Trapiello recurre a Miguel de Cervantes para fijar el oficio de escribir

Efe

La expresión de un sentimiento propio o ajeno, el recuerdo de lo olvidado y el trabajo bien hecho, más allá del estímulo de los premios, son tres rasgos definitorios del oficio de escribir, según palabras de Andrés Trapiello pronunciadas esta tarde en Valladolid con Miguel de Cervantes como referente.

“El escritor ha de recordar a menudo cosas que no gustan ser recordadas, por muchas razones, casi siempre porque el hombre es el único ser de la creación al que le distingue no sólo el habla, sino la mentira”, ha afirmado durante el discurso de recepción del Premio Castilla y León de las Letras 2010, que ha recogido esta tarde.

La escritura sin sentimiento “no significa nada, es sólo un ruido que a menudo da el pego porque se presenta musical y melismático, nada más”, ha añadido Andrés Trapiello acerca de lo que no debe ser la literatura, a la que se ha dedicado plenamente desde la publicación de su primer libro, el poemario 'Junto al agua' (1980).

Desde entonces se ha habituado a bregar con la palabra, casi siempre en solitario y fraguada ésta en verso, ensayo, novela o cristalizada en su monumental 'Salón de pasos perdidos', sobrenombre de una serie ilimitada y transgresora de diarios que comenzó en 1990 con 'El gato encerrado' y que este 2011 ha alumbrado un nuevo eslabón con 'Apenas sensitivo'.

La escritura tenaz, independiente y valiente de Andrés Trapiello encaja con la máxima que Miguel de Cervantes “puso en labios de Mahamut en 'El amante liberal', una de sus novelas ejemplares: 'lo que se sabe sentir, se sabe decir'”, ha precisado en este punto el autor leonés, afincado en Madrid desde 1975 y conectado a su tierra de origen a través de las palabras de la infancia.

“Con ellas vamos construyendo esa verdad única e inalcanzable, respetuosa y calladamente, casi siempre”, ha explicado este autor que como ensayista ha restaurado a escritores españoles proscritos, olvidados o considerados menores, según los casos, y contribuido con su investigación a desterrar frecuentes tópicos literarios, como hizo en su libro 'Las armas y las letras. Literatura y Guerra Civil' (1994), recientemente reeditado.

La infancia, “la edad que más le dura al hombre”, es el territorio que le ha permitido permanecer en contacto con sus raíces, que ahora le han distinguido con el Premio Castilla y León de las Letras, lo que ha considerado algo “bastante insólito” hasta embutirle en un “traje prestado”.

Andrés Trapiello une así este galardón al Premio de la Crítica de Poesía 1993, al Juan de Borbón 1995, al de las Letras de la Comunidad de Madrid 2002, al Nadal 2003, al de la Fundación Juan Manuel Lara 2005, al Julio Camba 2007 y al Francisco Valdés 2009, entre otras distinciones de las cuales, como Cervantes, siempre ha recelado.

“Siempre me ha parecido un sanísimo ejercicio el de pensar en nosotros sin afectación, y a ser posible con humor, que es el idioma de la inocencia, tal y como nos enseñó Cervantes”, ha concluido con la misma ironía con la que abrió su discurso al mostrar su temor por la posibilidad de confundir “un excelentísimo con un ilustrísimo, o a la inversa” en el momento de dirigir sus palabras a los presentes.

Más de cuatrocientos invitados han asistido en el Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid a la entrega de los Premios Castilla y León 2010 en sus diferentes modalidades, como pórtico o antesala de la fiesta popular del Día de la Comunidad, que se celebrará en Villalar de los Comuneros (Valladolid) el próximo 23 de abril.

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