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    <title><![CDATA[iLeón - Violeta Serrano]]></title>
    <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/autores/violeta-serrano/]]></link>
    <description><![CDATA[iLeón - Violeta Serrano]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Bajo el mismo cielo]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/bajo-el-mismo-cielo-novela-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_13139445.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/47fedb44-b1cd-4eae-9782-1515653f2776_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bajo el mismo cielo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La literatura sirve para generar empatía: hay novelas que logran hacernos recordar por qué debemos resistir ante la tentación de la crueldad. 'Bajo el mismo cielo' es una muestra de ello</p></div><p class="article-text">
        La hoguera de San Juan est&aacute; hecha de un fuego redentor. En &eacute;l quemamos lo que nos hizo da&ntilde;o, y en esa llama ardemos y la saltamos como si pudi&eacute;ramos generar un desaf&iacute;o en el que nuestros pies sobrevuelan las penas que dejamos atr&aacute;s. La novela de Paco Boya, <a href="https://www.penguinlibros.com/es/novela-historica/487061-libro-bajo-el-mismo-cielo-9791387905040" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Bajo el mismo cielo</em></a>, parece estar escrita para ese momento cumbre en el que el dolor que relata trata de transformarse en una lecci&oacute;n, en un aprendizaje. La <a href="https://ileon.eldiario.es/temas/guerra-civil-en-leon/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Guerra Civil</a> nos coloc&oacute; en un lugar en el que supimos hasta qu&eacute; punto la crueldad puede hacerse carne en nuestra cotidianeidad. Hasta qu&eacute; punto un ser humano es capaz de perder la noci&oacute;n de su empat&iacute;a para llevar a un punto delirante la crueldad de la que tambi&eacute;n somos capaces. Y todo eso sobrevuela sus p&aacute;ginas: puede ser le&iacute;da como un conjuro en estos tiempos tan convulsos en los que se le quita hierro a un asunto que, sin embargo, pesa demasiado. Siempre podemos volver a la muerte por la muerte misma, siempre podemos olvidar las razones que nos trajeron hasta la paz.
    </p><p class="article-text">
        Los datos no alcanzan. Las cifras de muertos y desaparecidos, tampoco. Es a trav&eacute;s de la literatura como generamos el temblor exacto que nos da la fuerza necesaria para pelear contra la barbarie: porque nadie quiere volver ah&iacute;, porque al final lo &uacute;nico que deseamos es un abrazo en el que descansar. En una historia que zigzaguea entre los a&ntilde;os m&aacute;s crueles del conflicto y sus consecuencias posteriores de miedo, psicosis y traumas, el autor entreteje la historia con lo que se fue rearmando en los a&ntilde;os que rodearon a la transici&oacute;n. Y hay escenas brutales que descifran claves: como la pericia de salvar al perro de un alto mando que puede ser un salvoconducto para escapar, la complicidad con una mujer gitana que sabe c&oacute;mo alimentarse cuando solo hay lumbre y migajas hasta el ejercicio del amor en el claro de un bosque mientras Europa se desangra. Y en el fondo, un escenario id&iacute;lico que es siempre reconfortante: refugio y b&aacute;lsamo, que lo fue, lo es y lo ser&aacute;, porque la naturaleza no se detiene ante la estupidez humana. El Valle de Ar&aacute;n funciona como un decorado que impulsa la trama de tal modo que ser&iacute;a impensable que esta historia fuese contada desde cualquier otro lugar. En ese valle la sabidur&iacute;a resiste incluso cuando llegan las primeras muestras de la tentaci&oacute;n del desarrollismo: hay muchos personajes relevantes pero algunos, los m&aacute;s peque&ntilde;os, tienen claves. La abuela Pina es una porque ella conoce muy bien la verdadera felicidad que no est&aacute; hecha de autos nuevos y comercio exterior sino de la certeza de la tierra, de la huerta que labramos y de la revoluci&oacute;n de lo cercano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las p&aacute;ginas de un libro pueden llevarnos a muchos lugares pero, a veces, esos espacios logran trasladarse de un punto exacto del mapa hasta cualquier otro lugar que habita tambi&eacute;n en nuestra propia esencia. El valle de Ar&aacute;n podr&iacute;a ser tambi&eacute;n mi valle, el tuyo, el de cualquiera. Y as&iacute; toca defenderlo hoy: haciendo memoria y haciendo, de esa memoria, carne a trav&eacute;s de la literatura. Eso es <em>Bajo el mismo cielo</em>. Otra novela m&aacute;s sobre la Guerra Civil: s&iacute;, porque parece que hace m&aacute;s falta que nunca para que el olvido retroceda y regresemos a la serenidad sencilla de saber mirarnos a los ojos bajo la luz de las hogueras de San Juan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/bajo-el-mismo-cielo-novela-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_13139445.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 09:30:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bajo el mismo cielo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Memoria Democrática,Libros,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mujeres que corren con los lobos]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/mujeres-que-corren-con-los-lobos-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_13122581.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/669a1964-ffda-4071-b3d7-4439142613f6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mujeres que corren con los lobos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La vida está hecha de destellos improbables, de casualidades que vale la pena aprovechar cuando se presentan: esos zumbidos son el sonido que orienta los pasos, como la visión de un lobo al amanecer</p></div><p class="article-text">
        Apenas amanece y pasa como un destello. No se detiene. Camina ligero, trota como si el monte fuera suyo. Siente que una presencia existe a pocos metros de donde va abriendo camino y entonces me mira, de frente, y veo su cabeza plateada clavando sus ojos en los m&iacute;os. Y no se para ni un momento, forma su baile de una pezu&ntilde;a tras otra, construye un andar majestuoso y seguro. Mira de nuevo hacia delante y avanza hacia el pinar en el que, tal vez, est&aacute; su manada. Es joven, bello como un rel&aacute;mpago sin ruido que lo atrape, como un oasis de verdad que arranca una certeza a la ma&ntilde;ana que pronto se cubrir&aacute; de m&aacute;scaras. No puedo evitar pensar en la novela de David Mu&ntilde;oz Mateos, <a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/misterio-hojas-escondido-novela-ninos-salvajes-mascaradas-desarraigo-generacional_1_13060474.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Entre las hojas escondido</em></a><em>, </em>y en su protagonista, Samuel: un ni&ntilde;o feral que fue criado, &eacute;l s&iacute;, por los lobos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Voy m&aacute;s atr&aacute;s en el tiempo y recuerdo el libro de Clarissa Pinkola Est&eacute;s y pienso que yo nunca antes hab&iacute;a visto un lobo. Puedes morir sin verlo y, sin embargo, una ma&ntilde;ana cualquiera, un mi&eacute;rcoles de primavera, se presenta ah&iacute;, como quien va al bar de siempre de una ciudad no tan lejana, pide un caf&eacute; y en la mesa de al lado descubre una mirada de alguien que congela el tiempo. Y un impulso te lleva a entablar una conversaci&oacute;n porque sabes que si esa casualidad existe es por algo y entonces lo intentas, y descubres que una noche insulsa de martes puede convertirse en un recuerdo de fuego, como quien almacena le&ntilde;a para protegerse del fr&iacute;o que volver&aacute; el pr&oacute;ximo invierno. En esa sabidur&iacute;a c&iacute;clica haces cosas que antes no hac&iacute;as y te sientes m&aacute;s viva que nunca aunque a la vez eres consciente de que hay un lado salvaje que se est&aacute; imponiendo y tienes miedo pero a la vez resignaci&oacute;n, como le ocurre a esa ni&ntilde;a adolescente que en la pel&iacute;cula <em>Los domingos,</em> de Alauda Ru&iacute;z de Az&uacute;a, siente la llamada de Dios y desaparece. Aceptas entonces que ahora, en esta vida nueva, construyes rutinas que antes eran imposibles, como caminar al amanecer besando la promesa de un d&iacute;a que comienza, como un ritual cautivo que regenera tus piernas antes de ofrec&eacute;rselas a las horas que te impulsen de nuevo hasta el sue&ntilde;o. Pienso en aquel libro y en cu&aacute;ndo lo le&iacute; por primera vez. No era la que soy ahora: nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, dijo el poeta, y justo por eso deduzco que tal vez hab&eacute;rmelo bebido sea una de las razones que me ha tra&iacute;do hasta este punto exacto.
    </p><p class="article-text">
        Leo tambi&eacute;n <em>Cauterio</em>, de Luc&iacute;a Litjmaer, y se me marcan las venas en el cuello al constatar que llevamos siglos traficando con sue&ntilde;os ajenos hasta que un d&iacute;a todo se resquebraja y te quedas expuesta a tu deseo genuino de mujer libre. Y sabes que te toca cargar con &eacute;l y parece una piedra de azabache pesada y l&uacute;gubre que, sin embargo, resulta tan brillante que no puedes hacer otra cosa que plantarte frente a ella y dejar que su esplendor te cautive y te llene de felicidad aunque tambi&eacute;n te deje caer a plomo algunas noches porque decidiste met&eacute;rtela en el bolsillo y no soltarla jam&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Lo vi en la mirada del lobo: lo &uacute;nico que vale la pena es transpirar y saber que lo haces justo porque sientes que est&aacute;s corriendo junto a &eacute;l a trav&eacute;s del monte aunque la piedra pese. &Eacute;l va ligero, por eso siempre tienes que aprender avanzar sin tropezar, a simular su belleza y su determinaci&oacute;n aunque no siempre la tengas. De eso se trata vivir o, al menos, la &uacute;nica forma de vivir que vale la pena.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/mujeres-que-corren-con-los-lobos-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_13122581.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2026 09:30:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Lobo,Mujeres Sobresalientes,Literatura,Cine,Sociología,Igualdad,Maragatería,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué nos pasa]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/que-nos-pasa-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_13097070.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/987ecb67-1e6a-45eb-80b7-f04a1c5e3cc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué nos pasa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Antes de llorar, hay que luchar. No se resiste en soledad, no se puede. Toca reinventarse desde la revolución de lo cercano, que no termina aquí mismo, aunque sea paradójico: nuestros dolores se parecen demasiado a otros más lejanos, pero sin reavivar la pasión que otros quemaron, no habrá futuro alguno en nuestra propia casa</p></div><p class="article-text">
        Donde ardi&oacute;, no hubo castigo. Donde volver&aacute; arder, no habr&aacute; perd&oacute;n. El lunes 16 despu&eacute;s de las elecciones auton&oacute;micas nos despertamos con un gusto a &oacute;xido en la lengua. Cuesta comprender c&oacute;mo aquel fuego que arras&oacute; el monte que amamos sigue sin defensa alguna, m&aacute;s all&aacute; de la de nuestros propios brazos. Llevamos casi cuarenta a&ntilde;os, &ndash;y ese fue el tiempo que dur&oacute; la dictadura franquista&ndash;, con el mismo gobierno en Castilla y Le&oacute;n. En ese lapso hemos sido testigos del deterioro, particularmente en Le&oacute;n, de todo aquello que cre&iacute;amos s&oacute;lido. Sanidad que se resquebraja, caminos que se hunden en hoyos m&aacute;s grandes que nuestra desesperaci&oacute;n. Muchos nos fuimos y algunos locos, como yo, decidimos volver y resistir. Pero no se resiste en soledad, no se puede.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay en esta tierra nuestra un voto duro imperturbable. Solo alguna vez se vio c&oacute;mo asomaban las orejas del lobo, pero poquito, t&iacute;midamente, como un susurro ambiguo. Lo que no dej&oacute; lugar a dudas fue la gesti&oacute;n de lo que ocurri&oacute; hace tan poco, en agosto de 2025, cuando casi cualquier alma aut&oacute;ctona tem&iacute;a porque su mundo terminase hecho cenizas. Y, sin embargo, no hubo castigo. Las urnas sirven para contestarle a la barbarie sin sacar los cuchillos a relucir en medio del callej&oacute;n. &iquest;O es que quienes podemos cambiar el sentido de las cosas ya no creemos en nadie?
