    </p><p class="article-text">
        La estructura novel&iacute;stica asimismo se articula sobre tres escenarios &ndash;Basauri, Vitoria-Gasteiz y Arbizu&ndash; y sobre varios grupos de personajes que inicialmente parecen moverse en &oacute;rbitas independientes pero terminan entrelaz&aacute;ndose (el propio Arretxe ha explicado que cada localidad aporta un conjunto distinto de personajes y conflictos, lo que da a la novela una gran movilidad narrativa).
    </p><p class="article-text">
        Entre ellos destacan la conseguidora Zuri&ntilde;e Ruiz de Gordoa, el empresario corrupto Gabriel Abrisketa y el fabricante de chistorras Ferm&iacute;n Bakaikoa, figuras que representan una galer&iacute;a de p&iacute;caros contempor&aacute;neos muy alejada de los detectives cl&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; entra en juego Arbizu, que es mucho m&aacute;s que un escenario. La localidad funciona casi como un personaje colectivo. Arretxe vive all&iacute; desde hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os y aprovecha ese conocimiento &iacute;ntimo para convertir el pueblo en un espacio ambiguo: por un lado aparece la Navarra rural, aparentemente tranquila y reconocible; por otro, un territorio donde los rumores, las relaciones personales y los secretos compartidos generan una tensi&oacute;n constante. El autor ha reconocido incluso que era el lugar que m&aacute;s respeto le daba retratar porque en un pueblo peque&ntilde;o todo el mundo puede sentirse aludido.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo en esta novela Arbizu no aparece idealizado. En la mejor tradici&oacute;n de la <em>txapela noir</em>, la comunidad local est&aacute; atravesada por las mismas pulsiones que las grandes ciudades: corrupci&oacute;n, ambici&oacute;n, intereses econ&oacute;micos y peque&ntilde;as miserias humanas. El paisaje rural no act&uacute;a como refugio moral sino como escenario de una comedia negra feroz. De ah&iacute; que algunos lectores hayan hablado incluso de una especie de 'txistorra noir' donde el imaginario gastron&oacute;mico local se convierte en materia prima para una intriga criminal tan absurda como eficaz.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, lo que como decimos diferencia a <em>Cerdos y amapolas</em>&nbsp;de la saga de Tour&eacute; que ha venido haciendo hasta ahora este autor con gran &eacute;xito es el desplazamiento del foco: desaparecen los inmigrantes, los sin techo y los excluidos que protagonizaban las novelas anteriores, y aparecen personajes aut&oacute;ctonos, acomodados y perfectamente integrados, aunque no por ello menos turbios. El resultado es una s&aacute;tira social donde el humor negro termina siendo m&aacute;s demoledor que cualquier discurso expl&iacute;cito.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;'Txapela noir' con tintes de 'txistorra noir'?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.erein.eus/libro/cerdos-y-amapolas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Cerdos y amapolas</em></a>, de Jon Arretxe, confirma que una parte de la novela negra vasca m&aacute;s inc&oacute;moda, heterodoxa y socialmente corrosiva sigue gozando de una salud excelente. Lejos de los modelos n&oacute;rdicos importados o de los procedimientos policiales al uso, Arretxe se inscribe en esa corriente que algunos han bautizado, con feliz iron&iacute;a, como <em>txapela noir</em>: un territorio literario donde el crimen es apenas una excusa para radiografiar las grietas pol&iacute;tico-sociales de la sociedad contempor&aacute;nea,&nbsp;donde el humor negro y radical funciona como un explosivo de precisi&oacute;n y donde los m&aacute;rgenes ocupan el centro del escenario.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, <em>Cerdos y amapolas</em>, dejando aparcado el &aacute;mbito de la novela negra postcolonial de la cual el autor es un denodado maestro (v&eacute;anse todas las novelas de la <a href="https://detectivetoure.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">saga Toure</a>&nbsp;de las cuales somos tan partidarios), ahora dialoga con otra tradici&oacute;n muy concreta del noir vasco. Una l&iacute;nea narrativa que hunde sus ra&iacute;ces en las aventuras del detective Jos&eacute; <strong>Javier Ab&aacute;solo</strong>&nbsp;y su inolvidable Goiko, y que alcanza algunas de sus cimas m&aacute;s reconocibles en obras como <a href="https://www.alberdania.net/product/alacranes-en-su-tinta/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Alacranes en su tinta</em></a>, de <strong>Juan Bas</strong>, o <a href="https://www.erein.eus/libro/un-dios-ciego" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Un dios ciego</em></a>, de <strong>Javier Sagastiberri</strong>. Una senda que, m&aacute;s recientemente, ha encontrado nuevas derivaciones en las novelas fronterizas y mestizas de <strong>Noelia Gonz&aacute;lez Pino</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Como sucede en los mejores exponentes de esta corriente, Arretxe no pretende tranquilizar al lector ni ofrecerle un cat&aacute;logo de certezas morales. Su mirada es la de quien recorre los arrabales f&iacute;sicos y &eacute;ticos de la realidad para descubrir que all&iacute;, entre personajes desclasados, perdedores pertinaces, oportunistas de baja intensidad y supervivientes de toda condici&oacute;n, late una verdad mucho m&aacute;s elocuente que la de los discursos oficiales. El autor maneja con destreza ese dif&iacute;cil equilibrio entre la denuncia social y la carcajada, entre la compasi&oacute;n y la s&aacute;tira, evitando tanto el serm&oacute;n como la frivolidad.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Observaci&oacute;n moral de la corrupci&oacute;n mediante el humor</strong></h2><p class="article-text">
        La gran virtud de <em>Cerdos y amapolas</em>&nbsp;reside precisamente en esa capacidad para convertir la observaci&oacute;n social de la corrupci&oacute;n (&eacute;l antes que la realidad pol&iacute;tica actual identific&oacute; la corrupci&oacute;n econ&oacute;mica con las chistorras, manda cojones) en materia narrativa de primer orden. El humor de Arretxe as&iacute; no es un adorno ni un mecanismo de alivio c&oacute;mico: es una herramienta de demolici&oacute;n. Un humor inventivo, irreverente, a menudo disparatado, que dinamita convenciones, desmonta prejuicios y deja al descubierto las contradicciones de un mundo donde la exclusi&oacute;n, la precariedad y la hipocres&iacute;a institucional conviven con una normalidad inquietante.
    </p><p class="article-text">
        Su prosa, &aacute;gil y desprovista de cualquier tentaci&oacute;n ret&oacute;rica, avanza con la eficacia de quien conoce perfectamente el terreno que pisa. Pero bajo esa aparente ligereza se esconde una arquitectura narrativa s&oacute;lida y una mirada profundamente humanista. Arretxe observa a sus criaturas con iron&iacute;a, s&iacute;, pero tambi&eacute;n con una comprensi&oacute;n que evita el cinismo y convierte a muchos de sus personajes en figuras memorables.
    </p><p class="article-text">
        En una &eacute;poca en la que buena parte de la novela negra parece debatirse entre la repetici&oacute;n de f&oacute;rmulas y la hipertrofia del thriller, <em>Cerdos y amapolas</em>&nbsp;reivindica una manera distinta de entender el g&eacute;nero: m&aacute;s pegada a la calle que al laboratorio forense, m&aacute;s interesada por las fracturas sociales que por los mecanismos del crimen, m&aacute;s pr&oacute;xima a la tradici&oacute;n sat&iacute;rica que al suspense convencional. Y es precisamente ah&iacute; donde encuentra su fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Jon Arretxe demuestra una vez m&aacute;s que la <em>txapela noir</em>&nbsp;sigue siendo uno de los espacios m&aacute;s f&eacute;rtiles y libres de la narrativa criminal espa&ntilde;ola. Un territorio literario donde el humor y la cr&iacute;tica social caminan muy a menudo de la mano, y donde las mejores historias nacen, precisamente, de aquellos lugares que otros prefieren no mirar. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Cerdos y amapolas</em>&nbsp;es de hecho una excelente muestra de ello: una novela inc&oacute;moda, divertida, l&uacute;cida y ferozmente contempor&aacute;nea.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/cerdos-y-amapolas-jon-arretxe-novela-txapela-noir-resena-escritor-luis-artigue_1_13277123.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jun 2026 09:30:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Entre cerdos y amapolas', de Jon Arretxe]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Lo Más Friki,La Biblioteca del Reino,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Pirelli al rojo vivo, la maldición del diamante', de Julio Rodríguez]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/pirelli-al-rojo-vivo-la-maldicion-del-diamante-julio-rodriguez-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13258861.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75384ffb-aaab-494e-a91b-7e581c9665b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Pirelli al rojo vivo, la maldición del diamante&#039;, de Julio Rodríguez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La última obra del escritor asturiano es el epítome de la novela negra de humor que está comenzando a triunfar en España. "Una trama de atracos (inversos, en vez de robar joyas en el Museo del Prado tienen que entrar a introducir una) en una especie de epopeya quinqui y sentimental", reseña Luis Artigue</p></div><p class="article-text">
        El humor est&aacute; revolucionando la novela negra &uacute;ltima, y como ejemplo aqu&iacute; tienen lo &uacute;ltimo de Julio Rodr&iacute;guez&hellip; En <a href="https://www.amazon.es/PIRELLI-AL-ROJO-VIVO-maldici%C3%B3n/dp/B0GR4JKY3Z" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Pirelli al rojo vivo: La maldici&oacute;n del diamante</em></a>, <strong>Julio Rodr&iacute;guez (Oviedo, 1971)</strong>, editada por la Editorial Pez de Plata,&nbsp;convierte una trama de atracos (atracos inversos, en vez de robar joyas en el Museo del Prado tienen que entrar a meter una joya) en una especie de epopeya quinqui y sentimental, donde los personajes importan m&aacute;s por c&oacute;mo hablan y sobreviven que por la l&oacute;gica estricta de la intriga. La novela de hecho funciona como una combinaci&oacute;n de <em>heist novel</em>, astracanada castiza y relato de perdedores.
    </p><p class="article-text">
        El gran protagonista es, naturalmente, Pirelli, heredero directo del antih&eacute;roe que ya aparec&iacute;a en <a href="https://www.amazon.es/El-gran-Pirelli-Risa-Floja/dp/8494917781/ref=sr_1_1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El gran Pirelli</em></a><a href="https://www.amazon.es/El-gran-Pirelli-Risa-Floja/dp/8494917781/ref=sr_1_1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;</a>(una novela negra loca donde todo est&aacute; al rev&eacute;s y el comisario de polic&iacute;a pide al delincuente que investigue el caso noir de un abogado). El protagonista no es exactamente un delincuente profesional ni tampoco un p&iacute;caro cl&aacute;sico, aunque tiene algo de ambos. Pirelli pertenece a esa estirpe tan espa&ntilde;ola de personajes que viven siempre a dos pasos del desastre: fanfarr&oacute;n, sentimental, algo visionario y bastante chapucero. Quiere evitar la c&aacute;rcel devolviendo al Museo del Prado un diamante robado por un viejo compinche muerto, pero el lector comprende enseguida que, m&aacute;s que escapar de la ley, Pirelli intenta escapar de su propio destino de perdedor cr&oacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Hay en &eacute;l algo del buscavidas de <strong>Francisco Garc&iacute;a Pav&oacute;n</strong>&nbsp;y algo tambi&eacute;n del derrotismo grotesco y tremendista de ciertos personajes de <strong>Camilo Jos&eacute; Cela</strong>. Pero Julio Rodr&iacute;guez le a&ntilde;ade una dimensi&oacute;n contempor&aacute;nea: Pirelli es un delincuente sentimental atrapado en un mundo digital, lleno de fortunas encriptadas y golpes imposibles, aunque conserve alma de timador de descampado y bar de carretera.
    </p><p class="article-text">
        Junto a &eacute;l aparece Maguiver, quiz&aacute; el personaje m&aacute;s entra&ntilde;able de la novela. El nombre ya revela la clave humor&iacute;stica: un superviviente capaz de improvisar soluciones absurdas con cualquier objeto, mezcla de manitas suburbial y escudero fiel. Maguiver representa la lealtad incondicional, pero tambi&eacute;n la precariedad convertida en filosof&iacute;a vital. Como los secundarios memorables de las novelas de <strong>&Aacute;ngel Palomino</strong>, parece un producto perfecto de la Espa&ntilde;a del desarrollismo tard&iacute;o: alguien que aprendi&oacute; a arreglarlo todo porque nunca hubo dinero para sustituir nada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Versi&oacute;n ib&eacute;rica de 'Ocean's Eleven'</strong>
    </p><p class="article-text">
        La banda que ambos re&uacute;nen constituye uno de los grandes hallazgos de la novela. Rodr&iacute;guez trabaja muy bien el coro de maleantes fracasados, polic&iacute;as cansados, rusos nost&aacute;lgicos y delincuentes de medio pelo. No son criminales elegantes al estilo anglosaj&oacute;n; m&aacute;s bien recuerdan a una versi&oacute;n ib&eacute;rica y castiza de <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film467040.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ocean&rsquo;s Eleven</em></a>, pero pasada por el filtro quinqui y esperp&eacute;ntico. La propia editorial define el libro como &ldquo;un Ocean&rsquo;s Eleven nada sofisticado repleto de quinquis y maleantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre los personajes secundarios destacan precisamente esos polic&iacute;as melanc&oacute;licos que parecen sacados de una novela crepuscular: hombres agotados, conscientes de que persiguen delincuentes casi tan miserables como ellos mismos. Ese tono de cansancio moral conecta la novela con cierta tradici&oacute;n negra espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea y con el universo marginal de <strong>Paco G&oacute;mez Escribano</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La trama gira alrededor del llamado 'Diamante de la Muerte Negra', una joya maldita que desencadena persecuciones, traiciones y un gran golpe criminal dividido en &ldquo;tres movimientos (y pico)&rdquo;. Lo que comienza como una simple devoluci&oacute;n para evitar problemas judiciales acaba transform&aacute;ndose en una espiral delirante donde aparecen cad&aacute;veres extravagantes, furgones blindados, descampados perdidos y hasta un casino en M&oacute;naco relacionado con una fortuna digital oculta bajo el misterio del diamante.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el inter&eacute;s de la novela no reside tanto en saber si el golpe saldr&aacute; bien como en contemplar el caos humano que genera. Rodr&iacute;guez escribe las escenas de acci&oacute;n como si fueran n&uacute;meros de sainete criminal: todo parece improvisado, accidental y al borde del hundimiento. Esa continua sensaci&oacute;n de chapuza monumental es precisamente lo que vuelve simp&aacute;ticos a los personajes.
