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    <title><![CDATA[iLeón - Rosa Marina González-Quevedo]]></title>
    <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/autores/rosa-marina-gonzalez-quevedo/]]></link>
    <description><![CDATA[iLeón - Rosa Marina González-Quevedo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[No todo es poesía]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/no-todo-es-poesia-columna-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_13110324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/55a91a22-c317-4aab-a8ea-ba7d1cbb2e20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No todo es poesía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aries abre, impetuoso, el ciclo zodiacal. El sol pone su grano de arena en el paisaje dando brillo a la vida. Pero no siempre y no para todos la primavera está llena de colores</p></div><p class="article-text">
        Si al menos supiera d&oacute;nde est&aacute; el &aacute;rbol gigante en el que crece el pan de la gloria, ir&iacute;a a descansar bajo su sombra. O si &ndash;como feliz alternativa&ndash; comprendiera d&oacute;nde nace el r&iacute;o de la sabidur&iacute;a, bajar&iacute;a de las nubes, me sumergir&iacute;a en sus aguas profundas y pondr&iacute;a fin a mi torpe andar de ser errante disolvi&eacute;ndome en la metaf&iacute;sica de los antiguos griegos. 
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, entre gloria y buen vino filos&oacute;fico, comer&iacute;a y beber&iacute;a sin parar hasta saciar mi descontrolado est&oacute;mago de animal hambriento. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ni estas ni todas las palabras que escribo dejan de ser el maravilloso programa de un viaje que dura lo que dura un sue&ntilde;o. Tal vez con ellas se pueda componer una alegre sinfon&iacute;a para los trotamundos que aspiran a llegar al centro de la Tierra. Pero tanta pomposidad est&eacute;ril, tarde o temprano, termina volvi&eacute;ndose contra el grandilocuente. Despu&eacute;s de todo, no todo es poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y bien, he aqu&iacute; &lsquo;la primavera que la sangre altera&rsquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        A pesar de los antip&aacute;ticos estornudos, del picor en los ojos y de todas las molestias que sufrimos los hipersensibles al polen, ver reto&ntilde;ar los &aacute;rboles y contemplar los jardines floridos vale la pena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A orillas del Bernesga, la tarde soleada nos hace evocar <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/La_primavera_(Botticelli)" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La primavera</em></a> de <strong>Botticelli</strong>. Puede ser que alg&uacute;n personaje del cuadro no haya llegado a&uacute;n a esta resplandeciente cita con la naturaleza (esto del cambio de horario desorienta a cualquiera). Sin embargo, es muy probable que Cupido est&eacute; escondido en alg&uacute;n pliegue del paisaje clavando su flecha en el coraz&oacute;n de un &aacute;rbol. Flora, desde luego, avanza a paso veloz cubriendo de margaritas silvestres el prado. Y &ndash;&iquest;Por qu&eacute; no?&ndash; queda a&uacute;n espacio para Cloris, imagen de la pureza que exhala flores al respirar y que, para no molestar a los al&eacute;rgicos, ha decidido mantenerse alejada de la multitud. Sin duda, este podr&iacute;a ser el cuadro a mano alzada pintado con la imaginaci&oacute;n del poeta, obra de arte a la que <strong>Vivaldi</strong> dar&iacute;a el toque de gracia con violines que revolucionar&iacute;an el sonido del viento.
    </p><p class="article-text">
        Luego, volviendo al plano real, vemos a due&ntilde;os de perros que se saludan como si se conocieran de toda la vida (es natural que, de verse a menudo, tarde o temprano terminen trabando amistad). Por su parte, los paseantes m&aacute;s atl&eacute;ticos aprovechan el buen tiempo para practicar deportes: hay quien hace <em>footing</em>, hay quien pedalea por la v&iacute;a ciclable, hay quien se ejercita en los aparatos biosaludables expuestos al aire libre. Familias jubilosas, parejas andariegas, caminantes solitarios: preciosa composici&oacute;n caleidosc&oacute;pica de hormigas vagabundas (esta ser&iacute;a una posible imagen a&eacute;rea de la primavera en la periferia urbana leonesa, en la que Monet se habr&iacute;a inspirado para pintar otro de sus lienzos).
    </p><p class="article-text">
        Pero como he dicho antes, no todo es poes&iacute;a, ni siquiera en primavera. Y es que, en muchas ocasiones, la grandilocuencia del poeta es derrotada por la cara sucia de la realidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A veces, el paisaje cambia y deja de ser el </strong><em><strong>locus amoenus</strong></em><strong> imaginado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y no es que la primavera haya perdido su encanto ni mucho menos. Pero la imagen de estos adolescentes (de aproximadamente catorce o quince a&ntilde;os) est&aacute; tristemente oscureciendo el ambiente. Sentados sobre el c&eacute;sped, con una botella de &lsquo;no llego a saber qu&eacute;&rsquo;, fuman un porro y hablan entre risotadas nerviosas, exaltados ya no tanto por los efectos de la marihuana como por el absurdo af&aacute;n de creerse onmipotentes. Alardean de &lsquo;conocer la vida&rsquo; y coquetean con una adultez demasiado imberbe para ser cre&iacute;ble&hellip; &ldquo;&iexcl;No quemen vuestras primaveras, chicos!&rdquo;, quisiera re&ntilde;irles. Y tambi&eacute;n me gustar&iacute;a decirles que s&eacute; de lo que hablo y que mi adolescencia fue precipitada e inconsciente como la de ellos. Pero callo. Y sigo mi camino.
    </p><p class="article-text">
        A pocos metros de los chicos del porro, una mujer lleva a un anciano en silla de ruedas. El se&ntilde;or tiene la vista clavada en la nada; ella le habla, pero &eacute;l no responde. Tal vez el hombre no sabe ni qu&eacute; d&iacute;a es hoy ni le interesa saberlo. Observo esta estampa de un alma que ha vivido ya... &iexcl;Tantas primaveras! ...que no cabe ni una m&aacute;s en su mochila. Imagino que &ndash;m&aacute;s o menos&ndash; as&iacute; podr&iacute;a ser la persistencia del &uacute;ltimo de los inviernos. Creo ver la imagen de un brote congelado en la rama de un &aacute;rbol, cual reto&ntilde;o que no ser&aacute; flor, porque tantas veces flor ha sido. Saludo a la mujer con una sonrisa. Y sigo mi camino.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, como un torrente desenfrenado, fluye en mi mente un r&iacute;o en el que el paisaje no es precisamente primaveral, aunque sea primavera. Cierro los ojos y veo ciudades bombardeadas y a miles de personas despavoridas corriendo entre columnas de humo. Veo territorios invadidos por tanques de guerra, edificios derrumbados, cuerpos inertes, ni&ntilde;os sin padres, padres sin hijos y gente con hambre que pide a gritos un trozo de pan y un poco de agua&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Y veo mares anegados de chatarra contaminante. Y peces muertos. Y bosques sin &aacute;rboles. Y selvas pisoteadas por la bota implacable de transnacionales que prometen convertir el planeta en un paisaje en ruinas.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, no es agradable ver esta estampa de una primavera sin flores. Pero como he dicho antes, no todo es poes&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Marina González-Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/no-todo-es-poesia-columna-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_13110324.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 09:30:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No todo es poesía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Primavera,Jóvenes,Personas Mayores,León]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivimos en un tiempo que no existe]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/vivimos-en-un-tiempo-no-que-no-existe-controversia-fisica-contra-filosofia-einstein-contra-bergman-columna-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_13079723.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1574a15b-f297-41e9-ae7f-f578c8b60821_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivimos en un tiempo que no existe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Puede ser que en la era de la alta velocidad la filosofía tenga reservado un pequeño espacio para continuar cantándole sus odas al tiempo. Confiemos en que así sea</p></div><p class="article-text">
        El seis de abril de 1922, en una reuni&oacute;n de la <em>Soci&eacute;t&eacute; fran&ccedil;aise de philosophie</em>, se produjo uno de los mayores debates que hasta hoy se recuerde sobre el tiempo y su existencia. En el tablero de la discusi&oacute;n figuraban dos genios del saber cuyos nombres relucen escritos con tinta indeleble en el libro del conocimiento: <strong>Albert Einstein</strong> y <strong>Henri Bergson</strong>. El f&iacute;sico alem&aacute;n hab&iacute;a llegado a Par&iacute;s para exponer sus ideas sobre el <strong>tiempo</strong> y el <strong>espacio</strong>. Se cuenta que Bergson hab&iacute;a asistido al evento sin intenci&oacute;n alguna de intervenir y que fue su disc&iacute;pulo &Eacute;douard Le Roy quien lo anim&oacute; a iniciar la pol&eacute;mica que m&aacute;s tarde quedar&iacute;a para siempre en los anales de la Historia.
    </p><p class="article-text">
        Resumiendo muy someramente las teor&iacute;as formuladas, Einstein consideraba que el tiempo era objetivo y medible; afirmaba que tal mensurabilidad depend&iacute;a del observador y que la experiencia que los individuos ten&iacute;an al verlo transcurrir era totalmente ilusoria. Bergson, al contrario, sosten&iacute;a que el tiempo exist&iacute;a solo en la experiencia, que no era otra cosa que &lsquo;<strong>duraci&oacute;n subjetiva</strong>&rsquo; y que el reloj era un instrumento de medici&oacute;n inventado por los hombres con prop&oacute;sitos puramente humanos, por lo que no pod&iacute;a hablarse de una medici&oacute;n temporal que no fuera vivencial&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces Einstein, contraatacando la opini&oacute;n bergsoniana con argumentos irrefutables, pronunci&oacute; su c&eacute;lebre frase &lsquo;el tiempo de la filosof&iacute;a no existe&rsquo;. Bergson, por su parte, no se consider&oacute; vencido y continu&oacute; aseverando su punto de vista hasta el fin de sus d&iacute;as, a pesar de que Einstein y su teor&iacute;a de la relatividad sub&iacute;an a esca&ntilde;os cada vez m&aacute;s altos en la tribuna de la nueva concepci&oacute;n del Universo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se presenta en nuestros d&iacute;as el hist&oacute;rico debate?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ha pasado m&aacute;s de un siglo. La f&iacute;sica actual contin&uacute;a corroborando las tesis de Einstein al verificar que la medida del tiempo depende de la velocidad del observador en el espacio y del campo gravitatorio al que este est&aacute; sometido. Sin embargo, medir el tiempo no es una simple operaci&oacute;n f&iacute;sica. En este sentido &ndash;y a favor de Bergson&ndash; hay que admitir algo que tambi&eacute;n es cierto: al mirar el reloj, cada observador mide su tiempo teniendo en cuenta la experiencia adquirida, pero adem&aacute;s valorando la situaci&oacute;n en la que se encuentra y lo que el propio tiempo significa para &eacute;l en ese instante. He aqu&iacute; un ejemplo ilustrativo: no ser&aacute; igual de largo el tiempo de un condenado a muerte (a quien le queda una hora de vida) que el de un condenado a tres a&ntilde;os de c&aacute;rcel (a quien le queda una hora para obtener su libertad). Ambos prisioneros miran el reloj con desesperaci&oacute;n, pero esa desesperaci&oacute;n no es la misma: para el primero, el tiempo va demasiado veloz y &ndash;si pudiera&ndash; lo detendr&iacute;a; para el segundo, el tiempo es tan lento que &ndash;tambi&eacute;n si pudiera&ndash; lo echar&iacute;a a volar. Desde luego, no es el tiempo quien avanza o se detiene, siendo el observador quien se mueve (en el caso de los dos prisioneros, a la velocidad de sus pensamientos).