    </p><p class="article-text">
        Sin servicios p&uacute;blicos moriremos por separado: ya lo vivimos. No era &lsquo;solo el pueblo salva al pueblo&rsquo;: eso fue al principio, con pocos medios, para mermar con lo que se pod&iacute;a el monstruo de las llamas. Pero el fuego se achic&oacute; cuando lleg&oacute; la artiller&iacute;a y esa no se gestiona solo desde lo cercano, porque no hay medios suficientes. Es inviable pensar que podemos solos, porque el demonio es un alud clim&aacute;tico que vendr&aacute; por nuestra sangre sin piedad. Necesitamos cabalgar a lomos de gigantes, pero que esos gigantes obedezcan el tir&oacute;n de nuestras riendas, unas riendas que solo podemos sujetar con fuerza quienes realmente amamos esta tierra que ardi&oacute; y seguir&aacute; ardiendo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Habr&aacute; pavesas que viajen por el viento como amenazas y deber&iacute;amos encender antes nuestras propias antorchas: deber&iacute;amos reinventar el futuro y hacerlo desde la revoluci&oacute;n de lo cercano. Somos una poblaci&oacute;n envejecida, con much&iacute;sima gente que no cambiar&aacute; su voto hasta la tumba misma. Entonces, los que quedamos, deber&iacute;amos preguntarnos: &iquest;C&oacute;mo hibridar ese nicho, c&oacute;mo revolver la mugre con ceniza para que el abono genere nuevos frutos? Precisamos llamar de nuevo a la puerta de las pasiones que hoy son frustraci&oacute;n y desidia para que quienes hoy lloran en las grandes ciudades puedan ser tambi&eacute;n parte de nuestra regeneraci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se resiste en soledad, se construye en la calle, mano a mano, siendo mucho m&aacute;s que uno o dos. Se teje desde el territorio con iniciativas que pueden ser hoy peque&ntilde;as pero, hay una gran verdad en ellas: solo desde lo m&iacute;nimo se abarcan los sue&ntilde;os que tienen ra&iacute;ces profundas para desplegar las alas. No es el repiqueteo constante de la derrota, ni el asalto a los cielos que se convirtieron en sillones. Esta Espa&ntilde;a nuestra est&aacute; llena de olvidos diferentes que tienen dolores similares, desde Le&oacute;n hasta el Pirineo, pasando por la meseta y el sur. Esta Espa&ntilde;a que necesitamos no est&aacute; escrita todav&iacute;a: la pluma es nuestra y lo &uacute;ltimo que debemos hacer es ser pasto del incendio que nos regalan. Seamos antorchas, no pavesas. Antes de llorar, luchemos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/que-nos-pasa-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_13097070.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Mar 2026 10:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones,Vecinos,León,Incendios Forestales,Verano,Elecciones Castilla y León 2026,Maragatería,Bierzo,España vacía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El rugido]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/el-rugido-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_13045623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/93b763f5-4aed-4e92-b543-7eb3ea92f70f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El rugido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los ríos bajan bravos para recibir a la primavera. El 21 sabremos qué nos deparará esta nueva etapa y, mientras, escuchamos los ríos bajar con bravura por nuestros valles y empezamos a mirar los surcos de la tierra como promesas</p></div><p class="article-text">
        Por la noche despu&eacute;s de cenar salgo a fumar un cigarro al patio de delante de la casa. Promet&iacute; dejarlo el 1 de enero, pero el d&iacute;a 2 cambi&eacute; de idea. Y aqu&iacute; seguimos. Estuvimos diez a&ntilde;os sin encontrarnos el tabaco y yo pero en este nuevo laberinto vital nos damos una tregua de tres al d&iacute;a, si no hay alcohol mediante: en ese caso &eacute;l me llama a m&iacute; y yo, lo confieso, le esquivo menos. Es feo declarar vicios en estos tiempos pulcros pero la realidad es tozuda y se impone. No me pelear&eacute; con ella. Dir&eacute;, en mi defensa, que a la par que volv&iacute; a fumar me propuse recuperar la fuerza en el cuerpo y nunca estuve en mejor forma f&iacute;sica que ahora.&nbsp;No se puede sostener el oleaje si los m&uacute;sculos se apagan. Pocas recetas mejores que el deporte para ponerse en pie, y m&aacute;s ahora que el huerto empieza a dar se&ntilde;ales de necesidad. Tocar&aacute;, de nuevo, preparar la tierra para todo lo que nos desee ofrecer en este nuevo ciclo aunque, esta vez, mirar&eacute; los surcos con una preocupaci&oacute;n nueva: qui&eacute;n sabe cu&aacute;nto dependeremos de lo que la naturaleza nos sirva en este reciente caos en el que el mundo se est&aacute; metiendo con drones, bombas y hombres cuya locura es m&aacute;s grande que la inmensidad de la noche.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as, en el silencio lleno de vida que solo suele interrumpir, por ejemplo, el crotoreo de las cig&uuml;e&ntilde;as que ya se han instalado en mi vecindario, hab&iacute;a algo m&aacute;s en esos atardeceres en los que sal&iacute;a a dejarme devorar por el humo de la nicotina. Un murmullo no tan lejano, una respiraci&oacute;n entrecortada y ambigua, una cascada de agua. No era otra cosa que el r&iacute;o tantas veces apagado que ahora bajaba plet&oacute;rico, como un rugido, &eacute;l que tantas veces hab&iacute;a sido solo una cuenca vac&iacute;a. Al d&iacute;a siguiente me acerqu&eacute; a &eacute;l para comprobar si realmente era ese &iacute;mpetu real el mismo que yo o&iacute;a en la noche y mi vista me lo confirm&oacute;. No s&eacute; c&oacute;mo vendr&aacute; la primavera ni si el verano nos traer&aacute; nuevas desgracias vestidas de fuego, pero el agua est&aacute; diciendo que no nos van a parar esta vez. Me gusta imaginar que somos gotitas de agua un tanto furiosas, que unidas las unas a las otras, creamos un torrente que nos salva, esta vez s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy mi escritura est&aacute; hecha de rodeos: quisiera escribir sobre pol&iacute;tica pero las elecciones est&aacute;n demasiado cerca, as&iacute; que callo, o uso la met&aacute;fora en exceso. O merodeo sobre m&iacute; misma y trato de interrumpir mi boca con lo que me gustar&iacute;a decir y no digo, pero advierto o dibujo entre rugidos y aguas bravas que tal vez tengan m&aacute;s fuerza de lo previsto. Llegan carteles a mi tel&eacute;fono que comparto sin demora. Dicen que el monte no olvida. Ojal&aacute; que quienes lo miramos de cerca tampoco lo hagamos. Yo, mientras, mastico la espera que nos llevar&aacute; hasta ese desenlace mientras me apoyo en la revoluci&oacute;n de lo cercano. S&eacute; que no estoy sola: cada vez somos m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/el-rugido-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_13045623.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2026 10:30:14 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Coletazos de invierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/coletazos-de-invierno-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_1_13012019.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c98902d4-afbe-4365-a95f-630335056f28_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Coletazos de invierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La nieve es la posibilidad de un lienzo en blanco: todo se puede donde aún no hay nada. Este invierno nos puso al límite de nuestro ánimo, pero pronto, cuando menos lo esperemos, las flores volverán y serán un suspiro antes del verano</p></div><p class="article-text">
        Son unas flores inveros&iacute;miles. Nacen cuando menos las esperas. Van trepando por unos brazos que podr&iacute;an ser t&uacute;neles de savia y una ma&ntilde;ana, cuando despiertas, est&aacute;n ah&iacute;, abri&eacute;ndose al mundo, al mismo tiempo que te desperezas y dejas que las s&aacute;banas caigan sobre el colch&oacute;n ya sin tu cuerpo trenzado a su noche. Tengo dos tiestos sobre el cabecero de mi cama y duermo bajo su influjo. Ellas, por un lado y, por el otro, de frente al templo en el que he convertido mi dormitorio, la vista majestuosa del Teleno, cuando no juega al escondite tras las frecuentes tormentas: trato de creer, as&iacute;, que el ciclo sigue su curso, que todo lo que se marchita volver&aacute; a florecer. Hay una planta de color blanco y otra morada, aunque sus tonos nunca son opacos. Son las dos resultado de un regalo, de dos amigas diferentes: las orqu&iacute;deas son, como ellas, un lugar donde fijarse y descansar cuando el aliento se entrecorta y la angustia se amarra al pecho. Aunque, en realidad,&nbsp;la paz llega cuando aceptamos que la soledad es el &uacute;nico lugar seguro en el que siempre estaremos, aunque no sepamos reconocerlo y nos pasemos la vida fingiendo demencia ante esta inc&oacute;moda verdad.
    </p><p class="article-text">
        En este campo magn&eacute;tico de resistencia invernal que hemos masticado en Le&oacute;n, este invierno que ya deber&iacute;a dar sus &uacute;ltimos coletazos nos ha llevado al l&iacute;mite de la paciencia: ha llovido como si todas las l&aacute;grimas del cielo tuviesen prisa por salir y, a veces, tambi&eacute;n, se ha mezclado su cadencia con nevadas que confund&iacute;an a la raz&oacute;n. Si deber&iacute;amos estar apagados por este clima destructivo, &iquest;por qu&eacute; esa sinton&iacute;a callada nos remit&iacute;a, aunque no tuvi&eacute;semos ganas, a la paz del silencio sobre los valles y las monta&ntilde;as? La blancura nos dirige siempre hacia una posibilidad, como un lienzo sin bautizar: todo se puede donde a&uacute;n no hay nada, ah&iacute;, en la inocencia, siempre hay espacio para la promesa. Donde nada a&uacute;n est&aacute; manchado por pisadas de hombres o rastros de lobos hambrientos. Donde el sol es capaz todav&iacute;a de cegar con su reflejo y donde nuestra propia temeridad es mucho menos impetuosa que nuestra genuina valent&iacute;a.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Hay una canci&oacute;n de El &uacute;ltimo de la fila que he escuchado con locura en el &uacute;ltimo mes: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=p9nbp0Oo1U0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Dios de la lluvia</em></a>. La he cantado como si pudiera pulverizar ciertas penas por las cosas que no pudieron ser y encomend&aacute;ndome a la sabidur&iacute;a de lo que s&iacute; es: la abundancia de la felicidad que otorga saberse plena por vivir la vida que una desea vivir, y no otra.