    </p><p class="article-text">
        Frente al cinismo fr&iacute;o de buena parte de la novela negra actual, Pirelli al rojo vivo conserva algo raro: afecto por sus criaturas. Incluso los m&aacute;s rid&iacute;culos poseen una cierta dignidad tragic&oacute;mica. Ah&iacute; est&aacute; la herencia del humorismo espa&ntilde;ol cl&aacute;sico, desde <strong>Jacinto Miquelarena</strong>&nbsp;hasta ciertos momentos de <strong>Quim Monz&oacute;</strong>, aunque Julio Rodr&iacute;guez ensucie m&aacute;s el lenguaje y lleve a sus personajes a territorios mucho m&aacute;s degradados y nocturnos.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, Pirelli y los suyos forman una peque&ntilde;a comunidad de n&aacute;ufragos modernos. Y quiz&aacute; por eso la novela funciona tan bien: porque bajo el humor disparatado late continuamente una melancol&iacute;a muy espa&ntilde;ola, la de quienes saben que el fracaso es inevitable pero aun as&iacute; siguen adelante, hablando demasiado, bebiendo demasiado y so&ntilde;ando golpes imposibles. La narrativa de Julio Rodr&iacute;guez &mdash;asturiano de filiaci&oacute;n sentimental m&aacute;s que geogr&aacute;fica, pues sus novelas parecen escritas desde una Espa&ntilde;a de fonda, taller mec&aacute;nico y barra de zinc&mdash; ha encontrado en <em>Pirelli al rojo vivo. La maldici&oacute;n del diamante</em>&nbsp;la confirmaci&oacute;n de un mundo propio que ya se insinuaba con notable personalidad en <em>El gran Pirelli</em>. All&iacute; aparec&iacute;a un h&eacute;roe de arrabal castizo y sentimental, mezcla de buscavidas, p&iacute;caro industrial y fil&oacute;sofo de barra americana; aqu&iacute;, en cambio, ese personaje y cuanto le rodea adquiere una densidad casi esperp&eacute;ntica, una combusti&oacute;n narrativa donde el humor deja paso a una forma muy espa&ntilde;ola de fatalismo grotesco.
    </p><p class="article-text">
        Conviene se&ntilde;alar asimismo que que Julio Rodr&iacute;guez no pertenece a la corriente, hoy tan frecuente, de novelistas que utilizan el humor como mero mecanismo de ingenio verbal o comentario ir&oacute;nico de actualidad. Su humorismo procede de una tradici&oacute;n m&aacute;s antigua y m&aacute;s &aacute;spera: la de Jacinto Miquelarena, la del primer Garc&iacute;a Pav&oacute;n, la de aquellos escritores capaces de descubrir en el habla popular no un decorado pintoresco sino una visi&oacute;n del mundo. Como ocurr&iacute;a en las mejores p&aacute;ginas de Miquelarena, Rodr&iacute;guez escucha antes de escribir; sus personajes hablan con una naturalidad tumultuosa, llena de retru&eacute;canos involuntarios, fanfarroner&iacute;as de caf&eacute; y sabidur&iacute;a de superviviente. El lenguaje no adorna: crea atm&oacute;sfera moral.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo grotesco espa&ntilde;ol en una novela de robos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero si <em>El gran Pirelli</em>&nbsp;pose&iacute;a todav&iacute;a algo de novela jocoseria, de aventura tabernaria y sentimental, <em>Pirelli al rojo vivo</em>&nbsp;entra decididamente en una zona m&aacute;s sombr&iacute;a. Hay en ella una violencia soterrada, un gusto por la deformaci&oacute;n expresiva y por la miseria humana que remite inevitablemente al tremendismo. No al tremendismo superficial y efectista de tantos imitadores, sino al de ciertas p&aacute;ginas de Camilo Jos&eacute; Cela, donde el humor y la crueldad conviven hasta hacerse indistinguibles. Rodr&iacute;guez comprende, como Cela comprend&iacute;a, que lo grotesco espa&ntilde;ol nace precisamente del choque entre la brutalidad de la existencia y la obstinaci&oacute;n del individuo por conservar una dignidad absurda.
    </p><p class="article-text">
        El diamante del t&iacute;tulo funciona entonces como un s&iacute;mbolo m&uacute;ltiple: objeto de codicia, amuleto maldito y pretexto argumental para una peripecia donde lo detectivesco se mezcla con la astracanada social. La novela avanza entre timbas, talleres, bares de carretera, mujeres de virtud movediza y personajes secundarios de admirable construcci&oacute;n verbal. Cada uno parece entrar en escena &uacute;nicamente para soltar una frase memorable y desaparecer dejando olor a co&ntilde;ac, gasolina o loci&oacute;n barata.
    </p><p class="article-text">
        No es casual que el lector recuerde tambi&eacute;n ciertas novelas del desarrollismo espa&ntilde;ol, aquellas que durante los a&ntilde;os sesenta y setenta retrataron la Espa&ntilde;a del Seat 600, el turismo y la picaresca econ&oacute;mica. Hay ecos de &Aacute;ngel Palomino en esa capacidad para convertir la modernizaci&oacute;n cutre del pa&iacute;s en material novelesco. Como Palomino, Rodr&iacute;guez entiende que el desarrollismo no s&oacute;lo transform&oacute; las ciudades: produjo una nueva fauna humana, hecha de oportunistas sentimentales, emprendedores de saldo y perdedores con corbata sint&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Fresco sentimental de la Espa&ntilde;a subterr&aacute;nea</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, donde Rodr&iacute;guez resulta m&aacute;s original es en la mezcla de ese costumbrismo industrial con una sensibilidad contempor&aacute;nea cercana a la llamada novela cheli. Algunas escenas poseen la electricidad verbal y la ternura lumpen repleta de humor negro que uno encuentra ya decimos que en Paco G&oacute;mez Escribano: barrios perif&eacute;ricos, delincuentes de segunda divisi&oacute;n, humor desesperado y personajes que sobreviven gracias a una &eacute;pica m&iacute;nima. Pero Rodr&iacute;guez evita el sociologismo y la nostalgia. Sus criaturas no representan a nadie; simplemente viven, fracasan y hablan.
    </p><p class="article-text">
        La comparaci&oacute;n con ciertos humoristas actuales permite precisar todav&iacute;a mejor su singularidad. Frente al humor elegante y culturalista de <strong>Felipe Ben&iacute;tez Reyes</strong>, o frente a la iron&iacute;a urbana y refinada de <strong>Juan Bas</strong>, Julio Rodr&iacute;guez apuesta por una comicidad m&aacute;s f&iacute;sica, m&aacute;s oral, m&aacute;s sucia incluso. Y aunque pueda compartir con <strong>Juan Aparicio Belmonte</strong> el gusto por el antih&eacute;roe contempor&aacute;neo, su territorio expresivo pertenece claramente a otra genealog&iacute;a: la Espa&ntilde;a de los caf&eacute;s con serr&iacute;n, de los neum&aacute;ticos recalentados y de los buscavidas sentimentales.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Pirelli al rojo vivo. La maldici&oacute;n del diamante</em>&nbsp;hay desmesura, s&iacute;, y tambi&eacute;n irregularidades; pero son precisamente esas irregularidades las que conceden autenticidad a una novela escrita contra la asepsia narrativa contempor&aacute;nea. Julio Rodr&iacute;guez no pule sus p&aacute;ginas hasta volverlas transparentes: las deja rugosas, llenas de voces, accidentes y humo. Y en tiempos de narrativa higi&eacute;nica y perfectamente intercambiable, esa rugosidad constituye quiz&aacute; su mayor virtud.
    </p><p class="article-text">
        Con esta novela, Rodr&iacute;guez confirma que la saga de Pirelli no es una mera caricatura humor&iacute;stica, sino un ambicioso fresco sentimental de la Espa&ntilde;a subterr&aacute;nea: una Espa&ntilde;a divertid&iacute;sima y chunga que enlaza el tremendismo con la picaresca, el desarrollismo con el esperpento y el humor tabernario con una inesperada melancol&iacute;a moral que nos encanta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/pirelli-al-rojo-vivo-la-maldicion-del-diamante-julio-rodriguez-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13258861.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 May 2026 09:30:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Pirelli al rojo vivo, la maldición del diamante', de Julio Rodríguez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,España,La Biblioteca del Reino,Asturias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Comenzar el olvido', de Pepo Paz Saz]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/comenzar-el-olvido-de-pepo-paz-saz-novela-historic-noir-espanola-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13249178.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59dcad87-e388-4c18-9fd6-9534c0d0415f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Comenzar el olvido&#039;, de Pepo Paz Saz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Hay novelas que aspiran a reconstruir una época y otras que, con mayor ambición, pretenden interrogarla". Así comienza el escritor Luis Artigue la reseña de esta obra de 'historic-noir' español publicada por Ediciones Reino de Cordelia </p></div><p class="article-text">
        Hay novelas que aspiran a reconstruir una &eacute;poca y otras que, con mayor ambici&oacute;n, pretenden interrogarla. <a href="https://www.reinodecordelia.es/producto/comenzar-el-olvido/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>Comenzar el olvido</strong></em></a>, de Pepo Paz Saz, pertenece sin duda a esta segunda categor&iacute;a. Bajo la apariencia de un thriller de doble investigaci&oacute;n &ndash;una pesquisa soterrada en el tardofranquismo y otra inscrita en los a&ntilde;os turbulentos de la Transici&oacute;n&ndash; la obra levanta un fresco moral y pol&iacute;tico sobre las grietas de la democracia espa&ntilde;ola y sobre el persistente silencio que, durante d&eacute;cadas, ha rodeado ciertas formas de violencia. En ese sentido, la novela se inserta con naturalidad en la tradici&oacute;n del <em>historic-noir</em>&nbsp;espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo: no utiliza el crimen como mero artificio argumental, sino como s&iacute;ntoma de una enfermedad colectiva.
    </p><p class="article-text">
        La primera trama arranca en 1969, en una Hortaleza todav&iacute;a semirrural, cuando el hallazgo del cad&aacute;ver de una mujer altera la aparente quietud de un pa&iacute;s fatigado por la costumbre del miedo. Paz Saz describe ese escenario con notable precisi&oacute;n ambiental: las calles polvorientas de la periferia madrile&ntilde;a, los bares donde el rumor sustituye a la informaci&oacute;n, la presencia intimidatoria de la autoridad y, sobre todo, el espeso conformismo de una sociedad educada para mirar hacia otro lado. El n&uacute;cleo de esta l&iacute;nea narrativa lo forman los investigadores improvisados del caso &ndash;figuras modestas, ambiguas, sin la &eacute;pica habitual del detective cl&aacute;sico&ndash; y un conjunto de personajes secundarios que representan las distintas capas de la Espa&ntilde;a franquista: el polic&iacute;a endurecido por la obediencia, el vecino que calla por supervivencia, la familia rota por el estigma y las mujeres condenadas a una invisibilidad casi institucional.
    </p><p class="article-text">
        La segunda trama, situada ocho a&ntilde;os m&aacute;s tarde, se inicia con la muerte de una joven manifestante durante una carga de la Polic&iacute;a Armada. El pa&iacute;s ya ha comenzado a cambiar, pero la violencia conserva demasiados rasgos intactos. Aqu&iacute; la novela adquiere un ritmo m&aacute;s nervioso y urbano. Las asambleas clandestinas, los barrios obreros, los estudiantes politizados y los funcionarios que intentan adaptarse al nuevo clima pol&iacute;tico componen un paisaje donde la ilusi&oacute;n democr&aacute;tica convive con inercias autoritarias dif&iacute;ciles de erradicar. Paz Saz evita el simplismo ideol&oacute;gico: no hay h&eacute;roes absolutos ni verdugos unidimensionales. Incluso los personajes vinculados al aparato represivo aparecen atravesados por contradicciones, lealtades antiguas y una vaga conciencia de derrumbe.
    </p><p class="article-text">
        A nuestro juicio lo m&aacute;s interesante del libro reside, sin embargo, en la manera en que ambas historias avanzan hacia una convergencia gradual. El autor administra con inteligencia la informaci&oacute;n, dosificando conexiones, reapareciendo personajes y dejando que ciertos detalles aparentemente menores cobren relevancia retrospectiva. El lector comprende poco a poco que los dos cr&iacute;menes no son episodios aislados, sino manifestaciones distintas de una misma continuidad hist&oacute;rica. La Transici&oacute;n, presentada tantas veces desde un relato conciliador y casi ceremonial, aparece aqu&iacute; como un territorio atravesado por zonas de sombra, pactos t&aacute;citos y heridas mal cerradas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una prosa sobria y eficaz, alejada del barroquismo</strong></h2><p class="article-text">
        Desde el punto de vista estil&iacute;stico, la novela destaca por una prosa sobria y eficaz, alejada del barroquismo tan frecuente en cierta narrativa hist&oacute;rica contempor&aacute;nea. Paz Saz escribe con una claridad funcional que recuerda a la mejor tradici&oacute;n de la novela negra espa&ntilde;ola: frases limpias, di&aacute;logos tensos y una descripci&oacute;n ambiental que nunca se vuelve ornamental. Hay adem&aacute;s una virtud poco com&uacute;n: el autor sabe narrar la violencia sin estetizarla. Las v&iacute;ctimas &ndash;especialmente las mujeres&ndash; no son simples detonantes argumentales, sino presencias que impregnan moralmente todo el relato.