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a pesar de ser este un tema tan apasionante, hoy en d&iacute;a el debate sobre la existencia del tiempo est&aacute; llamado a naufragar en el desenfreno de una sociedad que ha perdido la calma y en la que reflexionar es poco pr&aacute;ctico, por tanto, innecesario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Entonces &lsquo;nuestro tiempo&rsquo;, qu&eacute; significa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al hablar de &lsquo;nuestro tiempo&rsquo; no solo nos referimos a nuestra &eacute;poca hist&oacute;rica, sino a la vida cotidiana en la que nuestros relojes juegan un papel protag&oacute;nico, ambas acepciones reunidas en una. Luego de la anterior aclaraci&oacute;n, mi opini&oacute;n al respecto queda sintetizada en estas cortas l&iacute;neas: hoy en d&iacute;a, al &lsquo;terr&iacute;cola de a pie&rsquo; poco le importa si el tiempo existe o deja de existir, quiz&aacute; porque &lsquo;no tiene tiempo que perder&rsquo; con cavilaciones que nada aportan a su bolsillo y a su bienestar. O bien porque, agobiado de existir en un mundo ultraveloz, prefiere no pensar. &iquest;A fin de cuentas, qu&eacute; importancia tiene, en la era de la IA, detenernos en disquisiciones que tanto tiempo llevan sin ser resueltas?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, en aras de poner fin a la controversia entre Bergson y Eisntein, podr&iacute;amos decir que ambos ten&iacute;an &lsquo;su raz&oacute;n&rsquo;. Dicho sea de paso, no estar&iacute;a mal darle un peque&ntilde;o espacio a la Filosof&iacute;a y concluir afirmando que el significado de &lsquo;nuestro tiempo&rsquo; depende, sobre todo, de las buenas intenciones con la que cada uno de nosotros se coloque en su habitaci&oacute;n del d&iacute;a a d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero lamentablemente, en su oscura naturaleza, &lsquo;nuestro tiempo&rsquo; se est&aacute; diluyendo a toda prisa en un espacio en el que se desarrollan &ndash;tambi&eacute;n a toda prisa&ndash; dos especies post-humanas cual versiones, en tiempo real, de los <strong>&lsquo;elois&rsquo;</strong> y los <strong>&lsquo;morloks&rsquo;</strong> (personajes de <em>La m&aacute;quina del tiempo</em> de H.G.Wells). La primera de estas dos especies es la de los &lsquo;c&aacute;ndidos robots&rsquo; que creen ser libres y a veces sue&ntilde;an con ser rebeldes. Desde su ingenuidad, estos conf&iacute;an en poder cambiar el sistema de la Matrix a fuerza de darlo todo en cualquier frente asumible. No saben, sin embargo, que siguen instrucciones previstas por los &lsquo;fabricantes de aut&oacute;matas&rsquo; (la segunda de las dos especies). Son estos &uacute;ltimos quienes programan los relojes de los c&aacute;ndidos robots a base de lemas como &lsquo;lev&aacute;ntate y ve a trabajar como un cabr&oacute;n&rsquo; o &lsquo;si no trabajas, roba o m&eacute;tete en el tr&aacute;fico de estupefacientes para que termines como un criminal entre rejas met&aacute;licas&rsquo;; luego, &lsquo;si tienes hijos, ed&uacute;calos en las disciplinas de la excelencia y la competitividad&rsquo; y de paso &lsquo;atib&oacute;rralos todo el tiempo con actividades escolares y extraescolares&rsquo;; adem&aacute;s, &lsquo;dales tel&eacute;fonos cada vez m&aacute;s inteligentes y tabletas y cuanto artefacto electr&oacute;nico programado para el automatismo los aleje f&iacute;sicamente del pr&oacute;jimo&rsquo;&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Todo ello para que los ingenuos ac&oacute;litos se conviertan en dignos representantes del futuro de una humanidad sin tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Marina González-Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/vivimos-en-un-tiempo-no-que-no-existe-controversia-fisica-contra-filosofia-einstein-contra-bergman-columna-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_13079723.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 10:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Sociología,Tecnología,Vecinos,Psicología,Conferencias,Internacional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De máscaras y reconocimientos]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/de-mascaras-y-reconocimientos-columna-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_13039905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c0a7fef-8bff-4386-b4a7-1438ba8da35d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De máscaras y reconocimientos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Agradar para obtener reconocimiento y ser aceptados. ¡Vaya carga sobre nuestras cabezas! ¿Acaso las máscaras no llegan a resultarnos tan pesadas que nos volvemos incapaces de soportarlas?</p></div><p class="article-text">
        Cuando en 1983 William Golding recibi&oacute; el Premio Nobel de Literatura por <a href="https://www.edhasa.es/libros/136/el-senor-de-las-moscas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El se&ntilde;or de las moscas</em></a><a href="https://www.edhasa.es/libros/136/el-senor-de-las-moscas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">,</a> ciertos cr&iacute;ticos tildaron de &lsquo;cruel&rsquo; esta obra alegando, en su contra, que el autor hac&iacute;a recaer sobre ni&ntilde;os la crudeza y el salvajismo inherentes al g&eacute;nero humano en estado primitivo.
    </p><p class="article-text">
        Resumiendo a grandes rasgos la trama, todo comienza tras un accidente a&eacute;reo, cuando un grupo de infantes queda abandonado en una isla desierta. Para sobrevivir, los chicos (los m&aacute;s peque&ntilde;os guiados por los mayores) juegan a organizarse reproduciendo el modelo social que por referencia conocen: la democracia brit&aacute;nica. Por supuesto, ni&ntilde;os al fin, los personajes ponen en pr&aacute;ctica la regla b&aacute;sica que han aprendido a usar teniendo en mente el modelo parental: obedecer para no ser castigados. &iquest;Y a qui&eacute;n obedecen? &iquest;Cu&aacute;l de todos ellos habr&aacute; de ser el dirigente? Pues, desde luego, el m&aacute;s fuerte. O dicho m&aacute;s exactamente, el m&aacute;s fascinante, que es aquel que m&aacute;s atracci&oacute;n causa en el colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Por su carisma, Ralph (un ni&ntilde;o de trece a&ntilde;os) es el elegido por la mayor&iacute;a para desempe&ntilde;ar el rol de jefe. Una vez &lsquo;nominado&rsquo; l&iacute;der, implanta ciertos c&aacute;nones encaminados no solo a la supervivencia, sino sobre todo pensados para un posible rescate desde el mar. Sin embargo, las leyes establecidas por el gobernante son quebrantadas en poco tiempo, ocasi&oacute;n que aprovecha Jack (cazador despiadado que aspira al poder) para desmantelar el &lsquo;sistema democr&aacute;tico&rsquo; e instaurar una jaur&iacute;a humana como nueva forma de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, en el &lsquo;modelo liliputiense de sociedad adulta&rsquo; descrito por William Golding, la historia de los peque&ntilde;os h&eacute;roes deviene guerra pasional que pone fin a cualquier relaci&oacute;n de convivencia bajo normas de tolerancia. Es por ello que <em>El se&ntilde;or de las moscas, </em>excelente estudio de los valores y la conducta humanos, me ha inspirado para comentar algo que en apariencia poco tiene que ver con la gran novela del autor ingl&eacute;s: el fen&oacute;meno de las pasiones y su estrecha relaci&oacute;n con los <strong>&lsquo;Me gusta&rsquo;</strong> (no solo con aquellos que aparecen en el deshumanizante universo de las redes sociales, sino con los que en general nos hacen v&iacute;ctimas de la aprobaci&oacute;n y el reconocimiento ajenos).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Todas las personas tienen dos caras y se revela la oculta en situaciones extremas."
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                Todas las personas tienen dos caras y se revela la oculta en situaciones extremas.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La <strong>fascinaci&oacute;n</strong> es un t&eacute;rmino definido en el Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola. como &lsquo;enga&ntilde;o o alucinaci&oacute;n&rsquo; (en su primera acepci&oacute;n) y como &lsquo;atracci&oacute;n irresistible&rsquo; (en la segunda de ellas). En pocas palabras, <strong>fascinamos </strong>al ponernos una m&aacute;scara &ndash;o muchas&ndash; para encantar mediante el enga&ntilde;o (seg&uacute;n <strong>Jung</strong>, cuando mostramos una cara que no es precisamente la que aparece en el espejo, sino la que utilizamos para agradar y ser aceptados).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Pero para qu&eacute; queremos agradar y ser aceptados?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se me ocurre una respuesta inmediata: la aprobaci&oacute;n del grupo otorga <strong>poder</strong>. Luego, al tener la autoridad sobre el pr&oacute;jimo, creemos controlar perfectamente nuestras debilidades enga&ntilde;&aacute;ndolas, igual que hacemos con nuestros &lsquo;partidarios&rsquo;. Enti&eacute;ndase todo ello, pues, como un &lsquo;mecanismo de autodefensa mal dirigido&rsquo; en el que rechazamos los espejos y preferimos las m&aacute;scaras. Y es que, sin m&aacute;scaras, correr&iacute;amos el riesgo de encontrarnos con nosotros mismos y&hellip; &iexcl;Uy, qu&eacute; miedo!&hellip; &lsquo;El espejo no favorece, muestra con fidelidad la figura que en &eacute;l se mira, nos hace ver ese rostro que nunca mostramos al mundo, porque lo cubrimos con la persona,<strong> la m&aacute;scara del actor</strong>. Pero el espejo est&aacute; detr&aacute;s de la m&aacute;scara y muestra el verdadero rostro&rsquo;, escribe <strong>Carl Jung</strong> en <a href="https://www.iberlibro.com/servlet/BookDetailsPL?bi=32160437571&amp;dest=ESP&amp;ref_=ps_ggl_1766934637_75715575584" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Arquetipos e inconsciente colectivo</em></a><em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        En tal sentido, recibir el aplauso de nuestros semejantes significa que nuestra m&aacute;scara ha sido aceptada. Y para reforzar el muro defensivo, fabricamos hilos de simpat&iacute;a con quienes, hagamos lo que hagamos, nos aplauden. De esta forma, el reconocimiento se convierte en requisito indispensable para decidir qu&eacute; leyes instaurar en nuestro propio &lsquo;estado democr&aacute;tico&rsquo;. En suma, aceptamos mejor a grandes partidarios que a buenos amigos, a pesar de creer que estos &uacute;ltimos son necesarios en nuestras vidas. Y es que los amigos verdaderos (esos que saben qui&eacute;nes somos en realidad) podr&iacute;an discrepar de nuestra conducta en un momento dado; podr&iacute;an decirnos: &ldquo;Mira, no estoy de acuerdo con lo que haces y dices&rdquo;, instante en el que dejar&iacute;an de interesarnos y, para continuar defendi&eacute;ndonos del espejo, pondr&iacute;amos tierra en medio alej&aacute;ndolos de nuestras vidas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Pero qu&eacute; sucede si un buen d&iacute;a nuestra m&aacute;scara deja de ser atractiva?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quedar&iacute;amos &lsquo;perdidos en nosotros mismos&rsquo;, as&iacute; define Jung el estado de adversidad emocional producido por el rechazo, a&ntilde;adiendo que conocer qui&eacute;nes somos es &lsquo;una de las cosas m&aacute;s desagradables y el hombre lo evita en tanto puede proyectar todo lo negativo sobre su mundo circundante.&rsquo; 
    </p><p class="article-text">
        Por ello, si en alg&uacute;n momento nuestros grandes admiradores dejan de darnos el tan esperado benepl&aacute;cito y comienzan a ignorarnos, les respondemos como si fueran enemigos, con odio y &ndash;en el peor de los casos&ndash; hasta con violencia (igual que Jack responde a Ralph en <em>El se&ntilde;or de las moscas</em>). 
