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    <title><![CDATA[iLeón - Luis Artigue]]></title>
    <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/autores/luis-artigue/]]></link>
    <description><![CDATA[iLeón - Luis Artigue]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['El ojo inscrito', de Lola Llatas]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/libro-el-ojo-inscrito-de-lola-llatas-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13525850.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/90b5222f-98bf-49b6-add4-241f10f9a0f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1482y374.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El ojo inscrito&#039;, de Lola Llatas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Numak Ediciones publica a una de las voces españolas importantes de las que cultivan hoy el terror y la fantasía oscura a la que esta última obra emparenta con la tradición del horror sobrenatural juvenil en una línea que puede recordar, salvando las distancias, a Stephen King, y en el cine a Darío Argento</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Lola_Llatas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Lola Llatas</strong></a> (Valencia, 1976), prestigiosa ingeniera de Caminos a la par que escritora, ha convertido su experiencia profesional de una vida errante por escenarios tan extremos como la India, Australia o Arabia en una literatura donde lo cotidiano y lo inquietante mantienen una relaci&oacute;n de permanente sospecha. 
    </p><p class="article-text">
        Su trayectoria abarca <a href="https://www.lolallatas.com/libros" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">literatura infantil</a>, juvenil y adulta, y de hecho entre sus primeras obras est&aacute;n <em>Los misterios de Sara</em>,<em> Min y el cazador de estrellas </em>y <em>Los intrusos</em>; y en <a href="https://www.lolallatas.com/libros-juvenil-y-adulto" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">narrativa adulta</a> public&oacute; en su d&iacute;a <a href="https://www.amazon.es/Bosque-Lola-Llatas-ebook/dp/B098KK5MK4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Bosque</em></a><a href="https://www.amazon.es/Bosque-Lola-Llatas-ebook/dp/B098KK5MK4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>(Obscura, 2021), que supuso su entrada en el terror y la fantas&iacute;a oscura, <em>y </em><a href="https://obscura.es/products/el-lugar-invisible" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El lugar invisible</em></a> (Obscura, 2023), con el que obtuvo el Premio Ignotus 2024 a Mejor Novela y el Premio Druida del Festival Terramur. Por todo eso Lola Llatas se ha consolidado como una de las voces espa&ntilde;olas importantes de las que cultivan hoy el terror y la fantas&iacute;a oscura, especialmente desde <em>Bosque</em> y <em>El lugar invisible</em>. Y, entre su producci&oacute;n narrativa, su novela <em>El ojo inscrito</em> la emparenta con la tradici&oacute;n del terror rural y sobrenatural en una l&iacute;nea que puede recordar, salvando las distancias, a <strong>Stephen King</strong>, <strong>Shirley Jackson</strong> o <strong>Mariana Enriquez</strong>, pero tambi&eacute;n al imaginario del horror cinematogr&aacute;fico de <strong>Dario Argento,Sam Raimi</strong> o <strong>Ari Aster</strong>&hellip;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, comencemos diciendo que hay novelas de terror que buscan ante todo producir un sobresalto y otras que aspiran a algo m&aacute;s dif&iacute;cil: instalar en el lector una inquietud que persista cuando el libro ya se ha cerrado. <a href="//www.casadellibro.com/libro-el-ojo-inscrito/9788412958423/17730120" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El ojo inscrito</em></a><em>,</em> de Lola Llatas, pertenece a esta segunda clase. Su procedimiento no consiste tanto en exhibir lo monstruoso como en introducirlo gradualmente en un espacio reconocible, cotidiano, hasta conseguir que aquello que parec&iacute;a imposible termine adquiriendo una inquietante apariencia de normalidad.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un muerto en una acequia y un s&iacute;mbolo misterioso</strong></h2><p class="article-text">
        La historia parte de un hecho aparentemente concreto: Pascu aparece muerto en una acequia y su sobrino Marcelo se resiste a aceptar que se trate de un accidente. Desde ese momento, la investigaci&oacute;n personal del muchacho se convierte en el hilo conductor de una trama en la que las pesadillas, las visiones y la aparici&oacute;n de un extra&ntilde;o s&iacute;mbolo &ndash;el ojo inscrito&ndash; van modificando progresivamente la percepci&oacute;n que Marcelo tiene de su propio entorno. El hallazgo del s&iacute;mbolo funciona as&iacute; como una frontera narrativa: al otro lado comienza un mundo en el que las explicaciones racionales dejan de resultar suficientes.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los aciertos de Llatas consiste precisamente en no precipitar esa transformaci&oacute;n. El terror se introduce mediante una acumulaci&oacute;n de indicios. Antes de que aparezca la amenaza sobrenatural, existe la sospecha; antes que la certeza, la anomal&iacute;a. El lector sabe que algo no encaja, aunque todav&iacute;a desconoce qu&eacute; es exactamente lo que debe temer. Esa demora constituye uno de los mecanismos m&aacute;s eficaces de la novela, porque permite que la imaginaci&oacute;n complete aquello que el relato todav&iacute;a no muestra.
    </p><p class="article-text">
        El escenario rural desempe&ntilde;a, en este sentido, una funci&oacute;n decisiva. No se trata simplemente de utilizar un pueblo como decorado pintoresco para una historia fant&aacute;stica. El espacio termina convirti&eacute;ndose en una estructura cerrada, casi asfixiante, donde los v&iacute;nculos entre los habitantes, los secretos y la dificultad para distinguir entre apariencia y realidad favorecen la propagaci&oacute;n de la amenaza. Lo cotidiano deja de ser una garant&iacute;a de seguridad y se convierte precisamente en aquello que resulta sospechoso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Distintos registros, hasta zombis</strong>
    </p><p class="article-text">
        La novela combina adem&aacute;s distintos registros gen&eacute;ricos: misterio, aventura juvenil, terror sobrenatural y elementos pr&oacute;ximos al relato de zombis y a las historias de sectas. La propia autora ha se&ntilde;alado que en <em>El ojo inscrito</em> confluyen precisamente zombis, sectas y experimentos m&eacute;dicos, dentro de una historia concebida como una aventura de terror. Esta mezcla podr&iacute;a haber conducido f&aacute;cilmente a una acumulaci&oacute;n arbitraria de motivos, pero Llatas consigue utilizarlos alrededor de una preocupaci&oacute;n central: la tentaci&oacute;n humana de vencer los l&iacute;mites que impone la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Y es ah&iacute; donde la novela adquiere una dimensi&oacute;n que rebasa el mecanismo de suspense. El verdadero asunto no es &uacute;nicamente qu&eacute; ha sucedido con Pascu ni qu&eacute; significa el s&iacute;mbolo que encuentra Marcelo. Bajo la trama fant&aacute;stica aparece una pregunta mucho m&aacute;s antigua: qu&eacute; estar&iacute;a dispuesto a hacer el ser humano para escapar de aquello que considera definitivo. La b&uacute;squeda de una forma de permanencia, de una supervivencia que desaf&iacute;e las leyes naturales, abre inevitablemente la puerta a la corrupci&oacute;n de aquello mismo que se pretend&iacute;a conservar.
    </p><p class="article-text">
        Marcelo cumple adecuadamente la funci&oacute;n de mediador entre el lector y ese universo. Su condici&oacute;n adolescente permite que la novela mantenga una mirada de descubrimiento y que el misterio conserve su capacidad de fascinaci&oacute;n. Pero el personaje no se limita a contemplar los acontecimientos: la muerte de su t&iacute;o convierte la investigaci&oacute;n en una necesidad afectiva. Quiere saber porque necesita comprender, y necesita comprender porque no acepta la explicaci&oacute;n que los dem&aacute;s parecen dispuestos a dar por buena.
    </p><p class="article-text">
        Esta oposici&oacute;n entre quien pregunta y quienes prefieren olvidar sostiene buena parte de la tensi&oacute;n narrativa. Frente a Marcelo se levanta, de manera m&aacute;s o menos expl&iacute;cita, una comunidad que parece haber aprendido a convivir con determinadas anomal&iacute;as. Y quiz&aacute; sea &eacute;sta una de las ideas m&aacute;s perturbadoras del libro: el mal no necesita presentarse siempre con una apariencia monstruosa. Puede integrarse en las costumbres, en los silencios y en la voluntad colectiva de no mirar demasiado.
    </p><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo adquiere entonces un valor especialmente significativo. Un ojo inscrito es, antes que un simple emblema fant&aacute;stico, una imagen de la mirada. Ver significa aqu&iacute; exponerse al conocimiento, y conocer puede resultar peligroso. El s&iacute;mbolo no abre solamente una puerta hacia lo sobrenatural: obliga a mirar aquello que los dem&aacute;s preferir&iacute;an mantener oculto.
    </p><p class="article-text">
        La reedici&oacute;n de 2025 por Numak Ediciones subraya, adem&aacute;s, la voluntad de recuperar la novela desde una perspectiva m&aacute;s adulta y oscura. La editorial se&ntilde;ala expresamente que se trata de una nueva edici&oacute;n de la obra publicada originalmente en 2019, revisada para darle &ldquo;una nueva vida y un nuevo enfoque m&aacute;s adulto y oscuro&rdquo;. No es, por tanto, un lanzamiento completamente nuevo, sino la recuperaci&oacute;n de una obra que ahora encuentra un marco editorial acorde con la vertiente de terror que caracteriza la trayectoria de Llatas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;D&oacute;nde est&aacute; la oscuridad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En <em>El ojo inscrito,</em> el miedo no procede exclusivamente de aquello que acecha en la oscuridad. Procede tambi&eacute;n de la posibilidad de que la oscuridad est&eacute; ya dentro de nosotros y de que, para descubrirla, baste con mirar demasiado atentamente.
    </p><p class="article-text">
        Llatas construye as&iacute; una novela de lectura &aacute;gil, apoyada en el misterio y en la progresiva revelaci&oacute;n de sus secretos, pero cuya eficacia depende de algo m&aacute;s elemental: la capacidad de convertir un espacio familiar en un lugar amenazador. Y cuando una novela consigue que el lector empiece a desconfiar de aquello que hasta entonces consideraba normal, el terror ha cumplido su cometido m&aacute;s profundo.
    </p><p class="article-text">
        Porque quiz&aacute; el verdadero peligro de ese ojo no sea que nos observe. Quiz&aacute; sea que, una vez que hemos aprendido a mirar a trav&eacute;s de &eacute;l, ya no podamos dejar de ver.
    </p><p class="article-text">
        Para terminar situando la obra desde el punto de vista de la teor&iacute;a de la literatura fant&aacute;stica hemos de se&ntilde;alar que el llamado <em>folk horror</em>, uno de los subg&eacute;neros del terror, sit&uacute;a el horror en comunidades rurales y en sus tradiciones, mitos, rituales y creencias ancestrales. Pero el agrohorror, en cambio, desplaza el foco hacia la propia realidad rural contempor&aacute;nea, sus espacios, conflictos y formas de vida como fuente de inquietud.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, <em>El ojo inscrito</em> se incardina mejor en el agrohorror, seg&uacute;n la terminolog&iacute;a de <strong>David Roas, Ra&uacute;l Molina Gil </strong>y<strong> Ana Mart&iacute;nez Castillo</strong>: no utiliza el campo como mero dep&oacute;sito de folklore, sino que convierte el mundo rural reconocible y cotidiano en el &aacute;mbito donde irrumpe y se desarrolla lo monstruoso&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Pasen y lean. Si se atreven.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/libro-el-ojo-inscrito-de-lola-llatas-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13525850.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Sep 2026 16:30:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Campo,Literatura,Jóvenes,España,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Anatomía de un caballo, de Amancio González]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/anatomia-caballo-amancio-gonzalez-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13504389.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5cb293c5-bc1b-4462-8be5-af71250e023f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Anatomía de un caballo, de Amancio González"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En arte uno hace lo que hace pero de pronto un día cambia, hace otra cosa, porque no lo hace él sino que alguien lo hace a través de él lo sepa uno o no… ¡Es entonces cuando la obra del artista, a menudo sin él saberlo, da un giro no calculado e inmarchitable!</p></div><p class="article-text">
        El punto de giro espiritual en la obra reciente del escultor Amancio Gonz&aacute;lez vino con la pieza sobre la pandemia del COVID que hizo para la glorieta del Hospital de Le&oacute;n, y en la cual nuestro escultor abandon&oacute; lo materialista, materico y antropomorfo para hablarnos emocionadamente y as&iacute;, mediante el prodigioso idioma del arte, de los que se superan, los que se elevan: en ese caso todos los sanitarios que volaron, por nosotros, por encima de su sueldo y de si mismos con el objetivo de salvar a su modo el mundo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Y es que en efecto hay un determinado momento en el que el artista siente el peso de la est&eacute;tica, siente la vuelta al origen, ese momento epist&eacute;mico en que te das cuenta de que existe algo por encima de nosotros que nos supera. Los idealistas neoplat&oacute;nicos dicen que es la evidencia repentina del mundo de las ideas (en Plat&oacute;n nace no solo las religiones trascendentes sino tambi&eacute;n la est&eacute;tica en su rama de arte trascendente). Los espiritualistas por su parte desdicen a los idealistas y se&ntilde;alan que lo que le pasa al artista en ese punto es que roza lo divino&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sea como sea, en cualquier caso el arte, adem&aacute;s de camino interior continuo, es una cuesta en ascensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y el escultor Amancio Gonz&aacute;lez en este sentido se ha dado cuenta de que lleva toda una vida dedicado a la forma, lo antropomorfo (vean como ejemplo El Gigante de Santo Domingo conocido por 'La Negrilla', que viene a ser esa renatom&iacute;a de lativizaci&oacute;n de la grandeza humana que tambi&eacute;n hizo Jonathan Swift en <a href="https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/viajes-de-gulliver--0/html/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los viajes de Gulliver</em></a><em> </em>cuando el protagonista llega a la isla de los gigantes), la figura humana redimensionada, otro volumen, otra textura y en com&uacute;n el alma... la escultura antropom&oacute;rfica de Amancio Gonz&aacute;lez ha sido hasta ahora estudio de del hombre; el conocimiento de uno mismo, y, a trav&eacute;s de uno mismo y de la forma del cuerpo, v&iacute;a de acceso al todo,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero de repente en el escultor Amancio Gonz&aacute;lez se han desatado est&eacute;ticamente los caminos de elevaci&oacute;n espiritual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso en esta nueva exposici&oacute;n reci&eacute;n inaugurada en <a href="https://armaga.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Galer&iacute;a &Aacute;rmaga</a> y titulada <em>Anatom&iacute;a de un caballo </em>ha utilizado el s&iacute;mbolo del caballo para elevarse de lo antropomorfo, elevarse est&eacute;tica y espiritualmente, como lo har&iacute;a un caballo que tiene algo de &aacute;ngel (eso en el fondo es el artista verdadero). Esa anatom&iacute;a del caballo creemos pujes que es la anatom&iacute;a de lo est&eacute;tico, el viaje desde la materia hacia lo espiritual y ese viaje que se hace por elevaci&oacute;n, como as&iacute; nos ense&ntilde;aron los m&iacute;sticos tales como Ramon Llull en el <a href="https://bipadi.ub.edu/digital/collection/p21046coll2/id/4525" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Libro del ascenso y descenso del entendimiento</em></a> o Ibn&nbsp;Arab&iacute; en <a href="https://archive.org/details/ibn-arabi.-las-iluminaciones-de-la-meca-ocr-2005" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Iluminaciones de la Meca</em></a><em>, </em>dos de los libros favoritos del gran espiritualista, gran artista y maestro de artistas Alejandro Vargas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, nos atrevemos a huir en esta ocasi&oacute;n de la cr&iacute;tica de arte y a situar en el v&eacute;rtice de esclarecimiento escrito de esta exposici&oacute;n la muerte reciente de nuestro maestro inolvidable Alejandro Vargas pues todos queremos analizar el caballo, y entenderlo, y hermanarnos con &eacute;l hasta domarlo y montarlo y que nos lleve arriba, nos eleve y nos conduzca al cielo donde est&aacute;n los nuestros convertidos en estrellas que en lo oscuro nos dan la luz mejor.
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                    alt="El monumento a la lucha contra el coronavirus de Amancio en el Hospital de León."
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            <span class="title">
                El monumento a la lucha contra el coronavirus de Amancio en el Hospital de León.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        No tengo duda de que &eacute;sta es la exposici&oacute;n m&aacute;s m&iacute;stica de todas aquellas que ha realizado Amancio Gonz&aacute;lez. De hecho se ve tambi&eacute;n esto en los materiales, en c&oacute;mo ha querido solidificar lo espiritual, hacer lo que s&oacute;lo un escultor puede hacer, que lo espiritual sea de pronto s&oacute;lido: por eso utiliza con tanta pericia ahora los bronces para caminar entre lo figurativo, cuando trata el tema del caballo, y lo geom&eacute;trico con los cuadrados y cibos que bien parecen un homenaje a escultores abstractos de nuestro siglo XX como Chillida, Ibarrola y Oteiza. Pero en esta exposici&oacute;n tambi&eacute;n hay un trabajo de reelaboraci&oacute;n art&iacute;stica del duelo y lo aprendido y lo rezado para que lo espiritual no sea s&oacute;lo religioso, no sea s&oacute;lo est&eacute;tico, sino que sea tambi&eacute;n heterodoxo o, en su caso, cosmol&oacute;gico, casi con algo de hor&oacute;scopo. De hecho tambi&eacute;n aqu&iacute; hay simbolog&iacute;a c&oacute;smica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En suma tenemos que decir que esta exposici&oacute;n es el momento de madurez plena donde el caballo parece que vuela, acaso, porque no hay nada m&aacute;s dif&iacute;cil que eso. Si Vel&aacute;zquez fue capaz de revolucionar la pintura pintando la luz, el gran escultor que es Amancio Gonz&aacute;lez est&aacute; tratando de hacer ese mismo prodigio casi alqu&iacute;mico, el de esculpir el vuelo y esculpir el aire.
    </p><p class="article-text">
        La forma que parece aqu&iacute; a veces que no se sostiene en nada, pero es porque se sostiene en lo divino. Las manos invisibles de Dios sujetan la materia y a nosotros cuando nos quedamos solos, ya sin nuestros maestros y nuestros padres, navegando por nuestros propios medios por el mar de la vida como una nave al pairo... 
    </p><p class="article-text">
        Esa es la clave para entender la &uacute;ltima exposici&oacute;n de Amancio Gonz&aacute;lez.
    </p><p class="article-text">
        La pieza m&aacute;s importante de esta exposici&oacute;n es por eso precisamente <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Pegaso" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pegasus</a>, porque es donde se funden las dos tradiciones de las que estamos hablando, el idealismo griego cargado de simbolog&iacute;a y el espiritualismo cristiano: todo en la figura de un caballo que en realidad es un &aacute;ngel. Y todo para decirnos, para hacernos ver, que se puede hacer escultura y que esta escultura no sea, como ha sido en la obra de Amancio Gonz&aacute;lez hasta ahora, un prodigio de lo mat&eacute;rico antropom&oacute;rfico, la escultura convertida en la canci&oacute;n de las cosas, sino una escultura que es algo que art&iacute;tica y espiritualmente est&aacute; m&aacute;s all&aacute;, que es el m&aacute;s all&aacute; de la materia, la forma informe, lo ang&eacute;lico, o, como dec&iacute;a San Juan Evangelista, la palabra hecha carne.
    </p><p class="article-text">
        Amancio Gonz&aacute;lez, domador de tempestades y de bestias, nos invita a subirnos al caballo, a elevarnos, y, por ende, a estar m&aacute;s cerca del cielo&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Esa es la raz&oacute;n por la que existe el verdadero arte! &iexcl;Por eso lo amamos tanto! &iexcl;Gracias!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/anatomia-caballo-amancio-gonzalez-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13504389.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Sep 2026 09:30:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Anatomía de un caballo, de Amancio González]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Exposiciones,Arte Contemporáneo,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vaya cuánto tiene que aprender el pendón de San Isidoro de Moncloa de José Antonio Diez]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/cuanto-tiene-que-aprender-el-pendon-de-san-isidoro-de-moncloa-de-jose-antonio-diez-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13488703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d53aa1fa-7333-4d46-8c87-1d995626de4f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x613y396.jpg" width="1200" height="675" alt="Vaya cuánto tiene que aprender el pendón de San Isidoro de Moncloa de José Antonio Diez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">José Antonio Diez, alcalde, versus el Pendón de San Isidoro de Moncloa, más que una guerra civil palaciega, parece un tebeo… Sí, hay políticos que tienen despacho. Y hay políticos que tienen jefe</p></div><p class="article-text">
        Viene esto a cuento de que Jos&eacute; Antonio Diez, alcalde, decidi&oacute; ir a la concentraci&oacute;n en defensa de Ceuta, de los ceut&iacute;es, de la ley y de la integridad territorial de Espa&ntilde;a. Parece poca cosa, tan solo un gesto, pero, en estos tiempos de obediencia con auricular, argumentario fotocopiado y disciplina de hormiguero, empieza a parecer una haza&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; palabra tan antigua, el verbo ir, la va a pronunciar y poner en pr&aacute;ctica porque lo suyo no es un socialismo de joyero sino uno de periferia y pueblo llano, digno y legal. Ir donde uno cree que debe estar. Sin consultar el mapa de la cartograf&iacute;a de intereses y sofismas de Ferraz. Sin esperar el permiso de Moncloa. Ir porque Ceuta es Espa&ntilde;a y porque hay asuntos que no deber&iacute;an caber en la peque&ntilde;a mercer&iacute;a de las siglas. Ol&eacute; tus huevos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, El Pend&oacute;n de San Isidoro de Moncloa, &eacute;se al que venir a Le&oacute;n &Aacute;balos y  Koldo no le increpaban ni amenazaban, difunde doctrina. En efecto el Pend&oacute;n de San Isidoro de Moncloa es un hombre aplicado. Recibe el argumentario, lo lee, lo subraya y lo entrega. Ahora toca hablar de serenidad, cooperaci&oacute;n, responsabilidad. La pol&iacute;tica ha perfeccionado el eufemismo: ya no se dice obedecer, sino coordinarse; ya no se dice callar, sino ser prudente; ya no se dice mentir sino cambiar de opini&oacute;n; ya no se dice invasi&oacute;n sino percance migratorio... 
    </p><p class="article-text">
        Baltasar Graci&aacute;n habr&iacute;a disfrutado de estos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Diez, en cambio, ha hecho algo mucho m&aacute;s antiguo: ejercer de verdad de alcalde. Y un alcalde no es un delegado provincial de Madrid ni de Valladolid. Es el hombre que representa a su ciudad. A Le&oacute;n. Una ciudad que, por cierto, tiene la vieja costumbre de preferir que sus pol&iacute;ticos sean antes leales a su palabra que cualquier otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Los partidos pasan. Los secretarios provinciales pasan. Los ministros pasan. Hasta los presidentes pasan, aunque alguno haya desarrollado una cierta vocaci&oacute;n de eternidad&hellip;. Pero Ceuta queda. Y Le&oacute;n queda. Espa&ntilde;a queda, co&ntilde;o&hellip; Ah&iacute; est&aacute; la diferencia entre la pol&iacute;tica y el poder: la primera deber&iacute;a servir a lo que permanece; el segundo suele servir a quien manda.
    </p><p class="article-text">
        Por eso cu&aacute;nto tiene que aprender El Pend&oacute;n de San Isidoro de Moncloa de Jos&eacute; Antonio Diez. No de socialismo. Ni siquiera de patriotismo. M&aacute;s bien de esa rara dignidad que consiste en tener un cargo y no convertirse en propiedad de  quien puede renovarte el cargo. En recordar que el partido tiene sus jefes, pero la representaci&oacute;n tiene otro: el ciudadano.
    </p><p class="article-text">
        Los lacayos, en cambio, nunca est&aacute;n solos. Tienen grupo de WhatsApp, eso s&iacute;. Tienen argumentario. Tienen llamada. Y tienen siempre a alguien que les indica d&oacute;nde ponerse para la fotograf&iacute;a de prensa.
    </p><p class="article-text">
        Diez, esta vez, ha elegido otra cosa. Ha elegido estar donde hay que estar: con la mejor Espa&ntilde;a que, para los socialistas de verdad, es la de abajo, llana, trabajadora, legal, digna y en pie.