    </p><p class="article-text">
        Bajo esa certeza camino hacia el riachuelo a dejar que la perra se entretenga con el chapoteo de las aguas y soy yo la que se queda ensimismada con su felicidad y su cabreo: nunca alcanza a las cig&uuml;e&ntilde;as que ya llegaron al valle para tomar posesi&oacute;n de su cielo. No huyeron por esta inclemencia de viento, nieve y lluvia, al rev&eacute;s, ayer mismo las vi seguir el curso de sus instintos. Hac&iacute;an el amor como si no le importase ser conscientes de que est&aacute;n solas. Tal vez sea porque ellas no lo est&aacute;n: las cig&uuml;e&ntilde;as vuelven siempre al mismo nido y con la misma pareja. Y matan a ciertas cr&iacute;as: aquellas que saben que no van a prosperar. Nunca las vi llorar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/coletazos-de-invierno-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_1_13012019.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Feb 2026 10:30:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Coletazos de invierno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Invierno,Teleno,Animales,Maragatería,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sexo, violencia y llantas... en León]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/sexo-violencia-y-llantas-en-leon-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12977465.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b585e3f-e19a-4569-a685-01eb4ec44cf5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sexo, violencia y llantas... en León"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La novela 'Facendera', de Óscar García Sierra, retrata un mundo abandonado, sin nada de azúcar: donde antes hubo abundancia, hoy reina el silencio de la desolación. ¿Pero... cabe también la esperanza donde nadie mira?</p></div><p class="article-text">
        En este mundo veloz en el que todo caduca en menos de lo que dura un parpadeo, vuelvo a fijarme en obras viejas. Esta no deber&iacute;a ni siquiera considerarse como tal, porque apenas ha cumplido cuatro a&ntilde;os y, sin embargo, a su autor ya le sali&oacute; una m&aacute;s y esperemos que vengan otras. <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/facendera/9788433999535/NH_696" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Facendera</em></a> fue la primera novela del leon&eacute;s &Oacute;scar Garc&iacute;a Sierra, que ven&iacute;a de la poes&iacute;a y de una nostalgia de la destrucci&oacute;n nada edulcorada. Mirar a los pueblos puede traducirse, con frecuencia, en una visi&oacute;n id&iacute;lica en la que el viento te remueve el pelo y el sol te ba&ntilde;a en el punto exacto en el que toca, a la vez, un membrillo reci&eacute;n recogido que brilla sobre una cesta de paja. Pero tampoco es eso. Y en <em>Facendera</em> queda m&aacute;s que claro. Es la historia de una destrucci&oacute;n, la de una forma de vida, asociada a la miner&iacute;a en la monta&ntilde;a de Le&oacute;n. Un c&uacute;mulo de desgracias que van penetrando en la mente de sus habitantes que, para sobreponerse al fin de una era, se drogan, claro, porque qu&eacute; vas a hacer cuando hasta hac&iacute;a cinco minutos todo era derroche y de repente, de la noche a la ma&ntilde;ana, solo hay abandono y trabajos precarios, si los hay, que te dejan al borde de las l&aacute;grimas y la desolaci&oacute;n. Pero no solo a ti si eres joven y est&aacute;s buscando una salida, como le pasa al protagonista de la historia y a muchos de sus amigos, sino tambi&eacute;n a tu madre, a tu supuesta novia y a todo lo que hay alrededor. La novela se entrelaza entre el recuerdo ambiguo de lo que sucedi&oacute; en el pueblo del que procede el narrador y, como si fuese un cuento de Cort&aacute;zar, lo teje con su presente en un Madrid en el que, como todo aquel que comienza a abrirse a la vida, va descubriendo de qu&eacute; va eso de amar pero, antes que nada, debe buscar estrategias eficaces para ligar. Y para eso, si sabes contar historias, lo usas, por qu&eacute; no. Aunque a veces la fantas&iacute;a exagerada pueda chocar con la realidad y jugarte en contra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el recuerdo del protagonista de <em>Facendera</em> apenas aparece la belleza sobrecogedora de las monta&ntilde;as del norte de Le&oacute;n. M&aacute;s bien se detiene en su herida, en c&oacute;mo la industria destroz&oacute; las entra&ntilde;as de la tierra para darle un buen pasar a quienes se atrev&iacute;an a penetrarla y te&ntilde;ir sus ojos de una mugre negra a trav&eacute;s de la que, en muchas ocasiones, se dejaban tambi&eacute;n la vida. Sigue pasando. Hace bien poco hubo muertos otra vez en la mina de Cerredo, en la frontera entre Le&oacute;n y Asturias, paisaje en el que esta novela detiene sus pulsos. Porque la Espa&ntilde;a olvidada no es un lugar id&iacute;lico, aunque pueda serlo. Es, tambi&eacute;n, un lugar en el que sus habitantes sienten desprecio muchas veces incluso por s&iacute; mismos y por todo aquello que no pudo ser: un sue&ntilde;o dorado que se convirti&oacute; en ceniza y dolor, en una vida despojada de expectativas para los que vienen detr&aacute;s que, o se quedan a malvivir de lo que puedan, o ponen sus ojos en el horizonte m&aacute;s lejano posible. 
    </p><p class="article-text">
        Pero en la monta&ntilde;a quedan tambi&eacute;n so&ntilde;adores, quedan antiguos mineros que siguen mirando a su tierra con amor y j&oacute;venes que est&aacute;n decidiendo resistir reinvent&aacute;ndose en lo profesional. En un mundo en el que el trabajo ya no es lo que era, decidir habitar esos lugares a los que casi nadie mira es tambi&eacute;n una posibilidad de futuro. Las monta&ntilde;as siguen siendo un lugar sagrado y ahora nos toca a nosotros, sus nuevos pobladores, inventar nuevas salidas en un momento en el que las grandes capitales han dejado de ser alternativas de futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/sexo-violencia-y-llantas-en-leon-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12977465.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Feb 2026 11:00:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sexo, violencia y llantas... en León]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Vecinos,Jóvenes,Minería,Carbón,Literatura,Montaña,León,Asturias,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Volver a caminar]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/volver-a-caminar-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12936727.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2f3f47db-cd4a-4e13-970f-87c23b7074ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x923y721.jpg" width="1200" height="675" alt="Volver a caminar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En medio de un caótico inicio de año, aprendamos a caminar de nuevo y a encontrar la fórmula para mantenernos estables ante la incertidumbre generalizada que nos acecha</p></div><p class="article-text">
        Un s&aacute;bado te despiertas, preparas el caf&eacute; y enciendes la radio. Ah&iacute;, al primer sorbo apenas, dejas la taza en la mesa para subir el volumen. S&iacute;, est&aacute;s escuchando que caen bombas sobre Caracas. Pero la cosa no termina ah&iacute;. Otro d&iacute;a sabes de una oferta cutre y rastrera sobre Groenlandia. Al poco tiempo, descubres que Chile, que pronto tendr&aacute; de nuevo a la resurrecci&oacute;n de Pinochet en La Moneda pero en versi&oacute;n siglo XXI, arde como ardimos aqu&iacute; en nuestro propio verano leon&eacute;s. Rusia, sin embargo, se aprovecha del fr&iacute;o, como es costumbre, para continuar su avance imperial, el mismo del que su hom&oacute;logo yanqui ha tomado como ejemplo a seguir. Una mujer se arrastra hacia la Casa Blanca para regalar su propio Nobel de la Paz como forma de negociaci&oacute;n. Los memes se suceden: nos resignamos a la risa a pesar de la debacle televisada. En casa descarrilan trenes que ti&ntilde;en el inicio de a&ntilde;o de llanto y l&aacute;grimas. Y mientras, a pesar de todo, aprendes a volver a caminar y, al hacerlo, te llevas de la mano a quienes ahora caen.
    </p><p class="article-text">
        Sales de la madriguera como una osa determinada y feliz. Dejas atr&aacute;s las mochilas, los tropiezos, la oscuridad y te das cuenta, por fin, de que dejaste de tener miedo de ti misma. No buscas nada porque no hay nada fuera que buscar: lo que tenga que venir, vendr&aacute;. Has aprendido a cerrar los p&aacute;rpados y entender que no hay mayor sabidur&iacute;a que la de tus ojos cuando se cierran y miran hacia dentro. Lo sab&iacute;as, pero quisiste ignorarlo hasta que pasara el hurac&aacute;n. Y as&iacute; recoges a otras manos que ahora tiemblan, que se pierden en la vor&aacute;gine de los d&iacute;as. Les recuerdas, como te recordaron ellas alguna vez en el pasado, que no hay que tratar de cambiar lo que ya sucedi&oacute;, sino aceptarlo. Que los d&iacute;as vendr&aacute;n como vengan, y que solo est&aacute; en nuestra mano disfrutarlos con los condicionantes que ofrezcan. No hay m&aacute;s f&oacute;rmula que reconocer que lo que nos preocupa pasar&aacute;, como un pensamiento que avanza sobre el desierto en forma de una bola de paja. Y despu&eacute;s de ese pensamiento y otro m&aacute;s, volver&aacute;s a estar donde estabas: dentro de ti. Lo &uacute;nico que permanece es tu propia vida, mientras exista, y s&iacute;, en ella debe haber cambios: para lograrlos, de nuevo, se trata de escuchar con atenci&oacute;n qu&eacute; hay tras los deseos ajenos para identificar los propios y pelear por hacerlos realidad. En ese camino construimos esta loca costumbre de vivir y le damos sentido. En este recorrido tan sencillo y sin embargo, complejo, nos relacionamos, caemos, levitamos, tropezamos y volvemos a poner los pies en la tierra para ensayar nuevos pasos. No se trata de derribar lo que nos da&ntilde;&oacute;, sino de incorporarlo a nuestro camino para no sucumbir ante otras tempestades. Siempre habr&aacute; olas, lo que debemos hacer es surfearlas desde nuestra estabilidad con virtud e incluso gozo. Un amigo dec&iacute;a el otro d&iacute;a algo muy cierto: te pasan cosas porque est&aacute;s viva. El ser humano es una alquimia particular entre las desgracias individuales que nos sacuden la vida y las universales que, pueden, potencialmente, dinamitar un mundo entero. Y en esa tensi&oacute;n imposible y absurda nos movemos sabiendo que, en realidad, lo m&aacute;s importante se juega a metros de distancia: un hombro que nos sostiene cuando no podemos m&aacute;s, una mano que nos acaricia el pelo, una mirada que despierta con la vibraci&oacute;n exacta un coraz&oacute;n que parec&iacute;a muerto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/volver-a-caminar-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12936727.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Jan 2026 10:30:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Volver a caminar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Radio,Psicología,Sociología,Internacional,Sucesos,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vacío]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/vacio-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12892829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ae4ace24-efe6-4537-83a6-d44e1b56a2a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x595y618.jpg" width="1200" height="675" alt="Vacío"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Empezamos el año con un cúmulo de objetivos deseables aunque, la única manera de interpretar los genuinos, es valorarlos desde la conciencia el propio vacío</p></div><p class="article-text">
        He llenado la casa de deseos. Los he peinado con p&uacute;as de alambre y les he dado diversas formas hasta convencerme de que alguna de ellas me cautivaba o, mejor, que todas lograr&aacute;n fascinarme en alg&uacute;n momento del a&ntilde;o que empieza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        He resucitado un piano que no tocaba desde hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os: he decidido volver a acariciar las teclas, y cantar, aprender a elevar la voz con quien sabe c&oacute;mo encaramarse a las partituras y entreg&aacute;rselas al viento. He recuperado un p&oacute;ster antiguo que pertenec&iacute;a a mi madre: lo he llevado a enmarcar y lo he colgado en la pared sobre el piano. En &eacute;l hay una mujer, una madre, supongo, que con una ni&ntilde;a en brazos y un ni&ntilde;o amarrado a su cintura, levanta el pu&ntilde;o. Hay hombres detr&aacute;s, pero est&aacute;n desdibujados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o empez&oacute; como quiso el se&ntilde;or de los mundos y tras &eacute;l aguantamos el aire como un suspiro de angustia: empez&oacute; por Venezuela donde todo es tan complejo que no hay una respuesta evidente, seguir&aacute; por donde quiera porque la ambig&uuml;edad puede ser, tambi&eacute;n, la ley que nos devore.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay en estos deseos que pein&eacute; un libro cl&aacute;sico que hab&iacute;a perdido de mi biblioteca: <a href="https://www.catedra.com/libro/letras-hispanicas/la-lluvia-amarilla-julio-llamazares-9788437635972/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La lluvia amarilla</em></a> de Julio Llamazares. Ten&iacute;a que estar en la estanter&iacute;a de este pueblo que parece pelear entre la ruina y la belleza: el abandono es un lugar seguro, o una trampa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro libro m&aacute;s llen&oacute; la mesa que constru&iacute; con mi padre para el sal&oacute;n: una publicaci&oacute;n inmensa con ilustraciones acordes para reconstruir la civilizaci&oacute;n en caso de debacle. Algo que, tal y como empezamos, no parece tan descabellado. Aunque aqu&iacute;, de pantanos anegando vidas, hace tiempo que sabemos lo indecible. En estos deseos se col&oacute; tambi&eacute;n un anillo que parece tener un quiebre en su punto medio, un vertedor de agua hacia dos laderas, una l&iacute;nea en su centro como una decisi&oacute;n que marca el rumbo.