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, no dejamos de ser ni&ntilde;os inconscientes que jugamos a obedecer a nuestras sombras y que hacemos lo indecible para no ser &lsquo;castigados&rsquo; por la fealdad de nuestra imagen real.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Marina González-Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/de-mascaras-y-reconocimientos-columna-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_13039905.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Mar 2026 11:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De máscaras y reconocimientos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Psicología,Sociología,Literatura,Vecinos,Salud Mental]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los días del agua]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/los-dias-del-agua-columna-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12996268.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49f355e7-bb49-4e21-bf48-ce7de06030bc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los días del agua"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los últimos meses no hacemos más que preguntarnos hasta cuándo tanta lluvia. ¿Será esta impertinencia climatológica una versión caricaturizada del  fin del mundo? </p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film444434.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>Los d&iacute;as del agua</strong></em></a>, pel&iacute;cula dirigida por Manuel Octavio G&oacute;mez, ha quedado para la historia de la cinematograf&iacute;a cubana como el primer largometraje de ficci&oacute;n a color y con sonido directo. Se trata de un filme basado en hechos reales acontecidos durante mil novescientos treinta y seis en el barrio Cayos de San Felipe, en Pinar del R&iacute;o (la provincia m&aacute;s occidental de la isla caribe&ntilde;a). Su protagonista, Anto&ntilde;ica Izquierdo, es una campesina analfabeta convencida de ser la elegida de Dios para hacer milagros. Y para cumplir tal menester, salpica con agua el cuerpo de los &lsquo;socorridos&rsquo; mientras pronuncia el mantra: &lsquo;&iexcl;Perro maldito al infierno!&rsquo;. Es as&iacute; que la curandera llega a convertirse en la santa que la multitud de creyentes necesita para aliviar sus males (la pobreza, el mayor de todos ellos). Sin embargo, en la misma medida que va ganando cientos de adeptos, la milagrera se coloca al centro del ataque de ciertos sectores sociales y profesionales (sobre todo de boticarios y m&eacute;dicos) cuyos negocios se ven seriamente amenazados por la popularidad de la sanadora. Pero m&aacute;s amenzados a&uacute;n se sienten los pol&iacute;ticos, cuando esta predicadora de la palabra divina comienza a difundir entre sus innumerables seguidores la idea de que votar es obra del demonio. Todo ello hace que Anto&ntilde;ica sea doblemente imputada por ejercer ilegalmente la medicina y por obstaculizar el desarrollo de las elecciones pol&iacute;ticas. Al final, la mujer termina sus d&iacute;as internada en un manicomio, amordazada y olvidada.
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, &lsquo;con la que est&aacute; cayendo&rsquo; (valga literalmente esta frase ahora que las noticias se centran en las inundaciones causadas por las continuas lluvias), <em>Los d&iacute;as del agua</em>&nbsp;podr&iacute;a ser el t&iacute;tulo de un largometraje de cat&aacute;strofe climatol&oacute;gica con la desaz&oacute;n y el escepticismo como protagonistas.
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto si acaso <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Tales_de_Mileto" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Tales de Mileto</strong></a>&nbsp;no ten&iacute;a raz&oacute;n al decir que todo es agua. Porque si alguna duda quedara al respecto, el dos mil veintis&eacute;is se est&aacute; ocupando de confirmar lo que el sabio milesio afirmara tant&iacute;simos siglos atr&aacute;s ahora que dicho elemento, concebido como &lsquo;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Arch%C3%A9" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>arj&eacute;</strong></a><strong>&rsquo;</strong>&nbsp;entre los presocr&aacute;ticos,<strong>&nbsp;</strong>cae desmedidamente hasta brotar a borbotones de la tierra que ya no es capaz de absorber ni una gota m&aacute;s. El panorama se ha tornado delirante con r&iacute;os desbordados, embalses que amenzan con superar el l&iacute;mite de su capacidad, casas destruidas&hellip; para colmo, se escuchan noticias de personas hospitalizadas a causa de accidentes ocasionados por derrumbes.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Un croquis a peque&ntilde;a escala del fin del mundo?</h2><p class="article-text">
        Tal vez sea una exageraci&oacute;n definirlo as&iacute;. Sin embargo, con inquietud observamos transcurrir &lsquo;los d&iacute;as del agua&rsquo; mientras anhelamos ver asomarse alg&uacute;n milagroso rayo de sol entre los nubarrones. La sucesi&oacute;n de borrascas con sus morbosos d&iacute;as grises y sus azotes de vendavales comienza a preocupar, incluso, a los m&aacute;s flem&aacute;ticos admiradores de turbonadas. Algunos se rascan la cabeza haciendo memoria, intentando recordar si alguna vez hubo tanta lluvia ininterrumpida. Otros, aguardan con mayor naturalidad el mal tiempo con el consuelo de que no hay nada m&aacute;s importante que&nbsp;un partido de f&uacute;tbol y unas cuantas ca&ntilde;as en la barra del bar. Luego... &ldquo;tras la tempestad viene la calma&rdquo;, murmuran los optimistas. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Un río desbordado.                            </span>
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        Pero la verdad es que toda esta barah&uacute;nda de borrascas est&aacute; sacando a flote, desde lo m&aacute;s profundo de nuestra imaginaci&oacute;n, inesperadas fantas&iacute;as. Ayer, a poca distancia de donde me encontraba, el paraguas de una mujer fue abatido por una r&aacute;faga de viento para quedar colgado de la rama de un &aacute;rbol. La se&ntilde;ora, imp&aacute;vida, lo observaba como si se tratrara de una alegor&iacute;a del <a href="https://us-public-domain.fandom.com/wiki/Opium_Bird" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Opium bird</em></a>&nbsp;(imagen viral de pajarraco gigante creada con inteligencia artificial que gan&oacute; tanta popularidad en TikTok y otras redes sociales) y repet&iacute;a con admiraci&oacute;n &ldquo;&iexcl;Dios m&iacute;o, pero si ha volado!&rdquo;. M&aacute;s tarde, mientras esperaraba el autob&uacute;s, dos desconocidos se detuvieron ante m&iacute; y con sobrada urbanidad me hablaron del diluvio y del fin del mundo, ofreci&eacute;ndome, como colof&oacute;n, un ejemplar de <em>La Atalaya</em>&nbsp;(que por cierto, tambi&eacute;n con sobrada urbanidad, rechac&eacute;).
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, me qued&eacute; pensando durante todo el d&iacute;a que &ndash;quiz&aacute;&ndash; tendr&iacute;a que estar m&aacute;s atenta a los vaticinios. Rememor&eacute; a <strong>Plat&oacute;n</strong>&nbsp;en su di&aacute;logo <em>Timeo</em>,<em>&nbsp;</em>cuando pone en boca de Critias la historia de la <strong>Atl&aacute;ntida</strong>&nbsp;que desapareci&oacute; &lsquo;tras un violento terremoto y un diluvio extraordinario&rsquo;. Y entonces, para mi tranquilidad, me puse a hacer un crucigrama confiando en que &lsquo;siempre que lleve, escampa&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; termino, decidida a enrolarme en el batall&oacute;n de los m&aacute;s optimistas, no sin antes contar lo &uacute;ltimo que supe de la historia de Anto&ntilde;ica Izquierdo. Y es que dicen por ah&iacute; que uno de sus antiguos &lsquo;pacientes&rsquo; fund&oacute; la &lsquo;secta de los acu&aacute;ticos&rsquo; en un lugar de la sierra de Vi&ntilde;ales, muy cerca del sitio en el que viviera la santa mujer, donde a&uacute;n se sigue curando con agua. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Marina González-Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/los-dias-del-agua-columna-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12996268.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Feb 2026 10:30:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los días del agua]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Meteorología,Sucesos,Agua,León,España,Sociología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Papel y tinta en la ‘era digital’]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/papel-y-tinta-en-la-era-digital-columna-escritora-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12962682.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/68d80b60-667d-4213-b8d0-336a9433a47c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Papel y tinta en la ‘era digital’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Podríamos hacerle creer a un niño de hoy en día que alguna vez existió un cartero que entregaba la correspondencia en la puerta de casa  y una máquina de escribir con rodillo, cinta entintada y teclas metálicas sobre el escritorio? 