    </p><p class="article-text">
        En esa atenci&oacute;n al contexto social y pol&iacute;tico se advierten ecos de <strong>Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n</strong>, especialmente del ciclo de <em>Pepe Carvalho</em>, aunque sin el componente gastron&oacute;mico ni el sarcasmo cultural del escritor barcelon&eacute;s. Tambi&eacute;n resulta inevitable pensar en <strong>Juan Madrid</strong>&nbsp;por la representaci&oacute;n descarnada de Madrid como espacio de corrupci&oacute;n y desamparo moral. Y en algunos momentos, sobre todo cuando la investigaci&oacute;n criminal sirve para revelar las costuras pol&iacute;ticas de una &eacute;poca, la novela dialoga con la tradici&oacute;n de <strong>Andreu Mart&iacute;n</strong>&nbsp;y con determinadas ficciones de la Transici&oacute;n firmadas por <strong>Rafael Chirbes</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Pero <em>Comenzar el olvido</em>&nbsp;no se limita a reproducir esas influencias. Hay en ella una voluntad espec&iacute;fica de reinterpretar la memoria reciente espa&ntilde;ola desde la periferia urbana y desde las v&iacute;ctimas an&oacute;nimas, evitando tanto la nostalgia como la ret&oacute;rica memorial&iacute;stica. Esa mirada convierte la novela en algo m&aacute;s que un artefacto policial bien construido: la transforma en una indagaci&oacute;n inc&oacute;moda sobre aquello que un pa&iacute;s decide recordar y, sobre todo, sobre aquello que necesita olvidar para seguir adelante.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/comenzar-el-olvido-de-pepo-paz-saz-novela-historic-noir-espanola-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13249178.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 May 2026 16:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Comenzar el olvido', de Pepo Paz Saz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,España,Madrid,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Un día de fiebre', de Rubén Abella]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/un-dia-de-fiebre-novela-ruben-abella-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13238785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76188716-90d6-43da-9caa-e0c86f8f9789_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Un día de fiebre&#039;, de Rubén Abella"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue reseña la ultima novela de este autor vallisoletano con ascendencia maragata y residente en Madrid, al que considera "el novelista más americano de Castilla y León"</p></div><p class="article-text">
        Un d&iacute;a en el que la ciudad de Madrid tiene fiebre pero sigue a lo suyo con lo suyo porque la pulsi&oacute;n contempor&aacute;nea primordial es seguir dejando todo atr&aacute;s para que el engranaje de la vida no se pare&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Situar al tan premiado como desarraigado novelista Rub&eacute;n Abella en el mapa de su generaci&oacute;n exige apartarse de las clasificaciones m&aacute;s visibles &ndash;las de grupo, tendencia o etiqueta&ndash; para atender a una trayectoria que ha preferido el desplazamiento lateral antes que la ocupaci&oacute;n de un centro reconocible. Mientras buena parte de los narradores coet&aacute;neos han optado por la autoficci&oacute;n, la cr&oacute;nica generacional o el realismo de corte m&aacute;s o menos confesional, Abella ha perseverado en una narrativa de la estructura: una po&eacute;tica del engranaje, del cruce y de la interferencia.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, su lugar es el de un escritor que trabaja contra la inercia dominante. Donde otros buscan la transparencia, &eacute;l introduce opacidad; donde se privilegia la voz, &eacute;l enfatiza el dispositivo; donde se impone la linealidad del relato vivido, &eacute;l propone arquitecturas quebradas, cercanas a las que ensay&oacute; en <a href="https://menoscuarto.es/libro/dice-la-sangre/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Dice la sangre</em></a><em> </em>y en <a href="https://menoscuarto.es/libro/ictus/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ictus</em></a>, y lleva a su madurez en <a href="https://menoscuarto.es/libro/un-dia-de-fiebre/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Un d&iacute;a de fiebre</em></a>. Esa fidelidad a un proyecto formal &ndash;que no es frecuente sostener libro tras libro&ndash; lo convierte en una figura singular, quiz&aacute; menos ruidosa, pero m&aacute;s coherente.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a decirse que Abella ocupa, dentro de su promoci&oacute;n, el lugar de quien ha sabido injertar en la tradici&oacute;n espa&ntilde;ola una sensibilidad narrativa m&aacute;s pr&oacute;xima a ciertos modelos anglosajones. No tanto por afinidad tem&aacute;tica como por la conciencia de la novela como artefacto: ah&iacute; resuenan, de fondo, las lecciones de <strong>Paul Auster </strong>o <strong>Don DeLillo</strong>, filtradas, sin embargo, por una sobriedad que remite a <strong>P&iacute;o Baroja</strong>. El resultado no es un h&iacute;brido forzado, sino una voz que ha encontrado su cadencia en esa zona de cruce.
    </p><p class="article-text">
        Frente a otros narradores de su tiempo &ndash;m&aacute;s atentos al retrato inmediato de lo contempor&aacute;neo&ndash;, Abella parece escribir desde una cierta distancia, como si observara la realidad a trav&eacute;s de un sistema de espejos. De ah&iacute; que sus novelas no aspiren tanto a fijar una &eacute;poca como a descomponerla en sus mecanismos invisibles: el azar, la repetici&oacute;n, la simetr&iacute;a secreta de los hechos.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, su posici&oacute;n, solo se nos ocurre an&aacute;loga a la de <strong>Ricardo Men&eacute;ndez Salm&oacute;n</strong>, podr&iacute;a definirse como la de un cl&aacute;sico exc&eacute;ntrico en formaci&oacute;n: alguien que, sin romper con la tradici&oacute;n, la desplaza hacia un territorio menos transitado. Y quiz&aacute; ah&iacute; resida su valor m&aacute;s perdurable dentro de su generaci&oacute;n: en haber construido, sin estridencias, una obra que se reconoce no por lo que cuenta, sino por la forma precisa &ndash;casi obsesiva&ndash; en que decide contarlo. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, hay en <em>Un d&iacute;a de fiebre</em>&nbsp;la voluntad &ndash;y tambi&eacute;n el riesgo&ndash; de construir una novela a partir de la fragmentaci&oacute;n, como si la realidad solo pudiera captarse mediante destellos sucesivos, escenas que se rozan y se contaminan. Rub&eacute;n Abella, que ya en <em>Ictus</em>&nbsp;hab&iacute;a explorado las fisuras de la experiencia contempor&aacute;nea, da aqu&iacute; un paso m&aacute;s en esa direcci&oacute;n: si en aquella el azar irrump&iacute;a como una grieta s&uacute;bita en la conciencia, en esta nueva obra se convierte en el principio estructural que rige el conjunto.
    </p><p class="article-text">
        Y es que se trata de una novela coral como <a href="https://www.tiposinfames.com/libros/el-ruido-y-la-furia/38/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El ruido y la furia</em></a><em> </em>cuya arquitectura narrativa tiene algo de la t&eacute;cnica narrativa de la fragmentaci&oacute;n multiperspectivista, aunque &eacute;sta no est&aacute; tomada de <a href="https://www.tiposinfames.com/libros/la-colmena/33925/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La Colmena</em></a><em> </em>de <strong>Cam</strong>i<strong>lo Jos&eacute; Cela</strong>,<strong>&nbsp;</strong>sino directamente de <strong>John Dos Passos</strong>&nbsp;y de <strong>William Faulkner </strong>y quien sabe si un poco tambi&eacute;n de <strong>Milan Kundera.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No estamos ante una novela estrictamente lineal (la trama sigue las vidas entrelazadas de cinco personajes en Madrid, alteradas tras un ligero se&iacute;smo, explorando sus heridas y esperanzas en una obra que en conjunto aborda la fragilidad de la vida cotidiana), sino como ante una constelaci&oacute;n de relatos encadenados que se entrelazan con precisi&oacute;n casi matem&aacute;tica. En este sentido, la arquitectura narrativa remite tambi&eacute;n al paradigma cervantino &ndash;la novela como espacio hospitalario donde caben otras historias o relatos; novela con cuentos dentro&ndash;, pero con una variaci&oacute;n significativa: no se trata de episodios incrustados, sino de cuentos encadenados, ensamblados con la fluidez de un montaje cinematogr&aacute;fico que recuerda inevitablemente a <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film160882.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Pulp Fiction</em></a>&nbsp;de <strong>Quentin Tarantino</strong>. Cada fragmento encuentra su sentido en relaci&oacute;n con los dem&aacute;s, y el conjunto termina funcionando como un mecanismo de relojer&iacute;a, donde nada es gratuito y todo parece obedecer a una l&oacute;gica secreta.
    </p><p class="article-text">
        En este juego de conexiones y casualidades &ndash;o causalidades disfrazadas&ndash;, la novela dialoga con otras propuestas contempor&aacute;neas que han hecho del azar y la confluencia su materia narrativa (v&eacute;ase por ejemplo <a href="https://www.tiposinfames.com/libros/smoke-blue-in-the-face/1297/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Smoke</em></a>&nbsp;de Paul Auster o <a href="https://www.tiposinfames.com/libros/el-hombre-del-salto/15216/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El hombre del salto</em></a><em> </em>de Don DeLillo), pero lo hace desde una voz muy reconocible. La prosa de Abella, sutil y serena a la vez, posee una extra&ntilde;a cualidad h&iacute;brida: por momentos, evoca la sequedad reflexiva de los grandes narradores norteamericanos centrados en la deriva existencial; en otros, recupera la an&aacute;loga pero m&aacute;s pr&oacute;xima sobriedad y el pulso directo <strong>de P&iacute;o Baroja</strong>. De esa combinaci&oacute;n nace un estilo contenido, preciso, casi evanescente, que reh&uacute;ye el &eacute;nfasis y conf&iacute;a en la acumulaci&oacute;n de detalles significativos.
    </p><p class="article-text">
        En efecto un terremoto &ldquo;insuficiente para causar una cat&aacute;strofe, pero m&aacute;s que de sobra para sembrar el miedo&rdquo; sacude Madrid el 23 de febrero de 2015, y esto es todo el argumento base. A partir de ah&iacute;, Paco, un bombero ayudador por instinto y muy querido, pero recuperado demasiado pronto de una baja tras un accidente laboral, mientras vuelve a trabajar evocando su precioso matrimonio con Olga. Y Beatriz, una joven universitaria de provincias con padre en duelo eterno marcada tambi&eacute;n por una novatada brutal. Y otros bomberos cuya &eacute;pica laboral est&aacute; entreverada con su psicolog&iacute;a y su trasunto personal y familiar y laboral y sus deudas econ&oacute;micas en esta humanizadora historia de historias. Y un hostelero a&uacute;n atenazado por la muerte de su esposa en los atentados de Atocha, un juez y su amante reacios al compromiso. Ebanistas, abogados, enfermeras. Una profesora que prepara el cumplea&ntilde;os de su madre octogenaria&hellip; &iexcl;Y la m&uacute;sica del azar! 
    </p><p class="article-text">
        De hecho el argumento de <em>Un d&iacute;a de fiebre</em>&nbsp;podr&iacute;a resumirse &ndash;si es que admite resumen&ndash; como la cr&oacute;nica de una jornada en apariencia banal que, sin embargo, se abre como una grieta por la que se cuelan otras vidas. La fiebre del t&iacute;tulo no es solo un estado f&iacute;sico, sino una forma de percepci&oacute;n: todo, incluso la &eacute;poca laboral de los bomberos y de los trabajadores del hospital, parece ligeramente desplazado, como si la realidad hubiese perdido su eje.
    </p><p class="article-text">
        En ese estado febril se cruzan personajes que no saben a&uacute;n que forman parte de una misma trama: uno que despierta con la sensaci&oacute;n de haber olvidado algo decisivo y deambula por la ciudad como si cada esquina pudiera devolv&eacute;rselo; otra atrapada en una conversaci&oacute;n que se bifurca hacia recuerdos que no le pertenecen del todo; otro que entierra a su madre; otro que cree asistir a una casualidad sin sospechar que est&aacute; activando una cadena de consecuencias; otro cuya historia parece lateral hasta que, de pronto, encaja con las dem&aacute;s como una pieza que siempre estuvo prevista.
    </p><p class="article-text">
        Lo creativo &ndash;y perturbador&ndash; es que ninguno de ellos posee el control de su propio relato. Cada historia se abre como un cuento aut&oacute;nomo, pero enseguida queda suspendida, retomada o desviada por otra, en una suerte de deriva. As&iacute;, lo que parece azar &ndash;un autob&uacute;s que llega tarde, una puerta que queda entreabierta, un nombre anotado en un papel&ndash; termina revel&aacute;ndose como un sistema de correspondencias invisibles.
    </p><p class="article-text">
        Pero entre todo el terremoto en <em>Un d&iacute;a de fiebre</em>&nbsp;no debe leerse como un mero acontecimiento espectacular, ni siquiera como un cl&iacute;max al uso, sino como una pieza clave en ese engranaje narrativo que la novela va armando con sigilo. Su&nbsp;aparici&oacute;n&nbsp;&ndash;m&aacute;s sugerida que descrita, m&aacute;s sentida que vista&ndash; act&uacute;a como un punto de inflexi&oacute;n que reorganiza retrospectivamente todo lo anterior: lo que parec&iacute;a disperso encuentra de pronto una vibraci&oacute;n com&uacute;n, como si cada historia hubiera estado oscilando ya en la frecuencia de ese temblor.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, en t&eacute;rminos de trama, el terremoto funciona como catalizador. No es tanto que provoque los acontecimientos, sino que los revela en su verdadera condici&oacute;n. Los personajes &ndash;&Aacute;lvaro, Clara, Mart&iacute;n, Elena&ndash; quedan expuestos en ese instante a una forma de desnudez narrativa: lo accidental deja de serlo, y lo contingente adquiere una gravedad inesperada. En cierto modo, el temblor cumple la misma funci&oacute;n que el accidente en Ictus: introducir una fractura que obliga a releer la continuidad previa.
    </p><p class="article-text">
        Pero es en el plano simb&oacute;lico donde el terremoto despliega toda su potencia. En una novela obsesionada con el azar y las confluencias, el se&iacute;smo aparece como la met&aacute;fora perfecta de un orden invisible que, de pronto, se manifiesta de forma violenta. No hay aqu&iacute; una lectura apocal&iacute;ptica, sino estructural: el mundo ya estaba agrietado, solo que los personajes &ndash;y el lector&ndash; no lo percib&iacute;an con claridad. El temblor hace visible esa inestabilidad de fondo, esa condici&oacute;n precaria de toda experiencia.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a decirse que el terremoto es la versi&oacute;n f&iacute;sica de la 'fiebre' del t&iacute;tulo: ambos remiten a un estado alterado en el que la realidad pierde su consistencia habitual. Si la fiebre distorsiona la percepci&oacute;n individual, el se&iacute;smo sacude el marco colectivo, el espacio compartido donde las historias se cruzan. Entre uno y otro se establece una correspondencia secreta que refuerza la idea central de la novela: que la vida, lejos de ser un sistema estable, es una red de tensiones a punto siempre de desbordarse.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, m&aacute;s que un episodio, el terremoto es una clave de lectura. Permite entender que la aparente dispersi&oacute;n del relato responde, en realidad, a una l&oacute;gica profunda, casi tect&oacute;nica. Y en ese sentido, confirma a Rub&eacute;n Abella como un narrador interesado menos en contar historias que en mostrar las fuerzas &ndash;invisibles, pero decisivas&ndash; que las sostienen y, llegado el momento, las hacen temblar.