    </p><p class="article-text">
        Son dos palabras que deber&iacute;an ser triviales y que hoy suenan casi revolucionarias: yo voy. Esas palabras recuerdan muy mucho lo que escribi&oacute; la mejor pensadora que ha tenido Espa&ntilde;a, Mar&iacute;z Zambrano, en <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/bibliotecas-de-autor/hacia-un-saber-sobre-el-alma-maria-zambrano-9788491813897/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Hacia un saber sobre el alma</em></a><em>: </em>la fundaci&oacute;n del Partido Socialista Obrero Espa&ntilde;ol por Pablo Iglesias supuso dotar de dignidad y disciplina a la ideolog&iacute;a&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        En efecto primero est&aacute; la dignidad, y luego la disciplina&hellip; Jos&eacute; Antonio Diez demuestra que lo sabe&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        El Pend&oacute;n de San Isidoro lo ignora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/cuanto-tiene-que-aprender-el-pendon-de-san-isidoro-de-moncloa-de-jose-antonio-diez-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13488703.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Sep 2026 09:30:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vaya cuánto tiene que aprender el pendón de San Isidoro de Moncloa de José Antonio Diez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sociología,España,José Antonio Diez,Ayuntamiento de León,PSOE]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La iglesia de San Marcelo]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/iglesia-san-marcelo-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13488054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d902bcfc-a043-4589-b897-a66b58907c7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La iglesia de San Marcelo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahora que regresa del verano y del turismo Luis Artigue en su último artículo propone aprender a quedarse</p></div><p class="article-text">
        Escribi&oacute; <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Pem&aacute;n</strong> que el verano es una aver&iacute;a del invierno, y yo estoy convencido de que es verdad, que el electr&oacute;dom&eacute;stico que funciona es el invierno: por eso a m&iacute; el verano que me gusta es el de Le&oacute;n, con mis escapadas a las fiestas de pueblo y a Asturias, y mis peri&oacute;dicos adelgazados de p&aacute;ginas y mis novelas-tocho. En verano, que es el tiempo en que est&aacute; de moda no viajar sino turistear, es un momento del a&ntilde;o en el que acostumbro a aprender a quedarme&hellip; &iexcl;Por eso <strong>San Marcelo</strong>!
    </p><p class="article-text">
        San Marcelo es el patr&oacute;n de Le&oacute;n, pero, desde que las fiestas de la ciudad son en San Juan como conmemorando el solsticio, esto ya no lo sabe casi nadie. Uno pregunta por San Marcelo y le miran como si hubiese preguntado por un t&iacute;o abuelo que emigr&oacute; a Am&eacute;rica. Patr&oacute;n de Le&oacute;n, s&iacute;, se&ntilde;or. Pero Le&oacute;n tiene hoy otros patronos: el turismo, las terrazas, las obras de la Calle Ancha que duran m&aacute;s que un traje de pana, el tapeo epic&uacute;reo y democr&aacute;tico, el AVE y esa voluntad administrativa de convertir cualquier memoria en una placa.
    </p><p class="article-text">
        San Marcelo, mientras tanto, sigue ah&iacute;. Uno pasa por delante y ve la iglesia, que es una de esas cosas que est&aacute;n tan acostumbradas a estar con humildad, que hemos dejado de verlas. Como las farolas. Como nuestras madres. Como el idioma&hellip; Porque tampoco nos acordamos del lat&iacute;n&hellip; Y ah&iacute; San Marcelo empieza a decirnos algo importante.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Iglesia de San Marcelo en los años 60.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Como me ense&ntilde;&oacute; siendo un muchacho mi insigne catedr&aacute;tico de lat&iacute;n coloquial don <strong>&Oacute;scar Ramos Ribera</strong>, Le&oacute;n no viene del selv&aacute;tico le&oacute;n. Esto convendr&iacute;a recordarlo alguna vez, sobre todo cuando paseamos con tanto orgullo ese animal rampante que parece haber fundado la ciudad personalmente a tenor de las esculturas urbanas de los puentes y las alcantarillas abiertas de la que sale el rey Le&oacute;n. <a href="https://ileon.eldiario.es/sociedad-y-vida/descubre-origen-nombre-ciudad-leon_1_10288422.htmlhttps://ileon.eldiario.es/sociedad-y-vida/descubre-origen-nombre-ciudad-leon_1_10288422.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Le&oacute;n viene de Legio</a>. De la legi&oacute;n. De Roma. De aquellos soldados que plantaron aqu&iacute; sus piedras, sus tiendas, sus armas y, sobre todo, sus palabras.
    </p><p class="article-text">
        Antes del le&oacute;n rey de la selva estuvo la legi&oacute;n. Y antes de que Le&oacute;n fuese Le&oacute;n, fue una palabra latina. San Marcelo es, de alg&uacute;n modo, uno de los &uacute;ltimos romanos de la ciudad. No porque ande por ah&iacute; con sandalias y coraza, que ser&iacute;a inc&oacute;modo, sino porque en su iglesia todav&iacute;a queda esa memoria profunda de un mundo que nosotros hemos aprendido a llamar antiguo para no tener que llamarlo nuestro.
    </p><p class="article-text">
        Entrar en San Marcelo es entrar en una palabra que lleva dos mil a&ntilde;os pronunci&aacute;ndose y por eso sabe a pan compartido.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un retablo barroco y el cristo de Gregorio Fern&aacute;ndez</strong></h2><p class="article-text">
        Dentro est&aacute; el retablo barroco, que es como una familia venida de muy lejos y vestida para una ceremonia interminable. <strong>San Marcelo y Santa Nonia</strong> est&aacute;n all&iacute; con todos sus hijos. Todos juntos. Una familia numerosa de santos, m&aacute;rtires y criaturas del cielo, como si fueran a salir de viaje y supieran que el viaje ser&aacute; largo y lento como un bolero&hellip; Qu&eacute; cosas hac&iacute;a antes la familia. Ten&iacute;a hijos. Ten&iacute;a muertos. Ten&iacute;a santos. Y ten&iacute;a una misi&oacute;n&hellip; Ahora tenemos los grupos de Whatsapp.
    </p><p class="article-text">
        Pero uno mira ese retablo y comprende que aquella gente se tomaba en serio lo de la familia. San Marcelo, Santa Nonia y sus hijos parecen una peque&ntilde;a compa&ntilde;&iacute;a de infanter&iacute;a celestial. Una familia en misi&oacute;n. Todos mirando hacia alguna parte que nosotros ya no sabemos se&ntilde;alar; hacia alguna parte que nos constituye invisible e indefectiblemente.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; el Cristo de <strong>Gregorio Fern&aacute;ndez</strong>. Ese Cristo no viene a decorar nada. Ese Cristo viene de la muerte. P&aacute;lido, exhausto, ensangrentado, con esa crudeza que hoy llamar&iacute;amos gore porque hemos inventado palabras nuevas para cosas viej&iacute;simas. Gregorio Fern&aacute;ndez sab&iacute;a que para hablar del cielo hab&iacute;a que empezar por la carne, y no hizo un Cristo bonito sino un Cristo sufriente que da lo m&aacute;s grande que se tiene, la vida, para que tenga sentido la vida. El barroco espa&ntilde;ol no ten&iacute;a miedo a la sangre. Nosotros s&iacute;. Nosotros preferimos que todo parezca limpio, nuevo y sin usar, incluso la muerte. 
    </p><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute; lo m&aacute;s hermoso de San Marcelo no est&eacute; en el retablo ni en el Cristo, sino entre una cosa y otra: en el silencio (<em>silentium encarnatum</em> dec&iacute;a uno de los grandes nombres de la patr&iacute;stica, <strong>M&aacute;ximo el Confesor</strong>). Porque el silencio de San Marcelo no est&aacute; vac&iacute;o. Est&aacute; poblado. Hay de hecho silencios que son simplemente ausencia de ruido. Pero luego est&aacute; este. Este tiene moradas como el castillo interior de <strong>Santa Teresa de Jes&uacute;s</strong>. Tiene romanos. Tiene soldados. Tiene madres. Tiene viudas. Tiene ni&ntilde;os. Tiene muertos que laten como corazones. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Cristo de los Balderas en San Marcelo de León, talla de Gregorio Fernández.                            </span>
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        Los forasteros lo entienden mejor que nosotros. Entra un extranjero, mira hacia arriba, contempla el retablo, se queda un momento quieto y comprende que aqu&iacute; hay algo. El leon&eacute;s, en cambio, pasa deprisa porque tiene una cita, porque llueve, porque va a comprar tabaco o porque ha quedado en <strong>Ordo&ntilde;o</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Lo he comprobado: <strong>el forastero viene a Le&oacute;n a mirar. El leon&eacute;s viene a llegar.</strong> Quiz&aacute; por eso deber&iacute;amos entrar alguna vez en San Marcelo como extranjeros. Sin saber. Sin prejuicios. Sin esa terrible familiaridad que nos hace ciegos a lo que tenemos delante. Y mirar el retablo. Mirar a la familia de San Marcelo. Al Cristo p&aacute;lido de Gregorio Fern&aacute;ndez. Y despu&eacute;s quedarse callado como se callan las monta&ntilde;as o los veleros. A lo mejor entonces escuchamos algo&hellip; No s&eacute; si ser&aacute; Dios. No s&eacute; si ser&aacute; Roma. No s&eacute; si ser&aacute; simplemente el eco de tantos hombres y mujeres que dejaron su huella sencilla de verdad.
    </p><p class="article-text">
        Porque las lenguas, como las madres, no mueren del todo. Quedan debajo como sabemos que quedan las ciudades desde que el arque&oacute;logo <strong>Heinrich Schliemann</strong> nos redescubriera materialmente &Iacute;taca. Como queda Roma debajo de Le&oacute;n. Como queda la legi&oacute;n debajo del le&oacute;n, y queda San Marcelo debajo de todos nosotros.
    </p><p class="article-text">
        El patr&oacute;n de una ciudad que ya no se acuerda de su patr&oacute;n. Y, sin embargo, sigue ah&iacute;. Esper&aacute;ndonos como nos espera la familia (la familia, bueno es recordarlo aqu&iacute;, es saber que formas partes del sue&ntilde;o de alguien; es tu equipo de alta fidelidad)&hellip;
    </p><p class="article-text">
        En efecto, a <strong>Lita</strong> la enterramos en San Marcelo (que es como guard&aacute;rnosla en el bolso, como llevarla puesta) un d&iacute;a luminoso y con un cielo de incre&iacute;ble belleza como el de hoy&hellip; &iexcl;A veces se te echa mucho de menos, vieja!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/iglesia-san-marcelo-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13488054.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Sep 2026 09:30:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La iglesia de San Marcelo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Patrimonio,Obispado de León,Vecinos,León ciudad,Historia de León]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué no debí ir a ver 'La Odisea' de Nolan]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/historia/por-que-no-debi-ver-la-odisea-de-nolan-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13475631.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/42e668ad-0b58-470e-9ed4-97e3bc9b816a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x565y257.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué no debí ir a ver &#039;La Odisea&#039; de Nolan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue regresa de su periplo vacacional no sólo con una crítica en sí misma de la nueva y polémica película del afamado cineasta británico sino con una de nuestra época</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;H&aacute;blame, musa, de aquel hombre de multiforme ingenio&rdquo;&hellip; as&iacute; comienza <a href="https://blackiebooks.org/producto/odisea/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La Odisea</em></a><em>, </em>describiendo a <strong>Ulises</strong> como un h&eacute;roe intemporal que trasciende la &eacute;pica precisamente porque representa no solo al guerrero, sino tambi&eacute;n y sobre todo al aventurero que trata e ir m&aacute;s all&aacute; en la aventura como el poeta trata de ir m&aacute;s all&aacute; en belleza y el fil&oacute;sofo m&aacute;s all&aacute; en sabidur&iacute;a&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Uno va al <strong>cine Van Gogh</strong> a lo de siempre, que es a buscar la inmortalidad por un par de horas o a ver si le entra una pulmon&iacute;a con el aire acondicionado, pero esta vez sal&iacute; del cine con la sensaci&oacute;n amarga de que me hab&iacute;an cambiado la Ili&oacute;n de <strong>Homero</strong> por una de esas ferias mec&aacute;nicas que montan los norteamericanos cuando quieren ponerse estupendos. Decid&iacute;a yo meterme en el patio de butacas a contemplar esa Odisea que ha filmado <strong>Christopher Nolan</strong> con sus relojes, sus truenos, sus hombres de hierro y sus trompetas atronadoras, y me di cuenta enseguida, entre el crujido de las palomitas y el estruendo de los efectos digitales, de que uno no debe ir a ver estas cosas cuando lleva la verdadera Grecia cl&aacute;sica metida en el tu&eacute;tano desde que nos diera clase <strong>do&ntilde;a Tere </strong>en el <strong>Instituto Juan del Enzina</strong>.
    </p><p class="article-text">
        A la ficci&oacute;n, se&ntilde;ores, no se viene a que lo aturdan a uno con truenos de altavoz. El esp&iacute;ritu cl&aacute;sico griego, ese que Homero destil&oacute; entre la sal y la bruma del Egeo, entend&iacute;a la ficci&oacute;n no como un pasatiempo de feria ni como un entretenimiento espectacular para adormecer el seso, sino como una b&uacute;squeda encarnizada, bell&iacute;sima y brutal de la verdad, de la belleza y del sentido. Los antiguos griegos &ndash;nos lo dej&oacute; dicho muy claramente <strong>Carlos Garc&iacute;a Gual</strong> en ese librito imprescindible que es <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-grecia-para-todos/288143" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Grecia para todos</em></a>&ndash;, aunque clasistas y mis&oacute;ginos, eran unos t&iacute;os formidables, inquietos, indomables, grandes amantes de la libertad y del saber. No eran monigotes de ordenador con armaduras relucientes dignas de <strong>Star Wars</strong><em> </em>o cualquier otra <em>space opera</em> f&iacute;lmica; eran hombres que miraban al horizonte y le ped&iacute;an cuentas a los dioses sin arrodillarse del todo.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a<strong> Shelley</strong>, con ese ardor rom&aacute;ntico que a uno todav&iacute;a le conmueve en la penumbra de las cafeter&iacute;as, que somos Grecia. Nuestras leyes, nuestras dudas, nuestros poemas, la forma en que nos enamoramos o nos desesperamos en la barra de un bar, todo nace all&iacute; en efecto. Por eso mismo, este empe&ntilde;o tan diletante y tan de nuestro siglo de querer <em>modernizar</em> el mundo antiguo no es m&aacute;s que la prueba palmaria de no haber entendido nada de su modernidad. Porque la modernidad griega no consiste en estar al d&iacute;a, ni en ponerse el traje de hoy, ni en la modernidad puntual y ramplona de la &uacute;ltima moda. La de Grecia era &ndash;y es&ndash; una modernidad eterna. El olivo centenario, el mar que no se cansa, el vino denso, el teatro bajo el sol y la ciudad abierta a la palabra eran y son el signo distintivo de la Grecia cl&aacute;sica. Eso era lo moderno. Eso era el universo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando el cine de hoy pretende ponerse docto e imponerle al mito cl&aacute;sico los complejos de la ideolog&iacute;a de turno &ndash;que si el postcolonialismo de sal&oacute;n, que si un sesgo de &eacute;poca para no herir susceptibilidades, hasta llegar al desprop&oacute;sito de plantarnos una <strong>Helena de Troya </strong>afro por imperativo de despacho&ndash;, uno solo puede llevarse la mano a la cabeza. Alterar el mito no es democratizarlo; es arruinar su lenguaje original y su esencia intemporal. Homero no necesitaba de nuestros folletos de correcci&oacute;n pol&iacute;tica, porque la suya era una libertad absoluta, tr&aacute;gica, inalcanzable para la mentalidad de un productor de Los &Aacute;ngeles.
    </p><p class="article-text">
        Nolan ha montado un engranaje perfecto, s&iacute;, una pirotecnia para deslumbrar a las masas, pero se le ha olvidado lo fundamental: el aliento de los dioses en la vela del barco, la mirada de Ulises hacia las costas de &Iacute;taca, el olor a salvia y la dignidad tremenda de un pueblo que invent&oacute; la luz, y que era tan idealista que hasta lleg&oacute; a ir a la guerra por una mujer: &ldquo;Contemplad el rostro de la mujer que hizo zarpar mil barcos&rdquo;... 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, a uno le da hasta un poco de pena que Nolan no se haya enterado de que los griegos de la H&eacute;lade nos ense&ntilde;aron que la b&uacute;squeda de la verdad va en serio, y por tanto ser desleal a Homero es como llevar los vaqueros rotos y que se te vea el culo: es dejar vergonzosamente patente nuestra decadencia.
    </p><p class="article-text">
        Volv&iacute; a casa, me serv&iacute; un vaso de vino de <strong>Tridente</strong> (joya del Prieto Picudo de Pajares de los Oteros), y abr&iacute; el libro de Garc&iacute;a Gual para desintoxicarme de tanto artefacto, repas&eacute; el cap&iacute;tulo en el que nos habla del pasado heroico con sentido &eacute;pico, &eacute;tico y est&eacute;tico. A Grecia no se la moderniza, co&ntilde;o. Grecia ya nos estaba esperando al final del camino mucho antes de que nosotros naci&eacute;ramos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/historia/por-que-no-debi-ver-la-odisea-de-nolan-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13475631.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Aug 2026 09:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué no debí ir a ver 'La Odisea' de Nolan]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pueblo de Villabalter ama el teatro, la UPL de San Andrés odia la cultura y los discrimina]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/pueblo-villabalter-ama-teatro-upl-san-andres-odia-cultura-discrimina-setic-columna-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13446273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd02911e-6753-4f1f-ae2a-38cff8a767f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x574y398.jpg" width="1200" height="675" alt="El pueblo de Villabalter ama el teatro, la UPL de San Andrés odia la cultura y los discrimina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue regresa con un artículo duro y emocionante en el que realiza un homenaje a Villabalter, el pueblo del teatro, al tiempo que hace balance del mandato municipal en San Andrés del Rabanedo señalando que la Unión del Pueblo Leonés ha fracasado en ese municipio: ¡Que pase el siguiente! </p><p class="subtitle">LA TRISTE NOTICIA - Cancelada la 28.ª edición de la Semana Internacional de Teatro en La Calle por falta de apoyo económico municipal</p></div><p class="article-text">
        <strong>Villabalter</strong>, que tiene nombre de arcilla noble, de sol de mediod&iacute;a y de memoria limpia, sabe perfectamente lo que es la far&aacute;ndula. Lo sabe porque la lleva metida en la piel, en los adoquines y en ese polvo lejano del camino por donde antes pasaban los c&oacute;micos de la legua con sus ba&uacute;les desvencijados y sus versos al aire (como bien nos cont&oacute; en su d&iacute;a <strong>Fernando Fern&aacute;n G&oacute;mez</strong> en su inolvidable novela <a href="https://www.amazon.es/viaje-ninguna-parte-Fernando-Fernan/dp/848130302X" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El viaje a ninguna parte</em></a>).
    </p><p class="article-text">
        La <strong>SETIC</strong> &ndash;la <a href="https://ileon.eldiario.es/san-andres/cancelada-28-edicion-semana-teatro-calle-falta-apoyo-economico-ayuntamiento-san-andres_1_13358746.html?utm_id=97757_v0_s00_e0_tv2_a1demonkl56kfj&amp;fbclid=IwY2xjawTrxIdwZG9mBWV4dG4DYWVtAjExAHNydGMGYXBwX2lkEDIyMjAzOTE3ODgyMDA4OTIAAR6lzII6f4qbkSjCJYJ3Vs_MMME2ONVe0C17sGkjsF1opo_-zU2jQjAU6ePdQw_aem_gV7CdB1c9T93TJLIhMPksg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Semana de Teatro Intergeneracional en la Calle</a>&ndash; no la invent&oacute; un despacho con moqueta ni la pari&oacute; una burocracia municipal de expediente gris y corbata torcida. La SETIC naci&oacute; donde tienen que nacer las cosas sagradas por verdaderas: del pueblo, por el pueblo y en la mism&iacute;sima calle. Por eso es el teatro en su estado m&aacute;s puro y salvaje, ese que hunde sus ra&iacute;ces en la <strong>Comedia del Arte</strong> y en los viejos <strong>Autosacramentales</strong> de cuando la dramaturgia no era un capricho de sal&oacute;n para diletantes, sino un milagro al aire libre donde la carne, la m&aacute;scara, el dolor y la risa se daban la mano a la vista de todos y as&iacute;, sin m&aacute;s tramoya que la noche, ni m&aacute;s cielo que el de la plaza&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        La SETIC, como <strong>Joan Baez</strong> con su silueta de india que acaricia el crep&uacute;sculo, es teatro folk. Y lo es bajo un cielo, el de Villabalter, en el cual se puede leer el n&uacute;mero y el nombre de todas sus estrellas, como dice <strong>Pablo Neruda </strong>en su poema.
    </p><p class="article-text">
        Por eso ah&iacute; lleva el <a href="https://www.facebook.com/Balterius98/posts/pfbid07aJmncPz9jdzddiRZmFXhKbRhuXBs22mqzipSSnWwFmFZArXbRXYSFoFYUDeceGDl?locale=es_ES" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Grupo Balterius</strong></a><strong> </strong>m&aacute;s de dos d&eacute;cadas alentando y regalando su festival de teatro de calle. M&aacute;s de veinte a&ntilde;os de hero&iacute;smo cotidiano, amasando cultura con las manos desnudas, levantando bastidores donde solo hab&iacute;a silencio y ense&ntilde;ando a todo un pueblo a mirarse en el espejo real y noble del escenario. Balterius ha gestionado, implementado y animado esta fiesta de la palabra representada con la fe ciega de los artesanos y la pasi&oacute;n l&iacute;rica de los poetas... 
    </p><p class="article-text">
        Dos d&eacute;cadas picando piedra esc&eacute;nica para que la cultura no fuera un lujo de capital, sino el pan diario de las aceras holladas de Villabalter.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay pol&iacute;ticos que confunden el <strong>Templo de Dioniso</strong> con un chiringuito de fiesta electoral y la catarsis tr&aacute;gica con la resaca, esto es, pol&iacute;ticos que creen que cultura es una feria de la cerveza, y confunden a <strong>Mar&iacute;a Zambrano</strong> con <strong>Yola Berrocal</strong>.
    </p><p class="article-text">
        De hecho es muy espa&ntilde;ol y mucho espa&ntilde;ol esto de que siempre llegue el pol&iacute;tico de turno, el concejal de brocha gorda y seso entrecallao en cerveza de feria en jarras de pl&aacute;stico, y confunda la cultura con el entretenimiento y con la juerga que pa juerga s&iacute; hay dinero p&uacute;blico pero pa cultura no alcanza y viva la ignorancia. Duele en verdad comprobar que para esta estirpe de administradores de la nada, la poes&iacute;a molesta, la comedia asusta y el teatro popular tan heredero de <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/malasana/cuando-lorca-y-la-barraca-se-presentaron-en-san-bernardo_1_6413067.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La Barraca</em></a> de <strong>Federico Garc&iacute;a Lorca</strong> estorba&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Acostumbrados al consumo r&aacute;pido y a la espuma ef&iacute;mera, no entienden que el teatro de calle es la dignidad de un pueblo que se junta a pensar, a sentir y a celebrar la vida de la tierra, pues, s&eacute;panlo ya, la palabra cultura viene de cultivar y hay que cultivar la tierra y a la gente para que seamos algo m&aacute;s que adobes cerveceros.
    </p><p class="article-text">
        No es de recibo. No se puede permitir que venga cualquier advenedizo de la gesti&oacute;n municipal, cualquier filisteo con aspiraciones de botell&oacute;n oficial, a cargarse de un plumazo veintitantos a&ntilde;azos de arte, de sudor vecinal y de historia viva. &iexcl;Viva la SETIC, rediosla!