</p></div><p class="article-text">
        Que la nostalgia en ocasiones nos traiciona, de ello no cabe la menor duda. Ayer, por ejemplo, abr&iacute; el caj&oacute;n de mis recuerdos y hall&eacute; una pieza que considero arqueol&oacute;gica, ya no solo por ser testimonio fiel del paso de los a&ntilde;os, sino por su lastimoso anacronismo. Hablo de un libro de hojas amarillentas y palabras ro&iacute;das por el tiempo; un cuaderno en el que aparecen pensamientos escritos junto a la firma y fotograf&iacute;a de antiguos compa&ntilde;eros de instituto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy podr&iacute;a parecernos extravagante o rid&iacute;cula la costumbre de escribir nuestros nombres en un folio para dejar constancia de que una vez estuvimos sentados en el mismo banco de escuela. Para mi gran sorpresa, en tiendas <em>online</em> como Amazon, Shein, Etsy, Temu y Wallapop est&aacute;n a la venta (a&uacute;n) esas libretas de notas con el nombre de <strong>&lsquo;aut&oacute;grafos&rsquo;</strong>. Desde mi &oacute;ptica, semejan artilugios sacados del arca perdida de Indiana Jones y puestos a disposici&oacute;n de compradores &aacute;vidos (a&uacute;n) en recopilar instantes inolvidables (quiz&aacute; el encuentro con alg&uacute;n personaje del f&uacute;tbol o el recuento de un viaje de vacaciones).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es poco probable, sin embargo, que esos cuadernos se mojen con los lagrimones de un fin de curso. Y es que tambi&eacute;n las emociones cambian con la &eacute;poca, pues ahora sabemos que por WhatsApp nos seguiremos viendo aunque estemos lejos. Y en todo caso, si dej&aacute;ramos de comunicarnos, lo har&iacute;amos con Siri y Alexa, que para eso son buenas compa&ntilde;&iacute;as (sobre todo por ser chicas muy inteligentes).
    </p><p class="article-text">
        En pocas palabras, estamos sufriendo una metamorfosis como sociedad y como especie. Y a ello nos adaptamos. En esta revoluci&oacute;n antropol&oacute;gica en la que vivimos, el llamado Homo Sapiens (ese que alguna vez invent&oacute; el fuego y la rueda y todo lo dem&aacute;s hasta llegar a la tecnolog&iacute;a actual), est&aacute; reproduci&eacute;ndose en forma virtual y creando una era en la que el <strong>papel</strong> y la <strong>tinta</strong> van dejando sus huellas en las paredes del gran museo de la humanidad. No hay m&aacute;s que ver cu&aacute;nto pesan los libros y cu&aacute;nto se deforman las espaldas de nuestros escolares al cargar esas moles arcaicas. Es por ello que en las mochilas de quinto y sexto estos van siendo sustituidos por tabletas electr&oacute;nicas. Porque una tableta pesa menos que un libraco y est&aacute; mucho m&aacute;s acorde con la velocidad y la eficiencia, objetivos indispensables en la educaci&oacute;n contempor&aacute;nea, &iquest;no es as&iacute;?&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Y bien, el diecinueve de enero del presente a&ntilde;o se public&oacute; en el <strong>Diario de Le&oacute;n</strong> el <a href="https://www.diariodeleon.es/leon/260119/2072769/junta-pone-orden-medios-digitales-aula.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> titulado 'La Junta pone orden al uso de medios digitales en el aula'. En &eacute;l se informa que la Junta de Castilla y Le&oacute;n ha lanzado una 'Gu&iacute;a de recomendaciones de uso de medios digitales para la comunidad educativa', <a href="https://www.educa.jcyl.es/educacyl/cm/gallery/PSCD/Guia_de_recomendaciones_de_uso_de_medios_digitales_para_la_comunidad_educativa.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">documento</a> de treinta y cuatro p&aacute;ginas elaborado por el Servicio de Formaci&oacute;n del Profesorado, Innovaci&oacute;n e Internacionalizaci&oacute;n de la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n. Buena iniciativa esta, por supuesto, aunque para su elaboraci&oacute;n no se tuvieran en cuenta a los docentes &ldquo;que ni siquiera sab&iacute;an de su existencia&rdquo; (&iexcl;Genial!), error criticado por Javier Ampudia, presidente de la Junta de Personal Docente. En resumen, el documento invita a aplicar gradualmente (desde Infantil hasta el &uacute;ltimo curso de Secundaria) el uso educativo de la tecnolog&iacute;a en ese <strong>&lsquo;laboratorio controlado&rsquo; </strong>(la escuela)<strong> </strong>en el que se experimenta con el<strong> &lsquo;ser digital&rsquo;</strong>.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;Hay alternativa?</strong></h2><p class="article-text">
        &iquest;Queda otra alternativa? Me temo que no. El &aacute;baco fue sustituido progresivamente por instrumentos mec&aacute;nicos hasta llegar a las calculadoras y a los ordenadores. La tecnolog&iacute;a no se detiene. As&iacute;, sin remedio, llegaremos a convivir con las versiones hologr&aacute;ficas de nuestra conciencia. Desde luego, hay que preparar a las nuevas generaciones para vivir en el presente y sobre todo en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, aun a sabiendas de que la &lsquo;era de lo intangible&rsquo; es una realidad de hecho, aunque por carambola o tr&aacute;gico accidente de la evoluci&oacute;n humana estamos viviendo en el torbellino de la alta velocidad y del pensamiento volandero, insisto en saber a qu&eacute; prop&oacute;sito viene destinada la venta de esos cuadernos de aut&oacute;grafos en las tiendas <em>online</em> (si lo pregunto es porque pongo muy pocas esperanzas en que la escritura de pu&ntilde;o y letra recupere el &eacute;xito de anta&ntilde;o).
    </p><p class="article-text">
        Luego, los libros impresos, esos de toda la vida... &iquest;Qu&eacute; ser&aacute; de ellos? Porque por el camino que vamos, el papel llegar&aacute; a ser &lsquo;fruto prohibido&rsquo; y su uso penado por la ley de la nueva era digital. Ciertas campanas en el horizonte tocan una m&uacute;sica extra&ntilde;a: el precio del valioso material ha subido de forma inusitada en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Las respuestas a tal fen&oacute;meno son poco convincentes: la crisis producida por el COVID-19, la inflaci&oacute;n global, el aumento de los costes del transporte y bla, bla, bla&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s me vale no continuar considerando cuestiones de contenido dudoso. Algunos tomar&iacute;an por ciencia ficci&oacute;n cavilar sobre la posible &lsquo;extinci&oacute;n programada&rsquo; de la era del papel y la tinta.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Marina González-Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/papel-y-tinta-en-la-era-digital-columna-escritora-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12962682.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Feb 2026 18:01:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Papel y tinta en la ‘era digital’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tecnología,Informática,Sociología,Internet]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La antropología climatológica de los ascensores]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/la-antropologia-climatologica-de-los-ascensores-columna-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12917431.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1b07c543-a8fe-4714-9414-8cc03ab871cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La antropología climatológica de los ascensores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Estamos realmente obligados a conversar cuando concurrimos en un espacio y un tiempo construidos para inevitables y forzadas coincidencias?</p></div><p class="article-text">
        Seguramente os hab&eacute;is preguntado alguna vez por qu&eacute;, al coincidir con un vecino en el ascensor, hablamos del clima como si no existieran otros temas de conversaci&oacute;n. Esta pr&aacute;ctica consuetudinaria merecer&iacute;a, quiz&aacute;, un m&iacute;nimo de atenci&oacute;n y una respuesta l&oacute;gica. Sin embargo, su reconocimiento se reduce a la aceptaci&oacute;n de una costumbre colectiva carente de importancia. &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; fr&iacute;o!, &iquest;verdad?&rdquo;, dice el primero en abrir la boca, a lo que su interlocutor responde en forma autom&aacute;tica: &ldquo;&iexcl;Oh, s&iacute;, vaya fr&iacute;o que hace!&rdquo;&hellip; Y haga fr&iacute;o o calor; llueva, truene, relampaguee o el sol resplandezca en el firmamento, el estado meteorol&oacute;gico ser&aacute; objeto exclusivo de nuestra obligada convivencia de pocos segundos en esa caja met&aacute;lica a la que la arquitectura de los edificios nos condena. A ello a&ntilde;ado que, aun si tropez&aacute;ramos con nuestro vecino al cruzar la calle, tras un breve saludo de &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tal?&rdquo; y un &ldquo;Bien, &iquest;y t&uacute;?&rdquo; por respuesta, a continuaci&oacute;n escapar&iacute;a una observaci&oacute;n sobre el clima, por lo general, quej&aacute;ndonos de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Con respecto a lo anterior, me atrever&iacute;a a sustituir el t&eacute;rmino &lsquo;<strong>costumbre</strong>&rsquo; por &lsquo;<strong>instinto de conservaci&oacute;n&rsquo;</strong>. Y es que vivimos metidos en nuestra concha (territorio de &lsquo;libertad&rsquo;) sin querer salir o &ndash;lo m&aacute;s probable&ndash; sin saber c&oacute;mo hacerlo. De hecho, mucho mejor ser&iacute;a si pudi&eacute;ramos evitar tomar el ascensor con nuestro vecino, estrategia ideal para eludir la obligaci&oacute;n de intercambiar con &eacute;l palabras insustanciales
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero acaso el brev&iacute;simo di&aacute;logo sobre la climatolog&iacute;a es insustancial? &iquest;Qu&eacute; escondemos tras &eacute;l? &iquest;De qu&eacute; nos estamos disfrazando? &iquest;Qu&eacute; m&aacute;scaras estamos asumiendo?