    </p><p class="article-text">
        Si en<em>&nbsp;Ictus</em>&nbsp;el accidente era el n&uacute;cleo que irradiaba sentido, aqu&iacute; ese n&uacute;cleo se disuelve en m&uacute;ltiples focos: cada personaje es, a la vez, causa y efecto de los dem&aacute;s. La novela avanza entonces como un pulso irregular &ndash;una fiebre narrativa&ndash; hasta que, casi sin que el lector lo advierta, todas las l&iacute;neas convergen. Y en ese instante final, m&aacute;s que una resoluci&oacute;n, lo que queda es la impresi&oacute;n de haber asistido al funcionamiento secreto de un mecanismo donde lo m&iacute;nimo &ndash;un gesto, una coincidencia&ndash; contiene ya toda la historia.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo m&aacute;s interesante quiz&aacute; sea el modo en que esa est&eacute;tica, aparentemente fr&iacute;a, termina revelando una profunda inquietud moral. Los personajes de <em>Un d&iacute;a de fiebre</em>&nbsp;&ndash;desorientados, vulnerables, sometidos a fuerzas que no comprenden del todo&ndash; configuran un mapa humano donde lo cotidiano se vuelve inquietante. Como ya ocurr&iacute;a en<em>&nbsp;Ictus</em>, Abella parece sugerir que la vida no es m&aacute;s que una sucesi&oacute;n de coincidencias que solo retrospectivamente adquieren sentido.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, estamos ante una obra mayor que confirma a Rub&eacute;n Abella como una de las voces m&aacute;s singulares de la narrativa espa&ntilde;ola reciente. Su capacidad para combinar tradici&oacute;n y modernidad, para hacer dialogar a <strong>Cervantes</strong>&nbsp;con <strong>Faulkner</strong>, <strong>Auster</strong>&nbsp;y <strong>DeLillo</strong>, le sit&uacute;a en un territorio propio. No es exagerado decir que, con novelas como esta, se perfila como el novelista m&aacute;s <em>americano</em> de Castilla y Le&oacute;n: no por imitaci&oacute;n, sino por la naturalidad con que ha incorporado a su mundo narrativo ciertas claves de la ficci&oacute;n contempor&aacute;nea internacional sin perder el anclaje en una sensibilidad profundamente espa&ntilde;ola.
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><strong>Puedes comprar 'Un d&iacute;a de fiebre' en tu librer&iacute;a de barrio o por internet </strong></span><a href="https://menoscuarto.es/autor/ruben-abella/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><strong>pinchando aqu&iacute;</strong></span></a></h2>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/un-dia-de-fiebre-novela-ruben-abella-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13238785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 16:30:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Un día de fiebre', de Rubén Abella]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Valladolid,Maragatería,León,España,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El PSOE ha perdido las 'erecciones']]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/el-psoe-ha-perdido-las-erecciones-andaluzas-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13229425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92cdcf03-2752-42ce-96d9-a5aca0f5a677_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El PSOE ha perdido las &#039;erecciones&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue redacta una singular crónica del resultado de las elecciones andaluzas preguntándose si en España se ha cambiado de ciclo político "para quedarse las derechas en pequeños detalles, en oscuros perfumes, en el nombre cambiado de las cosas"</p></div><p class="article-text">
        En Andaluc&iacute;a el PSOE ha perdido las erecciones. &iquest;De hecho, cu&aacute;nto exactamente habr&aacute; influido la probada condici&oacute;n de putero de pro del exministro &Aacute;balos en el resultado electoral de los socialistas en Andaluc&iacute;a? &iexcl;A saber: no le pregunten tal cosa a Tezanos que acierta menos que Aramis Fuster!
    </p><p class="article-text">
        Pero el caso es que se nota que en Espa&ntilde;a hemos cambiado de ciclo pol&iacute;tico y han llegado para quedarse las derechas en peque&ntilde;os detalles, en oscuros perfumes, en el nombre cambiado de las cosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ayuso lleva el revisionismo a las fronteras del rid&iacute;culo al decir que lo de Am&eacute;rica entonces no fue un expolio encarnizado sino una expansi&oacute;n cultural simbi&oacute;tica, y el PSOE no reconoce que en las elecciones auton&oacute;micas de Andaluc&iacute;a ayer no se ha dado una hostia monumental y menos a&uacute;n que el que Moreno Bonilla no haya alcanzado la mayor&iacute;a absoluta para la progres&iacute;a es mucho peor, pues trae a la derecha montada a lomos de la derecha como si fuera espartero sobre su caballo, sino que se limita a analizar la cosa con la frase: &ldquo;el partido aguanta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Andaluc&iacute;a es un hist&oacute;rico feudo socialista y la cuna del felipismo de pana y el guerrismo de intelectualidad socarrona y gafapasta, pero en la actualidad tiene un problema de paro desbocado y proletariado descarriado, y votar de todos modos a las derechas viene a ser como matar a la familia con un sable: todo mientras la prensa grita lo mismo que los vecinos marrulleros del quinto&hellip; &iexcl;Algo habr&aacute;n hecho!
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo de las elecciones de ayer, a nuestro juicio, hay que sacar tress conclusiones claras: que las encuestas han perdido las elecciones, que el PSOE ha perdido las erecciones, y que lo de que Vox ha tocado techo era un deseo y no una realidad, pero la progres&iacute;a sanchista, a fuerza de hacer pasar los deseos por certezas, se est&aacute; cargando la realidad, la credibilidad, la confianza, la esperanza, la burra y el buey.
    </p><p class="article-text">
        De hecho merece una reflexi&oacute;n profunda y presta a la dimisi&oacute;n en masa lo de que la juventud con paga paterna y sin acceso a la vivienda ni al futuro est&eacute; votando en masa a las derechas, mientras, con gesto nihilista y contrariado, vociferan: &iexcl;No s&eacute; de d&oacute;nde co&ntilde;o saca pasta la Luna para salir todas las noches!... 
    </p><p class="article-text">
        En fin.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/el-psoe-ha-perdido-las-erecciones-andaluzas-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13229425.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 09:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El PSOE ha perdido las 'erecciones']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[PSOE,Elecciones,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El reino de los hombres sin amor', de Alfonso Mateo-Sagasta]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/reino-hombres-amor-alfonso-mateo-sagasta-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13222054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/147b832a-8c2c-4077-9fc4-1849c2915cb6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El reino de los hombres sin amor&#039;, de Alfonso Mateo-Sagasta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue reseña esta gran novela de espías del Siglo de Oro, protagonizada por el espadachín Isidoro Montemayor y publicada por Reino de Cordelia "con ilustraciones del virtuoso Jose María Gallego", del que a su entender es "el mejor autor de novela histórica de España"</p></div><p class="article-text">
        La novela hist&oacute;rica moderna nace, en buena medida, con <strong>Alejandro Dumas</strong>, que comprendi&oacute; antes que nadie que el pasado no deb&iacute;a ser un museo de cart&oacute;n piedra ni una acumulaci&oacute;n erudita de fechas y documentos, sino un territorio vivo donde la aventura, el ritmo narrativo y la peripecia humana permitieran al lector respirar el aire de otra &eacute;poca. <em>Los tres mosqueteros</em>&nbsp;o <em>El conde de Montecristo</em>&nbsp;no s&oacute;lo reconstru&iacute;an un tiempo: lo convert&iacute;an en espect&aacute;culo novelesco. <strong>Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s</strong>&nbsp;recogi&oacute; esa herencia en los <em>Episodios Nacionales</em>, pero a&ntilde;adi&oacute; un matiz decisivo y espec&iacute;ficamente espa&ntilde;ol: en nuestra novela hist&oacute;rica no s&oacute;lo comparece una &eacute;poca, sino una idea de Espa&ntilde;a. En Gald&oacute;s, la Historia deja de ser decorado para convertirse en conciencia nacional, en reflexi&oacute;n moral y pol&iacute;tica sobre el destino colectivo de un pa&iacute;s que busca explicarse a s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Esa tradici&oacute;n, simult&aacute;neamente aventurera e intelectual, encuentra hoy uno de sus continuadores m&aacute;s s&oacute;lidos en <strong>Alfonso Mateo-Sagasta</strong>&nbsp;(1960). Asentado sobre una concepci&oacute;n muy definida de Espa&ntilde;a &mdash;desarrollada con brillantez y profundidad en su memorable ensayo que hace de pr&oacute;logo a su libro <a href="https://www.reinodecordelia.es/producto/nacion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Naci&oacute;n</em></a>&mdash;, Mateo-Sagasta ha ido construyendo una obra narrativa donde el Siglo de Oro deja de ser mera estampa prestigiosa para revelarse como un organismo contradictorio, exuberante, feroz y fascinante. Fiel heredero del legado narrativo de Dumas y de P&eacute;rez Gald&oacute;s, el autor est&aacute; levantando una trilog&iacute;a que funciona como una aut&eacute;ntica cr&oacute;nica de la Espa&ntilde;a barroca a trav&eacute;s de un personaje de extraordinaria eficacia novelesca: <strong>Isidoro Montemayor</strong>, &ldquo;h&eacute;roe a su pesar&rdquo;, espadach&iacute;n pendenciero, mujeriego incorregible, buscavidas ingenioso y hombre capaz de manejar con id&eacute;ntica soltura la pluma y la espada.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El espadach&iacute;n Isidoro Montemayor </strong></h2><p class="article-text">
        Ya hab&iacute;amos acompa&ntilde;ado a Isidoro en <a href="https://www.reinodecordelia.es/producto/ladrones-de-tinta/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ladrones de tinta</em></a>, probablemente una de las novelas m&aacute;s inteligentes y entretenidas que se han escrito sobre el universo cervantino, donde el protagonista recorr&iacute;a la Espa&ntilde;a de Felipe III tratando de descubrir la identidad de <strong>Alonso Fern&aacute;ndez de Avellaneda</strong>, el misterioso autor de la continuaci&oacute;n ap&oacute;crifa del Quijote. M&aacute;s tarde, en <a href="https://www.reinodecordelia.es/producto/el-gabinete-de-las-maravillas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El gabinete de las maravillas</em></a>, lo vimos internarse en las intrigas y secretos de un gabinete barroco para esclarecer el asesinato del archivero del marqu&eacute;s de Hornacho, en una novela donde la curiosidad cient&iacute;fica, el coleccionismo y la superstici&oacute;n compon&iacute;an un admirable fresco de &eacute;poca. Ahora, en <a href="https://www.reinodecordelia.es/producto/el-reino-de-los-hombres-sin-amor/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El reino de los hombres sin amor</em></a>, Isidoro vuelve a sumergirse en una nueva peripecia que ampl&iacute;a todav&iacute;a m&aacute;s el horizonte moral y pol&iacute;tico de la serie.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a, 1615. Mientras las coronas de Espa&ntilde;a y Francia intentan vender la paz de Europa a golpe de bodas reales (las princesas se intercambian matrimonialmente como piezas de un ajedrez diplom&aacute;tico), debajo de los terciopelos y oropeles de la corten hierven el contrabando, la corrupci&oacute;n y las conspiraciones porque en estas p&aacute;ginas el Siglo de Oro brilla m&aacute;s por el oro que por el siglo. Y en medio de este lodazal repleto de &ldquo;metales preciosos que unos y otros desean&rdquo; y de &ldquo;damas enamoradas aunque no bobas&rdquo; aparece Isidoro Montemayor como testigo, secretario, amante, buscavidas y detective accidental: un hombre m&aacute;s c&oacute;modo entre libros que entre espadas, pero obligado a seguir una trama de plasta ilegal, de nobles podridos y secretos de estado para salvar a la mujer que ama. Pero, cuanto m&aacute;s investiga y m&aacute;s se presta a hacer recados al Conde de Lemos, m&aacute;s descubre que la corte de Felipe III funciona como una taberna elegante: todos r&iacute;en, todos rezan, y todos roban: &ldquo;todos los grandes de Espa&ntilde;a, t&iacute;tulos y caballeros, z&aacute;nganos en su mayor&iacute;a, se aprestaban para escoltar a la reina&rdquo;&hellip;
    </p><h2 class="article-text">Aventura, humor ir&oacute;nico y 'thriller' pol&iacute;tico en el Siglo de Oro</h2><p class="article-text">
        Lo primero que sorprende, en esta novela que mezcla aventura, humor ir&oacute;nico y <em>thriller </em>pol&iacute;tico con un aire de capa y espada desencantado, es la naturalidad con que Mateo-Sagasta hace convivir la documentaci&oacute;n rigurosa con el impulso narrativo. Hay novelistas hist&oacute;ricos que parecen escribir con las fichas de archivo todav&iacute;a pegadas a las p&aacute;ginas; otros, por el contrario, utilizan el pasado como simple disfraz pintoresco. Mateo-Sagasta evita ambos peligros. Su erudici&oacute;n nunca pesa porque est&aacute; completamente absorbida por la acci&oacute;n, por los di&aacute;logos&nbsp;(da gusto como habla Micaela, por ejemplo) y por la vitalidad de unos personajes que se mueven con absoluta verosimilitud en el complejo escenario del barroco espa&ntilde;ol. El lector no siente que le expliquen una &eacute;poca: siente que la habita.
