Ganar la guerra y ganar el relato

Una captura de pantalla de una vídeo de La Sexta sobre la guerra en Ucrania.

Javier Pérez

Me suena tan triste que hasta me da pena contarlo: me decía hace poco un importante director de periódico que conozco que no vale la pena enviar corresponsales de guerra a Ucrania, porque al final no vas a poder publicar lo que te envíen. ¡Pues qué alegría! Lo que vas a contar tiene que encajar con una línea determinada, más que con lo que vea el que está allí. ¡Qué estupendo!

Yo sólo he estado una vez en una guerra, de rebote y unas horas. Pero volví, conté lo que había visto, y por lo menos el medio que lo publicó podía decir que lo había escrito un paisano, que lo firmaba, y que había estado entre los soldados de tal o cual nacionalidad. Pero eran otros tiempos, al parecer. Los tiempos de Robert Cappa o Hans Hubmann, que estaban donde sucedían las cosas.

¿Qué pasa ahora, en cambio? Pasa que casi todas las fotos que vemos con material sentimental de daños y gente llorando, y muy poco que tenga que ver con la guerra en sí como fenómeno. Pasa que no hay prácticamente periodistas incrustados en las unidades de uno u otro bando, y si a alguno se le ocurriese unirse a las tropas rusas, por ejemplo, para contar desde dentro las operaciones militares, se le acusaría de justificar la invasión o blanquear a Putin. Blanquear: esa palabra que en realidad significa no plegarse a los dictados de la Ministerio de la Propaganda y contar tu propia historia.

Lo que sucede en realidad es que no hay interés alguno en contar lo que sucede. La gente tiene que tragarse acríticamente una versión, la que sea, y no salirse de ahí en absoluto. Lo que parece es que importa tanto el relato como la guerra, y que hay mucha gente muy importante más interesada en el relato como en la guerra, y que la cosa tiene pinta de seguir por el camino de nuestra guerra civil, donde unos ganaron la guerra y otros se conformaron a posteriori con ganar el relato desde los despachos.

La cosa va de eso, al parecer: Putin puede que se quede con un trozo de Ucrania y fuerce la exclusión de ese país de la Otan, pero lo que importa es decir que es un criminal, que sus tropas son incompetentes y que ha tenido que conformarse con una cuarta parte de lo que quería en realidad. Y puede que sea cierto, pero oye: ¿De veras pierde una guerra el que cumple sus objetivos e impone sus condiciones? ¿De verdad importaba en su momento, mucho o poco, que el alzamiento de Franco fuese una agresión contra la autoridad legítima? Pues el caso es que hay gente que dice que sí, que eso es lo que importa, y en eso centra sus esfuerzos de comunicación.

Que nos comiésemos cuarenta años de dictadura y el dictador muriese de viejo en la cama es un detalle colateral para ellos. Que Ucrania pueda estar a punto de convertirse en un país inviable, con sus infraestructuras destruidas, parece un detalle colateral si seguimos esta doctrina. El relato es lo que cuenta, y el relato dice que los rusos son criminales, incompetentes y han perdido ya la guerra.

Lo que importa aquí es repartir carnés de ganadores y perdedores, que para eso somos los que repartimos los carnés.

Y a la realidad, que le den por culo, porque la realidad es cosa de reaccionarios.

Pues vale.

___Javier Pérez Fernández es un escritor leonés con varios premios literarios. En 2006 Ganó el Premio Azorín con su obra La crin de Damocles, ambientada en los años de la gran Inflación, durante la República de Weimar, continuada por La Espina de La Amapola, en los primeros años del nazismo. Su última obra, de 2021, es Catálogo informal de todos los papas.

La crin de DamoclesLa Espina de La AmapolaCatálogo informal de todos los papas

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