    </p><p class="article-text">
        La econom&iacute;a, la organizaci&oacute;n de la sociedad, la cultura y las estructuras mentales guardan estrecha relaci&oacute;n con el clima. Al menos, eso cre&iacute;a <strong>Rousseau, </strong>quien consideraba que en climas templados (en los que &lsquo;estamos a gustito&rsquo;) afloraban sentimientos de amor y altruismo y que, por el contrario, en climas extremos (polares, des&eacute;rticos, tropicales, etc&eacute;tera) el hombre tend&iacute;a a ser ego&iacute;sta por razones de supervivencia y a construir una sociedad de &lsquo;s&aacute;lvese quien pueda&rsquo; (no muy diferente de la nuestra, por cierto).&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Escape existencial en los ascensores,                            </span>
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        Pero en mi intento por comprender por qu&eacute; hablamos del clima en los ascensores, acudo a esta reflexi&oacute;n de Fernando Pessoa en su <a href="https://www.acantilado.es/catalogo/libro-del-desasosiego/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Libro del desasosiego</em></a>: &lsquo;La libertad es la posibilidad de aislamiento. Eres libre si puedes alejarte de los hombres sin que te obligue a buscarlos la necesidad de dinero, o la necesidad gregaria, o el amor, o la gloria, o la curiosidad, (&hellip;)&rsquo;. Claro, la <strong>curiosidad</strong> a la que Pessoa se refiere (esa especie de morbo de querer conocer qui&eacute;n es &lsquo;el Otro&rsquo; sin conocernos a nosotros mismos) se diferencia del <strong>cotilleo</strong> al que tan habituados estamos. Este &uacute;ltimo podr&iacute;a, incluso, estar justificado por el denominado &lsquo;sentido com&uacute;n&rsquo;, pues enterarnos de los pormenores de la intimidad ajena podr&iacute;a ser una estrategia de buenas relaciones humanas (por aquello de &lsquo;dime con qui&eacute;n andas y si est&aacute; buena me la mandas&rsquo;&hellip;). En fin, todo es justificable cuando de seguir encerrados en nuestra concha se trata.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, para resumir el tema que nos ocupa, mucho m&aacute;s sustanciosas podr&iacute;an resultarnos otras cavilaciones &ndash;siempre de Pessoa&ndash; que tienden a ponernos los pelos de punta: &lsquo;Nadie, supongo, admite la existencia real de otra persona. Puede conceder que esa persona est&eacute; viva, que sienta y piense como &eacute;l; pero habr&aacute; siempre un elemento an&oacute;nimo de diferencia, una desventaja materializada. Hay figuras de tiempos idos, im&aacute;genes de esp&iacute;ritus en libros, que son para nosotros mayores que esas indiferencias encarnadas que hablan con nosotros por encima de los mostradores, o nos miran por casualidad en los tranv&iacute;as, o nos rozan, transe&uacute;ntes, en el ocaso muerto de las calles.&rsquo;&hellip; Y luego, en renglones sucesivos: &lsquo;Cuando ayer me dijeron que el dependiente de la tabaquer&iacute;a se hab&iacute;a suicidado, sent&iacute; una impresi&oacute;n de mentira. &iexcl;Pobrecillo, tambi&eacute;n exist&iacute;a!&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; el <strong>desinter&eacute;s</strong> por nuestros semejantes sea lo que nos hace hablar del clima y solo del clima cuando coincidimos en el ascensor con un vecino. Tal vez veamos a nuestro compa&ntilde;ero de aventura comunitaria como una &lsquo;<strong>indiferencia encarnada&rsquo;</strong> o como un alma desconocida que &ndash;tambi&eacute;n por su parte&ndash; nos habla con desapego. Y nos lamentamos siempre, tomando como pretexto tres gotas de lluvia, cuando en realidad no sabemos qu&eacute; decir. En tal caso, el calor o el fr&iacute;o, la humedad o el viento, la niebla o la nubosidad ser&iacute;an los trajes con los que vestimos a nuestros <strong>heter&oacute;nimos, </strong>personajes que construimos para manifestar nuestra incapacidad de mantenernos en silencio cuando las palabras, no siempre necesarias y oportunas, sobran.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Marina González-Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/la-antropologia-climatologica-de-los-ascensores-columna-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12917431.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Jan 2026 18:00:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La antropología climatológica de los ascensores]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Meteorología,Vecinos,Sociología,Psicología,Tecnología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ‘calendario de la prosperidad': ¿Existe o tendríamos que construirlo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/el-calendario-de-la-prosperidad-existe-o-tendriamos-que-construirlo-columna-rosa-maria-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12888535.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/78d0fe65-4ca4-4bce-8ee1-a07e6b17de3c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ‘calendario de la prosperidad&#039;: ¿Existe o tendríamos que construirlo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada Nochevieja esperamos el año nuevo deseando prosperidad. No estaría mal preguntarnos si existe (o no) un calendario especial en el que nuestros deseos se cumplan</p></div><p class="article-text">
        Para resumir la idea de &lsquo;A&ntilde;o Nuevo&rsquo;, echamos un vistazo al esquem&aacute;tico conteo del tiempo materializado en el almanaque. As&iacute;, a pocos d&iacute;as de haber visto despuntar el 2026 (neonato acicalado con cascabeles que suenan a t&oacute;mbola o a sorteo del azar), propongo echar un vistazo a la &lsquo;historia de los d&iacute;as que pasan&rsquo; y a c&oacute;mo esta ha sido enmarcada en per&iacute;odos hasta llegar a nuestros d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Para empezar, viajaremos al originario Imperio romano, cuando R&oacute;mulo instaur&oacute; el m&aacute;s primitivo de los calendarios con calendas. Teniendo en cuenta la segunda acepci&oacute;n del t&eacute;rmino reconocido por la RAE,<strong> calenda</strong> es el primer d&iacute;a del mes en el antiguo c&oacute;mputo romano y en el eclesi&aacute;stico. A esta definici&oacute;n, a&ntilde;adimos que en la Roma imperial las calendas estaban relacionadas con la luna nueva, etapa escogida para la gesti&oacute;n financiera y &ndash;sobre todo&ndash; para el pago de viejas deudas. Por otra parte, en el primer calendario con calendas (me refiero al de R&oacute;mulo) el mes constaba de trescientos cuatro d&iacute;as, el a&ntilde;o comenzaba en marzo (<em><strong>martius</strong></em>, per&iacute;odo dedicado a Marte, dios de la guerra y la agricultura) y solo exist&iacute;an diez meses, pues los actuales enero y febrero (los m&aacute;s fr&iacute;os y oscuros en el hemisferio norte) eran considerados &lsquo;meses muertos&rsquo; en los que el tiempo se deten&iacute;a. Me rasco la cabeza pensando c&oacute;mo Saturno continuaba a tomar decisiones en ese &lsquo;tiempo inexistente o muerto&rsquo;&hellip; Lo cierto es que a R&oacute;mulo le sucedi&oacute; Numa Pompilio, emperador que modific&oacute; el calendario anterior al incluir en el lunario cronol&oacute;gico los meses de <em><strong>Ianuarius</strong></em> (dedicado a Jano, dios de las dos caras que representaban las transiciones, los inicios y los fines) y <em><strong>Februarius</strong></em><strong> (</strong>mes en el que se celebraba la festividad de <em><strong>Februa</strong></em> con rituales de purificaci&oacute;n y expiaci&oacute;n, solicitando fertilidad y abundancia para la pr&oacute;xima cosecha).
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, aun estando compuesto por doce meses, el calendario de Numa Pompilio (de aproximadamente trescientos cincuenta y cuatro d&iacute;as) no se correspond&iacute;a con el calendario solar al ser m&aacute;s corto que este. Hubo que esperar a que Julio C&eacute;sar dividiera el ciclo anual en trescientos sesenta y cinco jornadas y agregara un d&iacute;a al mes de febrero cada cuatro a&ntilde;os, llamando a este per&iacute;odo &lsquo;a&ntilde;o bisiesto&rsquo; (<em><strong>bis sextus dies anti calendas martii</strong></em>, que significa &lsquo;repetido el sexto d&iacute;a antes del primer d&iacute;a de marzo&rsquo;).
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                Relojes y paso del tiempo.                            </span>
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        Pero la reforma final ocurri&oacute; en 1582, cuando el papa Gregorio XIII, contando con astr&oacute;nomos como Luigi Gliglio y Christophorus Clavius, decret&oacute; el calendario gregoriano que establece el primer d&iacute;a de enero como inicio del nuevo a&ntilde;o. Existen, como bien sabemos, otros calendarios para festividades religiosas y culturales regionales (el chino, el hebreo, el isl&aacute;mico, el persa, etc&eacute;tera). Sin embargo, vale aclarar que cuando hablamos de &lsquo;calendario mundial&rsquo;, nos referimos al est&aacute;ndar civil global establecido para medir el lapso entre los equinoccios de primavera y oto&ntilde;o, etapas en las que el Sol se encuentra sobre el Ecuador y la duraci&oacute;n del d&iacute;a y la noche es la misma en todo el planeta.
    </p><h2 class="article-text">El calendario de prosperidad</h2><p class="article-text">
        Pero&hellip; &iquest;qu&eacute; tiene que ver todo ello con un supuesto <strong>&lsquo;calendario de prosperidad&rsquo;</strong>, ese que imaginamos cada <strong>Nochevieja</strong> para recibir el primer d&iacute;a de enero con declaraciones de buena voluntad y una agenda repleta de promesas y peticiones que dif&iacute;cilmente se cumplir&aacute;n durante los meses venideros? &iquest;Y por qu&eacute; no se cumplen a cabalidad nuestros augurios de bienestar tal y como han sido concebidos? &iquest;Ser&aacute; que le debemos cuentas a Saturno y que tenemos deudas que no llegamos a pagar jam&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        La Nochevieja contin&uacute;a la l&iacute;nea del <strong>paganismo saturnal</strong> en la que Jano, el dios de las dos caras &ndash;cuyo templo mandara construir Numa Pompilio a la entrada del Foro Romano&ndash; esconde su anciano semblante que mira al pasado para mostrar el rostro joven que observa el futuro. Siguiendo la tradici&oacute;n de much&iacute;simas generaciones, esta festividad nos vale para decir adi&oacute;s al a&ntilde;o que termina prometi&eacute;ndonos ser mejores y suplicando que la vida nos permita serlo. Asumiendo con buen &aacute;nimo nuestros prop&oacute;sitos, cenamos y bebemos hasta perder el control del tiempo y el espacio, abrimos rid&iacute;culas bolsas que esconden m&aacute;scaras y diademas y pelucas y serpentinas&hellip; Y suenan las campanadas y tomamos las uvas y descorchamos el champ&aacute;n para brindar por la suerte, invocando a la diosa &lsquo;prosperidad&rsquo; con las ilusiones perdidas en un presente en el que las guerras, las crisis econ&oacute;micas y la lucha por superar el d&iacute;a a d&iacute;a priman. 