    </p><p class="article-text">
        Pero la gran virtud del autor quiz&aacute; resida en otro aspecto menos visible. Bajo las aventuras de Isidoro Montemayor late constantemente una reflexi&oacute;n sobre Espa&ntilde;a: sobre su condici&oacute;n de naci&oacute;n joven surgida m&aacute;s o menos a la vez que el resto de naciones europeas, sobre sus grandezas y miserias (&ldquo;Es un reino gobernado por tres viudos y un fraile&rdquo;), sobre &ldquo;las resplandecientes alcobas reales&rdquo;, sobre la convivencia de hero&iacute;smo y decadencia, sobre la tensi&oacute;n permanente entre el impulso imperial y la corrupci&oacute;n cotidiana (&ldquo;Apenas queda sitio para un hombre honrado&rdquo;), entre el brillo cultural y la violencia social. Mateo-Sagasta entiende, como entendi&oacute; Gald&oacute;s, que la novela hist&oacute;rica s&oacute;lo alcanza verdadera densidad cuando el pasado ilumina problemas permanentes de una naci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El sentido del placer de contar</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>El reino de los hombres sin amor </em>posee adem&aacute;s una cualidad narrativa cada vez m&aacute;s rara: el sentido del placer de contar: &ldquo;no se fie de los poetas, don Pedro, que siempre lo cambian todo a su gusto y retuercen tanto la realidad que al final no se sabe qu&eacute; es verdad y qu&eacute; f&aacute;brica de su invenci&oacute;n&rdquo;&hellip; Hay humor, iron&iacute;a, acci&oacute;n, sensualidad, misterio y una magn&iacute;fica reconstrucci&oacute;n ambiental, pero todo ello aparece gobernado por una prosa &aacute;gil y precisa que sabe acelerar o demorarse seg&uacute;n convenga al relato. Isidoro Montemayor pertenece a esa estirpe de h&eacute;roes literarios cuya compa&ntilde;&iacute;a el lector disfruta tanto que termina leyendo no s&oacute;lo para saber qu&eacute; ocurre, sino para seguir viviendo unas p&aacute;ginas m&aacute;s junto a &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        En verdad los grandes autores espa&ntilde;oles de novela hist&oacute;rica popular, en la estela de P&eacute;rez Gald&oacute;s, vienen comprendiendo hace tiempo que Espa&ntilde;a es en esencia un personaje novelesco. Pero, a diferencia de la Generaci&oacute;n del 98, llegaron a una conclusi&oacute;n distinta: la esencia literaria y simb&oacute;lica de Espa&ntilde;a no se encuentra exclusivamente en Castilla, sino en el Siglo de Oro, en ese tiempo contradictorio y exuberante donde convivieron el hambre y la gloria, la espada y el ingenio, la miseria y la grandeza art&iacute;stica. A esa intuici&oacute;n deben su &eacute;xito y su extraordinaria capacidad de seducci&oacute;n las novelas de Alatriste escritas por <strong>Arturo P&eacute;rez-Reverte</strong>, y tambi&eacute;n esta admirable saga de <strong>Alfonso Mateo-Sagasta</strong>, una de las empresas narrativas m&aacute;s inteligentes, entretenidas y ambiciosas de la novela hist&oacute;rica espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        La edici&oacute;n asimismo es preciosa. Y no digamos las ilustraciones de Jos&eacute; Mar&iacute;a Gallego el virtuoso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/reino-hombres-amor-alfonso-mateo-sagasta-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13222054.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 May 2026 16:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['El reino de los hombres sin amor', de Alfonso Mateo-Sagasta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Bachillerato Internacional del Instituto Lancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/el-bachillerato-internacional-del-instituto-lancia-de-leon-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13210956.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aa91a38d-a6b4-4a37-8e47-b863294b2418_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Bachillerato Internacional del Instituto Lancia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue acudió al IES Lancia para ofrecer una conferencia sobre inteligencia imaginación y creatividad y queda fascinado con el Bachillerato Internacional y los muchachos y muchachas que lo cursan y profesores que lo imparten</p></div><p class="article-text">
        Dicen los peri&oacute;dicos que hay que recelar otra vez del aire libre porque viene en crucero (como en la novela de <strong>Agatha Christie</strong>&nbsp;<a href="https://www.amazon.es/Muerte-Espasa-Narrativa-Agatha-Christie/dp/8467045426" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Muerte en el Nilo</em></a><em>)</em>&nbsp;un nuevo virus que se contagia por el aire, que se contagia por aerosoles, y que infecta mayormente a quienes no han le&iacute;do <a href="https://www.edhasa.es/libros/773/la-peste" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La peste</em></a><em> </em>de <strong>Albert Camus</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Por si acaso yo me encierro en una biblioteca-sal&oacute;n de actos con unos estudiantes como <strong>Jos&eacute; Tom&aacute;s</strong>&nbsp;se encerraba con seis toros. 
    </p><p class="article-text">
        En efecto, por mi premiosidad verbal mis gafas friquis y mi camiseta de <strong>Frankenstein</strong>, me invitan, durante esta primavera en la que el cielo tiene algo de alumbrado de posguerra, a impartir una conferencia sobre inteligencia, imaginaci&oacute;n y creatividad a unos chicos y chicas que constituyen la &eacute;lite pedag&oacute;gica de Le&oacute;n, los del magn&iacute;fico Bachillerato Internacional del Instituto Lancia&hellip; Y resulta que se trata de una a&ntilde;ada juvenil tecnosolvente y sobrecargada de materias y oportunidades a los que se les atiende, entiende y extiende en ese instituto con un ratio tan maravillosamente bajo (son diecis&eacute;is entre los dos cursos), que lo nuestro, m&aacute;s que una conferencia, bien parec&iacute;a una reuni&oacute;n de los caballeros de la tabla redonda.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que en Le&oacute;n se cre&iacute;a que el problema de los estudiantes avanzados se resolv&iacute;a visti&eacute;ndolos a todos de tunos, ense&ntilde;&aacute;ndoles a tocar la bandurria y formando rondallas (un estudiante vestido as&iacute; no puede dar en subversivo, pues ya se sabe que el h&aacute;bito hace al progre, y para progre hay que ir con pantalones, tatuajes, piercings y un imperdible para escroto como el que llevaban en los ochenta <strong>Almod&oacute;var</strong>&nbsp;y <strong>Ramonc&iacute;n</strong>).
    </p><p class="article-text">
        Por eso asombra que la &eacute;lite que cursa el bachillerato internacional en Le&oacute;n no viste de pijo ni por dentro ni por fuera, sino que son una chavaler&iacute;a estupenda, moderna, eterna subida sin pretenderlo al racionalismo que parece que cuadra de las ciencias exactas, al cosmopolitismo que parece que abarca de estudiar idiomas sin salir de casa, y al humanismo filos&oacute;fico y literario enciclop&eacute;dico que ayuda a vivir la vida intelectual subido a hombros de gigantes incluso en estos tiempos en los que nos inventaron Google para acabar con nuestra memoria, inventaron los tel&eacute;fonos m&oacute;viles para acabar con nuestra atenci&oacute;n e inventaron la IA para acabar con la creatividad&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo aqu&iacute; sigue entre nosotros la flor y nata escuchando conferencias, demostrando sin decirlo que la atenci&oacute;n es la forma m&aacute;s pura de la generosidad (como dec&iacute;a <strong>Simone Weil</strong>), y leyendo entre l&iacute;neas que la especializaci&oacute;n intelectual es necesaria pero no es el nirvana, pero en tiempos oscuros la cultura es la soluci&oacute;n, o es el consuelo cuando no hay soluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esperanza ante el futuro</strong>
    </p><p class="article-text">
        He mirado a la ojos a esos estudiantes, todos con una preciosa historia por contar, todos y todas prepar&aacute;ndose para bien luchar en las grandes batallas de su tiempo. Y me he llenado de esperanza ante el futuro y la cosa a pesar de que hayan vuelto los mandatarios cavernarios como<strong>&nbsp;Trump</strong>&nbsp;cuya finura de epidemi&oacute;logo le ha dado ganas de tirar una buena bomba at&oacute;mica sobre el crucero ese, para, as&iacute;, acabar enseguida por el bien del mundo con el hantavirus, con el crucero, con Cabo Verde y con Canarias&hellip; Esto es <a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/alucinante-trumpsilvania-de-luis-artigue-la-fisonomia-de-una-nueva-era-critica-literaria-rosa-marina-gonzalez-quevedo-libros-la-biblioteca-del-reino-leon_1_12687555.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Trumpsilvania</em></a>&nbsp;y ol&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        He estado en verdad con los estudiantes del Bachillerato Internacional de Lancia y me han llenado el alma de gasolina para ir tirando (gracias de todo coraz&oacute;n), ahora que, por las guerras de Trump, no para de subir la gasolina. 
    </p><p class="article-text">
        &mdash; La gasolina es un impuesto indirecto &mdash;me dice mi quiosquero 
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Pues si llega a ser directo nos parte el coraz&oacute;n, oiga. 
    </p><p class="article-text">
        &mdash; A m&iacute; como no conduzco no me afecta &mdash;replica con el mismo tono con el que <strong>Mill&aacute;n-Astray</strong>&nbsp;le grit&oacute; a <strong>Miguel de Unamuno</strong>&nbsp;en la Universidad de Salamanca muera la inteligencia, y me deja, mediante esa idiota observaci&oacute;n&nbsp;con cara de ahorcado a media salve. 
    </p><p class="article-text">
        Pero tanto como esos alumnos y alumnas brillantes como l&aacute;mparas de minero me han conmovido sus profesores, los cuales est&aacute;n sacando adelante en Le&oacute;n un Bachillerato Internacional, y est&aacute;n as&iacute; transformando Le&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En medio de la epidemia de estupidez que caracteriza nuestra &eacute;poca me conmueven en efecto los centros verdaderamente educativos como el IES Lancia donde los muchachos y muchachas cuentan con la siembra profesores que han sabido y saben abrir mentes, y saben asimismo que no deben formar militantes, sino que deben formar futuros ciudadanos cr&iacute;ticos y l&uacute;cidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso me conmueve hablar con estudiantes para hacerlos saber que no hay mejor patrimonio que pueda tener uno en la vida que un buen docente que sepa instruir a sus alumnos en el valor de la inteligencia, la dignidad y la belleza; que les d&eacute; capacidad de debate y de an&aacute;lisis; que los oriente hacia lo que &eacute;l mismo no sabe, pero que intuye que est&aacute; ah&iacute;; que los vaya llevando hacia territorios intelectualmente intensos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sin docentes no hay esperanza</strong>
    </p><p class="article-text">
        La docencia, y especialmente la docencia que no trata de igualar a todos por abajo, es el gran elemento con el que contamos para que en el futuro no seamos basura como sociedad. Sin esos grandes docentes, y sin las grandes admiraciones que esos docentes manejan, no hay futuro posible. De hecho ellos nos hacen saber sin decirlo que hay que creer en el patriotismo cultural entendido como creer que la cultura, y las artes, y la ciencia, y el pensamiento, hacen mejor a la patria en su conjunto. Y creer que el pa&iacute;s ser&aacute; mejor si cuenta con un pueblo educado, letrado y culto sobre todo en sus capas m&aacute;s bajas. Y creer que los que van abriendo camino para todo eso en un pa&iacute;s son fundamentalmente los docentes. S&iacute;, eso. Creer en los docentes que saben que sin Educaci&oacute;n y sin Cultura no hay esperanza para un pa&iacute;s (sin Cultura de verdad, no mera apariencia o dise&ntilde;o: sin la cultura que incluya conocimiento, profundidad, juicio cr&iacute;tico y una biblioteca como h&aacute;bitat y como proyecto de vida). Y creer que son los docentes los salvadores de la patria, porque la Educaci&oacute;n y la Cultura son el mejor ant&iacute;doto contra nuestra historia de larga tradici&oacute;n de infamias y vileza, de delaci&oacute;n, de inquisiciones y purgas, de revanchismos, de reyes imb&eacute;ciles, y prelados fan&aacute;ticos, y ministros incapaces que fomentaban la vileza y la violencia en vez de la Educaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, que regresan con toda su furia a nosotros la guerra, la barbarie y los populismos de todo signo, los profesores y profesoras son lo mejor que tenemos para volver a fomentar la memoria hist&oacute;rica de lo bueno, y la desmemoria para con los agravios hist&oacute;ricos (que no el olvido), por el bien de la convivencia y el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Queridos muchachos y muchachas del Bachillerato Internacional de Lancia: gracias por darnos tanta esperanza. Como las hojas de los &aacute;rboles son las generaciones de los hombres, escribi&oacute; el viejo y sabio Homero, pero aqu&iacute; est&aacute;is vosotros, puli&eacute;ndoos juntos como guijarros dentro de una bolsa gracias a vuestros profesores, para ser luego lanzados a la vida como saetas de luz. 
    </p><p class="article-text">
        Gracias por vuestro ejemplo&hellip; Y que se&aacute;is felices, y os lo parezca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/el-bachillerato-internacional-del-instituto-lancia-de-leon-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13210956.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 09:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Bachillerato Internacional del Instituto Lancia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Jóvenes,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cultura de la cancelación en los Estados Unidos de América]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/la-cultura-de-la-cancelacion-en-los-estados-unidos-de-america-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13192159.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8a23779e-141e-49c6-9a74-a42e3aa8dc2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cultura de la cancelación en los Estados Unidos de América"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue reflexiona sobre el choque entre sensibilidad actual y las grandes obras del pasado, cuestionando hasta dónde debe llegar la adaptación de las obras clásicas y las similitudes con la censura de este ostracismo cultural posmoderno procedente de los 'woke': los luchadores de la Justicia Social</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Revisar y volver a publicar adaptadas las novelas de <strong>Ian Fleming</strong> de la serie <strong>Bond</strong> para dotarlas de un lenguaje m&aacute;s inclusivo y eliminar referencias &eacute;tnicas, micro-machismos y descripciones f&iacute;sicas ofensivas para el lector sensibilizado de hoy?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero es que nos hemos ca&iacute;do de cabeza? &iquest;O se trata de algo que nos han echado en el agua?
    </p><p class="article-text">
        La <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Cultura_de_la_cancelaci%C3%B3n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cultura de la cancelaci&oacute;n</a>, s&iacute;ntoma de la polarizaci&oacute;n y radicalizaci&oacute;n pol&iacute;tica que deviene en guerras culturales, es un fen&oacute;meno que me tiene pasmado. &iquest;Prohibir la lectura escolar por el bien del feminismo el multiculturalismo&nbsp;el antisemitismo el turismo o no s&eacute; que otro ismo de <strong>Mark Twain</strong>, <strong>Philip Roth</strong>, <strong>J. D. Sallinger</strong>, <strong>Navokob</strong>, <strong>Dostoievsqui</strong> y hasta <strong>Plat&oacute;n</strong>? &iquest;Rescribir las novelas de <strong>Agatha Christie</strong> para adaptarlas al lector medio de hoy mujer blanca heterosexual cristiana y de clase media?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para tratar de superar mis prejuicios y sensaciones de que la correcci&oacute;n pol&iacute;tica no s&oacute;lo es una pincelada de mierda con la que decorar hoy todo, sino que bien parece la sutil dictadura de nuestro tiempo, he le&iacute;do el libro de la periodista, escritora e investigadora de la Universidad de Columbia (Nueva York) <strong>Costanzza Rizzacasa d&Oacute;rsogna</strong> <em>La cultura de la cancelaci&oacute;n en Estados Unidos </em>(Alianza Editorial), y se lo recomiendo a ustedes vivamente.