    </p><p class="article-text">
        Villabalter ama el teatro porque el teatro le devuelve la voz, el verso y la memoria. Si a sus pol&iacute;ticos les queda grande la belleza, que se beban su cerveza en pajar privado y dimitan con el rabo entre las piernas de lo p&uacute;blico&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Ea, que dejen en paz la calle, que es donde el pueblo &ndash;y solo el pueblo&ndash; sigue siendo el due&ntilde;o de la funci&oacute;n&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Chis pum.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/pueblo-villabalter-ama-teatro-upl-san-andres-odia-cultura-discrimina-setic-columna-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13446273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Aug 2026 09:30:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El pueblo de Villabalter ama el teatro, la UPL de San Andrés odia la cultura y los discrimina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vecinos,Alfoz de León,Asociaciones,Teatro,León]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los incendios según Marian Peyró]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/incendios-marian-peyro_1_13420178.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/79188867-cd13-40d9-8f77-890cf2f1485b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x434y330.jpg" width="1200" height="675" alt="Los incendios según Marian Peyró"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El verano hace arder los montes y los cuerpos, o así lo muestra la primeriza novela que Luis Artigue glosa hoy al tiempo que manda irónico recado a un concejal real o imaginario que podría ser todos o ninguno</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s que se quema por las esquinas y por el centro, como una carta de amor de novia antigua, de novia de cuando se escrib&iacute;an cartas y se ten&iacute;an novias, a la que le hemos prendido fuego en un cenicero de bar. 
    </p><p class="article-text">
        Este verano sin ir m&aacute;s lejos no es un verano: es una pira (qu&eacute; demonios significar&aacute; la palabra pira se estar&aacute; preguntando un concejal de r&eacute;gimen interior con el que me top&eacute; hace no mucho y que en cuanto abri&oacute; la boca revel&oacute; que odia m&aacute;s la cultura que <strong>Ana Obreg&oacute;n</strong> a <strong>Mar&iacute;a Zambrano</strong>, y por eso no sabe leer las sentencias judiciales y mucho menos cumplirlas; <em>La Cruz de San Andr&eacute;s </em>se titulaba, ahora que me acuerdo, la peor novela de <strong>Camilo Jos&eacute; Cela</strong>)&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        En verdad este verano empez&oacute; la muesca de la llamarada campestre por Madrid, por Guadalajara, por los cigarrales y las parameras de Toledo que cantara <strong>Garcilaso de la Vega</strong>, donde el Tajo ya no pasa con su linfa dorada sino con una costra de ceniza teologal. Y ahora, cuando pens&aacute;bamos que la can&iacute;cula nos dar&iacute;a tregua, la pavorosa combusti&oacute;n prosigue su marcha triunfal y negra por Zamora y por Le&oacute;n, mordiendo el roble, devorando la encina, dejando la meseta hecha un cisco sideral y carg&aacute;ndose la belleza incontestable de los Arribes del Duero como quien quema para siempre el poema de <strong>Gerardo Diego</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El calor nos ha metido a todos en una met&aacute;fora calcinada. Madrid huele a resina frita, a pinardo de rastrojo, a tragedia r&uacute;stica tra&iacute;da por el viento del sur. La gente en los terrazos bebe horchata con cara de estar esperando el Apocalipsis, y en los telediarios salen los ministros y los alcaldes con su camisa de manga corta y su tristeza de poli&eacute;ster a contarnos las hect&aacute;reas devoradas.
    </p><p class="article-text">
        Pero yo, que profeso la religi&oacute;n del re&iacute;rse por no llorar, he venido aqu&iacute; a hablar de mi libro &ndash;o del libro de los dem&aacute;s, que al cabo viene a ser lo mismo cuando la literatura es buena&ndash;, y me acuerdo por eso  de <strong>Marian Peyr&oacute;</strong> y de su novela soberbia, <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-voces/los-incendios-marian-peyro-9791370091989/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los incendios</em></a>, reci&eacute;n parida en la biblioteca sabia de <strong>Alianza Editorial</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Peyr&oacute; ha escrito la novela de este aire que no nos deja respirar. Porque los incendios de Peyr&oacute; no son solo los de la sierra zamorana ni los del pinar alcarre&ntilde;o, sino los incendios interiores, la combusti&oacute;n lenta del lenguaje, las brasas de la memoria y esa forma que tiene la existencia humana de arder sin hacer ruido. La narrativa de Peyr&oacute; tiene una elegancia seca, de inteligencia depurada, que analiza la cat&aacute;strofe no con el grito del bombero ni con la proclama del pol&iacute;tico, sino con el bistur&iacute; fino de quien sabe que toda vida es, en el fondo, un terreno calcinado sobre el que intentamos plantar margaritas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo incendio empieza con una chispa rid&iacute;cula, un descuido, un deseo no formulado que termina por abrasar el paisaje entero de los d&iacute;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a <strong>C&eacute;sar Gonz&aacute;lez Ruano</strong> que como ascensor social hay quien utiliza su cuerpo y hay quien usa a su sastre, pero ella, que la conoc&iacute; hace poco en la <strong>Semana Negra de Gij&oacute;n</strong> y celebr&eacute; su &eacute;xito, no utiliza como ascensor social ni su cuerpo ni su sastre ni su apellido, sino una primera novela tan meritoria que no parece la primera ni ha de ser la &uacute;ltima. Se la recomiendo al respetable. &iquest;Qu&eacute; de qu&eacute; va? 
    </p><h2 class="article-text">El argumento de una buena novela</h2><p class="article-text">
        Pues el argumento de una buena novela nunca es lo que pasa, sino lo que arde mientras no pasa nada. Marian Peyr&oacute; en este <em>country noir</em> nos sit&uacute;a en un agosto asfixiante de finales de los ochenta, ese tiempo en que Espa&ntilde;a ten&iacute;a fiebre de modernidad pero ol&iacute;a todav&iacute;a a rastrojo, a cobijo de pueblo y a tortilla de patatas en la mesa camilla de la abuela. La novela transcurre en Las Gargantillas, un pueblo imaginario pero aut&eacute;ntico de la sierra abulense, que es como decir la Espa&ntilde;a profunda, con sus moscas, sus siestas pesadas y sus odios antiguos guardados en la alacena. Y la intriga arranca con Cristina, una muchacha de diecis&eacute;is a&ntilde;os que llega al pueblo con el cuerpo reci&eacute;n cambiado, con el deseo intacto y ese v&eacute;rtigo de la adolescencia que es como llevar un f&oacute;sforo encendido en la mano tonta. Cristina quiere enamorarse, quiere quemarse la vida por primera vez&hellip; Y entonces aparece Joaqu&iacute;n, un chico valenciano, oscuro, herido y enigm&aacute;tico, que lleva la marca de la violencia en el lomo y la sombra en la mirada. La atracci&oacute;n entre los dos chavales estalla enseguida como un fogonazo de matorral seco.  Pero el verdadero genio de Peyr&oacute; no est&aacute; solo en los muchachos, sino en las madres, en la simetr&iacute;a fatal de los espejos. Resulta que Joaqu&iacute;n no es un desconocido: es el hijo de Sole, la mujer a la que Ana Mar&iacute;a &ndash;la madre de Cristina&ndash; am&oacute; en secreto y de forma imposible en su propia juventud.  
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, la novela se convierte en una polifon&iacute;a de voces donde el pasado de las madres viene a cruzarse con el presente de los hijos. Mientras en el horizonte arde el monte real &ndash;esos incendios de pino y tomillo que rodean al pueblo&ndash;, en el interior de las casas arde la memoria, la culpa heredada, el deseo reprimido y los secretos familiares que nadie se atreve a nombrar.  En cuatro d&iacute;as sofocantes de agosto todo se precipita. Es el relato coral de una iniciaci&oacute;n y un fantasma: la ni&ntilde;a que deja de ser ni&ntilde;a mientras la madre vuelve a ser la adolescente truncada que fue. Una tragedia sobria, bell&iacute;sima y castellana sobre c&oacute;mo el fuego no solo destruye el paisaje, sino que sirve para iluminar lo que fuimos.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a arde en Le&oacute;n, arde en Zamora, arde en los mapas de las noticias y arde en las p&aacute;ginas amarillentas de los peri&oacute;dicos que hojeamos en las cafeter&iacute;as al mediod&iacute;a. El verano mortal se nos mete por las narices como un holl&iacute;n metaf&iacute;sico. Y mientras el fuego real avanza trag&aacute;ndose la geograf&iacute;a de la patria, el libro de Peyr&oacute; en Alianza Editorial se levanta como un testimonio literario primerizo e impecable: la constataci&oacute;n de que cuando todo arde &ndash;las encinas, la infancia, la calvicie ideol&oacute;gica de los concejales, la tierra madre verde y verdadera&ndash; solo nos queda la palabra exacta para recontar las cenizas... 
    </p><p class="article-text">
        En fin.
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><strong>Puedes comprar la novela en tu librer&iacute;a de cabecera o por internet </strong></span><a href="https://www.casadellibro.com/libro-los-incendios/9791370091989/17775633" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><strong>pinchando aqu&iacute;</strong></span></a></h2>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/incendios-marian-peyro_1_13420178.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2026 09:30:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los incendios según Marian Peyró]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Gerda Taro', de Fernando Olmeda]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/gerda-taro-fernando-olmeda-de-critica-literaria-por-luis-artigue-destacado-en-la-semana-negra-de-gijon-2026_1_13369759.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70d316f0-64b1-4a67-b0aa-31b4b4bf000b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x636y351.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Gerda Taro&#039;, de Fernando Olmeda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue reseña la obra del presentador de Telecinco sobre la primera fotógrafa de guerra que murió en combate. "Conocida como compañera sentimental de Robert Capa, era mucho más que sólo eso", afirma. El escritor leonés, comenta además el gran nivel literario de la Semana Negra de Gijón</p></div><p class="article-text">
        Fernando Olmeda, presentador de Telecinco, escritor, compa&ntilde;ero periodista, ha publicado en Libros del K.O., un libro fascinante sobre un personaje hist&oacute;rico de la Guerra Civil que es la maestra del fotoperiodismo <a href="https://www.librosdelko.com/collections/fernando-olmeda/products/gerda-taro" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Gerda Taro</em></a>.
    </p><p class="article-text">
        Ya se hab&iacute;a dedicado en otro libro a esa figura, pero en esta ocasi&oacute;n naci&oacute; un libro fascinante que ha llamado especialmente la atenci&oacute;n a los espectadores de la <a href="https://www.semananegra.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Semana Negra de Gij&oacute;n</a>. Es un libro especial porque con mucha minuciosidad, con mucha pasi&oacute;n y con mucha documentaci&oacute;n, se centra en los doce meses que Gerda Taro estuvo en la Guerra de Espa&ntilde;a como fotoperiodista. Ella era la compa&ntilde;era sentimental de Robert Capa, pero este autor se esfuerza mucho en hacer ver que era mucho m&aacute;s que s&oacute;lo eso.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, ella se esforz&oacute; en ser por s&iacute; misma y lleg&oacute; a ser no solamente tan grande como Robert Capa, sino que lleg&oacute; a ser la primera fotoperiodista muerta en acto de servicio, muerta en combate. Ella es la guerra hecha mujer, es buscar la verdad de una forma apasionada y es una gloria para el periodismo. Este libro no es una biograf&iacute;a, es m&aacute;s bien un perfil.
    </p><p class="article-text">
        Ella fue la primera mujer periodista que falleci&oacute; en el frente, como decimos, pero all&iacute; estuvo buscando la verdad period&iacute;stica, luchando por ella con su Leika y convirtiendo su c&aacute;mara de fotos en un arma pol&iacute;tica. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una preciosa historia con mucha finura moral</strong></h2><p class="article-text">
        Esta es una preciosa historia en la que no se hace hace un juicio de moralidad, sino que est&aacute; escrita con una mirada llena de realidad emp&aacute;tica. Trata este libro de llenar los huecos de la historia y lo hace con mucha finura moral, apostando por la memoria democr&aacute;tica y desde luego trata de hacer un libro con gran compromiso con la realidad de esta mujer plenamente profesional.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, lo que destaca no es su ideolog&iacute;a, sino su profesionalidad. Gerda nos demuestra que va por delante de Capa. De hecho, ella es la protagonista de este libro y es la protagonista de esta historia. Es un libro homenaje a los fotoperiodistas que luchan cada d&iacute;a contra la censura y contra la carencia de material, pero que no son objetivo de guerra.
    </p><p class="article-text">
        Ella es la primera que estaba all&iacute;, no era objetivo de guerra, sino que formaba parte del trabajo para que todos supi&eacute;ramos la verdad.
    </p><p class="article-text">
        La labor de de este  periodista durante tantos a&ntilde;os en Telecinco eha servido para componer un libro como este, porque en la Semana Negra de Gij&oacute;n cont&oacute; que le marc&oacute; mucho la muerte de su compa&ntilde;ero Jos&eacute; Couso tambi&eacute;n en guerra, y eso le inspir&oacute; volver a este libro, volver a esta figura (Gerda Taro) haciendo un paralelismo sin nombrarlo entre Jos&eacute; Couso y Gerda Taro.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Homenaje a los periodistas gr&aacute;ficos de guerra</strong></h2><p class="article-text">
        Esto es hacer un gran homenaje a la gente que va a la guerra a tratar de sin partidismos contar la verdad. He aqu&iacute; un libro sobre la la mirada humana emp&aacute;tica del fotoperiodista. De hecho, es un libro que actualiza todo lo que se sabe de Gerda Taro a partir del descubrimiento de la llamada '<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Valija_mexicana" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">maleta americana</a>'.
    </p><p class="article-text">
        Gerda Taro se sirvi&oacute; de de de su trabajo, de su talento como fotoperiodista y ella fue muy miliciana, muy espa&ntilde;ola, muy independiente y muy querida en Espa&ntilde;a. De hecho, se hizo una con el paisaje humano, con el paisaje pol&iacute;tico, con la historia que estaba contando y por eso, desde luego, el mundo del periodismo no puede dejar de emocionarse ante esta figura y rendirle pleites&iacute;a, porque realmente fue una digna gran dama del periodismo espa&ntilde;ol y universal.
    </p><p class="article-text">
        Fernando Olmeda adem&aacute;s en este libro nos explica que dentro del periodismo Gerda Taro bien puede considerarse la primera feminista, la primera mujer profesional trabajadora que trat&oacute; de ser por s&iacute; misma y no por Robert Capa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La fotoperiodista Gerda Taro.                            </span>
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        Casi condescendientemente a ella se le llamaba en la Guerra Civil Espa&ntilde;ola <em>La peque&ntilde;a rubia</em>, pero ella luch&oacute; por ser mucho m&aacute;s que eso. Mucho m&aacute;s que un ap&eacute;ndice de Robert Capa y as&iacute; se lo ha ganado y este libro nos lo explica. Fernando Olmeda hace su biograf&iacute;a historiogr&aacute;fica y tambi&eacute;n hace su brillante vindicaci&oacute;n de c&oacute;mo ella se gan&oacute; un espacio en un mundo de hombres.
    </p><p class="article-text">
        Era una brigadista sin armas Gerda Taro, y adem&aacute;s Olmeda nos explica c&oacute;mo hubo un movimiento fascinante en ese momento de j&oacute;venes en la Guerra Civil que apostaba por el 'No a la Guerra'. Era lo que dec&iacute;an tambi&eacute;n las j&oacute;venes del 36. Por eso vemos que es un libro tambi&eacute;n con una lectura actual muy pertinente y muy interesante.
    </p><p class="article-text">
        Hay muchas Gerda Taros actuales y as&iacute; nos lo ha dicho para todos los que hemos estado presentes en las ruedas de prensa, en su rueda de prensa y en su presentaci&oacute;n del libro en Gij&oacute;n a los asistentes a la Semana Negra. Libros del K.O. ha dado de verdad una gran campanada publicando este libro.
    </p><h2 class="article-text">Una Semana Negra de Gij&oacute;n repleta de grandes autores</h2><p class="article-text">
        Y as&iacute;, Fernando Olmeda, con su libro escrito para el sello Libros del K.O., lo deja patente. Una de las grandes obras presentadas en esta Semana Negra 2026, que est&aacute; siendo una Semana Negra maravillosa, llena de gente. Adem&aacute;s hay otros periodistas tambi&eacute;n como Carlos Qu&iacute;lez hablando de la actualidad en negro. Tambi&eacute;n grandes escritores del panorama nacional como Lorenzo Silva, al que se entrega un premio de honor. Y escritores leoneses como Juan Pedro Aparicio, que presenta sus novelas hist&oacute;ricas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Luis Artigue, presentando libros de varios autores en la Semana Negra de Gijón 2026."
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            <span class="title">
                Luis Artigue, presentando libros de varios autores en la Semana Negra de Gijón 2026.                            </span>
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        Sin olvidar la presencia de escritores internacionales como Claudia Pi&ntilde;eiro y y muchos otros, 200 20 autores, una Semana Negra vibrante en una nueva localiza localizaci&oacute;n, la playa del Arbeyal, con todas las carpas llenas mirando hacia el mar. Eh, llenos de libros, de fritanga, de habladur&iacute;as, de brillantez y de literatura sin solemnidad.
    </p><p class="article-text">
        Viva la Semana Negra de Gij&oacute;n 2026. Esto es la Semana Negra y seguimos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/gerda-taro-fernando-olmeda-de-critica-literaria-por-luis-artigue-destacado-en-la-semana-negra-de-gijon-2026_1_13369759.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jul 2026 17:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Gerda Taro', de Fernando Olmeda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Eventos,Asturias,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ana Abello Verano y las 'Poéticas de lo fantástico en la cuentística española actual']]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/ana-abello-verano-universidad-de-leon-libro-las-poeticas-de-lo-fantastico-en-la-cuentistica-espanola-actual-columna-semanal-luis-artigue-el-bibliopata_129_13355538.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0f661ec2-c035-43a4-9883-1962ab8844c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x938y190.jpg" width="1200" height="675" alt="Ana Abello Verano y las &#039;Poéticas de lo fantástico en la cuentística española actual&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En una época en que la literatura fantástica ha dejado de ocupar los márgenes del sistema editorial, esta profesora de la Universidad de León publica un estudio riguroso que viene a ocupar un espacio que la crítica española apenas había explorado con semejante amplitud</p></div><p class="article-text">
        Valiente como un perro que ladra a un ovni, la doctora por la Universidad de Le&oacute;n <strong>Ana Abello Verano</strong> va y se dedica a estudiar el fant&aacute;stico&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        En efecto en un momento en que la literatura fant&aacute;stica ha dejado de ocupar los m&aacute;rgenes del sistema literario para convertirse en uno de sus territorios m&aacute;s f&eacute;rtiles, resulta particularmente oportuna la publicaci&oacute;n de <a href="https://www.iberoamericana-vervuert.es/FichaLibro.aspx?P1=219395" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Po&eacute;ticas de lo fant&aacute;stico en la cuent&iacute;stica espa&ntilde;ola actual</em></a>, de Ana Abello Verano. No es un libro pensado para satisfacer la curiosidad del lector ocasional, sino un estudio riguroso que viene a ocupar un espacio que la cr&iacute;tica espa&ntilde;ola apenas hab&iacute;a explorado con semejante amplitud: el estudio sistem&aacute;tico del cuento fant&aacute;stico contempor&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, la reflexi&oacute;n sobre lo fant&aacute;stico en Espa&ntilde;a estuvo condicionada por la necesidad de definir el g&eacute;nero. Esa tarea encontr&oacute; una formulaci&oacute;n particularmente s&oacute;lida en <a href="https://paginasdeespuma.com/libro/tras-los-limites-de-lo-real/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Tras los l&iacute;mites de lo real</em></a>, de <strong>David Roas</strong>, un ensayo que puede considerarse ya un cl&aacute;sico de la teor&iacute;a literaria contempor&aacute;nea. Frente a concepciones excesivamente amplias o demasiado dependientes de la vacilaci&oacute;n interpretativa formulada por <strong>Todorov</strong>, Roas propuso entender lo fant&aacute;stico como la irrupci&oacute;n de un hecho imposible en un universo sometido a las leyes de la realidad cotidiana (apoy&aacute;ndose no solo en Tzvetan Todorov sino tambi&eacute;n en Roger Caillois. Louis Vax e Ir&egrave;ne Bessi&egrave;re, Roas define el fant&aacute;stico a partir de varios elementos fundamentales: la realidad como punto de partida, la irrupci&oacute;n de lo imposible, el hecho sobrenatural rompiendo las leyes conocidas de la naturaleza, la vacilaci&oacute;n y el conflicto, la confrontaci&oacute;n entre lo imposible y la concepci&oacute;n racional del mundo y el efecto sobre el lector de cuestionamiento de su idea de realidad, y distingue compartimentos te&oacute;ricos como lo fant&aacute;stico, lo maravilloso, lo extra&ntilde;o, la ciencia ficci&oacute;n y el terror)... 
    </p><p class="article-text">
        Aquella definici&oacute;n no solo clarific&oacute; un concepto frecuentemente confuso, sino que proporcion&oacute; un instrumento de enorme utilidad para el an&aacute;lisis de la narrativa contempor&aacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://dialnet.unirioja.es/metricas/investigadores/3554003" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ana Abello Verano</a> parte precisamente de ese legado, pero evita la tentaci&oacute;n de repetirlo. Su pregunta no es qu&eacute; es lo fant&aacute;stico, sino c&oacute;mo se construye. El desplazamiento parece m&iacute;nimo y, sin embargo, modifica por completo la perspectiva cr&iacute;tica. All&iacute; donde Roas elaboraba una teor&iacute;a del g&eacute;nero, Abello se ocupa de los mecanismos concretos mediante los cuales el relato produce ese efecto de extra&ntilde;amiento que convierte lo imposible en una experiencia literaria.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un libro que examina a Iwasaski, Roas, Mu&ntilde;oz Rengel y Patricia Esteban Erl&eacute;s</strong></h2><p class="article-text">
        El libro examina la obra de Fernando Iwasaki, David Roas, Patricia Esteban Erl&eacute;s y Juan Jacinto Mu&ntilde;oz Rengel, cuatro autores cuya producci&oacute;n cuent&iacute;stica ha contribuido decisivamente a renovar el fant&aacute;stico espa&ntilde;ol. Lo interesante es que el an&aacute;lisis nunca se limita al inventario tem&aacute;tico. No se trata &uacute;nicamente de catalogar fantasmas, dobles, metamorfosis o anomal&iacute;as temporales. Lo que verdaderamente interesa a la autora es descubrir la maquinaria narrativa que sostiene esas perturbaciones de la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los mayores aciertos del estudio consiste en <strong>demostrar que el fant&aacute;stico contempor&aacute;neo ya no depende exclusivamente del elemento sobrenatural</strong>. La incertidumbre nace tambi&eacute;n de la estructura del relato, de la manipulaci&oacute;n de la voz narrativa, de la fragmentaci&oacute;n temporal, de la metaficci&oacute;n, de la iron&iacute;a o de esa calculada ambig&uuml;edad que obliga al lector a desconfiar de cuanto acaba de leer. En otras palabras, el misterio ya no reside solo en los hechos narrados, sino en la propia forma de narrarlos.
    </p><p class="article-text">
        Esa atenci&oacute;n a los procedimientos convierte el libro en algo m&aacute;s que un cat&aacute;logo de motivos fant&aacute;sticos. Abello demuestra que el cuento se ha convertido en el laboratorio donde el g&eacute;nero experimenta con mayor libertad. La brevedad exige una extraordinaria econom&iacute;a narrativa y favorece la intensidad, la condensaci&oacute;n y el desenlace inesperado. Quiz&aacute; por ello el cuento fant&aacute;stico espa&ntilde;ol vive hoy uno de sus momentos de mayor vitalidad.
    </p><p class="article-text">
        No es casual que esta investigaci&oacute;n dialogue de forma natural con otra obra reciente, <a href="https://trea.es/producto/poeticas-de-lo-monstruoso-en-narradoras-hispanicas-de-lo-insolito/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Po&eacute;ticas de lo monstruoso en narradoras hisp&aacute;nicas de lo ins&oacute;lito</em></a>, de<strong> Natalia &Aacute;lvarez M&eacute;ndez</strong>. Si Abello estudia la arquitectura del relato fant&aacute;stico, &Aacute;lvarez M&eacute;ndez dirige su atenci&oacute;n hacia una de sus figuras m&aacute;s significativas: el monstruo. Pero tampoco aqu&iacute; el inter&eacute;s se reduce a las criaturas extraordinarias. La monstruosidad aparece como una construcci&oacute;n cultural que permite pensar la diferencia, la violencia, la identidad, el cuerpo o la memoria. All&iacute; donde Abello analiza los mecanismos del relato, &Aacute;lvarez examina el significado simb&oacute;lico de sus im&aacute;genes (el libro de Natalia &Aacute;lvarez se centra espec&iacute;ficamente en analizar c&oacute;mo las narradoras contempor&aacute;neas de Espa&ntilde;a y Latinoam&eacute;rica utilizan la monstruosidad para representar conflictos sociales, culturales y subjetivos, entendiendo que el monstruo ya no es &uacute;nicamente un ser sobrenatural, sino una herramienta pol&iacute;tico-cr&iacute;tica que permite cuestionar los l&iacute;mites de la normalidad, la identidad y el poder, y desde este postulado realiza una cartograf&iacute;a de las diversas formas que adopta el monstruo en la narrativa hisp&aacute;nica contempor&aacute;nea, mostrando que estas figuras expresan los miedos, las violencias y las incertidumbres del presente).