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto entonces por qu&eacute; emperadores y papas de anta&ntilde;o olvidaron construir un calendario adecuado a nuestras peticiones de bonanza y si lo m&aacute;s sensato no ser&iacute;a reformar, una vez m&aacute;s, el ya existente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Marina González-Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/el-calendario-de-la-prosperidad-existe-o-tendriamos-que-construirlo-columna-rosa-maria-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12888535.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Jan 2026 10:31:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El ‘calendario de la prosperidad': ¿Existe o tendríamos que construirlo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sociología,Psicología,Fiestas,Invierno]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La suerte de tener suerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/la-suerte-de-tener-suerte-columna-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12825608.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/444dd8e3-8bc6-459d-a873-264e1f5839c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La suerte de tener suerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hipnotizados por la música cansina de la cotidianeidad, quizá olvidemos que quedan muy pocos días para descubrir lo que significa tener suerte o no tenerla. La Lotería de Navidad, acontecimiento anual, es un buen motivo para reflexionar sobre la real existencia de un destino en nuestras vidas</p></div><p class="article-text">
        Hace tiempo, una prestigiosa cartom&aacute;ntica de La Habana predijo que tendr&iacute;a yo la suerte de llegar a acumular una gran fortuna y que mi vida dar&iacute;a un vuelco inimaginable a partir de ese momento. Dicha prediccci&oacute;n fue poco despu&eacute;s confirmada por una <em>iyalocha</em> (sacerdotisa de la &lsquo;regla de Ocha&rsquo; en la religi&oacute;n yoruba) que, entre otros menesteres, se dedicaba a leer trozos de corteza de coco para adivinar el futuro. Y as&iacute;, confiando en mi vaticinada suerte, me dej&eacute; llevar por ese optimismo que almacenamos en el pericardio como sustancia portectora hasta que los a&ntilde;os, estupendos cronistas de augurios mal realizados, me advirtieron que no deb&iacute;a de continuar perdiendo mi tiempo amasando esperanzas ilusorias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, a pesar de haber aceptado el error de la profec&iacute;a &ndash;no verificada, al menos&nbsp;hasta el sol de hoy&ndash;, qued&oacute; en mi cabeza la duda con respecto a la palabra <strong>&lsquo;suerte&rsquo;</strong>, t&eacute;rmino no del todo claro aun cuando la RAE recoge dieciocho acepciones en su definici&oacute;n. Y es que se me ponen los pelos de punta al pensar que no existe l&oacute;gica posible para comprender, no digamos ya lo que suceder&aacute; ma&ntilde;ana o el pr&oacute;ximo mes, sino lo que ocurrir&aacute; en los dos segundos inmediatos, en los que inhalaremos y exhalaremos el ox&iacute;geno necesario para continuar viviendo.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Hermes_Trismegisto" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Hermes Trismegisto</strong></a> (presunto fundador de la filosof&iacute;a herm&eacute;tica y gran maestro alquimista) dej&oacute; escrito en<strong> </strong><em>El Kybalion </em>(texto del que se le supone autor) los llamados &lsquo;siete principios de la verdad&rsquo;. El exergo que encabeza el sexto de ellos (me refiero al denominado &lsquo;principio de causa-efecto&rsquo;) plantea lo siguiente: &ldquo;Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo ocurre de acuerdo con la ley. <strong>Azar</strong> no es m&aacute;s que el nombre que se le da a la ley no reconocida (&hellip;).&rdquo;
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                La rueda de la fortuna.                            </span>
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        En pocas palabras, no existe lo casual pues todo es causal, as&iacute; que dejemos de buscar razones para lo que no podemos razonar. Una vocecita me susurra al o&iacute;do &ldquo;no temas ni te preocupes por lo que ocurrir&aacute; ma&ntilde;ana: el <strong>destino</strong> no dibuja su cara en un papel porque su rostro cambia constantemente; tus ojos no pueden percibir el movimiento de la cara del destino, pero el <em>boomerang </em>c&oacute;smico<em> </em>continuar&aacute; actuando sin que t&uacute; lo sepas<em> </em>y recibir&aacute;s lo que das, as&iacute; es la ley&rdquo;. Y al escuchar lo anterior, me siento m&aacute;s tranquila (al menos s&eacute; que no me romper&aacute; la cabeza ninguna piedra ca&iacute;da de las nubes si anteriormente no la he lanzado hacia arriba).
    </p><p class="article-text">
        Claro, toda ley tiene su excepci&oacute;n y toda argumentaci&oacute;n su contraargumentaci&oacute;n. Y es que en ocasiones damos y no recibimos en correspondencia, por lo que terminamos ech&aacute;ndole la culpa de nuestra mala suerte a las circunstancias. De contra, andando caminos, tropezamos con algunos que nacen sentados en tronos de oro mientras otros, pobres diablos del infortunio, sucumben en la ruinosa miseria desde siempre y para siempre&hellip; En fin... &iexcl;Un co&ntilde;azo es el destino!
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;Existe la suerte?</strong></h2><p class="article-text">
        En resumen, podr&iacute;amos pasar horas y horas debatiendo en torno a la existencia de una suerte incomprensible; podr&iacute;amos incluso acudir a filosof&iacute;as como el budismo, el hindu&iacute;smo o el jainismo para adentrarnos en la teor&iacute;a del <strong>karma, </strong>tratando de resolver las inc&oacute;gnitas al respecto. Pero todo ello resultar&iacute;a insignificante cuando pocos d&iacute;as nos separan del veintid&oacute;s de diciembre, fecha gloriosa que aguardamos con la esperanza de escuchar a los &lsquo;chavales cantaores&rsquo; entonar el n&uacute;mero impreso en alguno de los billetes comprados con tanta ilusi&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El dos mil veinticinco va quedando atr&aacute;s y la <strong>Loter&iacute;a de Navidad</strong> nos espera a la vuelta de la esquina. Con ojos de ni&ntilde;os pobres frente al escaparate de una jugueter&iacute;a, veremos salir las poderosas bolitas fabricadas con madera de boj y retendremos el aliento a la expectativa del milagroso segundo que podr&iacute;a cambiar nuestro destino, sin saber que la verdadera rueda del azar es la rueca en la que tejen las Moiras.
    </p><p class="article-text">
        Pero probemos fortuna una vez m&aacute;s. &iexcl;Claro que s&iacute;! Que si la vida no nos premia con <em>el Gordo</em>, nos premiar&aacute; con &lsquo;el flaco&rsquo; y nos recompensar&aacute; con el haba de la prosperidad y con la figurilla de un gnomo de resina, amorosas propinas que hallaremos escondidas en el Rosc&oacute;n de Reyes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Marina González-Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/la-suerte-de-tener-suerte-columna-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12825608.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Dec 2025 10:30:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La suerte de tener suerte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Navidad,Fiestas,Lotería de Navidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Noviembre: bruma y celebraciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/noviembre-bruma-y-celebraciones-columna-escritora-rosa-marina-quevedo-la-quinta-dimension_129_12800403.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ccf6c4c-b398-4dd0-a23c-f4815e2844e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Noviembre: bruma y celebraciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Afrontamos el tedio que para muchos de nosotros representan los preparativos de las ya cercanas fiestas navideñas y lo hacemos por ley natural, envueltos en el amodorramiento propio de una estación hecha más a la medida del sueño que de las prisas. Toca despedir noviembre y pronto el otoño</p></div><p class="article-text">
        Con los abrigos colgados a la entrada de casa, los turrones abarrotando tempranamente las estanter&iacute;as de los supermercados y las canciones navide&ntilde;as asomando sus notas a nuestros o&iacute;dos, decimos adi&oacute;s a noviembre, per&iacute;odo de transformaciones al que dedicamos nuestro art&iacute;culo de hoy.
    </p><p class="article-text">
        Intentando fundamentar el origen de las leyes que rigen la pol&iacute;tica, el bar&oacute;n de <strong>Montesquieu</strong> expuso &ndash;entre otras cuestiones&ndash; la tesis de la correlaci&oacute;n directa entre el clima y los tipos de temperamento humano. No discuto la validez de tal teor&iacute;a; de hecho, me parece una de las propuestas m&aacute;s acertadas del mencionado fil&oacute;sofo, sobre todo si consideramos que la misma no se encuentra demasiado distante de la <strong>meteoropat&iacute;a </strong>(serie de trastronos f&iacute;sicos y ps&iacute;quicos causados por las variaciones clim&aacute;ticas). Y es que eso de que el d&eacute;ficit de serotonina y vitamina D nos puede afectar f&iacute;sica y emocionalmente no es un secreto para nadie: el sol es la linterna natural m&aacute;s potente con la que contamos y, al faltarnos, nuestro ritmo vital se ralentiza, en ocasiones &iexcl;tanto!, que hasta podr&iacute;amos correr el riesgo de caer en una especie de &lsquo;letargo del oso&rsquo; o<strong> narcolepsia </strong>enfermiza. Complace muy poco a nuestros sentidos ver c&oacute;mo los tonos luminosos del atardecer devienen opacos, los &aacute;rboles pierden lo poco que de follaje les queda y las temperaturas anuncian que el invierno est&aacute; a la vuelta de la esquina y que, nos guste o no, llegar&aacute; en breve.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no hay d&iacute;a sin noche y no renace lo que anteriormente no muere. As&iacute;, comprendemos que noviembre representa un cambio necesario en el que la naturaleza, como todo ser vivo, se alimenta del sue&ntilde;o para regenerar sus funciones org&aacute;nicas. Pero hay que decir tambi&eacute;n que este es un mes interesante por sus acontecimientos y fechas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Iniciamos con <strong>Samha&iacute;n</strong>, fiesta en la que los celtas celebraban la llegada del invierno invocando las almas de sus difuntos protectores, recitando <em>conxuros</em> para ahuyentar el mal y comiendo los frutos recolectados al final del verano; festividad pagana posteriormente configurada por el cristianismo como &lsquo;D&iacute;a de Todos los Santos&rsquo; y &lsquo;D&iacute;a de los Fieles Difuntos&rsquo;. Luego, cuando en el siglo XIX la ceremonia de los antiguos druidas fue introducida en los Estados Unidos por inmigrantes irlandeses, vio la luz el <strong>Halloween </strong>que hoy conocemos. Sinceramente, me gustar&iacute;a saber c&oacute;mo el rito de las invocaciones a los antepasados y los ceremoniosos <em>conxuros</em> alrededor de la hoguera llegaron a transformarse en sesiones carnavalescas de fans del terror con caretas de vampiros y en rondas de ni&ntilde;os disfrazados de monstruos que tocan a las puertas para pedig&uuml;e&ntilde;ar chuches: visto lo visto, en noviembre se confunden santos con brujas, bendiciones con maleficios, vivos con muertos. Y lo mejor del caso es que comemos de este estrafalario sanchoco con la esperanza de que a&uacute;n nos quedan por saborear las mon&oacute;tonas uvas al comp&aacute;s de las campanadas&hellip; porque &lsquo;a&ntilde;o nuevo, vida nueva&rsquo;, repetimos ilusos. Y felices.