    </p><p class="article-text">
        El libro presenta las guerras culturales como una forma sutil y postmoderna y acaso previa de las guerras civiles, y como una certificaci&oacute;n emp&iacute;rica de que estamos colonizados. Y, por si esto fuera poco, al hacernos&nbsp;ver que no es un fen&oacute;meno actual, pues autores como Hemingway y Norman Mailer ya llevan tiempo cancelados, nos muestra como se trata de una forma perversa de llevar la pol&iacute;tica a las escuelas con el caso de la prohibici&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/retiran-gone-with-wind-hbo_1_6028094.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Lo que el viento se llev&oacute;</em></a><em> </em>y, desde ah&iacute;, pasar a cancelarlo casi todo en las escuelas con el pretexto de este razonamiento de <a href="https://www.slj.com/story/weeding-out-racisms-invisible-roots-rethinking-childrens-classics-libraries-diverse-books" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Padma Venkatraman</a> publicado en el <em>School Library Journal, </em>a&ntilde;eja publicaci&oacute;n destinada a las bibliotecas escolares citada en el<em> Wall Street Journal: </em>&ldquo;Si eximimos a Shakespeare de nuestras responsabilidades solamente porque viv&iacute;a en una &eacute;poca hist&oacute;rica en la que prevalec&iacute;an sentimientos de odio, correremos el riesgo de estar transmitiendo el mensaje de que la excelencia acad&eacute;mica es m&aacute;s importante que la educaci&oacute;n y el respeto&rdquo;&hellip; &iexcl;Y, as&iacute; las cosas, fuera tambi&eacute;n Shakespeare de las escuelas!
    </p><p class="article-text">
        Movimientos como <em>MeToo</em> y <em>Black Lives Matter</em> no han hecho m&aacute;s que acelerar las campa&ntilde;as de justicia social &ndash;dice la autora de este libro&ndash;, que, nacidas en los campos universitarios hace treinta a&ntilde;os, empujan a los Estados Unidos a replantearse su propio canon literario (y muchas otras cosas) a la luz de lo pol&iacute;ticamente correcto, y del <em>live motiv</em> '&iexcl;Nuestras identidades cuentan!'. Sin embargo la cultura de la cancelaci&oacute;n seg&uacute;n esta estudiosa viene a ser una radicalizaci&oacute;n politizada de esos movimientos y otros an&aacute;logos que tiene como objetivo electoralista la polarizaci&oacute;n social-
    </p><p class="article-text">
        Y el fen&oacute;meno ya nos ha llegado, y se est&aacute; mundializando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Leer es libertad? &iexcl;Era! 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Esto es la democracia? Era&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Miren, se&ntilde;oras y se&ntilde;ores y se&ntilde;oros, blancos y negros y azules y rojos y amarillos: yo le&iacute; en el instituto de bachillerato al pervertido Marques de Sade y al salido Henry Miller y al mis&oacute;gino Pablo Neruda y al pederasta Antonio Machado y hasta al putero George Simenon y a la racista Flannery O'Connor porque tuve un profesor de literatura excelente y gracias a &eacute;l y a esas lecturas y muchas otras que me abrieron la mente&nbsp;y me liberaron de cualquier tipo de fanatismo me siento una persona feliz y realizada.
    </p><p class="article-text">
        Vivan pues los maestros y profesores de literatura con criterio, vocaci&oacute;n y dedicaci&oacute;n (esos a los que una vez Arturo P&eacute;rez Reverte llam&oacute; <a href="https://www.perezreverte.com/libro/639/hombres-buenos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Hombres Buenos</em></a><em> </em>desde el t&iacute;tulo de una de sus grandes novelas), los cuales no necesitan ning&uacute;n tipo de cortapisas ni censuras ni limitaciones pol&iacute;ticas&nbsp;ni manos atadas a la espalda.
    </p><p class="article-text">
        La cultura de la cancelaci&oacute;n es Occidente peg&aacute;ndose un tiro en un pie.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/la-cultura-de-la-cancelacion-en-los-estados-unidos-de-america-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13192159.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2026 09:30:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La cultura de la cancelación en los Estados Unidos de América]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Redes Sociales,Internet,Sociología,Internacional,Psicología,Jóvenes,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La obra completa de Borges en tres tomos]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/obra-completa-de-borges-en-tres-tomos-alfaguara-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13180418.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6448218-6b8c-4ab5-a09c-5cd6e1e42f21_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La obra completa de Borges en tres tomos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue se felicita porque haya gente que pueda leer por primera vez a Jorge Luis Borges gracias a esta nueva edición de Alfaguara que reúnen toda su poesía, ensayos y cuentos. "Una reedición que es no solo oportuna: es necesaria"</p></div><p class="article-text">
        &iexcl;No puedo expresar a cabalidad la envidia que le tengo a quien puede leer a Borges por primera vez!
    </p><p class="article-text">
        La reciente reedici&oacute;n en Alfaguara de la obra completa&nbsp;de <strong>Jorge Luis Borges</strong> &ndash;articulada en tres tomos que re&uacute;nen <a href="https://www.penguinlibros.com/es/libros-de-poesia/438351-libro-poesia-completa-9791387846077" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Poes&iacute;a completa</em></a>,  junto a <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/438353-libro-ensayos-completos-9791387846091" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ensayos completos</em></a> y <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/438352-libro-cuentos-completos-9791387846084" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Cuentos completos</em></a>&ndash; no es solo una operaci&oacute;n editorial de envergadura: es, en el sentido m&aacute;s estricto, un acontecimiento. Hay libros que regresan; hay otros que, al volver, reorganizan el mapa de la lectura. Este pertenece sin duda a los segundos.
    </p><p class="article-text">
        El volumen de la poes&iacute;a permite advertir, con claridad renovada, que Borges nunca dej&oacute; de ser, en el fondo, un poeta. Incluso cuando narraba o ensayaba, lo hac&iacute;a con una respiraci&oacute;n l&iacute;rica que ahora se percibe en su plenitud. Especial atenci&oacute;n merecen los pr&oacute;logos a sus propios libros de poemas: textos breves, fascinantes, donde el autor se interroga con una mezcla de pudor, iron&iacute;a y lucidez. En ellos hay una po&eacute;tica impl&iacute;cita, una forma de entender la literatura como destino y como conjetura.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a los poemas, sorprende la perfecci&oacute;n de su adjetivaci&oacute;n, esa capacidad de nombrar con exactitud sin caer nunca en la ornamentaci&oacute;n superflua. Borges elige cada palabra como si fuera definitiva. A ello se suma una combinaci&oacute;n sabia de ritmo, precisi&oacute;n, erudici&oacute;n e imaginaci&oacute;n que da lugar a una m&uacute;sica inconfundible, contenida y, sin embargo, profundamente emotiva. Basta recordar un texto como 'El remordimiento': 
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;He cometido el peor de los pecados</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que un hombre puede cometer.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No he sido feliz&ldquo;. </em>
    </p><p class="article-text">
        En esos tres versos &ndash;que parecen no buscar efecto alguno&ndash; se condensa una experiencia moral con una desnudez casi cl&aacute;sica. Esa sobriedad, esa renuncia a todo exceso, es la que permite situar a Borges, sin exageraci&oacute;n, como el &uacute;ltimo de los cl&aacute;sicos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los ensayos</strong></h2><p class="article-text">
        El tomo de los ensayos revela, por su parte, al lector insaciable que Borges fue siempre. Pero no se trata de un erudito en el sentido acad&eacute;mico, sino de un explorador de ideas que convierte cada lectura en una aventura intelectual. Entre sus p&aacute;ginas m&aacute;s memorables destacan las dedicadas a <strong>Dante</strong>, donde la <em>Divina Comedia</em> es le&iacute;da no como un monumento intocable, sino como una obra viva, susceptible de nuevas interpretaciones. Borges escribe desde la intuici&oacute;n, desde el asombro, y logra que Dante deje de ser un cl&aacute;sico distante para convertirse en una presencia inmediata.
    </p><p class="article-text">
        Igualmente revelador es su ensayo sobre <strong>Evaristo Casariego</strong>, ejemplo de esa capacidad borgiana para rescatar lo aparentemente marginal. En ese texto, como en tantos otros, Borges no se limita a juzgar: crea un espacio de lectura. Su estilo, siempre insinuante, se resume bien en una de sus afirmaciones m&aacute;s citadas: &ldquo;La duda es uno de los nombres de la inteligencia&rdquo;. Esa frase, que podr&iacute;a parecer afor&iacute;stica, encierra toda una &eacute;tica del pensamiento: la negativa a clausurar el sentido.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los cuentos</strong></h2><p class="article-text">
        El volumen de cuentos nos sit&uacute;a, finalmente, ante el Borges m&aacute;s conocido y, quiz&aacute; por ello, m&aacute;s exigente. Sus relatos, de una brevedad enga&ntilde;osa, funcionan como artefactos de precisi&oacute;n donde cada elemento cumple una funci&oacute;n rigurosa. Entre ellos, <em>El Aleph</em> y <em>El libro de arena</em> destacan como dos cimas complementarias.
    </p><p class="article-text">
        En <em>El Aleph</em>, Borges imagina un punto del espacio que contiene todos los puntos, una totalidad imposible que, sin embargo, se ofrece a la mirada. La enumeraci&oacute;n de lo visto &ndash;minuciosa, casi obsesiva&ndash; desemboca en una de las frases m&aacute;s reveladoras de su obra: &ldquo;Vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph&rdquo;. La paradoja no es aqu&iacute; un juego, sino una forma de pensar lo infinito.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, <em>El libro de arena</em> propone un objeto igualmente perturbador: un libro sin principio ni fin, cuyas p&aacute;ginas se multiplican sin cesar. En un momento del relato, el narrador afirma: &ldquo;El n&uacute;mero de p&aacute;ginas de este libro es exactamente infinito&rdquo;. La precisi&oacute;n de la frase, su tono casi burocr&aacute;tico, intensifica el efecto inquietante: lo imposible se presenta como si fuera una simple constataci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Reunidos en esta edici&oacute;n, estos tres &aacute;mbitos &ndash;poes&iacute;a, ensayo y cuento&ndash; permiten acceder a Borges en su totalidad, sin las jerarqu&iacute;as que a menudo han reducido su figura a la del narrador de ficciones ingeniosas. Aqu&iacute; aparece el escritor completo: el poeta de la emoci&oacute;n contenida, el ensayista de la inteligencia abierta, el narrador de lo infinito.
    </p><p class="article-text">
        Por eso esta reedici&oacute;n no es solo oportuna: es necesaria. Porque devuelve a Borges a su lugar natural, que no es el de la cita ocasional ni el del homenaje distante, sino el de la lectura viva, siempre renovada, siempre inquietante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;En efecto no puedo expresar por completo la envidia que le tengo a quien puede leer a Borges por primera vez, pero releerlo no est&aacute; nada mal, y en ello se dura la vida toda!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/obra-completa-de-borges-en-tres-tomos-alfaguara-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13180418.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Apr 2026 16:30:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La obra completa de Borges en tres tomos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Poesía,Internacional,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo incidirá la carrera espacial en el horóscopo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/incidira-la-carrera-espacial-en-el-horoscopo-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13170194.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/382ebefa-04de-4da9-bde3-b1da8ce7ea57_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cómo incidirá la carrera espacial en el horóscopo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue reconoce haber estado en la luna. De adolescente, leyendo a Julio Verne... y se pregunta a dónde nos llevarán las misiones planificadas por Trump y Elon Musk y qué pensará Rappel de todo esto</p></div><p class="article-text">
        Yo ya he estado en la luna (fui en mi adolescencia mientras le&iacute;a a <strong>Julio Verne</strong>; de hecho en mi casa a veces cre&iacute;an que de all&iacute; no hab&iacute;a vuelto). Por eso s&eacute; que la guerra de <strong>Trump</strong>, con todas sus desolaciones, ha tra&iacute;do una m&aacute;s: la carrera espacial de <strong>Artemis II</strong>&hellip; &iquest;No nos quedan ya ni migajas de sueldo para pagar la casa o para la gasolina pero los ricos dados al exhibicionismo grotesco tipo <strong>Elon Musk</strong> resulta que financian de su bolsillo la carrera espacial?
    </p><p class="article-text">
        Consuela saber que lo han hecho por el feminismo (pues, como <strong>&Aacute;balos, Trump y Musk</strong> son feministas). De hecho ya hab&iacute;a un gallego en la Luna (no descartamos que sea <strong>Mariano Rajoy</strong>), y ahora <strong>Elon Musk </strong>ha puesto all&iacute; tambi&eacute;n una mujer, la primera astronauta femenina haciendo trizas el techo de cristal por culpa de la falta de gravedad (que al parecer tambi&eacute;n es una palanca pol&iacute;tica).
    </p><p class="article-text">
        Igual que en su d&iacute;a <strong>Arthur C. Clarke</strong>, nosotros estamos muy a favor del feminismo lunar y cosmol&oacute;gico, y de hecho creemos que la gloria de la carrera espacial de Artemis II no debieran llev&aacute;rsela ni Trump ni Musk sino, por supuesto, nuestra astronauta alzada a lo m&aacute;s alto para revisar como nadie <em>Alien </em>y <em>2001, una odisea en el espacio</em>&hellip; &iexcl;Las estrellas para quien las trabaja!