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil no advertir la continuidad entre estos tres libros. David Roas proporcion&oacute; una definici&oacute;n convincente del fant&aacute;stico; Ana Abello explica los recursos mediante los cuales esa definici&oacute;n adquiere forma literaria; Natalia &Aacute;lvarez ampl&iacute;a el horizonte hacia las implicaciones culturales y pol&iacute;ticas de uno de los grandes motivos del g&eacute;nero, estudiando para eso la obra de las escritoras (Mariana Enr&iacute;quez, Samanta Schweblin, M&oacute;nica Ojeda, Solange Rodr&iacute;guez Pappe, Jacinta Escudos, Laura Rodr&iacute;guez Leiva, Pilar Pedraza, Patricia Esteban Erl&eacute;s, Cristina Fern&aacute;ndez Cubasy Sof&iacute;a Rhei) y Ana Abello se centra en la narratolog&iacute;a e incluye a los escritores junto a las escritoras para estudiar en concreto a ernando Iwasaki, David Roas, Patricia Esteban Erl&eacute;s y Juan Jacinto Mu&ntilde;oz Rengel&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, m&aacute;s que obras aisladas, a nuestro juicio constituyen las distintas etapas de una misma conversaci&oacute;n te&oacute;rico-cr&iacute;tica.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Teor&iacute;a siempre al servicio de la lectura</strong></h2><p class="article-text">
        Pero en especial hay en el libro de Ana Abello una virtud que conviene destacar. A pesar de la complejidad de su aparato te&oacute;rico, nunca pierde de vista los textos literarios. La teor&iacute;a aparece siempre al servicio de la lectura y no al contrario, circunstancia cada vez menos frecuente en determinados estudios acad&eacute;micos. La autora evita convertir el an&aacute;lisis en una exhibici&oacute;n terminol&oacute;gica y prefiere que sean los cuentos quienes vayan revelando las claves de su funcionamiento.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; sea esa la principal ense&ntilde;anza del volumen: recordar que el fant&aacute;stico no consiste &uacute;nicamente en introducir lo imposible en una historia, sino en construir cuidadosamente las condiciones para que el lector acepte, aunque solo sea durante unas p&aacute;ginas, que la realidad puede dejar de obedecer a sus propias leyes.
    </p><p class="article-text">
        No es poco m&eacute;rito en una &eacute;poca en que la cr&iacute;tica literaria parece debatirse entre la simplificaci&oacute;n period&iacute;stica y el hermetismo universitario. <em>Po&eacute;ticas de lo fant&aacute;stico en la cuent&iacute;stica espa&ntilde;ola actual </em>consigue el dif&iacute;cil equilibrio entre la precisi&oacute;n conceptual y la inteligencia interpretativa. Y eso convierte este ensayo en una referencia obligada para quienes quieran comprender no solo hacia d&oacute;nde se dirige el fant&aacute;stico espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo, sino tambi&eacute;n por qu&eacute; contin&uacute;a siendo una de las formas m&aacute;s eficaces de interrogar la realidad&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, a diferencia de los astr&oacute;nomos, los friquis metemos los dedos en los enchufes para ver las estrellas. O para ver las estrellas leemos libros como &eacute;ste.
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><strong>Si quieres comprar las 'Po&eacute;ticas de lo fant&aacute;stico' de Ana Abello puedes hacerlo en tu librer&iacute;a de barrio o por internet </strong></span><a href="https://www.casadellibro.com/ebook-poeticas-de-lo-fantastico-en-la-cuentistica-espanola-actual-ebook/9783968694092/13635228" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><strong>pinchando aqu&iacute;</strong></span></a></h2>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/ana-abello-verano-universidad-de-leon-libro-las-poeticas-de-lo-fantastico-en-la-cuentistica-espanola-actual-columna-semanal-luis-artigue-el-bibliopata_129_13355538.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Jul 2026 09:30:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ana Abello Verano y las 'Poéticas de lo fantástico en la cuentística española actual']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Lo Más Friki,Libros,Mujeres Sobresalientes,León,España,Universidad de León]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De las aulas leonesas a la vanguardia tecnológica: Aisha Peña brilla en los Premios STEM Talent Girl]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/de-las-aulas-leonesas-a-la-vanguardia-tecnologica-aisha-pena-brilla-premios-stem-talent-girl-2026-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13334913.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/18c872c8-596b-468e-ab9f-5765490bb2c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De las aulas leonesas a la vanguardia tecnológica: Aisha Peña brilla en los Premios STEM Talent Girl"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una alumna leonesa se alza con el máximo reconocimiento científico-tecnológico para los primeros cursos de secundaria en una emotiva gala celebrada en Salamanca, coronando el esfuerzo conjunto de su familia y la escuela pública leonesa</p></div><p class="article-text">
        En efecto, el talento no entiende de g&eacute;nero ni de barreras geogr&aacute;ficas cuando hay una base s&oacute;lida que lo impulsa. As&iacute; qued&oacute; demostrado en el sal&oacute;n de actos del CIE-USAL de Salamanca, escenario de la gala de los sextos<strong> </strong><a href="https://astifoundation.com/los-stem-talent-girl-awards-distinguen-el-talento-y-liderazgo-femenino-en-su-vi-edicion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Premios STEM Talent Girl Awards</strong></a>. En un evento cargado de inspiraci&oacute;n, la gran protagonista de la delegaci&oacute;n leonesa fue <strong>Aisha Pe&ntilde;a Mart&iacute;nez</strong>, una <strong>Marie Curie</strong>&nbsp;en ciernes, quien se alz&oacute; con el Premio a la Mejor Alumna del programa para los primeros cursos de Educaci&oacute;n Secundaria: un galard&oacute;n que supone un hito para la provincia, y un rotundo espaldarazo a la calidad de la escuela p&uacute;blica de Le&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El impulso de la <a href="https://astifoundation.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fundaci&oacute;n ASTI</a> y la Junta est&aacute;n detr&aacute;s de esta iniciativa. De hecho el galard&oacute;n recibido por Aisha se enmarca dentro de un ambicioso proyecto expl&iacute;citamente coorganizado por la Fundaci&oacute;n ASTI y la Junta de Castilla y Le&oacute;n. Orientado a combatir la brecha de g&eacute;nero en las disciplinas de ciencia, tecnolog&iacute;a, ingenier&iacute;a y matem&aacute;ticas (<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Educaci%C3%B3n_STEM" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">STEM</a>), el programa busca visibilizar el potencial de las j&oacute;venes y darles referentes pr&aacute;cticos. Con m&aacute;s de ocho mil alumnas formadas a lo largo de sus ediciones, los premios de este curso reconocieron las trayectorias m&aacute;s brillantes desde la ESO hasta la universidad. En la categor&iacute;a de inicio a la secundaria, el nombre de Aisha Pe&ntilde;a reson&oacute; con fuerza desde el principio. Su curiosidad anal&iacute;tica, su desparpajo, su constancia y sus proyectos dentro del programa la llevaron directa a lo m&aacute;s alto de la clasificaci&oacute;n. Orgullo de la escuela p&uacute;blica y sus maestros. Este premio es individual, pero se celebra de forma colectiva. 
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                La leonesa Aisha Peña Martínez, premio STEM 2026 Castilla y León.                            </span>
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        La victoria de Aisha &ndash;la cual dedic&oacute; &ldquo;a la propia Fundaci&oacute;n por dar impulso a las familias con menos recursos y que educativamente lo necesitan m&aacute;s, y a su hermano peque&ntilde;o<strong>&nbsp;Axel</strong>&nbsp;que ha querido acompa&ntilde;arme en primera fila en esta ceremonia a pesar de que hoy sea el d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os&rdquo;&ndash; ha desatado una ola de emoci&oacute;n y orgullo en la comunidad educativa leonesa. Maestros y profesores de la escuela p&uacute;blica han visto reflejado en este premio el fruto de un trabajo diario que va m&aacute;s all&aacute; de los libros de texto: el de despertar el pensamiento cr&iacute;tico, la l&oacute;gica y el amor por la ciencia en las aulas sin ning&uacute;n tipo de sesgo de g&eacute;nero. Los docentes de la provincia destacan que el triunfo de Aisha, una ni&ntilde;a de gran destreza verbal, modos y maneras actorales y un cabello largo y ensortijado como el de las damas de los cuadros del Renacimiento tipo <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Simonetta_Vespucci" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Simonetta Vespucci</strong></a>,&nbsp;representa a toda una generaci&oacute;n de estudiantes del sistema p&uacute;blico que, con las directrices adecuadas y una gu&iacute;a dedicada, pueden competir y liderar en cualquier &aacute;mbito tecnol&oacute;gico del futuro. 
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            <span class="title">
                La gala en Salamanca de STEM Talent Girl 2026 Castilla y León de la Fundación Asti.                            </span>
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        Asimismo, detr&aacute;s de una joven brillante siempre hay un entorno que sostiene sus sue&ntilde;os. Para la familia de Aisha, la gala de Salamanca fue una jornada de emociones desbordadas y un reconocimiento a los sacrificios y/o bendiciones invisibles del d&iacute;a a d&iacute;a. El apoyo incondicional en casa para que explore sus intereses cient&iacute;ficos, sumado a las mentor&iacute;as del programa y la labor de sus docentes del <strong>CRA de Trobajo del Cerecedo</strong>&nbsp;primero, y del <strong>Instituto Ordo&ntilde;o II</strong>&nbsp;actualmente, han sido el caldo de cultivo perfecto para que la joven leonesa despliegue todo su potencial sin ponerse l&iacute;mites. Aisha Pe&ntilde;a regresa a Le&oacute;n no solo con un trofeo bajo el brazo, sino convertida en un referente real para sus propias compa&ntilde;eras de clase. Demuestra, desde los primeros a&ntilde;os de la secundaria, que el futuro de la ingenier&iacute;a, la rob&oacute;tica o la investigaci&oacute;n tambi&eacute;n se escribe con acento leon&eacute;s, y se cultiva en los pupitres de su educaci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        El mundo se aparta a un lado para admirar a la persona que sabe a donde va, escribi&oacute; en su d&iacute;a <strong>Rudyard Kipling</strong>, y Aisha Pe&ntilde;a quiere ser cient&iacute;fica. 
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Nos quitamos el sombrero! &iexcl;Enhorabuena!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/de-las-aulas-leonesas-a-la-vanguardia-tecnologica-aisha-pena-brilla-premios-stem-talent-girl-2026-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13334913.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Jun 2026 09:30:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De las aulas leonesas a la vanguardia tecnológica: Aisha Peña brilla en los Premios STEM Talent Girl]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,León,Igualdad,Premios,Tecnología,Salamanca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Diminuta casa encantada', de Laura Fernández]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/diminuta-casa-encantada-de-laura-fernandez-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13332156.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2dfe31cc-8b0e-4b2a-aa78-2033034e0df8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Diminuta casa encantada&#039;, de Laura Fernández"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora y periodista se configura, según Luis Artigue, en "una autora bien distinta" que "defiende al niño friqui". Su última obra es "un homenaje a lo extraño", creando en la historia fantástica de un niño con una casa de muñecas en la que viven diminutos extraterrestes una "resistencia ante el imperio de lo útil" </p></div><p class="article-text">
        &iquest;El friqui es el sujeto pol&iacute;tico del fant&aacute;stico sin&nbsp;que se note a pesar de que se trate de un fant&aacute;stico que nunca habla de pol&iacute;tica? S&iacute;. &iquest;Qui&eacute;n defiende al ni&ntilde;o friqui que todos somos? <a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/hay-un-monstruo-lago-en-el-libro-de-laura-fernandez-critica-literaria-por-luis-artigue_1_12491019.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Laura Fern&aacute;ndez</a>&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Por un lado est&aacute;n los terr&iacute;colas, y por otro est&aacute;n los <em>miltons. </em>Los terr&iacute;colas de vez en cuando tienen que hacer mudanzas cuando cambian de casa pero los <em>miltons </em>no las tienen que hacer nunca porque viven en diminutas casas encantadas.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la historia de Bill, un ni&ntilde;o terr&iacute;cola que tiene que cambiar de ciudad y de escuela porque su madre ha aceptado un trabajo en un museo de otra ciudad, y que es un ni&ntilde;o raro porque tiene una casa de mu&ntilde;ecas con la que juega, la cual es una casa de <em>miltons </em>extraterrestres<em>, </em>y eso es algo que nadie comprende&hellip; Y en esta historia, como en la vida, todo consiste en encontrar alguien con quien compartir tus rarezas&hellip;
    </p><p class="article-text">
        La publicaci&oacute;n de <a href="https://www.penguinlibros.com/es/libros-ninos-9-anos/545313-libro-diminuta-casa-encantada-9788439745655" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Diminuta casa encantada</em></a> (editorial Random House) no constituye un hecho aislado ni el fruto del capricho azaroso; es la decantaci&oacute;n l&oacute;gica de una fant&aacute;stica trayectoria que, desde hace ya tres lustros, viene sosteniendo <a href="https://www.amazon.es/stores/Laura-Fern%C3%A1ndez/author/B00GH4NS84" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Laura Fern&aacute;ndez</a> (Tarrasa, 1981) con una dedicaci&oacute;n tan ins&oacute;lita como admirable. En un panorama literario aquejado de una alarmante monoton&iacute;a realista &ndash;donde los autores parecen competir por ver qui&eacute;n calca con mayor fidelidad la &uacute;ltima cr&oacute;nica period&iacute;stica o el en&eacute;simo drama autoficcional&ndash;, la figura de Fern&aacute;ndez se alza como una anomal&iacute;a radical y, por ello mismo, estrictamente necesaria.
    </p><p class="article-text">
        Para calibrar el peso espec&iacute;fico de su obra en la narrativa espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, conviene desandar un camino que arranc&oacute; formalmente con t&iacute;tulos como <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/37139-libro-bienvenidos-a-welcome-9788439735755" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Bienvenidos a Welcome</em></a><em> </em>(2008) o <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/324660-libro-wendolin-kramer-9788466371551" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Wendolin Kramer</em></a> (2011). Ya entonces se advert&iacute;a que aquella muchacha extra&ntilde;a para lo que nuestro panorama narrativo acostumbraba no hab&iacute;a venido a pedir permiso ni a encajar. Frente al canon de la Transici&oacute;n y sus ep&iacute;gonos, obsesionados con la memoria hist&oacute;rica o el costumbrismo de alcoba, Fern&aacute;ndez opuso un imaginario hiperb&oacute;lico nutrido de una inventiva sin igual en la que cab&iacute;an la cultura pop, el c&oacute;mic, la ciencia ficci&oacute;n de serie B y una angloman&iacute;a posmoderna militante que situaba sus tramas en ciudades ficticias de nombres imposibles. Lo que para la cr&iacute;tica pacata de la &eacute;poca fue tildado de &ldquo;frivolidad exc&eacute;ntrica&rdquo; (yo tambi&eacute;n ca&iacute; en eso; tard&eacute; en descubrir sus grandes valores), era en realidad el balbuceo de una po&eacute;tica rigurosa: la construcci&oacute;n de un no-lugar geogr&aacute;fico y ling&uuml;&iacute;stico donde la libertad creativa rompedoramente bienhumorada fuera absoluta.
    </p><p class="article-text">
        El punto de inflexi&oacute;n definitivo lleg&oacute;, sin duda, con la novela<em> </em><a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/261331-libro-la-senora-potter-no-es-exactamente-santa-claus-9788439738077" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La se&ntilde;ora Potter no es exactamente Santa Claus</em></a><em> </em>(2021), monumental artefacto que la consolid&oacute; como una de las voces m&aacute;s torrenciales y geniales de nuestras letras. Aquella novela no solo supuso su consagraci&oacute;n cr&iacute;tica, sino la demostraci&oacute;n de que su propuesta era capaz de sostener arquitecturas de largo aliento sin perder un &aacute;pice de su caracter&iacute;stico ritmo de metralleta.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una autora distinta</strong></h2><p class="article-text">
        Contextualizar a Laura Fern&aacute;ndez en su generaci&oacute;n &ndash;la de los nacidos a finales de los setenta y primeros ochenta&ndash; resulta un ejercicio de sabrosa disonancia. Comparte cronolog&iacute;a con autores de indudable val&iacute;a como Marta Sanz, Sara Mesa o Alejandro Zambra, y m&aacute;s estrechamente con coet&aacute;neos que han ensayado la ruptura formal, como el primer Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo o la desubicaci&oacute;n gen&eacute;rica de Kiko Amat. Sin embargo, mientras la mayor&iacute;a de su generaci&oacute;n ha optado por una literatura del despojamiento, la introspecci&oacute;n psicol&oacute;gica o la denuncia social directa, Fern&aacute;ndez prefiere el desborde y la saturaci&oacute;n fant&aacute;stica sin par. Su compromiso no es con el documento, sino con el lenguaje y el poder taumat&uacute;rgico de la ficci&oacute;n inventiva.
    </p><p class="article-text">
        Mientras sus contempor&aacute;neos miran hacia dentro o hacia abajo, ella mira hacia el bizarro hiperespacio de la imaginaci&oacute;n pura. Esta singularidad la emparenta, en el plano internacional, con renovadores de la narrativa norteamericana como George Saunders o el primer David Foster Wallace, con quienes comparte esa rara habilidad para hibridar la pirotecnia verbal con una ternura genuina, casi desarmante, hacia los desheredados y los inadaptados de la tierra.
    </p><p class="article-text">
        Pero las comparaciones son odiosas: Laura Fern&aacute;ndez no pertenece pues a ninguna escuela porque constituye una escuela en s&iacute; misma. Su trayectoria demuestra que no es una humorista que escribe novelas, sino una novelista que ha descubierto que el humor es la &uacute;nica herramienta lo bastante afilada como para abrir en canal la realidad y mostrarnos su reverso absurdo. A estas alturas, su literatura ya no es un experimento: es un territorio soberano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Su &uacute;ltima obra: homenaje y dinamita</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y es que conviene desconfiar, por sistema, de la literatura constre&ntilde;ida a los moldes de lo predecible. Frente a la legi&oacute;n de novelistas empe&ntilde;ados en fotocopiar la grisura de lo cotidiano bajo el sobado r&oacute;tulo del &laquo;realismo&raquo;, la comparecencia de Laura Fern&aacute;ndez vuelve a operar como un saludable vendaval de demolici&oacute;n, am&eacute;n de como una impl&iacute;cita y muy estimulante cr&iacute;tica de la norma. En su &uacute;ltima novela <em>Diminuta casa encantada</em>, la escritora de Tarrasa no se limita a urdir una f&aacute;bula; levanta, con la precisi&oacute;n de un miniaturista febril, un artefacto que es, a la vez, homenaje y dinamita.
    </p><p class="article-text">
        El argumento, despojado de sus desopilantes ramificaciones, nos presenta a una resuelta paleont&oacute;loga que, obligada por un nuevo empleo muse&iacute;stico, arrastra a su hijo Bill a un indeseado cambio de ciudad y de colegio. El muchacho, que arrastra su descontento junto a un perrito-dinosaurio de peluche llamado Harper Benjamin, esconde un secreto que teme que le condene al ostracismo escolar bajo la etiqueta de 'ni&ntilde;o raro': es el due&ntilde;o de una fastuosa casa de mu&ntilde;ecas.
    </p><p class="article-text">
        La singularidad de este objeto dom&eacute;stico &ndash;y donde la inventiva de la autora dinamita cualquier atisbo de costumbrismo&ndash; estriba en que la miniatura est&aacute; rigurosamente habitada por una familia de miltons, unos microsc&oacute;picos alien&iacute;genas procedentes del remoto planeta Milton Du Du A, que comparten estancias con Colper Tom, un fantasma insatisfecho que busca un nuevo hogar que encantar. A partir de este fabuloso planteamiento, Fern&aacute;ndez despliega una trama multidimensional donde la rigidez cient&iacute;fica de la madre y la l&oacute;gica sin prejuicios de Bill operan como los vectores necesarios para descifrar un laberinto de secretos en miniatura, descubriendo que en esa nueva escuela Bill no es el &uacute;nico que custodia un universo diminuto y que convivir con el reverso c&oacute;smico de lo cotidiano exige, antes que nada, abrazar el delirio y la maravilla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; una novela tan <em>cuerdi-loca</em> ahora mismo? Preguntarse por la pertinencia de una novela como <em>Diminuta casa encantada</em> en el preciso instante hist&oacute;rico que atravesamos no es un mero ejercicio de especulaci&oacute;n est&eacute;tica; es, antes bien, una urgencia cr&iacute;tica. &iquest;Por qu&eacute; importa e interesa este libro hoy, en un mundo asfixiado por la hiperconectividad, el pragmatismo feroz y una literalidad de corte casi funcionarial?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Resistencia ante el imperio de lo &uacute;til</strong>
    </p><p class="article-text">
        Importa, en primer lugar, como un acto de resistencia epistemol&oacute;gica frente al imperio de lo &uacute;til. Vivimos en un tiempo peligrosamente serio, obsesionado con el algoritmo, la productividad y el dato emp&iacute;rico (un mal que, no por casualidad, padece la propia madre paleont&oacute;loga de la novela). Frente a esa rigidez, el universo que Laura Fern&aacute;ndez despliega en esa casa de mu&ntilde;ecas &ndash;con sus extraterrestres liliputienses de Milton Du Du A, sus espectros desubicados y sus peluches prehist&oacute;ricos&ndash; opera como un formidable elogio de la excentricidad y el derecho a ser 'raro'. Que un ni&ntilde;o como Bill encuentre su refugio y su verdad en una miniatura c&oacute;smica es una bell&iacute;sima met&aacute;fora de la resistencia del individuo frente a la apisonadora de la uniformidad social. La novela nos recuerda, con su humor disolvente, que lo verdaderamente valioso de la experiencia humana no se puede medir en un laboratorio ni calibrar en un examen escolar.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, la importancia de esta obra radica en su capacidad para devolverle a la literatura su condici&oacute;n de espacio de juego absoluto. En una &eacute;poca en la que la narrativa parece haber dimitido de su poder creador para convertirse en un mero ap&eacute;ndice de las redes sociales &ndash;donde se exige al escritor que sea un cronista bienpensante, un soci&oacute;logo de guardia o un terapeuta complaciente&ndash;, Fern&aacute;ndez reclama el derecho al desborde imaginativo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, cuando el realismo chato y las moralejas biempensantes amenazan con agostar el panorama de nuestras letras, este artefacto dinamitero publicado por Random House se alza como una lecci&oacute;n de libertad. Nos interesa esta novela porque nos urge recordar que la ficci&oacute;n no solo sirve para retratar la grisura del suelo que pisamos, sino para abrir ventanas hacia el hiperespacio de la fantas&iacute;a pura; un lugar donde, por muy disparatado que parezca el delirio, siempre termina albergando una verdad humana mucho m&aacute;s vasta, libre y perdurable que la de nuestra propia realidad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;El friqui es el sujeto pol&iacute;tico del fant&aacute;stico sin&nbsp;que se note a pesar de que se trate de un fant&aacute;stico que nunca habla de pol&iacute;tica? S&iacute;. &iquest;Qui&eacute;n defiende al ni&ntilde;o friqui que todos somos? <a href="https://www.rtve.es/play/audios/hoy-empieza-todo/hoy-empieza-todo-barra-libre-diminuta-casa-encantada-laura-fernandez/17005157/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Laura Fern&aacute;ndez</a>&hellip;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Si quieres comprar 'Diminuta casa encantada', hazlo en la librer&iacute;a de barrio; pero si no, por internet </strong><a href="https://www.penguinlibros.com/es/libros-ninos-9-anos/545313-libro-diminuta-casa-encantada-9788439745655?srsltid=AfmBOordU_3b6fV0wgYcxooGwrJatJfxbbLEOTZq2jmFBAtbaNN18Eqr" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><strong>pinchando aqu&iacute;</strong></a></h2>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/diminuta-casa-encantada-de-laura-fernandez-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13332156.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jun 2026 16:30:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Diminuta casa encantada', de Laura Fernández]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,España,Lo Más Friki,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando los estudios universitarios de León dependían de Asturias]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/cuando-los-estudios-universitarios-de-leon-dependian-de-asturias-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13322859.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/095379d9-5cdf-41fa-b628-b0fff8a802e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando los estudios universitarios de León dependían de Asturias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Antes de crearse la Universidad de León, veterinaria y magisterio pertenecían a la de Oviedo y sabios de cátedra como Emilio Alarcos y Gustavo Bueno daban clase a nuestros catedráticos</p></div><p class="article-text">
        El tiempo es ese golfo que se sube a las farolas para ver pasar la Historia, pero hay ciudades que conservan mejor la memoria que los archivos. Le&oacute;n es una de ellas. No porque recuerde m&aacute;s, sino porque olvida m&aacute;s despacio. En sus facultades, en sus pasillos con olor a tiza antigua y caf&eacute; de m&aacute;quina, todav&iacute;a resuena una genealog&iacute;a intelectual que hoy parece improbable: cuando la Universidad de Le&oacute;n era todav&iacute;a una prolongaci&oacute;n acad&eacute;mica de la de Oviedo, y los grandes catedr&aacute;ticos asturianos proyectaban su sombra sobre las aulas leonesas.