    </p><p class="article-text">
        Esto hacemos, en realidad, cada inicio de a&ntilde;o: tratamos de enderezar la nave hacia un lugar que nos parezca atractivo. Ah&iacute; queremos llegar, o deber&iacute;amos. Lo m&aacute;s dif&iacute;cil no es tratar de alcanzar un objetivo, sino dejar de tenerlo, no saber a qu&eacute; aferrarse para tomar impulso. El vac&iacute;o, sin embargo, es el &uacute;nico comienzo posible, el &uacute;nico honesto, al menos. Desde ese lugar inh&oacute;spito al que no nos gustar&iacute;a entrar es donde nos sabemos suficientes y con la fortaleza necesaria para perseguir nuevos deseos, genuinos, como una monta&ntilde;a que no podremos derribar jam&aacute;s porque nos crece dentro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso tal vez tambi&eacute;n he decidido que el Teleno sea parte de mi propia piel y que, cuando mire mi brazo, cada cual interprete qu&eacute; ve: algunos ver&aacute;n sin duda su cumbre, otros el mism&iacute;simo mar, otros, tal vez, una ballena acostada. Les digo a mis alumnas de <a href="http://escuelasavia.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escuelasavia.com</a> que eso debe tener, de hecho, la buena literatura: capacidad para generar diversas interpretaciones, a distintos niveles, cada una a la altura de quien se atreva a navegar por nuestras p&aacute;ginas. As&iacute; la vida, as&iacute; el cuerpo: cada cual leer&aacute; dentro de nosotros mismos el mapa que sepa interpretar, pero nuestro cuerpo ser&aacute;, sin embargo, siempre el mismo, solo transmutado por el tiempo y sus aprendizajes &iacute;ntimos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo deseo que pein&eacute; fue tirar las p&uacute;as al suelo y mirar por los ventanales: sentir serenidad, recuperar la paz, ser, sencillamente, alguien que se parezca a m&iacute;. Encend&iacute; velas, cay&oacute; la noche, el pelo se me derramaba en cascada por los hombros y las piernas estaban cruzadas sobre un coj&iacute;n, los brazos reposando sobre las rodillas: respir&eacute; y cerr&eacute; los ojos. La perra no ladr&oacute;, pero yo sab&iacute;a que estaba all&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/vacio-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12892829.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Jan 2026 10:30:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vacío]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Sociología,Psicología,León,España,Invierno]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La deriva]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/la-deriva-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12870578.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6e880913-2bc6-4c74-8666-da5e825458b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La deriva"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pensamos tener atada nuestra vida pero estamos a la deriva: hay que ser valiente para aceptarlo e intuir qué ola nos elevará. Por un año nuevo en el que ser cobarde no valga la pena</p></div><p class="article-text">
        Tuve suerte. Una buena amiga me invit&oacute; a pasear por la tierra volc&aacute;nica. No me mand&oacute; ninguna foto, solo me dijo que la ten&iacute;a que descubrir yo misma, con los pies en esa urdimbre negra y porosa, en esa mansa agon&iacute;a de la lava sosegada sobre las cumbres de la isla. Y dije que s&iacute;, porque este a&ntilde;o que termina fue una lecci&oacute;n tras otra que no he podido comprender hasta que ha tocado a su fin.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de pasar por la casa de Saramago y acariciar la silla desde la que se sentaba a pensar en su peque&ntilde;o jard&iacute;n, record&eacute; por qu&eacute; escribo y por qu&eacute;, yo tambi&eacute;n, decid&iacute; quedarme a escribir donde consider&eacute; mi hogar. A veces es el originario, otras no: Saramago hizo de Lanzarote su casa como hizo de su amor por Pilar un revulsivo contra los cobardes. Si se ama, no importa ni la edad ni la distancia, lo &uacute;nico que vale es el tiempo, el que se comparte, el que sirve para construir un v&iacute;nculo que trasciende la muerte y queda, como en todos los relojes de su casa, marcando la hora en que se conocieron: las cuatro de la tarde. Ella se hab&iacute;a enamorado de &eacute;l antes de conocerlo y antes de su fama mundial: le bast&oacute; con leerle. &Eacute;l acept&oacute;, claro, y asumir la deriva hizo el resto. Se dejaron acunar por el oleaje inconveniente que les aullaba en los o&iacute;dos: llevarse casi 30 a&ntilde;os de diferencia val&iacute;a muy poco al lado de la posibilidad de vivir el amor imbatible que sent&iacute;an los dos en el pecho. Lo dejaron todo y se arrojaron a los caminos: sab&iacute;an que no hab&iacute;a otra opci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Saramago me habl&oacute; de coraje sin hablarme: estaba por toda la estancia. En los libros, en la humildad de la cocina, en la mesa de trabajo. La vida es actitud y &eacute;l lo demostr&oacute; varias veces: subi&oacute; la cima del volc&aacute;n a los 70 a&ntilde;os. Me record&oacute;, tambi&eacute;n, por qu&eacute; escribo y por qu&eacute; no dudo, por qu&eacute; me empe&ntilde;o en no temer a las olas aunque anuncien tormenta.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que all&iacute;, con la piel ba&ntilde;ada por el Atl&aacute;ntico pero del lado opuesto al que lo sol&iacute;a contemplar antes, repar&eacute; en el aprendizaje fundamental de este a&ntilde;o que se va: en el oc&eacute;ano no importa la deriva porque su esencia son las olas.<a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/hijas-nadie-novela-escrita-buenos-aires-pueblo-leon-incide-costuras-mundo-moderno_1_11442056.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Una no sabe a veces por qu&eacute; escribe lo que escribe</a> pero mi novela <a href="https://mistergriffin.es/libros/hijas-de-nadie/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Hijas de nadie</em></a> termina con un deseo de Luc&iacute;a dedicado a Candela, con un quej&iacute;o flamenco de fondo: &ldquo;Ser tambi&eacute;n parte del mar&rdquo;. Un texto que naci&oacute; hace tantos a&ntilde;os y que, sin embargo, regresa hoy para hablar de frente, para increparme, para descifrar esta dulce introducci&oacute;n al caos. La escucho y no s&eacute; c&oacute;mo salvarme. Dir&iacute;a que la deriva es quiz&aacute;s un hogar parecido a la soledad y al amor de donde nadie sabe c&oacute;mo escapar. Puede que se trate de aceptarlo mientras las sombras se enredan en los pies como si fueran espuma marina, mientras bailamos sobre la madera del tablao con los clavos como &uacute;nico sustento. La deriva es, tal vez, un hogar, el &uacute;nico, y que por eso mismo evitamos mirar a los ojos, pero debemos hacerlo para dejarnos arrullar como los ni&ntilde;os que fuimos. Lo pensar&eacute; de nuevo cuando la medianoche toque sus campanas y me dar&eacute; las gracias por unos meses convulsos pero necesarios: brindar&eacute;, convencida otra vez, por un a&ntilde;o nuevo en el que ser cobarde no valga la pena. El mundo es para los valientes y esta vida, la &uacute;nica que tenemos.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://x.com/VioletaSerga" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;">Violeta Serrano</span></a><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"> es poeta, escritora y conferenciante, fundadora de la </span><a href="https://www.escuelasavia.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;">Escuela  SAVIA</span></a><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"> - Naturaleza &amp; Escritura. Su &uacute;ltima obra es la novela </span><a href="https://ileon.eldiario.es/cultura/hijas-nadie-novela-escrita-buenos-aires-pueblo-leon-incide-costuras-mundo-moderno_1_11442056.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><em>Hijas de Nadie</em></span></a><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;"><em> </em></span><span class="highlight" style="--color:#ffd9a1;">(Mr Griffin, 2024)</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/la-deriva-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12870578.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Dec 2025 18:00:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La deriva]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Comerás flores]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/libro-lucia-sobral-comeras-flores-columna-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12800027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/361cea3a-b01d-4847-b121-e1e10e5a96a1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Comerás flores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La novela de Lucía Solla Sobral publicada por Libros del Asteroide debería ser una lectura obligatoria para todas aquellas personas que aún estén tratando de entender en qué consiste esto de las relaciones afectivas en la edad adulta</p></div><p class="article-text">
        Le robo el t&iacute;tulo porque en este libro puede parecer que no hay demasiada naturaleza, pero es al rev&eacute;s: la hay, porque estar vinculada a nuestro lado salvaje nos salvar&iacute;a, muchas veces, de quemarnos el coraz&oacute;n. Hay instintos que debemos reconocer y eso nos falla, precisamente, porque hemos aprendido a no escucharnos demasiado, a ignorar las se&ntilde;ales claras, a avanzar, aunque tengamos delante el mism&iacute;simo abismo. Y vivir apartadas de la manada cuando el peligro sucede, es un problema a&uacute;n mayor.
    </p><p class="article-text">
        La novela de Luc&iacute;a Solla Sobral publicada por Libros del Asteroide deber&iacute;a ser una lectura obligatoria para todas aquellas personas que a&uacute;n est&eacute;n tratando de entender en qu&eacute; consiste esto de las relaciones afectivas en la edad adulta. Ella lo pone en la piel de una muchacha muy joven, casi adolescente, que en medio de un duelo por la reciente muerte de su padre se enamora de un hombre mucho m&aacute;s mayor, m&aacute;s solvente en lo econ&oacute;mico, encantador para los de fuera y, sin embargo, due&ntilde;o de su cara m&aacute;s terrible cuando nadie mira. No hay maltrato f&iacute;sico, que ser&iacute;a m&aacute;s obvio, sino mucho m&aacute;s siniestro, perpetrado por quien sonr&iacute;e hacia fuera y genera infiernos de interior. Y los edifica precisamente en quien trata de amar, sin saber c&oacute;mo hacerlo. As&iacute;, en sus modos de ejercer el poder ella se vuelve cada vez m&aacute;s peque&ntilde;a, m&aacute;s triste, m&aacute;s aislada de la gente que realmente la quiere. Y desaparece. Nos ha pasado a muchas. Encandiladas por un amor apasionado, nos perdemos porque nos entregamos y salir de ah&iacute;, por supuesto, no es f&aacute;cil. El genetista Miguel Pita dec&iacute;a hace poco en una entrevista que enamorarse implica construir todo un andamiaje que despu&eacute;s, en la ruptura, genera un l&oacute;gico sufrimiento porque hay que retirar cada puntal que pusimos con la entrega total que implica enamorarse, que no es otra cosa, en el fondo, que bajar la guardia, dejarse ir: confiar. Y se tiende a confiar mucho m&aacute;s cuando, a la vez, se est&aacute; atravesando un duelo, que es lo lo que le pasa a la protagonista de la novela. Y todo ese combo escuece, claro. Cuando eres adolescente y no sabes de qu&eacute; va la historia, la cosa se complica y puedes pasarte a&ntilde;os dando vueltas sobre el mismo infierno antes de desarmar el andamiaje. Cuando peinas canas, por lo menos, reconoces las din&aacute;micas y, aunque te cueste la vida, sales como puedes: huyes hacia adelante con el coraz&oacute;n roto y las plumas perdi&eacute;ndose en el mismo viento que te hac&iacute;a volar cinco minutos antes. Por eso ser&iacute;a ideal que esta novela, <a href="https://librosdelasteroide.com/libro/comeras-flores" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Comer&aacute;s flores</em></a>, se viralizase entre adolescentes. La literatura no solo es entretenimiento, tambi&eacute;n tiene una funci&oacute;n social: nos ense&ntilde;a a ponernos en el lugar de otro, de la v&iacute;ctima, pero tambi&eacute;n del monstruo para reconocer sus patrones, para identificarlo despu&eacute;s en el d&iacute;a a d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Esta historia sucede en una ciudad de provincias, como les llaman algunos a lo que no es Madrid. Y es cierto que el infierno en ciudades m&aacute;s peque&ntilde;as puede ser tambi&eacute;n m&aacute;s sangrante: porque no hay salida sencilla, porque el escenario es m&aacute;s peque&ntilde;o y, por eso mismo, los recuerdos se acotan a un lugar del que no es sencillo zafar. Pero tambi&eacute;n, como muestra la autora en la novela, la comunidad que te sostiene es m&aacute;s cercana, m&aacute;s atenta, puede espantar literalmente a los fantasmas de tu cabeza estando cerca, que es lo que necesita una v&iacute;ctima as&iacute;: sobre todo, compa&ntilde;&iacute;a y sost&eacute;n para salir del dolor y el enga&ntilde;o que provoca quien promete amores que poco tienen que ver con la vida real.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/libro-lucia-sobral-comeras-flores-columna-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12800027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Dec 2025 18:00:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Comerás flores]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,España,Libros,Violencia de Género,Igualdad,Sociología,La Biblioteca del Reino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mujer bajo la lluvia]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/mujer-bajo-la-lluvia-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12805928.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da37cc2f-8d82-4b38-9a27-0bdbcb923973_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mujer bajo la lluvia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay momentos en la vida que generan cortocircuitos: es en esos destellos en los que hay que pararse a mirar de frente al huracán y no huir, sino quedarse hasta descifrar qué tienes dentro del pecho y perseguirlo hasta el final</p></div><p class="article-text">