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                Disfraz de Halloween.                            </span>
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        Y as&iacute; marcha el <strong>&lsquo;brumario&rsquo;</strong>, con sus tardes sombr&iacute;as y sus noches lentas, entre conmemoraciones que en ciertas ocasiones se agolpan en el almanaque (por ejemplo, el dos de este mes se unieron el &lsquo;D&iacute;a de los Fieles Difuntos&rsquo;, el &lsquo;D&iacute;a Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar&rsquo; y el &lsquo;D&iacute;a Internacional para poner fin a la impunidad de los cr&iacute;menes contra periodistas&rsquo;). Y es que en la actualidad existen m&aacute;s celebraciones que hojas en el calendario (valga decir que lo mismo sucede el resto de los meses), lo que podr&iacute;a explicar por qu&eacute; algunas de ellas&nbsp;son pr&aacute;cticamente poco conocidas mientras que otras han adquirido un considerable alcance social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero si algo de simb&oacute;lico tiene el pen&uacute;ltimo y brumoso per&iacute;odo del a&ntilde;o, no son precisamente ni sus queimadas ni sus disfraces de Halloween ni sus atardeceres grises ni sus &aacute;rboles descocados. El s&iacute;mbolo de noviembre ni siquiera es el escorpi&oacute;n astrol&oacute;gico como suele pensarse &ndash;&iexcl;Qu&eacute; va!&ndash;, sino el <strong>bigote</strong>. Bajo el lema &ldquo;cambiar la cara a la salud del hombre&rdquo;, consigna de <a href="https://es.movember.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Movember</strong></a> (fundaci&oacute;n internacional ben&eacute;fica cuyo objetivo es recaudar fondos para la investigaci&oacute;n centrada en las patolog&iacute;as del g&eacute;nero masculino), durante todo el mes algunos caballeros se dejan crecer el mostacho para invitarnos a contribuir econ&oacute;micamente en esta campa&ntilde;a. Sin duda, bonita iniciativa, aunque no comprendo muy bien por qu&eacute; el bigote y no la barba.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Marina González-Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/noviembre-bruma-y-celebraciones-columna-escritora-rosa-marina-quevedo-la-quinta-dimension_129_12800403.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Nov 2025 18:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Noviembre: bruma y celebraciones]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El silencio al que tanto tememos]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/el-silencio-al-que-tanto-tememos-columna-escritora-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12755414.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/24f370fd-38ca-40a3-89e2-c59bc77343b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El silencio al que tanto tememos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los leoneses tenemos la gran fortuna de poder contar con jardines públicos y espacios naturales en los que rigen el silencio y la paz. Sin embargo, no siempre somos conscientes de tener tal suerte y la inclinación a continuar rodando en la noria del bullicio nos vence en la batalla del día a día</p></div><p class="article-text">
        Si un bien preciado tiene nuestra ciudad de Le&oacute;n son sus jardines. Sus &aacute;rboles (algunos centenarios, como por ejemplo los casta&ntilde;os de las Indias y los tilos que dan vida al parque de San Francisco) ramifican sus colosales brazos hacia el infinito y extienden sus ra&iacute;ces en la profundidad, construyendo un <em>axis mundi </em>(concepto simb&oacute;lico del eje c&oacute;smico que conecta al cielo con la tierra). Gracias a su porte imponente, muchos de ellos aparentan ser la r&eacute;plica en miniatura del <em>Yggdrasil</em> o <strong>&aacute;rbol de la vida</strong> n&oacute;rdico (fresno gigantesco en el que, seg&uacute;n la mitolog&iacute;a vikinga, conviven los hombres junto a seres elementales de la naturaleza). As&iacute;, mientras que sus ramas apuntan hacia la luz, sus ra&iacute;ces fabrican un tejido que conduce al reino mineral oculto en las sombras, habit&aacute;culo en el que, siguiendo a los antiguos griegos, Pers&eacute;fone cohabita con Hades en la estaci&oacute;n invernal.
    </p><p class="article-text">
        Pero mitolog&iacute;a aparte, no resultar&iacute;a demasiado dif&iacute;cil darnos cuenta de que nuestros jardines no solo son los &lsquo;pulmones de la ciudad&rsquo; por liberar ox&iacute;geno y purificar el aire, sino fuentes de energ&iacute;a vital que nos liberan del muermo cotidiano y de cuanto trauma adquirido o estupidez innata nos invade. Bastar&iacute;a con permanecer en la quietud de uno de ellos para ver y sentir la realidad desde una perspectiva diferente, sin estr&eacute;s, sin prisa por llegar a tiempo a cualquier sitio, sin el af&aacute;n de competir con nuestros semejantes en la ardua batalla por alcanzar primeros puestos en el <em>hit parade</em> de lo aparentemente v&aacute;lido. Todos habremos experimentado alguna vez la relajaci&oacute;n que nos proporcionan el olor a tierra mojada o el aroma de la resina del pino, el sonido del agua de una fuente al caer o el crujido de las hojas secas bajo nuestros pies. Y si es as&iacute;, &iquest;por qu&eacute; nuestros verdes jardines se presentan casi desiertos mientras los bares permanecen abarrotados? &iquest;Ser&aacute; que los enamorados han renunciado definitivamente a sus citas en un banco a la sombra de una acacia?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pocos metros de donde habito, resplandece uno de estos <em>locus amoenus</em>. Es un acogedor espacio &ndash;no demasiado extenso&ndash; rodeado por un seto que le sirve de muralla divisoria entre el &lsquo;sin parar&rsquo; de los robots sociales y la serenidad plena de su naturaleza. En la mayor&iacute;a de las ocasiones, paso de largo por la acera y lo bordeo sin percibir el <em>axis mundi</em> que me invita a conectar con lo divino. Pero otras veces, cuando la nostalgia, la tristeza o la incertidumbre me superan, acudo a la intimidad de este jard&iacute;n en busca de respuestas. Encuentro entonces a una anciana de incalculable edad, bast&oacute;n en mano, siempre sola y sentada en el mismo banco (vale decir que tambi&eacute;n yo me siento siempre en el mismo banco), con la mirada perdida y la sonrisa atrapada por un mont&oacute;n de recuerdos. Ella no nota mi presencia, posiblemente porque, habiendo renunciado al tiempo del reloj, han dejado de importarle las miserias emocionales y los perfiles psicol&oacute;gicos de sus cong&eacute;neres. La observo desde la distancia. Me parece que la soledad ya no es para ella ese monstruo amenazador, sino su amiga m&aacute;s sincera, esa que no le miente jam&aacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Otra vista del Parque de Gutiérrez Mellado en Eras con las hojas caducas de otoño."
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                Otra vista del Parque de Gutiérrez Mellado en Eras con las hojas caducas de otoño.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        De repente, una madre con su hijo peque&ntilde;o irrumpen en el id&iacute;lico escenario. La se&ntilde;ora lleva al ni&ntilde;o al &aacute;rea infantil y lo monta en uno de esos toboganes construidos para que las criaturas retocen y aprendan que las ca&iacute;das son parte de la evoluci&oacute;n del ser humano. Mientras tanto, peino visualmente el&nbsp;panorama, saltando desde el banco de la anciana sumida en la nada hasta el tobog&aacute;n del chiquillo &aacute;vido de juegos (imagino que el espacio que media entre ambos es la expresi&oacute;n concentrada del lento transcurso de la vida).
    </p><p class="article-text">
        Y es que, seres imperfectos como somos, somos, &iexcl;oh vida!, hijos tuyos que huimos hacia el caos, acobardados ante la inexorable condici&oacute;n &ndash;&iexcl;Magn&iacute;fica cualidad!&ndash; de ser &uacute;nicos e irrepetibles en nuestra especie. &iquest;Ser&aacute; que tanto tememos al silencio de nuestros parques que, sin darnos cuenta de ello, preferimos convertirnos en s&uacute;bditos de la barah&uacute;nda que pulula por calles y avenidas? A cambio de nuestra inconsciente renuncia a la calma, tanto si nos gusta o no, se nos ofrece gratuitamente el ensordecedor sonido de cualquier ritmo estridente. &iexcl;Que vivan el <em>hip hop</em>, el reguet&oacute;n y la m&uacute;sica electr&oacute;nica de baile (EDM) por estar marcando tendencias en las listas de popularidad! Y de paso, &iexcl;que vivan todas las tendencias sean cuales sean! (total, a fin de cuentas, somos libres de elegir con qu&eacute; modas y modismos irnos a la cama). Pero renunciar al silencio de nuestros parques, obviar la m&uacute;sica del viento meciendo las ramas de los &aacute;rboles, desperdiciar nuestros pasos caminando a toda leche por la acera cuando podr&iacute;amos tocar el infinito en un verde jard&iacute;n, me pregunto por qu&eacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Marina González-Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/el-silencio-al-que-tanto-tememos-columna-escritora-rosa-marina-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12755414.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Nov 2025 18:00:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El silencio al que tanto tememos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[León ciudad,Vecinos,Medio Ambiente,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Filomena y los hilos de lo invisible]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/filomena-y-los-hilos-de-lo-invisible-bruja-de-torbeo-galicia-columna-escritora-rosa-maria-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12725005.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dbb95838-cd02-4c59-bf5e-c22c2ee7ae73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Filomena y los hilos de lo invisible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Torbeo, universo hundido en el olvido, revive con la primera jornada de homenaje a la sabia Filomena Arias Armesto, proponiendo una reflexión sobre nuestra indolencia ante la muerte de la naturaleza y el medio rural</p></div><p class="article-text">
        D&iacute;as atr&aacute;s estuve en la parroquia de Torbeo, ese rinc&oacute;n de la Galicia profunda en el que la energ&iacute;a se retroalimenta en la lumbre del tiempo y la rueca de <em>as fiandeiras</em> gira a&uacute;n en la memoria popular. Hab&iacute;a visitado ya ese sugestivo sitio en varias ocasiones, exactamente en aquellos a&ntilde;os en los que buscaba informaci&oacute;n acerca de la c&eacute;lebre y no menos misteriosa <a href="https://galiciaencantada.com/lenda.asp?cat=19&amp;id=2236" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Filomena Arias Armesto</strong></a><strong>, </strong>la<strong> </strong>sabia (para algunos 'bruja') que all&iacute; vivi&oacute; y que, por oscuras razones nacidas de la intolerancia, fue condenada al destierro para morir en Vilach&aacute;, aldea perteneciente al municipio de A Pobra do Broll&oacute;n. En cuanto al dato del lugar de su muerte, es necesario aclarar que el mismo ha tenido m&aacute;s de una versi&oacute;n; por ejemplo, hay quien dice que muri&oacute; en el camino hacia Rairos, parroquia vecina en cuyo cementerio fue enterrada. Tampoco hay se&ntilde;as de la fosa com&uacute;n que le dio sepultura, ni siquiera un cartel con su nombre.
    </p><p class="article-text">
        En fin, no ten&iacute;a entre mis planes regresar a aquel lugar, al menos no por el momento. Sin embargo, por m&aacute;s que intentamos orientar premeditadamente nuestro futuro con c&aacute;lculos y suposiciones, la vida siempre nos sorprende con propuestas inesperadas como la de ser invitada, el pasado 18 de octubre, a participar en la primera jornada de homenaje a <strong>Filomena</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desafiando el silencio nocturno, iluminada por los faros del coche, la estrecha carretera que conduce al poblado ten&iacute;a la apariencia de un sendero demencial por el que merodean las &aacute;nimas o un escenario de f&aacute;bula sacado de un cuento de los hermanos Grimm. Pinos, casta&ntilde;os y robles centenarios creaban una imagen alucinatoria que en breve quedar&iacute;a estampada en mi subconsciente. Solo faltaban el aullido de un lobo y alg&uacute;n ser mitol&oacute;gico portador de antiguos conjuros para animar mi m&aacute;s reciente encuentro con las inmortales meigas gallegas &ndash;versi&oacute;n dom&eacute;stica de las Moiras griegas&ndash; que tejen los hilos de lo invisible en un medio rural que muere pisoteado por la mastod&oacute;ntica bota de la indiferencia.