    </p><p class="article-text">
        Pero nos da mucha pena de <strong>Rappel</strong>&hellip; &iquest;C&oacute;mo incidir&aacute; la carrera espacial en el hor&oacute;scopo?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/incidira-la-carrera-espacial-en-el-horoscopo-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13170194.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 09:30:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Cómo incidirá la carrera espacial en el horóscopo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Espacio,Literatura,Lo Más Friki]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Sinceramente', de Margaret Atwood]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/libro-poesia-sinceramente-de-margaret-atwood-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13163728.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9dc35c8-d4d3-407f-a383-6c77dccfcfc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Sinceramente&#039;, de Margaret Atwood"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue reseña el último poemario de la famosa escritora canadiense –fundamentalmente por 'El cuento de la criada'– publicado por Editorial Salamandra: "Uno de los libros más honestos, y a la vez más inquietantes, de la mejor autora viva de nuestra época"</p></div><p class="article-text">
        En mis tiempos de estudiante tuve la oportunidad de conocer a <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Margaret_Atwood" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Margaret Atwood</a> (Ottawa, 1939) en la Faculty of Arts &amp; Science del campus de Saint George de la Universidad de Toronto, y qued&eacute; total y perdurablemente fascinado, de modo y manera que la leo con fervor desde entonces. Volv&iacute; a verla y hablar con ella en Madrid hace a&ntilde;os de la mano de su magn&iacute;fica traductora entonces, <strong>Isabel Carrera</strong>, cuando presentaba en Espa&ntilde;a <a href="https://krkediciones.com/producto/asesinato-en-la-oscuridad/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Asesinato en la oscuridad</em></a>, y la considero una referencia literaria de primer orden, aunque quisiera que eso no me hiciera perder la objetividad al escribir esta rese&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Hablar de <strong>Margaret Atwood</strong> suele conducir, casi inevitablemente, a sus novelas m&aacute;s c&eacute;lebres, pero ser&iacute;a un error cr&iacute;tico &ndash;y hasta una forma de pereza lectora&ndash; olvidar que su ra&iacute;z literaria se hunde con firmeza en la poes&iacute;a. Antes de convertirse en narradora de referencia, Atwood fue, y en cierto modo sigue siendo, una poeta que piensa el mundo en im&aacute;genes tensas, a menudo inc&oacute;modas.
    </p><p class="article-text">
        Su poes&iacute;a no busca el ornamento ni la musicalidad complaciente, sino una especie de claridad incisiva que desarma al lector. Hay en sus versos una econom&iacute;a expresiva que recuerda a la tradici&oacute;n anglosajona m&aacute;s sobria, pero filtrada por una sensibilidad contempor&aacute;nea donde lo pol&iacute;tico, lo ecol&oacute;gico y lo &iacute;ntimo se entrelazan sin jerarqu&iacute;as. Atwood observa &ndash;y ese verbo resulta aqu&iacute; esencial&ndash; con una lucidez casi entomol&oacute;gica: el amor, el cuerpo, la violencia o el poder aparecen como fen&oacute;menos que deben ser descritos antes que juzgados.
    </p><p class="article-text">
        No es una poes&iacute;a que seduzca de inmediato; m&aacute;s bien incomoda, desplaza, obliga a reconsiderar certezas. Y en ese gesto reside buena parte de su valor. Frente a la tendencia a la efusi&oacute;n o al hermetismo, Atwood propone una voz que parece sencilla, pero que esconde una arquitectura moral y simb&oacute;lica compleja. Su poes&iacute;a, en definitiva, no acompa&ntilde;a al lector: lo interroga.
    </p><p class="article-text">
        Si se atiende a la trayectoria po&eacute;tica de Margaret Atwood, se percibe una continuidad tem&aacute;tica muy n&iacute;tida, aunque cada libro explore registros distintos. M&aacute;s que evolucionar por rupturas, Atwood afina obsesiones. Y as&iacute; es desde que publicara <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>The Circle Game</em></a> (1964), su primer gran reconocimiento. Ah&iacute; ya aparec&iacute;a una idea clave: la vida social como juego de roles impuesto. Los poemas indagaban en la identidad, la infancia y las trampas invisibles de la cultura. Y hab&iacute;a ya una iron&iacute;a y una mirada cr&iacute;tica hacia las convenciones. Luego vino <em>The Animals in That Country</em> (1968), uno de sus libros m&aacute;s caracter&iacute;sticos. Canad&aacute; aparece ah&iacute; no como paisaje id&iacute;lico, sino como territorio hostil. El ser humano es un intruso m&aacute;s entre animales. El tema central es la fragilidad de la civilizaci&oacute;n frente a la naturaleza. Y ya <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Power_Politics_(poetry_collection)" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Power Politics</em></a> (1971), quiz&aacute; su poemario m&aacute;s directo y perturbador, y desde luego el m&aacute;s conocido, que examina las relaciones amorosas como luchas de poder. El lenguaje es cortante, casi cl&iacute;nico. El amor deja de ser refugio para convertirse en campo de batalla psicol&oacute;gico. A posteriori public&oacute; <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/You_Are_Happy" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>You Are Happy</em></a> (1974), poemario que introduce elementos m&iacute;ticos, especialmente la figura de Circe. Atwood&nbsp;ah&iacute; reescribe mitos para hablar de la identidad femenina, el aislamiento y la transformaci&oacute;n, y por eso es un libro m&aacute;s simb&oacute;lico que los anteriores, pero igual de incisivo. Y nos gust&oacute; mucho&nbsp;<a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Two-Headed_Poems" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Two-Headed Poems</em></a> (1978), poemario donde la autora reflexiona sobre la dualidad: individuo y sociedad, mente y cuerpo, cultura y naturaleza (el tono es m&aacute;s ensay&iacute;stico, casi meditativo, pero sin perder su filo cr&iacute;tico). Luego <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/True_Stories_(poetry_collection)" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>True Stories</em></a> (1981), donde su&nbsp;poes&iacute;a se vuelve m&aacute;s pol&iacute;tica, y tata la violencia, la represi&oacute;n y las injusticias contempor&aacute;neas. El t&iacute;tulo es ir&oacute;nico: lo 'verdadero' aparece mediado por el lenguaje y la percepci&oacute;n. Vienes despu&eacute;s <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Morning_in_the_Burned_House" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Morning in the Burned House</em></a> (1995), uno de sus libros m&aacute;s maduros en el que predomina la memoria, la p&eacute;rdida y el paso del tiempo. El tono es m&aacute;s contenido, incluso eleg&iacute;aco, pero mantiene su lucidez habitual. Luego <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/The_Door_(poetry_collection)" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>The Door</em></a> (2007), brillante reflexi&oacute;n sobre la vejez, la muerte y el umbral final. La 'puerta' funciona como met&aacute;fora del tr&aacute;nsito. Hay una mezcla de humor seco y aceptaci&oacute;n l&uacute;cida&hellip; 
    </p><h2 class="article-text">Poes&iacute;a sobre el poder, la identidad y la naturaleza</h2><p class="article-text">
        En conjunto, la poes&iacute;a de Atwood gira en torno a unos ejes constantes: el poder (en lo &iacute;ntimo y lo pol&iacute;tico), la identidad, la relaci&oacute;n con la naturaleza y una desconfianza radical hacia los discursos establecidos. No escribe para embellecer el mundo, sino para desmontarlo y mostrar sus mecanismos.
    </p><p class="article-text">
        Pero la poes&iacute;a de Margaret Atwood ha llegado al espa&ntilde;ol de forma parcial, dispersa y relativamente tard&iacute;a si la comparamos con su narrativa. No existe (todav&iacute;a) una traslaci&oacute;n sistem&aacute;tica de toda su obra po&eacute;tica, pero s&iacute; un conjunto reconocible de libros y traducciones sueltas de <em>La puert</em>a, otra en Pre-textos de <em>Juegos de poder</em> , uno de los pocos t&iacute;tulos relativamente conocidos en espa&ntilde;ol, y tambi&eacute;n&nbsp;<em>Los diarios de Susanna Moodie</em> y <em>Luna llena</em> han circulado parcialmente.
    </p><p class="article-text">
        Aparece ahora, muy bien publicado por Salamandra, el poemario <a href="https://www.penguinlibros.com/es/libros-de-poesia/487092-libro-sinceramente-9791387640217" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Sinceramente</em></a><em>, </em>en traducci&oacute;n de la excelente poeta de la experiencia <a href="https://x.com/RaquelLanseros/status/2032045319379161134" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Raquel Lanseros</strong></a>. Y es un libro que recoge su poes&iacute;a m&aacute;s tard&iacute;a: por eso en sus p&aacute;ginas encontramos una reflexi&oacute;n sobre el tiempo, la vejez y la memoria evocada mediante una l&iacute;rica mezcla de lo cotidiano con lo m&iacute;tico (sirenas, figuras simb&oacute;licas).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es un libro significativo porque muestra a una Atwood ya crepuscular, pero sin abandonar su iron&iacute;a ni su mirada cr&iacute;tica.
    </p><h2 class="article-text">Poemas del crep&uacute;sculo vital</h2><p class="article-text">
        Hablar de <em>Sinceramente</em> exige, en realidad, supone hacerlo de un doble crep&uacute;sculo: el de una autora en plena conciencia de su edad, y el de una tradici&oacute;n po&eacute;tica &ndash;la de su generaci&oacute;n&ndash; que ha perdido ya cualquier ilusi&oacute;n de novedad. Por eso se trata de un libro tard&iacute;o que muestra la lucidez sin ret&oacute;rica. El n&uacute;cleo del libro es reconocible: tiempo, p&eacute;rdida, memoria, cuerpo que envejece. Pero no estamos ante una repetici&oacute;n mec&aacute;nica de temas, sino ante su destilaci&oacute;n final. Los poemas giran en torno a la conciencia del paso del tiempo, a la desaparici&oacute;n (personas, mundos, certezas), a la persistencia de lo cotidiano como &uacute;ltimo asidero, y a la naturaleza, que para el yo po&eacute;tico ya no aparece como paisaje, sino como sistema en deterioro&hellip; Pero lo decisivo aqu&iacute; es el tono. Frente a la dureza casi quir&uacute;rgica de <em>Power Politics</em> o la tensi&oacute;n simb&oacute;lica de <em>You Are Happy</em>, <em>Sinceramente</em> adopta una voz m&aacute;s abierta, incluso conversacional, sin perder el filo. Atwood ya no necesita demostrar nada: observa, anota, deja caer la iron&iacute;a con una econom&iacute;a casi cl&aacute;sica. No hay pues en este libro influencias nuevas en sentido estricto. Lo que hay es una relectura de sus propios materiales: el mito (sirenas, figuras fant&aacute;sticas) reaparece, pero desactivado, casi dom&eacute;stico, la naturaleza ya no es hostil (como en <em>The Animals in That Country</em>), sino fr&aacute;gil, y el yo no es combativo, sino retrospectivo. De hecho si hubiera que situar una genealog&iacute;a de influencias de este libro, habr&iacute;a que mirar menos a influencias externas y m&aacute;s a una tradici&oacute;n de poes&iacute;a tard&iacute;a: <strong>W. B. Yeats </strong>en sus &uacute;ltimos libros, <strong>Elizabeth Bishop </strong>en su contenci&oacute;n, e incluso cierta sequedad meditativa cercana a <strong>Philip Larkin</strong>. Pero Atwood no imita: se reescribe.
    </p><p class="article-text">
        En suma <em>Sinceramente</em> no es su mejor libro, pero s&iacute; uno de los m&aacute;s reveladores, porque desplaza el eje de su poes&iacute;a, el cual ya no est&aacute; en el amor y el poder sino en la aceptaci&oacute;n, y ya no en la tensi&oacute;n simb&oacute;lica sino en la claridad l&iacute;rica cristalina y casi narrativa. Es, en ese sentido, un libro menos agresivo, pero m&aacute;s despojado. Y eso lo vuelve peligroso: ya no hay artificio donde refugiarse de la honestidad brutal.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo se&ntilde;alaremos que la versi&oacute;n que nos ofrece Raquel Lanseros es, en t&eacute;rminos generales, inteligente y funcional, pero plantea un problema interesante. Lanseros &ndash;gran poeta ella misma&ndash; tiende a suavizar ciertas aristas del ingl&eacute;s de Atwood y a introducir una leve musicalidad que no siempre est&aacute; en el original , y esto tiene dos ambivalentes efectos: que el libro gana fluidez en espa&ntilde;ol y se integra mejor en la tradici&oacute;n po&eacute;tica hisp&aacute;nica, y que se aten&uacute;a la sequedad caracter&iacute;stica de Atwood y hasta algunos poemas pierden ese tono casi <em>desnudo</em> que es clave en su estilo. Pero no es una mala traducci&oacute;n &ndash;al contrario, es s&oacute;lida y coherente&ndash;, aunque s&iacute; interpretativa: lee a Atwood desde una sensibilidad l&iacute;rica que no siempre coincide con la de la autora, pero que la enriquece.