        No hay vac&iacute;o sin desesperaci&oacute;n. Llegas a la poes&iacute;a por eso, porque est&aacute;s desahuciada. Te rebelas pero es en vano, reconoces que a pesar del dolor vas a volver a retirarte las olas del pecho y dejar&aacute;s que la marea te arrase. Lo har&aacute;s una vez y otra, porque has decidido que es mejor avanzar que esperar a que la lluvia se deshaga en tu pelo. Habr&aacute;s querido desperezarte de la huida pero ser&aacute; imposible. Sientes que las ra&iacute;ces que amarran tus tobillos son m&aacute;s fuertes que las alas que te crecieron en la espalda. Te duele el omoplato desplazado de la noche y a&uacute;n tu pelvis se destaca entre las brumas de lo que parec&iacute;a eterno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El amanecer no esconde la bravura de tu desgana y, sin embargo, recitas los mismos versos que cantabas cuando a&uacute;n no sab&iacute;as hasta qu&eacute; lugar iban a llevarte tus manos retorcidas e implacables. Despides un halo de luz cegadora e ingobernable ante la cobard&iacute;a porque despistaste a la comodidad que se hace fuerte en cada hogar tembloroso y s&uacute;bito, tan s&uacute;bito que en &eacute;l casi nunca pasa nada mientras se finge demencia ante la incomodidad brutal que destruye los motores de lo necesario. Y ves c&oacute;mo las piernas de otros caballos se atormentan porque no recuerdan c&oacute;mo cabalgar en direcci&oacute;n al mar, pero t&uacute; s&iacute; lo sabes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Conoces perfectamente el movimiento de las pezu&ntilde;as sobre las algas y la arena. Para destruir el azar solo cabe enfrentarse a la desdicha y al miedo. Y no es la soledad lo que enturbia las ma&ntilde;anas, sino el atardecer. Pero si lo encaras con los ojos aupados sobre el viento sabes que no solo es que no existe el temor, sino que es justo ah&iacute; donde ocurre lo &uacute;nico que vale la pena. Tocar el fondo del vendaval incluye despertarse entre un hurac&aacute;n ambiguo que, a pesar de todo, reconoces. Siempre estuvo ah&iacute;, en ese estern&oacute;n torcido que no quieres enderezar. En el c&uacute;bito y el radio que no te traicionaron nunca porque te ense&ntilde;aron desde que naciste que no hab&iacute;a un sendero recto o iluminado: que habr&iacute;a sombras. Y en ellas tendr&iacute;as que aprender a bailar con el pelo suelto y enredado bajo unas estrellas que supiste a reconocer justo cuando soltaste los brazos que te sosten&iacute;an. Y la luna te cont&oacute; que no solo estar&iacute;as bien, sino que ser&iacute;as eterna en tu incansable esplendor siempre y cuando no perdieses el faro de tu deseo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No habr&iacute;a m&aacute;s flores que las que t&uacute; decidieses observar ni m&aacute;s frutos que los que te empe&ntilde;ases en cubrir con espuma de incertidumbre y caricias de cielo. La tormenta vendr&iacute;a y entonces ser&iacute;an tus m&uacute;sculos los que dictar&iacute;an el envoltorio del carruaje que te llevar&iacute;a al fin de la monta&ntilde;a que ves cada d&iacute;a desde la ventana en la que decidiste construir tu casa. Paraste, miraste de frente al mundo y dijiste basta.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/mujer-bajo-la-lluvia-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12805928.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Dec 2025 18:39:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mujer bajo la lluvia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Literatura,Mujeres Sobresalientes,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pavesas]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/pavesas-columna-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12760999.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70e43643-3704-439f-b541-c25e86610814_16-9-discover-aspect-ratio_default_1130188.jpg" width="1200" height="675" alt="Pavesas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El viento trae briznas que pueden incendiar nuestra vida pero también podemos reconvertir ese fuego en futuro si nos organizamos y somos creativos: los incendios fueron devastadores pero también trajeron un aprendizaje colectivo</p></div><p class="article-text">
        Durante algunos d&iacute;as pens&eacute; que mi pueblo estar&iacute;a a salvo: el incendio, a&uacute;n, estaba lejos. Pero la otra tarde, en una charla que ofrecieron bomberos de la <a href="https://x.com/briftabuyo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">BRIF de Tabuyo</a> en Filiel, en una sala llena a rebosar, descubr&iacute; que no. Que, en realidad, las llamas llevan dentro de s&iacute; un combustible mayor que genera briznas de ceniza incandescente: estertores que pueden recorrer grandes distancias hasta posarse en lugares que, si son combustibles, pueden generar nuevos focos. Un &aacute;rbol demasiado seco, un poco de le&ntilde;a mal ubicada, casi cualquier cosa que haya sufrido varias jornadas de calor intenso como el que presenciamos este verano y los que vendr&aacute;n. Esas briznas se llaman pavesas. 
    </p><p class="article-text">
        Los pueblos deteriorados por la cadena de desgracias que implica su despoblaci&oacute;n se convierten en pasto propicio para el desastre: hacen falta reba&ntilde;os, hacen falta tierras trabajadas alrededor de los n&uacute;cleos de viviendas para hacer frente a las consecuencias del clima extremo que ya esta aqu&iacute;. Hace falta vida, la vida que hemos dejado escapar por un sue&ntilde;o mentiroso que se vende empaquetado y d&uacute;ctil en supermercados con mucha m&uacute;sica ligera y luces que despistan al m&aacute;s terco. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Maquinaria abandonada del molino en La Chana de Somoza.                            </span>
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        Porque no podemos ponerle puertas al campo, ni debemos: los bomberos no pueden solos preparar el terreno para el verano. Hay que pisar la tierra, removerla, molestarla, recordarle que a&uacute;n estamos aqu&iacute;, dispuestos a entenderla y trabajarla. 
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n as&iacute; los de la BRIF siguen haciendo de todo: lo &uacute;ltimo, un calendario para ayudar a los damnificados que ya se puede comprar en locales de La Ba&ntilde;eza y Astorga.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una casa en La Chana de Somoza.                            </span>
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        Cerca de Filiel, ese pueblo que se salv&oacute; por los pelos de convertirse en ceniza hace apenas unos meses, est&aacute; Chana de Somoza, con poco m&aacute;s de 20 habitantes. All&iacute; puedes caminar atravesando el oto&ntilde;o con el pecho encendido y los pies enterrados en las hojas que acolchan los senderos. Y, si te pierdes un poco m&aacute;s, puedes llegar a las instalaciones del antiguo molino y sus viviendas aleda&ntilde;as que en el pasado siglo XX estuvieron llenas de vida y que a&uacute;n hoy permanece en un estado de conservaci&oacute;n que te deja perpleja. Sobre todo porque cuesta entender c&oacute;mo semejante espacio no se aprovecha para dar luz a las mil ideas que al menos a m&iacute; me pasan por la cabeza cuando salgo a pasear y me convenzo, m&aacute;s, de que no hay otro modo de resetear este desatino de sistema que nos atrapa que desde los lugares a los que casi nadie mira.
    </p><p class="article-text">
        De la ruina y el abandono se puede extraer un mineral preciado, de hecho, a&uacute;n se aprecian en Chana las murias de todo el oro que los romanos supieron discriminar all&iacute;: miraron nuestro paisaje con ojos de negocio y dos mil a&ntilde;os despu&eacute;s observamos aquel expolio como una sencilla belleza antigua. Me pregunto cu&aacute;les ser&aacute;n nuestras pavesas, c&oacute;mo encontraremos el modo de transformar el fuego que nos arrasa en otro que nos regenere. Hay un mineral preciado en este momento de la historia y es el tiempo: casi nadie lo tiene pero todos lo buscan. Se trabaja para vivir mejor, pero casi nadie lo logra. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Interior de una casa abandonada en La Chana de Somoza.                            </span>
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        Entonces, &iquest;no es este espacio un revulsivo contra la locura que implica entregar la vida a cambio de migajas? Si miras al Teleno con la frente alta y los tobillos tapados por el peso del oto&ntilde;o, lo tienes claro. Solo vale la pena dar tu tiempo si en contrapartida te permiten respirar, conectar tus pulsos con los pulsos del territorio, resistir no como quien espera una batalla, sino con el orgullo de saber que est&aacute;s haciendo lo necesario. Repoblar el abandono exige cuidar el ecosistema completo: el tuyo, s&iacute;, pero tambi&eacute;n de quienes a&uacute;n se acumulan en esos pisos a los que la comida solo llega sobre ruedas. No estamos aqu&iacute; por nosotros &uacute;nicamente, nos quedamos por todos. Y cuanto antes lo entendamos, mejor. Es hora de reequilibrar el territorio no ya por quienes aqu&iacute; resistimos, sino por el bien com&uacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/pavesas-columna-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12760999.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Nov 2025 18:00:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pavesas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[León,La Somoza,Medio Ambiente,Incendios Forestales,Vecinos,Agricultura,Ganadería,Solidaridad,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Niebla]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/niebla-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12736720.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/869b94bb-7fa5-4a5b-b2ac-47dcd756296f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Niebla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">León está sufriendo desde hace demasiado tiempo abandono y, sobre todo, incomprensión. Las bromas ya no hacen gracia: el dolor de León ruge y no se puede callar</p></div><p class="article-text">
        Nunca sabemos c&oacute;mo va a terminar la pel&iacute;cula. Ni siquiera conocemos c&oacute;mo va a seguir desde el cap&iacute;tulo en que nos encontramos. Y ese exceso de presente nos angustia. Quisi&eacute;ramos descubrir los siguientes pasos. Aceptar que si ahora el mundo se detiene y ahoga ser&aacute; solo por un periodo de tiempo y que despu&eacute;s, cuando menos lo esperemos, volver&aacute; a salir el sol. Pero en este momento masticamos niebla. En esta tierra toc&oacute; fuego, ahora cenizas agolpadas y f&aacute;bricas que los d&iacute;as convertir&aacute;n en ruina y pasado. Y fuera de aqu&iacute;, tambi&eacute;n, las nubes se estancan con formas diversas y tenaces. La oscuridad es parte de esta &eacute;poca, cerca o lejos, a golpe de p&aacute;rpado e indiferencia.
    </p><p class="article-text">
        Porque hay niebla en una tregua que no se respeta: lejos de aqu&iacute; la muerte sigue avanzando con una guada&ntilde;a inh&oacute;spita y brutal. Hay niebla al otro lado del oc&eacute;ano, en una Argentina que vota con contundencia a su propio verdugo, una y otra vez, en una decr&eacute;pita melod&iacute;a final. Y aqu&iacute;, m&aacute;s cerca, hay niebla en los r&iacute;os que se contaminan cuando el agua cae y arrastra todo lo que el fuego dej&oacute; a los pies de los montes. Hay niebla en los familiares de mineros que siguen esperando justicia m&aacute;s de una d&eacute;cada despu&eacute;s. Hay niebla en la remolacha que viaja un poco m&aacute;s lejos porque aqu&iacute; no queda nada por lo que valga la pena quedarse. Hay niebla en los mandados y en los mandatarios, cuando prefieren el hast&iacute;o funcional a la creaci&oacute;n de expectativas que arriesguen y pongan, de una vez, la esperanza en un lugar del que tanta gente debe irse con l&aacute;grimas en los ojos en busca de un trabajo que le permita respirar. Hay niebla en el abandono que sigue sufriendo nuestra tierra y, sobre todo, hay niebla en las palabras de quien ignora esta realidad. Hay niebla en quien trata de justificar lo imposible, en quien confunde enemigo y aliado. Hay niebla en la frustraci&oacute;n que genera monstruos: muchos del lado de la extrema derecha que afila sus colmillos y se enreda, precisamente, en la garganta de la rebeld&iacute;a adolescente que acapara las aulas y que ser&aacute;, ma&ntilde;ana, quien dicte la realidad. Pero tambi&eacute;n hay otras reacciones, m&aacute;s amables, por suerte, que buscan e impulsan la identidad perdida reconstruyendo una comunidad cercana desde su propia esencia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Pandereteiras en el Samhain de Rioscuro de Laciana.                            </span>
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        Porque niebla hay y siempre habr&aacute;, pero tambi&eacute;n formas de alumbrar el camino. Recoger uno a uno los escombros de lo que perdimos para mirar atr&aacute;s y reinventar el presente sin olvidar el origen. En estos d&iacute;as de fin de ciclo, cuando el oto&ntilde;o descarga las hojas y las calabazas est&aacute;n a punto para recolectarse y dejar que la tierra cueza hasta la pr&oacute;xima siembra, hay lugares que a&uacute;n rescatan celebraciones a fuerza de no cubrirlas de olvido. Es, por ejemplo, el Samhain de Tsaciana, donde el sustrato celta revive y los h&aacute;bitos de quienes saben escuchar la tierra toman cuerpo y ense&ntilde;anza de mayores a j&oacute;venes: casta&ntilde;as, matanzas y m&uacute;sica que se mezclan con los primeros fr&iacute;os y la sonrisa franca de quien dice que no se va, que aqu&iacute; se queda, a pesar de todo.