    </p><p class="article-text">
        Uno estudi&oacute; aqu&iacute; con inolvidables profesores que hab&iacute;an estudiado con inmarchitables profesores de all&iacute;. Parece una obviedad, pero no lo es. La cultura, cuando es verdadera, no se transmite por decretos ministeriales ni por plataformas digitales, sino por filiaci&oacute;n. <strong>Salvador Guti&eacute;rrez Ord&oacute;&ntilde;ez</strong> y <strong>Jos&eacute; Enrique Mart&iacute;nez</strong> pertenecen a esa estirpe de catedr&aacute;ticos para quienes la universidad era algo m&aacute;s que una oficina de acreditaciones y sexenios. Y, detr&aacute;s de ellos, aparec&iacute;an dos nombres que hoy conservan el brillo de las monedas antiguas: <strong>Emilio Alarcos</strong> y <strong>Gustavo Bueno</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Alarcos representaba la inteligencia ling&uuml;&iacute;stica llevada a una precisi&oacute;n casi matem&aacute;tica. Bueno era otra cosa. Bueno era un sistema filos&oacute;fico caminando por los pasillos. Una m&aacute;quina de pensar. Un polemista con aspecto de patriarca castellano extraviado en Asturias. Un hombre que discut&iacute;a las ideas con la misma energ&iacute;a con la que otros discuten los resultados del f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo conversaciones con aquellos profesores en las que Gustavo Bueno aparec&iacute;a rodeado de una especie de respeto irreverente. Como esos viejos maestros que provocan admiraci&oacute;n y discusi&oacute;n a partes iguales. Nadie sal&iacute;a indemne de una clase suya. Ni intelectualmente ni sentimentalmente. Bueno ten&iacute;a esa rara virtud de obligar a pensar incluso a quienes estaban convencidos de que ya hab&iacute;an pensado suficiente.
    </p><h2 class="article-text"><strong>'El mito de la izquierda'</strong></h2><p class="article-text">
        Por eso vuelvo de vez en cuando a su libro <a href="https://www.iberlibro.com/servlet/BookDetailsPL?bi=32465478544" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El mito de la izquierda</em></a>, uno de esos libros que parecen escritos para irritar a media biblioteca nacional. Bueno sosten&iacute;a ah&iacute; que la izquierda no era una esencia moral ni una especie de superioridad &eacute;tica autom&aacute;tica, sino una categor&iacute;a hist&oacute;rica compleja, contradictoria y muchas veces utilizada como simple coartada sentimental. La izquierda, dec&iacute;a en el fondo, no era buena por ser izquierda ni la derecha mala por ser derecha. Hab&iacute;a que analizar los hechos, las instituciones, el poder real.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora me surge inevitable la pregunta. &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a escrito Gustavo Bueno si hubiera publicado <em>El mito de la izquierda</em> en la Espa&ntilde;a de 2026? No lo s&eacute;. Nadie puede hablar por los muertos, y menos por los fil&oacute;sofos. Pero sospecho que habr&iacute;a encontrado un material inagotable para sus disecciones conceptuales. Porque la Espa&ntilde;a actual tiene algo de laboratorio filos&oacute;fico y algo de sainete nacional. Una izquierda oficial que se presenta como depositaria exclusiva de la virtud p&uacute;blica mientras convive con episodios que han llenado peri&oacute;dicos y juzgados: <strong>Koldo, &Aacute;balos, Leire D&iacute;ez, Tito Berni</strong> y toda esa galer&iacute;a de personajes que parecen salidos de una novela picaresca escrita por un guionista de Netflix a las tres de la ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        Lo llamativo no son siquiera los esc&aacute;ndalos. Espa&ntilde;a siempre ha producido esc&aacute;ndalos con la misma facilidad con la que produce aceitunas o funcionarios. Lo verdaderamente interesante habr&iacute;a sido observar la reacci&oacute;n moral. O m&aacute;s exactamente, la ausencia de reacci&oacute;n moral.
    </p><p class="article-text">
        Hubo una &eacute;poca en la que la izquierda exig&iacute;a dimisiones con una rapidez casi higi&eacute;nica. Hoy parece haber descubierto las ventajas filos&oacute;ficas de la permanencia. Nadie dimite. Nadie se mueve. Nadie sab&iacute;a nada. Nadie recuerda nada. La responsabilidad pol&iacute;tica ha pasado a ser una antigualla, como las m&aacute;quinas de escribir o los discos de vinilo. Y quiz&aacute; ah&iacute; Gustavo Bueno habr&iacute;a afilado el bistur&iacute;. Porque su cr&iacute;tica nunca se dirig&iacute;a tanto contra las personas como contra los mitos. Contra las palabras convertidas en fetiches. Contra los conceptos transformados en religi&oacute;n civil.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una definici&oacute;n ideol&oacute;gica no concede bula &eacute;tica</strong></h2><p class="article-text">
        El mito contempor&aacute;neo consiste en creer que la autodefinici&oacute;n ideol&oacute;gica concede autom&aacute;ticamente una especie de bula &eacute;tica. Como si bastara proclamarse progresista para quedar exento de las miserias ordinarias del poder. Pero el poder sigue siendo el poder. Y el ser humano sigue siendo el ser humano. Da igual el color del cartel electoral. Al final, uno observa ciertos comportamientos de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola y termina recordando aquella vieja intuici&oacute;n de Bueno: las etiquetas explican mucho menos de lo que creen quienes viven de ellas. Por eso el socialismo enjoyado contempor&aacute;neo se parece a aquella novelita de <strong>Truman Capote </strong>adaptada al cine <a href="https://www.rtve.es/play/noticias/20211005/60-anos-desayuno-con-diamantes-version-light-libro-capote/2175235.shtml" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Desayuno con diamantes</em></a>... mucho brillo, mucha elegancia verbal, mucha escenograf&iacute;a moral y, detr&aacute;s de los escaparates, las mismas ambiciones, las mismas luchas internas y las mismas debilidades que han acompa&ntilde;ado siempre al poder&hellip; La distancia entre cierta izquierda institucional y cierta derecha institucional empieza a parecerse a la que existe entre la Coca-Cola y la Pepsi...
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso vuelvo mentalmente a aquellas conversaciones universitarias sobre Gustavo Bueno. No por nostalgia. La nostalgia es una forma elegante de pereza. Vuelvo porque aquellos profesores pertenec&iacute;an a una &eacute;poca en la que las ideas importaban m&aacute;s que las consignas, y los conceptos pesaban m&aacute;s que los esl&oacute;ganes. Una &eacute;poca en la que un fil&oacute;sofo pod&iacute;a incomodar a los suyos sin pedir perd&oacute;n, y un catedr&aacute;tico pod&iacute;a defender una tesis sin calcular primero su impacto en las redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        Desde los viejos pasillos leoneses que conduc&iacute;an intelectualmente hasta Oviedo, desde las clases heredadas de Alarcos y de Bueno a trav&eacute;s de disc&iacute;pulos brillantes como Salvador Guti&eacute;rrez y Jos&eacute; Enrique Mart&iacute;nez, la pregunta sigue flotando en el aire.&nbsp;&iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a hoy Gustavo Bueno? Seguramente algo inc&oacute;modo. Y precisamente por eso merecer&iacute;a la pena escucharlo&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Gracias por existir, Audrey Hepburn.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/cuando-los-estudios-universitarios-de-leon-dependian-de-asturias-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13322859.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Jun 2026 09:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando los estudios universitarios de León dependían de Asturias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Asturias,León,Historia de León,Universidad de León,Libros,Cine,Educación,Formación,León ciudad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Luis Muñoz, novelista negro]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/jose-luis-munoz-novelista-negro-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13310330.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ff721932-dc7d-45b6-ad49-945075d8c0ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="José Luis Muñoz, novelista negro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue glosa la figura y obra del último superviviente del 'noir' de combate, un autor de referencia que este verano será homenajeado en la Semana Negra de Gijón</p></div><p class="article-text">
        Tipos duros y peligrosos, ladrones, terroristas, mafiosos, asesinos en serie, nazis, llevando sus novelas de oscuridad luminosa como un pozo repleto de diamantes&hellip; Hay escritores que pertenecen a una generaci&oacute;n y otros que pertenecen a una estirpe. <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Luis_Mu%C3%B1oz_Jimeno" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz</strong></a>&nbsp;pertenece a esta segunda categor&iacute;a. Su nombre no puede entenderse &uacute;nicamente como el de un novelista prol&iacute;fico, premiado y constante, sino como el de uno de los autores que contribuyeron decisivamente, desde la Transici&oacute;n a esta farra neoliberal postdictadura que tenemos, a consolidar la novela negra espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea como algo que ya es mucho m&aacute;s que una literatura de los m&aacute;rgenes can&oacute;nicos o una forma narrativa de resistencia frente al academicismo.
    </p><p class="article-text">
        Nacido en Salamanca en 1951 y afincado desde muy joven en Catalu&ntilde;a (actualmente co-dirige el <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Festival Black Mountain</a> en el bello Valle de Ar&aacute;n), Mu&ntilde;oz comenz&oacute; a construir una obra singular en los a&ntilde;os en que la narrativa espa&ntilde;ola buscaba nuevas v&iacute;as de expresi&oacute;n tras la transici&oacute;n democr&aacute;tica. Mientras otros escritores aspiraban a la respetabilidad literaria por los caminos m&aacute;s transitados, &eacute;l, aunque tambi&eacute;n ha publicado novela hist&oacute;rica y novela de viajes, eligi&oacute; fundamentalmente el territorio incierto de la novela negra, el relato criminal, la marginalidad urbana y los personajes derrotados. Aquella controvertida elecci&oacute;n acabar&iacute;a definiendo una trayectoria de varias d&eacute;cadas y m&aacute;s de medio centenar de libros.
    </p><p class="article-text">
        Resulta imposible hablar de sus comienzos sin evocar la legendaria colecci&oacute;n Etiqueta Negra de la desaparecida Editorial J&uacute;car. Para quienes amamos el g&eacute;nero, aquellos vol&uacute;menes constituyen una suerte de biblia <em>pulp </em>del <em>noir</em> espa&ntilde;ol. All&iacute; encontraron refugio autores que entend&iacute;an que la novela negra era mucho m&aacute;s que una investigaci&oacute;n policial: era una forma de interpretar el mundo, de explorar las fracturas sociales y de adentrarse en las zonas oscuras de la condici&oacute;n humana.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz fue uno de los nombres fundamentales de aquella aventura editorial. Su novela Barcelona negra apareci&oacute; cuando la ciudad todav&iacute;a no hab&iacute;a sido transformada por la est&eacute;tica ol&iacute;mpica y conservaba una atm&oacute;sfera &aacute;spera, nocturna y peligrosa. La Barcelona de Mu&ntilde;oz no era la postal tur&iacute;stica que llegar&iacute;a despu&eacute;s, sino una geograf&iacute;a moral poblada por perdedores, delincuentes, prostitutas y so&ntilde;adores derrotados. Era una ciudad observada desde abajo, desde los m&aacute;rgenes, y precisamente por eso resultaba tan verdadera.
    </p><p class="article-text">
        Aquella obra le proporcion&oacute; adem&aacute;s uno de los primeros grandes reconocimientos de su carrera, el Premio Azor&iacute;n, galard&oacute;n que confirm&oacute; la aparici&oacute;n de una voz distinta dentro de la narrativa espa&ntilde;ola. Sin embargo, el &eacute;xito nunca modific&oacute; el rumbo de su escritura. Mu&ntilde;oz sigui&oacute; frecuentando los territorios inc&oacute;modos, las fronteras entre g&eacute;neros y los personajes condenados a caminar por el filo de la navaja.
    </p><p class="article-text">
        Una muestra de esa voluntad de riesgo lleg&oacute; con <a href="https://www.casadellibro.com/libro-pubis-de-vello-rojo/9788472231559/215697" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Pubis de vello rojo</em></a>, obra que obtuvo el Premio La Sonrisa Vertical en 1990. Lo verdaderamente interesante de aquella novela era que no proced&iacute;a de la tradici&oacute;n er&oacute;tica pura. El propio autor reconoci&oacute; que hab&iacute;a comenzado a escribirla como una novela negra y que, durante el proceso creativo, la historia deriv&oacute; hacia el erotismo. En sus p&aacute;ginas conviv&iacute;an el deseo, la violencia, la noche barcelonesa y una mirada profundamente negra sobre las relaciones humanas. Aquella mezcla explicaba su singularidad y tambi&eacute;n su &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        Pero reducir a Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz a los premios ser&iacute;a una injusticia. Los galardones &mdash;Azor&iacute;n, La Sonrisa Vertical, Tigre Juan, Caf&eacute; Gij&oacute;n, Camilo Jos&eacute; Cela y muchos otros&mdash; constituyen apenas se&ntilde;ales en el camino de una obra mucho m&aacute;s amplia. Lo verdaderamente relevante es la coherencia de un universo narrativo que ha permanecido fiel a s&iacute; mismo durante d&eacute;cadas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Fugitivos, aventureros, buscavidas...</strong></h2><p class="article-text">
        Sus novelas est&aacute;n habitadas por fugitivos, aventureros, buscavidas, delincuentes ocasionales y seres que persiguen una redenci&oacute;n imposible. Hay en ellas una influencia evidente de la gran tradici&oacute;n norteamericana &mdash;de <strong>Jim Thompson</strong>&nbsp;a <strong>Charles Bukowski</strong>, de <strong>David Goodis</strong>&nbsp;a <strong>James M. Cain</strong>&mdash;, pero filtrada por una sensibilidad mediterr&aacute;nea y una mirada profundamente espa&ntilde;ola. Mu&ntilde;oz nunca imit&oacute; modelos extranjeros; los incorpor&oacute; a una realidad propia.
    </p><p class="article-text">
        Por eso ocupa un lugar tan singular dentro del panorama de la novela negra nacional junto a grandes pioneros como Juan Madrid, Andreu Martin, Alicia Gim&eacute;nez Barlett, Vazquez Montalb&aacute;n y dem&aacute;s. Mientras otros autores de entonces optaron por la intriga policial cl&aacute;sica o por el thriller de construcci&oacute;n m&aacute;s comercial, &eacute;l mantuvo viva una corriente m&aacute;s &aacute;spera, m&aacute;s existencial y m&aacute;s cercana al esp&iacute;ritu original del g&eacute;nero. Sus libros no buscan &uacute;nicamente resolver un crimen; pretenden explicar por qu&eacute; una sociedad produce determinados monstruos y determinadas v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Esa fidelidad a una determinada concepci&oacute;n del noir explica tambi&eacute;n su presencia constante en festivales, encuentros literarios y proyectos culturales vinculados al g&eacute;nero. Desde la primera <a href="https://www.semananegra.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Semana Negra de Gij&oacute;n</a> hasta los festivales actuales, Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz ha ejercido como escritor, cr&iacute;tico, agitador cultural y defensor de una literatura que durante mucho tiempo tuvo que luchar por su reconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Vista en perspectiva, su trayectoria adquiere una dimensi&oacute;n hist&oacute;rica. Representa el puente entre los pioneros que introdujeron la novela negra moderna en Espa&ntilde;a y las generaciones posteriores que hoy disfrutan de un g&eacute;nero plenamente consolidado. Sin autores como &eacute;l, el auge actual del noir espa&ntilde;ol ser&iacute;a dif&iacute;cil de entender.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">José Luis Muñoz es uno de los grandes arquitectos de la novela negra española contemporánea, un escritor que ha permanecido fiel a los principios del género incluso cuando las modas invitaban a abandonarlos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        As&iacute; se ve por ejemplo en su &uacute;ltima novela&hellip;. Con <a href="https://www.bohodon.es/libro/1881/una-epopeya-americana-libertad.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Una epopeya americana. Libertad</em></a><a href="https://www.bohodon.es/libro/1881/una-epopeya-americana-libertad.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;</a>(2026, Bohod&oacute;n Ediciones), Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz emprende uno de los proyectos m&aacute;s ambiciosos de su trayectoria: una trilog&iacute;a situada en las entra&ntilde;as de la Am&eacute;rica profunda que combina la intensidad de la novela negra con la amplitud narrativa del western contempor&aacute;neo. La historia arranca con el enfrentamiento entre dos hermanos, Ca&iacute;n y Abel Brother, figuras de inequ&iacute;voca resonancia b&iacute;blica atrapadas en un universo de violencia, resentimiento y b&uacute;squeda de redenci&oacute;n. A trav&eacute;s de ellos, Mu&ntilde;oz construye una visi&oacute;n sombr&iacute;a de Estados Unidos, una ant&iacute;tesis del sue&ntilde;o americano donde conviven los perdedores, los desarraigados y los marginados que han poblado siempre su literatura. La novela confirma la capacidad del autor para trascender los l&iacute;mites convencionales del noir y abordar un relato de largo aliento en el que la aventura, la &eacute;pica familiar y la cr&iacute;tica social se funden en una misma corriente narrativa (adem&aacute;s, hay un dato relevante: <em>Una epopeya americana. Libertad</em>&nbsp;parece ser una reformulaci&oacute;n o nueva edici&oacute;n dentro del proyecto de la trilog&iacute;a iniciada con <em>Brother</em>, retomando a los personajes de Ca&iacute;n y Abel Brother y ampliando el alcance &eacute;pico de la saga americana de Mu&ntilde;oz.).
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por todo esto a Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz convenga reivindicarlo dentro de nuestro noir como algo m&aacute;s que un novelista premiado. Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz es uno de los grandes arquitectos de la novela negra espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, un escritor que ha permanecido fiel a los principios del g&eacute;nero incluso cuando las modas invitaban a abandonarlos. Pertenece a esa estirpe cada vez m&aacute;s rara de autores que han construido una obra antes que una carrera.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando dentro de algunos a&ntilde;os se escriba una historia rigurosa de nuestro noir, la vieja Etiqueta Negra de J&uacute;car aparecer&aacute; como uno de sus cap&iacute;tulos fundacionales (en efecto Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz pertenece a la estirpe de autores que surgieron al calor de esa legendaria colecci&oacute;n Etiqueta Negra de J&uacute;car, aquella biblioteca <em>pulp </em>del <em>noir</em> que dirigi&oacute; <strong>Paco Ignacio Taibo II</strong>&nbsp;y que ense&ntilde;&oacute; a varias generaciones de lectores espa&ntilde;oles a leer a <strong>Thompson</strong>, <strong>Goodis</strong>,<strong>&nbsp;Himes</strong>&nbsp;o <strong>Leonard</strong>: all&iacute; public&oacute; novelas tan significativas como <a href="https://www.casadellibro.com/libro-barcelona-negra/9788433436405/20713" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Barcelona negra</em></a>&nbsp;y <a href="https://www.casadellibro.com/libro-cadaver-bajo-el-jardin-un/9788433436351/205175" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Un  cad&aacute;ver bajo el jard&iacute;n</em></a>; obras que ya conten&iacute;an buena parte de las obsesiones que recorrer&iacute;an toda su trayectoria: la violencia urbana, los personajes derrotados y una mirada descarnada sobre los m&aacute;rgenes de la sociedad, y formado en aquella cantera irrepetible, Mu&ntilde;oz acabar&iacute;a convirti&eacute;ndose en uno de los pilares de la novela negra espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea.)&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Este es Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz: uno de los &uacute;ltimos supervivientes de una generaci&oacute;n que entendi&oacute; que la literatura negra no era un g&eacute;nero menor, sino una manera avanzada de mirar la parte oscura del mundo y de entender que a veces el mal hace las cosas bien.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/jose-luis-munoz-novelista-negro-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13310330.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jun 2026 16:30:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Luis Muñoz, novelista negro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,España,Festivales,Asturias,Literatura,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Banderas y la Biblioteca del Seminario de León]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/antonio-banderas-y-la-biblioteca-del-seminario-de-leon-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13300370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c76b4e88-a1a1-4eb6-a454-cc68822a3d5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Antonio Banderas y la Biblioteca del Seminario de León"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El encuentro entre el actor español y el Papa León XIV a Luis Artigue le lleva a glosar la biblioteca más secreta y fascinante de León</p></div><p class="article-text">
        Cuando era un adolescente hambriento de saberes descubr&iacute; una joya secreta en Le&oacute;n, la <a href="https://diocesisdeleon.org/bendicion-sala-lectura-biblioteca-seminario/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Biblioteca del Seminario sita enfrente de la Catedral</a>, que es un lugar de cultura y sabidur&iacute;a si no secreto si muy discreto al que la ciudad da la espalda, pero que cuenta con tesoros bibliogr&aacute;ficos. All&iacute;, junto a un compa&ntilde;ero intelectual y maestro de entonces, iba como quien se cuela en la novela de <strong>Umberto Eco </strong><a href="https://www.penguinlibros.com/es/novela-negra-misterio-y-thriller/460136-libro-el-nombre-de-la-rosa-edicion-especial-en-tapa-dura-9788466387743" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El nombre de la rosa</em></a><em>, </em>y saludaba al bibliotecario, el <strong>padre don Juan Manuel</strong>, y me sumerg&iacute;a en la Filosof&iacute;a y la Teolog&iacute;a hasta que el bibliotecario me tom&oacute; confianza y me empez&oacute; a permitir llevarme los libros casa. Fue entonces cuando descubr&iacute;... una colecci&oacute;n de libros impresionante que es sorprendente que pr&aacute;cticamente nadie conozca en la capital leonesa.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a esa biblioteca secreta o discreta pero fascinante fui leyendo uno a uno y con delectaci&oacute;n&nbsp;la obra magna de <strong>Von Balthasar </strong>[Gloria, 7 tomos; Teodram&aacute;tica, 5 tomos; y Teol&oacute;gica, 3 tomos], m&aacute;s un breve tomo de Ep&iacute;logo sobre los trascendentales de lo 'bello', lo 'bueno' y lo 'verdadero' (algunos de los tomos nadie los hab&iacute;a le&iacute;do, pues estaban aun plastificados hasta que los desflor&eacute;, y los le&iacute; la verdad que tan despacio que hasta me permit&iacute; corregir con bol&iacute;grafo azul las pocas erratas que la traducci&oacute;n tiene).