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis diremos que <em>Sinceramente</em> no ampl&iacute;a el territorio de Margaret Atwood; lo reduce. Y en esa reducci&oacute;n est&aacute; su verdad. Por eso es un libro donde la autora deja de explorar para constatar. Donde la imaginaci&oacute;n ya no inventa mundos, sino que ilumina lo que queda de este. Y quiz&aacute; por eso mismo &ndash;por su falta de ambici&oacute;n aparente&ndash; resulta uno de los libros m&aacute;s honestos, y tambi&eacute;n, a su manera, uno de los m&aacute;s inquietantes, de la mejor escritora viva de nuestra &eacute;poca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/libro-poesia-sinceramente-de-margaret-atwood-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13163728.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 16:30:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Sinceramente', de Margaret Atwood]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Poesía,Internacional,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El guitarrista flamenco de la Calle de La Rúa]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/guitarrista-flamenco-calle-rua-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13149107.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16d8f5d7-2c6f-430e-91a3-0f3b5ae45cfa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El guitarrista flamenco de la Calle de La Rúa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta semana Luis Artigue hace soñar a sus lectores</p></div><p class="article-text">
        El amor es una forma de tocar. Por eso en Le&oacute;n en primavera los m&uacute;sicos callejeros brillan como pozos repletos de diamantes. Y uno de ellos ahora nos ha dejado de pronto rotos; nos ha partido el alma a borbotones, o, en la calle de la vida, nos ha dejado as&iacute;, mir&aacute;ndonos el llanto, mientras nos hac&iacute;a vibrar, so&ntilde;ar, volar&hellip; S&iacute;, la persegu&iacute; de noche por las callejas estrechas y laber&iacute;nticas del Barrio H&uacute;medo hechas todas para la delincuencia y el amor en la misma medida, y yo andando como un gato detr&aacute;s de Elena la gitanita hermosa de ojos de toro de lidia que siempre ha sabido re&iacute;rse como si nunca fuera lunes. Viva saber bailar&hellip; Me bebo tu vivir... Bajo la bella noche de carb&oacute;n ensangrentado de Le&oacute;n en verdad que te quiero turbia de besos, estrella, Elena: baila y escucha al guitarrista de dedos desorbitados de la Calle de La R&uacute;a, y comprueba que&nbsp;Paco de Luc&iacute;a, que fue quien nos ense&ntilde;&oacute; que el amor es una forma de tocar, es mentira que haya muerto pues existe la reencarnaci&oacute;n, y de hecho hace que todo vuelva en primavera&hellip; Eso, vuelve la primavera a Le&oacute;n a hacernos saber bajo este cielo de incre&iacute;ble belleza que tanto nosotros como nuestros bellos fantasmas estamos completamente vivos. Por ejemplo, el guitarrista flamenco de la Calle de La R&uacute;a, vestido de negro azabache y con la camisa blanca como Camar&oacute;n, tocando la guitarra ajada; tocando la guitarra ardiente y huidiza como una jaca grande de poema de Federico Garc&iacute;a Lorca, tocando igual que un Tomatito del norte que tratara de convertir Le&oacute;n en la ciudad de la adelfa blanca y las calles dormidas donde los hombres muerden las flores en pos de noches turbias de besos&hellip; Elena, te quiero&hellip; Viva vivir&hellip; Hay un poema de Lorca en la Calle de La R&uacute;a, y, aunque la gente pase sin mirarlo o recitarlo, yo lo bendigo ahora en este folio o poema de marinero de tierra adentro que ama los fen&oacute;menos costeros de esas zonas de tu cuerpo en las que rompe el mar. Calle de La R&uacute;a con charcos. Flamenca Elena de Troya: contemplad el rostro de la mujer que hizo zarpar mil barcos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/guitarrista-flamenco-calle-rua-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13149107.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 09:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Primavera,León ciudad,Poesía,Música,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['99 Noir Street: 99 películas de cine negro, criminal y judicial', de Gonzalo González Laiz]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/99-noir-street-99-peliculas-cine-negro-criminal-judicial-gonzalo-gonzalez-laiz-critica-de-libros-por-luis-artigue_1_13147651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/79beded9-18f1-43ba-8601-b936f91d9ccc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;99 Noir Street: 99 películas de cine negro, criminal y judicial&#039;, de Gonzalo González Laiz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue glosa en esa ocasión un libro de cine publicado por Eolas Ediciones. "Del mejor crítico de cine con el que que contamos hoy en León", asegura</p></div><p class="article-text">
        Hay libros que parecen escritos desde la emoci&oacute;n inmediata del cin&eacute;filo &ndash;ese impulso casi juvenil que consiste en recomendar con vehemencia aquello que se ama&ndash; y otros, menos frecuentes, que aspiran a ordenar ese entusiasmo bajo la disciplina de una mirada anal&iacute;tica. <a href="https://www.casadellibro.com/libro-99-noir-street/9791387753733/17934618" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>99, Noir Street: 99 pel&iacute;culas de cine negro, criminal o judicial</em></a><a href="https://www.casadellibro.com/libro-99-noir-street/9791387753733/17934618" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">,</a> publicado por Eolas Ediciones, pertenece sin duda a esta segunda estirpe.
    </p><p class="article-text">
        Conviene advertirlo desde el principio, porque el lector desprevenido podr&iacute;a esperar un mero cat&aacute;logo sentimental del cine negro y se encontrar&aacute;, en cambio, con un artefacto cr&iacute;tico unitario de apariencia ligera y estructura deliberadamente caprichosa, pero que en realidad es un todo como un rosario con cuentas. El propio autor, Gonzalo Gonz&aacute;lez Laiz, se permite calificar su propuesta como &ldquo;an&aacute;rquica, subjetiva y ca&oacute;tica&rdquo;, pero esa declaraci&oacute;n funciona m&aacute;s como coartada que como definici&oacute;n: bajo esa superficie de dispersi&oacute;n se percibe un s&oacute;lido armaz&oacute;n te&oacute;rico que recorre la evoluci&oacute;n del concepto <em>noir</em> desde sus or&iacute;genes hasta sus derivas contempor&aacute;neas.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, el mayor inter&eacute;s del volumen no reside tanto en la selecci&oacute;n &ndash;inevitablemente discutible, incluso provocadora, al reunir t&iacute;tulos heterog&eacute;neos&ndash; como en la voluntad de problematizar el propio t&eacute;rmino 'cine negro', definido como un concepto &ldquo;m&aacute;s acad&eacute;mico que &uacute;til&rdquo; . Esa tensi&oacute;n entre clasificaci&oacute;n y desbordamiento constituye el verdadero nervio del libro. Gonz&aacute;lez Laiz no pretende cerrar el canon, sino abrirlo hasta hacerlo casi irreconocible, incorporando obras que obligan al lector a reconsiderar sus certezas gen&eacute;ricas. No hay aqu&iacute; complacencia, sino una invitaci&oacute;n &ndash;a veces inc&oacute;moda&ndash; a pensar el cine desde sus m&aacute;rgenes.
    </p><p class="article-text">
        El estilo acompa&ntilde;a ese prop&oacute;sito. Se dir&iacute;a que el autor ha optado por una prosa de tono ensay&iacute;stico contenido, donde la erudici&oacute;n &ndash;evidente, pero nunca exhibicionista&ndash; se filtra en observaciones precisas, definiciones sint&eacute;ticas y asociaciones sugerentes. Hay, desde luego, pasi&oacute;n por el cine, pero una pasi&oacute;n filtrada, disciplinada por el an&aacute;lisis, que evita el entusiasmo f&aacute;cil y se instala en una zona m&aacute;s exigente: la de la reflexi&oacute;n. De ah&iacute; que los textos, aunque breves, posean una densidad conceptual que desmiente su apariencia de lectura &aacute;gil.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Ilustraciones de Nadia Gonz&aacute;lez Nistal</strong></h2><p class="article-text">
        A ese equilibrio contribuyen decisivamente las ilustraciones de Nadia Gonz&aacute;lez Nistal. Su trabajo, en un blanco y negro de acusado contraste, introduce una dimensi&oacute;n pl&aacute;stica que dialoga con el contenido sin subordinarse a &eacute;l. Hay en sus im&aacute;genes un curioso mestizaje: por un lado, un naturalismo atento al gesto y al rostro; por otro, una tendencia al 'cartelerismo' &ndash;figuras recortadas, composiciones de impacto&ndash; que remite a la tradici&oacute;n gr&aacute;fica del cine cl&aacute;sico; y, finalmente, un leve eco de la est&eacute;tica del c&oacute;mic, perceptible en la estilizaci&oacute;n de ciertos rasgos. El resultado no es meramente decorativo: las ilustraciones prolongan el discurso del libro, lo comentan y, en ocasiones, lo reinterpretan.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, <em>99, Noir Street</em> termina por configurarse como algo m&aacute;s que una simple antolog&iacute;a: es un ensayo fragmentario sobre los l&iacute;mites de un g&eacute;nero, un repertorio de miradas que invita tanto a revisitar pel&iacute;culas conocidas como a descubrir otras menos transitadas. Su aparente dispersi&oacute;n es, en realidad, la forma que adopta una idea rigurosa: que el cine negro no es un territorio cerrado, sino un espacio en permanente redefinici&oacute;n.
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            <span class="title">
                Composición de Portada y Contraportada de &#039;99 Noir Street&#039; de Gonzalo González Laiz con ilustraciones de Nadia González Nistal.                            </span>
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        Tal vez por eso el libro deja, al final, una impresi&oacute;n ambivalente &ndash;y fecunda&ndash;: la de haber recorrido un mapa incompleto, lleno de zonas en sombra, pero tambi&eacute;n la de haber aprendido a orientarse en &eacute;l con una mirada m&aacute;s cr&iacute;tica. Y eso, en tiempos de listas r&aacute;pidas y entusiasmos instant&aacute;neos, no es poco m&eacute;rito.
    </p><p class="article-text">
        Si se incorpora la figura de Gonzalo Gonz&aacute;lez Laiz al juicio sobre <em>99, Noir Street</em>, el libro adquiere una perspectiva m&aacute;s n&iacute;tida: deja de ser una rareza aislada para revelarse como una pieza coherente dentro de una trayectoria cr&iacute;tica marcada, desde sus or&iacute;genes, por una voluntad pedag&oacute;gica y un acusado sentido del an&aacute;lisis.
    </p><h2 class="article-text">El mejor cr&iacute;tico de cine leon&eacute;s</h2><p class="article-text">
        Porque Gonz&aacute;lez Laiz no procede &ndash;y esto resulta decisivo&ndash; del territorio del cr&iacute;tico brillante en lo expresivo, sino del profesor que convierte el comentario en m&eacute;todo. Su presencia continuada en la radio, en espacios como <a href="https://www.ondacero.es/emisoras/castilla-y-leon/leon/audios-podcast/mas-uno-leon-09092025_2025090968c0227abf88027389747b28.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>M&aacute;s de Uno Le&oacute;n</em></a> de Onda Cero, responde a esa misma l&oacute;gica: intervenir en la actualidad cinematogr&aacute;fica no tanto para dictar entusiasmos como para ordenar la mirada del oyente, situar cada estreno en una tradici&oacute;n y ofrecer claves de lectura que van m&aacute;s all&aacute; del juicio inmediato. No es casual que sus intervenciones se inserten en secciones de vocaci&oacute;n divulgativa, donde el comentario de cartelera se convierte en una forma de did&aacute;ctica cultural.
    </p><p class="article-text">
        Esa misma actitud se reconoce en su labor escrita. Como cr&iacute;tico del <em>Diario de Le&oacute;n</em>, su trabajo ha mantenido una regularidad poco frecuente, siempre en esa l&iacute;nea intermedia entre el an&aacute;lisis acad&eacute;mico y la claridad expositiva. No hay en &eacute;l voluntad de estilo &ndash;al menos no en el sentido ornamental&ndash;, sino una preferencia por la precisi&oacute;n conceptual y por la inteligibilidad, como si cada texto aspirara a ser comprendido antes que admirado.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s significativa a&uacute;n resulta su vinculaci&oacute;n con el entorno del <em>True Crime</em> y la cr&oacute;nica negra a trav&eacute;s de su colaboraci&oacute;n en <em>El Taqu&iacute;grafo</em>, vinculado al periodista Carlos Qu&iacute;lez. No es un dato menor: ese contacto con la narrativa de lo criminal &ndash;desde el periodismo&ndash; ilumina retrospectivamente su inter&eacute;s por el noir cinematogr&aacute;fico. All&iacute; donde otros cr&iacute;ticos se acercan al g&eacute;nero desde la mitolog&iacute;a cin&eacute;fila, Gonz&aacute;lez Laiz parece hacerlo tambi&eacute;n desde su sustrato realista, desde la materia social y delictiva que alimenta esas ficciones. Esa doble perspectiva &ndash;cinematogr&aacute;fica y period&iacute;stica&ndash; explica en buena medida el sesgo conceptual de 99, Noir Street, donde el g&eacute;nero aparece menos como estilo que como categor&iacute;a problem&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Su obra ensay&iacute;stica confirma esa misma orientaci&oacute;n. Las gu&iacute;as dedicadas a sagas o pel&iacute;culas concretas &ndash;<em>La guerra de las galaxias</em> o <em>James Bond contra Goldfinger</em>&ndash; no responden a un impulso meramente celebratorio, sino a un proyecto sistem&aacute;tico: ense&ntilde;ar a ver. En ellas, el an&aacute;lisis desciende al detalle estructural, al simbolismo, a las influencias culturales, con una voluntad claramente formativa que no reh&uacute;ye la erudici&oacute;n, pero la presenta bajo una forma accesible. Incluso en trabajos colectivos como Ian Fleming y James Bond. Conexi&oacute;n Espa&ntilde;a, se percibe esa inclinaci&oacute;n a contextualizar los fen&oacute;menos populares dentro de marcos hist&oacute;ricos, culturales y medi&aacute;ticos m&aacute;s amplios.
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                Héctor Escobar (Eolas) y Gonzalo González Laiz durante la presentación de &#039;99 Noir Street&#039;.                            </span>
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        Desde esta perspectiva, <em>99, Noir Street</em> no supone una ruptura, sino una expansi&oacute;n. Si en sus gu&iacute;as anteriores el objeto de estudio era acotado &ndash;una pel&iacute;cula, una saga&ndash;, aqu&iacute; el campo se abre hasta rozar la dispersi&oacute;n. Pero el m&eacute;todo permanece: clasificar, relacionar, discutir categor&iacute;as. Lo que cambia es, quiz&aacute;, el grado de libertad en la selecci&oacute;n y en el enfoque, que permite al autor explorar zonas menos can&oacute;nicas sin renunciar a ese rigor que constituye su principal se&ntilde;a de identidad.
    </p><p class="article-text">
        Dir&iacute;ase, en suma, que Gonz&aacute;lez Laiz pertenece a una estirpe de cr&iacute;ticos hoy poco frecuente: la de aquellos que entienden la cr&iacute;tica no como un ejercicio de brillantez subjetiva, sino como una forma de conocimiento. Y es precisamente esa fidelidad a un ideal anal&iacute;tico &ndash;a veces en detrimento de la vivacidad expresiva&ndash; la que confiere a su libro un valor singular. No seduce de inmediato, pero permanece; no deslumbra, pero ense&ntilde;a. Y acaso ah&iacute; resida su mayor virtud.
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;">Puedes comprar '99 Noir Street' en tu librer&iacute;a de cabecera o por internet </span><a href="https://eolasediciones.es/libro/99-noir-street-99-peliculas-de-cine-negro-criminal-o-judicial/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;">pinchando aqu&iacute;</span></a></h2>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/99-noir-street-99-peliculas-cine-negro-criminal-judicial-gonzalo-gonzalez-laiz-critica-de-libros-por-luis-artigue_1_13147651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 16:30:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['99 Noir Street: 99 películas de cine negro, criminal y judicial', de Gonzalo González Laiz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Cine,La Biblioteca del Reino,León,España]]></media:keywords>
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