    </p><p class="article-text">
        Y somos muchos, varios, en distintos puntos de esta tierra, que nos abrazamos a su tozudez, tan diversa seg&uacute;n el punto en el que estemos. Desde mi ventana veo el Teleno cuando la niebla me deja y con mis manos trabajo una huerta pedregosa, mucho m&aacute;s austera que la que otra gente cultiva a las orillas de otros r&iacute;os que dan alimento con m&aacute;s certezas y menos sudores. Pero todas hacen una, la nuestra, y de ah&iacute;, en esa comuni&oacute;n cercana, debemos reinventar nuestro futuro. Le&oacute;n ruge, est&aacute; rugiendo: solo hay que saber escuchar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/niebla-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12736720.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Nov 2025 18:00:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Niebla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fiestas,Otoño,Villablino,Tradiciones Leonesas,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estallan bombas en mi pecho]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/estallan-bombas-pecho-en-mi-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12682827.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13063db1-c1c7-474f-aee6-336acca3d43b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x749y326.jpg" width="1200" height="675" alt="Estallan bombas en mi pecho"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No abras los ojos si no estás dispuesto a vivir atravesando el miedo: no es época para cobardes y, sin embargo, se reconocen por todas partes</p></div><p class="article-text">
        A veces la vida es como una bomba que te estalla en medio del pecho. Y el estruendo, tan cerca del coraz&oacute;n, solo deja un vac&iacute;o sordo que se enreda en las pupilas y trepa, tenaz, hasta las sienes y se te agolpa en el pensamiento. Y ah&iacute; se queda a divagar d&iacute;as, noches, castigando la insolencia de quien osa abrirse en canal ante la vulgaridad de lo cotidiano. De quien cree, a&uacute;n, que solo se puede ser plenamente desde la conciencia de lo salvaje. Algo as&iacute; como respirar sabiendo que un mill&oacute;n de caballos galopan, reci&eacute;n paridos y desorientados, desde el centro de nuestro deseo hacia el mundo. Y ah&iacute;, s&oacute;lo ah&iacute;, cuando se escuchan sus cascos con nitidez sobre el piso, entonces, solo entonces, hay que saltar. Y da igual si hay o no red. Saltas, porque escuchaste el pavoroso incendio de su melena desbocada contra el viento. Y si tienes a&uacute;n sangre en las venas, &iquest;c&oacute;mo vas a dejar que esa belleza atroz se detenga por tu cobard&iacute;a? Solo puedes dejarte llevar por su venturoso recorrido. &iquest;Hacia d&oacute;nde? No, eso nunca lo sabes.
    </p><p class="article-text">
        Es una manera de vivir, pero hay otras. Se puede, sin m&aacute;s, sobrevivir. Poner un pie detr&aacute;s de otro y generar pasos seguros que nos apacig&uuml;en. Que nos hagan creer que todo est&aacute; bien. Que hemos construido un hogar seguro en el que sentirnos arropados. Pero no es cierto. Todas las casas son una trampa salvo las que ofrece la naturaleza. Una casa es una arquitectura artificial bajo la que creemos estar a salvo. Pero solo est&aacute;s a salvo cuando has dormido bajo las estrellas. Cuando has sentido el fr&iacute;o congel&aacute;ndote las puntas del pelo y hasta el &uacute;ltimo dedo me&ntilde;ique del pie. Solo tras esa experiencia febril y cercana al final posible puedes decir que est&aacute;s a salvo. Porque no temes. Porque recuerdas que lo &uacute;nico valioso es que hoy est&aacute;s aqu&iacute;, con lo que existe a tu alrededor, lo que tocas, lo que te propone vibrar en un roce sutil, lo que te mece cuando la luna despliega su embrujo.
    </p><p class="article-text">
        No es sencillo vivir en presente absoluto. Fuimos educados para tener clavado en la espalda el deber del ma&ntilde;ana. Todo lo hacemos para algo, con la promesa de un futuro, con la falacia de la esperanza, que es una trampa tan grande como el hogar seguro que puede ser arrasado en cualquier momento por las antorchas de los &aacute;rboles incendiados en verano. Todo puede resquebrajarse en el momento que menos esperas y entonces, &iquest;qu&eacute; te queda? La noche estrellada, la tierra que espera tus manos, el sol que abrasa la nuca y la lluvia que entumece tus labios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es &eacute;poca de cosechar patatas. Pas&eacute; la tarde del s&aacute;bado entregando mis manos temblorosas a hurgar en los surcos que la m&aacute;quina dejaba en el suelo. Pasaba y romp&iacute;a la planta para dejar a la intemperie los frutos de meses de gestaci&oacute;n. Y entre los tub&eacute;rculos aparec&iacute;an tambi&eacute;n bichos que ve&iacute;an la luz despu&eacute;s de mucho tiempo y observ&eacute; tambi&eacute;n, la huella, en lo recogido, de los ratones que pasaron a hacerse cargo de lo que a&uacute;n no ten&iacute;a due&ntilde;o ni olvido. Y esa cosa tan amorfa y sucia como es una patata reci&eacute;n sacada de la tierra es lo m&aacute;s aut&eacute;ntico que ten&iacute;a ese s&aacute;bado entre mis dedos. Porque ni el hogar, ni el dinero, ni las l&aacute;grimas, ni el sol val&iacute;an absolutamente nada cuando la bomba estall&oacute; en mi pecho y me posicion&oacute; ante el vac&iacute;o: aqu&iacute; est&aacute;s, valiente, quer&iacute;as huir, pero no hay modo. El &uacute;nico camino es avanzar sin saber hacia d&oacute;nde. Si crees en el galope de los caballos lo har&aacute;s. Y yo creo, porque creo en lo que la naturaleza me susurra cada amanecer: abre los ojos solo si est&aacute;s dispuesta a vivir atravesando el miedo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/estallan-bombas-pecho-en-mi-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12682827.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Oct 2025 17:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Estallan bombas en mi pecho]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicología,Medio Ambiente,Agricultura,España,Campo,España vacía,Maragatería,León]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida era esto]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/la-vida-era-esto-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12644521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6860303e-136b-482f-b206-5c5f8e7907d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida era esto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nuestra generación debe salir de la queja y reimaginar su futuro: es libre de hacerlo, pero debe utilizar el contexto y las herramientas actuales a su favor, y no siguiendo patrones que ya están obsoletos</p></div><p class="article-text">
        Curvas y montes alrededor mientras la m&uacute;sica se alza entre nosotros. Y bailamos, como si ma&ntilde;ana no existiese porque, realmente, no existe. Y esa conciencia es m&aacute;s poderosa que el miedo. Se trata de atravesar el temblor, el espejismo de que debemos planificar y sostener una idea como orden del d&iacute;a a d&iacute;a para fortalecernos en la virtud. Tal vez antes funcionaba, tal vez. Pero ya no. Si nos robaron el futuro entonces solo nos queda el presente y quiz&aacute;s ese sea el mayor regalo que nos hizo la generaci&oacute;n que nos precedi&oacute; en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        No hay pa&iacute;s en el que los bares est&eacute;n m&aacute;s llenos. No hay terrazas que rebosen m&aacute;s, haga fr&iacute;o o calor. No hay peleas que se derrumben con m&aacute;s aplomo que las que se inician en una barra y terminan pagando las copas del enemigo, que casi nunca lo es en realidad. No hay acantilados m&aacute;s abismales que los del norte ni destellos de blancura m&aacute;s puros que los del sur. Esa Espa&ntilde;a es de todos los que tratan de morderse por ella: morir o matar a golpe de barbaridad mayor para contener la atenci&oacute;n de los votantes. Esa Espa&ntilde;a no tiene due&ntilde;o, aunque haga demasiado tiempo que nos empe&ntilde;emos en dividirla entre dos bandos que se agotan en la exigencia absurda de su contrario. Si todos queremos vivir bien aqu&iacute;, por qu&eacute; ponerle trabas al espacio que compartimos y despreciamos tanto a la vez.
    </p><p class="article-text">
        Hace pocos d&iacute;as me entrevistaron sobre la brecha generacional entre boomers y millenials, es decir, entre la generaci&oacute;n de mis padres y la m&iacute;a. Y dije, &ndash;m&aacute;s all&aacute; del diagn&oacute;stico que todos conocemos, es decir, que estamos viviendo peor que ellos&ndash;, que estaba cansada de esa queja constante. Esa generaci&oacute;n reconstruy&oacute; una Espa&ntilde;a en ruinas para edificar la democracia que hoy disfrutamos. Esa generaci&oacute;n tuvo que inventar su futuro porque su pasado era de fuego y cenizas. &iquest;Qu&eacute; haremos nosotros los j&oacute;venes?, &iquest;seremos capaces de imaginar otro futuro posible y mejor? Yo insisto en que s&iacute;, pero para eso tenemos que analizar el presente con las gafas de la actualidad y no con los anteojos de quienes vivieron con otras herramientas, con otros contextos, con otras ilusiones. Y abrirnos camino. Y que nos dejen pasar, claro, eso tambi&eacute;n es importante.