    </p><p class="article-text">
        Y cuento esto ahora a colaci&oacute;n de que el otro d&iacute;a en Madrid <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/ultima-hora-visita-papa-leon-xiv-espana-directo_6_13281927_1123390.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antonio Banderas, que ante el Papa Le&oacute;n XIV confes&oacute; haber sucumbido al hechizo de Dios</a>, aprovech&oacute; la ocasi&oacute;n para explicar como si fuera una idea nueva que sin el cristianismo no hubiera habido arte&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto eso me ha hecho volver a revisar a von Balthasar, un escritor cult&iacute;simo, a la vez profundo y elevado, y quien mejor ha pensado las relaciones entre el cristianismo y la est&eacute;tica.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Figuras extraordinarias del catolicismo</strong></h2><p class="article-text">
        La teolog&iacute;a cat&oacute;lica del siglo XX produjo una constelaci&oacute;n de figuras extraordinarias. Cada una intent&oacute; responder, a su manera, a una pregunta decisiva: &iquest;C&oacute;mo puede el hombre moderno volver a encontrar el acceso a Dios? Algunos buscaron ese acceso en la conciencia, otros en la historia, otros en la experiencia eclesial o en la renovaci&oacute;n de las fuentes patr&iacute;sticas. <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Hans_Urs_von_Balthasar" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Hans Urs von Balthasar</strong></a>&nbsp;eligi&oacute; un camino singular: el est&eacute;tico; el de la belleza.
    </p><p class="article-text">
        Esta elecci&oacute;n ha provocado admiraci&oacute;n y sospecha a partes iguales. Admiraci&oacute;n, porque pocas obras teol&oacute;gicas poseen la amplitud, la profundidad y la fuerza literaria de la suya. Sospecha, porque para algunos la belleza parece un camino secundario, casi ornamental, respecto de la fe. Sin embargo, una lectura atenta de Balthasar revela que la cuesti&oacute;n es mucho m&aacute;s compleja. La belleza no es un adorno de la verdad; es la forma bajo la cual la verdad divina se manifiesta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>'Lo bello, lo bueno y lo verdadero' de von Balthasar</strong>
    </p><p class="article-text">
        Toda la arquitectura de su pensamiento puede entenderse como una exploraci&oacute;n sistem&aacute;tica de los trascendentales cl&aacute;sicos: lo bello, lo bueno y lo verdadero. La monumental trilog&iacute;a compuesta por <a href="https://edicionesencuentro.com/coleccion/gloria-teodramatica-teologica/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Gloria, Teodram&aacute;tica&nbsp;y Teol&oacute;gica</em></a>&nbsp;sigue precisamente ese recorrido. En <em>Gloria</em>&nbsp;estudia la manifestaci&oacute;n de la belleza divina; en <em>Teodram&aacute;tica</em>, el despliegue del bien en la historia de la salvaci&oacute;n; en <em>Teol&oacute;gica</em>, la verdad revelada que ilumina la inteligencia creyente.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de tres temas yuxtapuestos. Son tres accesos a una misma realidad. Balthasar est&aacute; convencido de que los trascendentales se reclaman mutuamente. Cuando la verdad pierde la belleza, se vuelve abstracta; cuando el bien pierde la belleza, degenera en moralismo; cuando la belleza se separa de la verdad y del bien, cae en el esteticismo. Por eso su proyecto puede leerse como un esfuerzo por restaurar la unidad originaria de los trascendentales en Dios.
    </p><p class="article-text">
        Resulta especialmente sugerente la distinci&oacute;n que establece entre 'est&eacute;tica teol&oacute;gica' y 'teolog&iacute;a est&eacute;tica'. A primera vista, la diferencia parece puramente terminol&oacute;gica. No lo es. La teolog&iacute;a est&eacute;tica, tal como &eacute;l la entiende cr&iacute;ticamente, corre el riesgo de convertir la experiencia de lo bello en criterio &uacute;ltimo de la verdad religiosa. La est&eacute;tica teol&oacute;gica, por el contrario, parte de la revelaci&oacute;n y se pregunta por la forma bella con que Dios se da a conocer.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia es decisiva. En un caso, Dios queda subordinado a una teor&iacute;a de la belleza; en el otro, la belleza queda subordinada a la autorrevelaci&oacute;n de Dios. Balthasar no pretende construir una religi&oacute;n de artistas ni una metaf&iacute;sica del gusto. Pretende mostrar que la gloria de Dios posee una forma objetiva que puede ser contemplada. La belleza cristiana no nace de la sensibilidad humana; nace del acontecimiento de Cristo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La fe reducida a una emoci&oacute;n est&eacute;tica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es precisamente aqu&iacute; donde surge una de las cr&iacute;ticas m&aacute;s frecuentes. Si la belleza conduce a Dios... &iquest;No queda la fe reducida a una especie de emoci&oacute;n est&eacute;tica? &iquest;No corre el riesgo la experiencia religiosa de convertirse en una contemplaci&oacute;n refinada de formas hermosas? Algunos lectores han sospechado que la prioridad otorgada a la est&eacute;tica introduce un elemento secundario en el centro mismo de la teolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La objeci&oacute;n merece ser tomada en serio. Sin embargo, pierde fuerza cuando se considera el conjunto de la obra balthasariana. La belleza de la que habla Balthasar no es la armon&iacute;a superficial de las cosas agradables. Es la forma parad&oacute;jica de la revelaci&oacute;n divina, cuyo centro es la cruz. La gloria de Dios se manifiesta precisamente all&iacute; donde toda est&eacute;tica mundana esperar&iacute;a encontrar fracaso, abandono y oscuridad. La belleza cristiana no es decorativa; es dram&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Adrienne von Speyr</strong>
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el pensamiento de Balthasar no puede entenderse sin la influencia decisiva de la m&iacute;stica <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Adrienne_von_Speyr" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Adrienne von Speyr</strong></a>&nbsp;a la cual conoci&oacute;, confes&oacute;, convirti&oacute; y anim&oacute; a escribir. La relaci&oacute;n intelectual y espiritual entre ambos constituye uno de los fen&oacute;menos m&aacute;s singulares de la teolog&iacute;a contempor&aacute;nea. Balthasar encontr&oacute; en ella una experiencia m&iacute;stica que consider&oacute; aut&eacute;nticamente teol&oacute;gica. Su atenci&oacute;n a los temas mariol&oacute;gicos y escatol&oacute;gicos procede en buena medida de este encuentro.
    </p><p class="article-text">
        La figura de Mar&iacute;a ocupa en su pensamiento un lugar central porque representa la respuesta perfecta de la fe a la iniciativa divina. Frente a una modernidad fascinada por la autonom&iacute;a, Mar&iacute;a aparece como la disponibilidad radical ante Dios. Y precisamente por ello la dimensi&oacute;n mariol&oacute;gica corrige cualquier tentaci&oacute;n esteticista: el acceso a Dios no se produce por la mera contemplaci&oacute;n de la belleza, sino por la obediencia creyente.
    </p><p class="article-text">
        Algo semejante ocurre con la escatolog&iacute;a. El horizonte &uacute;ltimo de la historia impide que la belleza quede encerrada en el presente. Toda forma creada remite a una plenitud futura que todav&iacute;a no poseemos. La belleza cristiana es promesa antes que posesi&oacute;n. En este sentido, la influencia de Adrienne von Speyr&nbsp;refuerza la convicci&oacute;n de que la fe constituye siempre el fundamento &uacute;ltimo del conocimiento teol&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        Por eso ser&iacute;a injusto interpretar a Balthasar como un te&oacute;logo que sustituye la fe por la est&eacute;tica. M&aacute;s bien intenta mostrar que la fe posee una dimensi&oacute;n contemplativa irreductible. El creyente no s&oacute;lo acepta proposiciones verdaderas ni cumple mandamientos morales; contempla la gloria de Dios manifestada en Cristo. La belleza aparece entonces no como alternativa a la fe, sino como una dimensi&oacute;n interna de ella.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Otros giganges de la teolog&iacute;a del siglo XX</strong>
    </p><p class="article-text">
        La comparaci&oacute;n con otros gigantes de la teolog&iacute;a del siglo XX resulta inevitable. <strong>Henri de Lubac</strong>&nbsp;destac&oacute; por su extraordinaria capacidad para releer la tradici&oacute;n cristiana en di&aacute;logo con la cultura y la historia. <strong>Karl Rahner</strong>&nbsp;desarroll&oacute; una s&iacute;ntesis original entre el tomismo y la filosof&iacute;a trascendental moderna, una s&iacute;ntesis que suscit&oacute; admiraci&oacute;n y cr&iacute;ticas por igual. Frente a ambos, Balthasar ofrece una propuesta m&aacute;s marcadamente centrada en la forma total del misterio cristiano, integrando metaf&iacute;sica, espiritualidad, ex&eacute;gesis, literatura y teolog&iacute;a dogm&aacute;tica en una visi&oacute;n de conjunto dif&iacute;cilmente comparable (y lo decimos sin desde&ntilde;ar aportaciones espiritualmente fastuosas como, citando las que a nosotros m&aacute;s nos seducen, el estudio de la importancia de los laicos en la iglesia de <strong>Yves Congar</strong>, la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n de <strong>John Sobrino</strong>&nbsp;y <strong>Gustavo Gutierrez</strong>, la teolog&iacute;a dial&eacute;ctica de <strong>Karl Bath</strong>, la teolog&iacute;a de la esperanza de <strong>J&uuml;nger Moltman</strong>&nbsp;y su insistencia en la importancia de la comunidad, la valent&iacute;a del ser de <strong>Paul Tillich</strong>&nbsp;y la teolog&iacute;a femenina de <strong>Eisabeth Jonhson</strong>).
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso muchos consideramos que, como dej&oacute; escrito <strong>Benedicto XVI</strong>, la obra de Von Balthasar representa una de las cumbres intelectuales del catolicismo contempor&aacute;neo. No porque resuelva todos los problemas ni porque est&eacute; libre de objeciones, sino porque devuelve a la teolog&iacute;a una amplitud de horizonte que parec&iacute;a perdida. En un tiempo inclinado a la especializaci&oacute;n fragmentaria, Balthasar volvi&oacute; a pensar el cristianismo como un todo, y a la iglesia como un todo en el cual el laicado tambi&eacute;n goza de gran relevancia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchos consideramos, como dejó escrito Benedicto XVI, que la obra de Von Balthasar representa una de las cumbres intelectuales del catolicismo contemporáneo. No porque resuelva todos los problemas ni porque esté libre de objeciones, sino porque devuelve a la teología una amplitud de horizonte que parecía perdida</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Al final, la grandeza de Hans Urs von Balthasar reside en haber recordado algo que la modernidad hab&iacute;a olvidado con frecuencia: que Dios no es s&oacute;lo verdad para la inteligencia ni s&oacute;lo bien para la voluntad. Es tambi&eacute;n gloria para la contemplaci&oacute;n. Y esa gloria, lejos de ser un lujo est&eacute;tico a&ntilde;adido a la fe, constituye la irradiaci&oacute;n misma del misterio divino. Su teolog&iacute;a permanece as&iacute; como una de las tentativas m&aacute;s poderosas del siglo XX para mostrar que los trascendentales convergen en Dios y que, en Cristo, la belleza, la bondad y la verdad vuelven a encontrarse.
    </p><p class="article-text">
        En efecto despu&eacute;s de todo lo le&iacute;do poco a poco en la biblioteca secreta del seminario de Le&oacute;n (todo de la mano del padre don Juan Manuel: &iexcl;Gratitud!) cada vez tenemos m&aacute;s claro, a pesar de lo que nos cuentan los especialistas, que <strong>Henri de Lubac</strong>&nbsp;era en buena medida un culturalista espiritual cuya teolog&iacute;a tiene casi m&aacute;s de erudici&oacute;n que de teolog&iacute;a, y que <strong>Karl Rahner</strong>&nbsp;desarroll&oacute; un tomismo trascendental que es de todo menos tomista, y que si hemos de escoger nos quedamos con la belleza elevada de <strong>Hans Urs von Balthasar</strong>, objetivamente el mejor te&oacute;logo del siglo XX&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Gracias Antonio Banderas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/antonio-banderas-y-la-biblioteca-del-seminario-de-leon-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13300370.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 09:30:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Antonio Banderas y la Biblioteca del Seminario de León]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Internacional,España,La Biblioteca del Reino,Obispado de León]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El Otro', de Eduardo Zamacois]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/libro-el-otro-de-eduardo-zamacois-critica-literaria-por-luis-artigue-primera-novela-de-terror-hispanica-del-siglo-xx_1_13300328.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c842491b-f621-4543-b0ce-f02f8e19ec47_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El Otro&#039;, de Eduardo Zamacois"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Artigue recomienda con entusiasmo una obra del famoso autor del principio siglo XX rescatada por la editorial Pez de Plata y que pasa por ser la primera novela de terror moderna de todo el canon hispánico</p></div><p class="article-text">
        Espectros, satanismo, ocultismo, perversiones sexuales paranormales en sanatorios inquietantes, venganzas de ultratumba y el tenebroso Madrid decadentista&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Hay escritores que dejan una obra; otros, adem&aacute;s, dejan una &eacute;poca. <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Zamacois" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Eduardo Zamacois</strong></a><strong> </strong>pertenece a esta segunda categor&iacute;a. Nacido en Cuba en 1873 y fallecido en Buenos Aires en 1971, Zamacois desarroll&oacute; una larga y prol&iacute;fica trayectoria como novelista, periodista, editor y memorialista &ldquo;a caballo entre la madurez de la Generaci&oacute;n del 98 y la famosa y a veces infame bohemia madrile&ntilde;a&rdquo;, como lo sit&uacute;a <strong>Jes&uacute;s Palacios</strong>&nbsp;en el exhaustivo pr&oacute;logo de la novela que ahora rese&ntilde;amos y que es su obra maestra. Instalado desde joven en Espa&ntilde;a, fue una figura muy activa en la vida cultural y la nocturnidad donjuanesca de finales del siglo XIX y buena parte del XX. Su extensa carrera le permiti&oacute; tratar y coincidir con algunas de las principales figuras de las letras espa&ntilde;olas, entre ellas <strong>Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s</strong>, <strong>Emilia Pardo Baz&aacute;n</strong>, <strong>Ram&oacute;n del Valle-Incl&aacute;n</strong>, <strong>P&iacute;o Baroja</strong>, <strong>Vicente Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez</strong>&nbsp;y <strong>Azor&iacute;n</strong>, a quienes evoc&oacute; con frecuencia en sus memorias, dejando un valioso testimonio de la intensa vida literaria de su &eacute;poca. Y es que Zamacois, &ldquo;culto cosmopolita y moderno&rdquo; fue muchas&nbsp;&nbsp;cosas &ndash;prol&iacute;fico, pol&eacute;mico, fant&aacute;stico, antifascista, exiliado olvidado despu&eacute;s de la Guerra Civil&ndash;, pero no fue un perdedor ni encaja en lo que <strong>Juan Manuel de Prada</strong>, al hablar sobre los perdedores literarios de esa &eacute;poca, denominaba &ldquo;desgarrados y exc&eacute;ntricos&rdquo;. Zamacois, por el contrario, fue durante d&eacute;cadas un escritor de enorme &eacute;xito comercial, director de revistas, conferenciante y profesional de las letras perfectamente integrado en el mundo editorial de su tiempo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Zamacois, actualmente en discreta penumbra</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo su figura aparece hoy envuelta en una discreta penumbra, como si el tiempo hubiera ido retirando lentamente los focos que iluminaron su nombre durante d&eacute;cadas. Aunque basta acercarse a sus novelas, a sus memorias o a su incesante actividad period&iacute;stica, para advertir que estamos ante uno de esos autores cuya importancia no puede medirse &uacute;nicamente por el lugar que ocupan en los manuales literarios de la posteridad.
    </p><p class="article-text">
        Zamacois fue, ante todo, un observador. Su literatura nace de una curiosidad insaciable por los comportamientos humanos y por las transformaciones de una sociedad que avanzaba entre entusiasmos modernos y viejas inercias. No busc&oacute; refugio en los territorios de la abstracci&oacute;n ni en los juegos intelectuales que tanto sedujeron a otros escritores de su tiempo. Prefiri&oacute; la calle, el caf&eacute;, la conversaci&oacute;n, el rumor de la actualidad. De ah&iacute; que muchas de sus p&aacute;ginas conserven todav&iacute;a la vibraci&oacute;n de lo vivido.
    </p><p class="article-text">
        Su narrativa posee una cualidad que a menudo se pasa por alto: la fluidez. Zamacois escribe con la naturalidad de quien conoce perfectamente los mecanismos del relato y sabe que la claridad no es una concesi&oacute;n, sino una conquista. Sus novelas avanzan sin tropiezos, sostenidas por una prosa que reh&uacute;ye el adorno innecesario y conf&iacute;a en la eficacia de la observaci&oacute;n precisa. En ellas no encontramos el af&aacute;n de exhibir talento, sino el prop&oacute;sito m&aacute;s dif&iacute;cil de lograr: mantener despierta la atenci&oacute;n del lector.
    </p><p class="article-text">
        Resulta igualmente significativo su papel como cronista de una sensibilidad colectiva. La literatura espa&ntilde;ola de finales del siglo XIX y comienzos del XX suele contemplarse a trav&eacute;s de grandes nombres que han terminado por monopolizar la perspectiva hist&oacute;rica. Sin embargo, para comprender realmente el clima cultural de aquellos a&ntilde;os conviene acudir tambi&eacute;n a escritores como Zamacois, capaces de registrar aspectos que las figuras m&aacute;s can&oacute;nicas dejaron en segundo plano. Sus textos ofrecen un testimonio valioso de los cambios sociales, de las aspiraciones y contradicciones de una burgues&iacute;a emergente y de las tensiones morales que acompa&ntilde;aron la modernizaci&oacute;n del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un trabajo que merece reconocimiento</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay, adem&aacute;s, en su trayectoria una voluntad de trabajo que merece reconocimiento. Fue un profesional de la escritura en el sentido m&aacute;s pleno del t&eacute;rmino. Escribi&oacute; mucho y sobre asuntos muy diversos, particip&oacute; activamente en la vida period&iacute;stica y entendi&oacute; la literatura como una actividad inseparable de la realidad cotidiana. Esa dedicaci&oacute;n constante explica tanto la amplitud de su producci&oacute;n como algunas de sus inevitables irregularidades. Pero incluso cuando sus obras no alcanzan la misma altura, permanece visible una energ&iacute;a narrativa dif&iacute;cil de encontrar.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la mejor manera de leer hoy a Eduardo Zamacois consista en liberarlo de etiquetas apresuradas y devolverlo a su condici&oacute;n de escritor. No como una figura secundaria destinada a ocupar una nota al pie, sino como un autor que contribuy&oacute; decisivamente a ensanchar los l&iacute;mites de la narrativa popular y del periodismo literario espa&ntilde;ol. Su obra recuerda que la historia de la literatura no est&aacute; formada &uacute;nicamente por cimas aisladas, sino tambi&eacute;n por una extensa red de voces que dieron forma al paisaje intelectual de su tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Volver a Zamacois es, en cierto modo, volver a una tradici&oacute;n narrativa que conced&iacute;a un valor esencial al placer de contar. Y ese placer, cuando est&aacute; sostenido por la inteligencia, la experiencia y el oficio, rara vez envejece.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la cr&iacute;tica ha tendido a encuadrar a Eduardo Zamacois dentro del realismo narrativo y la novela de costumbres, sus intereses literarios fueron mucho m&aacute;s amplios. Como muchos escritores de fin de siglo, sinti&oacute; una notable atracci&oacute;n por los territorios de lo ins&oacute;lito, lo misterioso y lo sobrenatural. Fue lector atento de las corrientes decadentes y simbolistas europeas, y mostr&oacute; curiosidad por temas entonces muy en boga como el espiritismo, la sugesti&oacute;n, los fen&oacute;menos ps&iacute;quicos y las zonas oscuras de la mente humana. Esa inclinaci&oacute;n se refleja en varios relatos y novelas breves donde aparecen ambientes inquietantes, apariciones, obsesiones psicol&oacute;gicas y situaciones cercanas al relato de terror o al fant&aacute;stico. M&aacute;s que cultivar un terror expl&iacute;cito al estilo anglosaj&oacute;n, Zamacois se interes&oacute; por la perturbaci&oacute;n moral y emocional que produce lo inexplicable, situ&aacute;ndose en una tradici&oacute;n que conecta con autores como <strong>Edgar Allan Poe</strong>, <strong>Guy de Maupassant</strong>&nbsp;o <strong>E. T. A. Hoffmann</strong>. Esta faceta, menos conocida que su producci&oacute;n realista, revela a un escritor atento a las corrientes modernas de su tiempo y dispuesto a explorar los l&iacute;mites entre la realidad y la imaginaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo es el autor de una novela fant&aacute;stica moderna y influyente: <a href="https://editorialpezdeplata.com/saturnalia/135-el-otro-9791399038972.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El Otro</em></a><em>.</em> una novela que permite descubrir a un Zamacois muy distinto del narrador realista con el que suele identific&aacute;rsele: un escritor fascinado por las sombras, los l&iacute;mites de la identidad y los misterios de la mente humana... 
    </p><p class="article-text">
        Todo un bestseller en su d&iacute;a, con al menos ocho ediciones y una adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica pionera del cine de terror espa&ntilde;ol, dirigida por <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Codina</strong>&nbsp;en 1919, la cual puede considerarse la primera novela de terror moderna espa&ntilde;ola. Una obra que sorprende por su erotismo perverso, sus ideas parapsicol&oacute;gicas y su implacable modernidad.
    </p><p class="article-text">
        Publicada en 1910, <em>El otro</em>&nbsp;constituye una de las obras m&aacute;s singulares de Eduardo Zamacois y, probablemente, uno de los textos fundacionales del terror moderno espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La trama de 'El Otro'</strong>
    </p><p class="article-text">
        La acci&oacute;n de <em>El otro</em>&nbsp;transcurre en el Madrid de comienzos del siglo XX y se articula en torno a un tri&aacute;ngulo formado por Juan Enrique Halderg, bar&oacute;n de Nhorres; Adelina, esposa del doctor Riaza; y el propio Riaza, director de un sanatorio. Cuando los dos amantes provocan la muerte del m&eacute;dico creyendo haber cometido el crimen perfecto, la novela gira hacia el territorio de lo sobrenatural. La figura central pasa entonces a ser &ldquo;el Otro&rdquo;, la inquietante presencia del difunto doctor, cuyo regreso desencadena una serie de fen&oacute;menos ambiguos y perturbadores que atormentan a los culpables. Zamacois construye as&iacute; un relato en el que los personajes oscilan constantemente entre la culpa, el deseo y el miedo, sin que el lector llegue a saber con certeza si los sucesos responden a una aut&eacute;ntica manifestaci&oacute;n sobrenatural o a los efectos psicol&oacute;gicos del remordimiento (este enfoque es, de hecho, una de las grandes virtudes de la novela: el espectro de Riaza no funciona solo como un fantasma vengador, sino como una encarnaci&oacute;n de los temores, deseos reprimidos y obsesiones de los protagonistas, acercando la obra tanto al terror sobrenatural como al psicol&oacute;gico).