    </p><h2 class="article-text">Leyenda popular</h2><p class="article-text">
        Y bien, cuenta la leyenda popular que Filomena se encontraba en el <em>fiadoiro</em> de la aldea junto a otras mujeres cuando fue a por agua a la fuente y que, al regresar, lleg&oacute; pose&iacute;da por un n&uacute;mero impreciso de demonios caninos. Que si a partir de entonces la mujer convulsionaba y ladraba como un perro para caer en trance y predecir el futuro, que si de repente hablaba en perfecto castellano cuando solo conoc&iacute;a la lengua local, que si su fuerza f&iacute;sica se multiplicaba para impedir que la llevaran al interior de la iglesia&hellip; Estaba endemoniada, fue esa la conclusi&oacute;n. Y entonces fue sometida a la estramb&oacute;tica faena del exorcismo, hecho que se consum&oacute; seg&uacute;n referencias de antiguos parroquianos que la conocieron.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero como los ciclos hist&oacute;ricos por los que atraviesa la humanidad traen consigo inevitables coincidencias,&nbsp;en esta historia &ndash;fabulada por falta de datos precisos&ndash; de la 'bruja de Torbeo', no s&eacute; por qu&eacute; me parece estar viendo una de las tantas versiones del viejo <strong>S&oacute;crates</strong> bebiendo la cicuta. Y es que la incapacidad de aceptar la realidad que existe m&aacute;s all&aacute; de nuestras narices fue anta&ntilde;o y contin&uacute;a siendo hoy la mayor dificultad que impide al ser humano ser libre. &iquest;Nos educan acaso para percibir los hilos de lo invisible, lo esencial viviente en el subterr&aacute;neo de la apariencia? Bonita pregunta con una mucho m&aacute;s bonita respuesta que tanto cuesta dar, pues darla supondr&iacute;a poner en tela de juicio nuestra educaci&oacute;n y nuestra adicci&oacute;n a lo superfluo. &iquest;Os hab&eacute;is preguntado si los libros que a tan alto precio pagan los padres para que sus hijos &lsquo;se cultiven&rsquo; son suficientes para ense&ntilde;arles a comunicar conscientemente con la naturaleza y con nuestros semejantes? &iquest;A qu&eacute; fin se nos educa? &iquest;Nos ense&ntilde;an a amar o solo a sacar cuentas y a ser excelentes en el escalaf&oacute;n socioesperp&eacute;ntico en el que vivimos?
    </p><p class="article-text">
        Posiblemente, condenar a muerte al sabio S&oacute;crates y desterrar a la curandera Filomena no haya sido bastante para salvar a la humanidad de estar cavando su propia tumba. Los moradores del planeta Tierra estamos destruyendo impunemente la casa que habitamos. Dana, Madre Tierra a la que cantaron las meigas, &iexcl;Disculpa a nosotros tus hijos que, olvid&aacute;ndonos del bosque, vivimos (&iexcl;Tan felices!) de tener un <em>chat</em> de inteligencia artificial que nos despierta d&aacute;ndonos los buenos d&iacute;as y organiz&aacute;ndonos tiernamente la jornada!&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Marina González-Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/filomena-y-los-hilos-de-lo-invisible-bruja-de-torbeo-galicia-columna-escritora-rosa-maria-gonzalez-quevedo-la-quinta-dimension_129_12725005.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Oct 2025 18:00:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Eventos,Galicia,Sociología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La alucinante 'Trumpsilvania' o Fisonomía de una Nueva Era]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/alucinante-trumpsilvania-de-luis-artigue-la-fisonomia-de-una-nueva-era-critica-literaria-rosa-marina-gonzalez-quevedo-libros-la-biblioteca-del-reino-leon_1_12687555.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fc28ab75-ba60-4a39-bb79-18197fb36480_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La alucinante &#039;Trumpsilvania&#039; o Fisonomía de una Nueva Era"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ensayista Rosa Marina González-Quevedo reseña la última novela de Luis Artigue, que "conduce a través del túnel de la imaginación" a un mundo vampírico en el nuevo Trumpismo: "Proyecto acertado de una funesta Alquimia Revolucionaria, ante la cual el propio Hermes Trimegisto se inclinaría con respeto"</p></div><p class="article-text">
        Citando a&nbsp;Claude Kappler en <a href="https://www.amazon.com/-/es/Claude-Kappler-ebook/dp/B07MTLGHRV" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Le monstre</em></a>, Jean-Paul Roux manifiesta que &ldquo;si el vampirismo fascina, es porque representa con enorme fuerza una imagen del hombre contempor&aacute;neo&rdquo;, a lo cual a&ntilde;ade: &ldquo;El vampiro es la imagen misma de lo que 'obsesiona a nuestra &eacute;poca',<em> </em>&eacute;poca de miedo, de angustia, de negaci&oacute;n, de finitud, que no puede 'seguir creyendo en un m&aacute;s all&aacute; eterno, pero que no renuncia a una visi&oacute;n del otro mundo', por lo dem&aacute;s poco reconfortante, hecho de desesperanza, de insaciable avidez sexual, de la muerte del amor&rdquo; [Roux &ndash; <a href="https://www.iberlibro.com/9788429731125/sangre-Mitos-s%C3%ADmbolos-realidades-HISTORIA-8429731121/plp" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La Sangre: mitos, s&iacute;mbolos y realidades</em></a>]. 
    </p><p class="article-text">
        Y <a href="https://www.eolasediciones.es/catalogo/fantasy-pulp-fiction/trumpsilvania" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Trumpsilvania</em></a>, &uacute;ltima novela del genio de la narrativa fant&aacute;stica que responde al nombre de Luis Artigue, es la mejor descripci&oacute;n de ese 'otro mundo' referido por Jean-Paul Roux. Editada por Eolas Ediciones, esta novela de Artigue ha llegado a nuestras manos para conducirnos a trav&eacute;s del t&uacute;nel de la imaginaci&oacute;n y llevarnos a visualizar la fisonom&iacute;a de una Nueva Era: la del trumpismo en su &uacute;ltima versi&oacute;n (o la del retorno al poder de un presidente con 'sonrisa de calabaza de Halloween', acompa&ntilde;ado, en esta ocasi&oacute;n, de una selecta corte de vampiros).
    </p><p class="article-text">
        Hablar de la <a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/escritor-leones-luis-artigue-presenta-ultima-novela-trumpsilvania-instituto-leones-cultura_1_12084187.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trama</a> de<em>Trumpsilvania</em> y buscarle a esta una l&oacute;gica optimista ser&iacute;a, no digamos imposible, sino absurdo: dada la demencial perversidad de los personajes implicados en el desatinado curso de los acontecimientos, se disparan las part&iacute;culas subat&oacute;micas del universo tridimensional para caer en otra dimensi&oacute;n energ&eacute;tica, cuya sustancia vital es el vampirismo. As&iacute;, los vampiros &ldquo;en su sentido figurado&rdquo; (que inicialmente son los de la pol&iacute;tica liberal y los miembros de la Hermandad de Amor Libre) se cruzan con el vampirismo &ldquo;en su sentido literal&rdquo; (&ldquo;variante mucho m&aacute;s antigua y sanguinaria&rdquo;) para formar un maxiorganismo fantasmag&oacute;rico, en el que los antiguos monstruos de las sombras devienen &ldquo;seres familiares con conciencia&rdquo; y alcanzan &ldquo;entidad social distintiva y estatuto de ciudadan&iacute;a&rdquo;. En este mismo orden, Crapulake City (modelo a peque&ntilde;a escala de la sociedad global) se estructura como caricaturesca interpretaci&oacute;n del Infierno dantesco o h&eacute;lice en cuya base (invertida hacia lo alto) habitan los vampiros organizados en comunidades urbanas y en cuyo v&eacute;rtice (apuntando al oscuro Averno) reina la Hermandad secreta (esta &uacute;ltima, un confesionario de las miserias y frustraciones generadas por la m&aacute;s reciente revoluci&oacute;n inform&aacute;tica). Luego, a la anterior arquitectura no faltar&aacute; una subestructura ocultista con un&nbsp;Gran Maestre de la Orden del Drag&oacute;n (estampilla bufonesca luciferina), quien en cada ciudad obstentar&aacute; el t&iacute;tulo honor&iacute;fico de Conde Dr&aacute;cula Local. &iexcl;Alucinante, sin lugar a dudas!
    </p><p class="article-text">
        <em>Tumpsilvania</em> es, en fin, el proyecto acertado de una funesta Alquimia Revolucionaria, ante la cual el propio Hermes Trimegisto se inclinar&iacute;a con respeto. A esta maquinaria de muerte no escapa Marilyn Monroe de Dr&aacute;cula (&ldquo;gubernamental y corrupta prestadora de servicios&rdquo;); tampoco libran Mina Harker (sard&oacute;nica versi&oacute;n contempor&aacute;nea de la Mina de Bran Stoker) ni su marido (el vampiro tetrapl&eacute;jico Jonathan Harker), a quienes la posesi&oacute;n del mal no impide que la luz del amanecer termine desterr&aacute;ndolos al reino de Pers&eacute;fone. Cabr&aacute; preguntarnos entonces qu&eacute; mano descorri&oacute; la cortina y dej&oacute; entrar el sol en la habitaci&oacute;n de los esperpentos dormidos. Y tomando esta interrogante por oportuna met&aacute;fora: &iquest;Habr&aacute; alguna mano que detenga el vampirismo de la segunda Era Trump? Al respecto, Luis Artigue deja abierta una reflexi&oacute;n sobre el presente-futuroatemporal al que nosotros, lectores de <em>Trumpsilvania</em>, nos enfrentamos intentando escapar con vida. Una novela demencial a la que, por orden de la m&aacute;s alta literatura, no debemos renunciar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;">Puedes comprar la novela </span><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><em><strong>Trumpsilvania </strong></em></span><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;">en tu librer&iacute;a de barrio o por internet </span><a href="https://www.universitarialibros.com/libro/trumpsilvania_175210" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;">pinchando aqu&iacute;</span></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Marina González-Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/cultura/alucinante-trumpsilvania-de-luis-artigue-la-fisonomia-de-una-nueva-era-critica-literaria-rosa-marina-gonzalez-quevedo-libros-la-biblioteca-del-reino-leon_1_12687555.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Oct 2025 16:30:50 +0000]]></pubDate>
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