    </p><p class="article-text">
        Asumamos que ya no nos hace felices la perspectiva de una vida anodina y estable por d&eacute;cadas: que no solo queremos trabajos bien pagados, sino que, sobre todo, tengan un prop&oacute;sito que nos haga sentir bien. Y que si tenemos que cambiar varias veces a lo largo de la vida, lo haremos, porque ese cambio no nos asusta. Pero s&iacute; queremos un hogar, y ese hogar parece que tambi&eacute;n nos lo han arrebatado. &iquest;Seguro? Hay kil&oacute;metros y kil&oacute;metros de olvido detr&aacute;s de esa Espa&ntilde;a que se pelea entre los altavoces de Madrid. Las tierras donde nadie mira son espacios para respirar con dignidad, obtener ox&iacute;geno, comunidad y prop&oacute;sito. No es la vida que pensaron para nosotros, es cierto, pero, &iquest;no se trata de hacer nuestro propio camino y construir esperanza desde ah&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Si deseamos sentir las notas de la m&uacute;sica bien alta eriz&aacute;ndonos el pelo de los brazos es porque aprendimos a no temer: no tener miedo es nuestra mayor ventaja. Si queremos ser realmente libres, podemos hacerlo, pero ojo, porque la libertad no es como algunos la venden ahora empaquetada y sin responsabilidad alguna. Al contrario: apostar por ser libre implica la mayor responsabilidad. &iquest;Estamos dispuestos? Yo digo que s&iacute;, que pongamos un pie detr&aacute;s del otro para ir construyendo un nuevo camino, el nuestro, el impensado, el que salga de nuestra imaginaci&oacute;n colectiva y nuestra dignidad. Y s&iacute;, no digo que no: para eso tal vez haya que mirar al monte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/la-vida-era-esto-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12644521.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Oct 2025 17:00:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida era esto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jóvenes,Personas Mayores,Vivienda,Solidaridad,Empleo,España,Sociología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cambio de ciclo]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/cambio-de-ciclo-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12620093.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5bbc5194-606d-448c-9980-4403b620442b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cambio de ciclo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Llega el otoño y con él un cambio de estación más. La naturaleza nos recuerda que todo cambia para volver a resurgir y que haríamos bien en amoldarnos a su ritmo imperturbable, porque eso somos también: parte de sus lógicas circulares</p></div><p class="article-text">
        Cuatro veces al a&ntilde;o, ocurre. El tiempo se trastoca para recordarnos que empieza un nuevo ciclo, una nueva oportunidad. La naturaleza se revuelve y trata de adaptarse a otro clima, a otra luz, a otra temperatura. Y nosotros tambi&eacute;n. Yo, por ejemplo, noto c&oacute;mo los d&iacute;as se acortan y la luz que antes cegaba la mesa de la cocina de mi casa hasta bien entrada la tarde ahora se desvanece mucho antes. Ya no necesito cerrar las cortinas para disfrutar del frescor de la penumbra, ya no. S&eacute; que es justo al rev&eacute;s, que pronto comenzar&eacute; a sentir el fr&iacute;o en los huesos que dejan las madrugadas en la Maragater&iacute;a y extra&ntilde;ar&eacute; una manta sobre mis hombros. Por eso tal vez ahora los atardeceres me derrumban poco antes de las ganas que tengo de cenar y empezar a bajar la guardia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Digo me derrumban porque todo cambio de ciclo implica, tambi&eacute;n, una renuncia. Se van las tardes al sol, el frescor de cada ma&ntilde;ana posado sobre los frutos del huerto y las hojas de los &aacute;rboles. Se van, tambi&eacute;n, las notas de m&uacute;sica de las orquestas que en verano se escuchaban acaso lejanas desde este valle en medio de la noche. Desaparecen las bicicletas de los ni&ntilde;os que vuelven a ser secuestrados a ciudades en las que casi nadie sabr&aacute; sus nombres. No ser&aacute;n libres all&iacute;, vivir&aacute;n del miedo que conocen sus padres: no podr&aacute;n dejarlos solos porque los vecinos no ser&aacute;n ya tambi&eacute;n otros padres ocasionales, sino amenazantes ojos a los que temer por puro desconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Se va el verano y se escapa una brizna de viento en mi pecho porque s&eacute; que no volver&aacute; la certeza de una promesa pura. Todas las que vengan ahora estar&aacute;n manchadas de experiencia del adi&oacute;s. Ahora acaba un ciclo que graba en mi piel la &uacute;nica verdad: que todo puede terminarse, incluso lo que so&ntilde;amos eterno. &iquest;Y entonces? Tal vez no sea del todo triste, sino al rev&eacute;s: vivir desde la conciencia de que todo lo que empieza puede acabar es la &uacute;nica manera de dejar que el agua de lluvia te moje el pelo hasta calarlo, que las piedras te da&ntilde;en los pies descalzos sobre el r&iacute;o helado y sepas justo por eso que sirven para seguir caminando hacia donde el coraz&oacute;n te dicte.&nbsp;Seguir, porque de eso se trata de la vida: usar los pasos para trazar el camino que deseemos construir para que, cuando miremos atr&aacute;s, sonriamos con la serenidad de quien se sabe en paz.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo que acaba tiene un sentido porque existi&oacute; y dej&oacute; un aprendizaje y un recuerdo en nuestra retina y nuestra alma. Todas las personas que formaron parte de nuestro recorrido alguna vez pueden convertirse en tesoros de lo que fuimos y somos. Son, tambi&eacute;n, cuerdas en medio de la monta&ntilde;a a la que seguiremos tratando de ascender porque nuestros ojos se empe&ntilde;an siempre en mirar mucho m&aacute;s all&aacute; del horizonte. Esas personas no desaparecen, se transforman.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras, aceptando esta verdad, seguiremos siendo testigos de c&oacute;mo el sol se inclina de otro modo, o tal vez seamos nosotros quienes sintamos tambi&eacute;n de qu&eacute; manera nuestro cuerpo se despereza, se abre, se reubica para soltar lo marchito y dar lugar a nuevas flores. Le ocurrir&aacute; lo mismo a las plantas que ahora suspiran como las &uacute;ltimas bellezas del jard&iacute;n que son: morir&aacute;n y a&uacute;n no sabemos c&oacute;mo de hermosas nos sorprender&aacute;n la pr&oacute;xima primavera, pero ser&aacute;n otras, y lo aceptaremos porque nosotros tambi&eacute;n habremos cambiado como nos esculpe el tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/cambio-de-ciclo-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12620093.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Sep 2025 17:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cambio de ciclo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Verano,Otoño,Maragatería,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escribir para reverdecer]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/escribir-para-reverdecer-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle-escuela-savia-aprender-a-redactar-literatura_129_12586122.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e78d457d-48c0-4d91-b5f8-a178b5f08884_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x570y224.jpg" width="1200" height="675" alt="Escribir para reverdecer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Juntarse en torno a una sencilla mesa de cocina para ejercitar el pensamiento y la escritura común es un gesto poderoso que sirve para no olvidar: nuestra tierra precisa espacios nuevos para tejer en red y salir adelante con nuevas ideas</p></div><p class="article-text">
        Llega el oto&ntilde;o y este a&ntilde;o es un alivio y a la vez un temor: aflojamos los hombros, la tensi&oacute;n del agosto que se nos escap&oacute; entre las llamas y la angustia pero, al mismo tiempo, sentimos en la nuca el soplido del fantasma que nos advierte del peligro que supondr&aacute; olvidar demasiado r&aacute;pido lo que ha pasado en nuestra tierra. Ardimos y seguiremos siendo ascuas que bailan en el vac&iacute;o si no ponemos remedio a la causa fundamental que nos arrasa: el olvido. Y el aislamiento.
    </p><p class="article-text">
        Este verano cada cual ayud&oacute; con lo que ten&iacute;a a mano: algunos con sus conocimientos de monte salieron a indicar por d&oacute;nde transitarlos, otros cocinaron en grandes ollas para alimentar las bocas que trababan de salvarnos, otros aprendieron a hacer cortafuegos con una azada poco a poco mientras otros, muchos, pusieron gasolina y tiempo para que sus tractores se convirtiesen en herramientas urgentes para frenar la voracidad de las llamas. Reavivamos la facendera que tenemos tejida en la memoria y eso fue hermoso.
    </p><p class="article-text">
        Yo, como pude, escrib&iacute;. Y, como no quiero que dejemos de compartir aquello que nos hace ser lo que somos, lo que mejor sabemos hacer cada cual, a partir de este oto&ntilde;o abro mi <a href="http://escuelasavia.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escuelasavia.com</a> al encuentro: quiero que todas las personas que lo deseen vengan a la Maragater&iacute;a para ejercitar una herramienta que vale mucho m&aacute;s de lo que nos quieren hacer creer. Escribir, aunque no seamos profesionales, sirve para reestructurar el pensamiento, para agitarlo, para desenredar lo que se nos amarra a la garganta y al coraz&oacute;n. Y sirve, mucho m&aacute;s, cuando ese ejercicio no lo hacemos de forma solitaria, sino en comunidad. Y, por suerte, no hace falta mucho despliegue: ganas, espacio, comprensi&oacute;n y escucha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pas&eacute; muchas horas en mi cocina transformando todo lo que la huerta ofrece en alimento para el invierno helado que seguro llegar&aacute; tras este verano trist&iacute;simo. Pas&eacute; muchos atardeceres temblando sin saber muy bien a qu&eacute; dedicar el objetivo de lo que hab&iacute;a creado con SAVIA, c&oacute;mo adaptarlo a una utilidad urgente en este contexto de abandono y desesperanza. Y un d&iacute;a entend&iacute; que lo que hab&iacute;a aprendido en la Argentina, que era escribir por el placer de escribir mismo y compartirlo con los dem&aacute;s, era el siguiente paso. All&iacute; las personas se unen en las casas de los escritores para compartir sus ideas, sus textos, y tambi&eacute;n un caf&eacute; o un vino, para abrirse a la compa&ntilde;&iacute;a de otros que, como ellos, tratan de entender a trav&eacute;s de la lectura y la escritura el mundo que les rodea. No es un espacio que empieza y termina, sino una costumbre que se instala en la vida y la mejora, de a poco, sin ruido, con la solidez de las cosas que crecen despacio y se convierten sin anunciarlo en pura ra&iacute;z.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso tras los fuegos, las facenderas resucitadas y la lucha contra el olvido, no se me ocurre nada mejor que abrir las puertas del refugio, invitar a quien lo desee a que se siente en la mesa de mi cocina y escriba. Para encontrarnos, para crear comunidad, para imaginar otra tierra posible, para no olvidar y para tejer una red cada vez m&aacute;s poderosa que sea, tambi&eacute;n, ra&iacute;z. Si quieres unirte a los talleres de escritura que realizar&eacute; a partir de oto&ntilde;o, escr&iacute;benos a <a href="mailto:info@escuelasavia.com" target="_blank" class="link">info@escuelasavia.com</a>. Y si no, no vengas pero, por favor, no olvides y cuando te pregunten qu&eacute; pas&oacute; en nuestra tierra en el verano de 2025, di que ardimos pero para reverdecer.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/escribir-para-reverdecer-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle-escuela-savia-aprender-a-redactar-literatura_129_12586122.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Sep 2025 17:00:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Escribir para reverdecer]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medio Ambiente,Literatura,Maragatería,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luz de antorcha]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/luz-de-antorcha-columna-incendios-leon-agosto-2025-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12551795.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e2283512-819b-4f63-a0d5-68b4f8db9d0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luz de antorcha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las desgracias comunes pueden incentivar a una nueva organización: el pueblo salva al pueblo solo si tiene los medios y la coordinación adecuada. Es hora de despertar desde el abandono para regenerar nuestra manera de gobernarnos</p></div><p class="article-text">
        No es una antorcha pero podr&iacute;a serlo. No es una revoluci&oacute;n, pero podr&iacute;a serlo. Hace tiempo que parece que clamamos en el desierto quienes decimos que abandonar estas tierras no es inocuo. Desconectarnos de la naturaleza tiene un precio: lo estamos viendo, lo estamos pagando con creces y, como en las guerras, lo pagamos, m&aacute;s, quienes vivimos en primera l&iacute;nea de fuego, en este caso, en los pueblos y sus montes.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as en los que nos juntamos para tratar de organizarnos ante la inminente llegada de las llamas, los viejos recuerdan que poco se puede hacer ahora. Que se necesitar&iacute;a maquinaria para avanzar r&aacute;pido en los cortafuegos pero, sobre todo, hubiera sido necesario prepararse en el tiempo fr&iacute;o para atajar lo que el c&aacute;lido deje: lo que ahora nos ata&ntilde;e. Caos y destrucci&oacute;n, con fuegos que tienen un comportamiento an&oacute;malo por la propia virulencia que generan. Y s&iacute;, tambi&eacute;n el cambio clim&aacute;tico tiene un papel importante aqu&iacute;: nunca hubo tantos d&iacute;as seguidos de ola de calor en este noroeste que todo el pa&iacute;s y el mundo entero mira en estos d&iacute;as terribles.
    </p><p class="article-text">
        Los montes est&aacute;n dejados a su suerte porque apenas hay ya ganader&iacute;a que los apacig&uuml;e. La maleza se expande como nuestra desesperaci&oacute;n, y lo hace en silencio, durante el invierno, a la espera de que la quemaz&oacute;n del verano, cada vez m&aacute;s virulenta, convierta la amenaza en desesperaci&oacute;n: si me abandonas volver&eacute; con m&aacute;s fuerza. Los bomberos de la Junta de Castilla y Le&oacute;n llegan a la barbarie sin herramientas suficientes y sin condiciones adecuadas pero, sobre todo, con una advertencia, la misma que la de los viejos: esta herida se cura en invierno. Entonces, si los reba&ntilde;os escasean y el monte avanza sin control, &iquest;por qu&eacute; no acabar con la precariedad de los h&eacute;roes que estos d&iacute;as nos salvaron el pescuezo?, &iquest;por qu&eacute; no encargarles a ellos que durante el invierno preparen el escenario que en los meses de verano puede ser el mism&iacute;simo apocalipsis, como acabamos de ver? 