    </p><p class="article-text">
        Lo que hoy sigue sorprendiendo de <em>El otro </em>es su <strong>extraordinaria modernidad</strong>. Zamacois abandona los moldes del realismo tradicional para adentrarse en un territorio ambiguo donde convergen la ciencia, la parapsicolog&iacute;a, el deseo y el horror psicol&oacute;gico. La novela explora la idea del doble, una de las grandes obsesiones de la literatura fant&aacute;stica europea, pero lo hace desde una sensibilidad plenamente contempor&aacute;nea, vinculada a las inquietudes de la psicolog&iacute;a experimental y a los debates sobre la identidad que recorr&iacute;an la cultura de comienzos del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        El autor construye una atm&oacute;sfera inquietante y enfermiza, en la que la frontera entre realidad y alucinaci&oacute;n se vuelve cada vez m&aacute;s difusa. A ello contribuye un erotismo perturbador, alejado de cualquier convencionalismo moral, que impregna la narraci&oacute;n de una tensi&oacute;n constante. El deseo aparece asociado a impulsos oscuros, a fuerzas desconocidas que escapan al control de la raz&oacute;n y empujan a los personajes hacia una progresiva degradaci&oacute;n psicol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que una novela de terror en el sentido can&oacute;nico, <em>El otro</em>&nbsp;es una exploraci&oacute;n de los abismos de la conciencia. En sus p&aacute;ginas resuenan ecos de <strong>Poe</strong>, <strong>Maupassant</strong>&nbsp;o <strong>Stevenson</strong>, pero Zamacois consigue dotar al relato de una personalidad propia, profundamente ligada al clima intelectual de la Edad de Plata espa&ntilde;ola. El resultado es una obra audaz, inquietante y sorprendentemente vigente. Una de gran influencia por ejemplo para <strong>Emilio Carrere </strong>(sin esta novela no existir&iacute;a <a href="https://www.valdemar.com/libro/la-torre-de-los-siete-jorobados/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La torre de los siete jorobados</em></a><em>), </em>para <a href="https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/jarrapellejos--1/html/fef4e1f6-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html#I_1_" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Jarrapellejos</em></a><em> </em>y las obras del llamado erotismo sical&iacute;ptico de <strong>Felipe Trigo</strong>, para <strong>Carmen de Burgos </strong>en sus novelas cortas como <a href="https://www.bibliotecadigitaldeandalucia.es/catalogo/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=1002878" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los amores de Faustino</em></a><em> </em>o <a href="https://www.cervantesvirtual.com/obra/confidencias--0/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Las confidencias</em></a>, en el novelista er&oacute;tico-burlesco y cupletista <strong>&Aacute;lvaro Retana</strong>&nbsp;y, desde ah&iacute;, luego tambi&ntilde;en de gran influencia hasta para los autores del Fantaterror espa&ntilde;ol de los 70 y en el cine loco de <strong>Alex de la Iglesia</strong>&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        De hecho <em>El Otro </em>(ya lo dice el propio Emilio Carrere en el tambi&eacute;n interesante segundo pr&oacute;logo de este libro) tiene aire de libre, inventivo y dinamitero gui&oacute;n de cine de serie B, luce en la prosa un deje modernista entre culto y arcaizante en las descripciones que le da por momentos como un aire de novela g&oacute;tica, y merece ser recuperada no solo como una rareza bibliogr&aacute;fica pionera, sino como una pieza fundamental para comprender los or&iacute;genes de la literatura fant&aacute;stica y de terror en Espa&ntilde;a&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Esto somos, rediosla!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/libro-el-otro-de-eduardo-zamacois-critica-literaria-por-luis-artigue-primera-novela-de-terror-hispanica-del-siglo-xx_1_13300328.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jun 2026 15:00:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['El Otro', de Eduardo Zamacois]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,España,Lo Más Friki,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El sueño del Emperador' y 'Zafadola': las últimas novelas históricas de Juan Pedro Aparicio]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/sueno-emperador-zafadola-ultimas-novelas-historicas-juan-pedro-aparicio_1_13289352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66c17d9e-1cfb-4123-9f04-9a654f4a400d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El sueño del Emperador&#039; y &#039;Zafadola&#039;: las últimas novelas históricas de Juan Pedro Aparicio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue reseña estas dos novelas publicadas por Eolas Ediciones del autor leonés. "Episodios Nacionales que desde la ficción y el rigor dan una nítida idea de España", defendiendo la necesidad de dar conocer las ocultadas aportaciones del 'Regnum Legionense' a su Historia</p><p class="subtitle">HEMEROTECA LITERARIA - El autor sobre 'El sueño del Emperador': “A León le han robado su historia, tapada por la preponderancia de Castilla”</p></div><p class="article-text">
        Las dos &uacute;ltimas novelas hist&oacute;ricas de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Pedro_Aparicio" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Juan Pedro Aparicio</strong></a> (Le&oacute;n 1941, Premio Nadal, Premio Setenil y Premio Castilla y Le&oacute;n de las Letras) son dos&nbsp;Episodios Nacionales del siglo XII para el siglo XXI&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a ocurrido si el mayor sue&ntilde;o pol&iacute;tico de la Espa&ntilde;a medieval hubiera dependido tanto de las pasiones humanas como de las batallas y los tratados? Esa es la fascinante pregunta que recorre <a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/juan-pedro-aparicio-presenta-lunes-sueno-emperador-instituto-leones-cultura_1_11377779.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El sue&ntilde;o del emperador</em></a><em> </em>(Eloas Ediciones, 2025), una novela que nos traslada al siglo XII para seguir la peripecia de Alfonso VII, el monarca que aspir&oacute; a convertirse en emperador de toda Hispania. Pero Juan Pedro Aparicio no se limita a reconstruir una &eacute;poca remota: convierte la historia en una aventura llena de intrigas cortesanas, alianzas inciertas, ambiciones desmedidas, amores, traiciones y personajes que parecen debatirse entre el destino y la voluntad. El lector avanza por castillos, campamentos y ciudades medievales con la sensaci&oacute;n de asistir al nacimiento de una idea que todav&iacute;a nos interpela: la de una Espa&ntilde;a plural y dif&iacute;cil de gobernar. Narrada con agilidad, inteligencia y un extraordinario pulso novelesco, <em>El sue&ntilde;o del emperador</em> consigue que un episodio decisivo de nuestra historia se lea con la emoci&oacute;n de una gran novela de aventuras&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Asimismo pocas figuras de la Edad Media espa&ntilde;ola resultan tan novelescas como <a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/juan-pedro-aparicio-presenta-viernes-leon-zafadola-continuacion-sueno-emperador_1_12905997.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Zafadola</em></a>, el rey musulm&aacute;n que so&ntilde;&oacute; con recuperar un trono perdido y acab&oacute; convertido en pieza decisiva de un complejo tablero pol&iacute;tico donde nada era exactamente lo que parec&iacute;a. En esta otra apasionante novela, Juan Pedro Aparicio rescata a un personaje hist&oacute;rico tan real como extraordinario y lo sit&uacute;a en el centro de una trama de pactos, guerras, lealtades cambiantes y estrategias de supervivencia que atraviesan la Pen&iacute;nsula del siglo XII. Lo que comienza como la peripecia de un pr&iacute;ncipe destronado se transforma poco a poco en una reflexi&oacute;n sobre el poder, la identidad y la convivencia entre culturas enfrentadas y, a la vez, inevitablemente unidas. Con ritmo de aventura, una s&oacute;lida base hist&oacute;rica y una galer&iacute;a de personajes memorables, <em>Zafadola </em>invita al lector a descubrir uno de esos episodios olvidados de la historia que, gracias a la literatura, recuperan toda su emoci&oacute;n y su significado.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Uno de los proyectos narrativos m&aacute;s ambiciosos de la novela Espa&ntilde;ola</strong></h2><p class="article-text">
        Efectivamente con <em>El sue&ntilde;o del emperador</em> y <em>Zafadola</em>, el celebrado novelista Juan Pedro Aparicio prosigue uno de los proyectos narrativos m&aacute;s ambiciosos de la novela espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea: la reconstrucci&oacute;n literaria de momentos decisivos de nuestra historia desde una perspectiva que trasciende los l&iacute;mites convencionales de la llamada novela hist&oacute;rica. Ambas obras, publicadas por Eolas, se adentran como decimos en el siglo XII peninsular para recrear las complejas relaciones entre los distintos reinos cristianos y musulmanes, las tensiones din&aacute;sticas, las alianzas cambiantes y los conflictos que contribuyeron a configurar la realidad pol&iacute;tica de Espa&ntilde;a. Sin embargo, reducir estas novelas a una simple evocaci&oacute;n del pasado equivaldr&iacute;a a desconocer su verdadera naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        La <a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/juan-pedro-aparicio-reino-leon-pago-olvido-enfrentarse-papa-imperio-religiones_1_12914267.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">novela hist&oacute;rica</a> ha gozado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas de una notable fortuna editorial, pero no toda ella responde a id&eacute;nticas exigencias. Existe una modalidad orientada principalmente al entretenimiento, heredera en buena medida de <strong>Walter Scott</strong> y continuada, con distintos registros, por autores tan populares como <strong>Juan Eslava Gal&aacute;n</strong> o <strong>Arturo P&eacute;rez-Reverte</strong>. En ella predominan la peripecia, el color local, la reconstrucci&oacute;n ambiental y el dinamismo argumental. Aparicio, sin renunciar en absoluto a esas virtudes narrativas, se sit&uacute;a en una tradici&oacute;n distinta y m&aacute;s exigente: la inaugurada por <strong>Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s</strong> en los <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Episodios_nacionales" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Episodios Nacionales</em></a>.
    </p><p class="article-text">
        Como ocurr&iacute;a en la gran empresa galdosiana, la historia no constituye aqu&iacute; un decorado sobre el que se proyectan aventuras m&aacute;s o menos veros&iacute;miles, sino el espacio donde se examinan los procesos que explican la formaci&oacute;n de una comunidad hist&oacute;rica. <em>El sue&ntilde;o del emperador</em> y <em>Zafadola</em> son novelas de acci&oacute;n, de intriga pol&iacute;tica y de personajes memorables, pero tambi&eacute;n son instrumentos de conocimiento. Bajo la superficie narrativa discurre una <a href="https://ileon.eldiario.es/region-leonesa/entrevista-juan-pedro-aparicio-leon-tiene-que-tener-poder-politico-en-espana-para-decidir-autonomia-sin-castilla_128_10693989.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reflexi&oacute;n constante acerca de la construcci&oacute;n de Espa&ntilde;a</a>, de la convivencia entre culturas y de las dificultades inherentes a todo proyecto pol&iacute;tico que aspire a integrar realidades diversas.
    </p><p class="article-text">
        El rigor documental que sostiene ambas obras resulta admirable. Aparicio conoce a fondo el periodo que recrea y evita tanto la erudici&oacute;n ostentosa como las simplificaciones habituales del g&eacute;nero. Los personajes hist&oacute;ricos aparecen insertos en una trama viva y compleja donde la fidelidad a las fuentes nunca sacrifica la eficacia literaria. Esa capacidad para armonizar documentaci&oacute;n e imaginaci&oacute;n constituye una de las principales virtudes de estas novelas.
    </p><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute; su rasgo m&aacute;s distintivo resida en la presencia de una <a href="https://ileon.eldiario.es/region-leonesa/juan-pedro-aparicio-leon-le-han-robado-historia-tapada-preponderancia-castilla_1_11696146.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">idea de Espa&ntilde;a</a> que, lejos de cualquier formulaci&oacute;n ret&oacute;rica o doctrinaria, emerge de la propia materia narrativa. Se trata de una visi&oacute;n ilustrada, integradora y racional, atenta a los matices de la historia y refractaria a los t&oacute;picos identitarios. Quienes hayan le&iacute;do <a href="https://www.tiposinfames.com/libros/nuestros-hijos-volaran-con-el-siglo/21514/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Nuestros hijos volar&aacute;n con el siglo</em></a>, aquella otra espl&eacute;ndida novela dedicada a Jovellanos y en la que conviv&iacute;an y dialogaban ya las dos Espa&ntilde;as del <strong>Quijote </strong>y de <strong>Antonio Machado</strong>, reconocer&aacute;n inmediatamente la continuidad de un mismo pensamiento. Tambi&eacute;n encontrar&aacute;n resonancias de las tesis desarrolladas por el autor en<em> Nuestro desamor a Espa&ntilde;a. </em><a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/juan-pedro-aparicio-republica-ensayo-contra-expolio-leones-cincuenta-anos-despues-siendo-sigue-necesario-reino-de-leon_1_10689283.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Cuchillos cachicuernos contra pu&ntilde;ales dorados</em></a>, ensayo donde la reflexi&oacute;n hist&oacute;rica se convierte en una indagaci&oacute;n sobre los fundamentos culturales y pol&iacute;ticos de la naci&oacute;n espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Novela hist&oacute;rica para comprender el presente</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde esta perspectiva, <em>El sue&ntilde;o del emperador</em> y <em>Zafadola</em> no son &uacute;nicamente novelas sobre el siglo XII; son novelas escritas desde el presente para interrogar el largo proceso hist&oacute;rico que ha conducido hasta nosotros. En ellas la Edad Media deja de ser un escenario ex&oacute;tico para convertirse en un laboratorio donde se ensayan las posibilidades y contradicciones de la convivencia peninsular.
    </p><p class="article-text">
        La ambici&oacute;n intelectual del proyecto explica que la obra de Aparicio deba situarse junto a la de los grandes cultivadores de la novela hist&oacute;rica. En Espa&ntilde;a, su empe&ntilde;o guarda afinidades con el de <strong>Lourdes Ortiz</strong>, cuya narrativa ha demostrado igualmente que el pasado puede ser un instrumento privilegiado para comprender el presente. Y, en una perspectiva m&aacute;s amplia, recuerda la lecci&oacute;n de <strong>Marguerite Yourcenar</strong>, capaz de transformar la reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica en una exploraci&oacute;n de las grandes cuestiones humanas y pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, con estas dos novelas, Juan Pedro Aparicio confirma la singularidad de una trayectoria literaria que ha sabido combinar imaginaci&oacute;n narrativa, rigor historiogr&aacute;fico y reflexi&oacute;n c&iacute;vica. 
    </p><p class="article-text">
        En tiempos en que la novela hist&oacute;rica corre con frecuencia el riesgo de convertirse en un producto de consumo r&aacute;pido, <em>El sue&ntilde;o del emperador</em><strong> </strong>y <em>Zafadola </em>reivindican una tradici&oacute;n m&aacute;s alta: la de aquellas obras que entretienen, instruyen y hacen pensar al mismo tiempo. Tal fue la aspiraci&oacute;n de Gald&oacute;s; tal parece ser tambi&eacute;n la de Aparicio: el resultado, en ambos casos, justifica sobradamente la empresa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto somos&hellip; Y seguimos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/sueno-emperador-zafadola-ultimas-novelas-historicas-juan-pedro-aparicio_1_13289352.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 16:30:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['El sueño del Emperador' y 'Zafadola': las últimas novelas históricas de Juan Pedro Aparicio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La Biblioteca del Reino,Historia de León,Libros,Reino de León,Literatura,León,Cuna del Parlamentarismo,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Revólver]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/revolver-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13279548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f3b27020-7f50-4e34-86e1-d1113c4eeb8c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144671.jpg" width="652" height="367" alt="Revólver"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Luis Artigue rememora, justo cuando llega el Papa de visita a España, un encuentro en las calles de León que le recordó a su 'salvaje' infancia rural en Villalobar, y que tanto le ha influido para su literatura</p></div><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o en que me toc&oacute; formar parte del jurado, gan&oacute; el Premio Gonz&aacute;lez de Lama de poes&iacute;a Berta Garc&iacute;a Faet con un libro deslumbrante titulado <a href="https://www.enclavedelibros.com/libro/fresa-y-herida_21314" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Fresa y herida</em></a><em> </em>en el que explicaba que la primavera es una polla dura&hellip; &iexcl;Y ahora viene el Papa a Espa&ntilde;a!
    </p><p class="article-text">
        Viene el Papa a Espa&ntilde;a justo cuando conmemoramos el centenario del nacimiento de Marilyn Monroe, el cual coincide con que acabo de encontrarme por las calles de la ciudad de Le&oacute;n con una gran dama de la cultura de alterne del Villalobar, el primer mundo, de cuando yo era un ni&ntilde;o salvajemente educado en ese alegato contra la brevedad de la vida que es hablar sin pausas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me he encontrado a Rev&oacute;lver la de Fili el Pataloca y nos hemos reconocido; ambos ya atropellados por la vida pero en pie igual que dos veleros.
    </p><p class="article-text">
        Y tanto Rev&oacute;lver como la visita del Papa me han hecho pensar como quien sale del armario en Mar&iacute;a Magdalena y en todas las Mar&iacute;as Magdalenas, pues, en efecto, si en los peri&oacute;dicos yo ahora escribo art&iacute;culos po&eacute;ticos ebrios de trasposici&oacute;n biogr&aacute;fica es por culpa de ellas, o gracias a ellas, las trotamundos de alterne de mi infancia (s&eacute; de la rareza de tal afirmaci&oacute;n, pero as&iacute; es como es)&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo nac&iacute; en verdad frente a un <em>night club</em>&nbsp;de carretera misteriosa en una noche enrarecida igual que un &aacute;ngel preocupado y asimismo como rota&nbsp;por letreros parpadeantes que parec&iacute;an el&eacute;ctricas magnolias.
    </p><p class="article-text">
        Esta p&aacute;gina por eso jam&aacute;s ha estado en blanco (la poes&iacute;a es mi ruta de la seda que lleva del caos al arte).
    </p><p class="article-text">
        Era dulce el cobijo de todas mis madres doctoradas en fuego amigo y en ardor remunerado, y su aliento de existencia sostenida por las p&iacute;ldoras entonces me ense&ntilde;&oacute; el modo deliberado, primerizo, de hacerle la guerra a la muerte, de llamar a las servidumbres pactos, de rentabilizar tesoros y naufragios, y, s&iacute;, de repoblarme de vez en cuando mediante la soledad elegida y un buen whisky; de coleccionar integrados fracasos con los que amar la vida, de colegir mis fuerzas al menos un paso antes de la cadena monta&ntilde;osa de los logros, de maldecir a la suerte igual que los alojados en la barraca de insumisos, y asimismo de salvaguardar los sue&ntilde;os que son rocas en el barro para entender como aleatorios los tachones de la vida...
    </p><p class="article-text">
        Conoc&iacute; pues en verdad a las curanderas de alterne que viv&iacute;an al lado de casa de mis padres, y ahora entiendo como nunca que su nobleza infausta es mi espejo privado&hellip; Muchas veces cuando escribo en los peri&oacute;dicos art&iacute;culos absurdos pero rentables como &eacute;ste, las recuerdo de forma tan secreta como en secreto se odia el encanto del rival.
    </p><p class="article-text">
        Berta Garc&iacute;a Faet dice que la primavera es una polla dura, el Papa viene a Espa&ntilde;a, y todo coincide con que voy a publicar en breve una novela que es la segunda parte de <a href="https://www.casadellibro.com/libro-club-la-sorbona/9788420675275/2095628" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Club La Sorbona</em></a>&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Rediosla. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/revolver-columna-semanal-escritor-luis-artigue-el-bibliopata_129_13279548.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jun 2026 09:30:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Revólver]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vecinos,Sociología,Literatura,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Entre cerdos y amapolas', de Jon Arretxe]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/cerdos-y-amapolas-jon-arretxe-novela-txapela-noir-resena-escritor-luis-artigue_1_13277123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/644d1ecd-02c3-4838-b24c-e77be6659888_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Entre cerdos y amapolas&#039;, de Jon Arretxe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta obra publicada por Ediciones Erein Argitaletxea sobre un robo en una fábrica de txistorras que se complica "confirma que una parte de la novela negra vasca más incómoda, heterodoxa y socialmente corrosiva sigue gozando de una salud excelente", apunta en su reseña literaria Luis Artigue</p></div><p class="article-text">
        He aqu&iacute; la eficaz construcci&oacute;n de una red de tramas disparatadas que terminan confluyendo en un mismo n&uacute;cleo de corrupci&oacute;n, codicia y absurdo&hellip; La novela arranca con un detonante deliberadamente exc&eacute;ntrico: el robo de unas chistorras en una f&aacute;brica de embutidos de Arbizu&hellip; Lo que parece una an&eacute;cdota rural casi costumbrista acaba revel&aacute;ndose como la punta de un entramado criminal mucho m&aacute;s amplio. Arretxe juega precisamente con esa desproporci&oacute;n entre causa y efecto: un asunto aparentemente menor desencadena una sucesi&oacute;n de negocios turbios, alianzas inesperadas y episodios de violencia grotesca que desembocan en una resoluci&oacute;n con tintes gore.
    </p><p class="article-text">
        La estructura novel&iacute;stica asimismo se articula sobre tres escenarios &ndash;Basauri, Vitoria-Gasteiz y Arbizu&ndash; y sobre varios grupos de personajes que inicialmente parecen moverse en &oacute;rbitas independientes pero terminan entrelaz&aacute;ndose (el propio Arretxe ha explicado que cada localidad aporta un conjunto distinto de personajes y conflictos, lo que da a la novela una gran movilidad narrativa).
    </p><p class="article-text">
        Entre ellos destacan la conseguidora Zuri&ntilde;e Ruiz de Gordoa, el empresario corrupto Gabriel Abrisketa y el fabricante de chistorras Ferm&iacute;n Bakaikoa, figuras que representan una galer&iacute;a de p&iacute;caros contempor&aacute;neos muy alejada de los detectives cl&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; entra en juego Arbizu, que es mucho m&aacute;s que un escenario. La localidad funciona casi como un personaje colectivo. Arretxe vive all&iacute; desde hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os y aprovecha ese conocimiento &iacute;ntimo para convertir el pueblo en un espacio ambiguo: por un lado aparece la Navarra rural, aparentemente tranquila y reconocible; por otro, un territorio donde los rumores, las relaciones personales y los secretos compartidos generan una tensi&oacute;n constante. El autor ha reconocido incluso que era el lugar que m&aacute;s respeto le daba retratar porque en un pueblo peque&ntilde;o todo el mundo puede sentirse aludido.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo en esta novela Arbizu no aparece idealizado. En la mejor tradici&oacute;n de la <em>txapela noir</em>, la comunidad local est&aacute; atravesada por las mismas pulsiones que las grandes ciudades: corrupci&oacute;n, ambici&oacute;n, intereses econ&oacute;micos y peque&ntilde;as miserias humanas. El paisaje rural no act&uacute;a como refugio moral sino como escenario de una comedia negra feroz. De ah&iacute; que algunos lectores hayan hablado incluso de una especie de 'txistorra noir' donde el imaginario gastron&oacute;mico local se convierte en materia prima para una intriga criminal tan absurda como eficaz.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, lo que como decimos diferencia a <em>Cerdos y amapolas</em>&nbsp;de la saga de Tour&eacute; que ha venido haciendo hasta ahora este autor con gran &eacute;xito es el desplazamiento del foco: desaparecen los inmigrantes, los sin techo y los excluidos que protagonizaban las novelas anteriores, y aparecen personajes aut&oacute;ctonos, acomodados y perfectamente integrados, aunque no por ello menos turbios. El resultado es una s&aacute;tira social donde el humor negro termina siendo m&aacute;s demoledor que cualquier discurso expl&iacute;cito.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;'Txapela noir' con tintes de 'txistorra noir'?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.erein.eus/libro/cerdos-y-amapolas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Cerdos y amapolas</em></a>, de Jon Arretxe, confirma que una parte de la novela negra vasca m&aacute;s inc&oacute;moda, heterodoxa y socialmente corrosiva sigue gozando de una salud excelente. Lejos de los modelos n&oacute;rdicos importados o de los procedimientos policiales al uso, Arretxe se inscribe en esa corriente que algunos han bautizado, con feliz iron&iacute;a, como <em>txapela noir</em>: un territorio literario donde el crimen es apenas una excusa para radiografiar las grietas pol&iacute;tico-sociales de la sociedad contempor&aacute;nea,&nbsp;donde el humor negro y radical funciona como un explosivo de precisi&oacute;n y donde los m&aacute;rgenes ocupan el centro del escenario.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, <em>Cerdos y amapolas</em>, dejando aparcado el &aacute;mbito de la novela negra postcolonial de la cual el autor es un denodado maestro (v&eacute;anse todas las novelas de la <a href="https://detectivetoure.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">saga Toure</a>&nbsp;de las cuales somos tan partidarios), ahora dialoga con otra tradici&oacute;n muy concreta del noir vasco. Una l&iacute;nea narrativa que hunde sus ra&iacute;ces en las aventuras del detective Jos&eacute; <strong>Javier Ab&aacute;solo</strong>&nbsp;y su inolvidable Goiko, y que alcanza algunas de sus cimas m&aacute;s reconocibles en obras como <a href="https://www.alberdania.net/product/alacranes-en-su-tinta/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Alacranes en su tinta</em></a>, de <strong>Juan Bas</strong>, o <a href="https://www.erein.eus/libro/un-dios-ciego" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Un dios ciego</em></a>, de <strong>Javier Sagastiberri</strong>. Una senda que, m&aacute;s recientemente, ha encontrado nuevas derivaciones en las novelas fronterizas y mestizas de <strong>Noelia Gonz&aacute;lez Pino</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Como sucede en los mejores exponentes de esta corriente, Arretxe no pretende tranquilizar al lector ni ofrecerle un cat&aacute;logo de certezas morales. Su mirada es la de quien recorre los arrabales f&iacute;sicos y &eacute;ticos de la realidad para descubrir que all&iacute;, entre personajes desclasados, perdedores pertinaces, oportunistas de baja intensidad y supervivientes de toda condici&oacute;n, late una verdad mucho m&aacute;s elocuente que la de los discursos oficiales. El autor maneja con destreza ese dif&iacute;cil equilibrio entre la denuncia social y la carcajada, entre la compasi&oacute;n y la s&aacute;tira, evitando tanto el serm&oacute;n como la frivolidad.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Observaci&oacute;n moral de la corrupci&oacute;n mediante el humor</strong></h2><p class="article-text">
        La gran virtud de <em>Cerdos y amapolas</em>&nbsp;reside precisamente en esa capacidad para convertir la observaci&oacute;n social de la corrupci&oacute;n (&eacute;l antes que la realidad pol&iacute;tica actual identific&oacute; la corrupci&oacute;n econ&oacute;mica con las chistorras, manda cojones) en materia narrativa de primer orden. El humor de Arretxe as&iacute; no es un adorno ni un mecanismo de alivio c&oacute;mico: es una herramienta de demolici&oacute;n. Un humor inventivo, irreverente, a menudo disparatado, que dinamita convenciones, desmonta prejuicios y deja al descubierto las contradicciones de un mundo donde la exclusi&oacute;n, la precariedad y la hipocres&iacute;a institucional conviven con una normalidad inquietante.