    </p><p class="article-text">
        Este es el segundo verano que tengo el coraz&oacute;n en la garganta: mi casa estuvo en el objetivo del fuego tambi&eacute;n hace doce meses, con un fuego, en aquel caso, procedente de otro flanco. Parece que esta vez tambi&eacute;n hubo suerte pero, &iquest;realmente vamos a aceptar vivir a merced de la fortuna? Estos d&iacute;as horribles sirvieron, como suele suceder, para que la gente se una ante un enemigo com&uacute;n: lo llamaremos fuego. La frase ya popular de &lsquo;Solo el pueblo salva al pueblo&rsquo; es poderosa, pero tambi&eacute;n falaz. Sin los medios del Estado, la maquinaria y la organizaci&oacute;n de efectivos (las BRIF que tantas veces nos salvaron dependen del Estado, no de la Junta, y su situaci&oacute;n laboral por eso mismo es bastante mejor), el fuego hubiese arrasado todo. El pueblo salva al pueblo, s&iacute;, solidariz&aacute;ndose y organiz&aacute;ndose, s&iacute;, pero tambi&eacute;n votando lo que desea: en Castilla y Le&oacute;n llevamos m&aacute;s de 30 a&ntilde;os otorg&aacute;ndole el poder a los mismos que nos est&aacute;n destrozando. En Le&oacute;n lo sabemos bien.
    </p><p class="article-text">
        El miedo que viene tras las llamas lo vi en las mu&ntilde;ecas de varios voluntarios muy j&oacute;venes y en los peligrosos mensajes contra la agenda 2030 que tantos vecinos tra&iacute;an cosido en los labios. Y s&iacute;, es l&oacute;gico que calen: la izquierda es la primera que ha dejado sus posaderas bien ancladas a los despachos de Madrid. Necesitamos l&iacute;deres que vivan a medio camino entre las ciudades que legislan y los pueblos que se destrozan por abandono. De no ser as&iacute;, la incomunicaci&oacute;n entre ambos mundos crear&aacute; monstruos mucho peores que el fuego. El fascismo est&aacute; en las mu&ntilde;ecas de los j&oacute;venes que est&aacute;n cada vez m&aacute;s convencidos de que se podr&aacute;n salvar solos, a s&iacute; mismos. Y si ese mensaje cala, es porque el sentimiento de abandono es real. Yo sigo creyendo en la revoluci&oacute;n necesaria en este momento hist&oacute;rico de transici&oacute;n, a pesar de haberme quemado por la pol&iacute;tica: creo que la llama se prende desde este abandono general, pero rescatando el empuje de comunidad y la red espont&aacute;nea que se puso en marcha estos d&iacute;as. En Le&oacute;n le llamamos Facendera. Y a trav&eacute;s de ellas debemos recordar que nadie se salva solo, y el pueblo, sin medios ni organizaci&oacute;n, tampoco. Es hora de reconstruir desde este vac&iacute;o y, como siempre digo y dir&eacute;, aunque me cortasen la cabeza por ello: la clave est&aacute; en generar esperanza donde solo hay olvido y reequilibrar el territorio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/luz-de-antorcha-columna-incendios-leon-agosto-2025-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12551795.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Aug 2025 17:00:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Luz de antorcha]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Incendios Forestales,Medio Ambiente,España vacía,León,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cine de verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/cine-de-verano-festival-luna-de-cortos-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12519646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1f41522-db98-4e4f-ba3f-2c4f1af7014b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cine de verano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mundo está lleno de locos que hacen de la vida un lugar mucho más agradable: Balbino Ferrero es uno de ellos y el Festival Luna de Cortos, una gran muestra de que sí se puede convertir el abandono en esperanza</p></div><p class="article-text">
        No hab&iacute;a mucho m&aacute;s que fresco. Un vientecillo maravilloso que la mayor&iacute;a de la estrellas llegadas desde Madrid notaban como motores bajo sus alas. Qu&eacute; maravilla, estar aqu&iacute;, en Le&oacute;n, respirando. Y s&iacute;, ten&iacute;an mucha raz&oacute;n: respirar es fundamental y, sin embargo, hemos cambiado ese detalle por cosas como, por ejemplo, subsistir en ciudades que superan los 40 grados en el asfalto para reptar hasta departamentos que valen m&aacute;s que el sueldo que nos mata. Cosas de humanos. Cosas de este siglo XXI que se r&iacute;e de nosotros a la cara. Y le dejamos.
    </p><p class="article-text">
        Pero en medio de este desprop&oacute;sito hay varias noches en las que en un pueblo de menos de mil habitantes en Le&oacute;n se proyectan cortometrajes, se brinda con latas de cerveza sencillas y hasta el alcalde pone a disposici&oacute;n bolsas de patatas fritas sobre un escenario modesto para que todos, artistas y p&uacute;blico, no se mueran de hambre entre pase y pase.
    </p><p class="article-text">
        Nunca hab&iacute;a estado en Luna de Cortos pero este a&ntilde;o tuve el honor de ser jurado en la categor&iacute;a Cine y Mujer y, adem&aacute;s, de entregar el premio honor&iacute;fico internacional. Me emocion&oacute; mucho hacerlo. En primer lugar porque sent&iacute;a que, por fin, en lugares donde dicen que nunca ocurre nada, algunos s&iacute; osan poner su foco y reivindicar que aqu&iacute; s&iacute; se puede respirar, que es lo mismo que decir que aqu&iacute; s&iacute; se puede vivir. En segundo lugar, porque darle la estatuilla Luna, con un dise&ntilde;o tan precioso y significativo, a una persona que, como yo, fue migrante, me llenaba de orgullo. Ella es la actriz Paulina G&aacute;lvez, nacida en Chile y exiliada aqu&iacute; en Espa&ntilde;a en plena dictadura de Pinochet. Como dije muchas veces, para ser migrante no precisas grandes causas, una se convierte en algo as&iacute; cuando debe abandonar la tierra por razones ajenas a s&iacute; misma, la tierra en la que desear&iacute;a estar y hacer camino. En Le&oacute;n conocemos bien esta desgracia: la falta de trabajo y el abandono general hacen muy dif&iacute;cil sostener eso que sencillamente buscamos, es decir, respirar. As&iacute; que en ese ir y venir entre su Santiago de Chile y mi Buenos Aires querido, la premiada Paulina G&aacute;lvez propuso que en estos tiempos de cerrar fronteras, ojal&aacute; se sigan tendiendo puentes. Y yo record&eacute; que despu&eacute;s de haber andado por el mundo, decid&iacute; volver a una aldea &iacute;nfima porque entend&iacute; algo b&aacute;sico: que lo mejor de la vida no se paga con dinero. Y que para disfrutarlo cada d&iacute;a, cada noche, basta con estar presente.
    </p><p class="article-text">
        Parece que en esta tierra olvidada nos quedamos con la etiqueta de zonas de resistencia o, peor, de sacrificio, pero no es verdad. Eventos como Luna de Cortos hacen que seamos, adem&aacute;s, zonas de esperanza. No se trata solo de lamentarse y sufrir por tanto olvido, sino de plantarse ante el hast&iacute;o con alegr&iacute;a y tejer con lo poco que tengamos a mano trampolines para la imaginaci&oacute;n. El arte sirve para eso, el cine m&aacute;s, y si es en una noche de verano a la vera del &Oacute;rbigo, hasta la luna baila.
    </p><p class="article-text">
        Que viva el cine, el amor y la literatura. En fin, todo lo que no se paga con dinero y, sin lo que no podr&iacute;amos eso, sencillamente respirar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/cine-de-verano-festival-luna-de-cortos-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12519646.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Aug 2025 17:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cine de verano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Festivales,Premios,Cine,Emigración,León,España,Internacional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llueven piedras]]></title>
      <link><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/llueven-piedras-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12496808.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b867c084-99cd-47fa-b6ce-353fcfb3a085_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Llueven piedras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que ocurrió en Torre Pacheco hace unos días es grave aunque el verano parezca quitar peso a lo que significa: que el futuro está gritando desde una radicalidad que no defiende los derechos humanos</p></div><p class="article-text">
        Basta un grito que se&ntilde;ale, una media verdad repetida como el mantra que las redes pueden llegar a ser. Del otro lado basta una sutileza cautiva, un no s&eacute; qui&eacute;n habr&aacute; sido pero ojo que lo m&aacute;s probable es que haya sido un negro de esos. Y lo dice alguien que tiene un micr&oacute;fono y todos los medios enfocando a la palabra sagrada que tenga ese d&iacute;a en la boca. Ser pol&iacute;tico tiene una enorme responsabilidad, aunque parece que algunos lo hayan olvidado. No se trata solo de cuestiones propias del rol parlamentario, sino de influencia discursiva. Lo que dices, por el hecho de pronunciarlo desde una tribuna p&uacute;blica, ejerce autoridad, legitima odio o pasiones de otro tipo. Orar no es gratis. Llorar tampoco.
    </p><p class="article-text">
        En <a href="https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/extrema-derecha-convierte-torre-pacheco-olla-presion-comienza-caza-inmigrante_1_12458453.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Torre Pacheco</a> lo normal es convivir con el diferente: pasa mucho en zonas de Espa&ntilde;a en la que hay trabajos que los nativos no queremos hacer m&aacute;s. Las horas interminables bajo el sol recogiendo la cosecha de la huerta de Europa, no nos renta mucho ya. Entonces vienen ellos y ellas y tratan de salir adelante dando por buenas condiciones que lindan con lo esclavo. Y conviven. Hasta ahora. Porque siempre est&aacute;n bajo la mecha de un fueguito que inunde todo: el malo eres t&uacute;, siempre, porque eres diferente. Y porque, aunque no haya habido mayor problema hasta ahora, de un tiempo a esta parte, los discursos de la extrema derecha sin duda y los de la derecha con coqueteos, legitiman que t&uacute;, de primeras, eres el malo de la pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        Ser migrante no es un camino de rosas. Pero s&iacute; es un camino de audacia. El &uacute;ltimo informe de <a href="https://cdn.enisa.es/News/5F79D0B969BD710C807C6FCDB1266CE2/ATTACHMENT/7DB777FDAD46096E27C08CF48813EC60/5a034e893f13ae65e70b7c14971085b5e316adb3.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">GEM</a>, que mide el emprendimiento en Espa&ntilde;a, reafirma la tendencia que en realidad es bastante l&oacute;gica: que quienes m&aacute;s emprenden en nuestro pa&iacute;s no son aut&oacute;ctonos, sino extranjeros. Y no me extra&ntilde;a: emprender aqu&iacute; es un deporte de riesgo que solo toman o quienes no les importa perder todo porque tienen lo suficiente para intentarlo de nuevo, o quienes no tienen nada que perder y solo pueden mirar hacia delante. O locos audaces.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es un gran pa&iacute;s para tomarse unas ca&ntilde;as y unos vinos y disfrutar de una buena jubilaci&oacute;n, pero sigue estando dominado por un mercado laboral precario, en el que la macroeconom&iacute;a puede ir muy bien y las cifras del paro pueden ser estupendas, pero es que lo que se paga en general es tan de risa que lo m&aacute;s normal es que si alguien te convence de que hay un culpable d&eacute;bil, como un migrante cualquiera, te parezca suficiente. Porque la gente est&aacute; harta de trabajar y no llegar a fin de mes. De estudiar y no tener expectativas. De que se est&eacute; mareando la perdiz y tom&aacute;ndonos por imb&eacute;ciles cuando todo el mundo sabe lo que Rufi&aacute;n dijo claro desde esa tribuna que parece s&oacute;lo usar &eacute;l con excelencia en los &uacute;ltimos tiempos. Que en Espa&ntilde;a hay tres problemas: vivienda, vivienda y vivienda. Es eso. Porque sin solucionar el techo, todo lo dem&aacute;s no vale nada.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto ese malestar no justifica una cacer&iacute;a de ning&uacute;n tipo. Pero hace tiempo que no queremos escuchar lo que mucha gente joven defiende: la rebeld&iacute;a se volvi&oacute; de derechas y, aunque ahora estemos en pleno verano y los problemas parezcan m&aacute;s ligeros, este es el punto de inflexi&oacute;n. El futuro dice que est&aacute; harto y que la soluci&oacute;n no pasa necesariamente por mantener la democracia que nuestros padres pelearon as&iacute; que, si tienen que llover piedras, que lluevan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Violeta Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://ileon.eldiario.es/opinion/llueven-piedras-columna-escritora-violeta-serrano-desde-el-valle_129_12496808.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Jul 2025 17:00:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Llueven piedras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Emigración,Vecinos,Racismo - Xenofobia,España]]></media:keywords>
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