    </p><p class="article-text">
        Su prosa, &aacute;gil y desprovista de cualquier tentaci&oacute;n ret&oacute;rica, avanza con la eficacia de quien conoce perfectamente el terreno que pisa. Pero bajo esa aparente ligereza se esconde una arquitectura narrativa s&oacute;lida y una mirada profundamente humanista. Arretxe observa a sus criaturas con iron&iacute;a, s&iacute;, pero tambi&eacute;n con una comprensi&oacute;n que evita el cinismo y convierte a muchos de sus personajes en figuras memorables.
    </p><p class="article-text">
        En una &eacute;poca en la que buena parte de la novela negra parece debatirse entre la repetici&oacute;n de f&oacute;rmulas y la hipertrofia del thriller, <em>Cerdos y amapolas</em>&nbsp;reivindica una manera distinta de entender el g&eacute;nero: m&aacute;s pegada a la calle que al laboratorio forense, m&aacute;s interesada por las fracturas sociales que por los mecanismos del crimen, m&aacute;s pr&oacute;xima a la tradici&oacute;n sat&iacute;rica que al suspense convencional. Y es precisamente ah&iacute; donde encuentra su fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Jon Arretxe demuestra una vez m&aacute;s que la <em>txapela noir</em>&nbsp;sigue siendo uno de los espacios m&aacute;s f&eacute;rtiles y libres de la narrativa criminal espa&ntilde;ola. Un territorio literario donde el humor y la cr&iacute;tica social caminan muy a menudo de la mano, y donde las mejores historias nacen, precisamente, de aquellos lugares que otros prefieren no mirar. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Cerdos y amapolas</em>&nbsp;es de hecho una excelente muestra de ello: una novela inc&oacute;moda, divertida, l&uacute;cida y ferozmente contempor&aacute;nea.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/cerdos-y-amapolas-jon-arretxe-novela-txapela-noir-resena-escritor-luis-artigue_1_13277123.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jun 2026 09:30:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Entre cerdos y amapolas', de Jon Arretxe]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Lo Más Friki,La Biblioteca del Reino,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Pirelli al rojo vivo, la maldición del diamante', de Julio Rodríguez]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/pirelli-al-rojo-vivo-la-maldicion-del-diamante-julio-rodriguez-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13258861.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75384ffb-aaab-494e-a91b-7e581c9665b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Pirelli al rojo vivo, la maldición del diamante&#039;, de Julio Rodríguez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La última obra del escritor asturiano es el epítome de la novela negra de humor que está comenzando a triunfar en España. "Una trama de atracos (inversos, en vez de robar joyas en el Museo del Prado tienen que entrar a introducir una) en una especie de epopeya quinqui y sentimental", reseña Luis Artigue</p></div><p class="article-text">
        El humor est&aacute; revolucionando la novela negra &uacute;ltima, y como ejemplo aqu&iacute; tienen lo &uacute;ltimo de Julio Rodr&iacute;guez&hellip; En <a href="https://www.amazon.es/PIRELLI-AL-ROJO-VIVO-maldici%C3%B3n/dp/B0GR4JKY3Z" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Pirelli al rojo vivo: La maldici&oacute;n del diamante</em></a>, <strong>Julio Rodr&iacute;guez (Oviedo, 1971)</strong>, editada por la Editorial Pez de Plata,&nbsp;convierte una trama de atracos (atracos inversos, en vez de robar joyas en el Museo del Prado tienen que entrar a meter una joya) en una especie de epopeya quinqui y sentimental, donde los personajes importan m&aacute;s por c&oacute;mo hablan y sobreviven que por la l&oacute;gica estricta de la intriga. La novela de hecho funciona como una combinaci&oacute;n de <em>heist novel</em>, astracanada castiza y relato de perdedores.
    </p><p class="article-text">
        El gran protagonista es, naturalmente, Pirelli, heredero directo del antih&eacute;roe que ya aparec&iacute;a en <a href="https://www.amazon.es/El-gran-Pirelli-Risa-Floja/dp/8494917781/ref=sr_1_1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El gran Pirelli</em></a><a href="https://www.amazon.es/El-gran-Pirelli-Risa-Floja/dp/8494917781/ref=sr_1_1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;</a>(una novela negra loca donde todo est&aacute; al rev&eacute;s y el comisario de polic&iacute;a pide al delincuente que investigue el caso noir de un abogado). El protagonista no es exactamente un delincuente profesional ni tampoco un p&iacute;caro cl&aacute;sico, aunque tiene algo de ambos. Pirelli pertenece a esa estirpe tan espa&ntilde;ola de personajes que viven siempre a dos pasos del desastre: fanfarr&oacute;n, sentimental, algo visionario y bastante chapucero. Quiere evitar la c&aacute;rcel devolviendo al Museo del Prado un diamante robado por un viejo compinche muerto, pero el lector comprende enseguida que, m&aacute;s que escapar de la ley, Pirelli intenta escapar de su propio destino de perdedor cr&oacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Hay en &eacute;l algo del buscavidas de <strong>Francisco Garc&iacute;a Pav&oacute;n</strong>&nbsp;y algo tambi&eacute;n del derrotismo grotesco y tremendista de ciertos personajes de <strong>Camilo Jos&eacute; Cela</strong>. Pero Julio Rodr&iacute;guez le a&ntilde;ade una dimensi&oacute;n contempor&aacute;nea: Pirelli es un delincuente sentimental atrapado en un mundo digital, lleno de fortunas encriptadas y golpes imposibles, aunque conserve alma de timador de descampado y bar de carretera.
    </p><p class="article-text">
        Junto a &eacute;l aparece Maguiver, quiz&aacute; el personaje m&aacute;s entra&ntilde;able de la novela. El nombre ya revela la clave humor&iacute;stica: un superviviente capaz de improvisar soluciones absurdas con cualquier objeto, mezcla de manitas suburbial y escudero fiel. Maguiver representa la lealtad incondicional, pero tambi&eacute;n la precariedad convertida en filosof&iacute;a vital. Como los secundarios memorables de las novelas de <strong>&Aacute;ngel Palomino</strong>, parece un producto perfecto de la Espa&ntilde;a del desarrollismo tard&iacute;o: alguien que aprendi&oacute; a arreglarlo todo porque nunca hubo dinero para sustituir nada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Versi&oacute;n ib&eacute;rica de 'Ocean's Eleven'</strong>
    </p><p class="article-text">
        La banda que ambos re&uacute;nen constituye uno de los grandes hallazgos de la novela. Rodr&iacute;guez trabaja muy bien el coro de maleantes fracasados, polic&iacute;as cansados, rusos nost&aacute;lgicos y delincuentes de medio pelo. No son criminales elegantes al estilo anglosaj&oacute;n; m&aacute;s bien recuerdan a una versi&oacute;n ib&eacute;rica y castiza de <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film467040.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ocean&rsquo;s Eleven</em></a>, pero pasada por el filtro quinqui y esperp&eacute;ntico. La propia editorial define el libro como &ldquo;un Ocean&rsquo;s Eleven nada sofisticado repleto de quinquis y maleantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre los personajes secundarios destacan precisamente esos polic&iacute;as melanc&oacute;licos que parecen sacados de una novela crepuscular: hombres agotados, conscientes de que persiguen delincuentes casi tan miserables como ellos mismos. Ese tono de cansancio moral conecta la novela con cierta tradici&oacute;n negra espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea y con el universo marginal de <strong>Paco G&oacute;mez Escribano</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La trama gira alrededor del llamado 'Diamante de la Muerte Negra', una joya maldita que desencadena persecuciones, traiciones y un gran golpe criminal dividido en &ldquo;tres movimientos (y pico)&rdquo;. Lo que comienza como una simple devoluci&oacute;n para evitar problemas judiciales acaba transform&aacute;ndose en una espiral delirante donde aparecen cad&aacute;veres extravagantes, furgones blindados, descampados perdidos y hasta un casino en M&oacute;naco relacionado con una fortuna digital oculta bajo el misterio del diamante.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el inter&eacute;s de la novela no reside tanto en saber si el golpe saldr&aacute; bien como en contemplar el caos humano que genera. Rodr&iacute;guez escribe las escenas de acci&oacute;n como si fueran n&uacute;meros de sainete criminal: todo parece improvisado, accidental y al borde del hundimiento. Esa continua sensaci&oacute;n de chapuza monumental es precisamente lo que vuelve simp&aacute;ticos a los personajes.
    </p><p class="article-text">
        Frente al cinismo fr&iacute;o de buena parte de la novela negra actual, Pirelli al rojo vivo conserva algo raro: afecto por sus criaturas. Incluso los m&aacute;s rid&iacute;culos poseen una cierta dignidad tragic&oacute;mica. Ah&iacute; est&aacute; la herencia del humorismo espa&ntilde;ol cl&aacute;sico, desde <strong>Jacinto Miquelarena</strong>&nbsp;hasta ciertos momentos de <strong>Quim Monz&oacute;</strong>, aunque Julio Rodr&iacute;guez ensucie m&aacute;s el lenguaje y lleve a sus personajes a territorios mucho m&aacute;s degradados y nocturnos.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, Pirelli y los suyos forman una peque&ntilde;a comunidad de n&aacute;ufragos modernos. Y quiz&aacute; por eso la novela funciona tan bien: porque bajo el humor disparatado late continuamente una melancol&iacute;a muy espa&ntilde;ola, la de quienes saben que el fracaso es inevitable pero aun as&iacute; siguen adelante, hablando demasiado, bebiendo demasiado y so&ntilde;ando golpes imposibles. La narrativa de Julio Rodr&iacute;guez &mdash;asturiano de filiaci&oacute;n sentimental m&aacute;s que geogr&aacute;fica, pues sus novelas parecen escritas desde una Espa&ntilde;a de fonda, taller mec&aacute;nico y barra de zinc&mdash; ha encontrado en <em>Pirelli al rojo vivo. La maldici&oacute;n del diamante</em>&nbsp;la confirmaci&oacute;n de un mundo propio que ya se insinuaba con notable personalidad en <em>El gran Pirelli</em>. All&iacute; aparec&iacute;a un h&eacute;roe de arrabal castizo y sentimental, mezcla de buscavidas, p&iacute;caro industrial y fil&oacute;sofo de barra americana; aqu&iacute;, en cambio, ese personaje y cuanto le rodea adquiere una densidad casi esperp&eacute;ntica, una combusti&oacute;n narrativa donde el humor deja paso a una forma muy espa&ntilde;ola de fatalismo grotesco.
    </p><p class="article-text">
        Conviene se&ntilde;alar asimismo que que Julio Rodr&iacute;guez no pertenece a la corriente, hoy tan frecuente, de novelistas que utilizan el humor como mero mecanismo de ingenio verbal o comentario ir&oacute;nico de actualidad. Su humorismo procede de una tradici&oacute;n m&aacute;s antigua y m&aacute;s &aacute;spera: la de Jacinto Miquelarena, la del primer Garc&iacute;a Pav&oacute;n, la de aquellos escritores capaces de descubrir en el habla popular no un decorado pintoresco sino una visi&oacute;n del mundo. Como ocurr&iacute;a en las mejores p&aacute;ginas de Miquelarena, Rodr&iacute;guez escucha antes de escribir; sus personajes hablan con una naturalidad tumultuosa, llena de retru&eacute;canos involuntarios, fanfarroner&iacute;as de caf&eacute; y sabidur&iacute;a de superviviente. El lenguaje no adorna: crea atm&oacute;sfera moral.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo grotesco espa&ntilde;ol en una novela de robos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero si <em>El gran Pirelli</em>&nbsp;pose&iacute;a todav&iacute;a algo de novela jocoseria, de aventura tabernaria y sentimental, <em>Pirelli al rojo vivo</em>&nbsp;entra decididamente en una zona m&aacute;s sombr&iacute;a. Hay en ella una violencia soterrada, un gusto por la deformaci&oacute;n expresiva y por la miseria humana que remite inevitablemente al tremendismo. No al tremendismo superficial y efectista de tantos imitadores, sino al de ciertas p&aacute;ginas de Camilo Jos&eacute; Cela, donde el humor y la crueldad conviven hasta hacerse indistinguibles. Rodr&iacute;guez comprende, como Cela comprend&iacute;a, que lo grotesco espa&ntilde;ol nace precisamente del choque entre la brutalidad de la existencia y la obstinaci&oacute;n del individuo por conservar una dignidad absurda.
    </p><p class="article-text">
        El diamante del t&iacute;tulo funciona entonces como un s&iacute;mbolo m&uacute;ltiple: objeto de codicia, amuleto maldito y pretexto argumental para una peripecia donde lo detectivesco se mezcla con la astracanada social. La novela avanza entre timbas, talleres, bares de carretera, mujeres de virtud movediza y personajes secundarios de admirable construcci&oacute;n verbal. Cada uno parece entrar en escena &uacute;nicamente para soltar una frase memorable y desaparecer dejando olor a co&ntilde;ac, gasolina o loci&oacute;n barata.
    </p><p class="article-text">
        No es casual que el lector recuerde tambi&eacute;n ciertas novelas del desarrollismo espa&ntilde;ol, aquellas que durante los a&ntilde;os sesenta y setenta retrataron la Espa&ntilde;a del Seat 600, el turismo y la picaresca econ&oacute;mica. Hay ecos de &Aacute;ngel Palomino en esa capacidad para convertir la modernizaci&oacute;n cutre del pa&iacute;s en material novelesco. Como Palomino, Rodr&iacute;guez entiende que el desarrollismo no s&oacute;lo transform&oacute; las ciudades: produjo una nueva fauna humana, hecha de oportunistas sentimentales, emprendedores de saldo y perdedores con corbata sint&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Fresco sentimental de la Espa&ntilde;a subterr&aacute;nea</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, donde Rodr&iacute;guez resulta m&aacute;s original es en la mezcla de ese costumbrismo industrial con una sensibilidad contempor&aacute;nea cercana a la llamada novela cheli. Algunas escenas poseen la electricidad verbal y la ternura lumpen repleta de humor negro que uno encuentra ya decimos que en Paco G&oacute;mez Escribano: barrios perif&eacute;ricos, delincuentes de segunda divisi&oacute;n, humor desesperado y personajes que sobreviven gracias a una &eacute;pica m&iacute;nima. Pero Rodr&iacute;guez evita el sociologismo y la nostalgia. Sus criaturas no representan a nadie; simplemente viven, fracasan y hablan.
    </p><p class="article-text">
        La comparaci&oacute;n con ciertos humoristas actuales permite precisar todav&iacute;a mejor su singularidad. Frente al humor elegante y culturalista de <strong>Felipe Ben&iacute;tez Reyes</strong>, o frente a la iron&iacute;a urbana y refinada de <strong>Juan Bas</strong>, Julio Rodr&iacute;guez apuesta por una comicidad m&aacute;s f&iacute;sica, m&aacute;s oral, m&aacute;s sucia incluso. Y aunque pueda compartir con <strong>Juan Aparicio Belmonte</strong> el gusto por el antih&eacute;roe contempor&aacute;neo, su territorio expresivo pertenece claramente a otra genealog&iacute;a: la Espa&ntilde;a de los caf&eacute;s con serr&iacute;n, de los neum&aacute;ticos recalentados y de los buscavidas sentimentales.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Pirelli al rojo vivo. La maldici&oacute;n del diamante</em>&nbsp;hay desmesura, s&iacute;, y tambi&eacute;n irregularidades; pero son precisamente esas irregularidades las que conceden autenticidad a una novela escrita contra la asepsia narrativa contempor&aacute;nea. Julio Rodr&iacute;guez no pule sus p&aacute;ginas hasta volverlas transparentes: las deja rugosas, llenas de voces, accidentes y humo. Y en tiempos de narrativa higi&eacute;nica y perfectamente intercambiable, esa rugosidad constituye quiz&aacute; su mayor virtud.
    </p><p class="article-text">
        Con esta novela, Rodr&iacute;guez confirma que la saga de Pirelli no es una mera caricatura humor&iacute;stica, sino un ambicioso fresco sentimental de la Espa&ntilde;a subterr&aacute;nea: una Espa&ntilde;a divertid&iacute;sima y chunga que enlaza el tremendismo con la picaresca, el desarrollismo con el esperpento y el humor tabernario con una inesperada melancol&iacute;a moral que nos encanta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/pirelli-al-rojo-vivo-la-maldicion-del-diamante-julio-rodriguez-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13258861.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 May 2026 09:30:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Pirelli al rojo vivo, la maldición del diamante', de Julio Rodríguez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,España,La Biblioteca del Reino,Asturias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Comenzar el olvido', de Pepo Paz Saz]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/comenzar-el-olvido-de-pepo-paz-saz-novela-historic-noir-espanola-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13249178.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59dcad87-e388-4c18-9fd6-9534c0d0415f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Comenzar el olvido&#039;, de Pepo Paz Saz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Hay novelas que aspiran a reconstruir una época y otras que, con mayor ambición, pretenden interrogarla". Así comienza el escritor Luis Artigue la reseña de esta obra de 'historic-noir' español publicada por Ediciones Reino de Cordelia </p></div><p class="article-text">
        Hay novelas que aspiran a reconstruir una &eacute;poca y otras que, con mayor ambici&oacute;n, pretenden interrogarla. <a href="https://www.reinodecordelia.es/producto/comenzar-el-olvido/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>Comenzar el olvido</strong></em></a>, de Pepo Paz Saz, pertenece sin duda a esta segunda categor&iacute;a. Bajo la apariencia de un thriller de doble investigaci&oacute;n &ndash;una pesquisa soterrada en el tardofranquismo y otra inscrita en los a&ntilde;os turbulentos de la Transici&oacute;n&ndash; la obra levanta un fresco moral y pol&iacute;tico sobre las grietas de la democracia espa&ntilde;ola y sobre el persistente silencio que, durante d&eacute;cadas, ha rodeado ciertas formas de violencia. En ese sentido, la novela se inserta con naturalidad en la tradici&oacute;n del <em>historic-noir</em>&nbsp;espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo: no utiliza el crimen como mero artificio argumental, sino como s&iacute;ntoma de una enfermedad colectiva.
    </p><p class="article-text">
        La primera trama arranca en 1969, en una Hortaleza todav&iacute;a semirrural, cuando el hallazgo del cad&aacute;ver de una mujer altera la aparente quietud de un pa&iacute;s fatigado por la costumbre del miedo. Paz Saz describe ese escenario con notable precisi&oacute;n ambiental: las calles polvorientas de la periferia madrile&ntilde;a, los bares donde el rumor sustituye a la informaci&oacute;n, la presencia intimidatoria de la autoridad y, sobre todo, el espeso conformismo de una sociedad educada para mirar hacia otro lado. El n&uacute;cleo de esta l&iacute;nea narrativa lo forman los investigadores improvisados del caso &ndash;figuras modestas, ambiguas, sin la &eacute;pica habitual del detective cl&aacute;sico&ndash; y un conjunto de personajes secundarios que representan las distintas capas de la Espa&ntilde;a franquista: el polic&iacute;a endurecido por la obediencia, el vecino que calla por supervivencia, la familia rota por el estigma y las mujeres condenadas a una invisibilidad casi institucional.
    </p><p class="article-text">
        La segunda trama, situada ocho a&ntilde;os m&aacute;s tarde, se inicia con la muerte de una joven manifestante durante una carga de la Polic&iacute;a Armada. El pa&iacute;s ya ha comenzado a cambiar, pero la violencia conserva demasiados rasgos intactos. Aqu&iacute; la novela adquiere un ritmo m&aacute;s nervioso y urbano. Las asambleas clandestinas, los barrios obreros, los estudiantes politizados y los funcionarios que intentan adaptarse al nuevo clima pol&iacute;tico componen un paisaje donde la ilusi&oacute;n democr&aacute;tica convive con inercias autoritarias dif&iacute;ciles de erradicar. Paz Saz evita el simplismo ideol&oacute;gico: no hay h&eacute;roes absolutos ni verdugos unidimensionales. Incluso los personajes vinculados al aparato represivo aparecen atravesados por contradicciones, lealtades antiguas y una vaga conciencia de derrumbe.
    </p><p class="article-text">
        A nuestro juicio lo m&aacute;s interesante del libro reside, sin embargo, en la manera en que ambas historias avanzan hacia una convergencia gradual. El autor administra con inteligencia la informaci&oacute;n, dosificando conexiones, reapareciendo personajes y dejando que ciertos detalles aparentemente menores cobren relevancia retrospectiva. El lector comprende poco a poco que los dos cr&iacute;menes no son episodios aislados, sino manifestaciones distintas de una misma continuidad hist&oacute;rica. La Transici&oacute;n, presentada tantas veces desde un relato conciliador y casi ceremonial, aparece aqu&iacute; como un territorio atravesado por zonas de sombra, pactos t&aacute;citos y heridas mal cerradas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una prosa sobria y eficaz, alejada del barroquismo</strong></h2><p class="article-text">
        Desde el punto de vista estil&iacute;stico, la novela destaca por una prosa sobria y eficaz, alejada del barroquismo tan frecuente en cierta narrativa hist&oacute;rica contempor&aacute;nea. Paz Saz escribe con una claridad funcional que recuerda a la mejor tradici&oacute;n de la novela negra espa&ntilde;ola: frases limpias, di&aacute;logos tensos y una descripci&oacute;n ambiental que nunca se vuelve ornamental. Hay adem&aacute;s una virtud poco com&uacute;n: el autor sabe narrar la violencia sin estetizarla. Las v&iacute;ctimas &ndash;especialmente las mujeres&ndash; no son simples detonantes argumentales, sino presencias que impregnan moralmente todo el relato.
    </p><p class="article-text">
        En esa atenci&oacute;n al contexto social y pol&iacute;tico se advierten ecos de <strong>Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n</strong>, especialmente del ciclo de <em>Pepe Carvalho</em>, aunque sin el componente gastron&oacute;mico ni el sarcasmo cultural del escritor barcelon&eacute;s. Tambi&eacute;n resulta inevitable pensar en <strong>Juan Madrid</strong>&nbsp;por la representaci&oacute;n descarnada de Madrid como espacio de corrupci&oacute;n y desamparo moral. Y en algunos momentos, sobre todo cuando la investigaci&oacute;n criminal sirve para revelar las costuras pol&iacute;ticas de una &eacute;poca, la novela dialoga con la tradici&oacute;n de <strong>Andreu Mart&iacute;n</strong>&nbsp;y con determinadas ficciones de la Transici&oacute;n firmadas por <strong>Rafael Chirbes</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Pero <em>Comenzar el olvido</em>&nbsp;no se limita a reproducir esas influencias. Hay en ella una voluntad espec&iacute;fica de reinterpretar la memoria reciente espa&ntilde;ola desde la periferia urbana y desde las v&iacute;ctimas an&oacute;nimas, evitando tanto la nostalgia como la ret&oacute;rica memorial&iacute;stica. Esa mirada convierte la novela en algo m&aacute;s que un artefacto policial bien construido: la transforma en una indagaci&oacute;n inc&oacute;moda sobre aquello que un pa&iacute;s decide recordar y, sobre todo, sobre aquello que necesita olvidar para seguir adelante.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Artigue]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/comenzar-el-olvido-de-pepo-paz-saz-novela-historic-noir-espanola-critica-literaria-por-luis-artigue_1_13249178.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 May 2026 16:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Comenzar el olvido', de Pepo Paz Saz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,España,Madrid,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
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